Disclaimer: Ni MARVEL ni CAPCOM me pertenecen y no obtengo ningún beneficio económico al publicar esta historia.
Capítulo 3
Amor
La noche, pacífica para algunos, tormento para otros. Aquellos con la consciencia tranquila podían disfrutar de un envidiable sueño, apto para descansar y renovar ánimos para iniciar el día siguiente. Los menos afortunados, como ella, solían enfrentarse a un desesperante insomnio, y si alguna vez tenían la fortuna de conciliar el sueño, el gusto les duraba poco, pues dolorosas pesadillas comenzaban a asomarse desde los rincones más profundos de su subconsciente.
Observó el techo fijamente, tratando de poner su mente en blanco. Decisiones… Sí, ahora no sólo sufría de mal de consciencia, sino de la disyuntiva de tener que decidir un nuevo rumbo. O en su caso, el destino de una persona inocente. Es algo a lo que debería estar ya acostumbrada, ¿no? Lo había hecho cientos de veces a lo largo de su carrera. Repasar su historial manchado de sangre no le resultaba incómodo. Al menos no hasta ese momento.
A través de los años había asesinado sin remordimiento a aquellos infortunados cuya vida quería ser sesgada por alguien con el suficiente poder y dinero para pagar sus servicios. Hombres y mujeres por igual habían perecido víctimas de su certera puntería, algunos otros rebanados por su firme pulso con las armas blancas, y otros pocos en un ágil combate cuerpo a cuerpo. De ninguno de ellos guardaba alguna culpa.
Pero ahora, por primera vez, se le había encomendado algo diferente. Se sintió asqueada. ¿Podría realmente con aquello? ¿Podría completar su nueva misión? ¿En verdad caería tan bajo? La respuesta más correcta sería no, nunca. Aun así, de negarse, no sería dinero lo que perdería, sino su propia vida. Cerró sus ojos y suspiró, resignada.
Medio año más y llegaría el momento para cumplir su tarea. ¿Desde cuándo se había vuelto una cobarde? Tenía miedo a morir. Una inexplicable desesperación inundó su ser al ser consciente de que su vida peligraba. Nunca había temido a la muerte como en aquellos momentos, a pesar de haberla visto a los ojos en una ocasión.
Ada Wong estaba asustada. En seis meses sellaría su destino y descendería al infierno sin duda alguna, pero era un precio que estaba dispuesta a pagar para mantenerse con vida. Así había sido durante toda su vida, lo único que importaba era ella, después ella y por último, ella. Nadie más. Morir no era una opción.
¿Qué pensaría Leon después de concluida su tarea? Seguramente el poco o mucho amor que pudiera haber sentido por ella se esfumaría y daría paso al odio. Sí, la odiaría. Era otro precio a pagar. Por fortuna, su característica frialdad y estoicismo la ayudarían a sobrevivir, como siempre. No había paso para los sentimientos en una vida como la que ella llevaba.
Seis meses…
Dos semanas habían pasado ya desde la llegada de Claire a Nueva York, y a decir verdad, no había notado el paso de los días. El trabajo era igual de exigente que en Londres, pero ahora tenía que dividir su tiempo para pasar algunos ratos con su pequeña familia, quería recuperar un poco los años que estuvo lejos de ellos. Realmente lo disfrutaba, y agradecía no tener mucho tiempo libre, al menos así no pasaba demasiadas horas en la soledad de su departamento. Diariamente observaba con ansiedad el calendario, específicamente un día marcado con rojo, veinticuatro de diciembre. Tanto Sherry como Leon habían decidido que pasarían las fiestas en Nueva York, lo que conducía a una gran cena navideña que tendría como sede la casa Chris y Jill. Una semana más, eso era todo. Siete días y tendría a su familia al completo.
Tenía el tiempo justo para llegar a su trabajo sin prisas, así que se encaminó con calma al elevador, organizando mentalmente su día. Debía agendar la próxima audiencia con el presidente de una importante cadena farmacéutica, en la cual ella sería la vocera asignada para capacitar a los investigadores para reconocer posibles infiltraciones bioterroristas en los laboratorios. También había dejado pendiente un par de citas más. Suspiró, reprendiendo silenciosamente su falta de responsabilidad los días pasados.
