HILOS ROTOS
Disclaimer: Inuyasha y el resto de los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Historia original realizada por Dialaba. Acoplando los personajes de la serie
Con amor a todos los que siguen esta historia.
Especial Inuyasha 2/2
-¿Puedes contarlo otra vez?
-No Shippo, debes descansar. Lo haré más tarde.
-Por favor.
-Que te duermas enano.- Cerré mi puño por si era necesario para hacer que Shippo cerrara la boca y se durmiera al fin. Ya llevábamos una semana en esa cabaña abandonada y aunque miroku aún estuviese débil, yo decía que era hora de partir. Además no me agradaba estar en ese lugar con Kagome y Kikyo juntas.
-Está bien Inuyasha. Ven Shippo. -Ví a Kagome abrir sus brazos para que Shippo se acomodara allí. -Veamos…
-¡Le disparaste una flecha!- Interrumpió animoso Shippo.
-Si, y al parecer eso había sido suficiente pero no, aún con eso Naraku se negó a su fin, libero todo el veneno contenido en su cuerpo y pronto dejamos de ver nada. No podía ver absolutamente nada y me asusté. Temía que ustedes respiraran eso. Así que se me ocurrió qué tal vez si disparaba una flecha hacia donde fuese, serviría para disipar el veneno.
-¿Y funcionó?
Shippo parecía sorprendido en verdad, como si él no lo supiese, pero era la tercera vez que Kagome lo contaba. La primera fue cuando todos estuvimos mejor, tres días después de la muerte de Naraku. Kagome disipó el veneno con su poder espiritual y solo así pudo ver en donde estábamos. Fue allí cuando vio la perla. Entre los restos de lo que alguna vez fue Naraku. La tomó y la purificó con una flecha, esta vez no se rompió y dispersó, solo desapareció. Después nos trajo a esa cabaña con ayuda de Kirara.
Kagome terminó de contar la historia y depositó a Shippo en aquel futón extraño que usaba para dormir. Sango había ido por agua y Miroku se encontraba acostado, por su respiración sabía que dormía a pesar de pasar del medio día. Kikyo estaba al otro extremo. Callada, sin mirar nada en particular.
-Creo que es momento de que me vaya- Ví a Kikyo ponerse de pie apoyada en su arco. Aún se notaba débil, había perdido bastante fuerza espiritual cuando Naraku la capturó.
Pensaba decir algo, lo que fuese, solo hacer algo para detenerla. No podía dejarla irse así, se lo debía.
-No… no es necesario. No tienes porque irte, quédate con nosotros. -Esa había sido Kagome. Ella había sido quien le había pedido a Kikyo que se quedara. Me mantuve en silencio aún procesando sus palabras. Enserio lo había dicho.
-¿Por qué me lo pides Kagome?
-No tienes porque seguir andando sin rumbo Kikyo. Vuelve a la aldea, allí está Kaede, tu familia. Ahora que Naraku no existe más no hay razón por la cual no puedas volver a la aldea. -Kagome se notaba sincera, su mirada era segura y no vacilaba en sus palabras.
-¿Olvidas que mi único propósito después de haber matado a Naraku es tomar la vida de Inuyasha y volver a morir?
Sus palabras sonaban más como a recordatorio, tenía razón. Yo le debía eso a Kikyo. Y sin embargo la determinación de cumplir mi promesa había disminuidos hasta casi desaparecer. No temía morir, no era eso, algo me ataba con más fuerza a este mundo, y en ese momento sin comprender que era exactamente supuse que eran mis amigos, con ellos había conseguido algo más solo compañía, eran como aquella familia que nunca tuve. Y no quería dejar eso.
-¿Aún lo deseas? ¿Por qué? -Kagome se notaba algo alterada, sus ojos mostraban preocupación y solo por un instante me miro, solo bastó eso para entender cual era la verdadera razón por la que no quería cumplir aquella promesa con Kikyo. Era Kagome, siempre fue Kagome.
-No pertenezco a este mundo. -Y que más da. Nada de lo que te ocurrió fue justo, ni la responsabilidad de cuidar la Perla ni que tu vida terminara tan pronto. -Kagome estaba llorando, su mirada se veía opacada por una genuina tristeza pero su voz se mantenía estable. -Pero estás aquí Kikyo. Tal vez no como lo planeaste, y aún con ello puedes seguir viviendo. El silencio se extendió por toda la habitación.
