La navidad nunca fue algo para celebrar, no digo que no me gusta pero como mis padres siempre se la pasan viajando o haciendo negocios para estas fechas, siempre quedo sola en casa, a veces me acompaña la señora que contrato mi padre para hacer el aseo. Ella muy amable me hornea galletas y me prepara chocolate, aunque yo prefiero el café pero la bebida que prepara ella es muy rica.
Ella es la única que ha estado para estas fechas y mi abuela, pero ella falleció hace dos años y dudo que su fantasma venga a pasar las navidades conmigo.
Este año, que no será muy diferente a los demás, nos acompañará mi hermana, Elizabeth, un año mayor que yo, nombrada como mi madre y siendo la favorita por ambos. Nunca supe porque y nunca me intereso saberlo. Ella llegó ayer de su viaje por Inglaterra, fue a estudiar ciencias políticas o algo así, algo relacionado con lo que mi padre trabaja.
Ella ya tiene su futuro asegurado como dueña de la firma de abogados que construyo mi padre.
Me levanto de la cama, conociendo a mis padres, ya debieron de haber salido rumbo a una reunión importante, alguna salida o no sé pero nadie está en casa más que yo y no será por mucho tiempo. Quizá vaya a molestar a Vega, ella me invitó a su casa por una fiesta que iban a ofrecer y pues ya que no tengo a nadie en casa con quien pasar esta fecha, ir a molestarla no está mal.
Tomo mi chaqueta y mi celular, no me gusta conducir de día pero casi cae la tarde y eso ya no cuenta como día.
Antes soñaba con que nevera aquí en Los Ángeles, deseaba ver la nieve, jugar, salir y hacer muñecos de nieve o angelitos pero comencé a crecer y a dejar de soñar con cosas estúpidas. Mis padres nunca estaban, ¿con quién se suponía que tenía que jugar? ¿Yo sola? ¿Cómo los regalos que ellos me daban para compensar su falta? Deje de abrir sus regalos cuando cumplí diez años, deje de sentir emoción por recibir un maldito objeto sin valor sentimental.
Y eso me recuerda a lo que dijo Vega esta mañana, a sus sentimientos y esas cosas que ella siempre dice. Los sentimientos siempre son importantes, que importa más la intención con lo que lo des que el regalo en sí, y esas cosas. Vega siempre imprime a todo un sentimentalismo único. Sólo ella, porque ni André ni nadie dijo nada con respecto a eso, ella es tan... Única.
¿Por qué estoy pensando en Vega?
Ella aunque no esté presente siempre tiende a molestar de maneras que no puedo controlar, como ahora, ella se metió en mis pensamientos y siempre aparece cuando quiero hacer algo malo, que no es malo o cuando digo algo realmente malo y humillante, por esa razón he dejado de ser tan mala con ella, su voz aparece en mi cabeza reprochándome.
¿Será mi conciencia? Pero si es mi conciencia, ¿por qué se parece a la voz de Vega?
Sacudo mi cabeza y estaciono mi auto afuera de la casa de los Vega, André ya está aquí, debí suponer que él sería el primero en llegar, es su mejor amigo pero en fin, eso no importa. Bajo del auto y camino con calma hasta la puerta. Siempre han sido una familia unida, siempre se les encuentra en casa. Aunque veces el señor Vega no llega a dormir por su trabajo pero eso no le impide pasar esta fecha con su familia, con sus hijas, aunque dudo que Trina sea hija de ellos, estoy segura que la encontraron en un basurero o no sé pero no es hija de ellos. En cambio Vega, ella sí es su hija. Tan leal y cooperativa como su padre.
¿Qué hago analizando a la familia Vega?
Resoplo mientras espero que me abran la puerta, nunca he estado en reuniones familiares durante las festividades de navidad, siempre era una llamada desde Nueva York, D.C., Londres, pero nunca algo tan familiar.
—¿Jade?
Levanto mis ojos hacia Vega, sonrío porque hay un muérdago sobre su cabeza, ¿quién rayos pone un muérdago sobre la puerta? Qué si toca un viejo loco y pervertido que sólo quiera molestar, ¿también lo besarán?
—¿Tenemos que seguir con las reglas de navidad? —pregunto mientras señalo el muérdago que cuelga, Vega levanta sus ojos y se sorprende por esa cosa, idea de Trina.