Y la verdad, no es que fuera una persona dada a procrastinar, al contrario, le gustaba entregar su trabajo antes de tiempo. Pero una conversación con Chris casi dos semanas atrás le había mantenido con la cabeza echa un revuelo, y también, con una profunda ansiedad.
Jill y Claire se encontraban en la recámara de la ex STARS, ambas sentadas al borde la cama. En ella, esparcida por toda la superficie, había una infinidad de ropa diminuta de todos los colores. Claire tomaba una por una y la miraba con emoción, seguida por la mirada emocionada de su cuñada. Al irse Chris después de ser llamado desde la BSAA, Jill había decidido romper la tensión de la espera enseñando a la pelirroja la diversidad de prendas que habían adquirido ya para el futuro Redfield.
Y aunque muchas veces Chris había sido solicitado de emergencia en la base, había algo que encendía todas las alarmas de ambas mujeres. Aunque ninguna tocaba el punto, eran conscientes de que la inquietud era un sentimiento compartido en esos momentos.
-Jill… - la pelirroja habló, dispuesta a compartir lo que pensaba, aun cuando estaba segura de que su cuñada estaría en las mismas que ella.
- Lo sé - respondió Jill entendiendo sin necesidad de más palabras - Algo no está bien.
No hubo tiempo para una réplica, pues se escuchó el coche de Chris aparcándose en el exterior. Claire se puso de pie al igual que Jill y ambas se dirigieron con impaciencia hacia la planta baja, y al mismo tiempo que terminaban de bajar las escaleras, el capitán entró por la puerta principal.
-¿Comitiva de bienvenida?- bromeó Chris, tratando sin éxito de ocultar su turbación, pues aunque era un maestro en el arte de ocultar emociones, ante su esposa y hermana era un libro totalmente abierto.
-¿Qué ocurrió Chris?-preguntó Claire sin reparos.
Chris suspiró, pues su esposa también lo observaba fijamente, preocupada. Ya no tenía escapatoria ni tendría sentido seguir fingiendo.
-Vamos al comedor, ahí les contaré.
Habiendo tomado asiento, Claire y Jill dispusieron toda su atención a Chris. Él se lo pensó unos pocos segundos, poniendo en orden sus pensamientos.
-¿Recuerdan los eventos de hace un año? Aquél loco del espacio que trató de conquistar al mundo, y lo único que logró fue destruir medio Nueva York -comenzó Chris.
-Cómo olvidarlo-respondió Jill-Uno no ve extraterrestres todos los días. Siempre había estado convencida de que tenía que haber vida en otros planetas, pero nunca creí que ocurriera un encuentro. Mucho menos, que tratarían de dominarnos.
Chris asintió, apesadumbrado.
-Ver las noticias desde Londres fue un tormento-relató Claire-Pero, ¿qué tiene que ver aquello con la BSAA? Si mal no recuerdo, ustedes tuvieron que encargarse solamente de los rescates a civiles.
-Exacto-respondió el hombre-Nunca había sentido semejante frustración. Nuestras armas no lograban nada contra aquellas bestias. El mundo ya estaba demente con la idea de muertos vivientes…
Y fue ahí donde Tony Stark hizo aparición, junto con un séquito de superhéroes. El magnate era bien conocido en la BSAA por su trabajo dentro de la industria armamentista, ya que era su empresa la que proveía de arsenal a la ONG, así que fue una gran sorpresa cuando él multimillonario anunció que cerraría tal división de su empresa.
Pero su nombre no era sólo conocido por esa razón, pues de pocos años hacia adelante, se había convertido en el aclamado Iron Man, un genio dentro de una armadura roja y dorada. No había día en el cual su nombre no apareciera en los periódicos. Hasta los niños corrían de tienda en tienda llorando por una imitación de la máscara del nuevo héroe de la ciudad.
