―He realizado una copia perfecta de Uchiha Obito con las habilidades de regeneración de la mutación conocida como Zetsu, y, hasta ahora, la he mantenido con vida, en secreto de las cinco naciones ninja. ― confirma con una sonrisa falsa. ― Ese es el crimen por el cual Konoha me desee de vuelta, ir a allí… es solo para ser sometida a un juicio parcial antes de que me lleven ante un tribunal internacional de aldeas.
Kakashi enmudece ante la fatalidad de las decisiones de Sakura.
―Está vivo, mi perfecto clon genético con las habilidades de los Uchiha y la inmortalidad que posee el ADN del primer Hokage. Yo he creado un nuevo Uchiha Obito, él mismo que causó la guerra hace cuatro años.
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
―Dialogo de los personajes―
Pensamientos de los Personajes
Capitulo 4: Jaula de Acciones
La realidad ha golpeado al hijo del Colmillo Blanco como una bomba, destrozando toda su esperanza de un solo ataque. Ve en aquellos ojos jade la nefasta verdad, sin ningún rastro de alguna mentira o broma cruel que ella podría jugarle, pero sus palabras no son bromas, son la honestidad que siempre admiro en su pequeña alumna.
No se da cuenta cuando sus manos se han posicionado sobre los hombros de la fémina, tampoco del temblor innato que le recorre de solo pensar en ella. Solo ve en el rostro de Sakura el reflejo de su más amarga pesadilla, aquella que por tantos años deseo borrar de su existencia, pues la tiene marcada con fuego en el alma.
Puede ver aquel rostro juvenil de cabellos castaños y gran resistencia espiritual.
Oh, Kami.
Su preciada alumna, la linda y delicada Sakura se había convertido ahora, en el karma mismo de sus pecados.
Oh, Kami.
Lo único que podía ver ahora era el rostro agonizante de su compañera de equipo reflejado en esos orbes jades.
―Rin… ― murmuró, apretando el agarre en los hombros de ella. ― No… Rin… ― volvió a decir, con un atisbo adolorido en la voz. Sakura tembló de solo escucharlo, tan destrozado y temeroso al mismo tiempo.
Su maestro, aquel hombre conocido por su fría y calculadora manera de proteger a los suyos, allí, frente a ella, con el semblante corrompido por la angustia. Y ella también comenzó a temer, porque el terror reflejado en ese ojo gris era la prueba de quién había visto lo que de verdad pasaba con los traidores, de quién vio en primera fila, como parte del escarmiento para evitar la traición, la forma en que los ninjas renegados eran sometidos hasta hacerlos añicos… tanto en cuerpo como en espíritu.
Kakashi la abrazó como si su vida dependiera de ello, apretándola tanto que sentía que si le soltaba, por tan solo un segundo, ella caería hecha polvo al suelo. Se refugió en sus brazos, con la memoria de aquel semblante asustado de su sensei en la mente.
¿Así se sentía ser traicionado?
¿Estaba decepcionado?
¿Le había dañado aún más?
¿Había abierto viejas heridas?
―Lo siento tanto ― .dijo, correspondiendo el abrazo de su sensei. ― Lamento tanto hacerle esto a usted ― .respondió, hundiendo su rostro en el pecho del jounin. ― En verdad… perdóneme. ― rogó, cediendo ante el temblor que le contagiaba el Hatake.
Aquellos tres años de míseras palabras de apoyo y soporte pasaron por su mente en un flash perturbador. Sí, ella tenía la culpa, había vuelto a traer un trauma que al pobre ninja lo iba a marcar por quién sabe cuántos años más. No era su intención, pero ya no tenía más alternativas, estaba atrapada entre la espada y la pared.
Sin importar si salía lastimada ella, había preferido tomar el camino más doloroso. Iba a esperar que la espada se clavara profundamente en su pecho mientras avanzaba, desangrándose hasta que la muerte la tomara en sus garras. Pero, prefería salir lastimada a lastimar.
Lastimar a sus camaradas no fue su intención, y sin embargo, buscando aclarar un poco las dudas de su sensei término destruyéndolo por completo.
―Lo siento mucho―. dijo de nuevo, aguantando las lágrimas que querían salir de sus ojos. ― Ya no hay más salidas, busque en todo. Así que… por favor… confié en mí hasta lo último, sensei. ― rogó, levantando la mirada para encontrar el mismo semblante temeroso en el de él. ― Estaré bien, de alguna forma…― explicó, con una sonrisa cansada. ― solo confié en mí.
Kakashi tomó la cabeza de su alumna y la empujo a su pecho, abrazándola con fuerza. La niña risueña que intentó proteger con uñas y dientes se le había escapado de las manos también, como granos de arena contra el aire, Sakura había salido de su control. El terror de aquellos ninjas siendo torturados por traición le había ganado en reacción, la había apretado tanto contra sí que sentía que sus dedos se hundirían en los lados de la chica. Pero, Kami sabía que estaba perdonado si en caso sus dedos dejaban marcas por sostenerla con tanta desesperación.
Pues, solo Kami, y los muertos podían entender la realidad de sus temores.
Al final de la guerra, cuando se dejó destruir de nuevo por la muerte de su mejor amigo; creyó con total seguridad que lo peor ya había pasado. Que, con Obito muerto, la agria memoria del equipo liderado por el Cuarto Hokage moriría por fin consigo mismo. Pues, solo Kakashi Hatake quedaba de entre todo ese equipo, tragado por el dios de la muerte. Solo él, y sus recuerdos.
Y ahora, cuando creyó que la vida volvía a sonreírle, cuando traería a su preciada alumna, digno recuerdo de la única mujer que amo en su vida, se enteraba de una verdad que lo tenía tieso del pánico. Casi sentía que Rin, su adorada compañera de equipo, le había trenzado ese obstáculo para verlo sufrir por matarla.
Sabía que Sakura se preguntaría quien era Rin, pero él no lo diría, porque de hacerlo, las cicatrices le arderían hasta abrirse en llagas ardientes y sin capacidad de detener. Primero fue Rin, a quién mató con sus propias manos para ahorrarle el sufrimiento, y ahora… era Sakura.
