Wow!!! Casi setenta reviews, no sé qué decir, en serio!!! Salvo que muchas gracias por vuestros comentarios.

Me alegro de que mi fic os esté gustando y espero que os siga gustando en un futuro :D

A ver, atención, que voy a pasar lista: muchas gracias por sus comentarios a:

Bulgarita, meriba, margara, vivi, beautifly92, cullenmx, valu86, new-sexy-vampire, isabel, anfitrite, melina, ammyriddle, miicaa, nocturnal depression, biankisMasen, MissCullen9, christti, Disastro, .x, roma88, carmenlr, Noemí Potter.

Quiero dar las gracias especialmente a Duciell por su constante presencia en mis historias. Desde que empecé a escribir en fanfiction mis fics de Harry Potter, ella estuvo en todas y cada una de mis historias y cuando no podía actualizar por encontrarme mal o haber enfermado, ella siempre me dedicó reviews y mensajes llenos de apoyo y tranquilidad. Ahora resulta que empiezo a escribir fics de Crepúsculo y ella vuelve a aparecer en mis reviews :D Así que muchas gracias por estar siempre ahí apoyándome y leyéndome siempre!! Algún día tenemos que escribir una historia juntas, lo prometo!!

Un besito, os dejo con el capítulo, nos vemos abajo y espero que os guste :D

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo III. Una advertencia

"René me dijo una vez que no siempre todo lo que hacemos tiene por qué agradarle a todo el mundo. Una vez cuando tenía cinco años creí que mi gran obra de arte echa a base de acuarelas y rotuladores de diferentes colores y pintada sobre el gran lienzo que suponía la pared del salón de casa era algo magnífico, digno de estar en un museo. A mamá no le gustó demasiado.

A James tampoco le agradó demasiado que ayudara a Emmett. Pero tal y como aprendí con cinco años, no siempre obtienes lo que quieres. James tampoco lo obtuvo"

¡Estúpida clase de educación física!

Podrían suspenderla de todos los colegios e institutos del mundo. En serio, quiero decir, ¿para qué diablos sirve dar saltitos y hacer la rueda salvo para tropezarme, caerme y abrirme la cabeza? Estaba segura de que si hiciéramos una encuesta global de todos los institutos de todos los continentes, la abolición de la clase de educación física sería aprobada por todos los estudiantes.

Me golpeado con la pelota de tenis. Otra vez. Le había advertido al señor Martch que no me dejase jugar, que no me obligase a jugar si quería que todos sus alumnos saliesen del gimnasio del mismo modo del que habían entrado. ¿Me había escuchado? No, claro. Había rodado los ojos y me había dicho que me buscara una excusa mejor que la de "soy muy torpe para jugar a esto".

Estupendo. Ahora por su culpa iba a tener un morado en la cadera todo el día. Odiaba los deportes. ¿Por qué diablos tenía que ser tan torpe en algo que a todo el mundo parecía dársele bien?

Pero el golpe de la pelota no era lo que más me había fastidiado de la clase de gimnasia de aquel día. Dejando de lado el horror que me producía tener que vestirme de forma obligatoria con esos pantaloncitos cortos y esa camiseta blanca que parecía estar gritando "¡miradme, estoy aquí!" y que tanto llamaba la atención y que tan poco me gustaba, estaba el hecho de que compartíamos el gimnasio con otra clase. Y el hecho de que Edward Cullen me estuviese mirando y riéndose de mi torpeza no me ayudaba demasiado ni en mi ego ni en mi equilibrio.

-¡Bella, cuidado!

Demasiado tarde.

Me tapé el rostro con los antebrazos dejando caer la raqueta y juro que vi al señor Martch intentando esconder una risita.

Alguien me empujó hacia la derecha y la pelota infernal, como acababa de decidir que iba a llamarla desde aquel momento en adelante, rebotó en el suelo. Ignoré el hecho de que Tom me dijese un "Genial, hemos perdido otra vez" y miré a mi salvador.

Oculté una mueca al ver la mirada divertida de Mike sobre mí.

-¿Por qué sigues jugando si sabes que eres un peligro? –me preguntó pretendiendo ser divertido.

-El señor Martch me ha obligado –dije-. Ya puedes soltarme Mike, soy torpe, pero soy capaz de estar de pie yo sola.

-Sí, claro, perdona.

Me soltó con demasiada lentitud y me encontré a mí misma deseando que se moviese más rápido. Esperé a que se marchara hacia su lado de la pista pero él no se movió. Se limitó a mirarme como si estuviera esperando que yo hiciera algo. ¿Qué? Ya le había agradecido por salvarme de la pelota infernal, ¿qué más esperaba?

-Entonces… ¿Qué tal la cita con Jessica? –le pregunté al ver que no se marchaba.

-¿Cómo te has enterado de que he salido con Jessica?

Me encogí de hombros poco dispuesta a entrar en detalles de cómo Jessica me había llamado la tarde anterior y me había tenido al teléfono durante tres cuartos de hora mientras me explicaba la cita detalle por detalle al mismo tiempo que analizábamos todas las oraciones que él había dicho y que ella había dicho. No creía que Mike apreciara ese tipo de cosas.

-Es un instituto pequeño y Forks es aún más pequeño –dije intentando sonar divertida.

-Bueno, no fue una cita… sólo fuimos al cine como amigos –fruncí el ceño. Eso no era lo que Jessica me había dicho-. Pensaba invitarte a ti pero como me dijeron que tenías plantes…

¡Oh! Vale, por eso me estaba diciendo que no había sido una cita. En serio, ¿es que Mike era así de insistente siempre o sólo tenía la costumbre de intentar ponerme de malhumor? No me gustaba ser grosera con nadie pero empezaba a plantearme mi elección de palabras cada vez que me negaba a salir con él.

-Es más, estaba pensando que quizá esta tarde si…

-¡Bella! –Alice había abandonado su clase de gimnasia soltando el balón de voleibol que se suponía que tenía que lanzar y saltó sobre mí para abrazarme, literalmente, de forma efusiva. Tal vez esto de los abrazos fuera cosa de familia- ¿Estás bien? El señor Martch debería de tener en cuenta tu excusa y disculparte de este tipo de clases.

-Eh… sí, eso mismo creo yo –dije mientras ella soltaba su agarre de mi cuello.

