Le chapelier flou

Todas las sesiones del curso Personajes Monstruosos tenían lugar los viernes por la tarde. Emma realmente no se dio cuenta de que su día pasaba, y se encontró con varios alumnos que no tenían pinta de estar contentos de estar ahí. Todos temían a la profesora Mills y un silencio ensordecedor reinaba en el aula de clase cuando ella comenzó su lección.

Terminó de pasar lista con el nombre de Emma

-¡Definitivamente, Miss Swan, ya no vamos a dejarnos!- se burló ella arqueando divertida una ceja

Emma sonrió discretamente.

-Si tú supieras…- pensó

-La razón de este curso es ver por qué un personaje se convierte en "monstruoso", por qué un malvado se convierte en malvado…

Cada palabra importante era seguida de un golpe de tacón en el suelo. Ella se desplazaba serpenteando por el aula.

-…un malvado no se construye al azar, el autor, el escritor crea la maldad de su personaje inventándole un pasado que le da las claves de esa maldad. Vuestro examen consistirá en hacer el retrato de un malvado que os inventaréis, crearéis, modelaréis. Vosotros os convertiréis en escritores.

Ninguna reacción se hizo presente en la clase y ella suspiró

-¡Venga, chicos, fingid que estáis entusiasmados!

-¡Wow, wow!- gritó un alumno levantando pesadamente los brazos

Ella no pudo evitar que una sonrisa atravesara sus labios

-Gracias, señor Potter

Ella volvió a su mesa y cogió una tiza

-¡Primer personaje, la Marquesa de Merteuil! ¿Alguien conoce a este personaje?...¿Señor Evans?

-Es el personaje de Las Amistades Peligrosas

-En efecto, os voy a repartir algunos fragmentos y tendréis el tiempo que nos queda para intentar determinar por qué es un personaje clasificado entre los maquiavélicos/monstruosos y después veremos si estamos de acuerdo…


Al final de la clase, Emma se apresuró a subirse en la bicicleta que Elsa le había regalado y pedaleó hasta el Chapelier flou situado en los límites de la ciudad.

Jamás había puesto los pies allí, pero enseguida apreció el lugar. La fachada había sido confeccionada como la de un pub inglés. Los ventanales estaban pintados de negros y las letras doradas decoraban la parte alta de la puerta. En el interior, había espacios diferenciados. En la planta baja, la sala se dividía en dos espacios, por un lado pequeñas mesas de madera estaban separadas por mamparas de cristal pulido y al otro lado, largas mesas alrededor de las cuales habían sido dispuestos bancos formando un espacio abierto. Po supuesto, la barra estaba bordeada por altos taburetes plateados. En la parte de arriba, solo había sillones hundidos y pequeñas mesas bajas.

Jefferson, el dueño del bar, acogió calurosamente a Emma y le dio un rápido paseo por las instalaciones. Después, le dio un delantal y comenzó a hablarle de sus horarios.

-Euh…pero…¿creía que venía a una entrevista?- lo interrumpió Emma

-Ah, euh…No, es que…no tengo tiempo para entrevistas, así que comienzas esta tarde, si te las apañas bien, te quedas, si no, te mandaré a casa.

-Pero…yo nunca he hecho esto- avisó la rubia desorbitando los ojos

-Grace te ayudará, ¡Grace!- llamó alzando la voz –Es mi hija. A veces me echa una mano.

La joven salió de la cocina, debía tener unos veinte años y sus largas piernas le permitieron cubrir rápidamente los metros que la separaban de Emma. Ella la recibió con una sonrisa amable y le tendió un pequeño cuaderno.

-Bien, este es tu bloc de notas. Siempre debes llevarlo contigo. Cuando llegues a una mesa, preguntas a los clientes si quieren comer o beber algo. Generalmente, cuando quieren beber, piden directamente en la barra, pero puede pasar que algunos se instalen esperándote. Así que, cuando llegues a una mesa, les das las cartas y te vas a hacer otra cosa, miras regularmente a la mesa para ver si han terminado de mirar la carta, vas a verlos, tomas las comandas y escribes lo que los clientes han pedido en tu bloc. Después, das tu nota ya sea al barman si se trata de bebidas, o en la cocina si son platos.

Había dicho todo gesticulando mucho y Emma se preguntó por un instante qué pasaría si se le atara las manos…Volvió en sí y se le ocurrió una pregunta que hacer.

-¿Y si los clientes quieren comer y beber?

-Se lo dices al barman y pones la nota en la cocina, ¡así es como todo funciona!

Grace le dio alguna otra instrucción antes de que la campanilla del bar sonara.

