Capítulo 4 –Guardián

-¡Corre, Anna! –Gritó Ethan, mientras vaciaba su penúltimo cargador de pistola en uno de los corredores que los perseguían – ¡Abre la puerta para que podamos salir!

Anna corrió inmediatamente a buscar las llaves que había dejado en una de sus mesas, para luego rápidamente sacar el candado y abrirla, ante lo cual tanto ella como Ethan salieron de la casa que durante largo tiempo hubiera sido segura para ella. Ninguno de los dos lo había visto venir; sólo habían tenido unos cuantos minutos de paz después de la batalla mental que ambos habían tenido, pero entonces sólo pensaban en huir.

Tras haber huido por un buen rato y finalmente perder a los infectados, se tomaron un tiempo para recuperar el aliento, y se dispusieron a descansar, o al menos eso era lo que Ethan creía, antes de que Anna fuera hacia él y lo golpeara en la mejilla para casi dejarlo en el suelo.

-¡Qué fue esa mierda! –Le gritó entonces, agresiva –llevo acá una semana precisamente porque no hay infectados, entonces llegas tú, y a los minutos mi refugio se llena de ellos

Ethan se repuso rápidamente, y si bien por un instante, con lo descolocado que había quedado, planeó en golpearla de vuelta, decidió ir sólo por las palabras.

-No tengo nada que ver con eso, para empezar tú me capturaste y me llevaste a esa casa contra mi voluntad; como ya te dije, estoy viajando con mi grupo y no ganaría nada con, de alguna forma que desconozco y no tengo idea, guiar a infectados con mi mente para qué… ¿liberarme? Lo que dices no tiene sentido alguno

Anna lo vio, y durante unos segundos se pudo ver en su rostro que estaba luchando consigo misma, pero finalmente se calmó y se sentó en el suelo, dejando ir un gran suspiro.

-De cualquier forma vas a tener que ayudarme a recuperar la casa –le dijo seriamente, con un tono que más que una orden sonaba a una afirmación innegable –había un motivo por el cual estaba ahí… tengo harta comida guardada y un auto, además de armamento… ayúdame a sacar a todos los infectados de ahí y te daré una buena cantidad de provisiones para tu grupo; apuesto a que están hambrientos

La verdad era que sí, puesto que no les quedaba comida para más allá de un día completo; aun con Julie y su arco para cazar era incierta la obtención de comida oportuna, de hecho habían planeado tener que ir a algún pueblo a buscar comida, o en el peor de los casos a una ciudad.

-Más vale que sea harta –le respondió finalmente –pero ¿para qué el auto?

-¿Crees que quiero pasar el resto de mi vida en un bosque sola, esperando a que me mate el primer estúpido o infectado que llegue? Robé ese auto de un pueblo que está bajando hacia el norte, de ahí en adelante he ido cada cierto tiempo a buscar comida debido a que hay un grupo que ya intentó matarme una vez… planeaba acumular suficiente para una buena cantidad de días y luego salir de acá… eso hasta hoy, lo cual modifica el plan a simplemente "saca lo que puedas y vete"

-¿Ir adónde?

-A una zona de cuarentena, claro está

-Supongo sabes que no son tan seguras como prometen –tuvo el flashback de cuando le habían negado la entrada a una, junto al de Dom huyendo de una

-Ese es tu punto de vista… yo vivía feliz en una, hasta que unos infectados se metieron por unos agujeros… para cuando nos dimos cuenta dos edificios completos estaban llenos de ellos… al final terminé con uno de los tantos grupos que lograron huir, eso hasta que unos chasqueadores nos atacaron; me lancé por la ventana desde un tercer piso; no sé cómo salí ilesa, pero logré escapar… nadie más del grupo sobrevivió; todos tirados en el piso llenos de mordidas o despedazados

Anna lo había capturado, lo había esposado y atado a un palo en esa casa, pero en el fondo también había sido una víctima, y mucho más que eso, una víctima que había quedado sola. Pensó en cómo, independiente de cómo puedas ser, tu actitud estaba conformada mayoritariamente de dolor experimentado; Anna no era mala, pese a su gran boca y actitud agresiva, quizá no siempre había sido así, quizá ver a su grupo morir la había hecho así, o quizá era así desde antes.

