Perdón por la tardanza _ pero aquí os dejo con el nuevo capi ^^
Disfrutad~
Fue el estridente ruido del despertador el que rompió con el silencio que reinaba en la habitación.
Una mano salió de entre las sabanas, buscando al tacto aquel infernal objeto que lo había despertado. Por fin topó con el reloj y lo cogió, una cabellera azul despeinada salió de entre las sabanas, comprobando que hora debía ser. Solo las siete de la mañana y era sábado. Paró aquel maldito pitido y se dio la vuelta, encontrándose con el calor del cuerpo que había a su lado.
Otoya dormía bocabajo, abrazando la almohada, se veía realmente en paz. Tokiya peinó sus cabellos, despejando su cara para poder observarla mejor y lo besó.
El pelirrojo se quejó un poco y abrió los ojos pesadamente.
-Lo siento, ¿Te he despertado?-. Tokiya apoyó la barbilla en su mano mientras se tumbaba bocabajo también.
-¿Eh?
Otoya parecía bastante confundido, miró a su compañero con los ojos medio cerrados por el sueño, primero observó su rostro detenidamente para después darse cuenta de que estaba completamente desnudo, es más, él mismo estaba desnudo. Cuando cayó en la cuenta, las imágenes de la noche anterior empezaron a desfilar como una película por su mente. Se sonrojó de pies a cabeza y se ocultó bajo las sabanas.
-Parece que ya te vas despejando-. Estiró un poco de las sabanas, destapando el rostro del pelirrojo.- ¿Tan malo fue que ahora no quieres verme?
Tokiya rio flojito mientras acariciaba la mejilla de Otoya, que estaba muy caliente debido a la vergüenza.
-No… Es solo que ahora siento que me voy a morir de vergüenza-. Se tapó la cara con las manos.- Q-quiero decir, aún no me creo que tu y yo… Algo como eso… Es tan vergonzoso…
El peli azul se rio de la exagerada reacción de Otoya y lo despeinó cariñosamente.
-¿Pero te gustó? ¿O acaso fui el único que lo estuvo disfrutando?
-S-si…-. Bajó un poco la mirada.- Claro que me gustó…
-Me alegro-. Lo besó en la frente con ternura-. Aún es temprano, pero estoy deseando darme una ducha, ¿Tu no?
-Ahora que lo dices si que me apetece.
-Entonces te dejo pasar a ti primero-. Acomodando la cabeza de nuevo en la almohada.
-Tu lo único que quieres es dormir un poco más-. Puso los ojos en blanco.
-¿Yo? ¿Cómo puedes siquiera pensar eso de mí?-. Rio mientras cruzaba sus brazos tras la cabeza.
-Está bien-. Suspiró.- Si no hay más remedio pasaré yo pri… ¡A-aunch!-. Había echo el amago de levantarse de la cama pero enseguida se había vuelto a dejar caer contra ella.
-¡¿Qué pasa?-. Tokiya se incorporó de inmediato, acercándose al pelirrojo.
-Duele…-. Sollozó para añadir dramatismo.
-¿Dónde?-. Comenzó a revisar el cuerpo de su compañero con la mirada.
-Ya sabes… Ahí…-. Lo miró con las mejillas totalmente teñidas en rojo.
-Emm… No, no sé si no me lo dices-. Alzó una ceja mientras miraba extrañado.
-M-mi trasero… Ayer cuando la metiste supongo que…-. Apartó la mirada, no podía soportar la vergüenza.
Ahora fue Tokiya el que se sonrojó completamente.
-¡O-oh, vaya! Cuanto lo siento…¡No te muevas! I-iré a buscar algo frío o algo…
El peli azul se levanto de golpe de la cama, sin reparar en que aún estaba desnudo. Estaba de pie en medio de la habitación sin tener muy claro que hacer y un poco nervioso.
Otoya se sonrojó al ver nuevamente el cuerpo de Tokiya desnudo. Su piel era pálida y aún con tener una complexión delgada tenía un cuerpo bien formado, con los músculos suavemente marcados, muy agradable a la vista. No pudo evitar sentirse un poco caliente.