Matarla no era opción, antes fue una guerra, ahora era paz. Sakura no era solo un miembro de su equipo, ahora le pertenecía a todos aquellos a quienes le querían. Sería injusto, muy egoísta, y… sabía muy en el fondo, que no era capaz. Desde el día que le encargaron al equipo siete supo que Kami se vengaba de él de la manera más eficaz, trayéndole espejos de su propio equipo, pero él no era Namikaze Minato. Él no era el Yondaime que salvo a Konoha, él… solo era un cobarde que se salvó de morir por el sacrificio del resto.
Él era como Sasuke, y al igual que Sasuke intentó matar a Sakura, él lo hizo con Rin. Con la diferencia de que Obito estaba lejos de evitarlo, y Rin si falleció a sus manos.
―Buscaré una forma, hablaré con Tsunade-sama para ayudarte. ― dijo rápido, recostando su cabeza en la de su alumna. ― No dejare que te torturen, ni que te asesinen. Ya no estamos en esa época, ahora… tengo el poder para salvar tu vida.
Ni noto el tono desesperado de sus palabras, tampoco el leve asentimiento en Sakura. Solo supo que estaba aterrado, pero decidido. Sakura no moriría, ella no se convertiría en Rin.
Porque de hacerlo, él también se iría. Consumido por las fallas en su vida y el recuerdo vivo de aquella ninja medico que amo con tanta locura, hasta el punto de preferir asesinarla antes que verla sufriendo a manos ajenas.
Sakura no sufriría el destino de Rin, eso era seguro.
―Le aconsejó que vaya a tomar aire, Hatake-san.
La voz serena de Kai resonó junto al choque de las ramas sobre el suelo, en un largo estruendo que cortó la tensión entre maestro y alumna. Kakashi soltó a Sakura, mirando detenidamente al pelirrojo que acababa de llegar, Kai solo se sentó en el suelo y empezó a acomodar las ramas para la fogata.
―Tus alumnos están por llegar, unos tres minutos sugiero yo. ― informó, sin mirar al peligris. ― Considerando que ambos te conocen como la palma de su mano sabrán que algo malo ha ocurrido, hasta que recuperes tu serenidad deberías permanecer lejos de ellos.
―Kai tiene razón, será mejor que se vaya a refrescarse un poco. ― aconsejó Sakura, caminando en dirección a su ayudante. ― Estaremos bien. ― dijo, con un aura más tranquila.
Kakashi le miró con preocupación, temía mucho por ella y el destino que le aguardaba en la hoja. Pero, incluso si Sakura no volvía con ellos e huía, el destino que le esperaba no iba a mejorar en lo absoluto. Si Sakura se iba de nuevo, la condena solo empeoraría, y, por la resignación en su mirada, sabía que ella estaba consciente de eso. Se marchó sin decir nada, buscando entre la penumbra de la noche una solución inteligente para la situación, y quizás, algo de la calma que juraba no volvería por lo que le quedaba de vida.
―Ya se lo dijiste. ― afirmó Kai, al tener a la kunoichi sentada a su lado. ― Basta con ver el ambiente para saber que está muy afectado. Jamás creí verle tan vulnerable.
Sakura recostó su cabeza en su hombro. ― Yo tampoco, es la primera vez para mí también. ― dijo, cerrando la vista ante el fuego creciente que comienza a emanar de la fogata. ―Parece que le recordé a alguien.
Kai se apoyo en ella también y pasó su brazo por sobre sus hombros, bridándole apoyo.
― ¿A quién? ― preguntó, reconfortándola con un tono de voz calmado.
―A Rin.
Kai la abrazó con más fuerza. ― Tú no eres Rin, y tampoco terminarás como ella. ― aclaró, en un tono más grave. ― Sakura.
―Dime. ― musitó ella, con los ojos enfocados en las brazas del fuego.
―Aún hay tiempo. Puedo llevarte lejos de las fronteras ninjas si quisieras, puedo salvar tu vida. ― enfatizó él. ― Konoha no tiene que saber, a veces la ignorancia es mejor.
Sakura se levantó de su hombro, con la misma sonrisa cansada que le dedico a Kakashi minutos antes. ―Sabes que no hay vuelta atrás. ― dijo, notando la mirada dolida en el pelirrojo. ― La ignorancia fue lo que te llevó a prisión tantos años, no deseo cometer el mismo error. Salvar mi vida es secundario, ya lo hemos hablado.
El ex prisionero bajo la mirada, se mantuvo en silencio y sintió como ella se apoyaba ahora contra su espalda, con las palmas por sobre sus hombros.
―Estaré bien. Kakashi-sensei entenderá, es un hombre fuerte. ― dijo, con una sonrisa orgullosa en el rostro. ― Falta poco, un esfuerzo más valdrá mucho la pena.
Kai hecho la cabeza hacia atrás, mirando el cielo nocturno. ― ¿En verdad? ¿En verdad vale la pena? A mí no me lo parece. ― refutó.
―Pero lo vale. ― reiteró ella, con fuerza en la voz. ― Espera un poco y verás… vale muchísimo la pena.
Sintió que ella se recostaba sobre su espalda, y a los pocos segundos la respiración mas acompasada de su sueño, la movió con cuidado, recostándola al lado de la fogata y la cubrió con una de las mantas de sus mochilas. Suerte que Sakura le había dicho que se prepararan para un viaje largo.
La observó apenas unos segundos antes de sentir el aroma de sus compañeros de equipo golpearle las fosas nasales, junto al olor del pescado, vallas y algunas frutas. Pronto se vio con las sombras de los legendarios ninjas del equipo siete, quiénes venían discutiendo sobre sus métodos de cacería y cosas que a Kai, le daban igual.
―Sigo creyendo que no lo vale. ― negó Kai en voz baja, acomodándose detrás del cuerpo de Sakura, sentado y con otra manta sobre su espalda. ―Tonta, Sakura. ― farfulló en voz baja, removiendo algunos mechones del rostro de la chica.