-Escúchame –dijo Ethan, recordando a Liz y los demás –se suponía que iba a reunirme con mi grupo en una cascada, pero ahora no sé ni dónde estoy; tú debes conocer estos lugares: dame comida para el grupo y llévame hasta allá y te prometo que te ayudaré, después de todo estaré luchando por mi comida también

Ethan había estado caminando con su grupo, cuando por un desliz de tierra, terminó cayendo por un barranco, si bien podían comunicarse, no había forma de subir por ahí, por lo que habían acordado reunirse en una cascada que al menos desde ese lugar, se podía ver tanto arriba del barranco, como desde el fondo. Una vez solo, Ethan había sido blanco fácil para Anna, quien lo recibió apuntándole con su rifle

Se tomaron un poco más de tiempo para recuperarse del escape a toda prisa que habían tenido que llevar a cabo, dando cuenta también de que Ethan tenía sólo un cargador, ante lo cual Anna decidió darle un poco de las balas que llevaba en su traje antibalas; durante el escape Ethan no había alcanzado a sacar su escopeta, dado que Anna se la había quitado previamente durante la captura. También era ella quien conocía el terreno, por lo cual Ethan sólo se remitió a seguir sus órdenes y direcciones, pues según lo que había entendido, iban a atacar a los infectados desde lo alto de unos árboles que estaban a unos metros de la casa, lo suficiente altos como para evitar que los infectados los alcanzaran, y fuertes como para resistir los ataques de los mismos. El único pero era que por la distancia él debía disparar con precisión, mientras que Anna tenía su rifle para ayudarla en ese aspecto.

Subió a lo alto de uno, mientras ella subió al otro, que estaba tan cerca que parecía que estuviesen pegados, se ubicaron en unas ramas, lo suficientemente cerca como para poder hablar sin problemas.

-Más vale que seas bueno disparando con esa pistola –le comentó Anna, un tanto altanera; la verdad era que ella era más experimentada disparando

-Me iría mejor si no me hubieras quitado mi escopeta

-Dispárales con una escopeta desde esta distancia y acabarás el día de mañana –le indicó, para luego, al ver que estaba apuntando, detenerlo –hey,hey, hey, tranquilo, además no pongas la pistola tan cerca de tu cara, debes extender un poco más el brazo, los infectados no están precisamente a dos metros de distancia

Contaron quince, merodeando la casa, unos cuantos más adentro, y unos últimos en las cercanías que llegarían con los disparos. Entre ellos habían cuatro chasqueadores, que eran la prioridad; Anna los mataría uno a uno con el rifle mientras que Ethan se encargaría de los corredores que fueran hacia los árboles, luego de eso ambos acabarían con todos, ante lo cual si las cosas se ponían feas ella disponía de una granada que lanzarían a la base del árbol llena de infectados, para luego saltar.

Ambos estaban listos, con él sólo esperando la señal, apuntando a los que estaban más cerca, mientras Anna apuntaba a la cabeza de uno de los chasqueadores. Entonces comenzó; todos los corredores fueron en estampida a los árboles tras el primer disparo, haciendo que los chasqueadores, dada su menor velocidad, quedaran atrás perfectamente visibles. Ethan disparaba a todos los que fuera posible, y entonces comprobó que Anna tenía razón sobre lo de extender el brazo; en parte había sido una mala costumbre suya. Pronto los cuatro chasqueadores estuvieron muertos, tras lo cual ambos se dedicaron a disparar a la base del árbol. Afortunadamente no tuvieron que usar la granada, y no pasó mucho antes de que no quedara ningún infectado, aunque Ethan se quedó sin balas.

Se miraron el uno al otro, con un silencio de unos segundos, para luego empezar a reír casi al mismo tiempo.

-El plan funcionó –comentó Ethan, desde su árbol –supongo ya no estaba acostumbrado a que las cosas salieran como lo esperado

-Eso es porque era mi plan, ¿cómo crees que llevo todos estos días aquí sin tener a esos cazadores de abajo disparándome?

