Disclaimer: Todos los derechos reservados a mi escritora británica favorita J.K. Rowling, Warner y Salamandra y compañía. Todos los personajes y el mundo pertenece a la increíble Jo, me temo que sólo los he tomado prestados para jugar un ratito con ellos. La historia es de mi muy retorcida y triste (poco creativa) imaginación.
Disfruta de la lectura como lo he hecho yo escribiendo...
Capítulo IV: Castigo
Hermione había perdido la noción del tiempo en la biblioteca luego de haber ido al Gran Comedor a cenar con sus compañeros de casa. Iba a paso apresurado hacia su Sala Común, pensando en lo feliz que se sentía en compañía de Harry y lo bien que se habían tomado las cosas Ron y, Ginny, que había superado su amor platónico por Harry. Si Hermione no había hecho nada con anterioridad, había sido por aquellos dos pelirrojos, pero Harry le confesó luego del beso que Ron había sentido cierta atracción por ella, pero que nunca podría llegar a sentir algo más y que tampoco veía posible una relación entre ambos por las peleas que llevaban diariamente. Hermione estaba feliz con aquello. Podía estar feliz con Harry sin que nadie se molestara. Podía caminar por los pasillos de Hogwarts tomada de su mano o besarse dulcemente en los labios sin miedo a que alguien pudiera verlos y juzgarlos. Podían pasarse juntos la mayoría del día y no sentirse preocupados por si sus amigos se ponían celosos o si se enojaban. Podían estar a solas, podían platicar por horas, reírse por cada mínima tontería y también podían seguir planeando las cosas que harían ese año al salir de Hogwarts. Hermione estaba muy al pendiente de las visitas que tenía Harry con el profesor Dumbledore, al igual que Ron.
Sólo había un pequeño detalle que la molestaba en el fondo de su mente. Y era esa sensación de vergüenza que sentía al estar con Harry en la intimidad. Si bien no había pasado tanto tiempo desde su noviazgo, su novio no era el típico que iba con todas a la primera semana. Era todo un caballero y la respetaba demasiado. Apenas y habían pasado de los besos largos y ella ya quería un poco más. Lo quería por completo, ¿qué más iban a esperar? Iban a estar juntos durante mucho tiempo, ¿para qué perder más? O peor aún, con Voldemort ahí afuera, ¿y si tiempo era lo que les faltaba? Adoraba que Harry la respetara tanto, pero a veces deseaba que le faltara el respeto tocándola un poco más, acorralándola en algún pasillo oscuro o...
—Te estaba buscando—interrumpió sus pensamientos una voz en su oído al tiempo que la jalaba y la ponía contra la pared—Eres escurridiza, Granger, o ¿acaso me estás evitando?—le preguntó con los ojos furiosos y voz grave.
Hermione forcejeó un poco, ganándose un agarre más fuerte por parte del rubio.
—Suéltame, Malfoy.—gruñó con las cejas fruncidas.
—Creo que me perdí la parte donde me avisabas que nuestro acuerdo se terminaba, Granger.
—No tengo por qué avisarte de nada, Malfoy. Es mi vida.
—Sí que tienes, Granger. Eres mía.—le dijo molesto, apoyando todo su cuerpo contra el de ella, sintiendo cómo temblaba ante su cercanía. Se odio así mismo al sentir cómo su amiguito comenzaba a despertarse. —Voy a castigarte, Granger. Voy a enseñarte a que respetes a tus superiores—le dijo rozando su oído con sus labios, besándolo y mordiendo un poco.
—Suéltame, Malfoy—repitió ella con la voz flaqueándole. Por más que quería no sentir nada por sus caricias, su cuerpo reaccionaba por inercia. Se dejó llevar hacia un salón cercano. La jaló sin delicadeza, lo vio sacar su varita para cerrar la puerta e insonorizar el aula.
Tiró las cosas de la castaña a la primera oportunidad y la empujó hacia la mesa.
