Bonita estancia


"Queda cordialmente invitado.

de Arendell"

Elsa firmó con cuidado aquel documento, lo dobló en tres perfectas partes, colocó la cera y lo selló.

-¿Se puede?- preguntó la vocecilla de Anna.

-Claro, adelante.

La jovencita entró, cerró la puerta y antes de hacer cualquier cosa, señaló su cabello. Pero su hermana mayor estaba absorta en los documentos.

-Elsa- canturreo la pelirroja.

La soberana levanto la mirada, dirigió su atención hacia dónde su hermana le indicaba y la observó detenidamente. Pero no encontró nada diferente: su peinado era el mismo, el tono de cabello también...

-Y ¿bien?- investigo Anna.

-Pues...¡se ve genial!- mintió la mayor.

-¿En serio? ¡Creí que no se me vería bien! Me alegra saber que el "tu hermana no sabe mentir" funciona de maravilla.

Elsa se ruborizó un poco.

-¡Vamos, Elsa! ¡Hasta Olaf lo decifro!

-¿Qué le sucedió a tu cabello?- preguntó dándose por vencida.

La menor soltó una exclamacion de fastidio y corrió hacia ella.

-¡Nada, realmente!- confesó con alegría.

-¿Entonces?

-Entonces...¡Hans fue quien me peinó!

La reina no pudo ocultar su sorpresa.

-¿Qué?- preguntó con asombro.

-¡Sí!- respondió con pequeños brinquitos- decidi darle la mañana libre a Mary, casi me arrepiento porque no te imaginas lo difícil que fue ponerme el corsé- empezó a narrar moviendo las manos conforme hablaba- y luego...¡luego apareció él! ¡casi muero de risa! Le dije muy seriamente "Hans- hizo un poco gruesa la voz- mi doncella se siente indispuesta hoy, al parecer usted tendrá que ayudarme con el peinado" ¡oh, Elsa, hubieras visto su cara! Jaja...aunque casi no hubo expresión alguna. Maldito doble cara. Bueno en fin. Me jalaba bastante al intentar deshacer los nudos y se nota que es principiante ¡reinició el peinado dos o tres veces! Pero al final lo logró, me puso no sé que cosa para que estuviera más sedoso. Por un momento creí que me envenenaria por la cabeza, peroo Olaf me dijo que eso era medio imposible, además, aún estoy aquí... ¡Elsa, deberías pedirle alguna vez que te peine a ti! ¡lo hace bastante bien! ¿no crees? ¡tiene manos de niña así que no hay gran diferencia!

Elsa escuchó al principio bastante seria, para luego acabar divertida.

-Anna, ¿no te cansas de torturar al hombre? Lleva un mes aquí y ya lo has puesto a hacer cualquier tipo de barbaridad.- dijo con diversión.

-No, cualquiera.

-¿Cómo?

-Elsa... Hay cosas que aún no le he puesto hacer.

-Ha limpiado tu habitación, la de Kristoff, la de Sven, ha lavado la ropa de todos ¡incluso fue él quien hizo el iglü de Olaf! ¿qué otra barbarie le pondrías a hacer?

-...pues a las mujeres nos pasan ciertas cosas- dijo paseando los dedos por el escritorio- y ensuciamos ciertas cosas que deben ser lavadas...

-¡Anna!- reprendio con vergüenza la mayor. Ambas rieron.

-¿Ves?

-No te atreverías...

-¿Por qué no?

-¡Anna! Eso es algo...

-Sí, ya sé, ya sé. Creo que debo conformarme con la vez que lo puse a bañar a Sven ¿recuerdas? Ja' ¡fue genial! Estaba todo...y el jabón en su...- la princesa entró en un ataque de risa. Que le contagio a su hermana.

Esas risas angelicales, y demoniacas a la vez, eran lo único que se escuchaba por todo el pasillo.

Hans llevaba la bandeja con el té para la reina, pero el destino parecía odiarle lo suficiente para cruzar de nuevo a Anna en su camino. Esa pequeña demonio sádica disfrutaba viéndolo sufrir. Siempre estaba ahí para "verificar" que cumpliera al pie de la letra cada estúpida y abusiva petición.

Lavar su ropa, la de su salvaje novio, bañar al horrible reno ¡y ahora peinarla! ¡su depravada mente parecía no tener límites! Cumplía cada tarea imaginado como sería tener ese bello cuello de cisne entre sus manos y... Pero el tiempo iba pasando, algún día se quedaría sin ideas. Aunque era mejor no retarla, prefería morir con la duda de sí podía ocurrirsele algo más.