Sonriendo, Ethan se dispuso a bajar cuidadosamente del árbol, a la vez que Anna simplemente se lanzaba al suelo. Pero entonces un corredor apareció desde un arbusto, y se lanzó sobre ella; Ethan inmediatamente levantó su pistola, pero al disparar recordó que no tenía bala alguna; Anna luchaba por mantener la boca del infectado lejos de ella con sus brazos, pero la fuerza del infectado de a poco la superaba. Desesperado, Ethan le lanzó la pistola, para luego arremeter contra él y empezar a golpearlo en la cabeza, sin pensar si quiera en el peligro de esa acción; lo alejó de Anna, y no dejó de golpearlo sino hasta que no sólo su cara había quedado desfigurada, sino hasta que el cráneo ya estaba completamente irreconocible.

-Gracias… -le dijo ella, tras reponerse, un tanto extrañada por la actitud de Ethan

Ambos se vieron nuevamente, y fueron a la casa, que por suerte estaba totalmente intacta; si bien los infectados los habían obligado a escapar, también habían servido para evitar que otros entraran para robar la comida y armamento. Ethan finalmente recuperó su escopeta, y una vez más se vieron, para darse cuenta, cada uno, que el otro estaba muerto de hambre. Se pusieron a comer, mientras el sol se ponía, marcando que el día ya estaba acabando.

-Ya separé la comida; sólo toma lo que dejé sobre la mesa –le dijo entonces Anna, recordando el trato –también te dejé unas cuantas balas, y un regalo mío también… les puede ser útil

Ethan se volteó y pudo ver la mesa llena de comida, varias balas y un rifle; no era el que Anna había usado, pues carecía de la mira telescópica, pero se veía en perfecto estado.

-¿Cuántos son? –preguntó

-Incluyéndome, somos cinco

-Vaya, calculé la comida para unos diez… si son buenos repartiendo, les durará varios días… y gracias nuevamente –tomó un tono más serio en ese segundo agradecimiento –creo que nunca había estado tan cerca de morir en manos de uno de esos malditos infectados –se notaba en su tono que recordaba también la actitud de Ethan, y la verdad era que este último notó esto - ¿por qué…?

-¿Por qué no te nos unes? –la interrumpió Ethan, notando perfectamente que lo que decía era justamente lo que pensaba –nosotros vamos a una zona de cuarentena también; la de los Luciérnagas

Anna agachó un poco la cabeza, con la mirada perdida en el suelo, para luego levantarla y comenzar a mirar el cielo rojizo de lado a lado.

-La zona en la que vivía… desde que todo se fue a la mierda, había sido como un santuario, llegué yo y al año después se convirtió en una ciudad llena de infectados… luego el grupo con el que estuve… fui la única superviviente… lo que más me dolió es que había una… persona, una maldita persona, por la que me preocupaba, pese a que ya tenía a alguien que se encargaba de eso

-Yo salía con alguien –respondió Ethan, sincerándose, dado que de todos modos, esa podía ser la última conversación entre ambos –pero… pasó lo que siempre ocurre cuando no estás preparado para defender lo que te importa

-Siento tu pérdida, Ethan, lo siento –le dijo ella, respetuosamente –pero no me refería a eso… aun así, no importa ahora; no quiero estar con nadie ahora, sólo quiero saber que si muero, muero sola, no quiero cargar con más cadáveres… además no me mires mal, pero ya perdí la esperanza de que esto cambie… la causa de los Luciérnagas dejó de convencerme hace mucho

Ethan sintió que no quería dejarla, pero no había mucho que pudiera hacer para convencerla, no quería, no dejar a alguien en el camino. Sabía que no estaba seguro de que ella moriría si iba sola, más aun sabiendo que sabía cómo defenderse y no le faltaba la voluntad para hacerlo, pero aun así no quería dejarla, sentía que no era lo correcto, sin embargo ahí estaba, teniendo una última charla con ella. Anna lo pudo haber matado apenas se encontraron, lo pudo haber matado encadenado en la casa, o lo pudo haber dejado a su suerte tras el ataque de los infectados, pero bastó un intercambio de palabras, para darse cuenta de que ella no era un depredador, y asimismo ella lo había notado, para darle la suficiente certeza como para liberarlo, sólo segundos antes de que un corredor entrase por una ventana, rompiendo los palos de madera que la bloqueaban.