-Tokiya… No te preocupes, se me pasará si reposo un rato bocabajo…
-¿Seguro? Dios, me siento fatal.
El peli azul se sentía culpable, al fin y al cabo él era el responsable. Sentía que como hombre debía hacer algo, tomar un poco de responsabilidad. Se rascó la cabeza y miró a Otoya, que lo miraba con pena desde la cama, se sonrojó al pensar que estaba en ese estado por que habían echo el amor por primera vez para los dos.
Se sentó en la cama junto al pelirrojo y le frotó la espalda.
-No te preocupes Tokiya estoy bien, soy bastante fuerte, ¿Sabes?-. Sonrió ampliamente hacia su compañero.- Bueno, si no te importa ¿Podrías vestirte un poco?
Tokiya miró extrañado al pelirrojo, pero después se inclinó sobre él, besándolo en el cuello para después dirigirse a su oreja y susurrarle.
-¿Acaso te pone nervioso verme desnudo?
-¡Claro que me pone nervioso!-. Se puso bocarriba, mirándolo directamente a la cara.- ¿A ti no te produce ninguna emoción verme desnudo?
-Por supuesto-. Apoyó sus manos a cada lado de la cabeza de Otoya, acercando mucho su rostro al de él.- Me dan ganas de volver a hacértelo.
-¿D-de qué hablas idiota?
El pelirrojo puso sus manos entre la cara de Tokiya y la suya, nervioso por la intima cercanía entre ellos.
-No hay por qué ponerse tan nervioso-. Rio dulcemente el peli azul-. ¿O acaso es que ya estás caliente?
Otoya dio un respingo al verse descubierto y le cubrió la cara a Tokiya con las manos para que no pudiese verle.
El peli azul se zafó de él y volvió a acercarse, besándolo tiernamente. Otoya cerró los ojos y se tensó un poco al principio, manteniendo sus labios juntos. Acabó cediendo a la dulzura de Tokiya, respondiendo al beso.
-Creo que he dado en el clavo-. Tokiya sonrió entre jadeos mientras agarraba la erección de Otoya-. ¿Quieres hacerlo otra vez?
La voz del peli azul sonaba ronca por la excitación. Miró hacia el miembro de su compañero y comprobó que ya estaba despertando. Claro que quería volver a hacerlo, pero el dolor que salía de su entrada decía todo lo contrario.
-¿Pretendes matarme no?
Tokiya se dejó caer rendido sobre el suspirado.
-Tienes razón, perdona-. Lo abrazó y se acurrucó contra su pecho.- Pero vamos a estar así un rato al menos.
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Aunque era sábado se reunieron como normalmente hacían. Después de todo el alboroto del día anterior habían conseguido poner un poco de orden.
Tokiya se disculpó una y mil veces ante todos por haberles ocultado la verdad y haber dificultado tanto los ensayos.
Hubo un poco de polémica, sobretodo por parte de Ren, que no dejaba de lanzar puñaladas al aire, por suerte todo al final se había resuelto y volvían a ser un equipo.
Aquella tarde habían quedado en los jardines, hacía un día esplendido y sería una lastima encerrarse en un aula en su día libre de clases. Aunque fuesen a ensayar seguro que lo harían mejor si les daba algo de aire fresco y sol.
Todos estaban sentados sobre el verde césped de los jardines, bajo la sombra de un gran árbol, algunos de ellos se tumbaban sintiendo el frescor de la hierba en sus pieles.
Otoya se apoyaba contra el tronco de un árbol junto a Tokiya, tenían varias hojas en sus manos, con la letra de la canción que pretendían cantar para su prueba.
-¿Qué os parece si la cantamos una vez más todos juntos?-. Syo se puso en pie con gran entusiasmo.
-Me parece una gran idea, que sorpresa viniendo de ti-. Ren se tapó la boca con las hojas, como disimulando lo que acababa de decir.
-¡Repite eso si te atreves!
El pequeño pataleaba en el aire gritándole al rubio mientras Natsuki lo sostenía en brazos evitando la desgracia inminente.
-V-vamos, vamos chicos, no os peleéis…-. Haruka intentó poner paz entre los dos.
