Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.

-Oye… - Sesshomaru miró al muchacho. –Si tu intención es llevártela, tendrás que derrotarme, porque no lo permitiré. – Kohaku desenvainó la espada que llevaba en la cintura, blandiéndola contra Sesshomaru.

-Chiquillo estúpido… - Una leve sonrisa se dibujó en el rostro frío del youkai, se desharía de aquella piedra más rápido de lo que había creído…

Contra corriente

Por Kuruma Chidori

Capítulo 4

La mirada de Kohaku mostraba determinación. En sus ojos no cabía ni pizca de temor o arrepentimiento y ello le resultaba osadamente estúpido al youkai. El que aquel humano llenara de ideas la cabeza de Rin y a ésta no le fueran ajenas, lo convertía en una completa molestia.

La joven observó con terror la mirada encendida del exterminador para después notar la muy leve sonrisa que se había formado en el rostro de Sesshomaru. Si no detenía a alguno de los dos, las cosas terminarían muy mal.

-Kohaku… calma, no es necesario…– Rin se dirigió al exterminador apretándolo del brazo en un inútil intento por detenerlo, pero el muchacho se liberó fácilmente y emprendió su embestida contra el demonio sin más.

Sesshomaru no se tomaría la molestia de desenvainar, con sus garras bastaba y sobraba. Un halo verdoso rodeaba su mano derecha y su intención era fija: con un certero movimiento sería suficiente para impregnarlo con su veneno.

-¡Kohaku detente! – El grito de la joven se vio opacado por el estruendo del filo de la espada chocando con la armadura del demonio. La súplica de Rin no era suficiente para mermar la oleada de sensaciones que invadían al muchacho.

Kohaku logró esquivar con relativa facilidad las garras de Sesshomaru, dándole oportunidad de embestirle con su espada nuevamente y apenas rozándole el hombro izquierdo, tornando sutilmente de rojo la blanca estola del youkai.

Sesshomaru se mantuvo estoico. Sin duda los entrenamientos como exterminador no habían sido en vano… pero era suficiente, no sentía deseos de jugar con él, era repugnante que un humano lo tocara… Kohaku moriría.

Las articulaciones de los largos dedos del demonio tronaron, y de un ágil movimiento esquivó a Kohaku para luego dirigir su ataque al pecho del muchacho, quien alcanzó a retroceder a tiempo, recibiendo un desgarre profundo, pero salvándose de ser partido en dos.

-¡DETÉNGANSE!

InuYasha y Kagome aparecían en escena al tiempo que el grito de Rin hacía eco en la noche, logrando que el youkai se contuviera.

Kohaku se hallaba tendido en el suelo, aún conciente, presionando con las manos su herida. Había soltado la espada y Sesshomaru sólo le contemplaba en silencio, en cuestión de minutos el humano debía morir.

-¡Kohaku! – Rin y Kagome corrieron hacia el muchacho para cerciorarse de su estado.

-¡Sesshomaru, en qué demonios estás pensando! –Bramó InuYasha a su hermano mayor, quien olímpicamente le ignoraba, dejando su atención en Rin.

-Kohaku… - Rin miraba con los ojos llorosos al muchacho quien poco a poco perdía el conocimiento. La joven dirigió sus manos a la herida del pecho.

-¡No la toques, Rin! –advirtió a tiempo Kagome – Es veneno … InuYasha, tenemos que llevarlo pronto a la aldea, la anciana quizá pueda curarlo… creo que aún no se introduce por completo.

InuYasha apartó la mirada de Sesshomaru para dirigirse hacia Kagome, cargar al muchacho, y comenzar a correr rumbo a la aldea, no había tiempo de discutir.

-Vamos Rin… - Kagome posó una mano sobre el hombro de ella, mirándole con preocupación. La miko comenzó a avanzar siguiendo al hanyou a toda prisa.


Rin se incorporó, mirando a Seshomaru. Todo había pasado tan rápido que no lograba comprender. Notaba aquella herida en su hombro… pero por alguna razón, no deseó acercarse. Apretó el puño contra su pecho, le dolía y sentía que sus pestañas se humedecían nuevamente. Tenía miedo… miedo como la vez en que los hombres lobos acabaron con su aldea. Sesshomaru por su parte, se mantenía impasible, hermético como era usual.

¿Cómo podía estar tan tranquilo? Era inhumano…

-Pero claro… él no es humano. –Rin tragó saliva, esforzándose porque las lágrimas no rodaran por su rostro.

Los labios de Rin temblaron, sin poder articular palabra… Iría con Kohaku.

Sin más, giró, corriendo hacia la aldea. No podía verlo.


Escuchó la molesta voz de InuYasha y se percató de la presencia de su mujer, pero la satisfacción que por un instante sintió al ver tendido en el suelo a aquel sujeto retorciéndose de dolor, desapareció al fijarse en Rin.

¿Acaso estaba ella temblando?...

Sesshomaru oía las palabras de la sacerdotisa sin prestar realmente atención, y observaba cómo su estúpido hermano se llevaba a su presa… quizá con sólo herirlo bastaría para que no se entrometiera más, quizás matar esta vez no era necesario...

