Notas iniciales: Nihao people! Gracias por el amor que le dan al fic, se merecen mil corazones geis y todo mi kokoro! ❤️

Este cap es largo, muy largo (5800 palabras de puro capítulo), así que recomiendo que vayan a buscar alguna merienda y se tomen el tiempo para leerlo.

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Capítulo 4: La tienda de empeño.

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Si ese no era Yuuri… ¿dónde estaría? ¿Seguiría vivo? Phichit no sabía qué hacer. Decirle a la familia sería aún más doloroso porque volverían a vivir la incertidumbre, además ¿cómo mandarían el cuerpo de regreso luego del alto costo que tuvieron que pagar para la repatriación? Sin embargo, era injusto para la familia real del cuerpo negarles la posibilidad de darle santa sepultura. Mila le dijo que ella iría a la policía en la mañana y llevaría la fotografía.

–Tienes que decirle a los padres de Yuuri.

El tailandés se preguntaba como el médico forense no se había dado cuenta, ¿cómo la policía no lo notó? Era muy sospechoso un avanzado estado de putrefacción con solo dos semanas de inmersión. Una angustiosa sensación tocó su pecho, ¿Dónde estará? ¿Estará vivo?

–¿Estarás vivo aun? –susurró tomando el teléfono de su amigo, el cual aún no llevaba a reparar–. Amigo, te voy a encontrar, lo prometo.

–Phichit-kun –llamó la madre de Yuuri con semblante cansado. De los nervios dejó caer su teléfono y la placa, llamando la atención de la mujer–. ¿Y eso? –Phichit volteó, sin saber cómo darle la noticia.

–Señora Katsuki… no podemos enterrarlo –señaló el féretro sin mirarlo. Ella lo miró confundida.

–¿Qué dices, Phichit-kun? –el joven caminó hacia ella y le entregó la placa.

–Esta placa estaba en su cuello y… –tragó en seco, le temblaba la voz–. Y pertenece a un chico ruso que desapareció hace un año.

–¿C-cómo dices?

–La policía rusa se equivocó, este no es Yuuri.

Gracias a sus rápidos reflejos pudo sostener a Hiroko antes de que se desplomara directo al suelo.

–¡Señor Katsuki! ¡Mari! –gritó con todas sus fuerzas, acudiendo muchas personas a su encuentro.

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Carta N° 5. San Petersburgo

Han sido días realmente maravillosos, me siento como en una luna de miel. Jajajaj, ni que nos hubiéramos casado, pero me siento el hombre más feliz del mundo. Viktor es un encanto conmigo, todos los días tenemos algún panorama aparte del patinaje, salimos a comer a restaurantes finísimos, damos largos paseos con la costanera o hacemos turismo. Él me cuenta todo lo que sabe de su ciudad y me traduce absolutamente todo. Es demasiado atento, la verdad no sé si merezco tanto. Está entrando para volver a los nacionales, así que está dando lo mejor de sí. Noto que, aunque se cansa, siempre tiene energía para enseñarme, creí que tendría que volver a los nacionales, pero al haber quedo segundo en el GPF paso directo a las copas clasificatorias, así que Viktor todavía tiene tiempo para planear mis coreografías.

Viktor me llamó para que hagamos un streaming, pues los fans se organizaron y crearon el hashtag #ViktuuriOnAir, etiquetándonos para pedir el streaming. Y, aunque cueste creerlo, se volvió trending topic en varios países, no solo en Rusia. Así que dejo esto hasta aquí.

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La noticia causó un enorme revuelo internacional, sin embargo no se divulgó en la televisión rusa. Era demasiada la humillación que sufrió la policía nacional y el Servicio Médico Legal por tremenda negligencia a nivel internacional y, para evitar que perdieran la credibilidad en la ciudadanía, prefirieron omitir la noticia. Para Rusia, Yuuri Katsuki fue encontrado muerto y punto. La embajada rusa corrió con todos los gastos para la repatriación del cuerpo, el cual finalmente fue entregado a su verdadera familia y, de paso, le entregaron una gran indemnización a la familia Katsuki y a la Federación Japonesa de Patinaje. Esto último, claramente, no arreglaba nada.

La madre de Yuuri debió ser internada debido a una descompensación que sufrió producto del estrés. Todos los invitados, completamente anonadados por el descubrimiento, se retiraron a sus respectivos países o localidades.

–Phichit, es hora de volver a Tailandia –Celestino tomó del brazo a su pupilo, pero él se apartó–. ¿Qué pasa ahora?

–Volveré a Rusia.

–¿Para qué? Debes concentrarte y continuar tu carrera.

–¡Ya te dije que no volvería a patinar si no encontraba a Yuuri!

–Phichit, yo entiendo que ahora todo se ha vuelto demasiado difícil. Pero si haces esta pausa, te será prácticamente imposible clasificar a otro GPF.

–No me importa.

