Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.
Capitulo 2: Azar agridulce
Akali el Puño de la sombra.
Hasta el día de hoy, 4 de agosto, han pasado 9 horas desde que entró a mi habitación usando la pantalla de mi computadora. Aunque parezca difícil de creer no le costó mucho convencerme, o mejor, no me costó mucho a mi mismo convencerme de quien era ella.
Todo sucedió ayer, el 3 de agosto. Si acaso se preguntan por qué no tuve la decencia de mencionar la fecha el día anterior cuando todo sucedió, la respuesta sería que un energúmeno transdimensional estaba tratando de matarme, así que no me fije en la fecha por puro descuido mientras intentaba salvar mi vida.
Como sea, me alegra que se hayan preocupado por mi estado de salud, es decir, fue un evento en extremo traumatizante, porque… ¿Se preocuparon, no es así?
¿No? ¿No lo hicieron?
¿A nadie le interesaba saber cómo estaba?
¡A nadie en el mundo le importa lo que pase con Sir Aleksai! ¡Aaarggg!
~Ahem~
En fin, fue una experiencia bastante difícil.
Como sea, estoy divagando. Volviendo al tema principal, en medio de mis cavilaciones se me fue la noche entera, que resultó ser también la última de mis vacaciones. En pocas horas tendría que volver a la universidad. Bueno, yo nunca he tenido buena fama por llegar a tiempo, así que podría darme uno o dos días para familiarizarme con la situación. Quiero decir, acabo de vivir una experiencia única en la vida, el no tomarme un tiempo para reflexionarlo sería subestimar las circunstancias.
O eso me hubiera gustado decir.
Fue solo una vil excusa para saltarme mis responsabilidades.
Eso me contestó la estricta Akali cuando le comenté la idea. La desechó por completo.
Por ello, tuve que reanudar mis deliberaciones camino a la universidad.
Calle, calle, calle.
Transito, transito, transito.
Ahora no tengo dinero para tomar un taxi, ni siquiera para un bus, un tren, un transmilenio, o un metro subterráneo, aunque en esta ciudad no tengamos de esos últimos. Sea como sea, mi situación económica me obligó a recurrir a mis olvidadas y muy oxidadas piernas para trasladarme desde mi domicilio hasta la universidad. Cabe mencionar que yo efectivamente si estaba en posesión del dinero necesario para llamar un taxi desde mi casa, pero mi querida nueva huésped no me dio el permiso a hacerlo, alegando que necesitaba fortalecer mi cuerpo. Toda intención de protestar murió en mi boca al ver cómo sus delicadas manos atravesaron la pared de hormigón sólido como una cuchilla al tratar de matar un insecto.
Aunque fuera una orden irrazonable, tendría que obedecer.
Ah, ahora que recuerdo, esa misma mañana escuche el siempre irritante tono de mi celular aún sepultado en la pared de mi habitación. No pude contestar, pero me dejo un mensaje de voz, ella regresaría del extranjero esta misma noche.
Hablo de mi hermana. Ya que la acabo de mencionar, debería hablar un poco sobre ella.
Es mi hermana mayor, y mi única pariente viva, su nombre es Elizabeth. Hemos vivido nosotros dos solos, apoyándonos el uno al otro desde que el mundo nos dio la espalda. Ella trabaja en una compañía de comunicaciones, y recientemente, gracias a un ascenso, viaja seguido al extranjero como supervisora y asesora.
Regresará mañana.
Ella es mi única familia. Yo soy su única familia. Somos todo lo que tenemos.
En todo caso, tendrá que conseguirme un teléfono nuevo, pues el que tenía ya hace parte de la estructura de la casa. No lo puedo sacar. Maldita sea.
Una luz peatonal en rojo.
Deje salir en forma de suspiro todo lo que ocurrió esta mañana, como humo que escapa de un automóvil.
Subí la vista a lo alto de los rascacielos esperando que la luz peatonal cambiara de color, y me tope con un inmenso letrero promocional en lo alto de la ciudad donde una hermosa actriz promocionaba productos de belleza. Cerca de su boca, un lápiz labial sugería el acto de maquillarse. Imagine mi pene en su lugar en un intento por alegrar un poco mi mañana, pero la extensa caminata me dejo en un estado de impotencia que aún ahora me provoca escalofríos. Ah, no quiero pensar en eso. Cambiando de tema, ahora que recuerdo, yo participé en el casting para una propaganda de crema contra granos en el trasero.