-Si es que sobrevive al veneno.

Sesshomaru observó alejarse también a la miko y entonces nuevamente se fijó en Rin. Un espasmo lo golpeó por dentro al reconocer por vez primera miedo en los grandes ojos de Rin… miedo a él.

-Rin…

El youkai no conocía la culpa o el remordimiento, eran emociones ajenas a él, y sin embargo… quizá eso sería lo más cercano a la punzada que sentía al verla marchar, con miedo y lágrimas en los ojos, pero sobre todo, siguiendo a otro.

Sesshomaru frunció el ceño. La herida escocía… y no era la del hombro.


-¿Estará bien, abuela Kaede? – Rin miraba con preocupación a Kohaku que yacía acostado en un futón en la cabaña de Sango y Miroku. La taijiya colocaba un paño húmedo en la frente de su hermano menor, notoriamente preocupada pero en silencio.

-Sí… la herida realmente es grave para un humano, pero es una suerte que el veneno no penetrara tanto y que Kohaku es un muchacho fuerte. –Kaede se limpiaba las manos en un balde de madera con agua. – Sin embargo tardará en sanar por completo… y quizá su condición no vuelva a ser la misma.

InuYasha y Kagome se hallaban sentados en una esquina juntos, mientras que Miroku se encontraba recargado de pie en el marco de la puerta. Todos escuchaban con atención a excepción de los tres pequeños niños que dormían al fondo de la choza.

-Rin… -Volvió a hablar la anciana – esto debe recordarte que la naturaleza de Sesshomaru sigue siendo la de una bestia, y eso no cambiará.

La joven apretó las manos contra la falda de su kimono. Se sentía triste y las palabras de la anciana no ayudaban.

-Lo sé… Señora Sango, perdóneme, esto ha sido mi culpa.

La aludida negó con la cabeza, sonriendo levemente.

-No Rin, no tiene nada que ver contigo. Kohaku no razonó, creo que subestimó su entrenamiento e ignoró su sentido común… él sabe perfectamente que solo no podría contra un demonio como Sesshomaru y que en todo caso, no hay razón para un enfrentamiento…

Rin bajó la mirada, apretando con más fuerza su falda. Las palabras de Sango no borraban el hecho de que en verdad había sido su culpa.

-Sea como sea… me intrigan las razones que tendría Kohaku para iniciar un combate con Sesshomaru, pues dudo que él lo comenzara. –Soltó Miroku al aire, aún cuando él sabía perfectamente qué sucedía.

Kagome miraba la figura pequeña de Rin que parecía encogerse a cada palabra del monje.

-No importa. Eso nos lo dirá Kohaku cuando esté mejor. – Habló InuYasha. Había notado la preocupación de Kagome por Rin y alargar la situación no haría mejoras –Será mejor que vayamos todos a dormir.

-Sí, InuYasha tiene razón – Kaede se levantó con el balde de madera en las manos, y se retiró de la cabaña junto con la pareja y Rin. – Mañana será otro día.

-Gracias por su ayuda, Kaede-sama. –Miroku hizo una reverencia a modo de agradecimiento, antes de dejar caer la cortina de paja que fungía como puerta de su hogar.

Sango sopló el par de velas que iluminaban la cabaña, y se acomodó en el futón junto a su esposo, recargándose en su pecho.

-Estará bien, no te preocupes. –Le consoló su marido, la mujer apretó una mano del monje.

-No es eso lo que me preocupa…

-¿Hay algo más que te pueda preocupar en este momento aparte de la salud de tu hermano? – Miroku la miró de reojo, acariciándole la cabeza.

-Su corazón.


No podía dormir, por más que lo intentaba, sólo daba vueltas sobre el futón. La imagen de la batalla le hacía sentir nerviosa hasta dolerle el estómago y las pocas ideas que había aclarado en su mente se hallaban nuevamente dispersas. Todo era tan complicado de pronto.

-Esto no hubiera ocurrido de nunca habernos separado…

Rin apretó sus cabellos, reprochándose a sí misma sus pensamientos. La realidad no se podía cambiar, y esa misma realidad le recordaba que desde el momento en que lo volvió a ver, algo dentro de sí, quería dejarlo de ver sólo como su señor… quería verle como un igual, y estaba conciente que esa idea era descabellada, una locura. Sin embargo, aunque tenía la necesidad de encontrarse con él en ese instante, algo en ella rechazaba la idea a su vez.

Estimaba a Kohaku, mas no podía decir a ciencia cierta que lo quería puesto que realmente no tenía mucha convivencia o trato con él. Su estima se basaba básicamente en recuerdos y en una atracción natural, como de quien admira y siente cariño por una figura familiar. Para Rin, Kohaku tenía mucho parecido con su hermano fallecido… Y el que la historia se repitiera, y pudiera perder a alguien más, no era una opción.

Los actos de Sesshomaru le habían causado espanto, y dicha sensación hacia él le hacía sentir enferma. Su salvador no podía ser como aquellos lobos, una bestia sin escrúpulos, él no era así… Pero, ¿realmente aún lo conocía? Incluso tres años atrás, pese a que él la visitaba, ya no tenían convivencia como cuando era una niña.