― ¡Yo pesque más peces que tú, teme!
―Hmph, pero yo recogí frutas y vallas, tu pierdes igual, dobe. ― respondió el Uchiha, caminando con actitud despreocupada en comparación a la fastidiada de su compañero.
― ¡Sí serás…! ― exclamó en voz alta el rubio. Sasuke levantó la mano hacia él, callándolo al instante, la mirada del Uchiha hacia el campamento no era una muy amigable a decir verdad. El Uzumaki, con experiencia en descifrar las enigmáticas miradas y muecas de su mejor amigo volvió a ver hacia donde se había separado de Sakura y su sensei. Obviando, intencionalmente, la existencia del ayudante con cabello color tomate.
Sus ojos azules se sorprendieron al ver solo a su compañera de equipo y a al ninja del libro bingo, pero no rastro de su tardón sensei.
―Bienvenidos, Uzumaki-san, Uchiha-san. ― saludó Kai, con aire irónico. ― Tardaron mucho.
El rubio avanzo hacia él, con notarias ganas de despedazarlo sí decía las palabras equivocadas.
― ¿Dónde está Kakashi-sensei? ― preguntó, dejando los peces y demás comida en el suelo junto a la fogata.
―Salió a tomar aire, parece que respiro polen toxico durante su estadía en el bosque, Sakura dijo que debería caminar un poco para despejarse. ― explicó, mirando a la dormida kunoichi. ― Estaba tan cansada que se durmió rápido, les recomendaría hacer poco ruido, han pasado semanas desde que la veo dormir tan plácidamente.
El tono tan amigable con el que el pelirrojo hablaba sin duda molesta a los dos miembros del equipo siete, Naruto afirma las palabras de su "enemigo" al sentir el chakra de su maestro no muy lejos del campamento, sin muestras de heridas más que una ligera aura de confusión que le rodea. Sasuke ya se ha puesto a comer unas frutas que trajo consigo, sentado justo al lado izquierdo de donde descansa Sakura, manteniendo una distancia prudente del enigmático ayudante.
―Ya siéntate y come dobe ―.regaño. ― Pon los pescados a azar, tengo hambre.
El rubio refunfuño entre dientes e hizo caso al pedido del Uchiha, no tenía ganas de pelear cuando Sakura dormía con tantas ganas. Hasta sentía envidia de la tranquilidad del rostro de la kunoichi mientras dormía, casi parecía que estaban en esas misiones rutinarias, sin ninguna acción digna de la grandeza del Uzumaki. Puso los pescados a azar mientras se comía un par de manzanas, ya sentía el sabor a ramen llenarle la boca de lo cerca que estaban a Konoha. Lo primero que haría sería invitar a la chica a comer con él, junto a Kakashi y Sasuke, reviviendo los días felices de sus primeros años de gennin.
Luego de haberse asegurado de mandar a aquel "perro" prisionero de vuelta a donde pertenecía. Detestaba esos ojos dorados, tan codiciosos que le revolvían el estomago de solo verlos, y más aún, cuando aquellos posos deseaban con locura a su compañera de equipo. Le odiaba por ser quién estuvo a su lado todos esos años, apoyándola, cuidándola, viéndola, protegiéndola y quién sabe qué más. No quería pensar. No quería saber que, quizás, en algún día, cuando Sakura estuvo bebida o con la cabeza en quién sabe qué, ella se hubiera entregado en cuerpo a ese desalmado hombre.
Se negaba a pensar que quizás, más allá de ser el ayudante de la Haruno, también era su amante. No encontraba razón alguna para que ella le eligiera, por su vasto conocimiento sobre la ninja medico Sakura no conocía a nadie, nadie de la aldea de Bee. Y mucho menos, a un prisionero renegado que había matado a su equipo con sus propias manos.
Era asqueroso.
Casi como si pudiera oler la muerte rodeando a ese tipo.
Casi como si el mismo shinigami lo regocijara entre sus manos, dándole la potestad de matar a quién le plazca.
Visualizó con demasiada atención como los dedos del extranjero ninja dejaron de juguetear con el cabello de su amiga y se deslizaron por su cuello, palpando con retorcido placer la vena yugular por sobre la piel nieva. Los puños se le cerraron con fuerza, dispuesto a atacar de una vez, y por todas, a aquel sujeto. El palillo del pescado que tenía en la mano se afilo como un cuchillo con su chakra, solo un segundo bastaba para que le clavara tan sutil arma en medio de la cabeza, matándolo en el acto.
―Naruto.
Pero sus instintos asesinos se apagaron como si fueran un interruptor ante la voz grave de Sasuke. Soltó el trozo "inofensivo" de madera de entre sus dedos ante el tono de advertencia y volteó su mirada hacia el relajado pelinegro, quién tenía ya avistada sus ganas de asesinar. Ambos habían recuperado aquel lazo de hermandad por el cual el rubio luchó tanto, y este se había fortalecido hasta el punto en que si uno miraba al otro por apenas un segundo ya tenía la idea que deseaba hacer.
Y, aunque Sasuke lo detestara, identificar el instinto asesino entre ellos era lo que más se notaba.
―Voy a hacer la primera ronda. ― añadió Naruto, fastidiado por la interrupción de sus pensamientos. ―Tú sigues, teme. ― informó, caminando con desgano hacia el bosque.
Cuando la figura del jinchuriki se desvaneció entre la penumbra del bosque, y Sasuke estuvo seguro de que el dobe ya no podría escuchar nada de su conversación se hecho un poco hacía atrás, con los ojos cerrados.
― ¿Por qué lo detuviste? ― preguntó Kai, jugando con el listón rojo que sujeta el cabello de la Haruno. ― Uzumaki-san tiene razones para asesinarme, muchas más de las que piensa.
Sasuke respiró profundo, sin perder la serenidad. ― ¿Cómo cuales? ― inquirió.
―Como que intente asesinar a Sakura en varias ocasiones. ― respondió franco, volteando a ver al Uchiha. ― La he lastimado en varias de esas también, he estado muy cerca.
