Hola de nuevo lectores, aquí otro capítulo de mi historia, antes que nada les pido nuevamente perdón por los atrasos pero tuve en la escuela algunas muestras académicas para estas fechas y me tienen como loca pero las buenas noticias es que ya voy a estar de vacaciones, lo que significa más tiempo para escribir y ya les tengo varias historias (solo espero tener internet para entonces -.-U). Pero ya basta de escusas y disfruten el capitulo.

Ps: Los personajes de Hetalia no me pertenecen sino al señor Hidekas Himaruya, así como el de varias referencias que pertenecen a sus respectivos dueños.

Fue en la quinta campaña de Morelos en la que recibí una herida casi mortal, cuando el general que me abrió los ojos cayó en amos de los realistas y yo no pude hacer nada.

Estábamos escoltando al Congreso, debíamos protegerlos del ex general y ahora virrey Calleja (o si, subió de puesto para ese entonces). Si el congreso se mantenía a salvo, estaría a un paso de ser independiente y todo gracias al general Morelos o al menos eso pensaba. De pronto se oyeron disparos de cañones y uno de nuestros hombres que cubrían la retaguardia corrió hacia nosotros para avisarnos que el ejército realista nos dio alcance.

-Debemos acelerar el paso si queremos perderlos- dijo Nicolás Bravo, uno de los generales de Morelos que había estado con nosotros junto con su familia desde el inicio. El me agradaba pues era alguien que no solo le dio prestigio al movimiento, sino mantenía los ideales que nos separaban de los realistas.

-¿Y dejar la retaguardia desprotegida? No lo creo, señorita María por favor avísele al congreso que se apresuren y que busquen un lugar seguro- me dijo Morelos.

-¿Qué hay de usted?- le pregunte asustada de su respuesta.

-Me quedare para darles tiempo…VE- me dijo al ver que no me movía. Al final no tuve más opción que obedecer sus órdenes.

Fue a varios kilómetros del lugar que vi a lo lejos venir a Bravo que venía rápido, no como si fuera perseguido pero lo que si vi fue tristeza en su rostro, eso me preocupo, además del hecho de venir…solo, por lo que cuando se acerco lo detuve y le pregunte que había pasado.

-Nicolás ¿qué paso?, ¿dónde está el general?- le pregunte preocupada.

-Los realistas ganan terreno, no hay posibilidad de ganar…el general…me pidió asegurar el bienestar del congreso- me dijo con dolor.

-¿Lo dejaste solo allá?- le pregunte enojada.

-Lo lamento señora, le juro que quise seguir a su lado hasta el final, incluso si eso significaba morir pero él se negó a que me quedara…dijo que es más importante el congreso que su vida- me explico Bravo.

-Debo ir por él, debo ayudarlo- dije antes de correr de regreso a la batalla.

-Señorita María no vaya, es muy peligroso- escuche a mis espaldas la voz de Bravo que me pedía volver pero no lo haría, no podía permitirme no hacer nada para ayudarlo, la última vez que deje a mis generales perdieron la batalla que los llevo a su fusilamiento y eso…es algo que no podía permitir…no sin pelear, algo que no hice la última vez.

Iba a toda velocidad cuando escuche disparos y choques de metal cada vez más cerca por lo que le dije a Luna que siguiera sin mí en el momento en que la desmontara. A los pocos minutos pude ver la figura de Morelos peleando a pie contra varios soldados realistas, así que blandí mi espada y salte de Luna para terminar encima de uno de los soldados, solo para golpear a otro que le estaba dando problemas.

-¿Qué haces aquí?- me pregunto molesto de estar ahí.

-Linda forma de agradecerme por salvar tu vida- le conteste divertida.

-Hablo en serio, debes irte…de nada sirve que nos atrapen a los dos- me dijo mientras esquivaba unos golpes y acertaba otros.

-Pues no me iré sin usted- dije antes de golpear a otro soldado.

-Es una orden- me dijo firmemente.

