Nota de autora:¡Hola! Bueno, sé que debía publicar este capítulo antier, pero no lo pude terminar hasta ayer, y cuando lo terminé me dijeron que tenía que apagar la computadora -.-' En fin, éste es el capítulo más largo hasta ahora (de ahora en adelante voy a intentar hacer más largos los capítulos) y es el de Nicole (espero que te guste n.n) Como sea, espero que les gusten.


Nicole´s POV:

¡Ay, no! Mientras les decía a mis nuevas amigas que no debían terminarse el refresco dentroniok antes de los 3 minutos después de haberlo consumido, ¡Kaoru ya se lo había terminado! Así que, ahí estábamos, buscando como locas los ingredientes para que el ataque de alergia de la azabache no empeorara –aunque no me explico cómo hincharse como un globo y volverte de color morado oscuro podría empeorar–, mientras ella solo gritaba que odiaba el fruto que en mi reino se cultiva. Y lo peor de todo, pasé absolutamente todas las precauciones que este mundo ha conocido para que las bebidas no les causasen algún tipo de alergia.

-¡Miyako! ¡Alcánzame el azúcar pimientoso! –escuché a Momoko exclamar, interrumpiendo así mis pensamientos.

-Aquí lo tienes –dijo la rubia con toda la tranquilidad del mundo mientras le entregaba la botella con el contenido que la pelirroja exigía.

-Gracias –dijo ésta mientras continuaba con la receta para hacer la cura que yo le había dado.

Mientras la princesa del Reino del hielo le gritaba a la princesa del Reino de los animales –pobrecita esta última… pobrecita–, yo buscaba por toda la cocina los ingredientes faltantes, los cuales eran: una manzana rosada, jugo de fresa del Reino de los truenos y un hueso de pollo frito – ¡Yo no fui la que inventó el remedio! ¡No me pregunten a mí! –. Y cuando los encontrase, debía dárselos a Miyako para que ella se los diese a Momoko.

-¡Aquí está el hueso de un pollo frito! –exclamé al encontrar en el anteriormente mencionada ingrediente.

-Gracias –dijo mi amiga rubia mientras tomaba el objeto con un poco de tristeza (aunque el pollo estuviese ya muerto, se sentía mal) y se lo entregaba a la pelirroja, la cual lo hizo polvito con un martillo y luego se lo echó al resto del remedio.

-¡Ey! ¿Esta cosa no es el jugo ese raro? –preguntó Kaoru mientras me mostraba una botella rosada con una etiqueta negra.

-¡Sí! –exclamé con alegría.

-Ésta es una manzana rosada, ¿Verdad? –preguntó Miyako enseñándome, bueno, una manzana rosada.

-¡Sí! –volví a exclamar. Acto seguido, se acercaron a "la médico-chef" (según ella), y le dieron los ingredientes, para que entonces ella terminase de hacer el remedio y se lo diese a mi amiga de orbes esmeralda.

-¡Espera! –Mis amigas me volvieron a ver, perplejas– Si se tomas el remedio, tendrás que usar una semana falda para que tus piernas, las cuales son las que más se hincharon, no se vuelvan a hinchar. Pero si no te lo tomas, tendrás que pasar un año hinchada –expliqué. Los ojos de la azabache se abrieron como platos, desvió la mirada para pensar unos segundos y luego me volvió a ver.

-Me quedo hinchada –se encogió de hombros.

-¿QUEEEEEEEEEEÉ? –dijimos todas al unísono.

-¿Ah sí? ¡SUJÉTENLA! –gritó la pelirroja.

Me lancé a mí misma sobre Kaoru, pero ella me esquivó y caí al piso. Iba a correr, pero entonces la sujeté del tobillo, logrando así que se cayese. "¡SALTA SOBRE ELLA!" le gritamos Momoko y yo a Miyako, la cual, del susto, se tropezó y cayó encima de la azabache. La pelirroja tomó el remedio, corrió y quién sabe cómo, logró que su amiga se tomase el líquido.

-¡Puag! ¡Sabe horrible! –exclamó está haciendo muecas de asco. Las demás nos reímos. Acto seguido, el color morado y la hinchazón desapareció.

-¡Chicas, ya nos vamos! –escuché que llamó mi tía.

-Vamos –les dije a mis amigas, para entonces correr a la salida.

Cuando llegamos a la salida, ahí nos esperaban nuestros familiares, con una sonrisa de oreja a oreja. Volví un momento a ver a mis amigas y me di cuenta de que estaban tan perplejas como yo. ¿Qué había pasado para que estuviesen tan felices?

-Chicas –habló mi tía–, les tenemos un par de noticias –sonrió y volvió a ver un segundo a los reyes. Yo continuaba un poco confundida–. Como los padres de Nicole no están, nos vamos a quedar en el Reino del fuego, que es el más cercano de aquí –mi amiga de ojos esmeraldas sonrió– y la segunda noticia, es que los príncipes de los fenómenos irán a visitarnos al Reino del fuego – ¿Fenómenos, dijo? ¿O acaso escuché mal? –. En fin, ya debemos irnos, así que vamos, suban a su carruaje

Apenas subimos al carruaje –claramente asegurándome de que nadie nos escuchara–, prácticamente me lancé a mí misma sobre Momoko, la cual sólo me observó con pánico.

-Muy bien, habla –dijo Kaoru colocándose unos… ¿Lentes de sol? Em… ¿Ok?

-¿A qué te refieres? –preguntó mi amiga aterrada por completo.

-Sabes a qué me refiero –dijo la azabache tomándola del cuello del vestido.