–Escúchame. Tú no puedes darte el lujo de "tomarte un descanso" como lo hizo Viktor porque tus puntajes son bajos. Irte será como retirarte para siempre.

–Pues así será –el tailandés iba a regresar al onsen cuando Celestino volvió a tomarle del brazo para detenerlo y obligarlo a que volteara.

–¿Acaso piensas echar a perder tu carrera por ponerte a jugar a ser detective?

–No voy a jugar a nada –lo miró muy serio.

–Phichit reacciona, esto es la vida real, no una película o un cuento donde todo será fácil, ¿acaso piensas que encontrarás a Yuuri al cabo de unos días? ¿Piensas que él estaría feliz con esto?, ¿de ver que renunciarías a tu sueño por él?

–Él sabe que soy capaz de eso y mucho más –lo apartó bruscamente–. Si no te parece, podemos terminar nuestra relación aquí.

–Bien, cómo quieras. Te vas a arrepentir después –y dicho esto, Celestino dejó el onsen camino al aeropuerto. El tailandés apretó sus labios intentando contener la frustración que sentía, se llevó la mano al bolsillo y sintió el teléfono de su amigo, lo apretó con fuerza, reafirmando su decisión.

Ahí estaba él, recorriendo nuevamente las calles de San Petersburgo buscando una nueva pista. Estaba molesto, la policía lo había tratado realmente mal cuando él llegó pidiendo que le dijeran los avances del caso. Qué impotencia sentía que a los rusos no les importaba lo que sucedía con Yuuri, más enojo sintió cuando al amenazarlos con divulgar todo, ellos solo fueron más maleducados.

–Pensar que me dijeron "confórmate con un par de semanas de investigación y ya, a nadie le importa ese extranjero".

Llevaba dos semanas recorriendo todas las ferias libres que pudo encontrar, pero nada. También había recorrido tiendas, centros comerciales, cualquier lugar donde pudiera ver objetos usados. No sabía tampoco que podría encontrar, así que tenía sus ojos lo más abiertos posible. Luego de cinco horas de recorrer la ciudad por ese día, se sentó en un banco que daba al frente de varias tiendas, completamente exhausto.

–Me duelen mucho las piernas, ¿realmente habré tomado la mejor decisión? –se cuestionó afligido al recordar las palabras de su entrenador, pero sabía que no podría dar lo mejor de sí con esta incertidumbre rondando en sus fibras. Soltó un largo suspiro y miró hacia al frente, una tienda de empeño.

Decidió entrar, por si acaso, ya había recorrido unas 4 antes y nada. Era una tienda muy grande, llena de joyería muy fina, tanto de plata como de oro. Observó cada una de las joyas, hasta que llegó al mostrador.

–¿Le puedo ayudar en algo? –le preguntó la dependienta en un perfecto inglés.

–Estoy mirando, gracias –respondió el tailandés con una sonrisa, para luego seguir mirando las joyas, hasta que…. –¿M-me podría mostrar ese anillo? –apuntó a un solitario anillo de oro con un grabado particular. La señorita lo sacó del mostrador y se lo entregó.

–Tiene una extraña inscripción…–empezó a explicar la dependienta, pero Phichit la ignoró.

Leía perfectamente VN y lo que parecía ser dos patines.

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–¿De verdad se casarán?

–Jjajajajja, no, ¿cómo crees? Apenas estamos saliendo.

–¿Entonces por qué armaste tanto escándalo cuando dijo que se casarían? –le pregunté riéndome.

–¿Viste las caras que pusieron Yurio, Chris y Otabek? Me aterrorizaron… bueno, tú también.

–Bueno, todos nos estamos esforzando por ser el mejor y que salgas con que ganarás el oro para casarte, pues nos dejó en estado de alerta.

–¡Yo no lo dije! Fue Viktor.

–¿Dicen algo? –miraba con curiosidad lo que parecía ser un grabado.

–Sí, son nuestras iniciales y dos patines. Fueron muy amables en la joyería, no nos cobraron extra y los entregaron de inmediato.

–Realmente parecen de matrimonio.

–Son ilusiones.

–¿Qué? Pero eso lo usan los novios que van a casarse en algún momento.

–Lo sé, por eso Viktor cree que nos casaremos. Los compré como amuleto, son dorados, como la medalla que quiero ganar.

–¿Vas por la medalla?

–Es la única manera que tengo de que la gente no vea que Viktor perdió el tiempo conmigo.

–¡Yuuri! No seas tonto, no dejes que lo que diga la gente te afecte. Siempre habrá gente que hable mal de ti y es mera envidia.

–¿Tú crees?

–¡Claro! Eres un patinador fabuloso, me encanta estar compitiendo contra ti, contra los mejores.

–Phichit-kun, gracias –le guiñé el ojo.

–¿Selfie con el anillo? –me dio risa su rostro de ligero fastidio.

