CAPÍTULO 4: ¿SÍ O NO?
POV RACHEL
Me quedo mirándolo durante un buen rato. Él todavía está esperando una respuesta. Tengo que pensar ¡y tengo que hacerlo rápido! Suspiro y pongo mi mente en blanco. A mi pesar tengo que usar la razón y no me puedo dejar llevar por un sentimiento que seguro que no me lleva a ninguna parte. Debo decirle que no.
- Mira Finn yo...- desvío la mirada de sus ojos ya que son mi debilidad.- Lo siento pero, no.- veo su cara de decepción.- Lo siento mucho pero creo que va ser mejor que dejemos nuestro pequeño encuentro en una anécdota insignificante de nuestras vidas y ya está.
- Me niego a hacerlo.- dice muy convencido de sus palabras.
- ¿Perdón?- contesto.
- Sé que te gusto, Rachel. Sé que sentiste lo que yo sentí. Lo noté. No hicieron falta palabras, tu mirada me lo dijo todo.- ¡Dios mío! ¿Cómo se habrá dado cuenta? ¿Tan previsible soy? Aun así debo mantenerme fuerte, no puedo caer en sus redes.
- ¿Pero qué dices? ¿Cómo se te he ocurre pensar en eso?- Vale, esto no ha sido nada convincente.
- Rachel, yo no te quiero criticar ni nada pero no eres para nada una buena actriz.- dice con una sonrisa. ¿Cómo se atreve?
- ¿Cómo te atreves? ¿Es que no entiendes lo que es un no?- digo bastante indignada.
- No es eso. Entiendo perfectamente lo que es un no. Lo único que quiero es un poco de sinceridad, porque des de luego no estas siendo nada sincera conmigo.
- ¿Quieres la verdad?- pregunto y asiente.- Pero si te lo digo me prometerás que me dejarás en paz y me respetarás. ¿De acuerdo?
- De acuerdo.- contesta secamente.
- Mira. Me llamo Rachel Berry, tengo 29 años y fui una actriz de Broadway muy reconocida. Mi carrera iba a las mil maravillas hasta que me quedé embarazada.- veo que abre muchos los ojos y continúo.- Cuando le dije lo del embarazo a mi novio, el muy desgraciado me dejó y se fue a vivir a Londres con su amante.
- ¿Qué dices?- pregunta casi gritando.- ¿Menudo imbécil, no?
- Pues la verdad es que sí. Después de todo esto tuve que criar a un hijo sola con la ayuda de mis amigos. Luego, gracias a una amiga mía conseguí obtener el título de relaciones públicos y hoy estoy aquí.- hago una pausa y veo que está bastante sorprendido.- Si te soy sincera te digo que sí, que me gustas y mucho.- sonríe complacido.- Sin embargo, no puedo estar con nadie y menos con un famoso. He estado luchando durante mucho tiempo para que Cristopher tenga una vida normal y salir contigo sería tirar por la ventana toda esta lucha. Lo siento Finn, no puedo.- nos quedamos en silencio unos segundos.
- Pero a mí me da igual que tengas un hijo, Rachel. A mí sólo me interesas tú. Mis intenciones son buenas. Yo quiero tratarte como una princesa tal y como te mereces. Además podemos mantener al margen nuestra relación. Es más, si aún no hay una relación. Sólo te estoy pidiendo una cita.- veo como se acerca a mí y yo me pongo nerviosa.
- Lo siento y por favor Finn, no te acerques más o las consecuencias serán irreversibles.
- ¿A sí?- pregunta y da otro paso. Doy un paso atrás y choco contra la mesa. ¡Maldita sea!
- Por favor, Finn. No me hagas esto.
- Está bien.- dice finalmente y levanta los brazos.- Pero esto no ha acabado. Quiero decirte que esto no ha acabado aquí y quiero que sepas que no voy a rendirme. Yo no soy un chico que conoces a una tienda de música y que luego puedes pasar de él. No me voy a rendir tan fácilmente. Te lo juro. Gracias por tu tiempo, Rachel.- abre la puerta y se va.