Sasuke abrió los ojos, encontrándose con la mirada dorada del acompañante de Sakura. Los iris rojizos con la estrella negra del Sharingan brillando a la espera de un ataque.
― ¿Quieres que te mate yo en vez de Naruto?
Kai sonrió, soltando el listón rojizo de entre sus dedos. ― Para nada, solo… encuentro divertido joderles. ― aclaró, sin titubear ante la amenazante presencia del Sharingan. ― Y de paso, quisiera agradecerles. ― agregó, con una sonrisa ladina.
Sasuke se mantuvo en silencio, observando como el ayudante dejó de mirarle a él para ver a la de cabellos rosados. Tenía un mal presentimiento sobre ese tipejo.
―Gracias por ser tan imbéciles para entregarme a Sakura.
El Uchiha se puso de pie de golpe, con kunai en mano y listo para atacar a Kai de lleno.
―Detente, Sasuke. ― ordenó Kakashi, bajando de un árbol justo frente al equipo. ―Lo único que busca es cabrearlos, Kai-kun tiene un extraño apego en joder a cualquier persona que sea cercana a Sakura. Es su manera de imponer su presencia. ¿Verdad, Kai-kun?
El ayudante sonrió complacido, sin prestar atención a la insinuación del mayor. ― ¿Se encuentra mejor, Hatake-san?
―Mucho mejor, aunque agradecería que dejaras de meterte con mis alumnos. Estos dos son muy temperamentales, especialmente con temas como nuestros camaradas, así que abstente.
La petición sonó más como una orden que el pelirrojo no tardo en adaptar, retomando su juego con el cabello de Sakura para entretenerse. Ya tenía en el bolsillo su travesura diaria, había jodido a las tres leyendas ninjas en solo un día y con el mínimo esfuerzo.
Estaba satisfecho. Al menos por ahora.
Bastaba con aguantar las ganas asesinas de tres hombres mucho más fuertes que el combate por el resto de la noche, nada nuevo o a lo que no estuviera acostumbrado.
Era pan comido.
Despertó con las cosquillas acostumbradas por detrás de la oreja, típicas de un Kai no muy descansado, se levantó rápido, volteando aún con algo de sueño hacia donde debía estar su ayudante. Abrió los ojos con desgano, pues la siesta había sido extremadamente placentera y se sorprendió de ver el estado de su protegido legal.
― ¿Qué mierda te pasó? ― preguntó, con las manos en la boca, aguantando un poco la risa. ― Te ves fatal.
Pues sí, el siempre relajado y arreglado Kai tenía el cabello hecho una enmarañada, con rastro de ramas, tierra y sabe Kami que más. Sus ojos se hundían tras unas ojeras muy pronunciadas, leves cortesillos que parecían ser hechos con el borde un papel adornaban sus mejillas y sus brazos, su ropa parecía haber pasado un campo de entrenamiento militar, envuelta en polvo y más hojas. Sin embargo, nada quitaba la sonrisa de triunfo de su rostro.
―Jodí de más a una zorra, a su mejor amiga y el cabrón de su sensei me sepultó hasta el cuello. ― respondió, notando la sorpresa en el rostro de la Haruno. ― Nada nuevo, Sakura-chan. ― llamó, con un inusual tono meloso. ― ¿Dormiste bien? ¿Quieres tu abrazo de buenas días?
Sakura no objetó ni un simple eh antes de ser apresada por los fuertes brazos de Kai en un efusivo abrazo de oso, intento moverse un poco, extrañada por la actitud del chico y vacilo al notar un par de cambios en el ambiente.
En primera Kai nunca la abrazaba por las mañanas, sino era más para molestarla por algún recado olvidado o algo similar. Generalmente la removía de la cama, le palmeaba la cara o la llamaba en voz alta, jamás le abrazaba con aires de niño bueno y amoroso. Volteó al otro lado del campamento y encontró su respuesta.
Justo al frente, sus dos compañeros de equipo yacían en casi las mismas condiciones solo que con mucho menos daño que su ayudante, y a un lado, un inocente Kakashi silbaba como pajarito mientras leía su libro.
O sí, los hombres del campamento se habían metido a una batalla campal.
Claro, no esperaba menos de los sobreprotectores varones, pero si esperaba que su ayudante siguiera al pie de la letra sus indicaciones y no molestara de más a sus acompañantes, ya le había advertido que ellos le matarían si se pasaba de vivo. Y por lo visto, habían estado cerca de no ser porque se levantó.
―Ah… ― suspiró. ― Buenos días a todos―. saludo, aún en brazos de Kai.
Kakashi y Sasuke respondieron al mismo tiempo con un neutral. ―Buenos días.
Pero Naruto, siendo quién era, exclamó en voz alta y alegre. ― ¡Buenos días, Sakura-chan! ― para luego poner cara de asesino en torno a la presencia de Kai.
La kunoichi bajo la cabeza resignada, por ahora necesitaba poner un poco de escarmiento.
―Kai― llamó, en voz serena. ― Suéltame por favor, tengo que tratar tus heridas.
El ayudante asintió enérgico y se sentó a espera de su tratamiento, Sakura podía jurar que ya veía una cola de perro meciéndose a los lados de tanta alegría que emanaba el pelirrojo. Se arrodillo frente a él y posó ambas manos sobre el pecho del chico, pasándolas por debajo de su ropa, un ligero chakra verdoso recorrió desde sus palmas hasta la piel del varón, cuando escuchó el innegable sonido de queja proviniendo de él.
―Ya, ya déjame. ―pidió el chico, sin posibilidad de moverse. ― Sakura. ― insistió.
Los miembros del equipo siete levantaron la mirada ante el tono asustado del chico, acercándose unos pasos para ver que tanto le hacía la Haruno que logró conseguir lo que, en todo una noche, ellos no lograron.
Kai parecía temeroso del chakra que emanaba de la pelirosa contra su piel.