Dio tres suaves golpes en la enorme puerta.

-Adelante- permitió la melodiosa voz de Elsa.

Suspiro y pidió a todos los dioses existentes que le dieran un poco de paciencia y fortaleza.

Abrió la puerta con una sola mano, maniobra aprendida por la necesidad. Los primeros días dejaba la bandeja en el suelo, pero un bendito día ese muñeco parlanchin la tiro, el muy bobo casi se derrite...ese hombrecillo del demonio, que sólo lo seguía y no paraba de hablar.

-Su té, majestad.- anunció.

Vio a Anna rodear el escritorio y sentarse en el suelo, cerca de la silla de su hermana.

Caminó hacia la mesita correspondiente para el té y dejó la bandeja con cuidado, sintiendo pesadez en el ambiente por la incomodidad.

Sirvió con cuidado, colocó el azucarillo y se lo acercó a la platinada.

-¿Usted desea alguna taza, alteza?- le preguntó a la princesa.

-Sí, por favor.

-¿Cuántos azucarillos le pongo?

-Tres...no, dos por favor.

Se apresuró a acatar la orden, sirvió un poco de té y le agregó los dos bloquesitos de azúcar.

-Aquí esta- dijo extendiéndole la bebina.

-Gracias.

La chica se llevó la taza a la boca, con la gracia que su título requería, para segundos después hacer una tremenda cara de asco.

-¡Elsa, por Dios! -exclamó poniendo la taza en una esquina del escritorio- ¿por qué demonios tomas agua de calcetines?

Sacó la lengua y la limpio con la manga de su vestido.

-Es sólo té- replicó con diversión su hermana.

Anna se levantó de un golpe.

-Mejor iré por una taza de chocolate caliente...y tal vez después juegue con Olaf, o vaya al pueblo ¿yo qué sé?

-¿Y Kristoff?

La mirada de la pelirroja se ensombrecio.

-Se fue por hielo...y esta vez no quiso llevarme. Ya sabes, por lo del otro día.- se encogió de hombros y caminó hacia la salida- siento que exagera, no estuve a punto de morir ni nada, además ya habíamos lidiado con lobos antes...pff. ¡Bueno, nos vemos!

Apenas salió, la reina suspiro y rió levemente. ¿Cómo no querer a alguien tan energética y alegre?

-Parece no cansarse jamás- pensó en voz alta Hans.

-No parece ¡realmente nunca se cansa! Desearía poder tener un poco más tiempo...

-No es su culpa, trabajo es trabajo, si ella no lo entiende...

-¡Eso es lo peor! Ella lo entiende, me comprende, me tiene paciencia... Soy yo la que se culpa por todo, le debo tanto y no le he pagado absolutamente nada.

-Le aseguró que no hay nada que pagar.

La reina suspiró en respuesta. A veces Hans le servía de conciencia sin querer.

Contrario a su hermana, ella quería llevar la fiesta en paz con el muchaco. No intetactuaban mucho, pero al menos él ya sabía lo que necesitaba. Jamás le preguntó por los olores del agua, fue cuestionando a todos los sirvientes para saberlo; sólo le bastó una semana para saber cómo le gustaba el té, incluso se encargaba de rellenar su dotación clandestina de chocolate (oculta en el cuarto cajón de su escritorio).

-Hans...quisiera pedirle perdón por lo que Anna le ha hecho pasar, por todo...

Habló con la mirada puesta en sus papeles, fingiendo concentrarse enteramente en ellos.

-No tiene que hacerlo majestad, ella me lo dejó bien claro "incluso las cosas más estúpidas" ¿recuerda?

-Sí, es sólo que yo sé que ella es algo "pasada" con esas cosas.

-¿En serio? No me lo parecía, aunque empezaré a considerarlo. Aún así, majestad, si algún día necesita que unas manos nuevas la peinen, no dude en llamarme.

Elsa sonrió.

-Puede retirarse- le dijo.


-Es sencillo- le decía Sven.

-Para ti lo es, no debes pedirle matrimonio a nadie...ni pedir la bendición de nadie...ni comprar ropa para un baile dónde se hara público tu compromiso, qué aún no es del todo real...

-Será mejor que hables ya con Anna- recomendó en reno.

-Sí, tal vez sí.