Justo en el momento que cierra la puerta caigo rendida mi silla y suspiro. ¿Por qué me tiene que pasar esto justo ahora? ¿Dónde estabas, Finn Hudson hace 10 años? ¿Por qué el hombre con el que llevo soñando tanto tiempo aparece cuando no puedo estar con él? ¿Por qué destino? ¿Por qué?
A pesar de todo esto creo que he hecho lo correcto. He conseguido resistirme a él, no me he dejado llevar por mis impulsos que es lo me preocupaba. Sin embargo, lo que temía se ha hecho realidad: Yo también le gusto. Y esto significa, tal y como ha dicho él, que no se va a rendir y que cada vez va a ser más difícil resistirse a él.
POV FINN
¡No me puedo creer que me haya rechazado! ¡Ninguna chica me ha rechazado nunca! Aunque entiendo sus motivos no lo acabo de entender. Sólo lo he pedido una cita, sólo una. Estoy tan furioso ahora mismo… Sin embargo no estoy enfadado con ella. No puedo enfadarme con ella, simplemente no puedo.
No obstante, lo que siento ahora mismo hacia ella es compasión y admiración. Criar un hijo ella solo siendo tan joven… ¡Es una pasada! Esta mujer cada vez me está gustando más. No puedo evitarlo y tampoco voy a rendirme.
No voy a acosarla ni nada por el estilo, pero le voy a demostrar que quiero algo más que acostarme con ella. Aunque acostarse con ella debe ser muy pero que muy excitante… ¡Hudson concéntrate! ¡No es hora de ser golfo, sino hora de ser romántico!
Sea como sea Rachel debe estar conmigo. Sé que puede sonar raro y un poco presuntuoso pero es lo que necesito ahora mismo.
En fin, ahora lo que me toca hacer es salir del estadio e irme a casa para hacer mis ejercicios que hago siempre después del entrenamiento y de paso en pensar en un plan de conquista.
Vuelvo a hacer el mismo recorrido que antes pero a la inversa. Cuando paso por el mostrador me despido de la Sra. Furtado y voy al aparcamiento dónde desgraciadamente me encuentro con Puck rodeado de dos chicas: una rubia y la otra manera. Intento pasar desapercibido pero me ve y se acerca a mí con las dos chicas con las que he hablaba.
- Eh, Finn ¿cómo estás tío? Te presento a Amber y a Macy.- las dos chicas me saludan con la mano.
- Encantado de conoceros, chicas pero tengo un poco de prisa. Lo siento.- digo a punto de entrar en el coche.
- Anda anímate. Vente con nosotros.- dice Puck.
- No. Lo siento, Puck pero…- no me deja terminar.
- ¿Por qué no quieres venir, tío?- se queda un segundo callado.- ¡Ah espera! Ya sé porque. Tú has quedado con una tía. ¿Cómo te ha ido?- dice acerándose un poco más.
- Pues ha ido fatal. Me ha rechazado. Ahora adiós.- le digo, me aparto y entro en el coche.
Salgo del aparcamiento y conduzco hasta mi casa. Allí hago mis ejercicios diarios, luego me preparo la cena y voy a dormir temprano. Estoy toda la noche pensando en ella, en su sonrisa, en su cabello y en lo luchadora que ha debido ser todos estos años. Durante toda mi vida he creído que alguien digno de admirar es aquel o aquella que hace algo que tiene cierta repercusión mediática. Como por ejemplo hacer un Touchdown delante de 80 000 personas en una final del campeonato nacional de futbol.
