El viento soplaba cada vez más fuerte en aquellos días

La Princesa y el Dragón

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Capítulo Cuatro

El viento soplaba cada vez más fuerte aquellos días. Invisible a los ojos de los muggles, la vieja mansión Black albergaba sucesos muy extraños, algo muy raro estaba sucediendo ahí. Pero aun más extraño era a quienes involucraba.

Una chica pelirroja miraba a través de la ventana de la vieja casona; miraba cómo el viento arrastraba las hojas sueltas sobre toda la calle. Con la vista absorta en el suave baile de las hojas elevadas por el viento, Ginny suspiró.

Molly Weasley suspiró también desde la pequeña abertura de la puerta por donde observaba a su hija. En los últimos días había notado un cambio radical en el estado de ánimo de la muchacha; de rezongar por todos los rincones, había pasado a un estado tan taciturno, que si no fuera por sus constantes suspiros, nadie se daría cuenta de que se encontraba en casa.

La experiencia le decía a la Sra. Weasley que eso, más que alguna rara enfermedad constituía un caso frecuente entre las chicas. Se debía a un enamoramiento que se presentaba a veces de manera tranquila, penetrando poco a poco casi a inconsciencia hasta tener preso al corazón; las otras de las veces podía ser algo tan abrupto, tan drástico, un movimiento de emociones súbito que incluso llegaba a provocar un profundo dolor.

Su hija seguramente vivía lo que ella había vivido hacía muchos años atrás, cuando conoció a su padre, y de lo cual aún le quedaba un grato recuerdo.

Molly sonrió al notar que Ginny se sonrojaba mientras miraba la ventana. No sería tan cruel como para interrumpirla, pero hubiera dado mil galeones de oro por poder infiltrarse en sus pensamientos. Cualquier madre hubiese estado angustiada, incluso ella reprobaría el hecho de que una bruja no se preocupara por los sentimientos de sus hijos. Lo que a ella le hacía sentir tranquila, como madre responsable, era saber que el chico poseedor de los afectos de su hija era un inmejorable partido; el señor Harry Potter. La Sra. Weasley complacida con sus suposiciones se escabulló satisfecha y feliz dejando a Ginny sumida en sus pensamientos.

La pelirroja aun no lograba comprender cómo "eso" había comenzado y menos aun como había llegado hasta el punto en el que se encontraba. Pasaba todas las horas del día rememorando cada instante; cada detalle que le permitiera comprender lo que parecía ser un remolino que la arrastraba hasta el fondo sin remedio. Era escalofriante. Ciertos días, justo antes de comenzar su rutina, sentía un frío paralizante, un frío que comenzaba desde su pecho e iba extendiéndose hasta el punto más lejano de su cuerpo. Esos días no podía dejar de repetirse que nada conseguiría de seguir, o bien que conseguiría solo una cosa… terminar por destrozar su frágil y enfermizo corazón.

Ginevra Wesley pensaba en la primera noche que se encontraron en la cocina, ese día, la simple casualidad había obedecido a un probable mandato del destino, eso era un hecho. Lo que ya ninguno de ellos podía precisar, era qué tanta intensión habían tenido ambos de que la segunda noche surgiera un nuevo y fortuito encuentro, y que la tercera ocasión, la cuarta, la quinta, hasta hoy ya no obedeciera más que un cuidadoso ritual en el que ambos buscaban la presencia del otro sin ni siquiera habérselo propuesto.

Por mucho que se prometiera así misma lo contrario parecía no tener opción. Esa noche volvería a suceder, irremediablemente. Bajaría la escalera nerviosa con las manos frías más que por el ambiente, por tener siempre la certeza de que lo que estaba haciendo no era lo correcto. Entonces en medio de la oscuridad un rayo de luz de luna le dejaría verlo, y toda su conciencia se nublaría simplemente por tenerle cerca. A veces sucedía que le encontraba de espaldas mirando hacia la ventana y ella podía observar de lejos la silueta de su sombra agradeciendo que él no estuviera mirando cómo sus piernas comenzaban a temblar con ganas imperiosas de huir de ahí y refugiarse en su habitación. Entonces siempre cuando ella estaba a punto de hacerlo, él se daba cuenta de su presencia y el frío desaparecía, el temblor cesaba y también cualquiera de sus pensamientos anteriores… y ella agradecía a la oscuridad que le permitiera ocultar el sonrojo que le provocaba esa mirada gris tan intensa.