-He dicho NO- le conteste más seria, demostrándole que hablaba en serio.

Por unos instantes parecía que si podríamos escapar pues no podían contra nosotros pero algo que nadie vio fue que nos acercábamos a la orilla del cerro, como una especie de acantilado (o tal vez alguien si lo sabía) y cuando parecíamos acorralados por los realistas Morelos se puso entre ellos y yo para protegerme, de pronto sentí como me empujaba con la espalda provocando que cayera por este. Al ser una nación la caída no fue tan grave pero eso no significaba que no me doliera.

Mientras caía pude ver por momentos (como en cámara lenta) como Morelos era golpeado en la cabeza y siendo llevado como prisionero, ya estando en el piso no pude levantarme de inmediato ya que me sentía tan aturdida (adolorida sobre todo) que me desmaye unos minutos (creo) y no fue hasta que sentí la cabeza de Luna frotándola contra la mía que me desperté para regresar con el congreso y Bravo.

Desde entonces todo fue empeorando, el congreso se fue debilitando, las dudas y miedos los habían invadido, los ejércitos se fueron reduciendo y yo me sentía cada vez más débil, como si toda la fuerza que había obtenido con Morelos se fuera drenando de mi cuerpo poco a poco hasta que un día sentí un gran dolor en mi pecho, uno que supero la muerte de Hidalgo o Allende, me sentía tan mareada que decidí cabalgar un rato por los alrededores. Me había detenido cerca de un riachuelo para que Luna pudiera descansar. Por un rato todo estuvo tranquilo (excepto por mi dolor de pecho) hasta que un ruido entre los arbustos me hizo ponerme en guardia, para mi sorpresa no era más ni menos que Antonio.

-Lupita…que bueno que te encuentro- me dijo antes de acercarse y darme un abrazo- no tienes la idea de lo preocupado que estaba por no saber como estabas- me dijo muy contento mientras me apretaba mas.

-Antonio…no puedo…respirar- le dije con el poco aire que me quedaba.

-Lo lamento- me dijo después de soltarme- pero que bueno que ya te encontré, ahora podremos volver a casa- dijo agarrándome de la muñeca.

-¡NO!...no pienso volver contigo- le conteste en cuanto pude recuperar el aliento y me solté de su agarre

-¿Eh? ¿por qué dices eso?- me pregunto España confundido de mi repentino comportamiento- ¿Qué acaso no quieres que todo vuelva hacer como antes? antes de que esta guerra inútil comenzara-

-Pero yo no quiero que sea como antes, quiero que sea mejor para mi gente- le dije dándole la espalda- Morelos me dijo que debo ser independiente si quiero que eso pase, cosa con la que estoy de acuerdo- dije un poco triste de recordarlo, como si supiera que no volvería a verlo- y no digas que esta guerra es inútil, no hasta que nos derrotes a todos- le dije volteándome a verlo de nuevo mientras le apuntaba con el dedo.

-Pues no creo que lo logren sin preciado general- dijo Antonio con ira, ya parecía que su aura roja estaba surgiendo.

-¿Qué quisiste decir con eso? ¿qué le ha sucedido al general Morelos?- le pregunte sorprendida y asustada de su comentario. Imploraba que su respuesta no fuera la que imaginaba.

-Pago por sus crímenes contra la corona, al igual que los demás- dijo España de Manera seria.

-¿Cómo pudiste?- dije de manera desesperada poniendo mis manos sobre mi cabeza, no podía creer lo que estaba escuchando (o más bien no quería creerlo).

-Compréndeme…tenía que hacerlo- dijo Antonio mientras bajaba la mirada, como apenado de lo sucedido- pero se lo había ganado, te metió ideas en la cabeza, te puso en mi contra y te puso a pelear a lo tonto ¿qué esperabas que hiciera, perdonarlo, fingir que no te hizo rebelde? pues no, no podía hacer eso, no cuando se que por su culpa estoy peleando contigo, y mira que no me equivoque, si hubiéramos pasado por esto hace 7 años, te hubieras disculpado y estaríamos bien- dijo regresando a estar molesto.

