Aquí está el tan esperado capitulo 4 espero que lo disfruten ^^

Los personajes de Harry Potter y esta historia no me pertenecen, le pertenecen a sus respectivos creadores.


Hermione POV

Una cita para cenar con Draco Malfoy, y esa en especial, requería un vestido nuevo. Gire ante el espejo, me mire críticamente y decidí que estaba bastante bien. No se me daba mucho eso de arreglarme, pero realmente me había esmerado. El vestido negro me llegaba justo por encima de las rodillas y la falda revoloteaba a mí alrededor cuando me daba la vuelta. El corpiño tenía suficiente escote para dejar intuir lo que escondía y estaba sujeto a mis hombros solo por unos finos y delicados tirantes. El cabello caía como una cascada de rizos sueltos por mi espalda y las nuevas sandalias me daban seis centímetros de altura.

-Bien –dije, sonriendo a la mujer que veía en el espejo-. Puedo hacer esto. Todo va a ir bien. Estoy más que preparada.

El reflejo no parecía no muy convencido. Fruncí el ceño y me volví a repetir que estaba preparada y lista. Llamaron a la puerta y di un respingo.

Agarre mi pequeño bolso negro y fui hacia la entrada. Al abrir no me encontré con Draco, si no con mi hermano Neville.

-Acabo de hablar con mamá, por eso vengo a verte –dijo, con las manos en las caderas.

Mis primos siempre habían llamado a mamá y a papá de la misma manera que yo lo hacía. Y entre nosotros siempre nos tratábamos y llamábamos como hermanos. Por eso no me extraño verlo ahí en su papel de hermano protector.

-No tengo tiempo –respondí, mirando por encima de él, hacia la carretera.

-¿Por qué no?

-Tengo una cita –agite la mano indicándole que se marchara-. Voy a salir. Gracias por venir. Adiós.

Él no presto la más mínima atención y entró en la casa. Suspire al ver las marcas de polvo que dejaban sus botas en el suelo.

-¿Para qué has venido?

-Mamá me dijo lo que hizo papá

-Fabuloso –me pregunte si mi madre también había llamado a Harry o peor aún, al celoso y protector de Ron para ponerles al día sobre la lastimosa aridez de mi vida amorosa. Ya solo me faltaba que acabara saliendo en el periódico.

-Solo quería decirte que papá se pasó. Tú no necesitas que él te busque un hombre.

-Gracias por el voto de confianza –agite la mano hacia la puerta, intentando sacar a mi hermano de allí antes de que llegara Draco.

-Porque, si quieres un hombre, yo puedo encontrarte uno.

Solo eso me faltaba. Ahora este me quería buscar "un hombre"

-No.

-Solo digo… -Neville se encogió de hombros-. Dean Thomas, el tipo del Banco, ¿sabes? Tiene un buen puesto y el tipo esta que se muere por ti…

¡Dean! Primero muerta.

-¿No has aprendido nada del error de papá?

-El error de papá fue elegir a Draco. Draco no es buena opción –dijo Neville-. Es un buen hombre, pero está cerrado emocionalmente.

-Ya –moví la cabeza-. Has estado leyendo las revista de Luna otra vez, ¿verdad?

El sonrió y los ojos le chispearon.

-Tengo que cultivarme. No quiero que mi esposa me considere un vaquero estúpido.

-Ya. ¿Por qué no vas a casa y se lo dices?

-¿A qué viene tanta prisa? –Parecía fijarse en mí por primera vez y soltó un largo silbido-. Vaya. Estas… ¿Has dicho que tenías una cita?

-¿Por qué te sorprendes tanto? –pregunte ofendida.

-Nunca sales.

-No es cierto –refute. No era una virgen tímida, pero tampoco era muy dada las fiestas.

¿Por qué rayos no pude haber tenido hermanas en vez de tres hermanos mayores?

-¿Con quién es la cita?

-No es asunto tuyo. Vete, es tarde.

-¿Por qué no quieres decirme con que tipo…?

-Hola, Neville – lo saludo una voz grave.

Ambos nos dimos la vuelta. Draco estaba en el porche. Llevaba un elegante traje negro y corbata verde esmeralda; parecía tan cómodo como con sus pantalones de mezclilla y botas. Miro a Neville y después a mí. Sus ojos brillaron con interés y hasta me pareció que con un destello de humor. ¿Cuánto tiempo tendría ahí escuchando?