Kikyo seguía allí, sin ningún cambio en su expresión. Y Kagome parecía esperar una respuesta de su parte. Y yo, ¿Qué debía hacer yo? A pesar de estar allí no me sentía más que un idiota espectador.
-Me voy- Fueron las últimas palabras de Kikyo antes de desaparecer de la cabaña.
Cuando volvimos a la aldea de Kaede nos llevamos la sorpresa de que Kikyo estaba allí. Después de todo, algo de lo que dijo Kagome fue escuchado por ella. Nunca más me pidió que cumpliera mi promesa, y cuando decidí que Kagome sería mi mujer, fui a decirle mi decisión. Ella no me mostró ningún sentimiento. Nada. Solo pronuncio un escueto "bien" no fue como si sintiera su desprecio, ya no, notaba solo indiferencia de su parte.
Ella vivía en la cabaña con Kaede y aunque no era la sacerdotisa a cargo del pueblo, ayudaba con los labores. Pronto se volvió en un habitante más, de vez en vez me la encontraba, la inseguridad se transformó en un incómodo silencio que ella rompía al desaparecer. No cruzábamos más de cinco palabras. Y aunque siempre quise agradecerle que se quedara allí, que no tomara la decisión de abandonar este mundo, nunca fui capaz. Pues verla andar por allí, entre los cultivos, jugando con los niños por momentos me recordaba a lo que alguna vez fue, a cómo la conocí.
-Me alegra ver que Kikyo está aquí. Se que no es fácil, y que nada ha sido justo, pero no me gustaría ver más sufrimiento en su vida. Dijo alguna vez Kagome, poco antes de que ella decidiera quedarse en esta época a vivir conmigo, para comenzar nuestra vida juntos.
-Está dormida.
Mire a la madre de Kagome, me ofrecía un poco de té, lo tome por cortesía pero no tenía el más mínimo interés de beberlo.
-Cerró su puerta. Quizá deberíamos esperar el día de hoy. Llevaba inconsciente dos días, debe ser por eso que está tan confundida. Verás que cuando despierte tendrá las cosas más claras.
Sus palabras eran un intento de consuelo, pero yo sabía en el fondo que no. No podía ser eso. Yo vi los ojos de Kagome, no me reconoció. , olí su miedo, yo era el causante de todo eso.
-Esperemos un poco Inuyasha. Tranquilo. -Su mano se apoyó en mi hombro de manera sutil, como intentando consolarme.
De poco sirvió.
La mañana dio paso a la tarde, y estás la noche. Vi a la madre de Kagome preparar algo de comida para llevársela y yo le mantuve en ese mismo lugar, esta vez escuchando a Souta hablar de su día y de algo más que no lograba comprender. Mi paciencia estaba llegando a su límite cuando la olí. Gire y la vi, parada en el umbral de la puerta. Sus cabello algo despeinado, su ropa arrugada sobre su abultado vientre y los ojos hicbhados por el llanto.
Olía a tristeza, inseguridad, desconfianza. Todo eso irradiaba de mi mujer.
-¿Por qué… porque sigues aquí? -Se dirigió a mi.
¿Era tonta o que? Era obvio que no me movería hasta que saliera, incluso ahora no me iría. Me trague mis palabras y respire, era obvio que no podía contestarle así, solo la asustaría.
-No puedo.
-¿Y porque no?
-Necesito saber cómo estás.
-Nada bien. Y poco creo que tú puedas hacer. Así que lárgate de una vez de mi casa. No quiero verte, me disgusta tu presencia. -Sentí el temor mezclado con la rabia correr furioso por mis venas. ¿Desde cuando ella le hablaba de esa manera? Ni en sus peores momentos de disgusto recordará que fuese tan directa, tan cruda con sus palabras. No titubeaba, en verdad me estaba corriendo.
-Kagome, hija, no seas tan cruel con el. Permítele aclarar las cosas. Puede contarte cosas que quizá te ayudan a despejar tu mente, dale una oportunidad. -Kagome miro a su madre con desaprobación, como si buscara su apoyo para hacer que me largara, no para quedarme.
-Bien. Habla. Te escucho Inuyasha.-
Tuve que volver aleer la historia otra vez porque ya no me acordaba de nada. Este es el ultimo capitulo que tenia escrito, ahora si viene lo bueno. ademas este fue el ultimo especial de ainuyasha por ahora, diganme que les parecio.