–Ok –nos acomodamos y nos sacamos la selfie, los dos sonriendo y él mostrando su anillo. Me sentía como padrino de bodas, porque, en el fondo, sabía que se iban a casar en algún momento.

–Qué linda foto, podrían haberme dicho que se las sacara –Viktor apareció con una sonrisa un poco tiesa, lo cual llamó mi atención–. Ok Yuuri, vamos a calentar.

–¡Sí! Nos vemos en la pista –se despidió de mí con su brazo, siguiendo a su entrenador.

...


–¿Lo lleva, señor? –la voz de la dependienta hizo que el tailandés volviera al presente, se le apretó la garganta y rápidamente se secó unas incipientes lágrimas.

–¿Cómo llegó aquí?

–Una chica lo vendió.

–¿Una chica? –ella asintió–. ¿Cómo era? –la señorita lo miró confundida.

–No sé bien, yo no la atendí. Espera… ¡Alex! –llamó hacia el interior, apareciendo al cabo de unos segundos un chico muy alto de corta cabellera rubia–. ¿Te acuerdas como era la chica que vendió este anillo? –le preguntó en su perfecto inglés, él colocó pose pensativa. El tailandés los miraba desesperado.

–Era estatura promedio –él también comenzó a hablar en inglés–. Rubia… sí, rubia, tenía un mechón que le cubría el lado derecho de la cara. También tenía los ojos verdes, su voz era ronca, pero tenía apariencia más de chica que de chico. Debe haber tenido unos 16 años.

–¿Cuándo lo empeñó? –el trabajador buscó en la base de datos de la empresa.

–Hace una semana exacta.

–¿Cómo puedo…? –sabía que tendría que pagar por él, pero no tenía mucho dinero y supuso que no saldría muy barato.

Y efectivamente, le costaba 600 dólares. Pagó con la tarjeta sintiendo un profundo dolor en su bolsillo, lo bueno es que pudo pagarlo en cuotas, o sino no habría habido forma.

Para no perderlo, decidió colocárselo. Pensó en llevarlo a la policía, pero luego de la manerita en que lo trataron hace dos semanas atrás y de lo manoseado que tenía que estar, no estarían las huellas intactas para descubrir a la niña que lo vendió, ¿dónde lo habrá obtenido? ¿Ella sabrá algo de Yuuri?

...


San Petersburgo. Casa de Viktor.

Dos semanas atrás, día de la noticia.

Alguien había estado golpeando su puerta con insistencia. El astro ruso estaba todavía conmocionado por la noticia. Había apagado todos los teléfonos y simplemente te recluyó en su casa, ahogándose en la enorme tristeza y culpa que sentía. No iría a abrir, no quería ver a nadie, pero la persona seguía golpeando con furia.

–¡Ábreme la puerta maldito imbécil! –la voz del hada rusa retumbó como eco por toda la casa. Viktor miró la puerta tanto con angustia como con miedo, ¿qué hacía Yuri afuera?

Decidió abrirle para saber qué quería ahora.

–¿Qué te pasa malcriad…? –no pudo terminar la frase debido a que el pequeño ruso le propinó un fuerte golpe en la cara, desequilibrándolo ligeramente.

Viktor retrocedió por el impacto, se llevó una mano a su nariz, notando que salía sangre por ella.

–¡¿Por qué lo mataste?! –le gritó en medio de su llanto, su cuerpo temblaba de la rabia que sentía, respiraba agitadamente y sentía que su cabeza explotaría de la tensión que sentía. Eran demasiadas emociones que no sabía manejar, dejándolo completamente fuera de sí–. ¿Por qué lo hiciste maldito? –antes de que Viktor reaccionara, Yuri lo tomó de la ropa con fiereza, pero no tenía la fuerza bruta como para levantarlo. El ruso platinado lo apartó de un manotazo con facilidad.

–¡¿Qué te crees viviendo a mi casa a golpearme?! ¡Lárgate ahora!

–¡¿Por qué lo hiciste desgraciado?! –Yuri volvió a abalanzarse sobre Viktor, sin embargo el mayor lo esquivó con facilidad.

–Yo no lo maté, estúpido, ¿cómo se te ocurre?

–¡No te creo! ¡No después de todo lo que le hiciste! –Yuri le recriminaba a gritos, completamente fuera de sí. La garganta le dolía a horrores por los gritos y le costaba ver ante las constantes lágrimas.

–¿Qué te vienes a meter tú, mocoso malcriado? ¡No tienes idea de nada!

–¡Te voy a denunciar maldito! ¡Te pudrirás en la cárcel!

–¡Ándate de mi casa! –con brusquedad echó al pequeño ruso a la calle, incluso lo lastimó ya que al empujarlo, Yuri se tropezó con los resbaladizos escalones, golpeándose el hombro con la calle.

Viktor cerró la puerta de un portazo y la reforzó con llave. La nariz le dolía demasiado, pero los gritos del menor dolían más, porque no podía asumir que su querido Yuuri estaba muerto. Se dejó caer al suelo, apoyándose contra la puerta.