-Draco– Neville saludo con la cabeza y dio un paso para ofrecerle la mano.

Draco se la estrecho y luego me miro. El poder de su mirada hizo que me diera vueltas la cabeza y se me acelerase el corazón.

-Esta preciosa –dijo.

-Gracias. Ejem, Neville ya se iba.

-No, no me iba.

-Pues nosotros si –respondió Draco y me ofreció la mano.

La expresión de Neville no tenía precio. Sonreí, pase por delante de mi hermano y me uní a Draco en el porche.

-Cierra cuando te vayas ¿sí? –le dije ante su asombrada mirada.

El restaurante era asombroso. Situado en la cima de un acantilado, con vistas al mar, una de sus paredes era una cristalera que ofrecía una panorámica espectacular de la luna y las olas estrellándose contra las rocas. La iluminación era tenue, como si cada lámpara hubiera sido elegida para definir la oscuridad, en vez de paliarla.

La suave música que tocaba un trió de jazz acompañaba al sonido de las copas de cristal y el murmullo de las conversaciones. En el centro de cada mesa redonda había una vela encendida; el efecto de docenas de llamas bailando era caso mágico.

En conjunto, había sido velada perfecta. Draco había sido considerado y agradable y no había hecho la más mínima referencia a la oferta de mi padre. Estaba disfrutando, pero los nervios me habían cosquilleado el estomago desde que nos habíamos sentado. La cena había concluido y estábamos tomando la última taza de café antes de partir, se me había acabado el tiempo.

O bien le decía a Draco mi propia oferta, o recuperaba la cordura y olvidaba todo el asunto. Contemple el incesante vaivén de las olas y los destellos de espuma blanca que surcaban el aire cuando golpeaban las rocas.

-¿En qué piensas?

-¿Qué? –volví la cabeza y comprobé que Draco me observaba con una sonrisa curiosa-. Disculpa. Mi mente vagaba.

-¿Hacia dónde, exactamente?

Curve los dedos sobre la frágil asa de la taza.

Habla ahora o calla para siempre.

Era gracioso que fuera precisamente esa frase la primera que se me había ocurrido.

-Draco –dije, sin darme tiempo a arrepentirme-. Se lo que te ofreció mi padre.

-¿Disculpa? – los rasgos de él se tensaron.

-No te molestes en disimular –sonreí y moví la cabeza-. Lo confeso todo.

Él se removió en la silla, hizo una mueca y levanto su taza de café.

-¿Dijo también que había rechazado?

-Si –voltee para mirarlo de frente-. Y, por cierto, gracias.

-No se merecen –se recostó en la silla y me observo. Esperando.

-Pero me pregunto por qué me has invitado a cenar. Es decir, si no estabas interesado en comprar una esposa, ¿Por qué la invitación?

-Una cosa no tiene nada que ver con la otra –su boca se convirtió en una fina y tensa línea.

-No se –pase la yema del dedo índice por el borde de mi taza-. Veras, he tenido algo de tiempo para pensar en todo esto…

-Hermione.

-Creo que cuando mi padre… -hice una pausa, estaba buscando la palabra correcta- propuso el trato, tu reacción inicial fue negativa. Rotunda.

-Exacto –corroboro Draco.

-Y después… -sonreí al ver que él fruncía el ceño-. Empezaste a pensar. Nos viste a mamá y a mí y te dijiste que tal vez no fuera tan mala idea.

Draco se enderezo de la silla, se inclino por encima de la mesa y me miro fijamente a los ojos.

-No te he traído aquí para declararme.

-Oh, no, no harías eso –solté una risa nerviosa-. No al principio, al menos. Esto era solo una cita –mire a mi alrededor con aprobación-. Y ha sido encantadora, por cierto. Pero después de esta habría habido más. Y dentro de un par de meses te habrías declarado.

Él me miro largamente, en silencio, y supe que había acertado. Por la razón que fuera, Draco había reconsiderado la oferta de mi padre. Eso era bueno, en cierto modo. Sin duda, no me gustaba la idea de que hubiera estado dispuesto a casarse conmigo para obtener su propio beneficio; incluso me dolía si lo pensaba. Al fin y al cabo, llevaba enamorada de Draco Malfoy desde los catorce años. Pero al menos eso hacía que mi plan personal pareciera más razonable.

-De acuerdo, ya basta –Draco hizo una seña al camarero, pidiendo la cuenta-. Siento que opines eso, pero dado que lo haces, no tiene sentido continuar con esto. Te llevare a casa.

