Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Adam Horowitz, Edward Kitsis y la producción de ABC. Mi único propósito con dichos personajes es hacerlos víctimas de mis locuras para diversión, gusto propio y de quien lo lea.


Capítulo 4:…¿y una taza de té también?

Emma tarareaba una canción de cuna mientras mecía a su sobrino en sus brazos. Consideraba increíble el infinito amor que le tenía al niño de apenas tres años. Adoraba cada ocurrencia o travesura que el niño hacía. Complacía todos sus caprichos y siempre que podía le traía un obsequio, cosa que su pequeño sobrino agradecía con un beso tronado y un abrazo. Al ver que estaba profundamente dormido lo colocó con ternura en su cama y salió de la habitación sin hacer ruido.

─¿Qué te dije David? Lo de ella es un talento natural.─ comentó Mary Margaret a su esposo al ver a Emma salir de la habitación.

─ Nunca lo he dudado. Esta vez rompió el record. A penas son las ocho y ya el pequeño travieso está dormido y todo gracias a ti Emma.─ diciendo esto le ofreció una copa de vino.

Emma no dudo dos veces y tomó un sorbo de ella. Tenía la noche libre y la pasaría junto a su familia. Podía disfrutar de unas cuantas copas demás, esa noche se quedaría en la casa de ellos así que no se preocuparía por tener que guiar hasta su apartamento.

─¿Cuándo pensabas decirme sobre la chica pelinegra con la que te pasas ahora?─ preguntó Mary Margaret fingiendo un tono molesto. Emma que en ese momento estaba tomando otro sorbo de su copa, ante la mención de Regina, por poco se ahoga.

─¿Cómo sabes sob…? Terry.

─ Si no es por ella ni me enteraba de que estabas saliendo con alguien.─ Emma la miró sorprendida.

─No estoy saliendo con ella. Nos conocimos hace poco, Henry le robó su cartera y yo la estaba ayudando a recuperarla.

─Creo saber quién es.─ mencionó en tono divertido David.

─David sabe quién es y yo no.─ dijo Mary Margaret fingiendo una cara de enojo.

─No es nada serio.

─Emma… No te creo nada.─ la rubia suspiró algo irritada por la insistencia de su hermana.─ Terry está convencida de que entre ustedes existe cierta atracción.

─Bueno, Terry exagera.─ tanto Mary Margaret como su esposo miraron dudosos a Emma.─ No niego que Regina sea una mujer muy bonita, elegante y muy… ¿Por qué me miran así?

─Te sientes atraída hacia ella…─ Emma se quedó callada. Llevaba días tratando de negar la realidad que Regina era un imán para ella.

─A penas la conozco.

─ ¿Eso qué tiene que ver?─ preguntó David. ─ Cuando choqué por primera vez con Mary supe que ella sería la mujer que llenaría mis días de alegrías. Mis instintos no me fallaron y míranos hoy, somos felices.

─El caso de ustedes es uno en un millón. Eso no me pasa a mí.─ trató de contra- argumentar Emma pero sabía que eso era solo una excusa.─ Además desde aquella vez en el café no he vuelto a saber de ella. Ya va casi una semana.

─Cariño, si tu problema es que a penas la conoces, eso se resuelve fácilmente.─ Emma miró expectante a que su hermana hablara.─ Conócela más.

─¡Vaya, jamás se me hubiese pasado por la cabeza esa idea Mary!─ contestó Emma con sarcasmo.

─ Búrlate todo lo que quieras Emma. Pero si tonta es la solución, más tonto es tu problema. La que se está complicando la vida eres tú. Te atrae la chica, ¿no la conoces?, haces todo lo posible por conocerla y así decides si seguir adelante o desistir.

─Lo dices como si fuera así de fácil.

─Es que lo es. Ya la parte rara la superaste, ya tuvieron su primera cita…

─Eso no cuenta porque, uno, si Terry no hubiese insistido de forma sutil que la invitara no lo hubiese dicho y dos, estábamos con Henry.─ Mary Margaret rodó sus ojos sin poder creer lo terca que podía llegar a ser su hermana.

─¿Por qué no la invitas a salir otra vez?─ preguntó David al ver la cara de frustración de su esposa. ─ Después de esa salida, dejas que las cosas caigan por su propio peso, sin forzar nada.