-¡Toma, ahí tienes tus primeros clientes! ¡Ve a recibirlos!


La tarde-noche iba a buen ritmo, Emma encadenaba las mesas y no veía el tiempo pasar. Alrededor de las 22:00, hubo algo de descanso y pudo respirar algunos minutos. Grace le hizo algunos comentarios sobre la manera de abordar a los clientes y le dio algunos prudentes consejos, después la dejó que volviera a los clientes que acababan de entrar.

Emma se quedó parada al ver a los recién llegados, sintió que iba a desmayarse y se maldijo interiormente por haberse presentado como trabajadora en aquel bar. Regina Mills acompañada de Will Scarlet, el profesor de Educación Física, acababa de entrar por la puerta.

-¡Muévete, Emma!- susurró Grace

La pequeña rubia tomó el toro por los cuernos y caminó hacia la barra donde los dos habían decidido sentarse.

-Buenas noches, bienvenidos al Chapelet fou…euh…Ratelier fou…perdón…Bienvenidos al Chapelier flou, ¿en qué…en qué puedo servirles?- preguntó intentando ignorar las miradas atravesadas de Jefferson

-¡Oh! ¡Miss Swan, vaya, vaya!- canturreó la morena enarbolando una sonrisa contenida

-¿Swan? No puede ser verdad, ¿qué haces tú aquí?- rezongó el profesor de deporte viendo esfumarse su velada romántica

-Yo…trabajo aquí, es mi primer día

-¿Ah sí?- lanzó Regina, sorprendida depositando un beso en la mejilla de Jefferson para saludarlo. Aparentemente, eran amigos.

-¡Vaya por Dios!- pronunció Will mirando un poco más lejos para ver si podía escaparse de la mirada de la joven

-¡Vamos a ponernos un poco más allá, eh Redge!

Emma prestó su atención en el apelativo que Will Scarlet acababa de emplear.

-Sí, vamos, Miss Swan, tráiganos un Bloody Mary para él y una caipirinha para mí con doble de manzana

-¡Muy bien!

De repente, Regina se inclinó sobre la barra para acercarse al oído de su alumna y durante algunos segundos, Emma sintió el indescriptible perfume de la joven.

-¿No lo anota, Swan?- murmuró ella a la muchacha

-Hein…euh sí. ¡Lo anoto!

Ella garabateó algunas letras en su cuadernillo y miró a los dos profesores alejarse.

-¡Buenas noches, Grace!- dijo Regina pasando por delante de ella

-¡Hola!

Emma bajó la cabeza y tendió la hoja a Leroy, el barman.

-¡Le Chaplet fou, me gusta mucho!- dijo él para reconfortar a la adolescente –Euh…¿podrías escribir algo más que simples…garabatos?- le dijo devolviéndole la hoja

Desgraciadamente para ella, el calvario no se detuvo ahí. Tuvo que llevar las bebidas a la mesa de Regina y Will y rezó para no dejar caer los vasos. Al llegar a la mesa, percibió que Will había deslizado una de sus manos sobre la rodilla de su profesora y esta sonreía, apreciando probablemente algo que él había dicho. ¿Sería él a quien Emma había escuchado gritar por teléfono a la profesora Mills? ¿Sería por su culpa que ella, al día siguiente, tenía los ojos enrojecidos?

-¡Aquí están las bebidas!- dijo ella alzando la voz para que se separaran

-¡Swan!- refunfuñó Wil entre dientes sobresaltándose

Ella dejó las bebidas así como la cuenta y se marchó sin decir nada más.

-Grace, necesito…una pausa- resopló pasando por delante de la joven

Esta le mostró la puerta disimulada por una cortina plateada. Y Emma corrió hacia ella, con una mano sobre su corazón. No sabía por qué estaba tan conmocionada. Solo eran dos profesores del instituto. Quizás fuera el hecho de trabajar. Después de todo, nunca lo había hecho antes, y era angustioso encontrarse en medio de un bar con comandas que se sucedían unas tras otras. Suspiró, y notó algo en el bolsillo posterior de los vaqueros, sacó una caja de caramelos y decidió abrirla para ganarse un pequeño consuelo. Tenía los ojos brillantes por las lágrimas y estampó sus palmas contra sus párpados. Intentó centrar su atención en lo que la rodeaba. Se trataba de la parte de atrás del bar, no era un callejón sin salida, pues si se giraba hacia la derecha, se podía alcanzar el aparcamiento. Resopló varias veces y se levantó para volver a su trabajo antes de que fueran a buscarla.

Cuando tenía la mano sobre el pomo de la puerta, escuchó algunas voces en el aparcamiento.