Lloró amargamente, culpándose por todo lo que ocurría.

...


Primera comisaría de San Petersburgo.

Pocos días después de la bochornosa noticia del cuerpo.

–¿Otra vez tú aquí?

–La otra vez no me prestaron atención.

–Niño, ya encontraron el cuerpo y se terminó la investigación, ese japonés se suicidó, ¿por qué no te preocupas por los estudios y nos dejas trabajar? –le contestó de mala gana uno de los oficiales de la policía rusa a un chico rubio de ojos verdes.

–¡¿Acaso crees que yo me creo la versión rusa?! ¡Ese chico no es el patinador y ustedes son unos ineptos! ¡Yuuri me contó muchas cosas y estoy seguro de lo que les digo!

–No vengas a insultar a la autoridad o te podría costar muy caro.

–¿Y si toda la población rusa se entera de la tremenda negligencia? Está el Internet para demostrarlo –Yuri lo miraba desafiante.

–Capitán, tengo un adolescente alterado que habla incoherencias del caso del patinador japonés… –le comentó el oficial a su jefe por teléfono, su rostro de fastidio cambió a extrañeza–. ¿Qué? ¿Lo dice en se…? … ok, le diré que pase. Gracias –colgó la llamada y miró al chico con hastío–. El capitán quiere verte, pasa al fondo del pasillo

–Ok, niño, ¿qué quieres?

–Vengo a denunciar al asesino del patinador japonés Yuuri Katsuki.

–¿Cómo sabes tú eso si la policía no encontró ni el cuerpo?

–Lo mató Viktor Nikiforov, tengo pruebas –le mostró su celular al policía, específicamente una serie de mensajes entre él mismo y Yuuri, donde Yuuri le cuenta las razones por las que quiere irse de la casa de Viktor.

No eran las mejores pruebas, de hecho no decían nada, pero le sirvió a la policía para pedir una orden de allanamiento y tomar detenido al astro ruso para interrogarlo.

–Espero que ahora dejes de fastidiar –exclamó molesto el jefe de policía luego de despachar la solicitud de interrogatorio al Juzgado por medio de un email. Yuri sonrió de medio lado.

–Si ustedes consiguen justicia para el japonés, yo me quedaré tranquilo –dicho esto se retiró, cubriéndose su cabello con el gorro de su chaqueta para luego tomarse su hombro izquierdo, que aun dolía luego de la caída.

El policía observó extrañado la silueta del joven, pero luego decidió seguir con sus funciones administrativas.

–Te arrepentirás de todo lo que le hiciste a Yuuri.

...


Su teléfono sonaba con insistencia, qué molesto podía ser Yakov cuando no asistía a las prácticas, ¿qué sentido tenía? Por favor, había ganado el oro en su debut como senior, ¿qué práctica necesitaba? Sin embargo, luego de que el estridente sonido de la canción que patinó en la gala de exhibición volviera a sonar por tercera vez decidió que ya era suficiente.

Con desgano y molestia se incorporó de su cama, pasando a llevar a su querida gatita, quien se quejó en un maullido. Tomó el celular para llevarse una sorpresa.

Llamada perdida: Katsudon (3)

Sus manos temblaron ligeramente, ¿por qué lo estaba llamando con insistencia? Volvió a sonar los gritos de la canción y rápidamente contestó.

¿Qué pasa, cerdo?

¿Y-Yurio? –la voz del japonés se escuchaba entrecortada y rasgada, abrió los ojos de la impresión cuando lo escuchó gimotear en medio de profundos sollozos.

¿Estás llorando? ¿Qué te pasó? –su tono agresivo cambió a preocupación, sintió como su corazón se aceleraba al oír los intentos desesperados del asiático por tranquilizarse.

¿E-estás snif snif o-ocupado?

¿Qué necesitas? Dime, ¿qué te pasó?

Y-yo n-no p-puedo snif snif, ya n-no snif snif… –era realmente difícil entenderle ya que apenas murmuraba y sus palabras se mezclaban con los sollozos.

–¿Dónde estás?

Y-yo… –el chico se desarmó en un amargo llanto, solo se oía como gimoteaba cerca del teléfono.

¡Katsudon dime dónde estás!

E-en mi c-casa.

Voy a para allá.

Colgó la llamada, se colocó su chaqueta de leopardo, tomó sus llaves y salió disparado hacia el domicilio de su tocayo. Apenas llegó a la casa golpeó la puerta con brusquedad, sintió que se cortó el aire de un latigazo cuando vio al japonés con los ojos rojos e hinchados debajo de sus lentes, empapados en lágrimas. El ruso entró rápidamente y sentó al dueño de casa en lo primero que pilló, el sillón de la sala de estar. Yuri se mantuvo de pie, sujetando al asiático por los hombros. Yuuri no lo miraba, tenía la vista en el suelo mientras sus hombros se elevaban rápidamente por los constantes sollozos.

