Una vida vacía sin ti

Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes pertenecen a mí y a mi imaginación.


Capitulo 4: Claras intenciones

Estaba en la oficina cuando Jane entró por la puerta.

-hola abogado- me saludo picara.

- buenos días Jane-dije terminando de teclear un par de letras en mi notebook.

-ayer vine a verte, y tu secretaria me dijo que te habías marchado temprano a casa… acompañado de una chica rubia.

La observé, vacilante. ¿Eran celos acaso lo que me estaba demostrando?

-la hermana de un amigo- le dije, únicamente esperando su reacción- tenía unos problemas, así que me ofrecí a ayudarla. Había olvidado que tú vendrías.

- no te preocupes- dijo todavía con el mismo tono sensual de antes- no hay nada que no que podamos hacer hoy para compensarlo- y ya detrás de mi silla comenzó a besarme el cuello.

- no creo que… debamos hacerlo aquí- dije casi en un susurro y todavía disfrutando de sus besos.

-bien... vayamos a otro lado entonces- me propuso- a donde tu quieras, pero que sea ahora.

Sus manos me rodearon le cuello y comenzaron a aflojarme el nudo de la corbata.

-si sigues así, no creo que lleguemos- exclame, poniendo mis manos sobre las suyas.

- ¿seguro que no quieres que lo hagamos aquí?- me dijo al oído

-no- dije. No quería que alguien nos descubriese a los dos, y menos de esa manera y en mi oficina. Era una colega y aquello podía terminar perjudicándonos a los dos.

Ella no dijo nada, así que yo me puse de pie y le hice señas para que me siguiera.

Ya afuera de mi oficina, le informé a Jessica que nos iríamos a almorzar y que retrasara mis pendientes una hora. Ella simplemente asintió con la cabeza y volvió a su trabajo.

Conduje hasta un hotel cercano y luego de aparcar una calle mas adelante. Los dos caminamos en silencio hasta allí. Pedí una habitación para dos y nos dirigimos a ella todavía en silencio.

Me volteé para cerrar la puerta una vez que ya estuvimos dentro, y cuando quise voltearme me encontré con ella. Comencé a besarle el cuello en tanto ella me acariciaba por encima del pantalón. Le quité la camisa y luego la falda., mientras la escuchaba gemir sobre mi hombro.

La tumbé sobre la cama y después de colocarme el condón me introduje en ella y comencé a gemir en tanto me movía ávidamente haciéndola mía, luego de un rato me salí de ella, y me tumbé en la cama a su lado.

-gracias- dijo todavía agitada.

No tenia por que agradecer. Ella me lo había pedido, pero yo también venia teniendo ganas de hacerlo.

No repetimos, yo no tenía demasiado tiempo y ella tampoco. De modo que luego de vestirnos fuimos a una pizzería por algo de comer.

La observé mientras comía y a pesar de lo buena que era en la cama, su forma de comer no llegaba a ser ni la mitad de sensual que la de Rosalie.

Es que aquello con el helado había sido… sentí como volvía a excitarme con tan solo recordarla de ese modo. ¿Pero por que me ponía a pensar en ella ahora? Acababa de tener sexo con Jane y todavía con solo recordar a Rosalie aquel día en el centro comercial nacía en mi una necesidad increíblemente urgente.

Suspiré lentamente en mi asiento e intenté calmarme, mientras tomaba un poco de agua.

-¿Qué pasa?- me preguntó Jane

- no es nada- le dije. Y aunque podría haberle pedido que volviéramos al hotel o incluso la habría hecho mía allí mismo, seguro de que ella no iba a rechazarme, no podía quitarme esos deseos con ella. Simplemente no podía creerme que un único recuerdo pudiera provocarme aquello; y menos aun que ese recuerdo tuviera que ver algo con una chica con la que simplemente no podía fantasear.

Luego de comer, cada uno volvió a su oficina y sin agregar más nada.

-¿disfrutaste tu almuerzo?- me dijo Jessica con algo de curiosidad, más de la normal.

- bastante- dije. Era obvio que ella se había dado cuenta de que yo no había salido a almorzar, o no sólo para eso, pero estaba seguro de que no iba a decir nada.

El resto de la tarde me la pasé trabajando y después de las nueve pude irme a casa.

Y así fue toda mi semana: trabajo, trabajo y más trabajo; claro, interrumpido por mis encuentros con Jane, que ahora eran casi día por medio, pero que para mi sorpresa me mantenían despierto y entretenido con mis papeleos. Algunas veces íbamos a su departamento y otras al mismo hotel de antes. Nunca me preguntó si podíamos ir al mío, y yo tampoco lo propuse, probablemente porque el de ella nos quedaba mas cerca del trabajo, y no se, tal vez, no creía que lo nuestro fuese lo suficientemente fuerte o, como decirlo, importante como para levarla al mío. Ni que tampoco llevara únicamente a mis novias, porque pocas habían tenido ese honor, pero simplemente no se me antojaba.

