Ok, me preparo para recibir tomatazos, cacerolazos y hasta amenazas de muerte (?) por no haber actualizado en, literalmente, AÑOS... pero estuve muy ocupada con mis estudios y montones de problemas personales, Digimon me absorbió por completo, y había dejado este conjunto de viñetas humorísticas en el olvido. Sí, como ven: Hetalia ya no es mi serie favorita ni una de mis mayores obsesiones, pero sigo recordándola con cariño y riendo al leer las locuras que escribí en ese tiempo. Hermosos tiempos, por cierto.
Solo espero recibir uno o dos reviews y provocar risas en algún lector.
No los distraigo más ^^
¿Qué dirían las naciones hetalianas si…?
4.- ¿Un meteorito estuviera acercándose peligrosamente a la Tierra?
En Asia…
—¡Tomaré las medidas necesarias! —anunció Japón segundos antes de poner en marcha un robot gigante estilo Gundam y emprender su viaje hacia la luna.
—¡Imitaré a Japón! —declaró China, quien construyó una especie de Transformer de bajo presupuesto que se averió a mitad de camino.
—¡OIGAN! —protestó Corea a toda voz— ¡YO INVENTÉ LOS ROBOTS GIGANTES! ¡USEN ALGO ORIGINAL!
En Europa mediterránea…
—Gatos —habló en sueños un perezoso Grecia, ajeno al fin del mundo, rodeado de gatos dormilones.
Francia, por su parte, tomó el teléfono de inmediato, se conectó a la línea telefónica mundial y chilló:
—¡ORGÍA MUNDIAL AHORA, YAAAAAAA!
En los países bálticos y sus alrededores…
—¡Ahhh, pero qué lindo se ve el cielo! —suspiró Polonia— Aunque es algo raro que se haya hecho de noche, si son las dos de la tarde…
—¡VAMOS A MORIIIIIIR! —profirió Lituania, al borde del colapso, mientras corría despavorido de un lado a otro.
—¡AAAAAAAAAAAHHHHH! —gritaron Estonia y Letonia a todo lo que dieron sus pulmones, corriendo de la misma forma que Lituania.
—¡Hey! ¿A qué se debe tanto escándalo? —preguntó el rubio de ojos verdes— ¡Miren qué lindos colores tienen las nubes! ¡Parecen hechas de neón!… ¡Oh, y hay una especie de pelota negra en el cielo que se hace cada vez más grande!
—¡AAAAAHHHHHHHHHHHH!
No muy lejos de ahí se encontraban…
—Qué desagradable —se quejó Rusia—, nunca habíamos tenido cuarenta y ocho grados centígrados en invierno —y cambió de posición la salchicha que se encontraba friendo con el brazo alzado, ensartada en un palillo.
A su lado, Bielorrusia aprovechaba de broncearse, usando su traje de baño azul, anteojos para el sol y una pamela sobre su cabeza, tendida sobre una silla reclinable.
—¡Rusia! ¡Rusiaaaa! —chilló Ucrania, quien corría lo más rápido que podía hacia su hermano mientras sus pechos rebotaban.
—¿Qué pasa, Ucrania?
—¡Estados Unidos acaba de llamar! —explicó, histérica— ¡Dijo que un meteorito se está acercando a nuestro planeta!
—¿Ah, sí? Pues —meditó mientras bajaba la mirada. Ucrania lo observó expectante—… esperemos un poco antes de hacer algo, ¿sí? —sonrió— Tenemos que aprovechar este calor.
—¡Pero Rusia! —chilló desesperada— ¡Si no hacemos algo ahora, moriremos!
—¡Genial! Desde la Guerra Fría que no vivía algo tan intenso.
Ucrania se echó a llorar.
Mientras tanto, en los países anglosajones…
—¡No se preocupen! —declaró Estados Unidos, usando un tono mucho más serio y maduro de lo usual— ¡Aquí estoy YO, el héroe, para salvarlos! ¡Ahahahaha~! —rió mientras daba su discurso desde el balcón principal de la Casa Blanca.
—Pero qué idiota —murmuró para sí el Reino Unido—. Lo más seguro es que se le haya ocurrido alguna estupidez que no lo llevará a ninguna parte…
Segundos después, una gran e imponente nave espacial con forma de hamburguesa hizo aparición sobre el edificio presidencial.
—¡¿Q-QUÉ DEMON…?! —exclamó el británico con los ojos en blanco.
Tony se asomó por una de las ventanillas y los saludó a todos en su idioma.
—¡Gracias, Tony! —pronunció Estados Unidos.
—¡Jhá! —rió el Reino Unido— ¡Pues déjame informarte que no eres el único con un as bajo la manga!
—¿Me llevarían con ustedes? —pidió Canadá amablemente segundos antes de que su hermano se marchara en la nave espacial y su antiguo tutor huyera volando en un unicornio—… Tal vez no me escucharon —murmuró apenado.
Por último, en el resto de Europa…
—¡ESPAÑA, MALDITO BASTARDO, SÁLVAMEEEEEEE! —rogó un horrorizado Romano mientras se escondía detrás de él, temblando como una gelatina.
—¡Yo te salvaré, Romano! —declaró heroicamente España— ¡Porque combatiré al meteorito con el poder del amor y la pasión!
—¡NO SEAS IMBÉCIL! —gritó el italiano.
A pocos pasos de allí, Veneciano también lloraba y temblaba como un niño pequeño.
—¡ALEMANIAAA, TENGO MIEDOOOOO!
—¡GUARDEN SILENCIO! —pidió el alemán con un potente grito mientras apuntaba hacia el meteorito con una de sus armas más poderosas y sofisticadas. Hizo gala de su experiencia de guerra y buena puntería atravesándolo justo por la mitad y rompiéndolo en pedazos.
La Tierra había sido salvada, pero Francis ya había hecho las preparaciones para su orgía mundial y no cambiaría de opinión tan fácilmente.
—Vengan con Francia —pronunció con una voz seductora y, al mismo tiempo, terrorífica.