―Te dije que no los molestaras. El viaje ya es difícil en sí mismo, tienes que comportarte hasta que lleguemos a Konoha, ¿entendido? ― preguntó ella, presionando un poco más por sobre la piel del chico.
Kai levantó la mirada hacia el resto del equipo siete y asintió con fastidio. ― Bien, solo… deja de hacer eso. ― pidió, bajando la cabeza en señal de rendición.
―Bien.
Sakura quitó las manos del ninja y, a unos segundos, las heridas pequeñas del cuerpo del varón se comenzaron a cerrar por si solas, casi como magia. Se volteó al resto de los varones y preguntó, con aires de tranquilidad.
― ¿Seguimos con el viaje?
Sus compañeros asintieron algo atemorizados. ¿Qué rayos había hecho?
―Tsunade-sama. ― llamó una voz por detrás de la puerta.
En medio de un mar de papeles, la última sennin seguía con su lucha en contra de tantos documentos y sus ansias por ingerir más sake. Lástima que Shizune, en su papel de responsable cuidadora, se los hubiera ocultado todos.
―Entra.
Una vez dentro, el jounin conocido como Yamato entró a la habitación, con el semblante sereno y tranquilo de siempre. La oficina central de la Hokage, reconstruida junto al resto de la torre desde la guerra, seguía con esos aires de solemnidad que los anteriores kages dejaron tras su marcha, con la única diferencia que el aroma a licor se dejaba marcar en todas las paredes. Las fotos de los antiguos kages fueron recuperadas de entre los escombros, algunos pergaminos estaban ordenados en una esquina, junto a un kunai de peculiar forma con el sello del cuarto Hokage grabado en él, colgado en una de las paredes, encima de los símbolos Senju, Uchiha, Uzumaki y demás emblemas familiares pintados en un cuadro que se extiende por toda una pared.
La quinta estaba estresada, y por la intensidad del alcohol en el aire, esta vez llevaba días sin parar su ansiedad.
―Yamato, ¿que se te ofrece? ― preguntó Tsunade, quitándose los lentes de lectura. ― Recuerdo haberte dado una semana libre.
El castaño sonrió confiado. ― Lo sé, Hokage-sama. Solo vine a traerle una noticia. ―informó, con los brazos a los lados en una pose militar muy común en él. ― Hace unos minutos sentí la presencia de Naruto y el resto de su equipo en las fronteras, deberían estar aquí en cualquier momento.
La rubia apoyo el mentón sobre sus manos, y con los codos sobre la mesa respiró profundo. ― ¿Alguien más viene con ellos?
―Sí, detecte dos chakras más. Uno de ellos me temo es desconocido, no es un shinobi de la Hoja.
― ¿Y el otro?
Yamato tragó duro. ― Es de Haruno Sakura.
La Hokage bajo la cabeza, respirando lo más fuerte que le daban los pulmones comenzó a recordar que no debía perder la cordura. Las respuestas vendrían poco a poco, sobre todo si su alumna por fin daba la cara a su aldea.
― ¿Hokage-sama?
―Dime, Yamato.
―Es sobre el asunto de Uchiha… ha sobre el perpetrador de la última guerra. ― reiteró, cambiando sus palabras. ― ¿Cree que Sakura tenga algo que ver en ese asunto?
Tsunade levantó la mirada. ― Eso quiero descubrir, por ahora, hazme un favor. ― pidió, apartando los papeles de su escritorio.
―Lo que usted ordene.
Tal y como si una ráfaga de viento entrara a la habitación, un sorprendente equipo siete hace acto de presencia. Las mascaras de animales delatan a un sin querer a los dos miembros más importantes de la ANBU de Konohagakure, Kakashi permanece sereno, saludando con la mirada a su compañero de batalla que le ve sorprendido por su llegada. Y más atrás del grupo, Sakura esta espalda contra espalda con Kai, ambos usando las mascaras de Kumogakure.
― ¡Volvimos, baa-chan! ― exclamó el rubio. ― ¡Yamato-taichou! Ha pasado tiempo, ¿está de vacaciones? ― preguntó, obviando el aura serena de la fémina mayor.
La nieta de Hashirama hizo uso de su autocontrol para no estrellar al rubio contra una pared, recordándose que sería la decima vez en el mes que mandaba a reparar las paredes de tantas figuras de Naruto marcadas en el concreto. Se puso de pie con un sonoro sonido de tacón que reanudo el silencio y levantó la mirada, directamente hacia los enmascarados de Kiri.
―Llévate al resto del equipo siete de aquí, incluido al visitante que traen consigo. ― ordenó, dirigiéndose a Yamato. ― Y que sea rápido. Todos tienen prohibido entrar a esta habitación hasta que diga lo contrario.
El castaño asintió, pidiendo ayuda con la mirada para que Kakashi retuviera al siempre quejoso del Uzumaki.
― ¡Pero Baa-chan…!
― ¡Silencio! ― exclamó en voz alta, callando al rubio. ― El equipo siete puede esperar a que se le reasigne una misión en su residencia, ahora váyanse. ― ordenó, con los puños cerrados en ira. ― Haruno Sakura permanece aquí, tengo mucho de qué hablar con ella.
La kunoichi tensó los hombros ante la mención de su nombre, el miedo quería comerla viva, pero no podía dejarse caer, no todavía. Camino hasta ponerse de frente a la Hokage, confrontando su mirada aún tras la máscara.
―Ten cuidado. ― le había susurrado Kai, antes de ser empujado por Yamato hacia el exterior.
Kakashi se mantuvo unos segundos en la puerta, mirando al interior para buscar una forma de ayudar a su alumna. Lástima que ahora Sakura no era solo su alumna, sino también de la Hokage, y vaya que la Senju le haría la vida cuadritos a la Haruno ahora que le tenía de regreso en sus tierras. Deseo la mejor de las suertes en voz baja y se marcha a amortiguar las ansias del rubio, quien seguía quejándose por la petición de Tsunade.
Tras unos minutos, cuando ya hubieron bajado las escaleras y salido de la torre escucharon el estruendo del piso superior. Ya habían comenzado a hablar.