-No estoy lista para marcharme aun –dije, recostándome en la silla para mirarlo-. Te conozco, Draco. Ahora mismo estas un poco avergonzado y muy a la defensiva.

-Hermione, lo que lamento es este malentendido.

-Pero no lo es. De hecho, entiendo muy bien.

-Entiendes ¿Qué? –sonó cortante, impaciente.

-Mira, se cuanto significa para ti volver a completar la propiedad original de los Malfoy –dije. Me satisfizo ver el destello en sus ojos-. Entiendo qué harías casi cualquier cosa para conseguirlo.

-Cree lo que quieras –dijo Draco. El camarero llego con la factura y espero a que se alejara antes de seguir hablando-. Pero hay límites que no estoy dispuesto a cruzar.

-Bueno, si eso es verdad, es una lástima.

-¿Perdona? –Draco parpadeo, atónito.

-Draco se que quieres la tierra. Sé que no quieres casarte. Y sé que no te gusta que te manipulen más de lo que me gusta a mí.

-Sigue –me animo él.

-Lo he pensado y estoy bastante segura de que he encontrado una solución que funcionara para los dos.

-Eso sí que tengo que oírlo –con el ceño aun fruncido, cruzo los brazos sobre el pecho.

Sonreí al comprender que el cosquilleo nervioso que llevaba irritándome toda la noche había desaparecido. Tal vez fuera porque había sacado el tema a la luz. O porque sabía que iba a hacer lo correcto. Incluso podría ser efecto del vino que habían tomado en la cena. En cualquier caso, ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.

-Bueno –las palabras brotaron de mi boca apresuradamente-. Lo cierto es que estoy dispuesta a discutir la oferta de mi padre contigo.

Draco POV

Estaba atónito. Me costaba creer que ella estuviera hablando así. Para empezar, ya era terrible que conociera la oferta de William. Y era inquietante que hubiera adivinado que lo había reconsiderado.

¿Realmente me conocía tan bien como parecía?

Lo que no entendía era porque diablos una mujer como Hermione estaría planteándose un trato tan insultante.

A la luz de la vela, los ojos de Hermione parecían brillar como la calidez del bronce. Tenía la piel suave, lisa y clara. No había podido dejar de mirarla en toda la noche. Me fije en la cascada de rizos definidos y claros, de aspecto tan sedoso que invitaban a un hombre a enredar las manos en ellos. El vestido negro se ajustaba a cada una de sus generosas curvas, y sus piernas largas y claras estaban impresionantes con esas sandalias de tacón alto que debía de ser imposible andar con ellas.

Llevaba toda la noche atormentándome simplemente siendo ella misma.

¿Cómo rayos no había percibido su encanto antes?

Debía de haber estado ciego para desestimar a mi vecina porque la había conocido cuando era una niña con pelo de escoba y dientes chuecos. Sin duda, ya era toda una mujer hecha y derecha que, además, se tomaba con mucha serenidad el trato que había ofrecido su padre.

Por alguna razón, eso me preocupaba más que nada.

-¿Por qué ibas a querer discutir esa oferta? –pregunte escrutando sus ojos.

-Tengo mis razones –me sonrió de nuevo.

Inhale con un siseo. Era bellísima, pero tenía algo más. Algo indefinible que tiraba de mí. Que me empujaba. En otro caso no habría considerado la propuesta de William ni un instante.

-¿Qué razones son esas?

-Las mías –dijo ella, sin ofrecer más.

El asunto no iba en absoluto como había esperado. Los Granger parecían tener el don de desestabilizarme. Primero el padre, después ella. Debería de ser yo quien controlara la situación. Yo siempre dominaba el juego, sabía lo que pensaba mi contrincante, cuál sería mi siguiente movimiento y como contraatacar; así siempre conseguía exactamente lo que pretendía.

No me gustaba estar al otro lado del tablero. Y me incomodaba que alguien me conociera tan bien como Hermione parecía conocerme. En ese momento ella me observaba con un comprensivo y paciente brillo en los ojos. Me irritaba la complacencia cuando me sentía desequilibrado.

Era hora de recuperar el control de la situación. De hacerle saber que no permitiría que me dieran vueltas y me hicieran sentir como si hubiera dado un mal pasó. La cita había acabado.

-Hermione…-abrí la carpeta de cuero negro que contenía la cuenta y coloque la tarjeta de crédito en su interior; luego la desplace al borde de la mesa. El camarero la recogió segundos después-. No sé donde quieres llegar, pero me niego a ser manipulado. Por ti… o por tu padre.