-Dejad de ser tan ruidosos, será mejor que empecéis a tomaros en serio esto-. Masato estaba sentado al lado de Ren, con la mirada fija en las partituras.
-Bueno, si el gran Masato lo dice deberíamos hacerlo, ¿No?
-Hoy te has levantado particularmente bromista. ¿No Jinguuji?
Entre Masato y el rubio parecían saltar chispas.
-B-bueno, ¿Qué tal si ensayamos un poco?-. Nanami cogió su teclado, colocando sus partituras delante.
-Si, será lo mejor-. Natsuki intentó apoyar la idea, a ver si así se calmaba el asunto.
-Claro, chicos dejad de palearos-. Otoya colaboró en poner paz.
Masato y Ren se aguantaron la vista unos instantes para después girar la cabeza en dirección opuesta, con un gesto digno.
-Bien, ¡Vamos allá!
Los dedos de la chica comenzaron a deslizarse rítmicamente sobre las teclas del instrumento, haciendo surgir una animada melodía.
Tokiya balanceaba su pie al ritmo de la música, esperando a que llegase su turno de entrar cantando.
Por fin llegó el momento y comenzó a cantar, giró para mirar a Otoya, que hacía lo mismo, concentrado en los papeles donde tenia escrita le letra.
Le parecía adorable en todos y cada uno de los movimientos y gestos que hacía. Adoraba como cantaba con una sonrisa adornando su rostro y como fruncía el ceño cuando le costaba pronunciar alguna de las palabras. Sus labios se movían suavemente al ritmo de la melodía que salía del teclado y su voz se mezclaba con la de los demás, dándole un toque de calidez.
Cuando el pelirrojo cayó en que el peli azul lo estaba mirando se giró, devolviéndole la mirada y sonriéndole.
Maldición, Otoya era demasiado. Quizás no se daba cuenta de ello, pero ya tenía un gran control sobre él, cada uno de sus pequeños gestos tenía un gran efecto sobre su ser.
Apartó su vista del pelirrojo un poco nervioso y continuó cantando con normalidad.
Una vez hubo finalizado la canción todos aplaudieron para celebrarlo, aunque estuvieron de acuerdo con que aún había algunos fallos que debían corregir.
El grupo estaba enfrascado en un pequeño debate sobre si debían cambiar alguna cosa, quien continuaba cometiendo algún fallo y diversas cosas más. Tokiya viendo que todos estaban bastante ocupados se acercó rápidamente al rostro del pelirrojo, buscando un beso.
Otoya enseguida tapó la boca de Tokiya con su mano, empujándolo hacia atrás.
-¿Qué se supone que haces?
-Besarte, ¿No es obvio?
-¡¿Estás loco?-. Se sonrojó.- ¡¿Delante de todos?
-¿Tienes algún problema con eso?-. Inquirió levantando una ceja.
-¡D-de ningún modo! No voy a besarte delante de todos.
Tokiya se dispuso a contestar, pero fue interrumpido por los chicos, que buscaban su opinión sobre una cosa del proyecto. Lo que quisiese decirle al pelirrojo debería esperar.
Y pasó el día, el peli azul acercándose furtivamente a Otoya cada vez que se le presentaba la ocasión y el pelirrojo esquivándolo y huyendo.
Estaba empezando a enfadarse, no sabía que mosca le había picado a su compañero, pero tendría que hablarlo seriamente con él.
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Dios, no tenía ni idea de que le pasaba a Tokiya, desde que se habían levantado no hacía más que proponerle sexo, y ahora no paraba de intentar besarlo, ¿Acaso había perdido el juicio? ¿Cómo se le ocurría intentar hacer eso delante de todos? Se moriría de la vergüenza si lo viesen besarse con Tokiya.
De golpe se dio cuenta de algo mientras andaba por el largo pasillo, ¿Cómo reaccionarían sus amigos si los viesen besarse? No es como si fuese muy extraño ver a dos personas darse un beso, pero ellos eran dos chicos para empezar y antes no se llevaban tan bien. Los acontecimientos los habían llevado muy rápido hasta el punto en el que estaban ahora, sin darles tiempo a reflexionar sobre aquello.
