Capítulo 4: Plan de escape.

–¿Sirenas? ¿Cómo diablos se las ingenió la policía para encontrarnos aquí en esta parte del bosque?– preguntó desconcertado uno de ellos.

–Alguien aparte de ese mocoso debió habernos visto rondando por el bosque y los llamó. Descuida, tenemos tiempo pero no de sobra, si están cerca y no han rodeado la cabaña es porque desconocen nuestra ubicación exacta, lo cual es bueno. Apégate al plan, andando, vámonos– dijo la mujer con un extraño e inusual tono calmado.

–No olvides traer el aparato, si la policía lo descubre sería comprometedor–

–A la orden– respondió uno de ellos. Bajó las escaleras, cargó el inusual aparato en su espalda, apagó la luz, volvió a subir las escaleras y abandonó el cuarto.

Tan pronto se fueron, un sentimiento de alivio se apoderó del niño. Estaba feliz de que no lo hubieran visto. Su prioridad ahora era llevar a Pikachu a un centro pokémon cuanto antes. El más cercano era el del camino 23 pero para ello primero debía salir del bosque. Tan pronto como dejó de escuchar las pisadas salió de la cabaña acompañado por sus dos compañeros. El mal clima aún continuaba afuera. Escuchando el sonido de las sirenas cada vez más cerca, corrió hacia éste y se encontró con un pequeño sendero que lo llevó hacia un amplio campo. Éste tenía el pasto crecido y estaba repleto de diferentes tipos de plantas, parecía llevar algunos años abandonado. Ahí vio a una mujer montada en una cuatrimoto de llantas grandes, liderando a lo que parecía ser todo un escuadrón de hombres uniformados; todos traían puestos unos impermeables amarillos y al igual que la oficial iban montados en cuatrimotos similares.

–¡Alto ahí, es la policía, identifícate!– ordenó desde lejos a través de un altavoz la oficial.

El niño colocó cuidadosamente al Pikachu sobre su cabeza y luego levantó las manos en señal de que no opondría resistencia. Varios Growlithe salieron de entre la maleza y se acercaron para rodearlo. El Beldum que venía a su lado trató de defenderlo pero el niño se lo impedió, le ordenó que no hiciera nada. Unos cuantos Growlithe empezaron a olfatearlos mientras otros les gruñían amenazadoramente. La primera persona en llegar a él fue un oficial masculino, lo hizo con intenciones hostiles. De no haber sido porque levantó las manos el niño hubiera jurado que lo habría derribado. El oficial, de cuerpo corpulento, se acercó y le dobló las muñecas, esposándoselas detrás de la espalda.

–El chico tiene uno de los pokémon que concuerdan con la descripción de los reportes oficial– dijo el hombre revisando al Pikachu con un pequeño aparato especial que traía cargando en la mano.

–Relájese teniente, es sólo un niño. Mire su estado, déjeme el resto a mí– indicó la oficial.

La joven oficial de pelo azul y ojos claros se acercó y ordenó al resto de los oficiales que retiraran a sus Growlithe. Amablemente le quitó las esposas y se disculpó en nombre del departamento de policía por haberlo tratado de esa manera.

–Soy la oficial Jen, espero tengas una buena explicación para tener en tu posesión un pokémon que fue reportado como robado. Es más, ese Beldum que viene contigo ni siquiera pertenece a esta región, no me extrañaría que también haya sido robado– indicó.

–¡Oficial, soy inocente! Con gusto le explicaré todo, pero primero me urge que lleven a este Pikachu a un centro pokémon cuanto antes– mencionó el chico angustiado mientras le entregaba al Pikachu.

La oficial se acercó y examinó cuidadosamente al pokémon.

–Es verdad, se ve bastante malherido, pocas veces en mi vida había visto a un pokémon en tan mal estado, pobrecillo, tiene su ojo lastimado. Haré que uno de mis oficiales se lo lleve cuanto antes–

La oficial hizo la seña para que uno de los oficiales se acercara.

–Quiero que lleves a este Pikachu al centro pokémon cuanto antes–

–Muy bien, déjelo en mis manos capitana–

El hombre tomó al inconsciente Pikachu y se lo llevó a toda prisa en una de las cuatrimotos. La oficial Jen miró al niño en espera de una explicación.

–Sé que le sonara descabellado pero me encontré con un grupo de delincuentes que…–

–¡El equipo Rocket!– se apresuró a decir la oficial.

–Entonces ¿son famosos? – preguntó.

–Hace cuarenta años lo eran, eran sinónimo de problemas. Si mi madre no me hubiera contado en carne propia la historia no la hubiera creído de nadie más. Un talentoso niño de once años descubrió su base secreta de operaciones en un casino en la ciudad Azulona. Básicamente él entró y derrotó a cada uno de los miembros del equipo Rocket hasta que llegó con su líder, Giovanni, ambos se enfrentaron en más de una ocasión en batallas pokémon y ese chico, Red, siempre salió avante. Más tarde, cuando estaba a un paso de desafiar a la liga pokémon, se dio cuenta de que Giovanni era nada más y nada menos que el líder de gimnasio de ciudad Verde. Tras derrotarlo por tercera, y última vez, Giovanni desintegró a su equipo. Se retiró y desapareció durante muchos años, algunos afirmaron haber sabido de él pero fueron sólo rumores. Dos años más tarde los ejecutivos restantes del equipo Rocket trataron de contactar con él por medio de señales de radio pero nunca lograron su cometido, tras fracasar fueron arrestados. Los años venideros fueron extremadamente pacíficos para los habitantes de Kanto. Ahora cuarenta años después se vuelven a presentar, no me sorprende teniendo en cuenta las cosas que han pasando últimamente en los alrededores. No creo que ningún otro grupo criminal tenga la organización suficiente como para realizar los crímenes que se han perpetrado–