- Te equivocas- dije en voz baja.

-¿Qué?- dijo España sin comprender.

-Que estas muy equivocado con todo lo que dices…él…él solo me abrió los ojos a la verdad, a una que por mucho tiempo negaba, solo quería lo mejor para todos aquí y trato de hacerlo por el camino democrático pero no lo dejaron, por eso tuvimos que seguir peleando y él fue un gran hombre que no merecía ese fin- dije con firmeza (y tal vez algo de ira), esta vez no me dejaría intimidar por Antonio, ni caería en sus escusas- y si creerías que acabando con su vida ibas a lograr que volviera contigo, te equivocaste, ahora más que nunca estoy dispuesta a independizarme, ya sea por las buenas o por las malas y sin importar cuánto tiempo me tome-

-Pues entonces tendrá que ser por las malas pues mi jefe abolió la Constitución de Cádiz, así que ya no podrás ofrecer alguna declaración…escucha, lamento lo que dije, es que tengo miedo de perderte ya que eres mi más querida colonia…tal vez haya una forma de detener todo esto, si…si vuelves conmigo y te disculpas con mi jefe y el virrey es posible que te perdone al igual que a tu ejercito si se arrepienten de haber participado con los rebeldes y juran no volver a formar algún movimiento similar- me explico Antonio en un intento de sonar amigable.

-Como lo hiciste con Morelos, no gracias- le conteste enojada- si quieres tenerme como subordinada nuevamente tendrás que encarcelarme y puedo decir lo mismo de mi ejército -

-¿Qué ejercito? Debes saber que la noticia de su muerte ha empezado a propagarse y en cuanto tu gente sepa de la muerte del "rayo del sur" todo se vendrá abajo sino es que ya ha comenzado, tú más que nadie ya debió haberlo sentido- me conto España lo que ya presentía, desde hacia tiempo que lo veía venir y estaba segura que solo empeoraría con la muerte del general Morelos- por favor Lupita vuelve conmigo y no sufras mas-

-Es gracioso que lo digas porque he estado sufriendo desde hace 200 años como tu colonia…pero ya no mas- dije antes silbar para llamar a Luna para poder irme de ahí, ya no quería seguir en ese lugar.

-Guadalupe, si te vas ahora…-empezó a explicarme Antonio.

-Lo sé…la próxima vez que te vea no será como mi hermano…sino como mi enemigo- lo interrumpí y empecé mi marcha de regreso al campamento lo más rápido que pude.

Cuando llegue al campamento fui recibida por Nicolás, que se veía preocupado pero todo se calmo cuando me explico que estaba así por mi ausencia, así que le conté donde había estado, por supuesto no le conté mi encuentro con España pero si sobre la muerte de Morelos y le pedí que avisara a los miembros del congreso la noticia, sin importar cómo reaccionarían debían saber la verdad y mejor que fuera de mi parte y no de chismes ajenos que tal vez degradaran su imagen, cosa que no merecía.

En cuanto Bravo se fue entre a mi tienda donde me puse a buscar entre mis cosas algo de ropa que pudiera usar para reemplazar el uniforme realista que había usado desde que me uní al cura Hidalgo hasta ese momento, no quería reemplazarlo porque me recordaba a España (bueno en parte si, sobre todo porque estaba enojada con él ese día) pues también lo usaba como homenaje al general Allende, Aldama y al cura Hidalgo pero ahora que Antonio me había visto con él estaba segura que mandaría a sus soldados a buscar a una chica con uniforme realista (digo yo era la única mujer que usaba uniforme realista), debía pasar desapercibida para poder seguir en la lucha o lo que quedaba de ella por lo que cambie mi ropa por una menos formal y usando un palea cate rojo en cabeza (que el mismo Morelos me regalo).