Se besaban y ya habían tenido sexo una vez pero, ¿Qué significaba todo aquello? Tokiya le había dicho que le gustaba y él mismo había correspondido esos sentimientos, pero no sabía como tenía que empezar a contemplar su relación. Es decir, ahora ¿Qué se suponía que eran? ¿Amigos, compañeros de cuarto, colegas, amigos con derecho a roce o algo más? Suspiró con frustración.
Abrió la puerta de su cuarto y se dispuso a cerrarla cuando una mano se interpuso en su camino, sujetándola y manteniéndola abierta para entrar.
-¡Tokiya! ¿Por qué no me has avisado de que venías detrás?-. Alzó su rostro, mirándole sorprendido.
-Te he llamado varias veces, pero estabas con la cabeza en otra parte.
-Ups, perdona, no me he dado cuenta.
-Bueno, entra de una vez, estamos bloqueando el pasillo.
Entraron a la habitación de una vez, quedando los dos solos entre esas cuatro paredes.
-Ha estado entretenido el ensayo de hoy ¿Verdad?-. Sonrió intentando encontrar cualquier tema de conversación.
Tokiya lo miró sin contestarle, estaba bastante serio. Le daba miedo cuando el peli azul ponía esa expresión en su rostro, parecía que estuviese muy enfadado.
-No ha estado mal.
El pelirrojo suspiró aliviado al comprobar que no era así y que solo era el estado habitual de Tokiya.
-Pero me pareció más interesante cuando yo intenté darte un beso y tú te apartaste.
Otoya se quedó petrificado, no se esperaba para nada que le saliese con aquello tan de repente y sin previo aviso.
-B-bueno... Yo… ¿Cómo pretendías que nos besásemos delante de todos?-. Trató de defenderse el pelirrojo.
-No veo ningún problema-. Respondió tajantemente.
-P-pero delante de todo el mundo…
-¿Te avergüenzas de ello?-. Sonaba con reproche.
-¡No! Quiero decir, claro que me da vergüenza, pero no es que me avergüence, es sólo que… ¿Qué van a pensar?
-No me importa lo que pueda pensar de mi, ¿Tanto te importan los demás?
-Claro que me importan…-. Apartó la mirada.
-Esto es genial-. Se apartó los cabellos de la frente.- En privado no tienes ningún problema y hasta me lo pides y en frente de nuestros amigos ni siquiera lo intentas.
-¡Pero Tokiya…!
-No, ya tengo muy claro tu punto de vista, no es necesario que digas nada más.
El peli azul le dio la espalda a su compañero, saliendo de la habitación.
¿Por qué no lo entendía? No era todo tan fácil como él quería aparentar, le importaba demasiado lo que sus amigos pudiesen decir. Suponía que lo entenderían al fin y al cabo eso hacían los amigos ¿No? Pero tenía aquella pequeña duda rondando.
Otra de las cosas que lo afligían era la obsesión de Tokiya con el sexo, todo había empezado con sexo y seguía con sexo, ¿Acaso el peli azul lo veía como un objeto sexual? Si más no, era cierto que tampoco habían mantenido ninguna conversación larga, siempre acababan igual, besándose y dándose cariños.
Ambos estaban sumidos en sus propias preocupaciones, Tokiya sintiéndose completamente rechazado y Otoya sintiéndose un simple objeto de deseo, la noche diría hacía donde se dirigirían esas líneas de pensamiento.
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Permanecía tirado en la cama, abrazando la almohada y con todas las luces apagadas. No tenía ganas de nada y el nudo en su garganta iba cada vez a peor, haciendo que cada vez le costase más aguantar las ganas de llorar.
Tokiya se había ido hacía más de una hora ya y aún no había vuelto, ¿Dónde demonios estaba ese tonto? La pelea no había sido para tanto como para que desapareciese así.
La habitación estaba totalmente en silencio y él se sentía solo allí en medio.
Se levantó frotándose los ojos para retirar la humedad que se había ido acumulando en ellos. Tenía que espabilarse y dejar de ser tan penoso, seguro que Tokiya ni siquiera estaba pensando en él.