Tomó el rifle, echó la comida a su mochila, casi llenándola, y depositó las balas en sus bolsillos, se vieron una última vez a la cara, como despidiéndose con la mente.

-¿Ves ese camino? –le indicó, era un camino de tierra despejada –debes seguirlo camino arriba, llegarás a un lado en que hay dos pinos, uno al lado del otro, marcados con una letra equis; por ese camino no es, pero te darás cuenta que desde ese lugar, podrás ver claramente la cascada, ahora fíjate en este camino, pues se divide mucho, pero siempre sigue aquel en donde haya una lata vacía, pues yo las dejé ahí… originalmente era un camino para llegar al pueblo de donde saqué todo, pero podrás usarlo para reunirte con tus amigos… y supongo está más que obvio el que no vuelvas, pues podrías terminar en el pueblo en un tiroteo desafortunado

Ya con las instrucciones claras, Ethan vio a Anna echar la comida y armamento dentro del auto, preparando todo para marcharse; en realidad se iba.

-¿Qué haces viendo? –le preguntó ella, dándose cuenta de que era observada –ya tienes todo lo que necesitas, sigue el camino, te deben estar esperando

Triste y derrotado, Ethan emprendió marcha arriba, alejándose de la casa y de Anna. Se extrañó entonces; la había conocido de la forma menos indicada posible, y había pasado con ella sólo unas cuantas horas, pero se sentía mal al irse y dejarla, sentía como si dejara algo atrás, quedándose con un vacío. Y fue ese vacío, el que, ya cuando estaba a varias decenas de metros de ella, hizo que se volteara para verla una última vez.

Lo que vio entonces lo hizo volver corriendo a toda prisa.

Los que parecían ser parte de ese grupo al que Anna les había estado robando comida, estaban disparando contra ella, quien se cubría detrás del auto. Ethan se dio cuenta de que la estaban rodeando y no alcanzaría a llegar para interrumpirlos, así que tomó el rifle que le había dado, y procedió a disparar, dándole a uno para captar la atención del grupo, que eran unos cinco. Recargó el rifle y disparó nuevamente, escudándose en la distancia que los separaba, haciendo que sus disparos con pistola no le llegaran, recargó nuevamente y mató a otro, notó entonces que uno empezó a huir, pero logró dispararle antes de perderlo de vista. Pero entonces una bala de rifle pasó al lado de él, haciendo que se cubriese; escuchó varios disparos, se subió al árbol que estaba a su lado, y camuflándose entre las ramas y hojas, divisó al cazador con el rifle para dispararle; eventualmente consiguió despejar el área, tras lo cual corrió inmediatamente a ver a Anna.

Cuando llegó, descubrió que tenía varios disparos en el torso, y que el chaleco antibalas no había conseguido detenerlos todos; su torso estaba rojo debido a su sangre.

Inmediatamente Ethan le quitó el traje antibalas, para intentar ver sus heridas, pero entonces notó que al menos cuatro le habían dado. La vista de Anna se perdía, pero lograba enfocarlo.

-No hay forma de salvarme, Ethan… -le dijo entonces, lastimosamente debido a las heridas

-¡No! ¡Eso no es verdad, te curaré! –gritó, mientras sacaba su mochila para buscar vendas o algo para ayudarla, notando como casi toda la mochila estaba llena con la comida que ella le había dado

-No te preocupes… -le dijo ella, extendiendo lentamente su mano para posarla sobre la de él, como deteniéndolo –no es tan malo para mí… quizá así debía ser…

-¿De qué estás hablando, Anna? ¡Te llevaré con mi grupo, hay una persona que sabe de primeros auxilios! ¡Vamos, levántate!