Ella se hecho a reír. Su risa me gusto y me irrito a un tiempo.

-No le veo la gracia al asunto.

-Claro que no –dijo ella. Estiro el brazo y me dio una palmadita en la mano, como si fuera un niño-. Vamos, Draco. Nos conocemos desde hace demasiado tiempo para que adoptes tu actitud huraña y esperes que me encoja ante ti.

-Bien –apreté los dientes y trague aire-. Di lo que tengas que decir, después te llevare a casa.

-Caballeroso hasta el final –ella movió la cabeza y sonrió-. Iré al grano. Me casare contigo, Draco, para que consigas la tierra. Pero tengo una condición.

-Estoy deseando oírla.

-Quiero un hijo.

Sentí que esas palabras me golpeaban el pecho y el corazón se me paraba. Ella me miraba con ojos serenos y expresión tranquila. Yo, en cambio, sentía como si fuera a explotar por dentro. Me ardían los pulmones al respirar.

-No puedes hablar en serio.

-Del todo –aseguro ella. Su rostro se ablando y sus labios se curvaron-. Sé por lo que pasaste cuando perdiste a tu hijo…

El camarero llegó con el recibo para que lo firmara. Agregue una generosa propina y firme. Guarde el resguardo y la tarjeta de crédito en la cartera y después volví a mirar a Hermione.

-No hables de mi hijo. Nunca.

Mi pérdida era eso: MIA. Había sobrevivido. Había dejado el pasado atrás y allí pensaba mantenerlo. Esos recuerdos, ese dolor, no tenían nada que ver con mi vida ni mi mundo actual.

-Bien.

-No me interesa ser padre de nuevo.

-No necesito tu ayuda para criar a mi hijo, Draco –dijo ella. Su voz se volvió tan fría como la mía-. Solo necesito tu esperma.

-¿Por qué haces esto?

-Porque quiero ser madre –se recostó y bajo la mirada hacia el mantel-. Los hijos de mis hermanos… perdón, mis primos, son maravillosos y los quiero mucho, pero no quiero pasar el resto de mi vida siendo la tía favorita. Quiero un hijo mío. Deseo casarme tan poco como tú, por eso no te preocupes. Pero quiero un bebe. Tal y como yo lo veo… -alzo la vista hacia mi- el trato satisfaría a ambas partes. Tu consigues tu tierra, yo mi bebe.

Yo ya estaba moviendo la cabeza negativamente cuando ella volvió a hablar.

-Piénsalo antes de rechazarme. Me casare contigo. Seré tu esposa en todos los sentidos. Cuando conciba, tú te quedas con la tierra y nos divorciamos. Firmare lo que quieras, eximiéndote de toda responsabilidad hacia mí y a mi bebe –lo mire con firmeza-. Es un buen trato, Draco. Para ambos.

Me había arrinconado. No había esperado que conociera la propuesta de su padre, y menos que saliera con una propia. La idea de que en unos meses podría devolver al rancho de la familia Malfoy su extensión inicial era muy tentadora.

Tenía que quitarme el sombrero ante Hermione. Me ofrecía un negocio interesante. Además, el que ella obtuviera algo a cambio me hacía sentir menos desalmado.

Sin embargo, ni siquiera me había planteado una nueva paternidad. Un dolor que se negaba a reconocer latió en mi interior. Solo duro un momento. Llevaba años aprendiendo a distanciarme de la angustia emocional.

No sería un matrimonio real, ni una familia genuina.

Sería algo muy diferente.

Hermione me conocía. Ella no deseaba un esposo más de lo que yo deseaba una esposa. Ella quería un bebe, yo quería mi tierra. Un trato favorable para ambos. Solo tendría que estar casado unos meses con una mujer muy deseable.

No podía ser tan malo.

-¿Y bien, Draco? –inquirió ella con voz suave-. ¿Qué me dices?

Me puse de pie y le ofrecí una mano para ayudarla a levantarse. Cuando ambos estuvimos de pie, estreche su mano.

-Hermione Granger, acabas de hacer un buen negocio


Ahí lo tienen, ¿qué les pareció? La cosa se está poniendo buena xD

Muchas gracias por sus alertas, favoritos y reviews siempre que los veo me lleno de alegría :D

Nos vemos en el próximo cap….

Dejen reviews! :DD

Bye :)