-Esta tarde iremos de compras y así se te pasará el susto –me dijo convencida de ello.

Estaba a punto de decirle que ir de compras no era mi actividad favorita y que seguramente si la acompañaba iba a hacer que ella también odiase comprar cuando me di cuenta de que Mike seguía allí y me miraba esperando una respuesta a su propuesta. ¿Decirle que se fuera a un desierto, lo barriera y volviese cuando lo hubiese hecho, sería ofenderle?

-Ya sabes que me lo prometiste ayer –añadió Alice.

-¿Ayer? –fruncí el ceño. El día anterior no había visto a Alice en ningún momento-. No recuerdo hab…

-Tonta Bella –dijo divertida-. Vas a tener que apuntar tus citas si cada vez que te dan un golpe con una pelota las olvidas –me dijo sonriendo de forma divertida.

-Eh…. –titubeé. Alice me miró y rodó los ojos mirando en dirección a Mike durante una fracción de segundo. Si el chico no hubiese estado tan embobado esperando por mi respuesta seguramente se habría dado cuenta de la mirada de Alice-. Sí, claro… Compras… lo había…eh… olvidado… Habíamos quedado para ir a comprar… fruta… -titubeé.

-Ropa –corrigió Alice sin inmutarse.

-Ropa –corregí yo con una media sonrisa dedicada a Mike-. Lo siento Mike, tendrá que ser en otra ocasión.

Lejos de desanimarse por un rechazo más, Mike se encogió de hombros.

-Lo dejaremos para otro día –aceptó-. Quizá un fin de semana, así podrías volver más tarde a casa.

¿Volver más tarde a casa?. ¿Con Charlie esperándome despierto y con un arma en su mesita de noche? Ese chico estaba loco.

-Ehm… claro Mike. Ya lo hablaremos –evadí su nueva propuesta.

Dio un paso hacia mí con la intención de besarme en la mejilla. Mientras pensaba si debía o no dejar que me besara, Alice fue más rápida y me tomó de la mano sacándome de la trayectoria de Mike por lo que el chico se encontró besando el aire. Cuando miró a Alice, ésta sonreía de forma dulce y angelical como si no hubiera roto un plato en su vida y por el modo en que Mike suspiró supe que Alice Cullen volvía a parecer la chica inocente. Otra vez.

-Lo siento, creí que necesitabas ayuda con Mike.

-Oh, sí, claro. Gracias Alice –le sonreí-. ¿No crees que deberías volver a tu clase?

Ni siquiera miró. Se limitó a hacer un gesto con la mano.

-No me necesitan para ganar ese partido de voleibol –aseguró-. Edward solito podría ganarlo.

Rodé los ojos. ¿Es que había algo que Edward Cullen no pudiese hacer de forma excelente?

-Mike empieza a ser demasiado pesado ¿verdad?

-Te juro que ya no sé qué hacer –admití-. ¿Siempre es así de insistente?

-No, creo que ha decidido que vas a ser la próxima en caer en sus garras –gemí y Alice rió divertida al ver mi exasperación-. Tranquila, puedes usarme de coartada cada vez que quieras.

Le sonreí agradecida.

-Quizá te tome la palabra –aseguré. Cualquier cosa era buena para librarme del acoso de Mike-. Bueno, ¿qué puedo hacer para agradecértelo? –pregunté-. Si quieres, te bajo la luna –exageré.

Alice rió entre coqueta y divertida y su risa sonó como campanillas moviéndose suavemente y con elegancia.

-Sólo tienes que venir de compras conmigo de verdad –me dijo Alice. Debí de mostrar mi escepticismo en el rostro porque sus ojos negros brillaron-. ¡Oh, vamos! Será divertido –insistió-. Pronto será el baile de bienvenida y necesito la opinión de alguien objetivo para comprarme un vestido.

-Creía que Rosalie…

-Está tan ocupada comprando su propia ropa que apenas se fija en lo que le enseño para que me de su opinión y cuando recurro a los chicos, Jasper a todo dice "estupendo" mientras que Emmett y Edward se pierden por el centro comercial en vete tú a saber qué departamento –me explicó-. Por favor… De verdad Bella, necesito una opinión sincera.

Suspiré. Los centros comerciales y yo siempre terminábamos con problemas. Iba a arrepentirme de mi decisión, lo preveía.

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Necesitaba golpear algo. Si escuchaba una sola oración más que contuviese la palabra verde mango, iba a necesitar golpear algo. Era eso o suicidarme y dado que si me suicidaba estaba seguro que iba a tener a todo el instituto detrás de mí para matarme por segunda vez si dejaba al equipo en la estacada, golpear algo era lo más efectivo. Sonreí y le di un puñetazo suave a Emmett en el hombro.

-¡Eh! –se quejó -¿A qué ha venido eso?

Me encogí de hombros.

-Me aburro –le dije sinceramente-. Podríamos ir a al gimnasio a hacer unos tiros mientras Ángela termina con ellas –señalé a Alice y Rosalie que se habían sentado junto a Ángela y parecían dispuestas a analizar cada color y prenda de vestir para facilitar a la chica un buen artículo.

-Eso suena bien, pasar el tiempo del almuerzo escuchando esto… –apoyó Emmett farfullando su último comentario- ¿Os queda mucho, chicas? –preguntó.

-Un artículo no es tan fácil de escribir –dijo Ángela con voz tímida.

-¿Qué tan difícil puede ser explicar por qué os gusta tanto ir de compras?

Reí. Emmett no debería hacer dicho aquello. Menospreciar o criticar las compras y la ardua tarea de llevarlas a cabo no era algo que se pudiera decir a la ligera cuando Alice estaba presente.

-¿Qué acabas de decir, Emmett Cullen? –preguntó con la voz demasiado calmada Alice.

-Nada, absolutamente nada –aseguró dándome un codazo mientras yo seguía riendo-. ¿Dónde está Jasper?

-En la biblioteca –contestó Alice con aquella expresión soñadora que adquiría cada vez que hablaba de Jasper-. Tenía que hablar con la señorita Alsedi sobre algo –se encogió de hombros.

-¿Por qué no vas a buscarle? –le sugerí a Emmett-. Te espero aquí y cuando vengáis podemos hacer un uno contra uno. Jasper será el árbitro.