Y como olvidar a otro de los miembros del extraño equipo. Si tanto Chris como Claire, desde niños, habían escuchado infinidad de historias del Capitán América, la mayoría relatadas por sus abuelos. Los hermanos lo admiraban, en especial Chris. ¿Qué niño no soñaba en aquella época el poder estrechar la mano del icono estadounidense? El Capitán América lo era todo para el mayor de los Redfield, al menos lo fue durante su infancia. El último regalo de sus padres antes del accidente, fue una figura de colección del superhéroe, a la cual le perdió la pista después de la muerte de sus abuelos.
Desde entonces, al quedar huérfanos por segunda vez y verse en la necesidad de madurar para cuidar de ella, su hermana, toda idea del mítico héroe de los años cuarenta quedó enterrada en los rincones más olvidados de la mente de Chris. Y Claire, durante mucho tiempo, realmente deseó que ese rasgo infantil de su hermano resurgiera de sus cenizas.
-¿Pero qué tiene que ver todo eso con la BSAA?-apresuró Claire.
-Al parecer, existe otra asociación-comenzó a explicar Chris-Tienen un nombre muy largo, pero de forma abreviada se hacen llamar SHIELD. El agente Coulson es uno de los representantes principales de la organización, vino a pedirnos ayuda.
-¿Ayuda?-se sorprendió Jill-¿Pero cuál es exactamente el trabajo de SHIELD?
-Es una agencia de inteligencia y antiterrorismo, pero para casos más extremos-contestó el ex STARS- Entiéndase por casos extremos, lo que pasó hace un año. Según me ha dicho el agente Coulson, son supervisados por las Naciones Unidas, así que a pesar de no abrirse al público totalmente, tienen bastante peso gubernamental.
-¿Y eso nos lleva a…?-fue el turno de Claire.
-Hay una amenaza. Desgraciadamente, no compete solamente a SHIELD o a la BSAA, según parece otro loco del espacio ha decidido unirse a un loco de la Tierra-dijo Chris-Es una mera suposición, pues lo único que tiene SHIELD en sus manos en estos momentos son fotos y documentos bastante escuetos que se han filtrado a sus sistemas.
Ambas mujeres permanecieron calladas, expectantes, tratando de procesar por entero cada palabra que Chris pronunciaba.
-Esos documentos son cientos de ecuaciones químicas, que ya habiendo sido analizadas por diversos biólogos, químicos y genetistas, pudieron darse cuenta que eran nada más y nada menos que la fórmula para la creación del virus C.
-China…-sentenció Jill, palideciendo.
Chris asintió con gesto grave. Una dureza inusual se había adueñado de sus facciones.
-¿Y las fotos?-preguntó Claire, no deseando escuchar la respuesta.
-Chitauri… así los nombró el agente Coulson. La misma especie que atacó la ciudad el año pasado-respondió el moreno-Infectados con el virus C.
-Dios mío-fue lo único que salió casi como un suspiro de la boca de la pelirroja.
-Es una teoría solamente-apresuró Chris-Pero es lo más rápido de deducir a simple vista.
Los tres se quedaron en silencio unos minutos, sopesando la situación. ¿Es que el mundo no podía tener paz por un buen rato? No, no mientras la demencia fuera una parte imborrable de la mente humana.
-Una alianza es lo que buscan-dijo Jill con seguridad-Nosotros poseemos el conocimiento acerca del bioterrorismo, y ellos, los únicos con la capacidad de destruir seres de otros mundos.
-Exacto-afirmó Chris-Una alianza para descubrir quién está detrás de todo esto, y también para proteger al planeta cuando se llegue el momento.
-Tienen la ventaja del factor sorpresa-puntualizó Claire.
Chris asintió, apesadumbrado. Pero en pocos instantes un nuevo ánimo pareció llegar hasta él.
-No importa, esos malnacidos no volverán a encontrarnos con la guardia baja. A partir de mañana todas las acciones de la BSAA se verán enfocadas a trabajar en equipo con SHIELD-dijo, confiado-Organizaremos los planes de defensa cuanto antes.
-En ese caso mañana iré contigo a la base, desde temprano-dijo Jill.
