From Paris with love
Capítulo 4.
Las oficinas de la productora eran increíbles. Tenía un decorado muy moderno y profesional, sin contar con que todos allí lucían importantes. Aún así Yuri no se sentía intimidado por ellos, al contrario, estaba esperando por fin poder conocer bien de qué se trataba todo eso, ya que Yakov sólo sabía lo mínimo indispensable.
—Siéntense, por favor —les invitó Thomas tras una breve presentación, una vez que ambos chicos ingresaron a una de las oficinas. Él era quien produciría ese programa, y quien personalmente había seleccionado a cada uno de los invitados, incluso a Yuri. Un hombre de unos treinta, con una sonrisa de revista y un cabello algo alborotado pero sin verse desprolijo.
Estuvieron hablando al menos por una hora, aunque ésta pasó volando. Thomas era divertido, y te hacía sentir cómodo por cómo te hablaba. Explicó que el programa era básicamente de entretenimiento puro, con algunas entrevistas y unos juegos entre los artistas y los participantes. El equipo ganador se lleva un premio sorpresa para el participante, y un pequeño incentivo para el artista invitado, por lo general algo de dinero o cena gratis en algún restaurant patrocinador e incluso algún perfume o ropa de diseñador. Era todo muy aleatorio. Claro que los gastos estaban completamente a cargo de la empresa y recibiría un pago a fin de mes, eso estaba más que claro y era lo realmente importante allí.
Yuri no era especialista en negocios ni nada de eso, pero los números y todo le cerraba por todos lados, para él era el trabajo perfecto y sólo tenía en la mente la frase "¿Dónde firmo?". Por eso cuando el hombre le extendió el contrato, no se lo pensó dos veces. No sólo ganaría algo de dinero extra, sino que podría seguir ayudando a su familia económicamente, aún sin estar participando directamente en el patinaje.
—Será un placer trabajar contigo —mencionó el mayor con una sonrisa, a la cual Yuri correspondió. Hablaron unos minutos más, Thomas les informó que el viernes harían un ensayo general, y una fiesta de estreno y que todos los que participarían estaban invitados. Por lo que le animó a ir así conocía quienes serían sus compañeros.
—¿Puede venir él conmigo? —preguntó en relación a Beka, y aunque por unos segundos el otro dudó, acabó asintiendo, cosa que incluso alegró más al rubio.
—Me encargaré de conseguirle un pase también a los programas, así puede acompañarte si quiere. Serán los sábados por la tarde, y se transmitirá esa misma noche, es casi un programa "en vivo".
"Los veré entonces el viernes", fue lo último que les dijo antes de que los dos abandonen la oficina y sean acompañados a la salida por una secretaria.
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—No te pregunté antes, pero, ¿quieres venir a la fiesta el viernes? —preguntó Yuri una vez subidos al metro, que los llevaría hasta la estación de la Torre Eiffel. Por unanimidad decidieron que ese sería el primer lugar que conocerían, así que ni bien abandonaron el edificio de la productora, buscaron en el mapa de su móvil el camino y partieron hacia allí.
—No es que me muera de ganas, pero supongo que si es contigo estará bien —respondió en un tono natural. ¿Si es conmigo está bien?, las palabras del kazajo resonaron en la cabeza del menor por varios segundos, incluso los minutos siguientes que duró el viaje, en donde no hablaron de nada más.
—Estamos cerca —dijo el mayor ya afuera del vagón, y cuando el ruso alzo la vista hacia él le vio sonreír, y con eso un cosquilleo en su interior se hizo presente. No era tan común verle sonreír de aquella manera, aún no estaba acostumbrado, ¿llegaría a estarlo algún día? Siguió con su propia vista la dirección a donde iban los ojos del moreno, y finalmente la vio, y tal y como su amigo, sus labios se curvaron y la emoción dejó atrás el nerviosismo de segundos antes.
—¡Ahí está! —exclamó, señalando la lejana pero reconocible punta de la torre, justo a la derecha de ambos. —Vamos, Beka —le ordenó, y cogiéndolo de la mano, sin esperar respuesta, comenzó a tirar de él a la par que empezaba a caminar. Y a esto el mayor no hizo ninguna objeción.
Un par de calles más cerca, cuando ya la al menos la mitad de la torre era visible por encima de los árboles que le rodeaban, el menor se detuvo. Era una esquina y para su suerte no estaba demasiado transitada. Observó el lindo paisaje que hacía el monumento de acero, mezclado con los colores de la fauna parisina, y tras convencerse de que aquél era un buen lugar, sacó el móvil de su bolsillo y encendió la cámara.
Tardó unos segundos en encontrar una buena pose, y cuando lo que vio en la pantalla le agradó lo suficiente, la primera selfie en París fue tomada.
—¡Beka, ven también! —exclamó en un impulso de felicidad, con una sonrisa radiante en los labios, que al kazajo tomó por completa sorpresa.
¿Cómo negarse? ¿Cómo decirle que no a aquella persona que estaba frente a él, sonriéndole de esa manera? Asintió con su cabeza y se acercó al menor, acomodándose a su lado, inclinándose un poco para que no sea demasiado incómodo y ambos encajaran bien.