Mis temores de que todo iba a empeorar se confirmaron poco después de mi encuentro con Antonio. A pesar de mantener al congreso en movimiento este término por disolverse y aunque todavía teníamos algunos generales con sus ejércitos (en especial en el sur) éramos superados por los españoles y en vez de ganar terreno tratábamos de no perder los que teníamos. Incluso el general Bravo perdía su espíritu de lucha hasta que un día mientras defendíamos Coporo me dio una noticia que me destrozo.

-Señora…quisiera hablar con usted un momento- me pido hablar con él.

-Por supuesto, ¿que necesitas?- le conteste.

-Señora…disculpe lo que voy a decir pero…yo…yo ya no puedo seguir con esto…le…le pido que me perdone…pero ya no…ya no puedo pelear mas- me dijo nervioso y asustado por mi reacción (o eso parecía).

-¿Por qué?- simplemente le pregunte.

-Vera…yo…siento que ya no puedo más…mi fuerza se ha desvanecido…antes…era mi familia la que me daba de su espíritu y cuando los perdí…fue el general Morelos quien me contagiaba de su fortaleza pero…ahora ya no tengo porque pelear- me dijo entristecido y con dolor en sus palabras.

-Debemos seguir peleando para honrar al general y a todos los que dieron sus vidas por esta causa, sino sus muertes serán en vano- le dije a Bravo tratando de darle algo de la fuerza que Morelos me dio a mí cuando supe de la noticia de la muerte de Hidalgo y Allende pero no funciono.

-En verdad lo siento pero quiero regresar a mi hogar en la hacienda de mi familia- me dijo antes de poner su mano sobre mi hombro- pero si gusta, puedo quedarme a defender el lugar hasta que se vaya mi señora…tal vez yo ya no sea útil para el movimiento por mi falta de espíritu pero estoy seguro que más al sur debe seguir alguien con la misma fortaleza que usted posee…solo tiene que encontrarlo- me explico antes de sonreír con nostalgia.

-Creo que tienes razón…te agradecería si me haces este ultimo favor- le dije a lo que él me respondió asintiendo la cabeza. Por un lado estaba decepcionada de su repentina decisión pero por otro lo comprendía, había perdido mucho en esta guerra y no todos podían superar su pena para continuar, la guerra era la prueba más difícil para cualquier espíritu de pelea, podía doblegar incluso al más fuerte, en especial cuando esta duraba tanto como en la que nos encontrábamos.

Así me separe de Bravo, en busca de algún otro general que estuviera dispuesto a seguir peleando, cosa que no sería fácil, no porque fueran pocos los que quedaban (bueno, eso también) sino porque sin una cabeza para dirigir, los grupos rebeldes estaban incomunicados entre ellos, intentar buscar a alguno de ellos sería como buscar una aguja en un pajar, en especial porque muchos se escondían para no ser encarcelados o fusilados (que al fin y al cabo era lo mismo).

Fue por varios meses en los que busque sin tener éxito, hasta yo misma estaba perdiendo las esperanzas de lograr mi independencia, estaba a punto de tirar la toalla cuando lo encontré a él. La persona que me daría un soplo más de fuerza aunque viniera del lugar menos esperado.

Por supuesto me refiero a Francisco Javier Mina. Este español que se unió al movimiento de independencia aun sabiendo que tenía todo que perder (sin mencionar que no confiaba en él al principio).

Había llegado a Tamaulipas después de un tiempo sin rumbo seguro. Podría decirse que estaba perdida, al menos hasta que me tope con ellos, en la selva cercana de la playa.

-Es por eso que debemos luchar - escuche la voz de un hombre que estaba cerca de donde yo estaba con Luna, me preocupe pues por su acento supe que era español y pensé que se trataba de un realista. Pero mi temor se cambio por sorpresa al verlo cara a cara. Su apariencia si era la de español más por sus ropas supuse que no era un soldado realista, claro que también podía ser una trampa por lo que me puse en guardia.

-¿Quienes son ustedes y que hacen aquí?- pregunte desconfiada al ver que había más hombres con él.