Creo que se llamaba Traserol.
Me alegra no haber sido escogido, y me alegra aún más decir que el favorecido en esa ocasión fue mi querido amigo Anderson, a quien obligué… perdón, a quien invité cordialmente a participar.
Él y su dichoso comercial fueron motivo de burlas por unos dulces meses, que recuerdo con nostalgia aún después de tanto tiempo. Cuanta inocencia. Me reí para mi mismo descaradamente.
La luz cambio de color.
La bocina de un auto me saco de mis cavilaciones. Tal vez todo fue conspiración del universo, o fue solo cosa de la casualidad. Tal vez simplemente todos los eventos ocurrieron en el orden justo, en el momento justo y en el lugar justo. Todo fue perfectamente sincronizado. Cualquiera sea el motivo, sentí vivir mi vida entera en un encuentro que duró menos de 10 segundos. Una joven belleza vistiendo un abrigo negro hizo el favor a mi desdichado día de prestarse para un accidente no intencionado conmigo.
Tal vez no fue cosa del destino.
Tal vez fue todo obra del azar. De un dulce y retorcido azar.
Nos chocamos por accidente al cruzar la calle. Su bolso cayó al suelo. Yo mismo hice el amago de soltar mi maletín y lo tiré al suelo, aunque todo fue solo una actuación de mi parte.
No pareció muy convincente, pero la mujer se limito a sonreír distraídamente mientras recogía sus cosas.
El cartel, la modelo llena de maquillaje y silicona, y el labial, así como mi fallido intento por superar mi depresión sexual con fantasías sucias me parecía ahora un irrespeto a la autentica belleza.
No puedo decir que fue amor a primera vista de cualquier forma, pero me impacto, y mucho. Cuanta belleza reunida en una sola persona. Cuando se encogió para recoger su bolso, otorgándome semejante ángulo privilegiado de visión que no escondía casi nada de sus bellas piernas hasta el borde de su ajustada falda, sentí que la impotencia cosechada por el estrés que me provocó todo este asunto de la llegada de Akali se esfumó en un instante.
Su belleza tiene incluso propiedades curativas. Es un milagro. Ya no sufro más de impotencia, estoy salvado.
Agradecí casi llorando. Estaba conmovido.
Sentí deseos de arrodillarme y agradecer.
Gracias Akali. Tú y tus inhumanas prácticas espartanas me llevaron a esta conclusión, y más importante, a este encuentro.
Gracias al Vacio, por despiadadamente arrasar, asesinar y destruir un mundo entero solo para permitirme vivir este momento maravilloso.
Gracias. A todos, gracias.
~Ahem~
Desgraciadamente ella terminó de recoger el contenido de su bolso esparcido en el suelo y se perdió entre la multitud. Por un segundo sentí el arrebatado deseo de empujarla y tirar sus cosas a la calle otra vez para extender el momento, pero eso sería demasiado, incluso para mí.
Ella se enderezó y continuó su camino con presto apuro. Yo diría que tiene unos 21 años como mínimo, o unos 27 años como máximo. Cabello rubio cenizo, ojos azules resaltados suavemente por unas ojeras de un casi imperceptible gris pálido. Labios rosados y suaves, dientes blancos, nariz pequeña y facciones delicadas. Piel clara, ligeramente sonrosada. Si mi ojo de experto no me engaña diría que ha pasado por unas 4 relaciones, todas desastrosas. Apenas alcancé a detallar su ropa, pero distinguí que vestía una camisa blanca dentro de su largo abrigo negro, y que cubría sus lindas piernas con una falda negra que pasaba a unos centímetros por encima de sus rodillas. Parece que le gustan los colores oscuros, y da la impresión de ser hija de una familia acomodada. Cubre con modestia su escote y sus piernas, así que posiblemente intenta no llamar mucho la atención. A juzgar por esa forma de vestir, prefiere las relaciones estables, las noches románticas y le gusta depender de su trabajo por encima de todo. Es independiente, pero yo diría que aún busca una relación en la que pueda apoyarse, y probablemente disfrute de pasar las noches en su apartamento viendo telenovelas mientras come helado de… hmmm… fresa parece adecuado para ella. Tal vez cereza, o a lo mucho de frutos rojos.
Ese es mi veredicto.
Además es hermosa. Ese también es mi veredicto.
Y sin duda sensual. Veredicto sea dicho.