Esa foto no fue tan rápida, incluso terminó el moreno con el móvil en su mano, ya que los brazos más cortos del rubio no daban con un ángulo decente.
—Ahí va… —digo el kazajo, y ambos hicieron lo mejor que pudieron para salir con una buena cara.
Lo cierto era que Otabek no estaba del todo cómodo con la repentina cercanía de ambos, con el brazo del otro apoyado en su espalda, sintiendo su aroma invadir su sistema.
Y aunque no lo sabía, en el cuerpo del otro algo similar sucedía. Al principio con la emoción no reparó en ello, pero ahora que la distancia era tan corta, que estaban en un semi-abrazo frente a uno de los monumentos más románticos de todo el mundo, la joven y hormonal mente de Yurio comenzó a irse por lugares donde no debía.
—¿Vamos? —preguntó Beka rompiendo el abrazo, confirmando si el otro había ya terminado con las fotos.
—Claro, ya casi llegamos… —respondió algo avergonzado. ¿Habría parecido demasiado infantil? ¿Pararse así de la nada sólo para una foto? Y lo peor es que ya quería subirla a Instagram, pero no quería seguir actuando como un niño frente a su amigo, así que se guardó las ganas al menos hasta haber llegado a donde iban.
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—¿No crees que hay demasiada gente? —le preguntó Altin al chico que tenía la clara decepción en su rostro, mezclada con un odio sincero a todos los turistas que hacían esa interminable fila para poder subir a la torre.
—No podemos irnos de París sin subir, Beka —sentenció. Miraba con malos ojos a todos los que le rodeaban, como si de alguna manera éstos acaben por asustarse o algo y le den espacio, pero eso no sucedía, y el tiempo pasaba, llevándose aquél enojo y dejando en su lugar únicamente a un Yuri decepcionado. —¿No subiremos, cierto? —preguntó en tono bajo, casi con miedo de la respuesta que sabría que recibiría.
Aquella imagen al mayor no le agradó en lo absoluto. Pero tampoco podía hacer mucho más… El sol en lo alto hacía realmente un martirio el tener que hacer esa fila, y si bien el con algo de agua aguantaría, sentía que el menor no. Era ruso, por Dios, no estaba acostumbrado a aquél calor de verano. Y seguramente hasta su piel lo sentiría, demasiado blanca, sensible a los rayos del sol que no tenían intenciones de desaparecer.
—Uhm… Espérame un momento —dijo, cruzando la calle donde estaban, acercándose hacia lo que era la boletería. Pero en lugar de formarse en la fila esperando su turno, se acercó a un guardia y se quedó hablando con él unos cuantos minutos.
Luego, volvió sobre sus pasos, y con una seña de cabeza le indico al chico que avanzara. —Volveremos a la noche, ¿sí? No te desanimes.
Y aunque no tenía ninguna razón real para creer aquello más que las palabras del kazajo, no dudó de que fuera verdad.
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Rodearon la manzana de la torre y enseguida se toparon con el Río Sena, junto con sus cruceros, puestos de comida y los turistas sin fin que tomaban fotos o simplemente admiraban el paisaje. La molestia por no haber poder subido se había ido casi por completo, y eso a Beka le tranquilizó.
Se acercaron a un puesto de crepes y cada uno pidió el suyo, Beka uno con Nutella y banana, y Yuri uno con crema y fresas.
Se acercaron hasta el puente que cruzaba el río, y como mucho allí, simplemente descansaron sus brazos en las barandas y se quedaron admirando la vista. El río se extendía a lo lejos, la ciudad se alzaba, repleta de monumentos y edificios imponentes. No podían negarlo ninguno de los dos, aquella ciudad realmente era un sueño.
Beka suspiró, y aunque Yuri moría por voltear a verle, sólo para captar la expresión que el kazajo podría llevar ahora, se contuvo. —¿Te agrada esto? —preguntó.
—¿La crepe? ¿O París?
Yuri rió sincero ante aquello. —Ambos —respondió, ahora sí buscando la mirada del otro mientras le hablaba.
—Esto está delicioso, aunque siento que con cada bocado voy sumando un día extra de entrenamiento si quiero mantener la forma para la próxima competencia.
—No me lo digas, no quiero imaginarme lo que Yakov y aquella mujer dirían al verme comiendo esto.
—Y París… —una vez más un suspiro se escapó de entre los labios del mayor, pero ahora Yuri pudo captar cada detalle de aquél gesto, y guardarlo en su mente como un preciado recuerdo de él y su amigo. —Es hermoso, no hay otra forma de describirlo. No sólo es completamente distinto a mi país natal, sino que tampoco se parece a ningún otro lugar en el que he estado. ¿No lo siente así?
Asintió sin pensárselo. —No he viajado tanto como tú, creo, pero definitivamente es hasta ahora el lugar más agradable en el que estuve. Y no estoy aquí patinando, no tengo que entrenar todas las mañanas, ni cumplir un horario estricto. Simplemente podemos estar así, pasando el rato juntos…
—Sí… Y esto sólo es el comienzo —y ahí apareció de nuevo, aquella sonrisa segura que el kazajo muy pocas veces dejaba ver.
—Mm… Beka…
—¿Uh?
—Tienes nutella por toda la cara —dijo el menor dejando escapar una risita.