Todas esas ideas dolían, y entre todas, una cuestión de pronto surgía: ¿para qué la querría él nuevamente a su lado?

La joven suspiró, angustiada, girando una vez más sobre su futón, y percatándose de una figura blanca cubierta de pelo, meciéndose con el viento sobre la ventana de la choza. Sin lugar a duda, la punta de la estola de Sesshomaru, quien se hallaría sentado en el techo de la cabaña.

Rin se incorporó dudosa, y salió de la choza, alzando la mirada para encontrarse con el rostro frío de Sesshomaru observando el cielo nocturno, apenas iluminado por el destello de la luna. Rin tragó saliva, y con las manos apretadas sobre su pecho, pronunció el nombre del youkai, pero sin dejar salir sonido.

-Deberías estar dormida. – Su voz seguía siendo la misma: distante, desinteresada. Rin dio un respingo.

-Ah… no puedo dormir… -Bajó la mirada, incómoda. No podía evitar aún sentir temor por el youkai, pero algo le hacía permanecer ahí.

Sesshomaru podía oler el miedo de la chica y eso le disgustaba. Sesshomaru torció levemente los labios.

-¿Por qué temes? – soltó de pronto y Rin volvió a saltar.

-Yo… yo no temo, es sólo que…

-Mientes. ¿Por qué me temes?

La joven lo observó unos instantes detallando su silueta: una de sus piernas se hallaba flexionada, la estola blanca ondeaba suavemente por la brisa, y la larga cabellera plateada caía como cortina sobre su hombro y espalda. Notó que sus impecables ropas tenían una pequeña mancha marrón en el hombro, y nuevamente sintió incomodidad.

-Su… su herida ¿cómo está?

Sesshomaru finalmente la miró, arrugando levemente el ceño. Rin cambiaba el tema a algo sin importancia. Se incorporó y descendió al suelo, colocándose frente a ella. Una de sus manos se dirigió al rostro de la joven, y tomándola por el mentón, hizo que lo mirara. Rin contuvo la respiración.

-¿Por qué me temes? –Volvió a preguntar, esta vez con tono cortante y la muchacha no tuvo más opción que responder.

-Hoy… con… es decir… lo que hizo …- Rin desvió su mirada del youkai, quien le miraba con tanta fijeza que sentía que sus pupilas la penetraban- ah… usted no es así… usted no era así…

-¿Quieres decir que he cambiado?- Sesshomaru alzó una ceja – Acaso… una humana como tú, ¿osa decir que sabe como soy? –El demonio apretó un poco el mentón de la muchacha.

-Ah…- Rin nuevamente sintió temor y apretó los ojos. Sesshomaru al notarlo apartó inmediatamente la mano de su rostro y dio un paso atrás. ¿Qué le sucedía? ¿había olvidado cómo tratar a Rin acaso? Siempre había sabido cómo actuar frente a esa pequeña… y entonces volvió a fijarse en su figura, más alta, esbelta, con un rostro con rasgos más finos y maduros: naturalmente las cosas habían cambiado.

- Rin ya no es una niña…

La joven sentía deseos de salir corriendo. Se sentía turbada y dolida… Había ansiado y esperado tanto reencontrarse con él y nada era como lo había imaginado, como lo había soñado. Sesshomaru era un demonio cruel y frío, y ella ya no era más la excepción en su vida. Ella ya no era más su compañera de viajes.

-Yo… yo… -Los ojos de Rin se inundaron en lágrimas y los cerró antes de que estas escaparan. No tenía opción, Kohaku tenía razón – creo que lo mejor será que permanezca aq…

-Regresa a mi lado.

Rin abrió mucho los ojos e inevitablemente ahora las lágrimas corrían por sus mejillas, Sesshomaru escudriñaba sus ojos con la mirada y pudo sentir como una de las manos del youkai se posaba en su espalda y la jalaban hacia él. Su cuerpo y su rostro chocó suavemente contra el cuerpo del demonio y por un instante, Rin volvió a percibir el aroma a flores silvestres que siempre poseían los kimonos que otrora Sesshomaru le obsequiaba. Una oleada de sensaciones que hasta entonces desconocía le recorrió por completo y sus mejillas se encendieron.

-¿Qué… qué es esto?...

-Rin, sé mía.

Continuará…

N/A

Antes que nada… ¡Perdón! Pasó mucho tiempo antes de que me dignara a actualizar =/ no tengo ninguna buena excusa, me distraje en otras ocupaciones y dejé de lado nuevamente los fics, pero finalmente aquí dejo otro capítulo y espero que sea de su agrado. Manejar la personalidad de Sesshomaru me resulta algo difícil, pero siempre he pensado que aunque él se muestra inexpresivo, por dentro maneja muchos pensamientos y emociones y es exactamente lo que intento plasmar en esta historia.

Espero comentarios y sugerencias, y nuevamente disculpas y gracias por seguir leyéndome.

Kuruma Chidori