Pero hoy me he dado de que esto es solo una estupidez, que una persona digna de admirar es alguien como ella. Una persona que lucha por sus sueños hasta conseguirlos y que es capaz de renunciar a ellos para proteger a sus seres queridos tal y como hizo Rachel para proteger a su hijo. Estoy al cien por cien seguro, de que ella hubiera preferido seguir estando en Broadway, triunfando en los escenarios cada noche y deslumbrando a la gente con aquella belleza que tiene.
Sin embargo, renunció a una vida llena de facilidades y lujos no sólo porque le rompieron el corazón de una manera cruel e imperdonable, sino porque quería alejar a su hijo de aquella vida. Una vida que aparentemente puede ser maravillosa pero que está llena de vicios, de presiones y de problemas. Una vida que el nivel de exigencia es muy alto y que si fallas las consecuencias pueden ser las peores. A mí me lo vais a contar.
El deporte es diferente al escenario, porque te hacen análisis y controles contra dopaje y drogas pero esto no significa que no puedas perder el rumbo. Fijaos en Puck, por ejemplo. Él no se droga, básicamente porque ya estaría fuera del equipo; pero lo único que hace es salir de fiesta y acostarse con chicas. Que esto lo hacía antes de ser famoso. Sí. Es cierto. No obstante, estos 2 últimos años que son los que el equipo ha ido mejor, Puck sale mucho más de fiesta y se acuesta con el doble de chicas con las que se acostaba. ¿Y cuál es la explicación de este comportamiento? 2 palabras: poder y presión.
Por todas estas dos razones admiro a Rachel por ser tan valiente al alejarse de todo esto. No sé cómo lo hace pero esta chica me gusta más cada día…
POV RACHEL
Después de haber hablado con Finn me voy a casa para hacerme la cena e irme a dormir. Todavía no me creo que me haya pedido una cita ni tampoco que lo haya rechazado. Sin embargo, es lo que tenía que hacer. He hecho lo correcto y punto. ¡No te comas más la cabeza, Berry!
Cojo aire y cuando llego delante de mi casa, abro y entro. Como cada día, después de llegar al trabajo miro el calendario. Lunes. Suspiro. Aún quedan dos días para que vuelva Cristopher. Lo echo tanto de menos… Esta casa es enorme y cuando él no está se me echa encima. Él es la agría de esta casa, siempre lo ha sido y quiero que siga siéndolo.
Cuando él falta es como una casa abandonada, no hay ningún ruido, ningún suspiro; a veces incluso tengo un poco de miedo…
En fin, lo que tengo que hacer ahora mismo es olvidar lo que ha sucedido hoy, olvidarme de Finn Hudson y esperar que llegue el miércoles para volver a ver a Cristopher. De tal manera, que ceno me pongo el pijama y me voy a dormir.
Estoy segura que mañana será otro día.
La mañana siguiente…
¡No me lo puedo creer! No he podido pegar ojo en todo la noche pensando en aquel hombre. ¿Qué me está pasando? ¿Acaso el destino me está intentando decir algo? Lo único que puedo hacer es pedir un consejo y sólo hay dos personas en este mundo que les puedo pedir. Así que lo que voy hacer, hoy después del trabajo es llamar a Santana y a Brittany para que me aconsejen. La verdad es que ya sé lo que van a decir pero puede que tengan razón.
El día pasa muy lentamente ya que hoy no tengo mucho trabajo, lo único que quiero ahora mismo es que llegue la hora de irme para poder hablar con mis amigas.
Al cabo de unas horas…
¡Por fin se ha acabado! Voy al aparcamiento y mientras conduzco, marco el número de Santana con el altavoz del móvil para no tener un accidente:
- ¿Sí?- contesta Santana.- ¿Qué pasa Berry?
- Santana… El otro día me dijiste que si tenía algún problema que os llamase y la verdad es que tengo uno. Bueno en realidad es una estupidez… pero no sé si…- me interrumpe.
- Cállate, Berry. Ahora venimos. Quedamos en tu casa. ¿En 10 minutos?