Debe moverse bien en la cama. Bueno, esa es solo una suposición.
Seguro conocerá algunas poses exóticas. Eso fue otra suposición.
No creo que le importe practicarlas conmigo. De acuerdo, esa es una ilusión.
A la larga, entre ilusiones y veredictos terminé a puertas de la universidad, casi sin darme cuenta. Por esas cosas de la vida, que no están al alcance del vil entendimiento humano, divise una cola de caballo a lo lejos, fundiéndose entre la multitud.
Tuve una mala premonición, como si una situación cliché y fuera de contexto sacada de un anime barato, o una película sobre adolescentes (interpretados por actores de 30 años) que por las más absurdas y estúpidas razones terminan viviendo en otro país, donde mágicamente obtienen la vida, el respeto y la actividad sexual que siempre soñaron pero que nunca pudieron obtener en su hogar, fuese a presentarse en mi propio salón de clases.
Algo como esto:
~Akali entra a mi salón de clases, alega ser una estudiante de intercambio, y al verme, ella grita:
– ¡Ese hombre me dejo embarazada! ¡Policía! ¡Atrápalo ya, pokemón!–
– ¡Es mentira! ¡Nunca la toque…! ¿Espera, qué? ¿Pokemón? ¿Es en serio?–
– Me disculpo, aun no estoy acostumbrada al dialecto local– Contesta la Akali imaginaria
– ¡Eso no tiene sentido!–
– ¿Y qué puedo hacer yo? ¡Es tu fantasía Aleksai!–
– ¿Mi fantasía? ¿No será tú fantasía?–
– ¡No! Definitivamente es tu fantasía, lo leí en tu diario, página 19, junto a la lista de personas que quieres muertas, ¡Quieres embarazarme!–
– ¡Qué tontería, dame eso! –Le grité mientras tomaba mi diario imaginario– Hmmm… vamos a ver…–
Me puse mis anteojos de lectura imaginarios, y me dispuse a leer mi diario imaginario que ponía en claras letras azules imaginarias:
"Lista de gente que quiero que muera:
Anderson, Anderson, Anderson… Anderson... Anderson, Anderson, Anderson, Anderson, Anderson…
Ladrones estúpidos que intentaron matarme… Ladrones con diploma del jardín de niños pagados por ladrones estúpidos para matarme… Ladrones con diploma de primaria pagados por ladrones pagados por otros ladrones para matarme…
El teletubbie morado…
Barney el dinosaurio…
Todas las ballenas azules del mundo… Todo el Krill del mundo (Para que las ballenas azules mueran de inanición)
Santa Claus…
Anderson... Anderson
Ah, aquí esta.
Deseos personales:
1. Embarazar a Akali.
2. Comprar un poni
3. Alquilar las películas de Barbie
4. Extinguir a la ballena azul
5. Comprar grasa de ballena…"
De acuerdo, es suficiente.
Esta fantasía ya se está saliendo de control. La declaro oficialmente terminada~.
Por cierto, todo lo ya dicho fue y siempre será una fantasía que NADA tiene que ver con la realidad, excepto la parte de Anderson, esa fue verdad, pero todo lo demás es falso.
Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso. Falso.
Como sea.
Me quede en que llegué a la universidad. Atravesé la elegante puerta de cristal del edificio de mi facultad, y me dirigí a mi salón de clases.
Si tuviera que describir mi universidad, porque lo haré, no me importa si no quieren saberlo, diría que es la elite de la elite en universidades. Desde sus instalaciones hasta sus estudiantes son lo mejor de lo mejor.
Sobra mencionar que en esta universidad no estudia Anderson. Quiero decir Andrés.
Es inmensa. La rodean jardines y zonas verdes espectaculares que no hacen más que ratificar la gruesa chequera con la que cuentan sus directivas. Tenemos hasta un campo de golf, al que asisto regularmente para presumir las habilidades de golfista de las que carezco. Aunque yo odio el golf. Canchas de tenis, futbol, piscinas olímpicas y cuanto deporte para ricos se te cruce por la cabeza. Los edificios gozan de una magnífica arquitectura, la iluminación es perfecta y los salones de clase son espaciosos y cómodos. Las sillas son reclinables y suaves, amigables con mi delicado trasero que tanto sufre en esas malditas sillas baratas sin cojines.
Justo lo que necesitaba yo.
