Cap. IV – Más médicos.

En las siguientes horas conoció al resto del equipo. Excepto al doctor House.

Después de Trece, entró un médico bajito llamado Taub que evidentemente compensaba su falta de estatura con un desmedido deseo sexual y que aprovechaba su estatus de médico para camelarse a mujeres que no eran su esposa, y ya de paso superar así su falta de autoestima. A Taub no le hizo ni pizca de gracia que un extraño le dijera todo eso, alto y claro, con todas las palabras, en su cara, con esa sonrisa de anuncio de dentífrico. Salió de la habitación dando un portazo y sin hacerle las pruebas que habían acordado en el equipo.

A continuación vinieron dos médicos, uno llamado Foreman y otro con acento australiano, llamado Chase. Patrick Jane no se intimidó por el hecho de que fueran dos, y de hecho se dio cuenta en seguida de que había un oscuro secreto entre ellos. El doctor Chase parecía inclinarse demasiado en complacer al doctor Foreman, y en no contradecirle, como si le debiera algo.

-El doctor Foreman encubrió al doctor Chase por algo gordo. El doctor Chase siente que está en deuda con el doctor Foreman, pero – levantó el dedo índice, sonriendo divertido – el doctor Foreman se siente culpable por no haberlo evitado. – Chase miró de reojo a Foreman, quien trató de mantener su expresión facial lo más fría posible – El doctor Chase… cometió un grave error. – Chase se quedó pálido, intentando no pensar en el dictador genocida africano que había muerto por "accidente", mientras estaba bajo su cuidado. Patrick se dio cuenta en seguida de su expresión de culpabilidad. - ¿Lo hizo a posta, doctor Chase? Vaya, eso no me lo esperaba. Aunque seguro que el paciente se lo merecía, usted no es malvado.

-Señor Jane – Foreman cortó en seco –, necesitamos ir a su casa a comprobar si hay algún factor que pudiera haber provocado la parálisis de sus piernas.

-¿Cómo por ejemplo los enanitos paralizadores de piernas? – rió sarcásticamente Patrick.

Chase ahogó una risa aunque Foreman ni se inmutó. Patrick suspiró.

-Claro, tienen mi permiso, las llaves están en la mesilla.

Pensó que mientras estuvieran en su casa le dejarían en paz, además no tenía nada personal en el pequeño apartamento alquilado en el que vivía, al que solo iba a dormir, todo lo personal estaba en su mansión de Malibú, donde iba solo de vez en cuando y donde debería estar en ese momento, si los malditos médicos hicieran su trabajo.

Antes de salir de la habitación Chase se volvió un instante y abrió la boca para decirle algo a Patrick pero éste le interrumpió.

-Soy una tumba.

Chase sonrió aliviado.

-Sólo una cosa, a cambio.

Chase se temió lo peor. ¿Chantaje?

-Ya que van a mi casa tráiganme un traje de mi armario. Es que me trajeron aquí en pijama y quisiera tener algo presentable para cuando salga.

Chase volvió a respirar con alivio.

-Claro, ¿alguno en particular?

-El gris.