–Katsudon ¿qué pasa? ¿Por qué estás así?

–No p-puedo más Y-Yurio, snif snif, y-ya no más…

–No te entiendo –se hincó para quedar a su altura, sin soltar sus hombros. El asiático, sin ser un sujeto muy de piel, lo abrazó con desesperación. El ruso quedó aturdido ante el gesto, su corazón latía demasiado fuerte. Tragó en seco y le devolvió el abrazo, cobijando al afligido chico en su pecho.

Esperó a que se tranquilizara, miró a todos lados pero no veía rastro de Viktor, ¿habrán discutido? Le parecía extraño, ya que en público siempre se veían muy bien. Quizás extraña a su familia, pero también le parecía extraño, considerando que Yuuri vivió muchos años en Estados Unidos.

Cuando los gimoteos fueron cesando y su respiración se volvió más tranquila, Yuri decidió que ya era tiempo de aclarar las cosas.

–¿Qué pasa, katsudon? ¿por qué estás así?

Yuuri se separó un poco del ruso, se limpió algunas lágrimas y secó sus lentes. Respiraba un poco más tranquilo, sin embargo todavía sollozaba.

–No le cuentes a nadie, por favor –y se le entendía lo que quería decir.

–Puedes confiar en mí.

–Nadie puede saber, Yurio, nadie.

–Me estás asustando, pero no le diré a nadie, lo prometo –notó que Yuuri tomó aire entrecortadamente, un sonido nasal se interpuso.

Se quedó en silencio unos segundos, mordiéndose el labio inferior, impacientando al ruso. Yuri, al estar mirándolo fijamente, notó un aura violácea en el borde externo de su ojo derecho. El dueño de casa soltó un suspiro y extendió sus muñecas temblorosas.

El ruso no entendía que significaba eso, hasta que Yuuri subió las mangas, mostrando unas horribles marcas en las delgadas muñecas.

–¿Qué te pasó ahí? –le preguntó con los ojos muy abiertos y la respiración acelerada. Yuuri trató de hablar pero la angustia volvió a apoderarse de su voz–. Yuuri habla, ¿qué pasó?

-V-Viktor ...

–¿Viktor te hizo esto?

–Él… me golpea.

El hada rusa no pudo evitar llevarse una mano a su boca de la impresión, se le formó un nudo en el estómago al ver esas horribles marcas en la blanca piel del chico, de más de 5cm de largo. Yuuri no pudo controlar su tristeza e impotencia, volviendo a sollozar con gran congoja. Yuri lo abrazó protectoramente, sin poder creer que detrás de la sonrisa que llevaba el japonés se escondía esa oscura y dolorosa realidad.

En medio de sus sollozos, Yuuri le contó todo lo que sucedía, los gritos, los golpes, las amenazas. El pequeño ruso no sabía que decir, nunca le había tocado vivir algo similar, solo atinó a abrazar más fuerte a su tocayo para transmitirle que con él estaría seguro.

–Tienes que denunciarlo –espetó separándolo de su cuerpo para que lo mirara, el japonés negó.

–T-tengo miedo.

–Te prometo que él no te hará nada, yo te voy a cuidar.

–Alguien quiere h-hacerme daño, él q-quiere cuidarme…

–Nadie quiere hacerte daño, eso lo dice para manipularte.

–No, Viktor me quiere mucho para eso.

–¡Si de verdad te amara no te haría esto! –le gritó exasperado, le dolía, le dolía tanto verlo así. Dolía, porque lo apreciaba mucho–. Alguien que te ama jamás te golpearía, sea cual sea la excusa, ¡jamás! –Yuuri lo miró sorprendido, Yuri se veía decidido. El japonés tragó en seco y evadió su mirada, el hada rusa lo obligó a mirarlo al tomarlo por el mentón, se miraron directo a los ojos–. ¿Entiendes? –Yuuri asintió con duda.

...

Yuri intentó lavarle el cerebro al japonés para que lo denunciara, tratando de sacarlo del bucle de la victimización. Hizo grandes esfuerzos para levantarle la poca autoestima que tenía luego de todos esos dolorosos gritos.

–Y-yo lo amo, Yurio, lo amo mucho.

–Entiendo, pero si sigues con él esto puede terminar peor.

–No sé porque se enoja tanto conmigo, yo trato de hacer las cosas bien.

–Yuuri, la violencia ya está. Si no te vas luego de aquí, él puede terminar… –guardó silencio, no quería decirlo, pero Yuuri entendió lo que quería decir.

–Él jamás me haría eso.

–¿Alguna vez pensaste antes que él te levantaría la mano? –el asiático negó, dolido al notarlo–. ¿Tú crees que a tu familia esto le debe parecer bien? –volvió a negar sin poder evitar sollozar–. Tú no tienes la culpa de esto, la víctima jamás tiene la culpa. Debes irte, debes volver a tu casa.