—Trina lo dejó ahí porque invitó a Robert y bueno no eres él —responde Vega algo nerviosa y debo agradecer que abriera ella y no la loca de Trina, ¡ni loca beso a Trina!
—Oh —respondo pasando al interior de la casa. Lo primero que veo es un gran árbol de navidad llenos de adornos lindos y con muchas cajas de regalo sobre el suelo, como una navidad en familia deber ser. Por la casa hay más adornos y luces, muchas decoraciones, aquí se siente el espirito de la navidad.
No como en casa que es un hogar frío y vacío en estos momentos.
—¡Deben besarse!
Me sorprendo ante el grito de la señora Vega, ¿qué ella quiere que bese a Vega? Me giro hacia Vega que sólo se encoje de hombros mientras sonríe tímidamente, ¡perfecto! Ahora tengo que besar a Vega por un estúpido muérdago puesto a propósito.
Escucho las risas de André y Beck pero simplemente las ignoro porque no quiero comenzar una pelea por algo estúpido como un beso provocado por un tonto muérdago de navidad.
—Anden, dense ese beso para que vengan a tomar una taza de chocolate. —Suspiro y camino hasta donde esté Vega.
—Sólo lo hago por el estúpido muérdago —le comento antes de acercarme a ella. Capturo sus labios en un beso corto, no quiero profundizar más... Se sienten tan cálidos y con sabor a cereza, ¡y yo detesto esa fruta! Pero en los labios de Vega sabe rico.
Olvido todo y sólo me dejo llevar por las sensaciones que me producen los labios de Vega, ella besa bien, ¡diablos! Vega besa más que bien. Nos alejamos, ella desvía sus ojos pero su sonrisa me da a entender que no fue tan del asco el beso y pues no lo fue. Fue tierno y cálido, como ella lo es.
—No besas tan del asco —le susurro golpeando ligeramente su hombro haciendo reír a Vega y eso es suficiente para sentirme bien y no incomoda.
Después de ese beso tan raro, todos nos reunimos en la parte de atrás de la casa de los Vega, están Beck, André, Cat, Robbie, el tal Robert, que para su mala suerte quien abrió la puerta fue Robbie y le tocó beso. Fue muy gracioso verlos besándose y claro, no pude dejar pasar la oportunidad para burlarme de eso pero lo que me sorprendió es que nadie hizo algún comentario sobre el beso que compartimos Vega y yo.
Eran las mismas condiciones, ¿por qué nadie dijo nada? Ni siquiera Beck dijo algo, sólo me miró muy raro y con una sonrisa. Él y sus rarezas.
Me alejo un poco de todos, ellos ríen, comparten anécdotas sobre las navidades pasadas, cosas que hicieron en familia, ¿y yo qué? ¿Qué puedo decir? ¿Qué paso mis navidades solas en casa sin la compañía de mi familia porque ellos les importan más el dinero y los negocios? Nadie sabe sobre eso, ni siquiera Beck.
Él pensaba que yo me iba de viaje con mis padres y hermana para pasar la navidad fuera del país, ¡qué equivocado estaba! Me quedaba en casa en nochebuena y navidad, mis padres se presentaban el 27 de diciembre con una maleta llena de obsequios para mí. Ni un abrazo, ni un feliz navidad, hija, nada. Sólo dejaban la maldita maleta en la puerta de mi habitación y se volvían a ir, ¿por qué? Siempre me he hecho esa pregunta, siempre he querido saber la razón de su tan desinteresado amor por mí.
Nunca la encuentro.
Ellos pasan más tiempo fuera de casa que no me sorprendería que llegará el día en que les sorprenda verme graduada de Hollywood Arts. Creo que les sorprendería saber que tiene otra hija más.
—Hola, estás muy alejada.
—Detesto a las personas, ya sabes —le respondo a Vega fingiendo una sonrisa, regreso mis ojos a mi taza de chocolate con malvaviscos, tiene un Santa Claus dibujado y en el morral que lleva tiene el nombre de Tori escrito.
—Pero no son sólo personas, son nuestros amigos —me responde empujando levemente su cuerpo con el mío—. Excepto por Trina y Robert.
—Y tú. —La miro y le sonrío demostrando mi broma, ella entrecierra sus ojos y después suelta una pequeña risa y recarga su cabeza en mi hombro.
Alzo una ceja pero me relajo y recargo mi cabeza en la suya, no tengo que hablar de nada, no tengo que decir nada para sentirme comprendida, ella así es. Y no sé porque me siento cómoda con ella, porque me siento capaz de contarle todo sin el temor de saber que ella también huirá.