Como sea. Dije que tuve una mala premonición al ver esa cola de caballo entre la multitud, y resulto ser cierto.
No obstante, no fue lo que me esperaba.
A dos pasos de atravesar el umbral de la prestigiosa institución, una silueta que aceleró de la nada hacia mí intento rebanarme la cabeza con un sable de unos risibles 2 metros de longitud. Por cosa de Dios me resbalé con una cáscara de banana en la entrada y me salvé por los pelos de perder el cuello. Pero la suerte no acontece dos veces, la larga espada se elevó a lo alto dispuesta a rebanarme a la mitad, como quien corta un tronco con un hacha. Rápidamente gire sobre mí mismo hacia la derecha, y me instale de rodillas sobre mis pies.
Por cosas de la luz y las sombras, y por eso de mantener la identidad de los personajes en secreto para provocar más impacto al revelar su nombre (Suspenso... Se llama suspenso, ¿Cierto?), no "pude" ver la cara de mi agresor hasta ese momento. Tenía una tupida cola de caballo bruscamente atada en la cabeza, y estaba vestido con un smoking negro que no coincide con su apariencia tradicional.
Sin embargo, su carta de presentación era la espada con la que por poco divide mi cuerpo en dos partes iguales.
– ¿Yajirobe, eres tú…?–
No es mi costumbre preguntar tonterías. Pero tenía la esperanza de que no fuera real, y que se tratara de una alucinación. Bueno, eso o el cosplayer lunático sobre el que leí hace algunos días en el periódico que escapó de su psiquiatra.
A estas alturas preferiría al lunático cosplayer, pero esa clase de movimientos no están al alcance de un imitador frustrado. Tal precisión y velocidad… lamenté darme cuenta que estaba frente al autentico y real…
El más famoso traidor de Jonia.
Yasuo, el imperdonable.
No contestó a nada. Ni siquiera suspiró. No dudo un solo segundo, simplemente levantó su espada y desencadenó un torbellino de viento que furioso aulló en mi piel mucho más rápido de lo que pude reaccionar. Mis pies se desprendieron del suelo sin darme cuenta y salí despedido a la fuerza varios metros lejos de mi posición inicial. Caí a secas contra el suelo sobre mi espalda.
Perdí el aire.
Por poco pierdo la consciencia.
Me levanté de un salto girando sobre mi mismo una vez más. Estuve al borde de la derrota en un solo asalto.
Este es un autentico… uno de verdad.
Esto es un campeón, este es el poder de una leyenda.
Se lanzó contra mí una vez más de barrido a máxima velocidad. Reconozco esa técnica, en el juego esa vendría siendo su W, si no falla mi memoria. Es un salto corto de alta velocidad entre unidades. Aquí no hay nada parecido a súbditos, ni tampoco objetivos para saltar, así que si me mantengo a distancia suficiente no me alcanzará.
Eso pensé.
Estúpidamente confié en ese criterio.
Pero me equivoqué.
Lo subestimé. Esto no es un juego.
Aquí no hacen falta objetivos. El puede saltar a donde le plazca, mucho más lejos que en el juego original.
Es aún más fuerte de lo que imaginé.
El aceleró directamente hacía mi a pesar de que nos separaba una distancia de por lo menos 15 metros, y me pateó con fuerza en el estómago. Por segunda vez estuve a punto de perder la consciencia. Sin embargo, en un intento por defenderme, me aferré con fuerza a la pierna con la que me pateó buscando desequilibrarlo y tirarlo al suelo, pero él salto y ejecuto perfectamente una patada giratoria con su pierna libre impactando en mi cara.
Por tercera vez estuve al borde de la inconsciencia.
No tengo oportunidad. Es demasiado bueno. Sus habilidades físicas no se limitan a las establecidas en el juego, el tiene la libertad de atacarme con todo su cuerpo si así lo desea. Esto es completamente diferente a lo que esperaba. La única forma de vencer a un campeón es con otro campeón, pero mi aliada no está cerca.
¿Qué es lo que haré?
Estoy solo. Este tipo es locamente fuerte. Tal vez yo soy demasiado débil.
¿Existe alguna forma de ganar?
Levantó su espada una vez más, está listo para luchar contra mí.
No tendrá piedad, me matará.