-No lo será –Alice que había estado hablando, interrumpió su explicación acerca de por qué debería de estar prohibido llevar rallas y círculos en el mismo conjunto de día cuando se giró hacia mí con el ceño fruncido-. La última vez que hizo de árbitro con vosotros dos terminó con un ojo morado –fulminó a Emmett.

-Yo no tuve la culpa –dijo Emmett alzando las manos.

-Sí, sí la tuviste –replicó Rosalie con una media sonrisa-. ¿Por qué no os váis los dos y nos dejáis solas?

Miré a Emmett que frunció el ceño. Claro. Cómo si fuésemos a hacerles caso. Tras la amenaza de James, Emmett se estaba mostrando muy protector con nuestras hermanas y Jasper y yo habíamos estado de acuerdo con él en ese tema. Siempre habría alguno de nosotros con ellas. Además, después de haber perdido la carrera la noche pasada no creía que James fuera a estar de demasiado buen humor. No. Definitivamente dejarlas solas no era una opción. Nunca lo había sido.

-Ve a por Jasper –repetí-. Yo me quedo con ellas.

Emmett me miró pero no dijo nada, se limitó a marcharse mientras tarareaba una canción que habíamos estado escuchando aquella mañana en el coche mientras íbamos al instituto.

-¿Se puede saber por qué prefieres quedarte a escucharnos? –preguntó Rosalie-. Es más que evidente que estás aburrido.

-¿Tanto se nota? –pregunté burlón-. Sólo he pasado mala noche, y no me apetece encontrarme a Lauren por ahí –fingí estremecerme y las chicas rieron, incluso Ángela se permitió hacer una pequeña sonrisa.

-Deberías preguntarle a Bella, siempre tiene una excusa para no salir con Mike y lo hace siempre sin ofender al chico ni dañar sus sentimientos –aprobó con una sonrisa y un cabeceo Ángela.

-Sí, bueno, tengo la sensación de que se está quedando falta de excusas –dije con cierto retintín que no pasó desapercibido para ninguna de las tres chicas-. Además, Lauren no se dejaría convencer con excusas. Juro que esa chica va a volverme loco –gemí.

-¿Quieres que también te ayude a ti con eso? –me preguntó Alice.

Le fruncí el ceño. Gracias a Alice acababa de acordarme de la escena de hacía unas horas en clase de gimnasia cuando Mike había apartado a Bella de una pelota y había estado a punto de pedirle para salir. Eso me recordaba…

-¿Por qué no está Bella haciendo este artículo? –pregunté. Ángela me miró enarcando una ceja-. ¿Qué?

-¿Bromeas?

-No, en serio, creí que ella era la que hacía los artículos que sugeríamos –insistí genuinamente curioso.

-Y lo es pero Bella preferiría hacer un artículo sobre el equipo de baloncesto antes de arriesgarse a tener algo que ver con las compras –me confesó Ángela mientras anotaba algo que Rosalie acababa de decir.

-¿En serio? –asintió-. ¿Y eso a qué es debido?

-No lo sé. Es como si intentaras hacer comer pizza de bacon a alguien que es vegetariano, simplemente lo odia.

-¿Más que al equipo de baloncesto? –quiso saber Alice lanzándome una mirada divertida.

-Son odios diferentes –confesó Ángela-. Además, Bella no odia al equipo de baloncesto, sólo opina que todo aquel que se crea estar por encima de los demás por el simple hecho de ser popular en el instituto en realidad es un idiota –se encogió de hombros quitándole importancia-. Pero no es odio.

-¿Y tampoco sabes por qué tiene esa opinión? –pregunté.

-¿Es que estás haciendo un artículo sobre Bella? –se burló Alice de mí. La miré y ella sólo rió divertida.

-Alice –dije en tono de advertencia-. Bueno, ¿decías? –pregunté mirando a Ángela.

-Oh, no lo sé –contestó mientras escribía algo más en su bloc de notas-. Creo que tiene que ver con su antiguo instituto o algo así –se encogió de hombros-. En realidad Bella no es muy dada a hablar de sus cosas.

-¿En serio? –preguntó Rosalie-. Estando en el periódico cualquiera lo diría.

-No me entiendas mal. Bella sabe escuchar como nadie pero cuando tiene que contar cosas sobre ella misma… -suspiró-… es más fácil intentar que Jessica deje de hablar de Mike durante una hora que hacer que Bella hable de sí misma diez minutos –rió.

Me mordí la mejilla interna para ocultar mi sonrisa divertida. Sí. Definitivamente esa era una buena descripción para parte del carácter de Bella y precisamente era parte de lo que me atraía de esa chica.

-Bueno, creo que ya he terminado –sonrió Ángela-. Muchas gracias chicas. Sé que siempre puedo contar con vosotras para este tipo de artículos –rodó los ojos.

-Tampoco son tus preferidos ¿verdad? –adivinó Alice riendo suavemente.

-No, no lo son. Honestamente, hay cientos de temas a tratar, ¿por qué siempre sugieren los mismos? –se encogió de hombros.

-Bueno, siempre puedes cubrir el próximo partido.

Ángela rió.

-No, el próximo lo cubre Bella. Me lo debe –dijo-. Hasta luego.

-Adiós –dijo entusiasmada Alice. La miré con sospecha-. ¿Qué?

-¿Desde cuándo estás tan ilusionada porque sea Bella quien cubra un partido? –pregunté.

-Desde que he decidido que vamos a ser buenas amigas –dijo completamente segura.

-Estupendo. Una chica que odia el baloncesto y que cree que los que somos populares somos idiotas y tú has decidido que vais a ser buenas amigas –Rosalie rodó los ojos.

-¿Y a ti por qué te cae tan mal Bella?

Rosalie se encogió de hombros ante la pregunta de Alice lo que en su idioma quería decir "no voy a contestar a eso".

-Te lo digo si me cuentas dónde estabas anoche –apuntó.

Los ojos de Alice volaron del rostro de Rosalie para mirarme fijamente. Permanecí quieto dejando que me escaneara con la mirada en búsqueda de algún moratón o golpe que sabía que no iba a encontrar. Cuando suspiró aliviada abrió la boca.

-¿Fuiste a una carrera anoche tú solo?

-¿Quién ha dicho que fui solo?

-¡Fuiste solo! –dijeron las dos al mismo tiempo.

-James me desafió –me encogí de hombros-. Era eso o dejar que Emmett le partiese la cara en el gimnasio y terminara expulsado –Rosalie torció el gesto-. Exacto, así que tuve que ir. Estoy bien.