Salió al pasillo dirigiéndose a la habitación de Natsuki y Syo, siempre había mucho movimiento en esa habitación, eso seguro que lo distraería.
Llamó con unos suaves golpes y esperó a que alguien abriera, pero no hubo respuesta alguna. Se disponía a llamar de nuevo cuando escuchó un gran alboroto proveniente del interior. Al poco tiempo Syo abrió un poco la puerta, dejando ver solo su rostro. Su respiración estaba agitada, como si hubiese estado haciendo ejercicio.
-E-eres tu Otoya, llegas en el momento justo ¡Tienes que ayudarme!-. Agarró al pelirrojo por las solapas de la camisa.
-¿Eh? ¿Qué ocurre Syo-kun?
-Verás, Satsuki está… ¡Wah!
Una mano agarró al pequeño por el cuello de la camisa y lo tiró al interior de la habitación. Apareció Natsuki y estaba realmente raro, no llevaba la camisa, dejando todo su torso al descubierto, además tampoco llevaba sus gafas y tenía una mirada bastante agresiva.
-¿Qué coño quieres? Estás interrumpiendo.
-¿N-Natsuki? ¿Qué?
-Si no quieres nada lárgate-. Le cerró la puerta en las narices al pelirrojo.
Pudo escuchar como alguien arañaba la puerta de la habitación y Syo gritaba por socorro, pero enseguida cesó y el silencio volvió a reinar.
Un escalofrió le recorrió la espalda y decidió que no era un buen momento para volver a llamar a la puerta. Se dirigió a la habitación de Ren entonces, aunque no tenían una relación demasiado estrecha el rubio siempre estaba dispuesto a escuchar y sabía bastante en temas de amor, así que le pareció una buena opción.
Llamó a la puerta y esperó que le contestaran. Una voz masculina le hizo pasar y entró.
Masato estaba sentado frente a su mesa, como era habitual en él, mientras practicaba su caligrafía.
-Si vienes a ver a Jinguuji ahora mismo no está-. Habló sin mirarlo, concentrado en lo que estaba haciendo.
-Oh, bueno… En ese caso supongo que me iré-. Masato le daba un poco de miedo, era demasiado serio.
-No hace falta, no creo que tarde demasiado, puedes esperarle aquí si quieres.
-Ah, gracias.
El pelirrojo pasó y se sentó en la cama del rubio, volviendo a quedar la habitación en completo silencio.
-No te caigo muy bien ¿Verdad?-. Masato sonreía ligeramente de una manera un poco triste.
-¿Qué? ¡N-no! ¡Me caes muy bien Masato-san!
-¿En serio?-. Su expresión cambió a una curiosa.
-¡Claro! Al fin y al cabo cantamos juntos ¿No? Me encanta cantar con todos vosotros-. Sonrió ampliamente hacia el otro mientras se rascaba la cabeza tímidamente.
El peli azul sonrió amablemente, era agradable cuando hacía aquello, aunque resultaba un poco raro su expresión era totalmente dulce y no parecía tan severo.
-Me alegra haber aclarado eso entonces, tú también me agradas Ittoki-kun.
Ambos volvieron a callar, pero esta vez el ambiente ya no era tenso, se respiraba tranquilidad en el aire.
- ¿Tú que opinas de los chicos qué besan a otros chicos?
La mano de Masato de golpe perdió el control, haciendo que la línea que estaba haciendo se saliese del papel, pintando toda la mesa. El peli azul trató de recuperar la compostura y miró al pelirrojo con una sonrisa nerviosa.
-¿P-por qué dices eso?
-N-no, por nada, olvídalo-. Agitó sus manos en el aire, nervioso.
-B-bueno-. Tosió aclarándose la voz.- Yo particularmente opino que cada uno es libre de elegir a la persona a la que quiera besar, mientras los dos estén de acuerdo no debería haber ningún problema.
-Supongo que tienes razón-. Se rascó la cabeza.- ¿Pero que hay sobre lo que puedan decir los demás?
