Cuestión de Honor. Recuperando una vida. CAP. 4

A pesar de estar furioso, la rabia y la ira no se reflejaban en el rostro del Kazekage, permaneciendo a primera vista totalmente sereno. Delante tenía a su enemigo. Deidara no había cambiado mucho a lo largo de los años, la única diferencia es que ya no llevaba su visor, pero permanecía fiel a Akatsuki, llevando puesto su traje negro con nubes rojas. Por un momento ninguno de los dos dijo nada, y fue Sora la que interrumpió aquel silencio.

- ¡Deidara-sama! Lo siento, hice lo que me dijiste pero me apresaron – indicó intentando caminar hacia su maestro. Naruto se lo impidió.

A Deidara pareció no importarle e hizo caso omiso a la aspirante a Akatsuki, tan solo miraba fijamente a Gaara del Desierto, y este a su vez miraba intensamente a Deidara, sin pestañear si quiera.

- Pagarás por todo el daño que causaste, no solo a mi, sino a mi aldea. Es por ello que hoy estoy ante ti, pues hoy lo único que te espera... es la muerte – dijo mientras el tapón de la calabaza salía disparado.

- Vaya, vaya... mmph! Pues espero que hayas mejorado algo en estos años. Creo que tengo doble ventaja, la primera es que ya me se tus trucos y la segunda... ya no tienes el poder de un Jinchuriki.

- Solo voy a decirte dos cosas, la primera es que no necesito el poder de Shukaku y la segunda... no deberías subestimar a un Kazekage.

- Está bien, si quieres jugar, jugaremos, pero con una condición. Suéltala – dijo Deidara mientras miraba a Sora – Tú tienes contigo a dos personas, no sería justo que entrasen en combate y pelear solo contra uno.

En ese momento Gaara miró a Naruto asintiendo con la cabeza. Este quitó las ataduras de Sora la cual torpemente fue corriendo hasta donde se encontraba Deidara. Al llegar, tosió un poco, pero luego dibujó una sonrisa macabra en su cara, parecía estar muy feliz de estar de nuevo con su maestro.

- Acabas de cometer el primer error, Gaara del Desierto – dijo Deidara agarrando a Sora por los hombros y poniéndola delante de él, esta seguía sonriendo pero se puso la mano en el pecho como si le doliese, entonces Deidara gritó - ¡KATSU!

Lo que vino a continuación y lo que vieron nuestros amigos resulta difícil de describir. Sora comenzó a agitarse bruscamente, se llevó las dos manos al pecho y escupió sangre de nuevo. Pero no fue lo único, algo comenzó a intentar salir de su cuerpo, deformando su piel, su cara, todo. En un intento desesperado, Sora, con el rostro totalmente desfigurado miró a su maestro sin comprender, gritando de dolor y con lágrimas en los ojos. Se estaba convirtiendo en una especie de monstruo. Tanto Naruto como Seiya se quedaron boquiabiertos, y Gaara más que sorprendido parecía tener lástima de lo que estaban viendo sus ojos.

Llegó un momento en el cual Sora dejó de suplicar a su maestro y preguntar qué la estaba sucediendo, pues el inminente rugido del monstruo que emergía del interior de su cuerpo fue la evidencia de que su portador acababa de perder la conciencia, y Sora no parecía poder controlarlo.

Sin apenas transcurrir tiempo desde su transformación, aquel extraño ser se dirigió directamente hacia el Kazekage, y de un golpe brutal, que Gaara no pareció evitar, hizo que su cuerpo saliese disparado a unos 500 m. de distancia. Naruto gritó, y la rabia comenzó a apoderarse de él, no solo de ver el golpe que acaba de sufrir su amigo, sino también de ver a Sora transformada, siendo no más que un títere en manos de su maestro Deidara.

Seiya no se lo pensó dos veces y fue rápidamente en busca de Gaara para ver si se encontraba bien.

Pero cuando llegó, era obvio que el Kazekage estaba intacto, su armadura de arena le había salvado de aquel golpe brutal.

- No lo has esquivado a propósito, ¿verdad?

El Kazekage se incorporó y comprobó la distancia a la que se encontraban. Luego miró a Seiya.

- Quería medir su fuerza, no es más poderoso de lo que era el Shukaku. Pero sea lo que sea, hay que detenerlo, será el fin para ella si no hacemos nada.

- ¿Pretendes ayudarla? Pero... ¡si es nuestro enemigo! ¡intentó matarte!

El Kazekage prefirió no contestar, la arena cubrió de nuevo su cuerpo formando la armadura.

- Seiya – dijo al cabo de un rato mirándole a los ojos – Sabes perfectamente que entre nosotros existe una conexión, y los dos nos dimos cuenta en el instante en que nos encontramos. No espero que lo entiendas, pero tengo una deuda pendiente con esa chica y ahora veo como está padeciendo el mismo dolor que yo sufrí... el mismo dolor que tú sufriste cuando te desterraron de la aldea.

- ¿Cómo puedes saber eso?

- Lo veo en tus ojos – concluyó Gaara – Por eso se que existe una conexión. Ahora, vamos a luchar, como shinobis de la Arena, haremos honor a la aldea y a nuestras vidas, haremos justicia.

Y dicho esto, ambos se dirigieron rápidamente donde estaban Deidara y el monstruo en el que se había convertido Sora. Naruto intentaba con sus réplicas luchar contra este último, pero era inútil, parecía muy fuerte, habría que tomar medidas más drásticas.

Mientras tanto, en Konoha...

Sakura Haruno paseaba por una calle con un montón de papeles y libros en sus manos, se dirigía al despacho de la Hokage pero de repente se paró en seco, algo se estaba formando en el suelo. La tierra se removía y de repente tomó forma alargada, elevándose y convirtiéndose en lo que parecía una figura humana de arena. A Sakura casi la da un infarto y casi se la cae todo lo que llevaba en las manos.

- ¿Gaara?