-No, absolutamente no-protestó Chris, ante la mirada atónita de su esposa y hermana.
-No me quedaré de brazos cruzados Chris Redfield-sentenció Jill, con autoridad emanando en cada uno de sus poros-No te pido misiones de campo, yo misma no sería tan idiota como para arriesgar a nuestro hijo de esa manera, pero les ayudaré como apoyo a los equipos desde la base.
Chris la observó fijamente, no dispuesto a ceder. Aun así, después de pocos segundos, vio que su testaruda esposa no cambiaría de opinión. Suspiró.
-Muy bien-cedió Chris-Pero en cuanto llegues al último trimestre, te dedicarás a descansar.
Jill sonrió, al igual que Chris. Este último a sabiendas de que no dejaría la base ni aunque faltaran un par de días para que diera a luz. Y por eso la amaba.
-Esto se va a poner bueno-dijo Claire, resignada y con una leve sonrisa también.
Y es por eso que llevaba con dolor de cabeza desde entonces, al menos los ratos que dedicaba al ocio. También por eso mismo no se dio cuenta cuando llegó hasta su escritorio en Terra Save. Volviendo a la realidad, tomó asiento dispuesta a poner manos a la obra. Le esperaba un largo, largo día.
Tony se encontraba observando la ciudad a través del ventanal gigante de su oficina en la torre Stark. Pepper se encontraba en una junta con el comité de recursos humanos, así que de nuevo no tenía a quien fastidiar
Y fastidiar era lo que más se le antojaba en ese momento, cuando el estrés amenazaba con apoderarse de él. No era alguien propenso a estresarse, pero eso era antes de haberse enfrentado al desequilibrado hermano de Thor. Antes del "Mandarín", antes de haber destruido todas sus armaduras después de casi perder a Pepper. Ahora tendría que fabricarlas de nuevo, pero mucho más resistentes y por supuesto, mucho más fuertes.
Aún no lograba entender por qué le había dicho que sí a Fury… Todavía de vez en cuando tenía pesadillas con los sucesos del año pasado, y se le sumaba la imagen de Pepper cayendo directo a su muerte. Pero él era Tony Stark, y de una u otra manera, era condenadamente afortunado cuando las situaciones difíciles se presentaban, así que gracias a esa suerte, tenía a su novia viva y a su lado. Quizá era el hecho de que ahora era consciente de que tenía a quien proteger.
-Tierra a Tony-habló Pepper acercándose a su novio.
-Pepper, no te escuché entrar-contestó volviendo su atención a la pelirroja-¿Cómo te fue?
-Bien-respondió Pepper, alzando las cejas-¿Tú? ¿Estás bien?
-Claro, ¿por qué no habría de estarlo?-contestó el genio, fingiendo indiferencia.
Pepper esbozó una leve sonrisa. Tony nunca lograría engañarla.
-Vamos Stark-insistió poniendo sus brazos alrededor del cuello del hombre-Cuéntame.
Tony suspiró resignado, definitivamente esa mujer lo conocía totalmente. Acortó la poca distancia que quedaba entre ellos y la besó durante unos segundos antes de conducirla a que tomara asiento. Pepper lo observó con atención.
El multimillonario comenzó a relatarle en resumen la visita de Fury. Le hubiera gustado realmente guardarlo en secreto un tiempo más, pero a pesar de ser un hombre solitario, necesitaba que Pepper estuviera al tanto del peligro que se avecinaba, y de la decisión que había tomado. La empresaria lucía más sorprendida a cada palabra que soltaba Tony. Cuando finalizó, el silencio se hizo entre ambos durante segundos que parecieron horas.
-Tony yo…-Pepper rompió el silencio que comenzaba a calar en los oídos de Tony-Tus armaduras, todas…
Tony tomó su mano y la besó.
-Tendré que ponerme a trabajar-dijo el genio-Ya he comenzado.