Masato se cruzó de brazos, cerrando los ojos para reflexionar su respuesta.
-Si lo piensas siempre va a haber alguien a quien no le guste lo que haces, pero si siempre vas a estar preocupándote de lo que los demás piensen nunca vas a poder hacer nada-. Pensó un poco en lo que acababa de decir, sopesando si había sido una buena contestación.
-¡Vaya! ¡Masato-san sabe mucho del tema!
El inocente Otoya no había querido decir lo que parecía, pero claro está que el peli azul lo entendió de la peor forma posible, haciendo que su rostro enrojeciera por completo y pusiera una cara de tonto muy poco propia de él.
-¡¿Qué dices? ¿Qué voy a saber yo sobre eso? ¡Y-yo...!
Sus gritos histéricos fueron interrumpidos por la puerta abriéndose, dando paso al rubio, que acababa de llegar.
-Vaya, vaya, ¿Desde cuando te has hecho tan amiguito de Otoya, Hijirikawa?
-¿A ti que te importa?-. La mirada de Masato volvía a ser la de siempre, seria y afilada como ninguna.
-Vamos, no te enfades-. Se acercó a su compañero de cuarto, agachándose a su lado y éste lo miró con desconfianza.- Perdóname por dejarte tan solo, pero ya estoy aquí, Ma-sa-to-chan.
Ren le dio un beso en la mejilla y el rostro del peli azul volvió a enrojecer hasta un punto que parecía imposible para un humado, casi parecía hasta sacar humo por las orejas, quedando totalmente inmóvil.
Otoya quedó petrificado, con la boca totalmente abierta.
-Otoya, si no cierras la boca te va a entrar una mosca-. Ren ya se había alejado del inmóvil Masato y se acercó a él.- ¿Venías a verme?
-E-esto… Si… Pero ya no… O sea, la duda que tenía ya me la resolvió Masato así que…
-¿En serio?-. Parecía extrañado ante la respuesta del pelirrojo.
-S-si, así que… No te preocupes… Yo ya me voy… Mejor os dejo solos.
Salió corriendo de la habitación, como alma que lleva el diablo.
Ren siempre le sorprendía por lo directo que era con sus actos, hacía lo que quería sin importarle demasiado lo que la gente decía, al menos eso pensaba él.
Entró corriendo a su cuarto, apoyándose en la puerta al cerrarla. La habitación seguía tan vacía como cuando se fue. Suspiró ¿Dónde se podría haber metido Tokiya? Había estado en las habitaciones de todos sus compañeros y no había ni rastro de él y no podía estar en la habitación de Nanami… ¿O si? Una punzada de celos apareció, atravesando su corazón afiladamente.
Negó con la cabeza rápidamente. Tenía que dejar de pensar en tonterías, bastante mal andaba ya la situación como para que él fuese a complicarla mas con sus paranoias.
Se dirigió a la ducha, eso seguro que lo relajaría y lo dejaría como nuevo.
Entró a la pequeña habitación embaldosada en blanco y empezó a quitarse la ropa. Encendió la ducha y dejó el agua correr unos instantes mientras se miraba al espejo.
Su piel estaba ligeramente bronceada y su complexión era bastante normal, su piel marcaba sus músculos levemente donde debía, no había nada extraordinario en su cuerpo, o al menos eso pensaba Otoya. Se fijó en una pequeña marca roja en su cuello y se acercó al espejo para observar en más detalle.
Era un chupetón, seguramente se lo había dejado Tokiya la noche anterior. Se sonrojó cuando recordó lo pasado y se metió en la ducha, sin importarle que el agua aún estuviese ligeramente fría.
¡Maldición! Era demasiado tarde, los recuerdos fluían con rapidez en su mente, haciendo imposible apartarlos de cabeza. Sentía un cosquilleo invadir su vientre, algo parecido a lo que sentía cuando estaba cerca de Tokiya.
Tenía que calmarse, no era tan complicado. Apoyó su frente contra las baldosas, sintiendo su tacto duro y frío, pero ni eso ayudaba. Casi podía sentir las caricias del peli azul por su cuerpo, tocándolo en aquellos sitios tan íntimos y prohibidos, recordaba claramente su voz, llamándolo con anhelo.
