La noticia de que su padre estaba vivo había dejado a Nathan en shock. Había estado en el hospital cuando el médico les había dicho que estaba muerto; había llorado en su funeral y ahora estaba a punto de encontrarse con él. No sabía que iba decirle, no conseguía encontrar unas palabras que ayudaran a expresar lo que realmente sentía en ese momento de incertidumbre.

El edificio de PineHearts era un trasiego continuo de gente entrando y saliendo. Nadie se percató de su presencia. Miró hacia arriba, hacia el piso del que había caído su hermano. De haber sido una planta más arriba, seguramente se hubiera matado.

No comprendía como era posible que su padre fuera la horrible persona que no le importaba matar a sus propios hijos. Pero ahora eso no importaba, en pocos minutos podría hacerle todas las preguntas necesarias para conocer al verdadero Arthur Petrelli.

Caminó un par de metros más hacia la puerta, pero se detuvo al ver salir a una chica corriendo. La joven se dio la vuelta para ver si alguien la perseguía y sin darse cuenta, se chocó con Nathan.

Se apartó rápidamente, visiblemente asustada, mientras Nathan pudo ver a dos hombres que se detenían nada más salir del edificio al ver que la chica no estaba sola y tratando de disimular, volvieron al interior del edificio.

"¿Te encuentras bien?" Le preguntó por fin Nathan a la chica. Esta se lo quedó mirando, sin reaccionar todavía, pero cuando él puso su mano sobre el hombro de ella, la joven abrió los ojos de par en par y dio un paso hacia atrás para separarse de él. "Lo siento, no pretendía asustarte."

"No, tranquilo, estoy bien." Nathan miró las manos temblorosas de ella y como intentaba ocultarlo apretándolas una contra la otra. "Sólo he tenido un pequeño mal entendido ahí dentro."

"Pues nadie lo diría, estás temblando." Nathan se volvió a acercar a ella, pero la chica, de nuevo evitó el contacto con él. "Vamos, tranquila no voy a hacerte daño, ¿es que acaso te han hecho algo allí dentro?"

Al decir aquello, la joven se dio la vuelta hacia el edificio. Había salido de allí por los pelos. Si hubiera sabido a lo que realmente se dedicaban, jamás hubiera ido, porque ellos no le iban a ofrecer la ayuda que ella necesitaba.

Uno de los hombres que la había estado persiguiendo, volvió a salir y la miró, ante lo que ella dio un paso atrás chocando con el cuerpo de Nathan. "Tengo que irme. ¿No tendrás coche por un casual y estarías dispuesto a llevarme de vuelta a la ciudad?"

Nathan miró a la chica, debía de rondar los veinticinco años y estaba aterrada por mucho que no quisiera reconocerlo. Todo el cuerpo le temblaba y apenas era capaz de decir dos frases seguidas.

Quería ver a su padre, necesitaba hacerlo y hablar con él, pero no podía dejarla allí tirada. Entonces se dio cuenta, no había llevado ningún coche, había ido volando. En los últimos días, Nathan había comenzado a volar cada vez con mayor frecuencia. Ya no se sentía extraño haciéndolo, sino todo lo contrario.

Cuando Nathan no contestó a su petición, la chica se puso más nerviosa. El hombre de la puerta seguía ahí, mirándola y no tardaría mucho en decidirse en ir a por ella otra vez. "Vale te lo contaré todo, pero por favor vámonos de aquí antes de que se decidan a venir a buscarme."

"Al menos dime como te llamas y porque te buscan."

"Me llamo Lisa y tengo algo que ellos quieren. Digamos que no soy como el resto de la gente." Nathan no necesitó que le contara más para saber lo que estaba ocurriendo allí.

"Muy bien Lisa, con eso me vale, soy Nathan, pero tendrás que saber que yo tampoco soy como el resto de la gente. Tengo algún que otro secreto." Le ofreció la mano y aunque dudó un momento, finalmente se la tomó, momento en el que él la abrazó y salió volando.

Durante un momento, Lisa contuvo la respiración, aquello era totalmente nuevo para ella. Jamás se hubiera imaginado una cosa así. Miró al suelo, pero un instante más tarde cerró los ojos y ocultó la cabeza contra el pecho de Nathan.

"No te preocupes, enseguida estaremos lo suficientemente lejos como para volver a tierra firme. Dime una cosa Lisa, ¿Cuál es tu poder?" Intentaba calmarla. Comprendía perfectamente su reacción, no debía de parecerle nada seguro estar a varios miles de metros sobre el suelo volando con otro ser humano.

"¿Cómo… como lo sabías?"

"Porque me han contado parte de lo que hacen en PineHearts, fui a hablar con uno de sus jefes." De haber podido, en ese mismo momento, Lisa hubiera echado a correr. Aquello sólo podía ser una trampa, si ese desconocido tenía algo que ver con los laboratorios, ella tenía que estar lo más lejos posible de él.

Nathan se dio cuenta del creciente nerviosismo en su compañera de viaje y trató de calmarla. "No he dicho que trabaje con ellos. Es mi padre el que lo hace, creo que es el mandamás allí. Hasta hace dos horas, pensaba que estaba muerto y ahora resulta que se dedica a hacer experimentos con la gente. No ha sido muy agradable saber todo eso."