Pepper asintió. Una parte de ella se sentía culpable, pues el hombre de hierro había destruido todas sus armaduras meses atrás, todo como una prueba de que pasaría más tiempo con ella. ¿Cómo había podido ser tan tonta? Tony Stark era Iron Man… Nueva York lo necesitaba. Bien, a pesar de sus temores, no podía ser egoísta. La ciudad, su hogar y la vida de millones de personas peligraban.
-Nunca debí pedirte que…
-Olvídalo-la interrumpió Tony-Además, te ofrecí el mejor espectáculo de fuegos artificiales que se haya visto. ¿Qué más se podía esperar de mí?
Esto último lo dijo con una sonrisa presuntuosa, muy digan de él. Pepper puso cara de horror al inicio y le dio un leve golpe en el brazo, para después sonreír.
-Está bien-dijo la pelirroja-Por cierto, cambiando de tema, el arquitecto trajo los planos finales para los pisos de tus amigos.
Stark casi se da una palmada en el rostro. Había olvidado por completo su propuesta de utilizar la torre Stark como la base principal de los Vengadores. ¿Cómo es que se le había pasado por la mente desligarse por completo de ellos? No, no podía ni quería.
Banner ya vivía ahí. Tony había apresurado la construcción del piso del científico, ya que se había relacionado especialmente bien con él. Tal vez era porque hablaban el mismo lenguaje, o tal vez simplemente porque su actitud silenciosa y paciente era acorde a la personalidad explosiva e irritante del empresario.
Steve también tendría su espacio. El hombre de hierro y el Capitán habían comenzado a llevarse mejor después de verse obligados a trabajar en equipo, pero eso no quitaba que Steve le tuviera mucha menos paciencia a Tony de la que Banner le brindaba. Aun así, cada que tenía oportunidad, utilizaba su fina habilidad para hacer comentarios indiscretos, y molestar a capi.
Natasha y Clint… Bueno, también cada uno tendría su piso exclusivo para que lo utilizaran cuando fuese necesario, pero ambos espías eran por mucho los más huraños y reservados del grupo, así que habían acordado que mantendrían su actual estadía en las instalaciones de SHIELD. Y no estaría de más agregar uno o dos pisos más por aquello de visitantes ocasionales, entiéndase Thor o cualquier otro que conformara el círculo de los Vengadores.
-Esto va a ser un circo-dijo Tony.
-Definitivamente-le dio la razón Pepper-Pero creo que a la larga será bueno para ti.
Tony alzó una ceja, interrogándola con la mirada. Pepper solo sonrió.
-No me hagas caso-dijo mientras depositaba un suave beso en los labios del genio.
-¿Qué no? Bueno, podemos saltarnos el interrogatorio y pasar a las negociaciones-dijo Stark mientras cerraba más la distancia con un beso y la empujaba suavemente hasta que la espalda de la pelirroja tocara el sofá, quedando el encima.
Thor había pasado gran parte del día negociando con el Padre de Todo. Una negociación infructuosa hasta ese momento. ¿El motivo? Ya no soportaba ver a Loki en aquella cámara de tortura. Definitivamente estaba fuera de lugar un castigo como aquél, y sobre todo, el tiempo que llevaba siendo sometido a dicho tormento.
Por obvias razones la libertad de Loki estaba completamente fuera de discusión, pero al menos lograría una celda menos tortuosa para su hermano. La potente voz de Odín resonó en sus oídos nuevamente.
-¡No hay más de que hablar!-dijo el mayor-Vete Thor.
-Pero Padre, estoy seguro de que hasta tú sabes que…-insistió el Dios del Trueno.
-¡Silencio!-ordenó Odín-Te he dado una orden.
-¡Es tu hijo!-exclamó Thor con profunda desesperación.
-¡Y cómo tal mi deber es mostrarle las consecuencias de sus errores!-respondió Odín, cada vez más molesto.
Thor apretó los puños, reprimiendo sus palabras. Lanzó una última mirada a su Padre y salió de aquella sala dando pasos gigantes y rápidos. Se encontró con Frigga en el pasillo.
-Thor, ¿qué ocurrió?-preguntó su madre con suavidad.