Abrió los ojos y vio como su miembro estaba completamente duro. Se mordió el labio con frustración y dirigió su mano hacía su erección, agarrándola. Se estremeció ante su propio contacto.
Echaba tanto de menos a Tokiya, quería que volviese de una vez para poder al menos mirarlo, eso le tranquilizaba, tenerlo al alcance de la vista, saber donde estaba y que podía acercarse a su lado cuando quisiese.
Comenzó a mover su mano lentamente de arriba a abajo de su miembro, provocándose un gran placer.
Pensaba en Tokiya, en como lo había tocado, en como lo había mirado. Dios, aquella mirada que lo había enloquecido hasta límites insospechables, sus ojos mirándolo tan intensamente, teñidos por el deseo y la lujuria, robándole hasta el último aliento.
Gimió levemente y aceleró el ritmo con el que movía su mano.
Pensó en el cuerpo del peli azul, en su piel pálida, en como se había pegado a la suya, rozándose frenéticamente contra su cuerpo. En sus brazos rodeándolo posesivamente mientras su cadera se movía contra la suya. El miembro de Tokiya entrando en él sin parar, enloqueciéndolo, haciéndole gritar.
No podía aguantarlo más, sentía su cuerpo arder en lujuria con solo pensar en todo aquello.
-T-tokiya… Oh dios… Tokiya… ¡Aaah!
Su respiración estaba acelerada y jadeaba sin parar. No iba a aguantarlo mucho más, es más quería correrse ya, estaba tan excitado que no era capaz de soportarlo más.
Su cuerpo se estremeció y con unos agiles movimientos más de muñeca llegó al orgasmo con un gemido sonoro, su cuerpo se quedó en tensión unos instantes y luego se relajó, teniendo que apoyarse sobre la pared de la ducha.
Recuperó la respiración como pudo y acabó de ducharse.
Cerró el grifo y salió de la ducha, cogiendo una de las toallas que había doblada en las estanterías del baño. Se secó el pelo ligeramente y después enrolló la toalla alrededor de su cintura, saliendo hacia el cuarto.
Se quedó de piedra cuando al salir se encontró con Tokiya, sentado sobre su cama. Lo miró con los ojos muy abiertos y se aventuró a preguntar.
-¿Cuánto llevas ahí?-. Su voz tembló en contra de su voluntad.
-El suficiente-. Lo miro seriamente.
El pelirrojo tragó saliva pesadamente ¿A caso lo había escuchado? No, seguro que no, no tenía por qué alarmarse. Se dirigió a su armario y sacó algunas piezas de ropa cómodas para dormir.
Empezó a vestirse, pero se sentía un poco incomodo. Podía notar la mirada de Tokiya puesta en él, atento a todos sus movimientos. Se vistió lo más rápido que pudo y se giró a mirar a su compañero.
-¿Y bien? ¿Dónde te has metido todo este rato?-. Apoyó sus manos en sus caderas, esperando una respuesta.
-Dando un paseo.
-Un paseo bastante largo por lo que veo.
-Casi tanto como tu ducha.
Otoya se sonrojó y frunció el ceño.
-Mi ducha aquí no pinta nada, ¡Cielos! Mejor me pongo a estudiar un poco.
Se dispuso a sentarse en su escritorio, pero una mano que apretaba su brazo con fuerza se lo impedía.
-No creas que vas a librarte tan fácilmente de esta.
-¿De que hablas?-. Se zafó del agarre de Tokiya.
-¿No crees que deberíamos hablar sobre lo de esta tarde?-. Miró fijamente a su compañero con aquella mirada tan seria que ponía cuando algo le preocupaba de verdad.
-No, yo creo que todo quedó muy claro cuando TÚ te largaste sin darme tiempo a contestarte.
-¿Qué querías que hiciese? ¡Acababas de decirme que no querías besarme por que tenías miedo de lo que dijesen los demás! ¿Cómo tengo que tomarme eso? Me he sentido totalmente rechazado y ahora llego y te encuentro haciéndote una paja mientras gritas mi nombre.