─No es mala idea.─ era una salida, nada comprometedor, los amigos salen, pensaba Emma.

El problema principal de Emma era que ella quería más que una simple charla con Regina. Ella quería ver a Regina todos los días, que cuando ambas llegaran de sus trabajos pasaran el resto de la tarde en los brazos de la otra. Ella sabía lo que quería, el problema era que no sabía si Regina quería lo mismo. Invitarla a salir, formalmente, sin la insistencia de Terry sería un buen paso para averiguar eso. Sí, eso haría tan pronto la viera. Con una promesa de que invitaría a salir a la pelinegra, otra copa de vino y un sutil cambio de conversación cortesía de David, Emma continúo disfrutando de su noche familiar.

Regina sabía que debió de haberle dicho a él que la viera en otro lugar. El café era su sitio especial, era su primer lienzo en blanco donde poco a poco a pintaba su presente y donde planeaba seguir pintando su futuro y ella estaba manchando su obra maestra con colores del pasado. No debió haber accedido a verlo en primer lugar. En el fondo de su corazón sabía que se iba a arrepentir por haberlo hecho.

Desde que recibió ese mensaje de texto sus nervios habían estado de punta. Tanto era así que había pasado casi una semana desde la última vez que había visto y hablado con Emma y consideraba que era lo mejor por el momento. No sabía con qué tipo de intenciones venía él a su encuentro y ella prefería mantener a Emma al margen de lo que ocurriera.

─Vaya que es peculiar este sitio.─ comentó una voz que ella conocía demasiado bien. La mujer respiró hondo y se giró para encarar a su antiguo mentor: Rumford Gold.

El hombre lucía su típica vestimenta costosa y su característico cabello rozando sus hombros. A simple vista, Rumford Gold no encajaba en el lugar lo que hacía que los clientes regulares del lugar lo observaran extrañados. Definitivamente, traerlo a ese lugar había sido un error.

─¿Por qué la mesera está vestida con ese horrible y ridículo vestido verde?─ preguntó el hombre mirando a Tink que estaba cerca de ellos pidiendo la orden de una mujer.

─¿Podrías sentarte y callarte la boca?

El hombre obedeció a Regina y tomó asiento en la silla que quedaba justo en frente de ella. Gold tomó la hoja del menú y comenzó a observarla.

─¿Qué es lo que quieres?

─¿No puedo visitarte? Soy un viejo amigo que quiere saber qué tan bien le va a su estudiante en su nueva vida.─ Regina entornó sus ojos molesta. El teatrito del hombre ella no se lo creía.

En ese momento Tink hizo acto de presencia para pedir la orden de ambos. La joven no pasó por alto la cara de fastidio de Regina. Se acercó disimuladamente a Regina y murmuró entre dientes si necesitaba que sacaran al hombre de ahí. Regina negó con la cabeza y pidió un Capuccino.

─¿Tienen algo aquí que no sea café?─ preguntó de forma autoritaria el hombre

─Agua de la pluma.─ contestó Tink. Antes de que el hombre respondiera Regina intervino.

─Que tal si le traes una taza de té.─ Gold asintió dándole la razón a Regina, Tink anotó la orden y se retiró hacia la cocina.

─Esta chica es peor que la Viuda Lucas en Storybrooke.

─¿Mi madre te envió?─ preguntó la mujer molesta.

─La respuesta sería no. Pero no voy a negar que tan pronto como se enteró que pasaría un tiempo acá pidió que te echara un ojo. Independientemente de que si estés viviendo la buena vida o viviendo debajo de un puente gozaré diciéndole a Cora que estas mejor que nunca y no gracias a ella.

─Sigues siendo el mismo bastardo de siempre…

─Eso jamás cambiará querida.

En ese instante llegó Tink con la orden de ambos. Dedicó una solidaria sonrisa a Regina y fulminó con su mirada a Gold.

─No sé qué le hice para caerle mal.─ comentó Gold antes de tomar la taza de té y darle un sorbo.

─Lo más seguro escuchó tu comentario del vestido. Tink adora su vestimenta.

─Esa era otra cosa que te quería preguntar explícame la temática de este lugar.