Otras noches lo encontraba de frente, y el primer contacto de su mirada con la suya, atravesaba hasta el punto más profundo de su consciencia dejándola aturdida. Al verlo, Ginny sentía como un torrente de sensaciones la invadían al punto de hacerla temblar.

Él por su parte, sabía que ella siempre dudaba en venir, lo reflejaba la ligera tardanza con la que siempre se hacía presente. No era que él no dudara, lo hacía, pero eso no impedía que cada noche estuviese resuelto a verla bajar las escaleras con ese paso lento y delicado que siempre lo tomaba por sorpresa. Él era impaciente, siempre lo había sido; ya fuera una batalla o en cualquier otra situación, pero nada se comparaba con la incertidumbre vivida durante los primeros minutos de cada media noche, mientras ella no aparecía. Era la guerra más difícil que había tenido de librar… ese inigualable esfuerzo por querer convencerse de que si esa noche ella no aparecía, él no tenía porque lamentarlo.

Hablaban muy poco, eso era realidad. Y todas la veces fingían que no esperaban encontrarse, claro que de alguna forma siempre conseguían encontrar las palabras para justificarse y prolongar su estancia junto al otro.

No podía decirse que fueran largos encuentros, a veces sólo argumentaban tener hambre o tener una noche de insomnio sin decir más palabra que en el momento de despedirse.

Ese era su secreto ritual. Tan sutil, pero tan intenso. Tan efímero pero tan necesario.

Y en eso pensaba Ginny, en el cómo, el cuándo y el por qué se veía tan afectada por Malfoy. En por qué siempre hablaban tan poco cuando su interior tenía tantas cosas de qué hablar, tantas preguntas qué hacer. En si él de verdad disfrutaba de su compañía silenciosa, en si él como ella sentía esa sensación de que sus encuentros eran un simple sueño al despertar. Pensaba seriamente en el terrible descuido que debió haber tenido para permitirse que ese halo de misterio que exudaba Draco Malfoy se hubiese apoderado de ella.

El ensueño terminó al escuchar detrás de sí los pasos de su madre, parecía que tenía prisa. Salió a la puerta y la vio cruzar al ala oeste sujetando una cubeta en la mano derecha y unos enormes trapos en el otro extremo.

"¿Mamá?" extrañada se apresuró a salir de la habitación para ir tras ella "MAMÁ…" gritó, provocando que su madre se detuviera dando un respingo.

"A-HH… Eres tú Ginny"

"Mamá… ¿A dónde vas?" absolutamente extrañada, la pelirroja se acercó más "¿Y para que llevas esas cosas?"

"He tomado una decisión" sentenció Molly "Ese chico es peligroso…" dijo mientras señalaba hacia el ala oeste "No importa lo que diga el profesor Dumbledore ni cuántas estrellas del Wizengamot cuelguen de su túnica… ese chico es un peligro y yo voy a hacerme cargo…"

Ginny comenzó a sentirse nerviosa, había sido tonto de su parte no pensar en que Molly Weasley su madre, iba a quedarse con los brazos cruzados y aceptar la situación que le había sido impuesta. Había pasado seguramente los últimos días dando vueltas al asunto de Malfoy, después de todo, su nuevo inquilino era o había sido un mortífago y no cualquiera, sino el hijo del terrible enemigo de su familia, el más cercano aliado del señor tenebroso y el asesino de muchos magos justos que habían dado su vida por tener la paz de la que ahora ellas gozaban.

Para su madre no debía ser fácil tener a un Malfoy bajo el mismo techo… Y para ella aunque por diferentes razones, tampoco lo era… definitivamente.

Casi temiendo la respuesta preguntó en voz baja "¿Y qué piensas hacer?"

"Lo he meditado durante todo este tiempo…" dijo con un brillo de determinación que solo los gemelos conocían "Si no puedo sacarlo de esta casa, es mejor que lo tenga bajo mi supervisión… Sí señor, no puedo seguir arriesgándome a que trame no se que cosas dentro de esa habitación…"

Ginny sintió que sus mejillas se enrojecían de solo pensar en lo que su madre podría haber planeado; pues aunque fuese un ama de casa intachable y una guerrera difícil de combatir, Ginny sentía que a veces su madre realmente era una fuerte enemiga del sentido común.

Ginny detuvo la respiración, mientras escuchaba en silencio llena de consternación…

"Hay tanto trabajo en esta casa que dos personas no son suficientes…"

"El viejo ático bien necesita…" Ginny comenzó a escuchar cada vez más lejos su madre "Y la biblioteca tiene esos estantes que tú no alcanzaste a limpiar y…"

-"Malfoy limpiando…"- pensó la chica y sus pensamientos le retumbaron en la cabeza por varios segundos "¿Es que acaso mi madre se ha vuelto loca?" en vano trató de no imaginar la clase de escena que se avecinaba. Su madre, intentando que Malfoy hiciera tareas domésticas… eso sería peor que la misma guerra que acababan de vivir.