Necesito pensar en una contramedida. Es un combate uno a uno, contra un oponente absolutamente superior. Su ventaja cuerpo a cuerpo es insuperable. En realidad mis opciones están muy limitadas. Incluso la idea de escapar podría resultar contraproducente. Necesito vencerlo cara a cara, o al menos encontrar una oportunidad para escapar, pero ¿Cuál podría ser? ¿Cuál? ¿Cuál? ¿Cuál?
Yasuo no me dio tiempo de encontrar una estrategia apropiada, se lanzó al ataque una vez más con su aterradora espada de 2 metros por delante. Esa cosa me atravesará como a un queso suizo, tengo que esquivarla.
Arriba, abajo, izquierda, izquierda, derecha, abajo, arriba, derecha, derecha, abajo, derecha, izquierda. Apenas consigo evadir los ataques de su espada, pero por cada corte que esquivo, 2 golpes o 2 patadas de su parte me hostigan por mi falta de habilidad, y la fatiga comienza a pasarme factura.
Un corte alto directo a mi cabeza, no tengo tiempo para pensar. De alguna manera conseguí evitar que la espada impactara contra mi cuerpo, pero he terminado en una posición muy precaria y estoy fuera de balance. Yasuo no perderá esta oportunidad. Tengo que apartarme antes de que vuelva a atacar, así que, milagrosamente, forzando a mis pobres tobillos a ejecutar una maniobra que fácilmente pudo quebrarlos, me impulsé hacia atrás dando un salto mortal apenas esquivando otra embestida de su espada que sesgo superficialmente mi piel, y conseguí hacer algo de distancia entre los dos. No obstante ya comprobé que la distancia tampoco es efectiva, ese sujeto es capaz de recortarla en un instante.
Ahora que puedo dar un respiro, ¿Por qué me ataca este sujeto? ¿Qué motivaciones podría tener?
En realidad, pensándolo bien, es extraño que la universidad este así de solitaria, aunque hace tan poco tiempo estaba hasta el tope de personas. ¿A dónde fueron todos? ¿Es obra de la casualidad, o acaso alguien lo planeó así? ¿Puede ser que este escenario fue preparado intencionalmente?
¡Wow! Una estocada escalofriantemente veloz acarició el lugar donde pocas milésimas de segundo antes se encontraba mi cara.
La diplomacia no funcionará, este tipo no quiere hablar.
Tal vez fue mi culpa por ser descuidado. Debí imaginar que no todos los campeones serían igual de amigables que Akali. Bueno, es cierto que ella en un principio también se comportó agresivamente conmigo, pero nunca al nivel de querer matarme. No obstante, era de esperar que algo como esto pudiera presentarse.
Como primera medida, ¿Qué se yo de todo esto? ¿Qué se yo de las motivaciones que impulsaron a los campeones a transferirse a este mundo?
No se absolutamente nada, así que…
Shin
El sonido de la katana de Yasuo regresando a su funda me trajo de vuelta a la realidad. Ah, por favor no se confundan, enfundar la katana no significa que el combate ha terminado. Por el contrario, significa que está preparando un ataque más veloz y potente que los anteriores.
En palabras simples, él quiere zanjar este asunto de una vez por todas.
No hay tiempo para dudas.
No hay tiempo ni para mi propio miedo.
Tengo que encontrar la debilidad de este enemigo, deducir la forma de vencerlo. Su esquema de combate tiene muchos agujeros, pero yo simplemente no poseo la fuerza suficiente para explotarlos. El puede superar todas sus falencias simplemente con poder en bruto, al menos en mi contra.
Pero aun así, yo no necesito vencerlo. Solo ganar tiempo suficiente para escapar puede considerarse un triunfo para mí. Pero, incluso siendo de esa forma, distraer a alguien tan enfocado es una labor de extrema dificultad.
Se ha precipitado contra mí de nuevo, pero ahora viene a mí con la resolución de acabar todo con un solo ataque.
¡Rápido! ¡Piensa en algo!
Es un espadachín. Uno que puede controlar el viento. El viento… ¡El viento!
Se me ocurrió una idea. Más que una idea, fue una esperanza a la que decidí aferrarme. Desgraciadamente en este lugar no puedo ponerla en práctica pues el terreno no es apto.
Levanté los ojos y recorrí con la vista a lo largo el horizonte y lo encontré, el lugar propicio.
El lugar adecuado.