-¿Qué le hiciste al coche?-preguntó Rosalie sufriendo por mi nuevo Audi A5.

-El coche está bien –le contesté a Rosalie-. Y yo también –le aseguré a Alice-. Laurent no podría ganarme ni aunque corriera con un motor nuevo.

-Edward, sabes lo que opino sobre… -suspiró-. Ya es bastante malo que estés metido en eso pero que además vayas solo… -sacudió la cabeza-. Prométeme que no volverás a hacerlo –me pidió-. Si te pasara algo…

-Allí hay mucha gente Alice, no es como si me perdiera en medio del desierto ¿sabes?

-Sí, allí hay mucha gente que estaría encantada con robarte el dinero y el coche y dejarte tirado en una cuneta en lugar de avisarnos –espetó ella-. Prométemelo Edward. No más carreras tú solo, por favor.

Suspiré derrotado. Miré a Rosalie esperando encontrar apoyo en ella pero tenía la misma mirada de preocupación que Alice a pesar de que lo disimulaba un poquito mejor.

-De acuerdo, te lo prometo. No volveré a ir solo. ¿Satisfecha?

Cuando se abalanzó sobre mí y me abrazó fuertemente sonreí. Aquello debía de ser un sí, ¿verdad?

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Lo admito. Caminaba de forma distraída. Acababa de dejar un trabajo de historia contemporánea en la sala de profesores y ahora apenas me quedaban diez minutos para comer algo. Aún le estaba dando vueltas a la cabeza acerca del modo en que Alice me había convencido para ir de compras con ella y gemí al imaginar lo que sería ese día. Empezaba a arrepentirme de mi decisión muy seriamente.

Además iba mirando la pequeña tarjeta que llevaba en el bolsillo y que ahí seguiría hasta que averiguara de qué se trataba. Había buscado en internet y no había encontrado nada referente al Fuego Eterno como club o bar o incluso restaurante. Ángela me había dicho poco más o menos lo mismo que Eric me había comentado y Jessica sólo había sabido decirme que había escuchado ese rumor pero que no lo creía ya que no había sido ella quien lo había esparcido por ahí.

Entré en el periódico para dejarle una nota a Ángela acerca de un par de cosas mientras me preguntaba quién habría dejado aquello en el buzón y quién diablos quería que investigase aquello.

René siempre me decía que había heredado de papá ese rasgo de poder ensimismarme tanto en mis propios pensamientos que perdía el mundo de vista a mi alrededor. Tenía razón. Si no hubiese estado demasiado ensimismada en mi propio mundo me hubiese dado cuenta de que en cuanto entré en aquella habitación no estaba sola.

Cuando escuché la puerta cerrarse con fuerza ya era demasiado tarde. James Sommers estaba allí.

-Te has equivocado –le dije-. Sólo se permite entrar aquí a los miembros del periódico.

-Lo sé, pero tenía que hablar contigo –me dijo encogiéndose de hombros.

Intenté ignorarlo. Le di la espalda y me puse a ordenar unos papeles de encima de la mesa que ya habían sido ordenados. Escuché como caminó hacia mí y me aparté cuando se sentó de forma casual en la esquina de la mesa.

-¿Qué pasa? –pregunté-. ¿Algún artículo que no pueda esperar?

-No exactamente. Pero cuando sea el capitán del equipo te daré todas las exclusivas que quieras.

Rodé los ojos. ¿Es que Sommers no se había enterado de que odiaba escribir sobre el equipo y sobre la popularidad de los adolescentes del instituto? En serio, ese chico tenía un gran problema si no se había enterado de ello.

-No me interesa. Además para ofrecerme eso deberías primero de ser el capitán y que yo sepa, lo es Emmett Cullen.

-De eso es precisamente de lo que tenía que hablar contigo –me cogió de la muñeca y me solté. Él sólo rió entre dientes y me miró del mismo modo en que un cazador mira a una presa-. Necesito que Cullen sea expulsado del equipo para ocupar su puesto y tú me vas a ayudar dejando de darle clases para que apruebe literatura.

Le miré enarcando una ceja.

-¿Así que yo te voy a ayudar? –sacudí la cabeza-. Me parece que no –le repliqué-. Para empezar no le doy clases, sólo le ayudo a comprender la parte más complicada de la literatura y segundo no tengo ninguna intención de dejar de ayudarle, así que me parece que estás perdiendo el tiempo. Ahora, si me disculpas…

Me aparté de él lo más rápido que pude intentando llegar a la puerta.

-No, me parece que no lo has entendido –me sujetó de la muñeca y me empujó contra la pared. Sus manos se cerraron sobre mis brazos dejándome inmóvil-. Vas a dejar de ayudar a Cullen desde este mismo momento, ¿lo entiendes ahora?

-Nunca se me ha dado bien aceptar órdenes –le dije frunciendo el ceño.

-Será mejor que esta la aceptes… los accidentes ocurres ¿sabes? –dijo apretando sus manos sobre mi piel

Puse los ojos en blanco. Estaba segura de que al día siguiente tendría moratones. ¡Maldita sea yo por tener una piel tan blanca y fácil de marcar!

-Además, no es una orden, sólo es una… advertencia.

-Tampoco acepto bien las advertencias –le dije intentando que no notara el temblor que me sacudió.

-Yo que tú haría caso esta vez –susurró.

-¿O si no, qué? –pregunté.

-O si no… -susurró-… ¿has escuchado todos esos rumores acerca de mí y las chicas con las que salgo? –preguntó. Un escalofrío me recorrió la espalda-… Dicen que las drogo para conseguir acostarme con ellas –chasqueó la lengua-, como si necesitara eso para conseguirlo… Quizá tú quieras comprobar si necesito drogarlas o no… -añadió.

Esperé. Intentaba recordar las lecciones que Charlie se había empeñado en enseñarme siendo niña sobre defensa personal pero sólo recordaba que debía esperar un momento. Sólo necesitaba eso, un momento.

Cuando James se inclinó sobre mí y ladeó la cabeza dispuesto a, parecía que, besar mi cuello, intenté moverme.

-¡Déjame… en paz!