-Miren muchachos una hablante mexicana, tal vez pueda ayudarnos- hablo el hombre que escuche, hacia sus compañeros. La apariencia de los hombres era diferente entre ellos, como si fueran de diferentes paisas y era lo probable pues cuando empezaron a discutir entre ellos podía identificar diferentes acentos al castellano y al mío.

-He preguntado que quienes son y que hacen aquí, así que respondan- dije enojada mientras sacaba mi espada, lo que provoco que los hombres sacaran sus armas.

-Tranquilos señores, bajen las armas- les dijo el hombre al ponerse entre ellos y yo para evitar iniciar una pelea- discúlpenos señorita, no fue nuestra intención ponerla tensa- dijo dirigiéndose hacia mí, una vez que bajaron las armas los demás- permítame presentarme, mi nombre es Francisco Javier Mina y he venido con estos hombres a apoyar a los insurgentes en su lucha de independencia- termino de explicar Francisco tranquilamente.

-¿Y espera que le crea que usted, un gachupin, en verdad quiere que la fuente más importante de riquezas de su país se independice y pierda todos sus privilegios nada más porque si?- le dije de manera sarcástica y desconfianza, todavía tenía el sabor de boca de mi último encuentro con España.

-Bueno, no sé que signifique esa palabra pero aunque no crea en mis palabras le estoy diciendo la verdad señorita, he venido desde Estados Unidos con armas y provisiones para los generales insurgentes, hubiera venido antes pero tuve problemas en mi país, además de que promover la causa a otros lugares y traer personas dispuestos a pelear no es sencillo- trato de explicar Francisco ante mis acusaciones.

-¿Por qué he de confiar en usted? Tal vez sea un engaño del virrey para atrapar a los pocos que aun pelean- le conteste intentando sonar fría pero en el fondo estaba intrigada por sus palabras.

-Entonces no lo haga, deje que mis acciones hablen por mí y que sea con ellas que me vaya ganado su confianza, solo le pido que me dé una oportunidad para mostrárselo-me dijo Francisco con sinceridad o al menos eso me pareció.

-Está bien, le daré su oportunidad guiándolo por estas tierras porque ni siquiera yo sé donde se encuentra algún grupo insurgente y mucho menos dirigidos por un general…y es la verdad- le dije adelantándome de preguntas y discusiones futuras.

-¿En tan malas condiciones se encuentra el movimiento?- me pregunto Francisco comprendiendo mis palabras, a lo que solo asentí- entiendo, en ese caso pagare confianza con confianza- contesto alegremente. Sus palabras me sorprendieron, en verdad confiaba en que yo no los traicionaría o algo por el estilo pero como el mismo dijo tenía que hacerlo si quería saber moverse en estas tierras sin tropezar con los realistas o quedar perdidos (según sea el caso).

-Entonces continuemos- dije dispuesta a comenzar el viaje con mis nuevos compañeros pero antes de alejarme escuche a Francisco.

-Señorita…sé que no tengo derecho pero ¿podría conocer su nombre?- me pregunto por mera curiosidad.

-María Guadalupe- le conteste a secas, no tenia porque conocer más de mí.

-Qué hermoso nombre- dijo tomando mi mano para besarla y poder dirigirse a sus hombres para alistarse después de hacerlo (lo admito, me sentí sonrojada por el cumplido).

Al menos con tenerlos cerca podía viajar por más tiempo sin preocuparme de ser emboscada (de algo servía tener compañía) y tenia más recursos para viajar, solo debía vigilarlos de cerca, en especial a Francisco. Por un tiempo, mientras penetrábamos más en mi casa, no encontré nada sospechoso en su comportamiento, al contrario, me sentía segura estando cerca suyo pero aun así debía conocerlo mejor si iba a pelear a su lado.

-Francisco…ah… ¿puedo hablar contigo un momento?- le pregunte estando una noche en el campamento.

-Por supuesto señorita María- me dijo con una sonrisa.