-¡¿Me estabas escuchando?
-No es como si lo hubiese echo a propósito, simplemente he llegado y me he encontrado con tal situación.
La cara del pelirrojo era un poema, en ella se encontraban todas las tonalidades de rojo existentes.
-¡Eres...!
Otoya intentó darse la vuelta para huir lejos de allí, pero Tokiya lo agarró por la cintura, abrazándolo.
-No te vayas…-. Su voz sonaba derrotada.- No lo decía a modo de reproche y no tienes por qué avergonzarte, me alegro de que te sientas así por mí.
Hizo que el pelirrojo se girase para encararlo, tenía el ceño fruncido, pero no parecía estar enfadado.
-Tokiya, eres un idiota.
-Mira quien fue a hablar… -. Rio levemente.- Otoya, entiéndeme, quiero besarte a cada instante que te miro, no puedo remediarlo.
-E-eso puedo llegar a entenderlo, pero no entiendo por qué quieres hacerlo delante de todo el mundo y tampoco entiendo esa obsesión que tienes por hacer el amor conmigo.
Tokiya alzó una ceja.
-¿No es normal querer demostrarle a todo el mundo lo que siento? ¿No es normal querer hacer el amor con la persona con la que estoy saliendo?
-¿S-saliendo?-. Abrió la boca desmesuradamente, como si su mandíbula se hubiese desencajado.
Tokiya se llevó una mano a la cara con pesadez.
-Definitivamente eres idiota, ¿De verdad crees que haría este tipo de cosas con alguien con quien no quiero salir? ¿Me consideras esa clase de persona? ¿Te consideras tú ese tipo de persona?
-¡N-no! Pero como nunca dijiste nada yo…
-Esta claro que contigo no puedo dar nada por hecho…-. Avarició su mejilla con ternura.- Voy a tener que explicártelo todo apropiadamente.
-Perdona por ser despistado-. Frunció el ceño e infló los mofletes a modo de enfado.
-Te perdono-. Rio ante la mirada que le dirigió el pelirrojo.- Otoya, me gustas, me gustas muchísimo, eres la persona que mas me importa y quiero estar junto a ti, ¿Acaso no lo entiendes? ¿No quieres salir conmigo?
El pelirrojo se quedó en blanco, no sabía que decir ni mucho menos que hacer. Permanecía con los ojos desorbitados y la boca abierta, ofreciendo una imagen muy cómica.
-Si no me rechazas daré por entendido que si.
Bajó un poco, besando a Otoya en los labios. Este cerró los ojos con nerviosismo, mientras sentía su boca invadida por la húmeda lengua de su compañero. Fue un beso dulce y suave, como una caricia en los labios, pero él se sentía mareado, como si lo hubiesen lanzado por los aires.
-Tokiya…-. Se abrazó a él, aferrándose con fuerza a su camisa, sentía que las piernas le iban a fallar.
El peli azul correspondió el abrazo, rodeándolo delicadamente. Volvió a besarlo, de nuevo de manera suave, sin prisa alguna, disfrutándolo.
Otoya sentía su cuerpo arder de nuevo, había estado toda la tarde anhelando aquello y ahora que lo tenía tan cerca no podía esperar.
-No nos precipitemos-. El pelirrojo salió de su trance al escuchar hablar a su compañero.- Puesto que antes me has llamado obseso del sexo vamos a hacer una cosa.
-¿S-si? Dime.
-No pienso volver a tocarte, cada vez que quieras algo de mi vas a tener que venir a pedírmelo, así nos aseguraremos de que yo no haga nada incorrecto.
Aquél chico era un demonio, lo estaba haciendo a propósito para joderle, pero no iba a salirse con la suya tan fácilmente.
-B-bien, me parece genial, de todos modos no quiero estar sin poder ensayar al no poder andar por tu culpa.
Se cruzó de brazos y giró la cabeza en un gesto digno.
Tokiya rio ante el gesto del pelirrojo.
Lo que ellos no sospechaban era lo que esa situación desencadenaría y la que estaba apunto de venírseles encima.
-Te tomo la palabra Otoya.