- Perfecto, gracias Santana.
- De nada, Berry. Hasta ahora.
- Hasta ahora.
Llego a mi casa al cabo de 10 minutos y veo a Santana y a Brittany esperándome en la puerta. Les pregunto si llevan mucho tiempo esperando y me contesta que acaban de llegar. Saco las llaves, abro la puerta y entramos hacia el comedor. Una vez allí nos sentamos al sofá.
- A ver Berry. ¿Qué te pasa? Y por favor ve al grano que nos conocemos.
- Pues que…- cojo un poco de aire y luego contesto.- Finn me ha pedido salir.- digo nerviosamente.
- ¡Esto es genial!- dice Brittany.- ¿O no?- pregunta viendo la cara que he puesto.
- Le he dicho que no.- contesto.
- ¿Qué?- contestan las dos a la vez.
- ¿Acaso te has vuelto loca, Berry?- dice Santana casi gritando.
- No Santana. No me he vuelto loca.
- Pues lo parece.- contesta Brittany.
- ¿Por qué le has dicho que no?- pregunta Santana.
- Pues porque…- no sé qué contestar.- Bueno ya os lo conté el otro día.
- Eres tonta.- dice Santana.
- Muchas gracias por animarme, Santana.- digo con ironía.
- De nada, Berry.- me contesta y le hago una mala cara.
- A ver, Rachel.- empieza Brittany.- Visualicemos la situación.- asiento.- Has conocido a un chico que te gusta. Es más, estás dispuesta a enrollarte con él.- intento contradecirla pero continúa.- Este chico que seguro que es muy guapo, te ha pedido salir. Por lo tanto esto significa que le gustas. Sin embargo, le has dicho que no, no por tu trabajo ni tampoco por tu hijo, aunque intentes negarlo; sino porque tienes un miedo terrible a que te vuelvan a romper el corazón.
- Básicamente.- dice Santana. Intento decir algo pero Brittany continúa.
- Rachel, el miedo que tienes es completamente normal. Todos tenemos miedo al amor. Fíjanos en Santana y yo.
- Esto es distinto, Britt.- digo suspirando.
- No. No lo es. Es cierto que una parte del miedo de nuestra relación fue que Santana no aceptaba quién era de verdad.- miro a Santana y asiente.- Pero no sólo fue eso lo que complicó el principio de nuestra relación, sino también el miedo que teníamos las dos en amarnos.- frunzo el ceño.- Tanto ella como yo, teníamos miedo a lanzarnos porque temíamos acabar con el corazón roto. Sin embargo, fuimos valientes y declaramos nuestro amor, y míranos ahora. Estamos mejor que nunca.- se cogen de las manos y sonrío.
- Exacto.- responde Santana.- Berry, ya es hora de que saltes a la piscina y salgas con un hombre. Él sólo te ha pedido una cita. Sólo una. Ya sabemos que eres la "Reina del Drama", pero no llames al mal tiempo. Vas a la cita y si no te gusta te marchas. Es lo que dijo el otro día Britt. Así de fácil.
- Así de fácil.- repite su novia.
- Puede que tengáis razón.- digo.
- ¡Dios mío! ¡No me lo puedo creer! ¡La hemos convencido!- dice Brittany y se abrazan.
- Pero…- digo.
- ¡Oh no! Ya empieza con las excusas.- dice Santana bufando.
- Tranquila, Santana.- digo.- La cuestión es que no sé qué hacer con Cristopher. No puedo dejarlo solo.
- Pues que venga con nosotros.- dice Brittany.
- Ya pero no puedo decirle que tengo una cita con un hombre.- les explico.
- ¿Por qué, no?- contesta Santana.- Rachel, tu hijo tiene 8 años, no 3. Además es un niño bastante listo.
- Ya lo sé pero nunca me ha visto con un hombre y no quiero que se sienta mal.