-¡Si alguien lo ve aquí, tendrá graves problemas!- gritó una voz de mujer

-¿De verdad? ¿Me amenazas?- respondió un hombre, visiblemente muy descontento

-Escuche, lo mejor sería que se marche, y que…

-Tú, ¿tú me vas a decir lo que debo hacer?- cortó la voz masculina

Emma se apartó de la puerta y se dirigió al acceso al aparcamiento. Se recolocó sus gafas sobre la nariz para ver mejor lo que ocurría.

El hombre caminaba de un lado a otro, furioso. Su chaqueta de cuero relucía bajo la luz de los neones instalados fuera del bar.

De espaldas a Emma, la joven mujer estaba incómoda, intentaba retroceder para estar fuera de su alcance, pero al ver lo que hacía, él le agarró violentamente el brazo y ella lanzó un pequeño grito de sorpresa. Emma, a menudo, había presenciado accesos de violencia en las familias de acogida, reconocía de lejos las señales de una disputa que va a degenerar o sencillamente cuándo había que comenzar a protegerse el rostro porque los golpes iban a llover. Percibió sin ninguna dificultad la cólera que brillaba en los ojos del hombre y corrió hasta la pareja.

-¡Suélteme!

-¡Hey!- dijo ella tranquilamente alzándose sus gafas.-¡Le ha dicho que la suelte!

Emma era alta, eso le daba puntos a su favor porque incluso los más idiotas dudaban en enfrentase a ella. Además, el hecho de que se pusiera a gritar quizás disuadiera al hombre que estaba frente a ella.

Los dos se giraron hacia la rubia y esta se frenó en su avance.

Regina Mills estaba frente a ella, su rostro contrariado pasando a la sorpresa. Emma dudaba ahora en meter sus narices en los asuntos de la morena, pero no podía dejar que ese hombre la maltratara.

-¡Le aconsejo que se meta en sus asuntos, pequeña idiota!-gruñó el hombre acercándose a Regina

Sin reflexionar, Emma agarró el brazo de su profesora para tirarla hacia ella y hacerle de escudo con su cuerpo.

-¡Swan, no haga eso!- previno Regina intentando volver a ponerse delante de ella

Emma no la dejó hacer y se enderezó para parecer más impresionante.

-O se esfuma, o grito lo suficientemente fuerte para alertar al bar y me parece que dos o tres polis están tranquilamente degustando una copa en una mesa justo detrás de los ventanales.

Regina estaba estupefacta ante la audacia de la jopen y más aún de la fuerza de la que hacía gala para mantenerla tras ella.

El hombre lanzó una mirada atravesada hacia Regina Mills.

-Nos veremos- dijo de forma amenazadora antes de darse la vuelta, furioso de que una sencilla muchacha le impidiera darle una buena corrección a la directora adjunta.

El corazón de Emma latía rápidamente y sentía su pulso latir en sus oídos.

-¿Todo bien?- preguntó girándose hacia la morena que aún seguía al hombre con la mirada

Lo vio llegar a su coche, furibundo.

Esperó a que el coche dejara el aparcamiento antes de girarse hacia su alumna. Se pasó una mano por los cabellos y exhaló profundamente. Abrió la boca para responder, pero una voz la cortó, salida de ninguna parte.

-Emma, ¿qué estás haciendo? – gritó Jefferson desde la callejuela que daba a la parte de atrás del bar –No es el momento de estar charlando con las…¿Regina?

-No le reproches nada, Jeff, estaba ayudándome

Regina aún tenía la mirada en el vacío, lo que pareció inquietar al dueño del bar.

-¿Ayudándote con qué?

Regina desplazó rápidamente su mirada hacia Jefferson, después hacia Emma, haciéndole comprender que se callara.

-Miss Swan me ayudaba a …

Su cerebro daba vueltas al ralentí y se maldijo interiormente por haber pedido aquella caipirinha.

-¿Sí?

-¡A deshacerse de una mancha!- respondió Emma, al verla en apuros

Regina reviró los ojos y en seguida se focalizó en Emma, cruzando sus brazos sobre el pecho. Hubo un corto silencio durante el cual la joven pasó su peso de un pie a otro, incómoda.

-¿De dónde?- preguntó Jefferson inclinando la cabeza

-¡De un sitio que no puedes ver!- dijo Regina caminando hacia él

Él desorbitó los ojos y su boca casi estuvo a punto de desencajarse. Emma, por su parte, no estaba diferentemente.

-¡En la espalda!- explicó ella al llegar a él

-¿Me tomas por Blanca Nieves?

Ella suspiró, puso expresión de hastío y respondió en tono seco.