Le golpeé. Olvidé todas las lecciones que Charlie se había empeñado en enseñarme siendo niña sobre defensa personal, en serio que no recordaba ninguna salvo aquella. Supongo que la había visto utilizar demasiadas veces en televisión como para no recordarla.

Mi rodilla impactó contra la entrepierna de James y cuando él tuvo que doblarse en dos aullando de dolor mientras maldecía a todos mis antepasados al tiempo que intentaba tomar aire, me soltó los brazos.

Un segundo. Eso era todo lo que necesitaba para salir de allí. Aparté su cuerpo tambaleante de delante de mí y corrí hacia la puerta abriéndola de un tirón y saliendo fuera.

Estupendo. Siempre me estaba quejando de que me tropezaba continuamente porque los pasillos siempre estaban abarrotados y ahora que necesitaba que hubiera alguien, parecía que todos se habían desvanecido en el aire.

Escuché los pasos de James detrás de mí. Nunca había sido una cobarde y casi nunca había tenido miedo de nada. Pero James me daba miedo. Miedo de verdad. Y él lo sabía. Sus gestos, su mirada, la forma en que arrastraba las palabras lentamente… disfrutaba causando miedo y sabía que a mí me lo daba.

Giré por el pasillo a la derecha con la cabeza fija en llegar a la cafetería cuando me choqué contra un muro y hubiera caído hacía atrás por el golpe si unos brazos fuertes no me hubieran sujetado y estabilizado.

-Eh, eh, tranquila, ¿dónde es el fuego?

-Emmett… -dije en un suspiro de alivio al reconocer su voz.

-¿Dónde vas con tanta pris…

-¡Swan! –el grito de James interrumpió la pregunta de Emmett.

No pude decir nada. Emmett había relacionado a James y a mis prisas por salir de aquel pasillo bastante rápido y, desgraciadamente para James, había acertado en sus suposiciones.

-¿Estás bien? –asentí.

-Sólo…vámonos y…

-¡Joder! –James se quedó quieto en el pasillo al ver a Emmett a mi lado. En vez de maldecir y jurar y marcharse de allí, James se quedó quieto mirándonos y sonriendo burlón de Emmett-. ¿Ahora te dedicas a salvarlas a todas, Cullen?

La mandíbula de Emmett se contrajo y los músculos de su cuello se tensaron. Me miró como si quisiera asegurarse de que estaba bien y al parecer, satisfecho con su inspección, me alzó la barbilla para que le mirara.

-Quédate aquí –me dijo dejándome en medio del pasillo.

Sabía que era mejor hacerle caso y ni loco quería volver a acercarme a James. Sabía que debía quedarme en mi sitio y hacerle caso, de verdad. Pero cuando vi como sin ningún esfuerzo lo tomaba del cuello de la camisa y lo empotraba contra algunas de las taquillas que había en el pasillo, no pude quedarme quieta.

Le vi colocar su antebrazo sobre el cuello de James y vi como éste sonreía burlón a pesar de estar en dificultades para respirar. Sommers susurró algo y Emmett sonrió entre dientes antes de lanzar su brazo derecho hacia atrás preparándose para golpearle.

-¡No! –llegué hasta ellos - ¡No! –grité sujetándole el brazo.

Emmett me miró enarcando una ceja pero en ningún momento soltó a James. Seguía manteniéndolo firme contra las taquillas con su brazo apretando el cuello de Sommers.

-Bella, siento mucho hacerte volver a la realidad pero te saco más de medio metro de altura, ¿en serio crees que vas a conseguir detenerme?

-Claro que no, soy realista –le dije poniendo los ojos en blanco-. Pero no quiero que le golpees.

-¿Es que ahora resulta que vas a defenderle?

-No seas idiota Emmett, pero si le golpeas te expulsarán a ti. ¿Acaso no ves que te está provocando a propósito? –le hice ver-. Si le golpeas le darás lo que quiere y tú eres mejor que todo eso Emmett.

Miré a mi alrededor sabiendo que mis palabras no iban a ser suficientes. Juro que en el momento en que le vi saliendo de forma despreocupada de la biblioteca creí que había visto un milagro.

-¡Jasper!

El aludido se detuvo en medio del pasillo y miró por encima de su hombro. Su rostro se relajó y sonrió al verme pero en cuando descubrió donde estaba mi mano y por qué estaba allí, dejó de sonreír y se acercó hasta nosotros.

-¿Qué diablos…

-¡Jasper, dile que le suelte! –grité.

-¿Bromeas? Estoy pensando en ir a buscar palomitas –dijo divertido.

Le fulminé con la mirada al notar como los músculos del brazo de Emmett se tensaban bajo mi mano.

-¡Si le golpea le expulsarán!

-Supongo que tienes razón… pero Bella, ¿de verdad crees que voy a ser capaz de detenerle? Y por cierto –miró la escena ladeando la cabeza-. ¿Qué ha hecho ahora para estar así?

Abrí la boca para hablar pero la cerré de forma inmediata. Sabía perfectamente que Jasper era conocido por ser el hermano tranquilo de los Cullen pero la única vez que lo había visto enfadado me había dado miedo, realmente. No sabía si debía decirle que…

-Ha amenazado a Bella –dijo Emmett en un gruñido por mí.

Jasper me miró sombríamente.

-¿Estás bien? –preguntó. Asentí-. Estupendo. Ahora iré a por esas palomitas –se encogió de hombros como si no importara nada más.

-¡Jasper! –grité-. Si Emmett es expulsado, Sommers se convertirá en el capitán del equipo –le recordé-. ¿Quieres que Edward también quede expulsado?

-¿Y qué tiene que ver Edward con nada? –preguntó Jasper cruzando los brazos.

Miré a James cuyo color de cara se estaba volviendo de un preocupante púrpura. Emmett seguía sujetándole por el cuello y parecía que le estaba costando respirar.

-¿Es que crees que se va a quedar cruzado de brazos cuando sepa por qué han expulsado a Emmett? –pregunté. Me jugué la última carta-. Tendrás que vigilar tú solo a Alice y Rosalie –añadí.

Refunfuñó algo entre dientes pero parece que aquello le hizo entrar en razón. Se acercó de nuevo a Emmett y le palmeó el hombro.

-Suéltalo Emmett –le dijo-. Realmente no vale la pena. No aquí –añadió en un susurro tan bajo que supuse que no había sido dicho para que yo lo oyera.