Por fin bajaron al suelo y Lisa aprovechó para separarse de él, todavía no estaba muy segura que le hubiera dicho la verdad. "Bueno, gracias por sacarme de allí, no se porque lo has hecho, pero gracias de todos modos, ha sido un placer conocerte Nathan."

Lisa comenzó a caminar. "¿Tienes donde esconderte?" Ella se detuvo en seco. "¿No esperarás que te dejen en paz? Te has escapado y la gente como mi padre y sus colegas no les hace gracia eso. Volverán a por ti no tardando mucho."

"¿Qué pretendes que haga entonces, que me esconda bajo tierra?"

"Podrías venir conmigo, tengo amigos que podrían cuidar de ti y nos vendría bien un poco de ayuda para acabar con PineHearts." Lisa miró a su salvador.

Intentaba descubrir si estaba diciendo la verdad o no y lo único de lo que estaba segura era que no le daba miedo. Al contrario que los doctores que había conocido en los laboratorios, este hombre parecía sincero, una buena persona y alguien de quien fiarse.

"Y mientras podrías decirme cual es tu poder, no has respondido a mi pregunta." Nathan alargó la mano hacia Lisa. Ella no tenía ningún sitio a donde ir, eso era cierto y realmente estaba atemorizada porque pudieran encontrarla otra vez, no quería volver allí.

Por fin, cogió la mano de él. "Entro en fase." La expresión de incomprensión de él hizo que Lisa continuara hablando. "Puedo atravesar cosas cuando quiero. Nunca me ha gustado ser así, yo simplemente quería ser normal, como todos los demás niños y que dejaran de decir que era un bicho raro.

Por eso vine aquí, decían que podían quitarte tu problema, ero al llegar aquí descubrí que lo que realmente querían era experimentar con nosotros, sacar el mayor provecho a nuestros poderes, para su propio beneficio. Me engañaron y me escapé gracias a mi poder."

Habían estado caminando mientras ella contaba su historia, pero ahora Nathan se había detenido, miró hacia atrás pero no vio a nadie. "¿Qué ocurre?" Preguntó ella.

"Creo que nos están siguiendo, debemos darnos prisa para ponernos a salvo."

Un momento después de haber dicho eso, Lisa apretó con fuerza su mano, que todavía no había soltado y le mostró a Nathan la mayor expresión de miedo posible, tras lo cual se desplomó en los brazos de él, mostrando en la base del cuello, un pequeño dardo tranquilizante.

Dos hombres aparecieron detrás de ellos, pero Nathan decidió no pararse a saber si habían sido ellos o no. Cogió en brazos el cuerpo de la chica y volvió a salir volando, demasiado rápido para que ellos pudieran reaccionar a tiempo.

Sabía donde ir, aunque La Organización no le gustara, era el único sitio seguro donde sabía que nadie intentaría jugársela, al menos allí tenía a Matt y podría llamar a su hermano si era necesario.

- o -

Cuando Mohinder se despertó, estaba sólo en el dormitorio. Se levantó, notando que la cabeza todavía le daba vueltas. Se fue hasta el cuarto de baño y se miró en el espejo. No se podía creer que fuera realmente él quien estaba allí, completamente normal, sin estar convirtiéndose en ningún tipo de monstruo y todo gracias a Sylar.

No lo comprendía, había intentado matarlo varias veces y no había tenido problemas para asesinar a su padre. Ahora resultaba que le salvaba la vida y que lo devolvía a la normalidad. Aquello no tenía sentido.

Salió al salón, apoyándose todo el rato en la pared, pues no estaba del todo seguro de poder mantener el equilibrio sin problemas. Entonces vio la mesa preparada y Sylar saliendo de la cocina con dos platos en la mano. Se lo quedó mirando sorprendido.

"Iba a despertarse ahora mismo, quería darte una sorpresa con la comida, pero por tu cara diría que ya te la has llevado." Tras dejar los platos sobre la mesa, Sylar se acercó a él y lo cogió del brazo.

El cuerpo de Mohinder se tensó, pero al estar todavía débil, dejó que le acompañara hasta la mesa. "¿Por qué haces todo esto?"

"Ya te lo dije, tenía que salvarte la vida, no podía dejarte allí y ahora, eres mi invitado y tengo que tratarte bien."

"Deja de decir tonterías, después de haber intentado matarte tantas veces, después de lo que le hiciste a mi padre y a sólo dios sabe cuanta gente más, no puedes aparecer aquí, preparándome la comida y haciendo del perfecto anfitrión."

"¿No te cabe en la cabeza que haya podido cambiar?" En cuanto Mohinder estuvo sentado, Sylar se arrodilló frente a él.

"¿Cambiar tu? Vamos por favor, eres un asesino, no sabes hacer otra cosa, es lo único que se te da bien." Sylar apretó las manos sobre las piernas de Mohinder, aquello le había hecho daño pero no iba a saltar sin más.

"Pues estás muy equivocado porque he cambiado, ahora que he descubierto quienes son mis padres y que no tengo porque matar para conseguir los poderes, soy un hombre nuevo."

"No me lo creo."

"Te lo demostraré."

"¿A sí, como? Si se puede saber." No supo porque lo hizo, pero tras escuchar eso, Sylar tan sólo pudo hacer una cosa. Se incorporó y besó a Mohinder de una forma larga e intensa. El profesor no contestó, no se movió, no reaccionó, porque realmente se había quedado de piedra.