"Mamá ¿No sería mejor dejarlo en paz?" exclamó.

"¡¿En paz?!" interrumpió la Sra. Weasley "¡¿Haz dicho en paz?! Ginny no puedo creerlo, e-es un mortífago… ha matado a dios sabe cuantas personas… ¡Podría matarnos a nosotras dos, sin ningún remordimiento!!"

Ginny se estremeció involuntariamente al escuchar esas palabras. Recordó las violentas escenas que había escuchado a Harry relatar y se sorprendió por haber olvidado tan pronto el estigma que Malfoy llevaba a cuestas.

"Por eso creo que sería mejor no…" se apresuró a decir tratando de interrumpir a su madre.

"Es un asunto decidido Ginevra Weasley…" sentenció su Molly dando la media vuelta y continuando con su camino.

Por más que la curiosidad la invitaba a ser testigo de lo que iba a acontecer, su instinto de supervivencia le clamaba que se mantuviera alejada de la conversación que tendrían su madre y Draco Malfoy.

No se sentía cómoda, se sentía apenada. Hubiera querido dar todo por evitar sentir una verdadera prueba para sus sentimientos al ver a su madre caminar ingenuamente con cubetas y trapos en la mano hacia la habitación de nada más y nada menos que Draco, el único Malfoy sobre el planeta, el Slytherin, el brazo derecho de Voldemort…

Pero en ese momento todo era confuso, no sabía que pesaba más, la inocente candidez de su madre por pensar que podría obligar a Malfoy a obedecerle como hacía con sus propios hijos – así fueran los incontrolables gemelos- o lo que pensara el rubio acerca de la locura con que se conducían ella y su familia; sobre todo de ella…

Escuchó graznidos en el segundo piso, la tercera puerta a la izquierda y decidió evitarse el desagradable momento que estaba por venir.

"Buckbeak… ¿Cómo estás pequeño?" preguntó al abrir la pequeña puerta.

Mientras acariciaba sus plumas, su mente se iba aclarando.

"¿Pero qué demonios estás pensando?" se reprendió a sí misma "Qué más da lo que opine Malfoy… A mi no tiene que importarme… ¿Verdad?" acarició el pico del hipogrifo sin dejar de mirarlo a los ojos "Si supieras quien está en esta casa Buck… seguramente le volverías a romper los brazos…"

Buckbeak pronto partiría de la casa; después de la muerte de Sirius nadie había podido hacerse enteramente cargo de él y ahora Harry lo había puesto en manos de Hagrid de nuevo. Regresaría al bosque en días y Ginny sabía que lo extrañaría.

"Esperemos que todo vaya bien en tu nueva casa eh…" decía mientras le acariciaba "¿Sabes? Me harás mucha falta…"

Buckbeak gruñó. Lo más parecido a un ronroneo que pudo hacer. Se comprendían y Ginny sabía que el hipogrifo estaba cansado de permanecer tanto tiempo en esa casa, por su parte Buckbeak sabía que Ginny estaría dispuesta a cruzar Londres en su espalda si eso significaba salir de su encierro, por eso intentó comfortarla.

"¿Cómo se las estarán arreglando esos dos?" sonrió nerviosa al pensar en Draco y su madre, la criatura le empujó con la cabeza llamando su atención "Tienes razón… Creo que si estuvieran en medio de un duelo ya me habría enterado…"

Se retiró a su recámara y no quiso salir más, su madre la llamó, pero prefirió evitar el tema. No quería saber de los improperios que Malfoy seguramente había lanzado contra toda su familia. Sin embargo en la comida, Molly no pudo contener su necesidad y le hizo saber a Ginny la situación.

Para su sorpresa, Malfoy había accedido a realizar las tareas que le asignara Molly y según su sorprendida madre las desempeñaba con excepcional perfección. No había mueble que hubiera quedado sin limpiar, libro sin desempolvar ni cosa que estuviera fuera de su lugar para cuando Molly fue a revisar los avances. Esto claro, no había impedido que la Sra. Weasley extendiera sus opiniones hasta el punto en que la pelirroja llegaba a compadecerse de Malfoy.