–Q-quiero irme –mencionó con sinceridad en medio de un desolador llanto–. Q-quiero volver a mi casa, p-pero no puedo… V-Viktor me r-rompió todas mis t-tarjetas, no tengo n-nada de dinero, n-nada.

–Ven conmigo –Yuri se levantó y le tendió la mano para levantarlo, el japonés lo miró confundido–. Vamos a mi casa, yo te compro tu pasaje –el asiático negó.

–No es necesario, no quiero causarte molestias.

–Yuuri no es molestia, entiende que esto es una situación especial.

–H-hablaré con él.

–¡Nada de eso! –Yuri obligó a su tocayo a levantarse, por la fuerza Yuuri se inclinó hacia adelante y Yuri lo sujetó–. No te dejaré solo, vamos a mi casa ahora.

–¿Por qué te preocupas tanto? –le preguntó extrañado.

–Porque eres importante para mí –Yuri se sonrojó por la declaración, sorprendiendo al japonés–. Nos vamos ahora.

Prácticamente Yuri llevó a la fuerza al extranjero a su casa, incluso ni se molestó en llevarse el teléfono. Ya en su casa, el hada rusa siguió lavándole el cerebro a su tocayo para que entendiera que era lo que pasaba, aleonándolo para cuando enfrentara a Viktor. Al principio Yuuri no quería ceder, pero luego fue entendiendo lo que sucedía, tomando como cierta la teoría del pequeño ruso al decir que Viktor lo manipulaba.

–Te compraré el boleto –Yuuri negó.

–Espera a que yo te lo pida. Deja hablar con él, si algo malo pasa, volveré a tu casa.

Yuuri volvió en la noche, Viktor lo había golpeado de nuevo. El japonés le explicó que ese golpe había sido la gota que rebalsó el vaso, ahora sí que sí quería regresar, había terminado por entender.

–Yo te lo dije, ¿por qué eres tan tozudo?

–Soy japonés, está dentro de mis genes –Yuri lo miró molesto.

–Mañana irás a buscar tu ropa y vuelves para acá, ¿entendido? Nada de quedarse a conversar, no puedes darle la oportunidad a que te haga algo.

–Sigo sin entender porqué eres así –le confesó el asiático, Yuri negó al notar lo idiota que era su tocayo. Rápidamente, antes de que se arrepintiera, se inclinó hacia él colocándose de puntillas y le robó un suave beso.

Yuuri lo miró aturdido, el ruso evitó su mirada.

–Yo dormiré en el sillón, así que la cama es toda tuya –le explicó sin mirarlo.

-Yurio ...

–No quiero nada tuyo, ¿entiendes? –le indicó todavía sin mirarlo, confundiendo más al japonés.

Yuuri asintió y se dirigió al dormitorio, tratando de procesar lo que había ocurrido. El hada rusa prácticamente se lanzó al sillón, se quedó mirando el techo fijamente.

–¿Por qué tuve que arruinarlo todo?


Yuri regresaba de la estación de policía hasta su casa, se lanzó al sillón tal cual como fue en sus recuerdos y en la misma postura, siguió recordando la angustiante sensación que le dio cuando el japonés se retiró a la mañana siguiente, la última vez que lo vio.

Sería capaz de hacer cualquier cosa con total de separarlo de ese desgraciado.

–Haré lo que sea para meterte en la cárcel. Te haré sufrir cada lágrima que derramó.

...


Una de las razones de la policía rusa para sospechar de Viktor es que nunca fue interrogado ya que la ley rusa (1) no permitía obligar al acusado a declarar si no lo deseaba sin una orden del juzgado aprobando la solicitud de interrogación. Sin embargo, ahora todo era distinto. Luego de 14 días pudieron conseguir la orden y llevarla a cabo.

–¿Sí? –Viktor abrió la puerta y se asustó cuando vio a la policía–. ¿Qué hacen aquí?

–Usted queda detenido bajo la Ley N° 20446 (1) y por orden del Juzgado de Policía Local, allanaremos su vivienda –los cuatro policías abrieron la puerta e ingresaron al departamento.

–¿Eh? Esperen un poco, ¿Qué está pasando? –intentó correr a los oficiales que buscaban esposarlo–. ¡No! ¡Yo no he hecho nada! ¡Esperen!

–No coloque más resistencia o se agravarán los cargos en su contra.

–¿Qué cargos? Esperen, mi mascota no puede quedar sola –intentó apartarlos para poder llamar a Yakov pero los oficiales se colocaron más rudos y redujeron al ruso, quién se quejó por el dolor.

–Grrr –gruñó Makkachin al ver lo que le hacían a su dueño y comenzó a ladrar compulsivamente, incluso se le abalanzó a un policía. Pero el policía lo apartó de una patada.

–¡No! ¡Makkachin! –Viktor intentó ir donde su mascota, que magullaba adolorido en un rincón, pero entre tres lo sacaron del departamento, ya esposado–. Esperen, tengo derechos ¡no pueden tratarme así!