-Escucha, necesitaba tomar el aire, y no me sentía muy bien, hacía mucho calor en tu bar, Miss Swan ha venido amablemente a ayudarme a sentarme en esa caja después de que casi me desmayara en tu callejón- dijo ella señalando a una caja tras ellos que no tenía pinta de aguantar el peso de nadie.

En el rostro de Jefferson apareció una expresión de culpabilidad y llevó una mano al antebrazo de la morena

-¿Oh? Pero, ¿estás mejor ahora? ¿Te sientes bien? ¿Quieres algo de…?

-Jefferson- corto ella separándose suavemente –Es por eso que no quería ponerte al corriente, te inquietas por nada…

Jefferson pareció satisfecho con la respuesta dada y se hizo a un lado para dejar entrar a las dos mujeres.

-¡Bueno, gracias Miss Swan por su ayuda!

Emma permaneció en silencio. Estaba estupefacta por lo que acababa de pasar y sus piernas se negaban a moverse. Jefferson hizo resonar su lengua y ella decidió entrar en el bar.

Fue asaltada por el calor y la sensación fue desagradable, el vaho subió a sus cristales y se los quitó para no chocar con nadie. Volvió a ponerse atrás de la barra y se quedó callada, limpiando algunos vasos intentando pensar en otra cosa.

Quizás era aquel el hombre al teléfono…Emma se estremeció, para nada tenía apariencia amigable y era un hombre violento. ¿Regina Mills estaba metida en asuntos sucios? ¿Quién era ese hombre para ella? ¿Qué quería él?

Algunos minutos más tarde, Regina y Will se dirigieron a la barra y la mujer tendió un trozo de papel a Emma quien, al cogerlo, se encontró prisionera de la otra mano de Regina Mills.

-Gracias, miss Swan, por lo de hace un momento

-Euh…De nada

Regina le lanzó una adorable sonrisa, una sonrisa franca y Emma creyó desmayarse. La vio salir y vio a sus dos profesores separarse para coger cada uno su coche. Al ver eso, no pudo evitar sentirse aliviada.

Después, bajó la mirada hacia el trozo de papel que la directora le había deslizado en la mano. Se trataba, de hecho, de un billete de cien dólares. Emma abrió de par en par sus ojos y se dirigió hacia Jefferson.

-Euh…acaban de darme esto

-¿Por las bebidas?

-No…las bebidas fueron cobradas por Grace

-Eh, bien…¡es para ti!

-¿Para mí?

Jefferson sonrió ante la ingenuidad de la joven.

-No serás tú la hija de Blanca Nieves, ¿verdad?

-¿Hein?

-Es lo que se llama una propina. Es lo que la gente deja cuando salen contentos con tu servicio.

Al final de la noche, Jefferson anunció a Emma que estaba contratada, y extrañamente, eso no tranquilizó a la rubia. Cogió su bici y miró su reloj. Medianoche. El toque de queda de Linda acababa en media hora. Tendría que darse prisa. Subió a su bicicleta y pedaleó a toda velocidad.

El día de clase de mañana se presagiaba difícil. Ruby estaría ausente y no podría mantenerla despierta, en cuando a Belle, demasiado concentrada en la clase, no era de ninguna ayuda a Emma. Asombrosamente, la clase en la que no le costaba para nada mantenerse despierta era la de la profesora Mills. Estaba contrariada al haber visto que la joven se comportaba de maravilla y parecía haber tenido una agradable velada. No puedo evitar pensar que Scarlet y Mills seguramente se hubieran reunido en casa de alguno para enamorar tranquilamente. Sin saber por qué, sentía nauseas por eso y le daba asco al pensar que Scarlet ni merecía tocar una cucaracha…imagínense desear a Regina Mills.

En realidad, no solo estaba contrariada, hervía en su interior y le costaba concentrarse en las palabras de su profesora. Se sintió aliviada cuando encendió el televisor para mostrarles una película sobre la evolución de la historia literaria.

Emma observaba a su profesora en la oscuridad y escrutaba su rostro. Descendió su mirada hacia las manos de la joven y volvió a ascender hacia sus ojos. Estos la miraban. Ella se mordió el labio y giró rápidamente la cabeza hacia la televisión. Escuchó que la joven se levantaba y se desplazaba hacia el fondo del aula. Al estar la silla de Ruby vacía, Regina se tomó la libertad de sentarse. Emma ya no se atrevía a moverse, e intentaba calmar su respiración agitada. Tragó saliva con dificultad y se agarró al borde de su mesa.

Evidentemente, no pasó nada y al finalizar la clase, Mills apagó la tele desde su sitio, un alumno se levantó para encender las luces y Regina esperó a que todo el mundo saliera. Una vez más, Emma se demoró y Belle corrió hacia la clase siguiente.