El viernes siguiente fue el único día que tuve que rechazarla, ya que Edward me había llamado antes para que fuera a su casa a ver el partido de ese día. Y por supuesto que no iba a ponerla a ella antes que mis amigos, además de que no tenía una necesidad tan grande.

Jane no dijo nada y únicamente volvió a su oficina. Ella misma lo había dicho, no teníamos ningún compromiso, así que ella no podía reprocharme nada.

Después de acabar con todo mi trabajo, acomodé mi oficina, y salí camino al departamento de Edward.

Jasper ya había llegado y estaba tirado en el sofá frente al televisor cuando Ed me abrió la puerta.

-ya casi empieza el partido- me dijo- pasa- le sonreí y luego de saludar a Jasper con un apretón de manos me tiré en el sofá al lado de él.

Bella no estaba aquella tarde, de modo que los chicos y yo nos la pasamos a nuestras anchas frente al televisor comiendo pizza y tomándonos unas cervezas.

Agradecí que aquel día no viéramos el partido en casa de los Hale, el tan solo pensar que podría encontrarme con Rosalie otra vez y su noviecito o lo que sea que aquel tipo fuera me hacía desear ser yo el que la besara de esa forma.

Maldición, pensaba para mi mismo. ¿Cómo es que una adolescente lograba hacerme pensar ese tipo de cosas? Cosas que ni siquiera con Jane pensaba y que yo mismo había comprobado. Por supuesto que me complacía estar con Jane, aquello de las relaciones serias nunca había sido lo mió, pero así tampoco fantasear con chicas diez años menores que yo.

Sin embargo y como los Lakers ganaron, acordamos ver el siguiente partido en casa de Jasper. Estupendo, volví a decirme. Lo único que podía esperar para esa noche, era que Rose no estuviera en su casa. Cosa bastante improbable.

Mi trabajo siguió de lo más normal. Incluso tuve una audiencia esa semana con uno de mis clientes, pero para nada complicada. Salió ganando y yo de lo más satisfecho; el pobre tipo había sido engañado por al mujer con su profesor de aerobics y tenía suficientes pruebas como para salir ganando y quedarse con más cosas de las que se podría haber imaginado al divorciarse.

No tuve tiempo casi de estar con Jane, salvo el martes por la tarde, luego de una reunión, y cuando quise acordarme, el viernes mismo ya había llegado.

Conduje hasta casa de los Hale y al tocar el timbre fue Rosalie quien me abrió la puerta.

-hola Emmett- dijo con una sonrisita

-¿Cómo estas Rose?- pregunté, viendo que traía el pijama puesto. Unos micro shorts de color morado y una remera de tirantes de color blanca y bajo la cual no llevaba sostén, dejándome ver como sus curvas se marcaban naturalmente-¿ya te vas a la cama?- dije desviando la vista rápidamente

Ella me sonrió coqueta.

-en realidad mis amigas y yo organizamos una pijamada- dijo, pero yo no quite mis ojos de su rostro, ya que sabía que si lo hacía ella no tardaría en darse cuenta que me estaba fijando en una única parte de su cuerpo.

-¿no crees que estas algo grande para una pijamada?

-bueno… te invitaría- dijo en un tono de lo más provocativo y obviando mi comentario- …de no ser porque Edward y Jas te esperan en la sala para ver el partido. Nos la pasaríamos en grande contigo- y paso su mano por sobre la solapa de mi saco.

Una extraña sensación me recorrió el cuerpo entero. Esto si no podía ser producto de mi imaginación no había bebido, ni tenido sexo hacia más de dos días. Definitivamente las insinuaciones de Rosalie tenían que ser enserio. Ya antes la había visto con su novio, pero otra cosa muy distinta era que se me insinuara a mí.

Le sonreí inocentemente y no dije nada.

-tal vez en otra ocasión- agregó, arqueando una ceja.

-si…- dije yo- en…otra ocasión. Ella se relamió los labios.- esto... ¿puedo, pasar?

- claro, claro- dijo abriendo del todo la puerta y haciéndose a un lado- pasa, ya conoces la casa…. Y si necesitas algo, ya sabes donde está mi habitación.- agregó y tras cerrar la puerta con llave dio media vuelta y echó a andar hacia su habitación.

Sus pequeños shorts dejaban al descubierto una mínima parte de la curvatura de sus glúteos. No pude apartar mi vista de ella, y por más que lo intenté con los ojos llevados por la lujuria le recorrí las piernas de arriba abajo.