- Entonces miéntele.- contesta Britt y yo niego con la cabeza.- Dile que tienes que ir a una cena de negocios y punto.
- Es que yo nunca le he mentido.- contesto.
- Anda Rachel. ¿Cómo si los padres nunca mintieran a sus hijos?
- Ya esto es cierto.- digo finalmente.- Vale de acuerdo. Voy a tirarme a la piscina y a decirle que sí.
- ¡Bien!- dicen a la vez y empiezan a dar saltitos los dos juntos.
- Pero no os emocionéis tato que primero tengo que encontrarlo; y luego me tiene que decir que sí porque no sé si seréis conscientes de que tal vez ya no esté interesado en mí.
- Anda, Berry no seas pesimista.- contesta Santana.
- No soy pesimista, sino que soy realista.
- Mentira. Esto es ser pesimista y sinceramente no creo que ahora cambie de opinión. ¿Le contaste que tienes un hijo?
- Sí, y me dijo que le daba igual, que él sólo quiere conocerme a mí.
- Entonces, perfecto.- dice Santana.
- Y chicas…- digo un poco cortada.
- ¿Sí?- pregunta la rubia.
- ¿Me ayudareis a elegir lo que voy a llevar para la cita? Hace mucho tiempo que no salgo con un chico y…- no me dejan continuar.
- ¡Pues claro que te vamos a ayudar! Y también vamos a cuidar a Cristopher aquel día.
- Muchísimas gracias, chicas enserio. Sois las mejores amigas del mundo.
- Lo sabemos.- dice Santana.
Nos damos un abrazo y nos quedamos charlando un rato más hasta que se van. Cuando se van me quedo en el comedor pensando que tal vez haya llegado el momento de cambiar. He estado durante toda mi vida haciendo lo correcto, lo que debería hacer. Creo que ha llegado la hora de ser valiente y de hacer algo porque me gusta.
Todavía no se lo voy a contar a Cristopher, mañana llega y quiero fingir que todo está igual que a antes. Como ha dicho Brittany, sólo es una cita. No quiero contarle nada a mi hijo hasta que mi relación Finn avance, si es que avanza.
No se tiene que llamar al mal tiempo pero tampoco quiero hacerme ilusiones porque aunque haya cedido a la cita con Finn mi corazón sigue siendo de hielo y juro por lo más sagrado que va a costar mucho derretirlo. Finn va a tener que trabajar para derretirlo si este es su objetivo.
POV FINN
Hoy es miércoles y tengo que volver al entrenamiento. La semana que viene empezamos los partidos de tal manera que hoy va a ser un entrenamiento duro, muy duro y además seguro que el pesado de Puck me va a dar la plasta durante todo el día para que le cuente cómo me fue ayer con Rachel y la verdad es que no tengo ganas de hablar sobre ello.
Desayuno y voy pitando hacia el estadio ya que voy un poco tarde y no quiero pagar una multa de 3500 dólares por ello. Llego al estadio y voy a entrenar. Sinceramente, creí que el entrenamiento iba a ser peor. Cuando termina vamos a los vestuarios y allí pasa lo que presentía: Puck y sus preguntas.
- ¿Enserio qué no me vas a contar lo que te pasó?- pregunta mientras se pone la camiseta.
- No.- contesto secamente.
- ¿Por qué?- Pregunta.- Soy tu mejor amigo tengo derecho a saberlo. ¿No crees?
- Vale, vale. Te lo contaré. ¿Contento?- digo finalmente.
- Mucho. Ahora empieza.
- Bueno pues que ayer fui a buscarla para preguntarle si quería salir conmigo y me dice que no porque tiene un hijo y no quiere involucrarlo en todo esto. Aunque dejó bastante claro que le gusto.
- ¿Un hijo?- dice muy sorprendido.- ¿A quién te has tirado a tú? ¿A una cincuentona?
- Primero. No me he tirado a nadie. Y segundo. No es una cincuentona, tiene la misma edad que nosotros.