-¡Chicas, la están asustando! –exclamó Miyako con una (sorprendentemente tierna) mueca de enfado. Mi amiga y yo nos volvimos a ver y luego soltamos a la de orbes rosados, cruzadas de brazos– Muy bien… –le acomodó el cabello a la aterrada chica– Ahora sí, nos referimos a que no sabemos quiénes son los príncipes de los fenómenos, ¿Sabes quiénes son? –la pelirroja se aclaró la garganta.

-Mis padres me explicaron que básicamente ellos son los enemigos de nuestros reinos, pero que es de suma importancia que los conozcamos, ya que al ser los herederos, podrían entablar una relación amistosa con nosotras. Dicen que somos de la misma edad, en otras palabras, tienen 14 años.

-¿Y cómo son? –preguntó mi amiga rubia.

-Yo creo que un día vi a uno de ellos –dijo mi amiga de orbes esmeralda–. Y no sé los demás, pero ése era un completo idiota –se cruzó de brazos.

-¿Por qué? –preguntamos todas al unísono.

-Porque estaba tratando de hurtar la tarta de cumpleaños de mi hermano menor –respondió. Mis ojos se abrieron como platos. ¿Qué rayos acababa de escuchar?

-¡Oh, pobrecito! –dijo Miyako con pena.

-Para mí no es pobrecito, ¡Mi hermano trató de robarse mi pastel en mi cumpleaños! –exclamó la azabache cruzándose de brazos. Todas nos volvimos a ver y reímos juntas.


Ya eran las 10:00 p.m. y todas nos encontrábamos con nuestros pijamas en el castillo de Kaoru, jugando y hablando de cómo podrían ser los príncipes.

El pijama de Momoko –ya que unos amigos de su reino le llevaron ropa, al igual que a Miyako y a mí, claro, de nuestros respectivos reinos–, era rosado claro con estampado de corazones de color fucsia, además de que era de manga larga. La verdad estaba muy bonita.

Miyako, por su parte, traía puesta un pijama color celeste con las mangas blancas y un estampado de burbujas en los "pantalones". Me gustaba mucho el pijama, para ser honesta.

Luego, Kaoru estaba usando un camisón bastante grande de color verde claro y unos pantalones de tela de un tono de verde más oscuro –el pantalón era realmente holgado, tanto porque a ella le gustaba así, como por su hinchazón, ya que Kaoru no tiene batas, alegando que "no le gustan"–, con una gran estrella negra en medio del camisón. Muy al estilo Kaoru, aunque a mí también me gustaba.

Y por último, yo traía puesta una bata de tirantes. Me llegaba por las rodillas, era de color beige y tenía un estampado de espirales doradas. De todas mis batas, era mi favorita.

Además, todas traíamos puestas pantuflas. Las de mi amiga rubia eran turquesas con una parte peludita color celeste, de conejito. Las de mi amiga pelirroja eran de puntos fucsias, rosados y rosados pálido. Las de mi amiga azabache eran verdes con una línea del mismo color pero en un tono más oscuro. Y las mías eran doradas con espirales de color beige.

-Chicas, ¿Y si los príncipes son malvados? –preguntó mi amiga de orbes celestes abrazando una almohada.

-Mis padres dicen que toda su descendencia lo ha sido –dijo mi amiga de orbes rosados encogiéndose de hombros.

-¿Y ellos?

-Probablemente –la princesa del Reino de los animales ahogó un grito.

-¿Entonces por qué quieren que los conozcamos? –preguntó la… em… futura gobernante del Reino del fuego con ironía (no quiero que Kaoru me atrape si le digo "princesa", aunque en parte a mí tampoco me gusta que me digan así, je)

-Seguramente para arreglar un par de bodas o algo así –dije desinteresadamente, en son de broma.

-¡¿QUEEEEEEEEEEEEEÉ?! –se escuchó un grito en toda la habitación, por suerte la habitación de Kaoru es "anti ruidos", por decirlo así.

-Está bromeando, no sean dramáticas –habló la azabache rodando los ojos. Miyako y Momo suspiraron con tranquilidad.

-Bueno, mejor nos dormimos ya, que mañana será un muy-largo-día –sugerí, para entonces bostezar.

-Sí, buenas noches.

-Buenas noches.

-Que duerman bien –y así, Miyako apagó la luz, para entonces quedarnos profundamente dormidas (diría "y cómodamente", pero la verdad dormir en un piso de materiales como lava, no es lo más cómodo del mundo)


-¡Despierten! –escuché que alguien gritó, para que entonces esa persona lanzase un balde de agua fría a mi rostro.

-¡AAAAAAHHHH! –gritó Momoko al sentir el hielo por su rostro (a la pobrecita le lanzaron hielo), para entonces escuchar las escandalosas risas de Kaoru.

-¡JAJAJAJAJAJAJA! –se reía a todo pulmón.

-¡KAORU! ¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?! –preguntó/exclamó la pelirroja con el rostro rojo por el enojo.

-Porque Miyako y yo nos despertamos hace horas, pero ustedes dos, dormilonas, hasta ahora se despiertan, y se supone que los príncipes llegan en unos… –miró un reloj de la pared– 15 minutos, entonces me dijeron que viniera a desper...

-¿QUÉ?

Y entonces, ni la más mínima idea de cómo, mi amiga de orbes rosados y yo nos bañamos, vestimos, cepillamos el cabello y desayunamos en menos de 15 minutos. Al terminar de hacer todo esto, llegamos al salón. Ahí se encontraban mis amigas. La rubia estaba sonriendo con dulzura, mientras la azabache estaba cruzada de brazos y suspirando con resignación. La princesa del Reino del hielo y yo nos paramos a la par de ellas, un poco sudadas por la carrera, pero para ser honesta, nos veíamos bastante bien. Iba a preguntarle a Kaoru que qué hora era, pero entonces, cuatro jóvenes entraron al castillo, mirándonos de pies a cabeza y con una sonrisa dibujada en sus rostros.