Ginny por su parte estaba extrañada, era demasiado pensar que de repente Malfoy se hubiera transformado en un dulce chico que aceptara seguir las órdenes de alguien que seguramente consideraba muy por debajo de su clase. Aun así, se sentía agradecida pues esto seguramente propiciaría que a pesar de los frecuentes encuentros de Draco con su madre, el clima de la casa permaneciera un tanto tranquilo.

Eso pensaba mientras su madre seguía describiendo las mil características de Malfoy que consideraba reprobables, pero Ginny ya no le escuchaba, recordaba el vaivén de las hojas sueltas levantadas por el viento para hacer una magnifica danza y pensaba cuánto le hubiera gustado ser una de ellas.

"Buenos días" se escuchó la voz varonil retumbar en toda la cocina.

Ginny fue la primera en dar la vuelta, sus ojos se abrieron como platos… Su madre también volteó de inmediato incrédula.

Draco Malfoy estaba en la cocina, tan impávido como siempre, sin reflejar ni un gramo de lo que pasaba por su mente. Había tomado una manzana de la mesa y la mordía con descaro. Las observaba fijamente sin huella de emoción alguna. Eso provocó que Ginny se enrojeciera a tal punto que prefirió dar la espalda al rubio. No así su madre.

"¿Se puede saber qué haces aquí muchacho?" sentenció la Sra. Weasley "Todavía no es hora de que…"

"¿De que termine mis tareas?..." interrumpiendo sin empacho, el rubio continuó "Lo sé, todavía no es hora, pero es que estuve pensando ¿Es que acaso soy sólo un sirviente en esta casa?" la Sra. Weasley estaba con la boca abierta sin poder pronunciar palabra "¿O soy un esclavo?... ¿O un prisionero de guerra?" Draco continuó "Cuando accedí venir a este lugar, el profesor Dumbledore señaló que venía en calidad de… mmmmm… como decirlo… visitante"

Ginny sintió ganas de pellizcarse para saber si aquello no era un sueño y pronto se dio cuenta de que no lo era.

"Y cómo esta visita se ha extendido mucho más de lo que yo mismo hubiera querido, fue que acepté colaborar con las tareas que tan afanosamente desempeñan usted y su adorable hija Sra. Weasley…"

La delimitada y firme cortesía que Draco imprimía en sus palabras asfixiaba las ansias de su madre de correrle a escobazos de su cocina. Ginny sabía que esa amabilidad no era del todo sincera, pero esa mañana los ojos de Malfoy revelaban toda la astucia que poseía; cada palabra que salía de su boca parecía una delgada cuerda que ataba de manos más y más fuerte a su madre e incluso a ella misma.

"Así que he decidido que si usted no tiene algún inconveniente con ello, me gustaría bajar realizar las comidas junto con ustedes…" por primera vez Draco desvió su mirada hacia Ginny, provocando que el color escarlata de sus mejillas volviera a fulgurar "Eso, si su hija también está de acuerdo" Ginny se atrevió a mirarle y se sorprendió al encontrarse con él concentrado en ella, su mirada le expresó sin necesidad de explicaciones la completa sinceridad de sus palabras; le estaba pidiendo su autorización para acompañarlas.

La Sra. Weasley recuperó la postura, parpadeó varias veces y suspiró sin importarle lo sonoro que esto resultara. Tratando de retomar la compostura pasó de un color amarillento por la impresión, a esas mejillas sonrojadas signo de la rabia que le hervía por dentro.

Ginny rompió el vínculo turbada y observó a su madre ansiosa y preocupada. La Sra. Weasley no dijo palabra y de manera brusca tomo un plato más de la alacena y cruzando por enfrente de Draco lo depositó en la mesa. Con esa mirada que fulminaría a cualquiera que se le pusiera enfrente, dio a entender a ambos chicos que la comida estaba lista y el acuerdo dado por sellado.

Ahora que lo pensaba más detenidamente, Ginny no pudo dejar de sentirse impresionada por las agallas de Malfoy al presentarse así ante nadie más que su madre. Pensó en la razón que habría tenido el rubio para atreverse a semejante incomodidad, debió querer fastidiar a mi madre, concluyó para sí. "¿Quién dijo que los Slytherin carecen de valor?" pensó "Yo no me atrevería a haber puesto un pie delante de mi madre… "

Después de todo ya podía respirar tranquila, el tiempo en la comida había sido algo bastante incómodo, con su madre sentada al frente y con ambos muchachos a los lados, como si se tratara de una familia feliz. Excepto claro por el abominable silencio que envolvió cada minuto; pero hasta en eso Draco había tenido consideración y se había retirado pronto. Argumentando que quería empezar cuanto antes a limpiar la parte del jardín que se le había asignado.