Mi corazón comenzó a latir desenfrenadamente, y fui sintiendo como la respiración se hacía más pesada en tanto mi mente me pedía a gritos que me acercara a ella, que fuera a su habitación le diera lo que estaba deseando, y lo que ella misma me había pedido indirectamente; al mismo tiempo que la parte racional de mi cerebro luchaba por evitar caer en la tentación. En la tentación que Rosalie ahora era para mí.

Suspiré profundamente y cuando ya estuve calmado, caminé a la sale donde mis amigos me esperaban. Ya tenían todo preparado. Las palomitas y las cervezas sobre la mesa y el televisor encendido en el canal de deportes.

El partido trascurrió rápido y para cuando llegó el medio tiempo tuve que excusarme con los chicos para ir al baño. Sin embargo y para mi desgracia, el baño estaba ubicado en la planta alta, a dos puertas únicamente de la habitación donde estaba ocurriendo al dichosa pijamada. Subí los escalones intentando no hacer ruido y me metí en el baño procurando ser casi invisible.

Trate de hacer todo rápido, puesto que el partido no tardaría en volver a comenzar. Así que cuando salí del baño estaba tan apresurado que no me di cuenta de que Rosalie venia caminando en mi dirección, así que perdí el equilibrio al chocar con ella y fue entonces cuando me tomó por el brazo para evitar caerse, que ambos terminamos en el suelo. Ella cayó sobre mí, mientras que sus pechos hicieron presión sobre mi torso y su boca quedó a apenas centímetros de la mía.

-lo siento- dije- no te vi en el pasillo.

Sin embargo ella no hizo ademán de moverse y por el contrario me observaba de una forma que me hizo recordar a las miradas de deseo de Jane. En definitiva estaba perdiendo la razón por una adolescente y que no me permitía hacer otra cosa que pensar ne sexo.

La vi morderse los labios y entonces suspiró sobre mi y haciendo que su aliento se colara por mi nariz y volviendo mi respiración más agitada que antes.

Posó dos de sus dedos sobre mi boca y comenzó a delinear las facciones de mi rostro.

Contuve la respiración y me quedé inmóvil, sin decir absolutamente nada. No podía moverme, no podía decirle que se detuviera cuando en verdad quería que siguiera.

Continuó acercándose a mí y cuando ya casi no quedaba nada que separara mis labios de los suyos, una fingida tos nos interrumpió.

-escuche un ruido en el pasillo y decidí venir a ver de que se trataba- nos dijo su amigas ahora de pie frente a nosotros dos y también con un pijama de color azul puesta. Vaya que imagen que debíamos dar, uno sobre el otro. ¿En que rayos estaba pensando?

- me caí- le dijo Rose de lo más natural y sin moverse ni un milímetro.- no te preocupes Victoria, estoy bien, ahora vuelve a la habitación. Enseguida las alcanzo.

- bien- le dijo la otra y tras dedicarle una mirada de complicidad volvió a la habitación y cerró la puerta. ¿Eso acaso le parecía normal?

-¿en que estábamos?- inquirió con voz angelical y mirada peligrosa.

- en que te ayudaba a pararte y yo volvía abajo a ver el partido- le dije intentando sonar serio, pero no muy seguro de lograrlo del todo.

- ¿en serio quieres que me pare? Estoy muy comoda aquí- me dijo alzando uno de sus pies para acariciarme la pierna.

-si- dije repentinamente nervioso.

- muy bien, como tu quieras- dijo aun con la misma voz coqueta.

Y tras sentarse sobre mí, rozándome a propósito, se paró. ¿Es que en serio quería volverme loco? ¿Acaso se daba una idea de lo que eso le producía a un hombre?

-¿vas a quedarte ahí?- preguntó- ¿es para eso que me pediste que me parara?

Yo negué con la cabeza y entonces me puse de pie. La miré una vez más a los ojos y al ver que su expresión de insistencia no había cambiado, me di media vuelta y volví a la sala sin decir nada.

Jasper estaba pidiendo unas pizzas, mientras Edward hacia zapping con el control remoto, esperando que el partido continuara.

Ya iban veinticinco a dieciséis cuando Rosalie apareció en la sala, con la expresión algo preocupada.

-¿que pasa Rose?- le preguntó su hermano al verla algo ausente y mirando a su alrededor como si hubiera perdido algo.

-yo… perdí mi teléfono ¿no tienes idea de dónde esta?

-la verdad no- admitió él- no lo he visto... ¿pero es que siempre lo pierdes en todos lados?- ella puso los ojos en blanco- ¿ya revisaste tu habitación?

-si, de arriba abajo, con las chicas, pero no lo encuentro.