—Debes ser más considera con tus compañeros, Granger.—la regañó mientras hacia que se pusiera contra el escritorio—Especialmente conmigo.—gruñó al tiempo que le arrancaba la túnica y le subía la falda hasta su cintura.
—Eres despreciable, Malfoy.
—No hables, sangre sucia. No tienes permiso para hacerlo.
Hermione frunció el ceño furiosa con él y con ella misma por estar disfrutándolo tanto. Lo vio desabrocharse el cinturón y bajarse con brusquedad el pantalón para luego liberar su gran erección. No pudo evitar sentirse ansiosa ante lo que a continuación pasaría.
—¿Quién crees que eres tú, Granger, para decirme a mi que no?—le preguntó en un gruñido mientras la tomaba de su cola de caballo y lo acercaba a él. Llevó una de sus manos hacia abajo para bajarle su pantie y dejar al aire libre su redondo trasero. Le dio una palmada con fuerza y la escuchó gemir.
—Me importa una mierda que ahora estés de novia con el cara rajada. —le gruñó con las cejas fruncidas, mientras llevaba su mano a su centro y comenzaba a masajear.—Dime, ¿te has acostado con él, Granger?
Hermione tenía los ojos cerrados y las manos cerradas con fuerza a los bordes de la mesa mientras reprimía las ganas de gemir al sentir como bombeaban con fuerza su centro.
—Eso no te incumbe—tartamudeó, tratando de sonar indiferente.—Esto se termina aquí, Malfoy. Déjame ir.
El rubio agregó un dedo, disfrutando de sus gestos de placer y sonriendo con malicia al escuchar la mentira que decían sus bonitos labios.
—¿Quieres que me detenga?—preguntó incrédulo, agregando un dedo más—No pareces muy renuente, sangre sucia.
De una estocada y sin previo aviso comenzó a embestirla. Lo hizo como nunca lo había hecho antes. Hermione ya no fue capaz de aguantarse más y comenzó a gemir sonoramente, haciendo que el rubio la embistiera con más fuerza.
—Esto no acaba hasta que yo lo diga, Granger.—le dijo al oído entre embestidas fuertes y profundas. —Y tú deseas esto como yo. Eres igual de despreciable que yo, eres una jodida enferma que disfruta del sexo como yo. No eres la santurrona rata de biblioteca. Eres...
—Cállate—lo golpeó ella con el codo en su estómago, haciendo que se desbalanceara un poco, pero sólo provocándolo a que se recargue más contra ella para penetrarla con salvajismo.
Ambos dejaron de hablar para sumirse en profundos gemidos de placer ocasionados por la situación en la que estaban. Hermione se había llevado una mano a su centro para incrementar su placer. Habían sido días desde los que no se relajaba tanto y eso estaba siendo el mismo paraíso. Era la primera vez que escuchaba a Malfoy gemir y gruñir tan fuertemente, por lo general sólo respiraba con dificultad. Eso le ayudó demasiado a llegar más rápido, y no podía negar que le encantaba saber que él lo estaba disfrutando tanto como ella. Sintió que se desmoronaría en cualquier momento y que Malfoy la embistiera con más rapidez le confirmó que él también estaba a punto de llegar.
—Granger—susurró nublado de placer, olvidando por completo la molestia que tenía y tomándola de la cintura con más delicadeza—Granger—volvió a gemir—Conmigo, Granger.
Las suplicas de Malfoy surtieron efecto inmediato en Hermione ya que culminó en ese mismo instante, sintiendo a Malfoy terminar momentos después. Él recargó su barbilla en su hombro, saliendo de su interior pero no separándose de su cuerpo. Sintió a la castaña bajarse la falda y querer alejarse de él, como siempre hacía, pero esta vez él la detuvo.
—Déjame ir, Malfoy—repitió ella después de unos segundos, con voz cansada.
Él la volteó para que quedaran frente a frente y volvió a pegar su cuerpo al de ella, haciendo que se recargara en la mesa.