Ahora solo restaba que cada día el desayuno, comida o cena no se convirtiera en una batalla campal. Ginny se sentía extrañamente confiada en que no sería así.

Ya habían pasado varios días desde aquel suceso; Malfoy y Ginny no habían vuelto a cruzar palabra y rara vez se encontraban en otro lugar que no fuera el comedor y sus encuentros silenciosos de noche. De vez en cuando intercambiaban miradas en la mesa; y Ginny se avergonzaba de no ser capaz de sostenerlas por más tiempo, y es que era como sentir un cubito de hielo deslizarse por su espalda recorriendo el camino y provocando espasmos en su estómago y en sus enrojecidas mejillas. Así es que no, por si se lo preguntaban, no le gustaba que Malfoy la mirara.

Fue una de esas tardes; cuando su madre se encerraba en la cocina para preparar la merienda, que Bill anunció su llegada con bombo y platillo sacando su enorme cabeza entre las llamas verdes de la chimenea de la sala. Según dijo, estaba citado en el ministerio y aprovecharía para pasar unos días con su madre en Grimmauld Place, solo que no iría solo, llevaría a Fleur.

"Me enteré que vendrá tu hermano" dijo Malfoy esa noche rompiendo el silencio que se había propagado entre ellos.

"¿Y cómo ha sido que te has enterado?" contestó Ginny calmada.

"Tu madre no es particularmente una tumba"

Ginny sonrió.

El chico la miró sonreír y continuó "Hoy en la mañana fue temprano a asignar las tareas que quería que realizara hoy… " comenzó a relatar "Yo tengo un sueño particularmente pesado, así que no le respondí, ella –tu madre- se encargó de dejarme en claro que era una ocasión importante y que no me permitiría que yo la arruinara –nada más lejos de la realidad porque hasta ahora he cumplido con todo lo que me ha pedido-"

Ginny vio la posibilidad de hacer la pregunta que había flotado en su mente desde hacía ya tantos días.

"¿Por qué aceptaste?, ¿Qué ganas tú ayudándonos? Pensé que nos odiabas…"

Estaba oscuro, ella no podía saberlo, pero Malfoy se sonrojó.

"¿Por qué no me contestas?" su sutil voz demandaba una respuesta.

Malfoy titubeó, cómo decir que ni siquiera él mismo lo sabía con certeza, que su única intensión había sido salir de ese cuarto y poder cruzar alguna palabra con ella sin tener que dar explicaciones por sus acciones.

"Estaba aburrido…" sentenció

Ginny lo miró llena de desilusión. En sus muchas fantasías había llegado a la tímida conclusión de que tal vez la decisión de Malfoy habría tenido algo que ver con ella.

"Y-Yo… había pensado que tal vez… olvídalo…" murmuró sin que él llegara a escucharla.

"Un minuto más dentro de ese horrible cuartucho y habría muerto de aburrimiento."

"Lo supuse" comentó Ginny lacónicamente "¿Qué más podría haberte obligado a salir?"

"¡¿Cómo tendría que ver con otra cosa?!" nervioso tratando de ocultar su ansiedad continuó "Por supuesto que no… Si pudiera, estaría tan lejos de aquí que nunca nadie podría encontrarme, tan lejos siendo libre sin tener que soportar este maldito encierro… Nada ni N-A-D-I-E me haría querer permanecer aquí un segundo más…" Sentenció como si hablara únicamente para él.

Ginny le observó y sintió como un punzada oprimía su corazón, ella también había llegado a odiar ese encierro, pero había sentido un alivio desde que él estaba cerca, tanto así que una parte suya quería que las cosas continuaran siendo así, y le dolió que Malfoy no sintiera lo mismo.

Esa noche su cita no fue lo suficientemente larga para satisfacer los deseos del muchacho, pero Ginny había expresado que se encontraba fatigada y al parecer molesta notó él, pero ella fue indiferente a su comentario. La razón de su comportamiento, Malfoy no supo adivinarla ni llegó nunca a sospechar que él había sido la causa principal del enfado de la pelirroja.

Durante todo el día siguiente Ginny se había convencido de que definitivamente Draco Malfoy era un pedante. Aquél arrogante chico que había conocido en Hogwarts no había cambiado a pesar de que los hechos le demostraran lo contrario, ella se encontraba tan contrariada por escucharle desdeñar su compañía, que había decidido que no quería volver a verle más. Se excusó del desayuno y apenas si compartió tiempo en la mesa con su madre y con él. No estaba dispuesta a verle nunca más, por mucho que deseara lo contrario. Ese asunto con Malfoy, esa infantil ilusión solo le traería amargas consecuencias así que estaba decidida a erradicarla sin importar cuánto le costase.