─Para de cambiar el tema. Estás hablando cosas que no vienen al caso Gold. Dime, ¿por qué estás aquí? ¿qué favor quieres que te haga?─ el semblante de Gold cambió por completo. Regina lo notó inmediatamente.

─Necesito que seas la abogada de mi hijo.─ la mujer lo miró sorprendida.

─¿Baedan apareció?─ Gold asintió.─ No comprendo. ¿Por qué tengo que ser su abogada? Bien sé que si alguien tiene la influencia para sacarlo del problema en que está metido ese eres tú.

─No me interesa sacarlo de su problema. Él es un adulto, tomó decisiones erróneas y ahora tiene que responder por sus actos. Suficiente hice con pagar su fianza. Además conozco lo buena que eres, yo te enseñé bien. Si alguien puede ayudarlo en su caso, esa eres tú.

Regina se quedó en silencio, sumida en un mar de recuerdos. Sabía que no debió acceder a ver a Gold. Ahora estaba obligada a ayudarlo. No lo hacía por deberle algo a Gold, más bien lo hacía por ayudar a Baedan. Ellos habían crecido juntos en Storybrooke, incluso habían entrado juntos a la Facultad de Leyes con el mismo objetivo: complacer a sus padres. El primer año, Baedan se dio de baja y se desapareció, dejando a Regina sola. No sabía nada de su amigo hasta ese día. Parte de dejar su pasado atrás incluía el cambiar de carrera, siempre soñó con abrir una repostería, sus pasteles de manzana eran muy aclamados. Estuvo años ahorrando dinero para ello y ahora que estaba comenzando de cero era la perfecta oportunidad. Tendría que poner su sueño en alto por un tiempo. Sentía que debía ayudar a su amigo y eso haría.

El sonido de una taza caer al suelo sacó a Regina de sus pensamientos. Vio como una chica de cabello castaño- rojizo se bajaba para recoger la taza a la misma vez que su antiguo mentor lo hacía y ambos chocaban sus cabezas.

─Lo siento mucho.─ repetía la chica tomando la taza, que unos minutos antes estaba llena de té, y con disimulo tocaba su frente en lugar donde lo más seguro se la haría un pequeño bulto por el golpe que recibió.─ Maldición, tiene una pequeña grieta, apenas se ve.

─ Es solo una taza.─ contestó el hombre algo pasmado observando a la linda chica que tenía frente él.

─Llamaré a Tink. Pagaré lo que sea, no se preocupe. Soy tan despistada, lamento haber tumbado su taza. ¿Qué estaba tomando? Me encargaré de reponerlo…─ comentaba la chica de forma rápida y nerviosa.

─ ¿Por qué mejor no se tranquiliza? Fue un accidente. Por la taza no se preocupe, creo que acaba de hacerle un favor a este sitio rompiéndola, estaba horrible.─ la chica dejó escapar una risa nerviosa y colocó la taza encima de la mesa.

─Prometo que si lo vuelvo a ver le invitaré un café.

─Mejor que sea un té. ¿Hecho?─ preguntó el hombre tendiéndole la mano. Ella se la tomó y asintió

─Hecho. Disfruten lo que queda del día.─ comentó la chica dirigiéndose a Regina por primera vez.

─Igualmente señorita…

─French, Isabelle French.

─Isabelle… Igualmente para usted señorita French.─ la chica sonrió y se marchó del lugar dejando a Gold con una sonrisa idiotizada.

─¿Necesitas que te busque un babero?─ preguntó Regina sarcásticamente. El hombre salió de su estado de ensoñación y le dedicó una mirada fulminadora.─ Paguemos la cuenta y ayudemos a Baedan.─ Regina buscó con la mirada a Tink y le hizo señas para que se acercara a la mesa.

A chica se acercó con su peculiar estilo de andar y les tendió el recibo. Gold lo tomó y, sin mirar el total, sacó un billete con el valor suficiente como para cubrir la orden de ambos, la propina de Tink y la taza agrietada. Tink lo miró sorprendida cuando él se lo tendió.

─Si quieres quedarte con el cambio vas a tener que hacerme un pequeño favor.─ Tink asintió.─ Necesito que me digas todo lo que sepas de la chica que salió de aquí hace unos minutos y me dejes quedarme con la taza.