―Baa-chan estaba enfadada.
―No es para menos, Sakura le engaño para conseguir su pase internacional. Y eso apenas es el primer paso que tomó para irse. Si cuentas todos los demás Tsunade-sama tiene miles razones para enojarse.
―Esperemos que logre mantener la calma. ― comentó Yamato. ― Si Hokage-sama y Sakura tienen el mismo temperamento me augurio un destrozo.
―Baa-chan es seria cuando quiere, además ella adora a Sakura-chan. No sería capaz de irse a los golpes.
El leve sonido de un quiebre llamó la atención del grupo, con los sentidos afilados el primero en hablar fue el peli plata.
― ¿También lo escucharon?― pregunto. Los tres asintieron ante la pregunta, saltando ante un sonido aun más fuerte que el anterior.
Al alzar la vista se podía ver, claramente, el escritorio lleno de formas y documentos salir volando por la ventana destrozada de la habitación de la Hokage, junto a casi toda la pared de ese mismo extremo.
―Esas dos se van a matar allá arriba. ― comentó Sasuke.
Ambos maestros se limitaron a asentir con un nudo en la garganta. Sasuke tenía razón. Tsunade iba a matar a Sakura si es que esa era su forma de hablar.
― ¿Ya se calmó? ― preguntó una tranquila Sakura, desde una esquina de la habitación, rodeada de múltiples lápices y objetos de escritorios incrustados en la pared agrietada, incluido un tacón de aguja que se cernía peligrosamente justo sobre su cabeza.
Tsunade resopló como un toro enfurecido, volteó a ver su pequeño descuido al golpear la pared y pudo ver las figuras de pulgas del equipo siete, ya veía sus miradas curiosas desde esos cinco pisos de altura.
―Carajo, Shizune me matara por esto. ― refunfuño en voz baja, retomando su posición amenazante con su segundo tacón en mano, lista para lanzarlo contra la Haruno. ― ¿Me vas a contestar ahora? ― inquirió con voz autoritaria.
―Ya lo he hecho, Hokage-sama.
El tono monótono y calculado de la kunoichi le hizo saltar cinco venas que juraba ni siquiera tenía, marcando su furia tomó con mayor fuerza su zapato y lo lanzó entre gritos contra la ninja, esperando golpearla para removerle de una vez las neuronas.
― ¡Si vas a hablar porquerías al menos déjame ver tu cara niña mal agradecida!
La fuerza del común tacón pareció afilarse como un cuchillo dirigiéndose peligrosamente contra Sakura, su alumna lo esquivo apenas, perdiendo su máscara en el proceso. El tacón aguja se había llevado un borde de la máscara cuando paso frente a frente a Sakura en su intento por evadir el ataque, clavando la máscara como un nuevo retrato en la pared.
Esa mujer y su temperamento, ya le había lanzado diecisiete cosas con intento asesino ante cada respuesta que le daba, de no ser por sus reflejos ya le habría herido de gravedad. ¡Con simples útiles de escritorio y un par de zapatos!
― ¡¿Quiere dejar de lanzar cosas cada vez que le hablo?!― reclamó, en un afloro de su actitud usual.
Tsunade busco con la mirada otro objeto para lanzar, se arrepintió de botar el escritorio por la pared, tenía guardados un juego reciente de plumas punta fina que bien le servirían como agujas senbou. Se cruzó de brazos y recupero un poco la compostura, apenas un poco.
― ¡Lo haría si hablaras normal! ― reclamó, en voz alta.
― ¡Esta es mi voz normal, Hokage-sama!― refuto la chica, ironizando el titulo. ― Usted es la loca que cree que algo anda mal con mi voz.
Si seguía lanzando cosas perdería los papeles, aun con todo su autocontrol Sakura conocía sus límites. El hecho de que Tsunade refutara cada palabra que salía de su boca ni bien fuera dicha ya la tenía al borde.
―No es tu voz. ― negó la Sennin legendaria, sintiendo el viento de la nueva "ventana" tras suyo. ― Toda tú está mal. ― reiteró, con más profundidad en la voz. ― Huir de tu aldea, engañar a tu maestra, aliarte a otra nación, incluso ayudar a un preso condenado. ¿Qué tenias en la cabeza? ― preguntó enojada.
Sakura apretó los puños, buscando un poco de calma antes de explicarse. Tenía que ir con cuidado con cada cosa que se delataba. Aún no era seguro que su maestra conociera sobre su pequeño experimento.
―No he faltado a mi aldea en ningún aspecto, por lo cual no veo su queja. ― respondió inteligente, dando un paso adelante para confrontar a su mayor ejemplo a seguir. ― Cumplí mi deber con Konoha, he dado los exámenes para Jounin y ANBU como corresponden, inclusive he asistido misiones como apoyo cuando ha sido requerido.
― ¡Misiones que te has visto obligada a cumplir! ― confrontó la rubia, en tono alto. ― El Raikage mismo me lo dijo, las únicas misiones que cumples o apoyas son las que él te asigna, aún como Hokage tenía que ir primero con el Raikage para pedir tu apoyo en misiones. ¡¿Cómo llamas tú a eso?!
Sakura arrugo el ceño. ― ¡Eficiencia! ― refutó, con la misma fuerza que su maestra. ― Mis servicios eran necesitados más en tierras aliadas que en mi aldea, soy ninja medico, sirvo a los heridos no a quiénes no requieren de mis servicios. Konohagakure tiene a Shizune, a Ino, a médicos especializados… ¡La tiene a usted! ― gritó a viva voz.
― ¡No confundas las cosas! ¡Tú eres una ninja de Konoha, no de Kumogakure! ¡Tú deber es ayudar a tu aldea natal sea para lo que se te requiera!
― ¡Esta aldea es la más fuerte y resistente que quedó tras la guerra! ¡Nuestras filas perdieron menos vidas, tenemos más clanes con jutsus y tradiciones legendarias que todas las otras cuatro naciones en su conjunto! ¡Nuestros ninjas no fueron envenenados por los Zetsu, hay fondos para reconstruir la aldea, tienen los fondos del Feudal del País del fuego a su disposición! ¡¿Qué es lo que les falta?! ¡Yo no lo veo! ¡Las otras aldeas están en desventaja y estoy allá para servirles en donde pueda! ¡KONOHA NO ME NECESITA!