—Creo que es hora de irme —menciono alejándome un poco de ella mientras dejo la taza en sus manos.
—Pero... pensé que te quedarías aquí hasta mañana —responde Vega incorporándose rápidamente y sujetando mi mano—. ¿Te irás?
Si me quedo puedo pasar una navidad en compañía de la familia Vega y de nuestros amigos, no estaré sola como en el pasado pero no tengo ningún regalo para nadie, yo no entré al tonto sorteo del Santa secreto.
—Me quedaré un rato más pero me iré cuando empiece eso del intercambio —le informo regresando a mi asiento en las escaleras, ella también aunque no la veo del todo contenta ¿pero qué más puedo hacer? No me puedo quedar aquí y ver desde lejos a todos disfrutar de sus regalos, de esos abrazos, de esa felicidad, no me quiero quedar.
Después de unos minutos, Vega se cansa del silencio sepulcral que había entre las dos y sólo se fue o quizá sólo se levantó para servir más chocolate. La verdad no sé pero ya no quiero estar aquí, así qué en silencio dejo la taza sobre el piano y salgo de la casa de los Vega. Debo ir a casa y quedarme acostad hasta que esto pase.
Subo a mi auto, por el espejo retrovisor veo a Tori salir de su casa pero ya fue tarde para ella y para su grito, yo ya me aleje. Es mejor estar lejos.
Llego a casa sin prestar total atención, bajo del auto y me apresuro a entrar, quiero llegar a mi habitación y sólo quedarme ahí. Abro la puerta y me sorprendo de ver a mis padres abrazar a Elizabeth, ¿qué rayos? Ellos me miran un tanto sorprendidos pues mamá tiene su boca entre abierta, ¿qué demonios está pasando?
—Llegaste —menciona mi madre saliendo de la sorpresa, ruedo mis ojos y suelto el aire, supongo que no debía llegar, debí hacerle caso a Vega y quedarme con ella, al menos estando allá no tendría por qué enterarme de los asuntos secretos de mi familia.
—Ven pasa.
Mi padre deja una caja, supongo que es el regalo de Elizabeth, en la mesa y extiende su mano hacia mí, ¿acaso me cree tan estúpida? Ellos pudieron llamar para avisarme, pudieron mandar un mensaje, pero no lo hicieron y prefirieron hacer esta reunión sin mí, no tengo porque quedarme aquí, en un lugar donde no soy invitada ni requerida.
Doy media vuelta y salgo de la casa y corro hasta mi auto, no me importan los gritos, los llamados, no me importa nada, sólo quiero estar sola y lejos. Sabrás dios desde cuando harán esto sin mí, sabrá dios cuantas veces ellos pasaron navidad en familia y yo las pase sola.
Estoy enojada, dolida y decepcionada.
¿Por qué lo hacen? ¿Por qué me alejan? ¿Por qué maldita sea me importa? Tenía que hacerle caso a Vega, debí quedarme con ella, con su familia, con nuestros amigos, debí quedarme en ese lugar en donde me sentía más en familia que en mi propia casa, con mi propia familia.
¡Maldita sea!
Golpeo con fuerza el volante sin importa si me hago daño o no, ¡esto es lo más horrible que me pudieron hacer! ¡Soy su hija!
Las lágrimas caen por mis mejillas, en estos momentos ya deben de estar celebrando la llegada de la navidad, ¡que se pudran!
Estaciono el auto en el único lugar donde no me buscaran, la playa. Azoto la puerta y corro hasta llegar a la orilla del mar. Aquí nadie vendrá, siendo nochebuena nadie saldría de sus cómodas casas y vendría a una solitaria playa. Suspiro y me siento en la arena, que tonta fui al pensar que ellos estarían de viaje, que estarían en una reunión de negocios. Era mejor pensar eso que darme cuenta de la realidad.
Esta playa está totalmente sola, no hay nadie más que yo, y así es como me siento estando en casa. Nunca me importo estar sola, ni pasar cumpleaños o festividades sola pero que ellos celebren sin mí, por esta razón detesto la navidad.
Me abrazo a mí misma buscando calor, ese calor que perdí cuando abandone la casa de los Vega, quisiera regresar, volver ahí, ¿pero qué excusa pondré? ¿Diré que no quería estar sola en mi casa? ¿Eso es lo que diré para que todos sientan lastima por mí? Yo odio eso, odio sentirme así, odio tener que necesitar a los demás, odio...