-Emmett, por favor… -tiré de su brazo a pesar de saber que era una estupidez. Ni siquiera estaba segura de que algo menos pesado que una grúa pudiera mover aquel brazo.

Emmett apartó el brazo y dejó que James respirara. Se inclinó hacia él y cuando habló, su voz sonó… letal…

-No vuelvas a acercarte a ella. Si vuelvo a saber que has estado cerca de Bella o de Rosalie o Alice, te juro que te cogeré del cuello y te arrastraré fuera de los límites del instituto y te daré tal paliza que nadie será capaz de reconocerte cuando termine contigo, ¿entendido? –lo soltó y el cuerpo de James cayó hasta el suelo donde permaneció sentado-. Vámonos de aquí antes de que cambie de idea –añadió.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, cada uno se colocó a un lado mío. Apenas habíamos caminado un par de metros cuando la voz de James volvió a llamarnos.

-¡Contaré que me has agredido! –gritó-¡Les contaré a los profesores lo que ha ocurrido y tengo las marcas del cuello para demostrarlo!

Emmett se puso rígido a mi lado. Era más que evidente que estaba debatiéndose internamente entre ir y partirle la cara a James o en seguir hacia delante ignorando al rubio. Tomé la decisión por él.

Me di la vuelta, caminé hacia James que ya se había puesto en pie y le sonreí como quien se sabe conocedora de un secreto.

-Hazlo y yo contaré lo que ocurrió ahí dentro –señalé con la cabeza la puerta abierta del periódico y luego sonreí cuando miré su entrepierna, recordando el golpe que le había dado antes.

-¿Y quién demonios crees que te va a creer?-rugió.

-No necesito que me crean, sólo que salga en el periódico –me encogí de hombros-. Ya sabes el poder que tienen los rumores ¿verdad? –me miró impasible-. Sí, será un gran titular –me acerqué hasta su oído y susurré-. Ya lo estoy viendo: James Sommers vencido por una chica, estoy segura de que al instituto le encantará –chasqueé la lengua-. Es tu decisión, por supuesto –añadí con tono confidencial-. Házmelo saber cuando te decidas.

Caminé hasta Jasper y Emmett y la risa del rubio cuando me uní a ellos fue inevitable y a pesar de que Emmett seguía farfullando y maldiciendo en voz baja, se las arregló para pasarme un brazo sobre los hombros y hablarme.

-¿Crees que a tu padre le importaría si Carlisle te adopta? Encajarías muy bien con los Cullen.

Incluso yo tuve que reír.

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Miré el reloj. Un día que se suspendía el entrenamiento y podía ir a casa a relajarme con mi música y precisamente Emmett y Rosalie decidían que ese día iban a salir los últimos. Resoplé y cambié el peso de una pierna a otra.

-Estate quieto –pidió Alice dándome un golpe en el brazo-. Aún no han salido todos los de su clase.

-Mañana os traéis el coche de Rosalie o el de Emmett –sentencié.

-Vamos Edward –me dijo Alice-, te encanta traernos en tu coche.

-No, lo que me gusta es conducir mi coche –la corregí-. ¡Por fin! –exclamé mirando hacia la salida y viendo como Emmett bajaba las escaleras con ¿Bella?

-¿Por qué Emmett está rodeando a Bella con el brazo? –pregunté.

-¿Es que te molesta? –preguntó burlona Alice.

-Hm… -musité evitando su pregunta.

¿Me molestaba? Sí, definitivamente me molestaba. No entendía por qué, no sabía por qué, pero realmente me molestaba que Emmett estuviese caminando con Bella rodeándole los hombros con un brazo mientras sonreía divertido hablando. Fruncí el ceño al ver que Bella intentaba apartarse y que en ambas ocasiones Emmett la había retenido a su lado. Rosalie caminaba de la mano de Emmett y la miré para comprobar que estaba molesta. No me extrañaba, yo también lo estaba.

-Creo que ha decidido adoptarla –sonrió Jasper.

Abrí la boca dispuesto a decir algo pero no tuve tiempo.

-¡Eh, chicos! –llamó Emmett llegando a nuestro lado.

-¡Bella! –Alice se despegó de Jasper para abrazar a la chica castaña que parecía completamente perdida dentro de la efusividad de Alice. Sonreí. Yo tampoco me acostumbraba aún-. ¿Vas a venir con nosotros?

Me tensé ante las palabras de Alice. ¿Venir con nosotros? Sí, claro… Eso era justamente lo que necesitaba para intentar sacarme a Bella Swan de la cabeza, que viniese con nosotros en el coche y que el olor natural de su cuerpo me inundase y que su voz suave y… Sacudí la cabeza.

-No –dije tajante por ella. Bella me miró confundida-. El coche está lleno Alice, no puede…

-Edward tiene razón –dijo Bella mirando a Alice-. Además, tengo mi camioneta.

-Pero yo quería que… -empezó a decir Alice haciendo un bonito puchero con los labios.

-Alice, cielo, no puede dejar su coche aquí –le dijo Jasper abrazándola.

-Pero quería hablar contigo sobre…

-Luego, Alice –pidió Emmett-. Ahora venimos, voy a acompañar a Bella a su coche –informó.

Rosalie resopló pero no dijo nada y Jasper se limitó a asentir con gesto solemne mientras que la aludida, que en aquellos momentos intentaba separarse del abrazo de Alice, se limitaba a negar con la cabeza.

-Sois unos exagerados –dijo-. Tengo mi furgoneta ahí delante –señaló el mastodonte a unos doscientos metros de mi Volvo y sonrió-. No voy a perderme.

-Sí, bueno, deja que yo me preocupe por eso ¿vale? –insistió Emmett.

Apreté las llaves del coche en mi mano izquierda hasta que noté que la piel se agrietaba. Maldije por ser tan impulsivo y abrí la puerta de un tirón.

-Venga, no voy a quedarme aquí todo el día –les dije bruscamente.

Alice se mordió el labio, obviamente confusa sin saber por qué les estaba hablando de aquel modo y Jasper me fulminó con la mirada por hablarle así a su novia. Por primera vez desde que les llevaba a todos en el coche, Jasper se sentó en el asiento trasero con Alice en lugar de hacerlo en el asiento del copiloto. Rosalie se unió a ellos. Fruncí el ceño y estuve tentado de pedirle a Rosalie que se sentara a mi lado, el hecho de tener a Emmett tan cerca después de haber visto como se comportaba con ella no iba a ser de demasiada ayuda si quería ser amable con ellos. Demasiado pronto Emmett regresó y se sentó en el asiento del copiloto.