Regina Mills tenía los brazos cruzados y miraba a Emma, visiblemente divertida, retuvo una risa. Emma sacó el billete de cien dólares y se lo tendió a su profesora.

-¿Qué significa esto?- preguntó la estudiante con el brazo aún extendido

Regina fingió que lanzaba una ojeada y se pellizcó los labios, una reflexión intensa, pero falsa colocada en su rostro.

-Es un billete de cien dólares, Miss Swan, si no es capaz de verlo por sí misma, es…

-No, quiero decir por qué- cortó Emma

Regina no comprendía a dónde quería ir a parar la adolescente.

-Es una propina.

-Sí, gracias, pero las propinas son generalmente un 95% menos elevadas.

-Ya, pues en mis clases, el nivel es generalmente dos veces superior, ya ve, a menudo la vida nos sorprende, Miss Swan- replicó la joven levantándose y llevándose una mano a su vientre para alisar su camisa que se había arrugado al estar sentada.

-¿Es para comprar mi silencio?

Regina la atravesó con la mirada. Una vena palpitaba en su frente, presagiando su futura cólera.

-¿Su qué?- preguntó ella detallando cada sílaba

-¿Para que no diga nada de lo que vi anoche?

Regina no pensó ni por un instante que Emma se atrevería a hablar de lo ocurrido la víspera. Caminó hacia su mesa para recoger sus cosas, para nada divertida con la situación.

-¡No quiero este soborno!- afirmó la rubia tendiendo de nuevo el trozo de papel bajo la nariz de su profesora

-¿Soborno? ¡Swan, cómo se atreve! Para nada se trata de un soborno.

-Francamente, yo…

Regina se giró repentinamente, haciendo retroceder a Emma varios pasos. La morena tenía una mirada asesina y jamás alguien había impresionado tanto a Emma. Se parecía a un volcán. Terriblemente bella, pero también terriblemente peligrosa, lista a estallar en cualquier momento.

-Miss Swan, no he hecho nada reprobatorio, usted no me sorprendió haciendo un acto castigado por la ley, ni de dudosa moral, que yo sepa, no veo por qué tendría que darle un soborno- su tono era seco, sin cuestionamientos.

Aturdida, Emma dejó caer su brazo. La profesora Mills tenía el don de fundirle las neuronas, ella alzó la mirada hacia su impasible rostro y carraspeó.

-Aquel…aquel tipejo

-¡Miss Swan, su vocabulario!

-Aquel…aquel hombre, ¿qué quería de usted?

-Entramos en la esfera privada, jovencita, y no lo toleraré. A clase, o puede verse otra vez aterrizando en mi despacho.

Emma frunció el ceño y decidió marcharse.


Las semanas pasaron tranquilamente, Emma no dejaba de vigilar a Regina Mills, quería tanto saber más sobre esa mujer que sospechaba de todo. Felizmente, su trabajo en el bar le permitía vigilarla aún más y no dudaba en memorizar a las personas con quien la joven morena iba.

Paralelamente, cada día, Emma anotaba sobre su calendario lo que había ganado con su trabajo en el bar. Por norma general, tenía que alcanzar la suma total para su viaje en marzo. Era demasiado tarde, pero decidió hablar de ello con el director Stromboli para ganar una prórroga suplementaria. Tras haber comprobado la caja del instituto delante de ella y haber gruñido un par de veces, finalmente le había concedido la prórroga. Salió del despacho, feliz por poder ir a ese viaje, que además le permitiría escarpar de esa familia de acogida durante dos semanas. En casa, la vida continuaba y Emma estaba agotada físicamente entre su trabajo en la escuela, después su trabajo en el bar, y para acabar, tenía que ocuparse de los niños hasta la hora de acostarse, pues a Linda en realidad poco le importaba lo que fuera de ellos.

Esos períodos eran los peores. Linda siempre estaba borracha, pero no dudaba en golpear a los niños si desobedecían una regla. Por eso, todas las noches, ella se daba prisa en volver del trabajo, por miedo a sufrir un castigo severo, pero siempre llegaba a la hora, sin respiración, pero a la hora.

Su trabajo en el bar no era muy difícil, pero había que correr sin descanso de mesa en mesa, comprobar que a los clientes no les faltara de nada, que estuvieran satisfechos y sobre todo que pagaran su consumición.