La fuerza en su voz solo se ve reflejada por la decisión en su rostro, por la determinación de su aura que choca en un profuso arranque de verdades en contra de la última Senju con vida. Casi podía escupir sus pensamientos, todos ahogados en lo profundo de su alma en esta discusión. Era como vomitar hechos ocultos a la vista del mundo.
―Konoha no te necesita… ¿eso piensas? ― preguntó Tsunade, en voz más baja. Aún asombrada por la fuerza en las palabras de la chica. ― Este es el límite, ¿escuchaste? ¡El limite!― gritó, dando zancadas hasta el librero donde estaban los rollos de pergaminos y papeles importantes.
Ni espero buscar la llave, solo tiro con su fuerza sobrehumana del cajón, despedazando la madera por sobre el seguro de acero y tomo un pergamino arrugado del interior.
―Crees que no te necesitamos, pero estás equivocada. ― reiteró la medico, lanzando el pergamino a manos de la pelirosa. ― Más aún si crees que firmare esa mierda y te dejare volar fuera de estas fronteras.
Sakura tomó algo desprevenida el documento y lo abrió con curiosidad, tenía el símbolo del Raikage en la base, supuso que era la respuesta a su carta cuando salió de la prisión de Kiri días antes, pero… era imposible, el tiempo no era el correcto como para que tuviera una respuesta del Raikage.
Leyó con cuidado el escrito y su rostro se arrugó en una mueca de frustración.
―Fui estúpida una vez… ― advirtió Tsunade, parándose delante de Sakura. ―… no pienso caer en tu juego de nuevo, Sakura.
La Haruno levantó la mirada. ― T-Tengo el derecho. ― titubeó, algo confundida por la presura del documento. ― Hay un límite para que se niegue.
Tsunade sonrió ladina. Su alumna debía recordar de donde aprendió toda aquella perspicacia y astucia a la hora de negociar.
―Lo tengo. ― afirmó, levantando la mano derecha para remarcar su punto, sus dedos enumerando el tiempo. ― Tres semanas.
La tranquilidad de su voz golpeó la inteligencia de la fémina del equipo siete, no por nada Tsunade pidió el traslado con ese mismo plazo a Konoha, ella disponía del mismo para negarle su pedido.
― ¿Cree que en tres semanas me hará cambiar de opinión? ― confrontó, con voz calculada. ― El tiempo pasara y volveré a Kumogakure, con su firma o sin ella.
La rubia sonrió confiada. ― Mal, Sakura, creí enseñarte mejor. ― ironizó, arrugando el papel entre las manos de la chica. ― En tres semanas, tú misma negarás este pedido ante el Raikage de ser necesario. Konoha es tu hogar, y aquí te quedas.
La Hokage sonrió con aire triunfante hasta la puerta, donde se abstuvo de abrir tras tomar el pomo.
― ¡Volveré a Kumogakure! ― reiteró Sakura, con voz fuerte y demandante. ― ¡Esta vez con la nacionalidad como shinobi a servicio del Raikage! ¡Lo quiera o no, shisou!
El apelativo de maestra trajo un mar de recuerdos amargos hacia la hermana de Nawaki, se volteó hacia su alumna y, con la voz más calmada, expresó las palabras que prefirió guardarse minutos antes.
―Tienes razón en que Konoha no requiere tus servicios como shinobi, Sakura. ― expresó, sorprendiendo a su alumna ante la honestidad y cierta crueldad con la que camuflaron sus palabras. ― Shizune cubrió tu puesto en el hospital, Ino tu puesto como ninja medico en el equipo siete en misiones de alto rango… Diablos, esos chicos ni siquiera requieren un medico con sus capacidades de pelea.
―Entonces… ¿Por qué… usted?
Tsunade apretó la cerradura, mirando directamente aquellos orbes jade que alguna vez rogaron por su ayuda. El recuerdo de una niña frágil, herida, pero decidida a mejorar aflora de solo ver la majestuosa ninja en la que se ha convertido, digna de sobrepasarla en todo aspecto posible. Como ninja, como médico, como amiga, como mujer. Sakura era su fiel vestigio de la grandeza como kunoichi, superando los obstáculos más difíciles que se antepusieron en su camino.
―Konoha no te requiere por tus conocimientos, habilidades o inteligencia. Eres impresionante ahora, pero no muy diferente de un genio heredero de algún Clan o cuyos padres fueran shinobi remarcables. ― reiteró, en un tono tan normal que azotaba el pobre espíritu de su alumna. ― Eres reemplazable.
Sakura se mordió los labios, aguantando el dolor implícito en el cruel argumento. ¿Reemplazable? ¡Ella no era un objeto! ¡Era una persona! Se había esforzado muchísimo para dejar de ser justamente eso… reemplazable. ¡Quería dejar su marca! ¡Ser necesitada! ¡Indispensable para los suyos!
Lo que más odiaba era pensar que todo el esfuerzo puesto en tanto entrenamiento la regresaran a ello… a ser "reemplazable".
― ¡¿Entonces por qué?! ¡Si soy reemplazable entonces puedo hacer lo que desee! ¡Marchar a donde quiera! ¡Yo no soy necesaria para esta aldea!
― ¡NO HE DICHO TAL COSA! ― exclamó Tsunade en voz alta, soltando el pomo para respirar. Sakura le miró con las preguntas atascadas en la garganta, expectante. ― Es cierto que como Shinobi no eres indispensable, que otros pueden sustituirte.
― ¡Ya deje de decir eso!― exclamó la pelirosa, caminando hacia la salida. Su maestra la tomó del hombro con fuerza, deteniendo su huida del recinto. ― ¡Ya he escuchado suficiente, déjeme ir!