- ¿Pero cómo se llama? ¿Y los más importante, está buena?- pregunta con interés.
- Pues claro que está buena. Sinceramente, creo que es la chica más guapa que he visto en mi vida.- me quedo en silencio.
- El nombre.- repite.
- Pero si no la conoces.-me mira mal.- Vale, vale. Se trata de la nueva de relaciones públicas.- le digo al oído y bajito para que los otros dos carroñeros se enteren.
- ¡No jodas!- grita.
- Shht. ¿Puedes disimular un poco? Además, ya te he dicho que me ha rechazado así que…
- Pero ¿cómo ha surgido? ¿La has besado al menos?
- No. Ojalá. Pues la conocí el otro día cuando fui a revisar unos puntos de mi contrato. Iba caminando por el pasillo, me distraje y chocamos.
- Me estás vacilando…- contesta.
- No y te juro que cuando nuestras manos se tocaron y nos miramos a los ojos, fue mágico. La verdad es que nunca he creído en el amor a primera vista pero puede haya surgido.
- ¿Tío, te estás oyendo?- pregunta- Sólo has hablado con ella 2 veces y me acabas de contar que te ha rechazado.
- Sí. Lo sé. Pero no voy a rendirme.
- Haz lo que quieras.- me mira.- Pero yo te advierto que no te enganches mucho a ella porque tal y como has dicho tiene un hijo y puede enrollarte en sus problemas como un pulpo. Te recuerdo que lo he vivido.
- Lo sé. Gracias.
Me acabo de cambiar y cuando estoy a punto de irme viene el entrenador y me dice que hay una persona que quiere verme. ¿Quién será? Voy a una habitación que está cerca del vestuario y cuando abro la puerta no puedo creer lo que mis ojos ven. ¡Es Rachel! Y está ¿esperándome? ¿Qué querrá? Entro a la habitación y me acerco a ella.
- Hola, Finn.- dice con esa voz tan dulce que tiene.
- Hola, Rachel. ¿Qué pasa?- pregunto sin entender.
- He repensado lo de nuestra cita. Creo que voy a decirte que sí. Bueno, si sigue en pie.- me he quedado sin palabras. ¿Acaba de retomar su decisión? ¿Pero, qué es lo que le ha hecho cambiar de opinión?
- Claro.- digo simplemente.
- Pero voy a poner condiciones.
- Sí, claro. Como quieras.
- La primera es que como tu dijiste sólo es una cita y por tanto que en el caso de que no nos sintamos cómodos nos marchamos a casa y hacemos cómo si no hubiera pasado nada.- asiento.- En segundo lugar, nuestra cita deberá ser un fin de semana porque durante la semana no puedo ya que trabajo y luego estoy con mi hijo. Y por último quiero que seamos discretos; y esto incluye que estemos a un lugar dónde no llamemos la atención y que cuando vengas a recogerme no esté media ciudad fisgoneando con quién va a salir el Quarterback de los Gigantes de NY.
- Claro. Me parece justo. Podemos quedar este sábado si te va bien.
- Perfecto.- dice con una sonrisa.- Toma. Esta es mi dirección.- Cojo el papelito que me da y lo guardo al bolsillo izquierdo de la camisa blanca que llevo.-
- Te paso a recoger ¿a las 8?- pregunto sonriendo.
- Perfecto. Hasta el sábado a las 8.- antes de pasar por la puerta se gira me mira y me sonríe. Luego simplemente, desaparece.
¡Dios mío! ¡Lo he conseguido! ¿Pero qué le habrá hecho cambiar de opinión? ¿He sido yo, o habrá sido otra persona? ¿Su hijo, tal vez?
No obstante, ahora esto da igual. Lo importante es que tengo una cita con Rachel Berry que es lo que quería. El plan para conquistar a Rachel va a tener su primer paso el sábado a las 8.