Cada noche, Emma esperaba ver si «Millsy»- como se divertía en llamarla Ruby- franqueaba la puerta y a menudo, venía en compañía de los profesores Scarlett, Blanchard y Nolan, así como de la enfermera del insti. Jefferson a menudo se unía a la mesa y pedía a Emma que les sirviera algo de beber gratis. Él le había propuesto que se uniera a ellos, pero la estudiante, aterrorizada por encontrarse entre cuatro de sus profesores, se esfumaba rápidamente bajo la mirada de su profesora preferida.

Emma estaba lejos de ser idiota y se daba cuenta de que algo la atraía de su profesora de literatura. Finalmente había comprendido que no era por casualidad que su vientre se cerrara y su corazón se embalara al verla, y que sus ojos la buscaran por los pasillos.

Emma Swan sentía atracción por alguien por primera vez en su vida. Guardó todo eso para ella, no estaba preparada para contárselo a nadie.

De todas maneras, había regido su vida sola desde su infancia. Cuidaba mucho de desvelar sus emociones y cuando tenía un problema, tenía que solucionarlo sola, ni se le pasaba por la cabeza pedirle ayuda a nadie.

Por su parte, Regina Mills notaba las insistentes miradas de la muchacha, pero las había achacado al interés de aquella por observar el mundo. Muchas veces, cuando había visto a Emma en la cafetería del instituto o incluso en clase, había reparado en que la muchacha se quedaba en silencio con sus amigas, casi retraída observando lo que la rodeaba, con una pálida sonrisa en sus labios. La fragilidad escondida de la rubia la hacía hacerse preguntas, Emma Swan no era una estudiante como las demás, estaba segura de ello, escondía una grieta inmensa. En algunos sentidos, Emma le recordaba un poco a ella.


Esa tarde, después de haber pasado un excelente día, Emma volvió a casa para cambiarse antes de ir al trabajo, encontrándose a sus compañeros con cara de entierro.

-¿Qué ocurre?- preguntó lanzando su mochila a una esquina de la habitación

Elsa sujetaba a Anna por los hombros, la pequeña parecía inconsolable. Ella, que siempre desprendía alegría. Emma sintió su vientre retorcerse.

-Han encontrado a su tía- dijo Joy, con cara de disgusto

-¿Y?- preguntó Emma que quería saber más

-Vive en Yellowknife, en Canadá, y quiere que vamos a vivir allí. En fin, en realidad no nos deja elección.

-Pero…es lo que queríais, ¿no? ¿Vivir con vuestra tía?

-Sí, pero aquí, no a miles de kilómetros- lloriqueó Anna

-Anna quería quedarse cerca de nuestros padres…- explicó Elsa acariciando la espalda de su hermana

-¡Vuestros padres murieron en el mar, así que no veo lo que os retiene aquí!- lanzó Nathan con voz arrogante

-¡Cretino!- insultó Joy

-¡Pequeño cabrón!- añadió Amber

-¡Basta!- gritó Emma para restablecer el orden

Cuando todos se calmaron, ella intentó hablar serenamente

-¡Tenéis que ir! Tenéis la suerte de tener a alguien de vuestra familia para cuidaros. Es lo que todos desearíamos, así que marcharos de aquí en cuanto podáis. Sois demasiado buenas para estar en una familia de acogida.

-Todos somos demasiado buenos para estar aquí, pero vosotras, tenéis la suerte de poder marcharos., así que, ¡venga!- añadió Joy

Elsa alzó la cabeza y las lágrimas aparecieron en el fondo de sus ojos. Sus labios temblaron.

-Ella lo ha organizado todo, nos marchamos el lunes

EL mundo cayó sobre los hombros de Emma

-¿Ya?- dijo asombrada

Había sido cogida algo de improviso, normalmente tomaba muchos más tiempo que los niños fueran retirados de las familias de acogida, pero la tía de Elsa y Anna habría recurrido a sus contactos, seguro.

Elsa insistió en acompañar a Emma fuera de la casa para conversar más tranquilamente con ella.

-¿Linda armó escándalo?- preguntó Emma lanzando una ojeada a la puerta de la habitación de los padres de acogida

-Sí…un poco

-¡Estaba orgullosa de tener bajo su techo a una pequeña estrella del patinaje!- bromeó Emma acariciando el hombro de Elsa para mostrarle su cariño.

-Hum…- gruñó su amiga

Emma de repente cayó en la cuenta

-Oh, pero…¿cómo harás con el patinaje?

Elsa se encogió de hombros y las lágrimas volvieron inmediatamente a sus ojos.

-No lo sé…apenas conozco a mi tía…a lo mejor, ella querrá que lo deje. Sé que hay buenos equipos allí…Buenos equipos juniors, pero…francamente, no sé si voy a volver a patinar un día.