Pasó todo el día molesta por no poder quitarse ese resplandeciente rostro de la mente. Esa noche, no pudo pegar un solo ojo. Supo que era hora de bajar porque su estómago ya acostumbrado a la merienda de medianoche así se lo estaba demandando. Sintió deseos de ceder y bajar sólo a ver si él también estaba allí, pero no podía olvidar sus palabras "… Nada ni nadie me haría querer permanecer aquí un segundo más…" había dicho él. Así que trató de conciliar el sueño a pesar de que le fue inútil.

Malfoy estaba en la biblioteca, esperando. Los minutos habían pasado y ella no aparecía. Un hilo de angustia se estaba filtrando en lo más hondo de su corazón sin que él se percatara siquiera de su presencia. Su ánimo pasaba de la aflicción –que no quería reconocer- a la rabia. En un momento decidía no volver a buscarla, al otro pensaba en qué podía haber provocado que ella no se pareciera esa noche. Minutos después pensaba en que ya era hora de que escapara de allí sin pensar en quién dejara atrás, después volvía a repasar con su mente cada instante de su encuentro anterior para encontrar el por qué de su ausencia. Esperó ahí en vano hasta que el alba comenzó a deslumbrarlo con los primeros rayos de sol. Solo entonces decidió marcharse, entrando a su habitación sintiendo un frío que no hubiera sido capaz de arrancar ni aun con los mejores abrigos.

Al día siguiente, la promesa de la visita de Billy y Fleur, su adorado hermano y su aborrecida esposa para Ginny solo significó una cosa más… Trabajo, limpieza, perfección y todo al instante. Su madre sucumbió nuevamente a esos deseos de impresionar a la esposa de su hijo, aunque esta nunca hubiera dado muestras de estar impresionada… por absolutamente nada.

"Bien…" había llegado Ginny a pensar "¿Acaso el trabajo aquí nunca termina?" gruñó Ginny desesperada mientras tallaba el piso de la biblioteca por centésima vez, sin lograr apartar el enfado que la embargaba por aun no poder librarse del escalofrío que había provocado esa mañana la mirada insistente de Malfoy sobre ella. Talló con más afán hasta que sus brazos comenzaron a sentir los estragos de la fuerza que estaba empleando.

Sentada sobre sus piernas contempló exhausta sus manos; rojas por el esfuerzo le punzaban como si su corazón estuviese latiendo justo ahí, en medio de ambas.

"¿Qué te pasa pelirroja?" Ginny se sobresaltó y se levantó de inmediato asustada.

Sus mejillas se enrojecieron al verlo.

Ginny lo observó desde su posición. Nunca había visto esa expresión en Malfoy, una sonrisa libre del dejo de ironía que ella tanto detestaba. Una expresión en sus ojos al mirarla que estaba a punto de derretir todos sus pensamientos.

"¿Te asusté?" sonrió el Slytherin sintiendo la satisfacción extrema que siente alguien cuando se encuentra con lo que creía perdido.

El color escarlata que invadía las mejillas de la pelirroja le atraía a tal punto que trató de acercarse un poco más, pero ella retrocedió. No estaba de humor para verle. Seguía profundamente herida.

Él avanzó con más cuidado "Parece que ayer te quedaste dormida…" comentó desviando la mirada apenado al reconocer lo pobre que parecía su intento por sacar el tema a colación "O tal vez ese estómago tuyo ya no sea tan demandante como antes" sonrió apenas atreviéndose a mirarla.

"¿Qué haces aquí?" contestó ella con frialdad. "Se supone que tenemos tareas que terminar"

No era eso lo que él quería escuchar y sin duda lo dejaba ver su expresión, sin dejarle reponerse del efecto que sus palabras habían provocado y sin hacerle el menor caso Ginny tomó la cubeta que estaba en el piso y se dirigió a otro salón atravesando justo frente a él.

"Ehh... ¿Qué pasa?" reclamó el rubio mientras la seguía "Pensé que ya podíamos si quiera estar en la misma habitación, no me digas que te molesta mi presencia"

Ginny al escucharlo dio media vuelta para dirigirse a otra habitación. Pero hizo sus cálculos demasiado tarde; Malfoy se encontraba bloqueando con su cuerpo la única salida existente.