El terreno de combate que estaba buscando es ese de allá, aquel campo seco como el desierto donde aun no ha crecido hierba alguna. Se observa en la lejanía, esta solo a unos pasos. Es una polvosa pista de atletismo. Me obligué a correr en esa dirección ignorando la fatiga, los golpes y los cortes en la piel. Me obligué pasar por alto la sangre que quedo derramada por el suelo y a fingir que no me pertenecía a mí, todo en aras de sobrevivir. Por un momento fui un atleta corriendo fuera de la pista, cargando la llama de la vida entre sus manos.
Todo por una decisión que tomaría la suerte.
Si… todo. ¿Todo por una idea que podría no dar resultado?
No es algo que se esperaría de mí.
Pero a estas alturas no hay más opciones.
Solo me queda dejarlo todo en manos de este agrio azar.
Ya he lanzado los dados. Ya lo he apostado todo.
No hay vuelta atrás.
Yasuo emprendió carrera tras de mí, pero por algún motivo se detuvo a medio camino. ¿Qué sucede? ¿Acaso el piensa que prepare alguna trampa?
Da igual.
Puso sus manos en la empuñadura de su espada, y desenfundó un torbellino de aire en mi dirección. No hay forma que yo consiga evadirlo, solo soy una persona normal. No puedo controlar ningún elemento, ni soy lo bastante rápido para anteponerme al viento, pero aun así… sonreí.
– ¿Qué…? –
Ah, vaya, así que Yasuo al fin se dignó a dirigirme la palabra. Estaba atónito. Su maldito huracán de aire levantó todo el polvo del campo desierto, y provocó algo parecido a una tormenta de arena que cubrió todo el terreno.
Si él hubiera decidido atacarme directamente, esta estrategia jamás habría surtido efecto. A la hora de la verdad fue pura suerte que él me haya atacado con una corriente de viento. Funcionó. De alguna forma lo que planeé funcionó. El levanto una inmensa cortina de humo para mí.
Me dio la oportunidad perfecta para escapar.
– ¡Tch…! – gruñó exasperado. Con su espada dio un par de tajes en el aire intentando cortar la nube de arena, pero solo consiguió levantar aún más polvo. No, no, esto no es un videojuego Yasuo, las cosas no son tan simples.
Sentí el irresistible deseo de burlarme y alardear mi éxito con arrogancia. Mucha arrogancia. Pero este no es el momento para eso.
Este es el momento de escapar.
Sin embargo, eso no significa que puedo correr descuidadamente a cualquier lugar que se me pase por la cabeza, pues si llega a descubrir en qué dirección huí, me atrapará y sin duda me acabará.
Desgraciadamente tampoco puedo darme el lujo de dudar en qué dirección debo correr, la cortina de humo está a punto de disiparse.
La suerte no acontece 2 veces, no puedo simplemente dejar la respuesta al azar.
Lo más natural sería alejarme en la dirección contraria, pero atrás de mí no hay ningún lugar donde pueda esconderme, y no hay forma que yo sea capaz de superar su monstruosa velocidad. A mi izquierda por otro lado se encuentra un jardín bastante tupido donde puedo ocultarme, además conecta directamente con una de las salidas de la universidad. Parece una mejor opción. El frente obviamente está bloqueado por Yasuo, y a mi derecha algunos edificios interrumpen el paso.
Tras un rápido análisis decidí que el camino izquierdo parecía el más seguro.
Llegué allí tan rápido como mis flageladas piernas me lo permitieron y me oculté entre las hojas de los arboles.
Estaba agotado, no podía correr más que eso. Mi cuerpo se encontraba en un estado desastroso, tan golpeado que no podía encontrar un solo pedazo de piel sana. Me encontré a mi mismo bajo los árboles, en mi peor estado.
Solo me quedaba esperar que ese espadachín desistiera de matarme, o rezar a Dios que no me encontrara.
El polvo comenzó a disiparse, pero su amenazante silueta permaneció en el mismo lugar. No se movió un centímetro.
Entorno sus ojos al suelo, tal vez buscando rastros de mi huida… ese hombre aún sigue buscándome. ¿Qué haré si me encuentra? Estoy seguro que no podré superarlo en carrera, mucho menos en un combate, pero aún así no todo está en mi contra. Aún conservo la ventaja del local. Conozco este lugar como la palma de mis manos, puedo intentar confundirlo de alguna manera.
Puedo evitar que me encuentre tan fácilmente.
Ah, acaba de mirar hacia este lugar.
No dudo un solo segundo, dio un veloz salto en esta dirección.
Viene por mí…
