CAPÍTULO 004

Alexis miraba a su madre. A Richard. Y seguía desayunando. Los dos adultos se habían quedado en silencio desde la última frase de su nuevo amigo. Nunca había visto a su madre tan cortada con alguien. Le sorprendió. Siempre mostraba tanta fuerza y fortaleza delante de todos que, verla así, le llenaba su cabeza de miles de preguntas. Porque, si eran amigos, no entendía no haberlo conocido antes. Y menos aún, viendo cómo se miraban.

- ¿Venías aquí con mi mami? - decidió romper el silencio.

Richard, se atragantó con su chocolate. - Sí... - dijo a media voz.

- Y dejaste de venir... - lo miró, concentrada - Os peleasteis.

- Sí. - intercaló su mirada con la de madre e hija.

- Yo a veces también me enfado con mi mejor amiga. Pero no pienso dejar que pasen ocho años. Eso es mucho tiempo.

- Tienes razón. - asintió Richard - A veces los adultos hacemos cosas estúpidas.

- Es cierto. - dijo convencida, como si ya hubiese vivido situaciones iguales. Y la verdad es que era cierto. Porque su abuelo Jim era una de esas personas capaces de no dar su brazo a torcer aunque supiese que estaba equivocado. - ¡Ey! ¡Mira mamá! ¡Tus compis! - indicó con su dedo a un coche patrulla que merodeaba por la zona - Menos mal que este fin de semana es más largo que otros - dijo algo melancólica.

- ¿Eres policía? - preguntó Richard sin entender nada.

- Sí.

- Pero... - no sabía ni qué decir, confundido por aquella noticia.

- Dejé los estudios de Derecho. Me apunté a la academia. Estás delante de la inspectora Beckett. - sonrió.

- Vaya... - la miró tímido - Siempre pensé que serías una de esas abogadas capaces de solventar cualquier pleito en 24 horas.

- Ya ves... la vida da muchas vueltas y cuando menos te lo esperas, todo cambia.

- Sí, ahí tienes toda la razón. Cuando menos te lo esperas, lo que creías seguro se esfuma de tus manos. - la miró con nostalgia.

- ¿Quién se enfadó con quién? - les apuntó con su dedo Alexis.

Kate y Richard se miraron. Y, por un instante, retomaron aquella última noche. Su error. Su encuentro. Su pasión desmedida. La locura de amarse. La culpabilidad. La mentira. Las recriminaciones. La huida. La despedida. - Fue mi culpa... - soltó Richard en un suspiro como si reconocerlo, rasgase su alma.

- ¿Qué hiciste? - Alexis se acercó hasta él y se sentó en sus rodillas. Richard la miró sorprendido y a la vez encantado.

- Me equivoqué. Dejé que se fuera sin decirle la verdad. - huyó del rostro de Kate y se centró en el de la pequeña.

- ¿No le pediste perdón?

- No me dio tiempo. Cuando lo intenté...ya no estaba. Se había cambiado de dirección. - se encogió de hombros.

- ¿Por qué no la buscaste? - le preguntó Alexis agarrando, con sus dos manitas, la cara de Richard.

- Porque fui un cobarde. - sonrió tímidamente - Me dio miedo.

- ¿Que no te perdonase?

- Hmmm... - asintió.

- Pero mi mami siempre me perdona. A veces me enfado por tonterías. Ella dice que son... - pensó. Siempre le costaba acordarse de aquella palabra.

- Berrinches. - dijo bajito Kate.

- ¡Eso! ¡Gracias mami! Ella dice que son berrinches. Y al final, siempre tiene razón porque me enfado cuando no me interesa lo que me dice.

- Pero tú eres alguien muy especial. - Richard besó su frente.

- Eso sí es cierto. Soy su ratita. - se encogió de hombros un poco sonrojada - ¿Ves los dos dientes de arriba? ¿Las paletas? ¡Son enormes! - enseñándole su dentadura. Richard y Kate no pudieron evitar reír.

- Así que ratita, ¿eh? - miró a madre e hija - Guardaré vuestro secreto.

- Me gustas. - soltó Alexis, de pronto.

- Tú, a mí, también.

- Yo creo que mi mami te puede perdonar, ¿verdad? - miró a su madre - ¡Por fi! ¡Por fi! Es bueno...

- ¡Menuda defensora que te has buscado!

- Ha sido ella solita... - alzó sus brazos - A mí, que me registren.


Terminaron su desayuno. Richard decidió que lo mejor era disfrutar de la compañía de ambas sin tocar ningún tema espinoso. Y se dio cuenta que había acertado de pleno cuando Kate comenzó a relajarse. Vislumbró que aquella chica alocada y soñadora, aún seguía en su interior. Y quiso recuperarla. Que lo perdonase. Y amarla. Dejando el pasado donde debía estar, en el olvido.