"Habla conmigo comadreja…"

Ginny dio media vuelta dándole la espalda y continuó cruzada de brazos con la mirada baja.

El muchacho comenzó a acercarse de nuevo pero se detuvo de golpe al escucharla.

"Pensé que estarías muy cómodo en tu habitación… ¿Porqué no te quedas ahí para siempre?" replicó Ginny molesta dejando su cubeta en el piso y mirando a Draco con una ceja levantada.

"Por qué no te vas y me dejas terminar Malfoy… Tengo muchas cosas que hacer"

"¿Es eso lo que te tiene molesta?" exclamó un tanto divertido por sentirse confiado ahora de poder aclararlo con ella "Yo también tengo miles de cosas que hacer Weasley… tu madre no es muy considerada conmigo…"

"Oh qué lamentable es tu situación" interrumpió enojada "Que te tengas que levantar tus perfectos dedos por primera vez. Que te tengas que conformar con la compañía de personas tan debajo de tu clase… Pero estás de suerte… ya no tendrás que hacerlo" contestó ella pasando por debajo del brazo del chico y dirigiéndose a otra habitación.

"¿De qué estás hablando? ¡Yo nunca dije eso!" gritó siguiéndola una vez más.

Ginny entró a la última habitación de la primera planta y cansada de tratar de librarse de él… se sentó frente a un enorme librero dispuesta a limpiar el polvo de los viejos libros.

"Te olvidaste de algo" dijo Draco inclinándose mientras ponía la pequeña cubeta la los pies de Ginny y sin despejar la mirada de ella.

Para sorpresa de Ginny, Malfoy retrocedió y ella pensó que estaba a punto de irse.

"Entonces…" exclamó Malfoy con la mano en la barbilla como si estuviera planeando algo "Por lo que entiendo tú no quieres tenerme cerca ¿Es así?"

Volteó a verla esperando su respuesta, ella solo lo observó.

"Pero ahí veo un problema… y es que y-yo si quiero tenerte cerca" Ginny se sonrojó ofendida y lo miró resentida "¿Qué podremos hacer? Ambos tenemos un problema ¿No crees? Verás, estoy esforzándome por encontrar una solución que nos complazca a ambos, pero no puedo encontrarla"

Ginny lo miro intrigada mientras él caminaba en círculo aparentando estar muy concentrado.

"¡Lo tengo!" exclamó "¿Me concederías unos momentos del día si soy capaz de librarte de todo el trabajo que tu madre te impone? ¿Sería suficiente?" expuso el chico con cierta esperanza plasmada en los ojos.

"Tal vez si te libro de todo este trabajo" dijo señalando los libros y libros de los estantes "…podría demostrarte que no soy tan antipático como crees…"

"¿De qué hablas?" sentenció Ginny molesta.

"Lo que oíste… dije que si estarías dispuesta a hacerme compañía, -solo un rato- si yo te…"

"Sí lo escuché… no estoy sorda" tocó sus mejillas tratando de ocultar el rubor que seguramente se extendía haciendo evidente su nerviosismo.

"¿Entonces? ¿Estaría mejor si te ayudo?" la interrumpió.

"No Malfoy… Seguramente algo estás tramando" dijo tratando de mantener la calma.

"¿Porqué piensas eso?" dijo el chico arrugando las narices "Está bien… está bien… si no quieres mi ayuda, puedes quedarte limpiando, pero te advierto… yo no me iré"

"¿Porqué?" preguntó Ginny desesperada, cada palabra estaba taladrando por entrar en ese muralla que ella estaba tratando de edificar, pero no debía ceder ante él. No esta vez.

"Malfoy, no puede ser que pienses que podrás terminar con T-O-D-A-S tus tareas y aun así pretendas engañarme diciendo que ayudaras con las mías… mejor… solo vete…"

"¿Segura que quieres que me vaya?" contestó sin desistir "Podría serte de gran ayuda… y este librero es muyy grande"

Sonrió burlonamente, desafiandola con cada centímetro de su blanca y perfecta sonrisa. Ginny arrugó las narices formando una simpática mancha en su nariz al unir todas sus pecas. Él simplemente continuó…

"Si me voy yo" dijo Malfoy "Perderás la oportunidad de tener un gran ayudante"

"Mira Malfoy, no tengo idea de como logres terminar todo lo que mi madre te pide -pues es suficiente para un batallón completo- pero es mejor que vayas a terminar lo que te toca a ti y a mí déjame en paz… dedícate a limpiar lo que te corresponde y…"

De forma arrogante Malfoy lanzó una carcajada interrumpiendo a la chica "Si que eres graciosa… ¿De verdad crees que yo hago todo lo que tu madre me pide?"