¡Mierda!
No sé qué rayos hacer.
Comienzo a llorar otra vez y yo odio llorar, no me gusta, me hace sentir débil, vulnerable, lo odio. Llorar te hace débil, lo odio.
Este sentimiento de vacío es horrible, te duele pero no sabes dónde, quieres estar sola pero a la vez quieres un abrazo de alguien, quieres sentirte acompañada y querida, ¡esto es una completa mierda!
—Nuca había venido a la playa en nochebuena.
—¡Maldita sea, Vega! —exclamo con una mano en mi pecho—. ¿Me quieres matar de un susto?
Vega ríe un poco y niega un par de veces antes de tomar asiento a mi lado, en todo caso, ¿qué hace ella aquí? ¿No debería estar con su familia celebrando la llegada de Navidad? Me quedo callada y simplemente no hago las preguntas que me llegan a mi cabeza y sólo me quedo mirando hacia el inmenso mar.
Tan solo, tan frío y tan inmenso que aún no se descubre su profundidad ni todo lo que haya en él.
—¿Por qué estás aquí? Pudiste haber ido conmigo —me interroga Vega y siento su mirada sobre mí.
Suspiro y sólo me quedo contemplando el mar, no le quiero responder porque eso sería como abrir una gran parte de mí, revelar muchas cosas y no quiero que ella me tanga lastima o no lo sé. Así son las personas, cuando se enteran de algo malo o de una desgracia, sólo se acercan a ti para destruirte más, para hacerte saber que están por lastima y no por otra cosa. Odio cuando pasa eso.
Vega entiendo mi silencio y sólo me abraza mientras miramos hacia el mar, a veces pienso que ella es la única que realmente me entiende, que sabe escuchar a pesar de mi silencio, que interpreta bien. ¿Cómo es que ella me encontró antes que mis padres? Creo que piensa igual que yo.
Cierro mis ojos y dejo que el silencio me invada, que el sonido de las olas al romper me calme y que la brisa helada congele todo sentimiento de dolor. Dejo que Tori me abrigue, que ella se encargue de mí en estos momentos, aunque no seamos amigas, pero que sí lo somos aunque lo niegue, ella me agrada.
—Tengo algo para ti —susurra Tori tomando mi mano mientras deja una pequeña caja envuelta con un papel de regalo purpura y adornado con pequeñas tijeras—. Tenía pensando dártelo en la mañana pero este es un buen momento.
Miro a Vega con mi ceño fruncido, ¿ella tiene un regalo para mí? ¿Desde cuándo ella tiene un regalo para mí? ¿Ella no entro a ese tonto intercambio? ¿Por qué ella está sonriendo? Miro la caja, es pequeña pero muy bonita, ella pasó mucho tiempo decorando la caja para que yo no pusiera algún pero. Ella siempre se preocupa por mí.
—¿Por qué? —pregunto levantando mis ojos de nuevo hacia Vega, ella sigue sonriendo, sigue teniendo esa pequeña pero linda sonrisa.
Tori se encoje de hombros y agacha su mirada.
—Elegí ser tu santa secreto aunque no entraras —me responde y yo no sé qué decir ante su declaración tan sorpresiva.
Entonces miro de nuevo la caja y mis lágrimas comienzan a caer nuevamente, ¿por qué? ¿Por qué siempre es ella? ¿Por qué yo no...? Muerdo mi labio para evitar soltar un sollozo pero que de igual manera sale y Vega sólo vuelve a abrazarme.
¿Por qué está navidad tenía que ser así? ¿Por qué tuve que salir de casa de Vega? ¿Por qué no me quedé ahí y evite esto?
—No llores —susurra Vega pasando sus dedos por mis mejillas—. Me gustas más cuando sonríes y tienes esa mirada que aterra a todos.
Sonrío a pesar de las lágrimas, ella siempre está para mí, siempre está cuando nadie más lo ha estado. Vega siempre ha estado en todo momento importante de mi vida.
—Gracias —susurro mirando a Tori—. Gracias por estar aquí sin que te lo haya pedido. —Sonrío y sólo abrazo a Vega—. Quizá tenga un regalo para ti, Vega.
—No es necesario, Jade, yo no... —Pongo un dedo sobre los labios de Vega obligándola a que guarde silencio.
—Vamos.