Dos policías se llevaron al astro ruso al departamento de policía, mientras que los otros dos comenzaron a allanar la casa. Makkachin ladrada fuertemente e intentó volver a abalanzarse sobre uno de los policías, pero él lo encerró en el cuarto más cercano, el baño.

–Qué animal más molesto.

Revisaron toda la vivienda, lo único que encontraron de Yuuri fue un montón de tarjetas de crédito rotas que estaban a nombre del patinador japonés. Nada más. No había armas sospechosas, aunque se llevaron todos los cuchillos para analizarlos, también revisaron objetos contundentes e inspeccionaron toda la casa en búsqueda de armas o alguna señal del paradero del japonés. Se llevaron el celular del ruso y su computadora.

–Este caso es como buscar una aguja en un pajar –mencionó hastiado un policía al otro.

–Ni que lo digas. De seguro no harían tanta parafernalia si fuera un desconocido turista.

–Ni se hubieran dado cuenta que no era el cuerpo, qué gente tan complicada esta.

...

Aunque para la nación a Yuuri lo encontraron muerto, de todas formas mostraron cuando Viktor fue ingresado a la estación de policía completamente esposado. Solamente había prensa nacional.

–¿Es cierto que usted provocó la muerte de Katsuki?

–¿Por qué lo hizo?

–¿Se arrepiente? ¿Tiene algún mensaje para la familia?

Él prefirió guardar silencio, aunque se le partió el alma imaginarse la expresión de sus ex suegros. Tan bien que lo habían tratado el año pasado y él les pagaba así.

...

–Ok, Nikiforov, vayamos directo al grano, ¿Por qué mataste a Yuuri? –estaban en la sala de interrogación, Viktor estaba impávido, mirando directamente al oficial a los ojos, como desafiándolo internamente. No tuvo respuesta–. Será mejor que cooperes y nos digas porque mataste al chico.

–Tengo derecho a guardar silencio y a un abogado.

–¡Acá no tienes derechos! –golpeó la mesa furioso–. Estás detenido bajo la ley de interrogación, estás obligado a respondernos. Contesta de una vez.

–Yo no lo maté –el oficial soltó un largo suspiro a la vez que se corría el flequillo de la frente.

–Nikiforov, hagamos esto sencillo. Dinos de una vez, ¿por qué lo mataste?, ¿dónde tienes el cuerpo?

–Qué no lo maté, yo no tengo nada que ver aquí.

–¡No nos mientas! –lanzó lejos el vaso de agua que le entregaron al detenido, el cual se quebró en miles de pedazos al estrellarse contra la pared, ese acto le cortó la respiración al patinador–. Estoy cansado de esta mierda, ¿entiendes? Podemos hacer esto mucho más sencillo, incluso puedes sacarla fácil. Cooperas con la investigación, pagas la fianza y te quedas en tu casa con arresto domiciliario unos… 30 días. Evitas la cárcel, se acaba el caso y todos felices, ¿ok?

Viktor siguió serio.

–Te lo volveré a preguntar, ¿por qué mataste a Yuuri?, ¿dónde lo tienes?

–¿Quieres la verdad?

–¡Maldita sea! ¡Te estoy diciendo que sí!

–Ok, te diré la verdad y solo la verdad –tomó aire–. Yo-no-lo-maté –lo miró desafiantemente–. ¿Quedó claro esta vez?

El policía perdió la compostura, parándose rápidamente para sujetar a Viktor de la mandíbula.

–Te crees intocable por ser famoso y tener dinero, pero para la justicia todos somos iguales. Sabemos que había violencia intrafamiliar, tenemos testigos y encontramos las tarjetas de Katsuki. Te daré la última oportunidad –lo soltó bruscamente–. ¿Por qué lo mataste?

–¡Está bien! Sí, lo asumo –se mordió el labio inferior y respiró agitadamente–. Le pegué, le corté las tarjetas para que no se fuera a Japón e hice todo lo que pude para mantenerlo a mi lado. Pero juro por mi nombre que no lo maté, ¿por qué no me creen cuando digo que no fui? –lo miró con impotencia, sintiendo unas gruesas lágrimas en sus mejillas.

–Desperdiciaste tu oportunidad, quedas detenido por obstrucción a la justicia.

–¿Q-qué? ¡No! ¡Estoy diciendo la verdad!

–Muchachos, a la celda.

Dos aspirantes tomaron al astro ruso para llevarlo a una celda dentro de la comisaría.

–¡No! ¡Suéltenme! ¡Quiero mi abogado! ¡Quiero mi llamada! ¡Están faltando a la justicia! –siguió reclamando, pero nadie le prestó atención.

El capitán se pasó la mano por el rostro, completamente exhausto.

...


