Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia es un regalo para Ady Mellark87.


CAPÍTULO 3: TRAGEDIAS

POV PEETA


Nosotros siempre estuvimos juntos en los momentos más difíciles o felices de nuestras vidas. Apoyándonos, ayudándonos, llorando entre los brazos del otro, divirtiéndonos. La primera tragedia que vivimos fue perder a nuestros padres en un mismo accidente. Mis padres se fueron por un día de trabajo a otra ciudad para inaugurar una tienda, y la madre de Katniss decidió acompañarlos para visitar una de las academias de canto de la que era socia. El padre de Katniss se quedó cuidándonos a Katniss, a mí y mi hermano.

En el camino los chocó un camión. El conductor venía borracho, con sueño y perdió el dominio de su camión. Effie, se había quitado el cinturón de seguridad y salió despedida del auto antes de que la parte trasera del camión dejara aplastados a nuestro padre y madre respectivamente.

Mi madre milagrosamente sobrevivió pero sigue internada en el hospital. Sólo le permitieron venir al funeral en silla de ruedas y con dos enfermeros custodiándola.


Ahora estoy aquí, parado al lado de Haymitch con Katniss aferrándose a la pierna de su padre y mi brazo, viendo a mi madre despedirse de su esposo y su mejor amiga, antes de que entierren los ataúdes. Todos los presentes lloramos. Mi hermano y yo perdimos a nuestro padre. Katniss perdió a su madre, quien era su modelo a seguir. Haymitch perdió a su esposa y su mejor amigo. Todos perdimos a dos personas muy importantes para nosotros. Ambas familias éramos tan cercanas que parecíamos inseparables. Haymitch se aleja para ocupar lugar junto a mi madre, e imitándola toma dos puñados de tierra la lanza sobre los ataúdes de ambos mientras estos bajan.

Ahora que su padre se fue, Katniss y yo nos abrazamos como si la vida nos fuera en ello, sin hablar sólo llorando e intentando darle consuelo al otro. Mi hermano se une a nosotros.

-Hija, Peeta, Alex. –Nos llama Haymitch. –Vengan.

Sin separarnos caminamos hasta ellos con vacilación y dolor. No queremos dejarlos ir. ¿Cómo podemos despedirnos de dos personas que amamos tanto y fueron nuestro soporte desde que nacimos?

El rostro de Haymitch expresa una tristeza aún más grande que la nuestra y mi madre luce perdida con lágrimas recorriendo su rostro. Los doctores dicen que debe ponerse en tratamiento psiquiátrico y no tenía permiso para salir del hospital, pero ella le confesó a Haymitch que quería verlos por última vez, quería despedirlos y estar con sus dos hijos. A él le costó pero acabó convenciendo a todos de que la dejaran venir, asegurando que la ayudaría.

Mi hermano y yo nos acercamos a nuestra madre y la abrazamos mientras Katniss siendo alzada por su padre tira tierra a sobre el ataúd suspendido en el aire de su madre y mi padre. Después ella rodea a su padre con sus brazos y empieza a llorar ruidosamente. Me destroza verla sufrir. Cuando me adelanto con mi hermano, ella me mira de reojo, mientras yo la miro fijamente, de un pequeño cajón tomamos un puñado de tierra y rosas y las lanzamos al mismo lugar. Haymitch nos mira con pena, creo que le parece mucho peor que unos niños hayan perdido a su padre siendo tan pequeños.

Él acaricia mi cabello y el de mi hermano cuando estamos cerca con la mano libera para infundirnos ánimo.

-Ya verán que el dolor pasará. Recuerden que no están solos, todavía tienen a su madre y el resto de su familia y a nosotros dos. Prometo que los cuidaré como mi amigo hubiera querido. –Alex y yo nos abrazamos a Haymitch después que el acaba de hablar. Por supuesto que sabemos que no nos dejará solos y que podemos contar con él como si fuera un segundo padre. Katniss nos mira ambos desde arriba, pero especialmente a mí y siento mi corazón latir desenfrenado cuando clava su vista en mí, desde hace varios años se ha convertido en una costumbre y sé lo que significa hace mucho, pero en este momento siento tanta tristeza que ni ese amor logra animarme.


En la noche, Haymitch nos lleva a su casa ya que por varias semanas mi madre seguirá internada. Haymitch nos promete que nos llevará a verla algunos días a la semana y que se tomó sus vacaciones ahora para poder cuidar de nosotros.

Katniss se va a su habitación sin cenar y yo la sigo. Haymitch no dice nada al respecto de que hayamos abandonado el comedor en medio de la cena. Él mismo está distraído revolviendo su plato de comida con el tenedor y mi hermano come con tanta lentitud que parece que no lo hiciera. Hoy fue un día duro y nadie quiere hacer nada más que dormir y llorar.