"Entonces cómo…" preguntó sorprendida.

Malfoy ladeó la cabeza y le guiño un ojo provocando el enfado de la chica "¿De veras quieres saberlo?" se acercó descaradamente a ella "Kreacher…" gritó.

Al instante el maleducado elfo domestico de los Black apareció frente a ellos postrandose ante los pies de Malfoy diciendo:

"A sus órdenes amo… al fin un amo verdadero merecedor del servicio de Kreacher… Un amo con sangre Black… no como esos otros traidores…"

"Cállate Kreacher" gritó Draco viendo con desprecio al elfo que mascullando se ocultó detrás de sus piernas.

Ginny mantenía la boca abierta, cuando recobró la conciencia, su mente se llenó de indignación…

"Entonces así es como lo conseguías ¿NO?... eres un…"

"¿Qué esperabas?…" añadió sonriente con descaro "Además… yo no lo busqué… él solo vino a ofrecerme su lealtad"

"¿Entonces qué pretendes?" preguntó la pelirroja "¡¡Todo el tiempo te has burlado de nosotras!! ¡¡Y mi madre hasta te permite que te sientes a la mesa!!"

"Te propongo un trato" contestó Malfoy mirándola fijamente a los ojos dejándola indefensa ante su mirada "Le ordeno a Kreacher que haga todo tu trabajo a cambio de que tú…"

Ginny entrecerró los ojos y volteó a ver al rubio platinado que la miraba de manera retadora.

"A cambio de que te olvides de todas estas tonterías y aceptes mi compañía solo unos momentos durante el día… "

"¿Qué?" exclamó Ginny confundida.

"Simplemente deseo que volvamos a charlar como lo hacíamos antes"

"No charlábamos" replicó Ginny.

"Es cierto" contestó Malfoy sonriente "Pero no puedes negar que esta casa es muy aburrida… Y juntos no la pasábamos tan mal ¿O es mentira?"

Haciendo una mueca Ginny negó con la cabeza. Tenía que aceptarlo, con Malfoy no la pasaban tan mal, nada mal, tanto que había empezado a sentir ese terrible escalofrío cada que lo tenía cerca. Pero ella sabía que no le llevaría a nada bueno.

"No lo sé" dijo mientras se marchaba a su cuarto dejando a Malfoy solo en la habitación.

Draco gruño de rabia. Hacía mucho tiempo que había olvidado cómo era no salirse con la suya, al parecer con Weasley siempre sentía ese sentimiento de frustración.

Pasaron algunos días y las cosas solo habían cambiado para pasar de ser malas a peores. Ginny limpiaba, lavaba, sacudía y desoxificaba el día completo… caía como piedra en la cama y su madre ya estaba al siguiente día despertándola con nuevas tareas…

A todo eso le añadía la molesta presencia de Malfoy observándola fijamente durante el desayuno, comida y cena tal parecía que no le importaba que su madre llegara a percatarse de su comportamiento. Las miradas del rubio, sólo ponían nerviosa a la pelirroja provocando que terminara precipitadamente sus comidas y se levantara de la mesa cuando aún podía comerse varias raciones más.

Ginny sentía como su cuerpo amenazaba por caerse pedazo a pedazo y sabía que no podía continuar así… su cansancio le llevó a tomar medidas muy extremas, incluso a desafiar a su madre al no cumplir con todas sus tareas, o a faltar a varias de las meriendas pero nunca, nunca había llegado a aquel límite.

"¡Por Merlín! Esto no tiene fin" exclamó Ginny una mañana mientras sobaba sus piernas que le dolían como si hubiera dedicado un mes entero a patear un sauce boxeador.

Se levantó, peinó su cabello con una trenza que dejaba libres unos pequeños mechones enmarcando su frente; se enfundó en su suéter rosa favorito. Respiró profundo, salió de su cuarto y se dirigió al final del pasillo. Toco a la puerta con dos suaves golpes…

Abrió la puerta un muchacho rubio soñoliento al que ya conocía muy bien.

"Tú ganas Malfoy… Acepto el trato…"

La sonrisa que se formó en el rostro del chico le llenó de mariposas el estómago. No sabía que sucedería después de todo pero algo dentro de sí le decía que no era un completo sacrificio pasar cierto tiempo del día con aquel chico, pero sabía bien que tarde o temprano su corazón se encargaría de hacerle pagar su atrevimiento.