Thor la miró unos segundos. El corazón de Frigga se encogió al ver los ojos tristes de su hijo. Puso una mano en el rostro del muchacho.
-Loki, ¿verdad?-comprendió Frigga.
El Dios del Trueno asintió, poniendo su mano encima de la mano de su madre. Ese simple gesto había logrado que su ira se controlara, pues iba dispuesto a entrar a cualquier habitación al azar y destrozar todo lo que ahí hubiera.
-Yo me encargo-dijo la Reina, con la firmeza que la caracterizaba.
-Está enfadado…-advirtió Thor.
-Dejará de estarlo-respondió Frigga simplemente. A Thor le dio un escalofrío.
La Reina de Asgard entró con paso firme a la sala del Trono.
-Mi Reina-habló Odín mientras se ponía de pie e iba hacia ella.
Thor esperó un buen rato. Estaba nervioso, pero una renovada esperanza lo mantenía quieto en su lugar. No defendía a Loki, lo que había hecho era imperdonable, pero antes de ser un asesino de masas, era su hermano. Sí, por mucho que el rebelde Dios del Engaño se empeñara en negar su familiaridad. Trató de escuchar a través de la puerta, pero se arrepintió al ser consciente de que Frigga podría darse cuenta. Bien, no iba a enfadar más a su única aliada en la cruzada para dar a Loki una celda más digna. Se puso en alerta cuando escuchó los pasos ligeros de su madre.
Frigga salió con una sonrisa triunfante. Thor sonrió ampliamente también. Su madre era la única forma de vida capaz de hacer cambiar de parecer al Padre de Todo.
-Trasladarán a tu hermano a una celda común-explicó la Reina-Al menos ahí podrá estar en paz y moverse con un poco más de libertad.
-Y no habrá hierros incandescentes golpeando su espalda, ni veneno de serpientes quemando sus ojos… -enumeró Thor.
Frigga hizo un gesto de dolor al recordar la imagen de su adorado Loki en aquella lúgubre mazmorra.
-Lo siento Madre-se disculpó Thor.
-Está bien-respondió Frigga-Los guardias trasladarán a tu hermano.
Loki aún no se explicaba por qué guardias del castillo habían bajado a liberarlo de su tortura. Lo habían llevado a una de las celdas junto con los criminales comunes. Así sin más, sin explicaciones. Le habían arrojado también ropa que, aunque sencilla, no estaba desgarrada ni sucia. Por puro orgullo pensó en quedarse así como estaba, pero acostumbrado a estar impecable, aquellas prendas nuevas resultaba un alivio.
Aún estaba el tema de sus heridas, y sus ojos adoloridos. Tenía la espalda completamente lacerada, y la vista borrosa. No necesitaba de un médico, esta supuesta paz que le confería su nueva celda le permitiría usar su magia para curarse a sí mismo. En la mazmorra no podía debido a que era más desgastante curarse continuamente que permanecer herido.
Era seguro que aquello no había sido idea de Odín. ¿El imbécil de su hermano había conseguido por fin convencer al Padre de Todo de sacarlo de la sucia sala de torturas? De cualquier forma no sentía ningún tipo de agradecimiento.
-Hijo…
Loki se sobresaltó levemente al escuchar la voz de una mujer a su espalda. Era Frigga.
-¿Qué haces aquí?-preguntó amargamente.
-Vine a verte-respondió Frigga, acercándose a Loki.
-¿Para burlarte?-continuó el Dios del Engaño, sin moverse ni un poco de su lugar.
-No vas a lograr engañarme, Loki-dijo Frigga, sonriendo maternalmente-Odín ordenó que te trajeran aquí.
Loki sintió su sangre arder. Mentiras nuevamente. Mentiras que ya no se tragaría nunca más…
-¿En serio?-preguntó con burla-Qué magnánimo y bondadoso resultó al final el Rey de Asgard. Preséntale mis respetos por favor. O mejor, dile que sigo vivo, quizá eso le siente mejor a su estómago… Darse cuenta de que no he muerto.
Frigga cerró los ojos, armándose de paciencia y fortaleza para enfrentar los filosos comentarios de su aún amado hijo.