—No—espetó con las cejas fruncidas.—Dije que esto no terminaría aquí, Granger.
Ella lo fulminó con la mirada.
—Las cosas cambiaron. Tengo novio—sentenció.
—¿Acaso no fuiste tú la que me dijo una vez que sabes perfectamente separar el deseo carnal de los sentimientos?
—Sí, pero nunca hablé de ser infiel.
—Ya lo eres, Granger.
Ella desvió la mirada.
—Ya no quiero hacerlo, Malfoy. Será violación si vuelve a pasar.—sentenció sin mirarlo. Sabía perfectamente que si él la tentaba ella caería sin remedio. Le pasaba algo extraño cada vez que él la tocaba. Todo su cuerpo ardía en llamas y su parte sensata se iba al caño. Ella quería eso, quería que Harry le provocara eso. Deseaba estar en esa misma posición con Harry y lo haría. Tenía que intentarlo.
—¿No deseas esto?—preguntó el rubio en un susurro, no creyéndole ni por un segundo. ¿Por qué le importaba tanto? ¿Qué le había hecho esa maldita bruja?
—Claro que deseo esto, —contestó mirándolo fijamente y él sintió emoción—Pero no contigo precisamente.
Y con un demonio.
—Vete a la mierda, Granger. Me tienen sin cuidado tus necesidades. Me importan las mías, y yo necesito cogerte a ti. —la cortó furioso, abriéndole las piernas para besarle el cuello con avidez.
—Detente, Malfoy—forcejeó con desesperación, sabía que si lo dejaba avanzar más caería indudablemente y comenzaría a gemir como una desquiciada.
—No, Granger, no puedes hacerme esto—dijo sin pensar—No puedes dejarme cuando más te necesito, yo...—se calló de repente.
Hermione se quedó estática en su lugar, mirándolo intensamente a los ojos grises y por primera vez se dio cuenta del aspecto que traía. Se veía cansado, ojeroso, parecía estar enfermo. Casi sintió lástima por él.
—Esto está yendo demasiado lejos...—musitó ella—No me necesitas a mi, Malfoy. Sé que esto distrae y es sumamente relajante, pero no me necesitas precisamente a mi.
Él la miró con furia. ¿Creía que estaría ahí a sus pies si supiera que podría estar en otro lado? ¡Lo había intentado! Había intentado otras distracciones, otros labios que lo incitaran a sentir lo que sentía con ella y nada, ¡no pasaba absolutamente nada!
—Lárgate, sangre sucia—dijo después de unos segundos.—Vete ahora mismo.
Hermione lo miró unos segundos más, confundida con su actitud.
—No me necesitas, Malfoy—repitió mientras veía como se alejaba de ella, se subió su pantie, se acomodó la falda y la túnica.—Si vuelves acorralarme una vez más como hiciste esta noche, no voy a dudar en echarte una maldición—le amenazó.—Esto se acabó, Malfoy.
—Corre, Granger, ve a los brazos de tu amado Potter. Ve a fingir.
—¿Fingir?—preguntó con las cejas fruncidas.
—Sabes que no sientes ni una pizca de pasión con él, Granger.—la retó.—Me deseas a mi, pero eres tan obstinada que nunca lo admitirías.
Hermione hizo cara de pocos amigos.
—Estás confundiendo las cosas, Malfoy, pero no me voy a poner a pelear contigo.
Tomó su mochila con rudeza y se fue de ahí a paso veloz.
Draco la vio irse con los hombros caídos y con la mirada triste. Ya no podía negarse lo que con el tiempo había empezado a sentir por ella. Era más que desearla, era más que poseer su cuerpo y hacerla gemir de placer. Pero nunca podría decírselo. Ella tenía razón.
Se había acabado.
Y ese era su castigo.
LunaHHr
Notas de autora: Hola! Aquí les traigo otro capítulo adelantado. Espero les guste, algo cortito