-Quisiera saber tus motivos para estar aquí, para hacer todo lo que estás haciendo ¿qué ganas con todo esto?- le pregunte sin rodeos, podía sonar ruda pero debía saber, había mucho en juego (ahora que lo pienso, creo que ya sé porque Allende se comportaba de esa manera cuando nos conocimos).

-Si le soy honesto, lo hago porque me opongo al gobierno absolutista del rey, se que suena extraño para usted pero también nosotros también estamos artos de su comportamiento, aun siendo sus súbditos somos los primeros en sufrir por sus acciones, es por eso que muchos vienen a vivir aquí, donde todo es mejor- me empezó a contar Francisco, me sorprendieron sus palabras increíblemente pues siempre pensé que solo mi gente era la que pasaba malos momentos por causa del jefe de España, digo, Antonio jamás me contaba lo que pasaba en su casa (a menos de que me justificara acciones que me involucraban, como aumentar mis impuesto o expulsar a los jesuitas de mi casa), además de que los españoles que venían a vivir aquí, solían disfrutar de la buena vida (el virrey es un buen ejemplo) ahora entendía muchas cosas que me rodeaban- y cuando falto el rey, tomamos la oportunidad para mejorar nuestra situación y lo logramos o eso pensamos cuando se creó la constitución de Cádiz hasta que el rey retomo el poder y todo se perdió. Intente alzarme contra él pero como falle tuve que huir a Inglaterra, ahí fue donde tome la decisión de apoyar su independencia al promoverlo con personas que se inspiraron por lo que hacía, Morelos fue quien lo logro, de hecho cuando fui a Estados Unidos tenía planeado obtener fondos y dárselos al llegar aquí, fue en ese momento que me entere de su muerte, es por eso que vine con mi escuadra…pensé que podría dárselos y apoyar a uno de sus jefes como a Nicolás Bravo- termino de contarme.

-Lamento decirte que el ya no pelea- le dije algo triste.

-¿Acaso él…?- empezó a preguntar.

-NO…no, simplemente ya no pudo con la presión y se retiro a su hacienda a descansar- le explique.

-Ohh…bueno…pero no era el único también estaba…un tal Guerrero ¿no?- me dijo intentando sonar optimista. Fue ahí donde paso, recordé a Vicente Guerrero, había pasado tanto desde que lo vi por última vez que casi lo olvidaba por completo. Si, él era al que debíamos buscar, estaba segura que seguiría en la lucha pues era de fuerte espíritu y gran nobleza.

-Eso es- dije sorprendiendo a Francisco- debemos encontrarlo-

-Entiendo…y de paso obtener victorias para los insurgentes- dijo Francisco concordando conmigo.

Fue así que Francisco me demostró que decía la verdad al pelear con valentía contra los realistas y a pesar de que nos superaban en número las victorias aumentaban al igual que las haciendas tomadas por nosotros, toda desconfianza o pisca de ella hacia él desapareció por completo cuando nos encontramos con más jefes insurgentes (temporalmente) para reactivar nuestra fuerza y al reconocer como única autoridad a la Junta de Zitácuaro. Lamentablemente solo fue momentáneamente, no había pasado ni un año de lucha bajo su liderazgo cuando fue atrapado.

Fue en el rancho "El Venadito" que recibimos el ataque de un grupo realista, peleamos contra ellos lo mejor posible pero fue inútil, en menos de lo pensado ya habían entrado. Pensé que sería el fin pero justo en ese momento Francisco me tomo del brazo y me llevo a escondidas, entre disparos y golpes, a las caballerizas, cerca de la salida del rancho.

-Señorita María debe irse ahora mismo- me dijo mientras ensillaba a Luna lo mas rápido que podía- tiene que reunirse con Guerrero-

-No pienso dejarlo solo- le conteste decidida a quedarme.

-Me temo que esa no es una opción- dijo antes de cargarme y subirme a Luna de manera sorpresiva.

-Entiende, si me voy tú podrías morir…y no lo voy a permitir - le dije dispuesta a bajarme de Luna pero él me lo impidió.