-Escucha…Elsa, ahora tengo que irme a trabajar, pero estoy segura de que tu tía va a dejar que continúes con tu pasión. Era la hermana de tu madre, ¡no puede ser mala!- declaró Emma sacudiendo su cabeza. Todo le parecía tan lógico.

Elsa le hizo una rápida señal con la cabeza antes de decirle que se diera prisa para ir al trabajo. Emma se alejó a grandes pedaladas para no llegar tarde.

El bar estaba particularmente vacío esa tarde, lo que hizo que Emma estuviera más vaga. La velada prometía ser larga, Elsa y Anna venían a su memoria continuamente, tenía la impresión de que una parte de ella misma se desvanecía. Siempre era difícil ver partir a quien se quería.

Se había instalado en una mesa para revisar y continuar con su disertación sobre el personaje de Merteuil, pero sus pensamientos divagaban sin cesar. Ni siquiera uno de los paquetes de sus caramelos preferidos lograba levantarle la moral.

-¡Parece preocupada, Miss Swan!- dijo una voz grave a su lado

Regina Mills se había sentado en un taburete y la miraba fijamente. Emma frunció el ceño, ¿desde hace cuánto estaría observándola?

-Quizás, ¿qué le pongo?- preguntó la rubia de manera profesional abandonando sus hojas y dirigiéndose hacia la barra en la que Regina estaba apoyada ahora.

-¡Un vaso de sidra!

-Muy bien

-Está muy vacio el bar esta noche…- comenzó Regina mientras Emma preparaba su bebida

Emma se sorprendió y miró por el rabillo del ojo a su profesora. Se había puesto un vestido negro que parecía haber sido confeccionado para ella, sus curvas estaban perfectamente dibujadas y aunque el vestido no desvelaba nada, dejaba espacio para la fantasía. Emma sacudió sus rizos rubios.

-Sí, por eso Jefferson me ha dejado cerrar sola, y hoy no hay barman.

-¡Wow, la casa es suya, se diría!

-Sí, mía y del cocinero- precisó la rubia con un signo de su pulgar en dirección a las cocinas.

Un silencio se instaló y Emma comprobó que ningún cliente la necesitara.

-¡No parece muy cómoda! ¿Quiere hablar?

-Entramos en la esfera privada y creo que a usted eso no le gusta- replicó Emma con voz dura

Regina entrecerró los ojos y durante un segundo, Emma pensó que la iba a estrangular. En lugar de eso, su profesora carraspeó

-Punto para usted, Miss Swan

De repente, los ojos de Emma resplandecieron de malicia. Sonrió diabólicamente y fijó su atención en la morena.

-Tengo una idea, ¡juguemos a algo!

-¿Un juego?- gruñó Regina

-Sí, un juego, nos hacemos mutuamente preguntas y si la otra se niega a contestar, ¡debe beber a palo seco!

-¿Beber qué exactamente?- pregunto la morena, escéptica.

-Chupitos- dijo Emma colocando una veintena de chupitos sobre la barra

Ella esperaba que la morena no le diera una bofetada por haber propuesta esa idea.

-¿Cree de verdad que voy a jugar a esto con una de mis alumnas?- preguntó ella arqueando una ceja que hizo temblar a Emma.

-No, pero con la camarera de una bar, ¿por qué no?

Sin saberlo, Emma no podía haber atendido más a los deseos de Regina Mills, ella, que había venido a conocer un poco más de la rubia, se encontraba con una propuesta clara de la muchacha; no se habría esperado tanto.

-Muy bien- aceptó con voz cálida

-¡Yo empiezo!- se adelantó Emma sirviendo. Hizo un esfuerzo para pensar en una pregunta sencilla para comenzar el juego tranquilamente -¿Desde hace cuánto que vive en nuestra encantadora ciudad?

-Tres años

Regina posó sus manos en la barra y pensó a su vez en una pregunta simple.

-¿Desde hace cuánto que Ruby y usted sois amigas?

-Hum…tres años también. ¿Por qué ser profesora?

Regina suspiró, ya se estaba aburriendo.

-No lo sé muy bien, sin duda porque amo transmitir mis conocimientos.

-¡Buena respuesta!

-También lo creo. ¿Qué mote me dan los alumnos?

Emma tragó con dificultad y buscó una mentira rápidamente. Excepto los que estaban en clase de refuerzo, todos la llamaban «Ice bitch». Sin duda, se debía a su frialdad y sus maneras secas. Decidió no mentir y encontró el mote que Ruby le había dado.

-Millsy

Regina se sorprendió y frunció el ceño

-¿Millsy? ¿Como si…fuera un…peluche o algo parecido?- dijo asombrada frunciendo el ceño. No tenía por costumbre llevar motes ridículos y se dijo que tenía que remediar eso lo más rápido posible.