-Bueno, ¿nos vamos? –preguntó con una media sonrisa.

-¿A qué ha venido eso? –pregunté incapaz de permanecer en silencio. Desde el asiento trasero, Alice me miró enarcando una ceja.

Tenía que acordarme de vigilar lo que decía en presencia de Alice. Esa chica parecía saber siempre lo que pasaba por mi cabeza. Era extraño, pero con Alice era con quién más compenetración tenía… A veces éramos capaces de saber qué iba a decir el otro antes incluso de que uno mismo lo dijera.

-James ha estado molestándola –dijo Emmett con la voz serena.

-¿Qué?

Vale, esa había sido Rosalie. La miré por el retrovisor. Al parecer ella tampoco sabía nada porque su rostro de "estoy muy enfadada con Emmett" había cambiado a "estoy muy orgullosa de Emmett" en cuestión de segundos; concretamente la cantidad de segundos que había tardado en escuchar el nombre de James.

-Creo que es por mi culpa –confesó Emmett. Le miré brevemente.

-Edward, la carretera –me dijo Jasper.

-¿Te preocupa que me choque con algo? –le pregunté burlón. Jasper rodó los ojos, pero le hice caso y fijé mi mirada de nuevo al frente-. ¿Qué ha pasado con Sommers?

-Creo que me escuchó diciéndole al entrenador que iba a recibir ayuda de Bella con la literatura. Le… pidió que dejara de ayudarme.

-Vamos a tener que hacer algo con él –dijo Jasper desde el asiento trasero-. Empieza a ser un verdadero estorbo.

Escuché brevemente como mis hermanos se lanzaban a una conversación en la que divertidos comentaban cuáles serían las mejores formas de eliminar a James de la faz de la tierra para siempre y sin dejar marcas.

No estaba prestando realmente atención. Mi mente estaba imaginando qué era lo que había pasado entre James y Bella y cada cosa que imaginaba o pensaba era peor que la anterior… La verdad era que ninguna de las cosas que estaba pensando me agradaban demasiado y desde luego, no ayudaban para tranquilizarme. Apreté las manos alrededor del volante y los nudillos se me pusieron blancos. Como si Jasper notara mi enfado, carraspeó y cuando le miré por el espejo murmuró sin hablar un "cálmate" que no surtió ningún efecto.

Sin embargo, sí que sonreí brevemente al escuchar decir a Emmett que podríamos convertirnos en vampiros y que de ese modo podríamos acabar con James sin ningún tipo de problema. Cuando Rosalie le dijo que dejara de decir tonterías, Emmett se rió y se limitó a decir que seguramente incluso siendo una vampiresa sería tan preciosa como lo era entonces.

Me detuve cuando llegamos a casa pero no apagué el motor. Emmett me miró.

-Voy a ir a dar una vuelta –le dije.

-Edward… -dijo Alice-… No se te ocurra ir solo –me advirtió mirándome ya desde fuera del coche.

-No voy a ir a ningún sitio –dije.

-Edward –me llamó esta vez más firme-. No saldrá bien.

-Odio cuando hacen eso –Emmett miró a Jasper y Rosalie-. ¿Vosotros no lo odiáis? Es como si se comunicasen por telepatía –dijo frunciendo el ceño.

-No –Jasper rodeó a Alice abrazándola por la cintura-. De hecho, puede intentar comunicarse conmigo telepáticamente cada vez que quiera –la besó en el cuello y Alice rió suavemente.

-No harás ninguna tontería, ¿verdad? –preguntó entonces Rosalie.

Negué con la cabeza.

-No volveré tarde –les dije-. Hasta luego.

Antes de que ninguno de ellos pudiera decirme nada, arranqué el coche de nuevo y me perdí por la carretera. Sabía dónde encontrarle. Mientras conducía intentaba recordarme a mí mismo que Bella estaba bien y que él era un idiota que no merecía siquiera un minuto de mi atención. Carlisle siempre decía que yo tenía un gran autocontrol… ¡Ja! Si supiera en qué estoy pensando ahora mismo, no diría eso.

Aparqué en el viejo edificio a las afueras del pueblo. Salí del coche y caminé a grandes zancadas hasta el interior. No me había equivocado. James estaba allí rodeado de algunos rostros que me sonaban haber visto durante las carreras ilegales. Ni siquiera lo pensé. Tiré mi brazo hacia atrás y le di un puñetazo en la mandíbula. Sentí como le crujía el hueso y pude notar la sangre caliente de su labio cuando se lo partí sobre mis nudillos. El resto de ellos, cobardes como eran, ni siquiera se movieron. Bien, era agradable saber que conocían mi reputación y la de mis hermanos.

-¡Maldito bastardo! –gruñó tocándose la boca.

-La próxima vez no me detendré sólo con un puñetazo, ¿entiendes Sommers? Empiezo a cansarme de tus juegos y amenazas. Aléjate de todos los que me conocen o tendrás problemas –le susurré a media voz sabiendo que así resultaba mucho más atemorizante-. ¿Lo has comprendido?

No esperé que dijera nada. Me di media vuelta y caminé a grandes zancadas. Tenía que alejarme de él. Debía alejarme de él porque si no lo hacía, tenía la sensación de que podía matarlo a golpes únicamente con imaginar que se hubiera atrevido a hacerle algo a Bella.

¡Maldita sea!. ¿Por qué me preocupaba tanto lo que le pudiera ocurrir a Bella Swan?

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Aparté la salsa de tomate del fuego cuando llamaron a la puerta. Alzando la voz para que Charlie supiera que ya abría yo y que él podía continuar viendo los resultados del último partido se béisbol en el salón, atravesé la cocina para abrir la puerta y encontrarme cara a cara con Edward. Mi sorpresa debió de reflejarse en mi cara porque Edward sonrió a medias.

-Lo siento, sé que es un poco tarde, pero yo… -carraspeó-. ¿Puedo hablar contigo?

-Ehm… claro… -giré el rostro por encima del hombro-. ¡Papá, salgo un momento fuera!

Cuando hice el ademán de salir, Edward se retiró y me dejó pasar. Permaneció con las manos en los bolsillos de su chaqueta hasta que yo salí del todo y cerré la puerta a mis espaldas.