–En ese caso me creerá si le digo que me topé con ellos y que escapé de su escondite en una cabaña ubicada no muy lejos de aquí–

–Si eso es verdad diría que eres alguien con suerte, serías el primer testigo que tengo desde que los crímenes comenzaron a incrementarse. Sé breve, dime lo más importante, me darás el resto de la información de vuelta en la comisaría–

–De acuerdo, llevaban un vasto número de pokebolas dentro de una red y dijeron que las transportarían por medio de un convoy, eso es lo más importante que puedo decirle–

–¡¿Un convoy?!– expresó sorprendida. –Eso es imposible estando en el bosque, carecen de espacio–

–Dijeron que irían a un punto de encuentro o algo así, de ahí a las montañas y que luego el resto sería pan comido– aclaró el chico.

–Eso es absurdo, en las montañas no hay caminos, menos para un convoy ¿qué estarán planeando? – se preguntó extrañada la oficial.

Después de contarle un poco mejor sobre la situación, un oficial, se acercó a revisar la pierna del niño. Le dijo que había sufrido un golpe bastante severo que lastimó la mayoría de su tejido muscular junto con algunos tendones y ligamentos pero le aclaró que no debía preocuparse, ya que con el tiempo se recuperaría. Después de escuchar el relato sobre cómo aquel niño había terminado ahí, los oficiales fueron en busca de la cabaña. La oficial Jen ordenó establecer un perímetro. Los oficiales acordonaron la zona y un equipo de ellos fue enviado a revisar los alrededores.

–¡Oficial Jen!– llamó un oficial con prisa.

–¿Qué ocurre teniente? –

–En el sector C del bosque encontramos esto– afirmó el uniformado.

–Una pokebola vacía– indicó Jen, mirando la pokebola abierta.

–También interrogamos a la mujer que hizo la llamada. Además de lo reportado inicialmente, afirmó haber visto a un grupo de siete individuos rumbo a las montañas. Eso confirma la historia del chico–

–¡Solicite unidades terrestres, las cuatrimotos ya no nos servirán. Las vías deben estar despejadas debido al mal clima. Asegúrense de que así sea, ¡Controlen el acceso y manden establecer un bloqueo en las intersecciones de la carretera 16!–

–En seguida– dijo el oficial antes de anunciar por radio las órdenes.

–No tengo idea de que es lo que estén planeando pero no podrán ir a ningún lado– aseveró la oficial.

–En este momento no puedo llevarte de vuelta a la comisaría, tendrás que venir conmigo y mis hombres, iremos a revisar el camino que va hacia las montañas– le indicó Jen al niño. Luego le puso un impermeable, que le quedó grande pero lo resguardó de la fría lluvia.

Jen uso la pokebola vacía para guardar a Beldum en ella. La oficial se quedó con la pokebola y la colgó a la altura de su cintura. Sin más opción el niño accedió a ir con ella, se montó en la parte trasera de la cuatrimoto de la oficial. No había mucho espacio, por lo que realmente se encontraba incómodo.

–Sujétate bien– indicó Jen.

–¿De dónde?– preguntó aterrado el chico al contemplar la posibilidad de que podría caerse del vehículo en movimiento.

–¿De dónde más? De mi cintura, inclínate hacia delante y aférrate con fuerza, no te despegues–

Hizo lo que la oficial le pidió, el niño estaba más nervioso por el viaje en sí que por la posibilidad de toparse nuevamente con el equipo Rocket. Tan pronto como el motor de la moto se encendió el niño comenzó a temblar. No pudo dejar los nerviosos de lado durante todo el trayecto. Sintió como el aire helado golpeaba constantemente parte de su rostro. El viaje fue corto pero a él le pareció bastante largo, fue un alivio en cuanto volvió a escuchar la voz de la oficial Jen.

–Ya puedes soltarme–

El niño estaba tan aterrado que sentía que sus brazos y piernas estaban agarrotados. Poco a poco comenzó a recuperar el control de sus extremidades. La policía se encontraba en el único camino transitable que daba hacia las montañas. Debido al mal clima la visibilidad era mala, el camino estaba obstaculizado. Repleto por los fuertes vientos que levantaban la tierra y el polvo. Lentamente la oficial Jen comenzó a recorrer el camino revisando el perímetro. Avanzó unos cuantos metros en su moto antes de detenerse mientras sus hombres montaban guardia. En ese instante un ruido fuerte, como a motor, sonó distante. Un grupo de doce camiones negros, con enormes carpas blancas; bien aseguradas, que cubrían la parte trasera de los vehículos, aparecieron desde el otro extremo del camino. Los camiones venían formados en línea recta. Un par de luces delanteras iluminaron el camino. El grupo de camiones iba a toda velocidad dirigiéndose hacia la cuatrimoto de la oficial Jen, llamando así la atención del resto de los oficiales. El niño al ver que los camiones los embestirían trató de bajarse de la cuatrimoto y echarse a correr pero la oficial se lo impidió.

–¡Si te bajas ahora corres el riesgo de que te atropellen!– manifestó preocupada la oficial.

Jen aceleró a toda prisa apartándose del centro del camino, evitando así que los camiones los embistieran. Los camiones pasaron de largo y se dirigieron hacia el resto de los oficiales quienes también se quitaron para evitar ser atropellados.

–¡Son ellos, deténganlos! – ordenó la oficial por radio a la par que activaba la pequeña sirena de su cuatrimoto e inmediatamente pisó el acelerador a fondo tan pronto como el último camión los rebasó.