San Petersburgo. Casa de Mila

Phichit estaba mirando el teléfono de su amigo con nerviosismo, recién había llegado del servicio técnico donde consiguió que le repararan el teléfono sin hacer tantas preguntas. Encendió la pantalla y vio la tierna imagen de Vicchan como fondo, lo desbloqueo y se topó con el menú. Decidió ir directo a WhatsApp y comenzó a leer las conversaciones. La última fue con Plisetsky.

¿Dónde estás? 9:45

¡Contesta el teléfono! 9:46

Te he llamado 6 veces, ¿dónde estás? 9:52

Me estás asustando idiota, ¿viktor te hizo algo? 10:00

Cerdo por favor contéstame 10:02

Te estamos buscando con Viktor 11:03

Nos tienes preocupado, ¡da señales de vida maldita sea! 11:37

Después leyó las conversaciones con Viktor, eran muy pocas en la últimas dos semanas, no había alguna señal de agresión ni nada, pero si eran conversaciones muy distantes.

Salió de WhatsApp y se fue a galería, donde encontró muchas selfies con Viktor, tanto en la casa como en lugares turísticos. Un par de lágrimas escaparon de sus ojos al ver la selfie que se tomaron después del GPF.

...


–¡Felicitaciones por tu plata, Yuuri! –exclamé contento cuando terminó la premiación. Yuri me sonrió, se le veía tan contento–. Y felicitaciones por esa extraordinaria marca, ¡lograste superar a Viktor!

–Gracias, Phichit-kun –le di unos suaves golpecitos en el hombro en señal de felicitación–. Aunque, me hubiera gustado ganar el oro.

–¡Estuviste tan cerca! 0.12 puntos.

–Sí, muy poco. Siento que… podré lograrlo el próximo año.

–¡¿No te retirarás entonces?! –lo miré entusiasmado, él asintió con una gran sonrisa–. ¡Hay que inmortalizar este recuerdo! –iba a sacar mi teléfono pero él lo impidió.

–Con el mío, por favor –me entregó su teléfono.

–¡Claro! Me etiquetas, ¿eh?

–Jajajaj, sí –posamos para la foto, Yuuri lucía orgulloso su medalla.

–¡Yuuri! –atrás nuestro apareció Viktor, volteamos a verlo–. Te he estado buscando, tenemos que cambiarnos.

–¡Ahh sí! perdona, Phichit-kun –dicho eso se retiró, lo miré extrañado, pero recordé que ahora seguía la presentación de exposición.

...


Revisó todo el teléfono, pero no encontró nada que le diera pistas. Solo había selfies, fotos a Viktor, fotografías a monumentos, algunas capturas de pantalla sin sentido a algunas transmisiones en vivo y a mensajes en Instagram. Ninguna foto extraña.

Se dejó caer en el sillón que se había vuelto su cama, completamente confundido y abatido. Llevó su antebrazo a su frente, mientras seguía dándole vueltas al asunto ¿cómo luego de todas esas semanas no iba a poder encontrar nada?

¿Acaso piensas echar a perder tu carrera por ponerte a jugar a ser detective?

Bajó su antebrazo a la altura de sus ojos al darse cuenta que renacían esas odiosas ganas de llorar.

¿Acaso piensas que encontrarás a Yuuri al cabo de unos días?

–L-lo encontraré –murmuró en un sollozo ahogado.

Esta es la vida real, no una película o un cuento.

–¿Por qué nadie me apoya?

Te vas a arrepentir después…

La imagen de su ex coach regañándolo se desvaneció para luego oír las palabras de Minako cuando le comentó que regresaría a Rusia.

Phichit, será mejor que desistas. Yo entiendo lo importante que él era para ti, pero Yuuri debe estar muerto. Mejor honra su memoria y regresa a patinar.

–No me rendiré.

Se levantó de un impulso del sillón y caminó hacia la mochila de su amigo, buscando la computadora. Comenzó a sacar todas las cosas de ella cuando se le resbaló la libreta de apuntes de las manos, esta cayó al suelo, abriéndose y dejando ver un montón de papeles sueltos. Se recriminó por lo idiota que era y se dispuso a ordenarnos, algunos papeles estaban en japonés, pero otros estaban en inglés.

siempre lo admiré, quería patinar como él, llegar a ser tan perfecto como él…

–U-un diario –abrió la libreta completamente, encontrándose con un montón de apuntes en inglés, en la esquina superior derecha decía "Hasetsu, Japón".

He decidido llevar un registro de mis ideas y emociones para poder digerirlas.

Se dispuso a leer la mayor cantidad que pudiera, quizás ahí estuvieran las respuestas a sus preguntas.

–Les callaré la boca a todos cuando lo encuentre.

...


Notas finales:

(1) Ley rusa de interrogación: no le crean a internet queridas xD la inventé yo por si acaso.

Makkachin lo siento D':

Espero que les haya gustado este capítulo, es bastante intenso emocionalmente, encuentro yo. Las loveo, gracias por su apoyo ❤️