-Es tu padre.
-¡Él no es mi padre!-gritó Loki, liberando la furia y el dolor que había guardado desde hace ya mucho tiempo.
-Entonces, ¿yo no soy tu madre?-preguntó Frigga, herida.
Esa pregunta desarmó por completo a Loki. El vacío que era ahora su corazón sintió un resquicio de calor. Pequeño. Insignificante. Pero ahí estaba. La mujer frente a él lo miraba directo a los ojos, y el Dios del Engaño pudo ver en los cristalinos orbes de Frigga un sentimiento que creía que no estaba hecho para él. Amor.
No quería ni iba a aceptarlo. Ni siquiera podía creer que Frigga aun lo quisiera después de todo el daño que había causado y del cual no se arrepentía. Pero ella seguía ahí, firme y valiente, como siempre la había recordado. Era ella a quién veía correr a su lado cada vez que tropezaba, la que le leía un cuento extra cada noche, solo a él. Era también la que curaba sus heridas provocadas por los brutos amigos de Thor, y la que lo abrazaba y besaba cada vez que se sentía solo.
La mujer que tenía en frente le había enseñado el inmenso mundo de la magia. Los libros, la música, la poesía. Todo su mundo. Y ese era un mundo en el que Thor, ni los Gigantes de Hielo, ni nadie, podía entrar. Sólo él y… y su madre, Frigga.
Trató de tomar las manos de Frigga, pero como había pensado, la imagen de su madre se desvaneció lentamente, pero sin separar sus miradas ningún instante. Cerró los ojos, pues sintió un nuevo ardor en ellos. Lo que daría por un abrazo más.
Continuará...
¡PERDÓN! No, en serio, lo lamento tanto... ¿Cuánto ha pasado ya? ¿4 o 5 meses? Soy una irresponsable. Y un desastre también... Digamos que no soy la persona más organizada del mundo, y la universidad consumió la mayor parte de mi tiempo, creí que no iba a sobrevivir. Las vacaciones han sido una locura también. Pero no hay excusa que valga, y por fin aquí está un nuevo capítulo de esta historia que a mi parecer es algo bizarra, jeje.
En fin, les juro que no volverá a pasar. Uno de mis propósitos de año nuevo (de esos que creo que puedo cumplir), es aprender a administrar mejor mi tiempo, y esta historia es parte de ese reto, así que no volveré a dejarla abandonada tanto tiempo.
Espero y hayan disfrutado este capítulo, que la verdad disfruté escribir. Aún puedo hacerlo mejor, estoy segura, poco a poco me voy sintiendo menos nerviosa. Si no es mucho descaro, me encantaría saber su opinión a través de un review... Acepto cualquier crítica constructiva u opinión, ya sea negativa o positiva. Por cierto, si notan, me estoy basando mucho más en los Vengadores de las películas que la línea de los cómics, esto es para que resulte un poco más estándar para los lectores que sólo hayan visto las películas. Eso no quita que el resto de los Vengadores del mundo MARVEL hagan sus correspondientes apariciones, así que esperen sorpresas.
Por último, y antes de que esta nota termine más larga que el mismo capítulo, ¿que creen? Pues como parte de mi plan de organización, inicié un nuevo blog, nada especia, solo un poco de mis pensamientos y vivencias diarias, además de una que otra estupidez. Este es el sitio pontecalcetines. blogspot .mx , y si gustan darle un vistazo yo estaría encantada (solo tiene dos entradas por ahora, lo comencé hace unos tres días). Además me inicié en el mundo de los Gameplays, y ya subí el primero a Youtube, www. youtube watch?v=MfEmLQ0m7qU , aún hablo como si me hubieran obligado a inhalar helio pero era por el nervio... Ojalá le den también una oportunidad. (Nota: quiten los espacios de las direcciones, fanfiction borra los links)
¡GRACIAS POR LEER, POR SUS OPINIONES Y POR TOMARSE UN TIEMPO PARA ESCUCHARME! Hasta el próximo capítulo, que vendrá más pronto de lo que parece.
