Los Jóvenes Titanes, eran cinco.


¡Basta ya!

–Lamento no haberles dicho que estaba enferma, se suponía que el bleizfak lo cura todo –llevándose un dedo a la barbilla y pensativa, Star suspiró–. Supongo que no funciona para males humanos.

El cabello de Star se sacudía por el viento, sobre la terraza de la Torre de los Titanes, Robin había estado observando que cayera el atardecer y que las luces de la ciudad rompieran con la oscuridad.

–¿Robin?

–No pasa nada Star –éste habló al fin–. Me alegra que te encuentre bien, sacarte de ahí fue lo correcto. Eso hacen los amigos y la familia, se protegen entre sí cuando alguno lo necesita…

–Uhm, pensé que estabas molesto.

–Conmigo, sí. No contigo…

Sentándose a su lado, Star buscó la mano de Robin y éste no la apartó.

–Eres un buen líder Robin.

El chico maravilla sonrió y le observó, agradecido.

–¿En verdad lo crees?

–¡Claro! –exclamó Star con entusiasmo–. Nunca había conocido a nadie como tú, eres fuerte y decidido, un líder que se preocupaba por los suyos y un chico…

Sin mediar palabras, Robin bajó de un salto y evitó que Star continuara.

–De verdad me alegra que estés bien –agregó, observándole–. No vuelvas a darnos un susto así Star. Cyborg, Chico Bestia y Raven también se preocuparon.

–Sí, lo sé…

Y Star lo notó.

Así, sin necesidad de más, Robin había puesto un alto a lo que ocurría entre ellos. Él era el líder, Star una compañera de equipo; eran amigos y familia pero el grupo incluía a los otros tres Titanes y no se reducía a lo que ocurriera entre ellos dos.

No que le gustara la elección pero, eso… era lo correcto.

Los Jóvenes Titanes, eran cinco.

Y Robin, su líder.

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