-Euh…sí

Regina entrecerró los ojos y arrugó la frente. Dudó por un instante de la veracidad de las palabras de Emma y decidió atacar con una pregunta más directa la próxima vez.

-¿Desde hace cuánto tiempo que es amiga de los profesores Blanchard y Nolan?

-No sé hace cuánto exactamente. ¿Por qué vino en mi ayuda el otro día?- cortó Regina al ver que Emma abría la boca para replicarle que no había respondido a la pregunta. Apreció el efecto de la sorpresa.

-Euh…porque parecía estar en peligro

-¿Ayuda a todos los clientes en peligro?- preguntó la morena molesta

-¡Hey, es mi turno! Euh…¿sabe bailar?

-¡Evidentemente! ¿Quién no sabe bailar?

-¡Yo!

-Entonces, ¿ayuda a todos sus clientes?- retomó Regina tranquilamente

-¡Me toca a mí!- previno Emma

-¡En absoluto!

-¡Sí! Usted ha preguntado quién no sabría bailar y yo he respondido que "yo"

-¡Eso no era una pregunta!

-¡Por supuesto que sí!

Se enfrentaron con la mirada durante un instante y Emma retomó

-¿Estaría dispuesta a hacerme una demostración de sus talentos como bailarina?

-No

-¡Ah, a beber!

-No, yo he respondido a su pregunta, ¡la regla del juego no incluía acción!

Emma dejó caer sus hombros, desilusionada.

-Punto para usted- confesó –Y no, no ayudo a todos mis clientes, solo a aquellos que parecen estar en verdadero peligro, y…estoy contenta de haberla ayudado.

Hubo un corto silencio en el que Regina escrutó a la joven que, visiblemente, no sabía dónde meterse. La morena decidió continuar con el juego y se enderezó un poco para quedarse perfectamente perpendicular con el suelo, adquiriendo una apariencia elegante y regia.

-Mi pregunta: ¿qué le atormenta esta noche?

Emma se desinfló

-Me han dado una mala noticia antes de entrar a trabajar y no logro sacármela de la cabeza. ¿Quién era el hombre del otro día?

Después de todo, había sido Regina quien había sacado el tema primeramente esa noche, Emma no tenía sino que hundirse en la brecha.

-Miss Swan…se está haciendo demasiado…

-…¿personal? ¡Beba entonces!- dijo Emma señalando con el mentón un vaso

Regina alzó el vaso y vertió el contenido en su garganta, hizo una mueca y volvió a dejar el recipiente en la barra.

-¡Está asqueroso!- dijo la morena haciendo una mueca y secándose la boca con la ayuda de una blanca servilleta. Un poco de su labial rojo quedó en el pedazo de papel y Emma no pudo evitar sonreír.

-¿Cuál es la verdadera razón por la que no puede ir al viaje escolar?- retomó la directora adjunta

Emma imitó a su profesora y se tragó el líquido de un solo golpe, manteniendo sus gafas para que no se deslizaran hacia atrás cuando inclinó la cabeza.

Cuanto más avanzaban las preguntas, más les costaba responder, no a causa del alcohol, sino porque las preguntas se volvían demasiado personales. Solo quedaban dos chupitos sobre la barra y era el turno de Emma. Tenía los ojos brillantes. Tomó valor y soltó el aire acumulado en sus pulmones.

-Tengo una pregunta y me gustaría de verdad que la respondiera.

Regina clavó su mirada en la de su alumna, ella sabía que podía hacerla flaquear solo con mirarla. Posó sus manos en la barra, lista para afrontar la pregunta de Emma.

-¡Suéltela!- ordenó

-¿Acaso el hombre de la otra noche quería hacerle daño?

La sonrisa de Regina se borró y todavía manteniendo el contacto visual, vació su segundo vaso seguido, después declaró

-¡Creo que ha ganado el juego, Miss Swan!

La rubia pareció muy desilusionada y miró a la joven abandonar el bar sin darse la vuelta.

La vio dirigirse hacia una esquina del aparcamiento donde su coche debía estar aparcado.

Regina suspiró y tiró su bolso en el asiento de atrás. Se sentía una idiota. Salir para ir a charlar con una alumna, todo eso para conocer un poco más sobre ella porque le intrigaba su comportamiento…¡una alumna!

Golpeó el volante violentamente y se dejó caer en el asiento. Después, se pellizcó el labio inferior entre sus dientes dándose cuenta de repente de una cosa: le gustaba mucho Emma Swan. Había que remediar eso lo más pronto posible y la única manera era instaurando una distancia razonable…