El agarre en su hombro no se debilitó, por el contrario, la fuerza aumento. Sakura tomó la mano de su maestra en un arranque de desesperación, intentando soltarse, incluso oyó un quejido en el intercambio por ver quién tenía más fuerza de las dos.
Tan concentrada estaba en liberarse que no notó la mano que se dirigió con fuerza hacia su rostro, terminando en una sonara cachetada que le hizo arder por completo la mejilla. Soltó el brazo de su maestra ante el asombro de lo hecho, tocando la superficie enrojecida de su piel.
Tsunade le había… ¿golpeado?
Sintió el agarre en su hombro descender hasta su brazo, donde se ciño con fuerza omnipotente, incapaz de escapar o decir palabra.
― ¡Konoha te necesita como Sakura! ― aclamó, con aires maduros y maternales. ― Konoha no es una aldea, es su gente, tú deberías saberlo al pie de la letra. Como Hokage no te necesito, te quiero como mi alumna, mi mano derecha. Los aldeanos y ninjas te quieren como su apoyo ante el dolor, cuando otros medico no les darán el apoyo que ¡tu les ofreces!. Tus amigos no quieren una ninja, les basta con que estés allí para ayudarles en lo que puedas. ¡El equipo siete no te necesita por tus títulos! ¡TE REQUIERE SIMPLEMENTE POR SER TÚ!
Las palabras salieron acompañadas de unas tímidas lagrimas por parte de la Hokage, quién las borro con la manga de su haori verde, abriendo la puerta para escapar de la escena, dejando a una confundida Sakura detrás.
―Se quedará a vivir con ustedes, vigílenla hasta que les diga lo contrario. ― ordenó al salir, con el brazo cubriendo su rostro y perdiéndose entre los pasillos de la torre.
Afuera de la habitación, el equipo siete había subido con la preocupación tatuada en la cara tras escuchar todos los gritos y alaridos de la discusión entre maestra y alumna, incluido el silencioso Kai, que permanecía más atrás. Todos escuchando con perfecta claridad las palabras de la Hokage.
―Baa-chan tiene razón, Sakura-chan. ― animó Naruto, tomando la mano de su amiga para traerla de vuelta de su ensueño. ― Konoha te necesita, nosotros te necesitamos, eres parte indispensable para nuestro equipo, y siempre lo serás.
Kai se apoyo en la pared, observando como el asombro de su benefactora se transformó por completo en una sonrisa vaga, pero llena de felicidad. Sintió las uñas de sus manos convertirse en garras ante el hecho, como la desesperación le cubría al notar el cambio.
Una hora, solo tenían una hora desde que pisaron esa aldea y ella… Sakura ya había comenzado a cambiar.
Y ese cambio no le gustaba.
Ese equipo, esa gente, esa aldea, esa sonrisa que el Uzumaki y los del equipo siete le daban lo enfermaba. Le causaba unas nauseas al ver como con la sola presencia de esos sujetos la Sakura que conocía de años se transformaba en otra persona, regresando a aquella Sakura que encontró por primera vez en su celda.
Y él… él no quería a esa Sakura, porque esa Sakura… esa Sakura no le daría lo que quería.
Esa Sakura no le traería su libertad.
Inaceptable.
*Avance*
La adaptación a Konoha trae encuentros y sin sabores que comienzan a flaquear la voluntad de Sakura, incluido el apoyo de sus camaradas de equipo los recuerdos de aquellos días felices parecen sobrecoger su alma. Pero, en medio de tanta alegría, Kai regresará a la Haruno a sus inicios, buscando enderecerla en el camino que él fue encargado de cuidar.
¡Hola a todos! Hey , hey , ¿que les pareció el capitulo? ¿muy meloso? ¿Algo trillado? Ya quiero saber que piensan lectores super queridos. En esta ocasión vengo con una actualización de muchas emociones, algunas escenas muy dramaticas y algo de humor leve en partecitas. Ojala les guste. Ahora... ¡Vamos a los puntillos del cap por aclarar!
Primero, se supone que la muerte de Rin permanece en secreto de todos, con excepción del mismo Kakashi (obvio), Naruto y Gai. Sin embargo, Sakura conoce sobre Rin, lo cual es extraño.
Con respeto a Obito pues, debido al renombre y apego que Kakashi tenía hacia el recuerdo de su mejor amigo Naruto convenció a Bee y Tsunade de que no se delata su identidad como líder de Akatsuki, pues eso no solo pondría en evidencia de que Kakashi mato a Rin, lo cual es ilegal entre ninjas de una misma aldea, sino que mancharía aún más el apellido Uchiha. Los unicos que saben la verdadera identidad son aparte de Naruto (Kurama tmb XD ) , Kakashi, Sasuke , Bee (HAchiiii :3 ) y Sasuke son Ino, Tsunade, Shizune y Sakura. Puesto que Ino y Shizune fueron las primeras en brindan la atención medica a nuestros heroes y comunicaron eso a la Hokage, Sakura... pues ella se entero por el mismo Kakashi.
Ya con eso dicho creo que mueren algunas duditas, por cierto, el como aparece el equipo siete de la nadita, por si no notaron la mención de ese kunai especial en una de las paredes, es que Naruto usa el Hiraishin para transportarlos directamente a la oficina de Tsunade - parte de protocolo de misiones especiales como la de traer a Sakura. :) En fin, creo que eso era lo suficiente como para qitarles las dudillas. :3
¡Lectores , lectores! Me diran loca, pero provando para ver si leen mi nota de autora que con tanto esfuerzo les escribo X3 quisiera hacerles una par de preguntillas, tengo fics sin terminar en varias secciones, pero todos los esribo y actualizo eventualmente, sin embargo hay una parejita cannon de la cual todavía no me atrevo a escribir un fic y quisiera saber que les parece. ¿Que tal creen que la haga con un IchiRuki? :3 Ultimamente me muero de ganas de escribir un fics de ellos :).
Los quiero mucho! Y por fa, diganme sus opiniones, quejas o criticas en un review o PM. ¡Saludos!Con la corrección de Nahare-san , arigatou!