- bien, cuando acabe el partido revisare por aquí. Si lo encuentrote aviso.

- bien, iré a ver en la cocina si lo encuentro

Y en eso el timbre sonó.

- debe ser la pizza- dijo Edward, con los ojos clavado en la pantalla del televisor.

-si-dijo Jasper, pero sin ninguna intención de pararse.

-iré yo- dijo Rosalie caminado hacia la puerta- ya vemos que ninguno piensa abrirle al pobre chico que les trae su comida.

- no seas así hermanita- le dijo Jasper- es que ya… el partido… termina.

La verdad no vi lo que hizo, y únicamente escuché como la puerta principal se abría y unos minutos depuse se cerraba. El partido estaba por terminar en unos segundos y no iba a distraerme, otra vez.

Unos minutos depuse ella pareció frente a nosotros con las dos cajas de pizza, y dijo que iría por algo de beber en la cocina.

Trajo unos vasos y una botella de gaseosa.

-gracias Rose- le dijo Edward.

- no deberías haberme molestado hermanita- agregó Jasper.

- no importa- aseguró ella, y tomó un vaso para servirnos las bebidas.

Claramente vi como sus pechos se juntaban y tensaban por el movimiento de sus brazos, tenía la cabeza de lado y nuestros ojos se cruzaron, ella eme sonrió con picardía, pero yo aparté de inmediato la mirada; Rosalie no podía ser tan atrevida únicamente conmigo y hacerse pasar frente a su hermano como toda una santa, o incluso pero, insinuárseme frente a él.

-¿les molesta si… tomó una porción?- nos preguntó.

-para nada -aseguré yo.

- muy bien, Emmett ya descuéntate una porción para ti - dijo Edward. Yo le puse mala cara.- no me mire así, tu le dijiste a Rose que sí.

- se llama cortesía- dije

- por supuesto, es que siempre eres tan cortés.

-gracias Emmett- dijo Rose antes de que yo pudiera hablar- supongo que me dio hambre antes de que nuestras pizzas llegaran. En tal caso, siguieres más, guardaré algunas para ti arriba.

Y con eso último se llevó la pizza la boca y luego se fue caminando.

-tienes que estar bromeando- dijo Edward enfadado.

-¿por qué?- dije yo

-hago algo para molestarte, y encima termias con una con una chica ofreciéndote comida en su habitación.

- en serio Ed- le dijo Jasper- ¿tu crees que esas van a dejar algo de pizza? Son como diez chicas allá arriban y a menos que hayan pedido como unas siete pizzas, no creo que haya suficiente para Emmett.

Yo no dije nada.

-vamos Emm- me dijo Edward- no te enojes, solo fue una broma.

- está bien- dije- ya entendí que soy un comelón, pero tampoco me lo echen en cara. O de lo contrario ustedes do van a quedarse sin pizza.

Ellos rieron y entonces comenzamos a comer. La verdad me quede pensando bastante rato en lo que Rosalie me había dicho frente a Edward y Jasper. Probablemente fue por que Edward terminara con sus bromas, aunque de verdad yo no podía dejar de verle otro sentido a sus palabras, no desde el encuentro que habíamos tenido un rato antes en el corredor. Y menos aún después de haber visto como ella me provocaba apropósito, ya fuera con sus poses, ropa o gestos, yo no podía dejar de pensar en como una simple adolescente me estaba trastornando tanto.

Iba camino a mi departamento, cuando mi celular empezó a sonar. Sabía que se trataba de Jane por que había puesto un tono especial para cuando ella me llamaba.

-¿estas libre hoy?- pregunté sin siquiera dejarla hablar.

- es que justamente yo pensaba preguntarte lo mismo- dijo con voz picara.

-¿te parece que vaya a tu departamento ahora? no estoy muy lejos, acabo de salir de casa de un amigo.

- por supuesto- dijo- te espero bombón- y colgó.

Apreté el acelerador a fondo y con la suerte de que ningún semáforo me tocara en rojo.

Tenia suerte de que Jane hubiera llamado, esa noche, las ansias estaban matándome y no podía sacarme de la cabeza todo aquello que Rosalie me había producido.

Por supuesto, Jane no era mi única salida, pero si una que sabía que no iba a decepcionarme, ya nos conocíamos lo suficientemente bien, o al menos en la cama como para que tuviera la necesidad de cambiarla por otra.


Acabo de actualizar, lamento la tardanza y ojala lo disfruten.

Ya se acercan las clases, y como saben aún voy a la secundaria, así que tendré menos tiempo para escribir, y no podré actualizar tan seguido.

Les dejo muchos saludos y gracias por seguir leyendo y dejar sus reviews.

Bella McCartney Darcy.