─A las cinco de la tarde tendré su reporte.─ la chica tomó el billete de la mano de Gold y lo alzó contra luz para comprobar su validez.─ Es un placer hacer tratos con usted.

─¿Nos vamos o qué?─ el hombre asintió ante la pregunta de Regina mientras ambos se levantaban y se marchaban del lugar.

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Personas se movían de un lado a otro, todos hablaban a la vez y nadie parecía percatarse de que Gold y Regina estaban frente a la recepción esperando por ser atendidos. Gold lucía molesto e incómodo en su lugar mientras que Regina buscaba con su mirada a la rubia que ocupaba su mente esos días.

─¿Ya los están atendiendo?─ preguntó un hombre de cabellera rubia a Regina y Gold.

─No y nos gustaría hablar con el encargado de esta división. ─ ordenó Gold con su tono autoritario que tanto le distinguía.

─ Le avisaré a Emma. Ella los atenderá tan pronto pueda, como ven, estamos algo ajetreados.

─No se preocupe. Aquí esperaremos─ intervino Regina antes de que Gold abriera su boca y dijera uno de sus improperios.

Regina le hizo señas a su compañero para que tomaran asiento en la sala de espera. El tiempo que pasaron allí sentados estuvo repleto de comentarios sarcásticos por parte de Gold. Signo claro de que estaba nervioso.

Regina sabía que la relación entre él y Baedan estaba bastante lejos de ser cordial. Gold era demasiado exigente en todos los aspectos de su vida, Baedan era demasiado liberal, algo que hacía que en muchas ocasiones tuvieran sus encontronazos.

El que Baedan dejara sus estudios a un lado fue la gota que colmó el vaso. Ambos hombres, igual de tercos, no escuchaban de razones y no hacían ni el más mínimo intento de entender la postura del otro. Los pocos lazos de respeto que había entre ambos se cortaron, Baedan se marchó de Storybrooke sin mirar atrás y Gold dio por perdido a su único heredero.

Regina sabía que Gold trataba de ocultar su tristeza detrás de su impenetrable aspecto y su actitud cortante. Al menos esa era la impresión que le daba durante el tiempo donde trabajó como interna en el Buffet de abogados que él dirigía en Storybrooke.

─¿Regina?─ la mujer levantó su vista al escuchar la voz de Emma llamarla.─ ¿Qué ocurrió?

─¿La conoces?─ preguntó Gold entre dientes. Regina ignoró la pregunta y se acercó a Emma, dejando al hombre atrás.

─Emma… Yo, estoy aquí porque…

─Ya se pagó la fianza de Baedan Gold.─ intervino Gold al ver que de la boca de Regina solo salían incoherencias. ─ Soy su padre, Rumford Gold. ─ el hombre sacó una hoja de su chaqueta y se la entregó a Emma. La mujer miró confundida a Regina pero se dispuso a leer el papel que el hombre le había dado. ─ Quizás lo conozca mejor por Neal.

─¡Neal! ¿Usted es su padre?─ el hombre asintió.─ No recibí ninguna notificación de que hoy le asignarían la fianza. Me sorprende que no lo hayan hecho antes.

─Solo digamos que yo tuve que ver en todo eso. Su jefe, el , y yo somos muy buenos amigos. ─ contestó el hombre con autosuficiencia.─ Podría aligerar el proceso, no tengo toda la tarde para usted.

Emma lo fulminó con la mirada. Las personas que se iban por encima de la justicia no eran sus favoritas. Lo que no entendía era por qué Regina estaba con él. La chica le hizo señas a David para que se acercara y le entregó la hoja. David le indicó a Gold que lo siguiera y ambos se perdieron de la vista de ambas mujeres.

─Creo que debo ir con ellos, soy la abogada de Baedan.─ mencionó Regina.

─¿Abogada? ¿Estás trabajando para él?

─Si tu duda es si tengo el tipo de influencia que tiene él para saltar procesos y atrasarlos, la respuesta es no. Tengo ética, creo que por eso me pidió a mí que me encargara de ahora en adelante del caso y no lo tomó él mismo.