-No señora, la que debe entender es usted, si la atrapan nada impedirá que los realistas ganen y que jamás se vuelva independiente- me dijo.

-¿Qué? ¿cómo sabias que yo…?- le pregunte confundida. Jamás le había dicho quien era en realidad y no llevaba tanto tiempo con él como para que me descubriera.

-Sus amigos Inglaterra y Estados Unidos, me hablaron de usted y es muy conocida por el pueblo- me contaba Francisco, y hubiera seguido de no ser porque se oyeron voces de realistas aproximarse- váyase y pase lo que pase, no mire atrás, le daré todo el tiempo que pueda- finalizo antes de golpear a Luna para que saliera corriendo a toda velocidad.

Hice lo que me dijo no voltee ni me detuve hasta que deje de oír el ruido de la pelea. Pensé que estaba a salvo por lo que decidí reducir la velocidad pero me equivoque pues en cuanto lo hice escuche más voces, voces que no sonaban amigables.

-Ahí está, es la chica que buscamos- dijo una voz.

-Nos recompensaran bien si la llevamos ante el virrey- se oyó otra voz. No había duda, me buscaban a mí por órdenes de Antonio y el virrey. Creí que no lograrían encontrarme pues me cambie de uniforme pero si lo que Mina me dijo era cierto, de nada había servido.

En ese instante volví a subir la velocidad de Luna para tratar de huir de ellos, no sabía bien cuantos eran pero por los ruidos de cascos de los caballos supuse que eran como 8 y aunque intentaba perderlos no lo conseguía. Me persiguieron por días enteros, apenas me daban tiempo para descansar, comer o dormir (sin mencionar las múltiples heridas que sufrimos en el camino) y Luna…era la que más estaba sufriendo de las dos, ya ni podía estar de pie para cuando llegamos a la zona de Oaxaca.

Sabía que si la seguía presionando, la lastimaría tan gravemente que no podría volver a caminar, por lo que la deje cerca de un arroyo para que descansara…creo que sabía lo que pensaba hacer pues en cuanto me empecé a ir lejos de ella intento seguirme pero la fatiga no se lo permitió, tenía que hacerlo si quería salvarla. Cuando supuse estar lo bastante lejos de ella empecé a hacer ruido para llamar la atención de mis perseguidores, cosa que no fue difícil, ante los primeros ruidos de sus caballos corrí lo más rápido que podía pero se acercaban cada vez más, y para empeorarlo me había tropezado con algo y me golpee la cabeza con una roca.

Lo único que puedo recordar antes de desmayarme por completo fue unos ruidos de pistola y unas sombras acercarse hacia mí.

Hasta ahí se los dejo…por ahora, espero que les gustara, en especial por lo largo que es (al menos eso sentí, es el capítulo más largo que escrito en general) pero me gusto hacerlo. Ya solo falta un capitulo o dos (según sea el caso) porque tenía planeado poner algunos extras terminando la historia pero como soy una persona considerada quiero saber su opinión. ¿les gustaría leer los extras o prefieren que los publique aparte? Porque tienen que ver con la independencia pero a la vez se distancian algo de mi historia y por eso no las puse (o se me olvido escribir).

Lo que quieran para estas historias lo dicen en sus comentarios y por mayoría será como lo publique, sino recibo suficientes comentarios para el ultimo capitulo, yo decidiré; En este mismo le avisare como quedo todo.

Referencias:

Morelos murió el 5 de noviembre de 1815

1-Nicolás Bravo fue uno de los jefes militares de Morelos junto Vicente Guerrero (entre otros). Fue su familia la que se unió al movimiento con Hidalgo y por consiguiente el se unió desde muy joven, peleó cerca del actual estado de Morelos y se extendió a Veracruz y fue un reconocido militar bajo las ordenes de Morelos y durante este tiempo obtuvo la reputación de "generoso y magnánimo" al perdonar la vida y dejar en libertad a 300 soldados realistas que habían caído bajo su poder cerca del puerto de Veracruz en 1812, en vez de fusilarlos como se pensó (para ese entonces habían encarcelado y matado a su familia), esa fue su venganza y muestra de lo que diferenciaba al movimiento insurgente de los realistas, por cierto según una historia que leí, estos soldados que perdono estaban tan agradecidos por su misericordia, que sin falta, se unieron a su ejército. Fue de los pocos en continuar como cabeza del movimiento después de la muerte de Morelos aunque se retiro de este, después de defender por varios meses, a la hacienda de su familia en 1817, cerca de Chilpancingo. En 1918 fue capturado y encerrado en la ciudad de México hasta que lo liberaron en 1820.