-Quería disculparme por lo de antes –dijo-. Si hubiese sabido lo que había ocurrido no habría sido tan desconsiderado al…

-No importa. Tenías razón. Tu coche estaba lleno y yo tenía mi furgoneta, no hay nada por lo que tengas que disculparte –le dije encogiéndome de hombros-. Cada uno lleva en su coche a quien quiere –añadí intentando que el malestar que había sentido ante su rotundo "no" no trasluciera en mis palabras.

-Sí importa. No debería haberte hablado así y… -suspiró frustrado pasándose la mano por su cabello cobrizo y despeinándolo aún más si es que eso era posible-. Lo siento, de verdad. Había tenido un mal día…

-Está bien, disculpas aceptadas –asentí. Miré la mano que tenía fuera y fruncí el ceño-. ¿Qué te ha pasado?

Se miró la mano como si viese por primera vez los nudillos raspados y un poco inflamados y parpadeó.

-Golpeé un árbol –me dijo quitándole importancia. Su ceño se frunció al observar las mangas de mi jersey subidas para arriba pudiendo ver los moratones que empezaban a formarse en mis antebrazos.

-Te ha dejado… -carraspeó-… te ha dejado marcas…

Crucé los brazos en un intento porque las marcas de mis antebrazos no fueran tan visibles y asentí suavemente.

-Es… es lo que pasa por tener la piel tan clara –le contesté quitándole importancia-. Basta que me sujeten con un poquito de fuerza para que me salga mor…

-Nadie debería de sujetarte con fuerza –me dijo con el ceño fruncido.

Con deliberada lentitud, como si estuviese pensando que lo que hacía estaba mal o que yo iba a apartarme de él, tomó mis manos entre las suyas y me obligó a descruzar los brazos. Contuve el aire cuando apoyó sus dedos sobre mis brazos justo en el lugar donde empezaban a formarse los moratones.

-Lo siento. Si no hubieras… si no estuvieras ayudando a Emmett, esto no… James no…

Abrí la boca para decirle que estaba bien, que no importaba, que James era un cretino y que eso no era culpa ni suya ni de Emmett ni de ninguno de ellos. Podía ver claramente como Edward se estaba culpando por algo que no era su culpa y lamentablemente yo era incapaz de decir las palabras adecuadas para que él dejase de sentirse culpable.

-¿Bella? –llamó mi padre desde dentro-. Cariño, ¿qué estás… -se detuvo al vernos a Edward y a mí en la entrada de la casa-. Perdona, no sabía que tenías…

-No pasa nada –aseguré intentando explicarle qué hacía Edward a aquellas horas en casa.

Por suerte para todos Edward había sido rápido y había soltado mis brazos en cuanto había escuchado la voz de Charlie, además de alejarse un par de pasos. Estuve a punto de soltar una risita al creer que incluso Edward Cullen le tenía miedo a las armas de Charlie pero cuando vi el brillo burlón en sus ojos me di cuenta de que Edward no se había alejado por miedo a Charlie, sino para que yo no me sintiese incómoda.

-Soy Edward Cullen –se presentó estirando la mano. Charlie la aceptó y frunció el ceño.

-¿El hermano de Emmett? –Edward me miró y me limité a encogerme de hombros.

-Sí, se dejó unos apuntes el otro día y me he ofrecido a venir a por ellos ya que pasaba por aquí –mintió con total facilidad.

-Está bien –papá me miró-. No tardes, empieza a hacer frío.

-No, en seguida entro –le aseguré. Me giré hacia Edward cuando Charlie entró en casa de nuevo-. Gracias por eso… -le susurré-. Soy malísima con las mentiras.

Edward sonrió a medias.

-No deberías dejar que me acerque tanto a ti –me dijo entonces-. No soy bueno para ti.

Me encogí de hombros sin saber a qué se refería exactamente y, ante mi propia sorpresa, me encontré descubriendo que no me importaba demasiado a lo que se refería exactamente.

-René siempre dice que el chocolate la hace engordar y sin embargo, sigue comiéndolo –dije divertida.

Edward me miró unos segundos analizando la comparación y luego, sonriendo, se subió a su coche, me miró a través de la ventanilla bajada y frunciendo el ceño, como si estuviese peleando consigo mismo, arrancó el vehículo y se alejó por la carretera.

Juro que ese chico iba a volverme loca.

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Algo ocurría con el motor. Cuando uno llevaba tanto tiempo corriendo sabía cuándo algo fallaba incluso antes de que el problema saliese a la luz. Le golpearon por detrás y el impacto hizo que rebotara en el asiento.

Maldijo en voz baja y cambió de marcha mientras pisaba el acelerador para sacarle más distancia al coche que venía detrás.

Pasó uno de los bidones ardiente y escuchó el griterío de la gente. El volante tembló bajo sus manos y el chico lo golpeó por la impotencia.

Estaba yendo demasiado rápido. Si no frenaba se estrellaría en la siguiente curva cerrada. Pisó el freno y no ocurrió nada.

Volvió a pisarlo esta vez con ambos pies soltando el acelerador.

Las ruedas derraparon en el suelo.

El volante cimbreó de nuevo bajo sus manos.

No había tiempo para nada y él lo sabía.

Giró al llegar a la curva incluso sabiendo que entraba en ella con demasiada velocidad.

Las ruedas se soltaron del suelo y el coche se descontroló.

El primer golpe fue contra el lado derecho, el segundo lo impulsó hacia delante y el tercero lo volcó ladeándolo hacia el barranco.

Gritó y se quemó la garganta al hacerlo.

El coche giró en el aire y luego sólo hubo oscuridad.

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Bueno, pues esto es todo por ahora… Así que no me matéis porque si lo hacéis no podréis saber quien ha tenido el accidente, ¿de acuerdo?

Bueno, ¿Qué tal?

Ya sabéis, como siempre, comentarios y sugerencias y peticiones y demás jejeje dejad vuestro review :D

Aps, por cierto, hay catorce páginas de word, así que ya sabéis :p

Sed felices y recordad:

"un amigo es aquel que lo sabe todo de ti y a pesar de ello, te quiere"

Que paséis un buen fin de semana!!! Sed felices y nos leemos pronto!!!

Y sigo abierta a sugerencias para hacer mini fics!!