Tomaron la decisión de volver al parque. Al estanque. Con los patos. Compraron un poco de bizcocho y lo fueron desmigando por el camino. Alexis se quedó, feliz, disfrutando de sus amigos acuáticos, mientras Kate y Richard se sentaban en el banco, frente a la pequeña.


- Kate... - susurró.

- Rick... - le cortó con algo de miedo.

- Es mía, Kate. - dijo sin rodeos.

- Tiene tu misma marca de nacimiento. - le confirmó.

- Antes de ver su marca, ya lo sabía. Lo supe desde el primer momento en que escuché su nombre. - respiró sonoramente - Me acuerdo perfectamente. Como si fuese ayer. Una noche, abrazados, decidimos cuál sería el nombre de nuestra primera hija.

- Me acuerdo. - pronunció ambas palabras como si estuviese reviviendo aquel instante.

- Yo... - se giró para mirarla - ¿Por qué, Kate?

- No estabas preparado para ello. Ni siquiera yo lo estaba.

- No, Kate. Si tú hubieses vuelto a mi casa, hubiese estado listo para todo lo que me hubieses pedido.

- Ahí está el problema. Tendría que haber salido de ti. Y sabemos que tú...

- Yo solo era una aventura. Jacob era para siempre. - apretó su mandíbula - Sí. Lo tengo presente cada día de mi vida Te lo aseguro. - sus músculos se tensaron.

- No iba a decir eso... - intentó acariciar su antebrazo pero Richard lo apartó - No podía volver a ti. Lo que le hicimos a Jacob sigue presente cada día de mi vida. Volver a ti hubiese sido traicionarlo aún más.

- Nos enamoramos Kate. No fue nuestra culpa. Lo único de lo que me arrepiento es de no haber sido sincero con Jacob. De haberte hecho creer que eras una más... Pero por mucho que me arrepienta, no puedo volver el tiempo atrás. Ni puedo rectificar. - entrelazó sus propias manos, apretando fuerte, dejando sus nudillos blancos - ¿No crees que la vida ya me ha castigado bastante por mis errores?

- Rick...

- Te perdí a ti... - miró hacia Alexis - Y a ella. A mi hija. Ahora, la pregunta es... ¿Hasta cuándo más me vas a castigar Kate?

- Lo siento... - susurró mientras una lágrima caía por su mejilla.

- No tanto como yo. No ha habido un solo día, de estos ocho años, que no me haya arrepentido de aquellas palabras. De todas aquellas estupideces que te dije.

- Fuiste sincero...

- No, Kate. - negó, intentando controlar sus emociones - Te mentí. Creí que hacía lo correcto. Y lo único que hice fue destrozarte y destrozarme.

- Te gustaba la vida que tenías. Yo solo era aquello que nunca podrías conseguir.

- Te quería, Kate. - le rasgó su garganta al pronunciar. Vio que su hija se encaminaba hacia ellos - Viene Alexis.

Ambos intentaron recomponerse lo necesario ante su hija.

- Se lo han comido todo. - llegó contenta.

- Estupendo ratita. - la abrazó - Ahora, despídete de Richard. Recuerda que tenemos que ir a ver al abuelo.

- Sí. - tendió su mano a su nuevo amigo - Encantada de conocerte.

- Igualmente Alexis. - sonrió sin poder evitar una mirada de nostalgia y estrechando su pequeña mano.

- ¿Puedo abrazarte? - le preguntó Alexis.

- Claro... - Richard se estremeció ante el contacto con su hija. Mientras Kate sintió que se había equivocado. Que, hace ocho años atrás, tendría que haber vuelto a sus brazos. Pero había tanto dolor, tantas mentiras entre ambos... No fueron valientes, ninguno de los dos.

Cuando Alexis se despegó de él, Richard sacó una pequeña tarjeta de su cartera. - Toma, Kate. Ahí está mi número y mi dirección. - Kate apretó la tarjeta en su mano y Richard aprovechó el momento para rozar, suavemente, parte de su piel. Y la electricidad del pasado volvió a invadirlos. Como si nada hubiese muerto. Como si hubiese estado esperando por ellos.

- Te llamaré. - asintió, agarrando la mano de su hija y levantándose del banco.

Richard se quedó ahí, parado, viendo como desaparecían ante sus ojos. Sin saber por qué, echó a correr hacia ellas. A un metro de alcanzarlas, frenó. - Kate... - gritó esperando a que ella se diese la vuelta - Sé que la cagué. Que fui un inconsciente. Que te hice creer que era incapaz de crecer, de madurar. Incapaz de entregarme como tú necesitabas. Pero no era así. Por ti estaba dispuesto a todo. No supe cómo decírtelo. Ni como demostrártelo. Sé que soy culpable de todo lo que pasó. - respiró profundamente - Solo quiero una oportunidad...con las dos, por favor.