2- Cuando el rey Frenando VII tomo el poder desconoció la constitución de Cádiz (castigo, encerró y mato a los promotores de esta, también en nueva España) y reanudo el poder absolutista (lo que decía se hacía) lo que junto la precaria economía, provoco que los liberales de España vieran mal al rey, así como su idea de detener a toda costa el movimiento de independencia y empezaron a apoyarlo y promoverlo como muestra de su descontento al rey.

3- Olvide mencionar que otro apodo de Morelos era "el rayo del sur" por lo veloz que eran sus ataques y lo rápido que tomo fuerza su ejército en el sur del país. Este fue el apodo por el que lo conocían en el extranjero.

4- En 1817 el nuevo virrey Juan Ruiz de Apodaca ofrecía indultos (perdón) a los insurgentes que se arrepintieran de haberse levantado en armas y/u ofrecer información valiosa para capturar a ex compañeros (muchos si lo aceptaban o lo buscaban, entre ellos, gran parte de los miembros del congreso).

5-La campaña iniciada por Francisco Javier Mina fue de gran importancia para este momento del movimiento de independencia por ser un extranjero que lucho por la independencia, reunir grupos extranjeros para apoyar a los insurgentes, promover la lucha en España, Inglaterra y Estados Unidos a pesar de que muchos no le tenían confianza por ser español.

Intento levantarse contra el rey junto al fray Servando Teresa de Mier pero como no funciono escapo a Inglaterra donde consiguió voluntarios españoles, ingleses e italianos, luego fue a E.U. por bienes, armas y provisiones. Zarpó de Nueva Orleans a México, donde llego a las costas de Tamaulipas y lanzo una proclama de independencia (que termino cuando María los oyó). Recuerdo que en secundaria me contaron que tenía planeado encontrarse con Morelos al llegar al país pero con su muerte, decidió reunirse con Guerrero en la zona de Oaxaca, lamentablemente lo atraparon en la Hacienda el Venadito y lo fusilaron por traición a la patria en 1917.

6-Según mi maestro de literatura desde la época colonial se le decía español mexicano al que se hablaba aquí en Nueva España y era una forma de diferenciarlo del español hablado en España, así como el termino de mexicano se usaba para referirse a los habitantes de la colonia en el extranjero (no sé si aplicaba en las zonas que ahora serian otros países, como Venezuela, Guatemala u otro país pero si en nuestro actual territorio) y digamos que Mina le dijo hablante porque aquí en la colonia si eran muy específicos con la casta a la que se pertenecía, cosa difícil porque se cree que había cientos de estas y todas con un nombre en particular.

7- Gachupin- es la forma en que llamaban los indígenas a los españoles, creo que era una forma de insulto, por eso María no les decía así (en esta ocasión lo hizo porque estaba enojada con España).

Y si preguntan por Guerrero…pues…no hablare de él hasta el siguiente capítulo..

Cometarios:

Wind und Serebro: Gracias por leer y ser la única persona en comentar hasta ahora, me alegra que te gustara.

Evillious Chronicles: Gracias por ser la primera persona en ponerme entre tus favoritas como autora.

Ya saben dudas, quejas y sugerencias son bien recibidas a menos de que sean ofensivas pues me esfuerzo para que disfruten de mi historia. No olviden comentar :3

Esta historia es mía y si tiene relación con otra es mera coincidencia

Prohibida su copia completa o parcial sin mi autorización.