─¿Cuáles son las posibilidades de que Neal, Baedan o como sea que se llame, salga por la puerta ancha y libre de culpa?─ preguntó Emma de forma sarcástica.

─No tengo idea, no he tenido la oportunidad de ver los crímenes por los que se le acusa. Pero algo que sí te puedo decir de entrada es que no defiendo el acto que haya cometido Baedan, me encargaré de defender sus derechos y demostrar su inocencia hasta que se demuestre lo contrario.

─Llevaba meses detrás de él y su amigo, inocente no es.

─Eso lo decidirá un jurado. No estoy de ánimos para discutir esto contigo Emma.

─Y yo mucho menos.

─Bien, en ese caso señorita Swan, iré con mi cliente.─ diciendo esto con la voz más fría Regina pasó por el lado de Emma sin decir nada más.

Luego de que Regina, Baedan y su padre se marcharan de la comisaría, Regina sin dedicarle ni una mirada o palabra de despedida, Emma se quedó asimilando lo que había pasado. Sentía que todo el progreso que había hecho con Regina se había ido a la basura. Por horas la mujer consideró hasta el hecho de que quizás fue muy cortante con Regina. Ella era solo la abogada, ella solo estaba llevando a cabo su profesión. Ella se había topado con docenas de abogados y nunca les había hablado de esa forma, nunca les había cuestionado su labor. Pasó toda la tarde armándose de valor para enviar el mensaje de texto en el que pedía una disculpa a Regina por su actitud pero simplemente no podía. Como si la hubiese llamado con el pensamiento una llamada entrante le notificaba que Regina estaba al otro lado de la línea, esperando a que ella respondiera.

─Hola

─Hey, solo llamaba para decir que lo siento.

─No comprendo… ¿Por qué me dices que lo sientes?─ preguntó Emma confundida.

─Lo digo por como te hablé y traté. Debí entender que te molestarías y más tomando en cuenta que Gold usando sus influencias logró pasar por alto el proceso que se toma regularmente en estos casos. Si alguien llega a mi casa y no sigue las normas ya establecidas es claro que me sentiría molesta. Solo te quiero decir que haré todo lo que esté en mis manos para que este juicio sea uno justo y le dejé saber a Gold y Baedan.

─¿Por qué hiciste eso? Podía causarte que te despidieran.

─Conozco a Gold. Jamás me despediría, él no le confiaría el destino de su único hijo a cualquiera. Además, Baedan me conoce, confía en mí y esos es algo que le conviene a Gold si quiere mejorar la relación con su hijo.

─Pienso que tú también te mereces una disculpa de mi parte. No debí decir lo que dije. Fue poco profesional de mi parte cuestionar lo que hacías.

─Ambas estuvimos mal. ¿Qué te parece vernos el viernes y nos olvidamos que esto paso?─ preguntó Regina expectante.

─¿Un café?

─¿Qué te parece hacer algo diferente? Me gustaría conocer más de la ciudad.

─Me parece bien. Pensaré qué podemos hacer y te digo más adelante.

─Bien… En ese caso será hasta el viernes. Que tengas una linda noche Emma.─ la rubia sonrió al escuchar su nombre salir de la boca de Regina, admitía que escucharla llamar por su apellido unas horas antes había sido desagradable.

─Hasta el viernes Regina. Linda noche para ti también.

Diciendo esto colgó. Ahora tendría que pensar qué harían el viernes. ¿Qué tan difícil podía ser hacer algo diferente en una ciudad tan grande como la que estaban?


Hola lindas personas

Espero que estén muy bien. ¿Qué les pareció el capítulo? Espero que les haya gustado. Muchas gracias a todas las personas que comentaron y me dejaron saber su sentir sobre el mismo. Les contesté los comentarios por mensaje privado a aquellos que tienen cuenta. A los que no les contestaré más abajo. Gracias por el apoyo.

Un abrazo,

Deb

PS: Si gustan pueden seguirme en Twitter: evilregalPR_523


Respuesta a comentarios:

mills: Hola. Me alegra que haya gustado el capítulo anterior. Henry es un amorsito, eso es un hecho. Veremos si en esta historia ellos terminan juntos... Espero que este capítulo te haya gustado. Un abrazo, Deb.