-Protege a tus seres… queridos… Ethan… no acabes como yo… por favor…

Ethan se dio cuenta desesperadamente que Anna se estaba muriendo en sus brazos, mientras la intentaba levantar; era imposible que pudiese sobrevivir hasta encontrarla, y él no tenía los conocimientos para tratar aquellas heridas, ni siquiera sabía si eran tratables, estaba totalmente perdido. Finalmente la levantó y la llevó en brazos, quedando su polera ensangrentada, y comenzó a caminar de todas formas, mientras sus ojos se humedecían, nunca dejando de hablarle para mantenerla despierta.

-¡Te curaremos, Anna, te curaremos, no te voy a dejar morir aquí, mantente despierta, Anna, conocerás al grupo, les caerás bien, John parece una mierda de persona pero es un Luciérnaga, Dom es un tanto engreído pero puedes confiar en él, Julie es una experta cazando, de hecho a ella le daré el rifle que me diste, y Liz es una persona que sólo quiere ayudar, ella te curará!... ¿Anna? ¿Anna?

Bajo la mirada, para verla con los ojos cerrados, sin hacer ruido ni movimiento alguno; inmediatamente comprobó su pulso, pero ya no registraba nada. Se sentó en el suelo, con ella en sus brazos, y entre sollozos la abrazó, para luego romper en llanto, totalmente desconsolado. No le importó si sus sollozos llamaban a otros miembros del grupo, ni si lo veían, ni si le disparaban. Nada le importó en ese momento.

Anna había muerto en sus brazos.

Cavó una tumba un tanto lejos de la casa, pues si llegaban ahí temía que pudieran profanarla en busca de algo de valor, y depositó gentilmente su cuerpo ahí. Cuando finalmente puso un palo de madera que indicaba el lugar sólo pudo pensar en lo que había sentido al emprender camino después de que ella se lo dijera. Se quiso golpear a sí mismo, pensando en qué hubiera pasado si ambos se hubieran enfrentado a aquel grupo juntos, pero a los segundos después se dio cuenta de que no valía nada pensar sobre eso; no cambiaría lo que había pasado. Nada lo haría.

Volvió a la casa, y vio el auto de Anna, volteó la cabeza para ver el lugar en donde estaba la tumba, para luego entrar en el auto y encenderlo. Vio una última vez la tumba, y condujo por el camino que ella le había indicado.

Mientras subía, pudo ver el pueblo al que ella se refería. Llegó al punto de los pinos, pero tras unos segundos detenido, giró y fue hacia la cascada.

Fue entonces que sintió algo, y revisó el maletero del auto: refrescos, comida y una pistola.

Pero además había una fotografía, maltratada, pero no lo suficiente como para no ser reciente. En ella aparecía Anna, se veía feliz, diferente de como él la había conocido, junto a ella había un hombre adulto, ya en sus cincuenta, y una chica más joven, probablemente su hija. Entonces detuvo el auto y enfocó la vista: era Liz, sin duda alguna.

Sintió un agudo dolor en el pecho, entendiéndolo todo, recordando las últimas palabras de Anna.

Con su garganta temblando, emprendió marcha nuevamente, hasta que llegó a la cascada. Allí lo recibieron los demás, en un principio apuntándole, para luego, tras notar que era él, bajar las armas y reír, Liz fue hacia él y lo abrazó. Ethan sintió un temblor por su cuerpo en ese momento.

-Toma, Julie –dijo Ethan –eres buena con el arco, supongo este rifle te irá aún mejor; trae mira telescópica

-¿Cómo obtuviste todo esto? –le preguntó Dom, con una sonrisa en su cara

Ethan se quedó en silencio un segundo, luego vio a Liz, quien se extrañó un poco con aquel gesto. Dudó seriamente en ese instante. Ella estaba sonriendo, feliz por haberlo encontrado, distinta a aquella Liz aterrada que había encontrado, había cambiado; se preguntó si valía la pena.

-Lo encontré abandonado en una casa

Se preguntó por qué, en medio de la desesperación, había nombrado a Liz al último.