Cuando entro a su habitación, veo a Katniss a un costado de la habitación frente a su casa de muñecas. Su madre compró la casita de madera de cuatro pisos, con balcón y terraza, Haymitch la lijo y pinto de blanco, y como Katniss sabía lo mucho que a mí me gustaba dibujar y pintar me propuso que lo hiciéramos juntos y acepté. Nos pasamos cuatro días enteros trabajando, yo hice los dibujos según lo que ella quería y después ambos pintábamos. El resultado fue una casa celeste con varios detalles infantiles. Y para finalizar dejamos escrito nuestros nombres. Katniss dijo que un artista siempre debía poner su firma en los trabajos realizados. Ahora ella está sosteniendo una muñeca en sus manos, de piel aceitunada, cabello negro y un rostro hermoso como la persona que lo inspiró.

Me siento a su lado y abrazo a mi amiga de costado.

-¿En qué piensas? –Pregunto.

-Peeta…

-Princesa… No me gusta verte llorar.

-Tampoco a mí me gusta verte sufrir. –Responde. -¿Recuerdas cuando mi madre mandó a hacer esta muñeca cuando cumplí nueve años? También pidió que hicieran uno que se pareciera a ella y a papá.

-Y tú posteriormente pediste uno de mí y tus padres te lo dieron un mes después.

Digo tomando mi muñeco, rubio de ojos azul cielo y piel clara.

-Me sorprendí cuando lo vi en tu casita.

-Eres mi mejor amigo. –Contesta. –Eres de mi familia. Siempre estuvimos juntos desde jardín. No entendí porque te sorprendiste.

-No creí que me considerarás tan importante como para pedir que hicieran uno que me representara a mí. –Reconozco. –Fue halagador. –Le sonrío con sinceridad.

El dolor sigue latente pero es más fácil no pensar en lo que perdimos en la casa de ella recordando situaciones felices del pasado.

Katniss se ríe y me observa ruborizada para luego volver la mirada a las figuras de nosotros dos.

-Yo te quiero, Peeta. Eres la persona más importante para mí junto a mis padres. Esto es un pedacito de ti, que siempre estará conmigo.

Mi corazón se acelera nuevamente, mis emociones se vuelven más fuertes al escuchar sus palabras

-Yo siempre estaré contigo. –Le prometo. –Y también te quiero mucho, Princesa. Ambos estamos pasando un momento difícil, el más doloroso de nuestras vidas. Pero ¿sabes qué? Nos tenemos el uno al otro. Nada nos separará.

Ella fija su mirada en la mía, expresando una mezcla de dolor y consuelo, y algo más es como ella quisiera decirme algo y no se atreviera a hacerlo. Simplemente lanza sus brazos alrededor de mi cuello y ambos caemos al sueño rodeados en el calor y consuelo que nos brindamos mutuamente.

-Nunca te dejaré. –Promete a su vez. –No importa lo que pase. Te necesito tanto ahora. ¿Te quedarías a dormir esta noche conmigo?

Su mirada suplicante me hace imposible que le niegue ese deseo a la niña de la que estoy enamorado.

-Siempre. –No será raro porque desde pequeños hemos compartido cama cuando me quedaba en su casa, sus padres nos leían cuentos hasta que nos quedábamos dormidos, muchas veces despertábamos envueltos entre los brazos del otro y en los malos días, ya nos dormíamos de esa forma. Sólo que ahora no es una pijamada para divertirse, sino que es motivada por una fuerte necesidad de consuelo.

Katniss se levanta, me toma de la mano y me guía hasta la cama donde sin cambiarnos la ropa del día, nos recostamos. Atraigo a Katniss hacia mi pecho rodeándola con mis brazos, y ella se queda allí, escuchando los latidos de mi corazón y cantando una canción para evitar sucumbir ante el dolor de perder a su madre, al menos por una noche.

-No puedo aceptar que se fueron. -Interrumpe la canción.

-Tampoco yo.

-Papá dice que el dolor con el tiempo será más pequeño y que mamá querría que fuéramos felices, porque nos sigue amando desde el cielo. Pero, es difícil. Jamás imaginé que la perdería tan pronto.

Yo jamás creí que eso pudiera suceder cuando nosotros apenas teníamos ocho años. Sucedió la peor desgracia que puede vivir un niño y ahora estamos sufriendo la consecuencias.

-La vida es injusta. -Le respondo.

-A veces pienso que todo es una pesadilla y que pronto despertaré y veré a mi madre a mi lado, cantándome, acariciándome y dándome un beso de buenas noches.

-A veces me pasa lo mismo. Hasta que al despertar me doy cuenta que nada ha cambiado.

Ambos lloramos, hablamos y nos descargamos hasta que el sueño nos vence a ambos, nuestros parpados empiezan a pesar y nos quedamos dormidos en el momento menos esperado.

Con miedo, el corazón roto pero juntos como siempre.