Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling La historia original es de thecellarfloor (u/2433143/thecellarfloor). Traducción por Giselita, con el permiso de la autora.
Algo no estaba bien. Tenía una espantosa sensación en su interior, una sensación que se parecía ligeramente a la del dolor de su cicatriz.
-¿Puedes creer esto Harry?- le dijo Ron entusiasmadamente, mientras se estaban acercando al campo de Quidditch. Los Chudley Cannons venían hoy a Hogwarts e iban a enseñarles a los equipos de la escuela unos cuantos trucos y secretos del Quidditch.
Era uno de los beneficios obtenidos debido al próximo Festival Deportivo de Hogwarts, que tendría lugar la semana entrante. Normalmente, Hogwarts nunca era anfitrión de esos tipos de eventos pero los profesores lo veían correcto para ayudar a los estudiantes a recuperarse de los horribles recuerdos de la pasada Guerra.
Los Chudley Cannons estaban parados en el centro del campo de Quidditch, con sus brillantes uniformes moviéndose con el viento. Su logo de dos "C" negras y una bola de cañón podía ser vista desde donde estaban parados.
Harry camino hacia el frente junto con Ron mientras los demás miembros del equipo de Gryffindor les seguían detrás. Todos estaban ansiosos y emocionados…todos excepto Harry.
No era que no estaba emocionado…es solo que no podía sacarse de encima ese sentimiento de que algo iba mal.
-Parece que los otros equipos llegaron primero.- le escuchó decir a Ginny.
Los demás equipos ya estaban allí. Podía ver a los miembros de los Chudley Cannons dividiéndose en equipos, dos de ellos acompañaban a cada equipo.
Los tres que quedaron se acercaron a ellos. Repentinamente, Ron se torno algo verde.
-¡Equipo Gryffindor!- dijo el hombre del medio, sonriéndoles ampliamente.
Tenía el cabello oscuro y una nariz puntiaguda. Era bastante alto y tenía su escoba en su mano. –Mi nombre es Galvin Gudgeon, soy el buscador de los Chudley Cannons. Este es Joey Jenkins, golpeador, y Dragomir Gorgovitch, cazador-. Dijo señalando a los que se encontraban a su lado.
–Es un placer trabajar con ustedes.- dijo el que se llamaba Joey, también dedicándoles una amplia sonrisa. El otro hombre se quedó en silencio.
-Vamos a enseñarles unas cuantas técnicas al volar y sostener su esco- Harry desvió la vista de Galvin al escuchar una voz a un lado de ellos, proveniente de los Slytherins.
-¿El capitán del equipo de Slytherin? Preguntó un hombre de los Chudley Cannons.
-No está.- dijo uno de los jugadores de Slytherin. Los ojos se Harry se agrandaron y su corazón se aceleró mientras su mente procesaba lo que acababa de oír.
-Y tú debes ser el famoso Harry Potter, el capitán del equipo de Gryffindor. Debo decir que-comenzó a decir Galvin, pero Harry estaba bastante alterado como para prestar atención.
-¡Malfoy!- gritó el morocho histéricamente, con una expresión de dolor al acercarse a los Slytherins. Agarró a uno de ellos, Nott, por el cuello de su uniforme. El chico lo miro asustado ante su mirada asesina. -¿Dónde está Malfoy?
Tanto los Gryffindors como los Slytherins, y también algunos miembros de los Chudley Cannons, le miraban como si se hubiera vuelto loco.
-¿Qué te sucede Harry? ¿Estás loco?- le dijo Ron, pero Harry simplemente lo ignoró y volvió a mirar a Nott.
-¿Donde está?
-F-fue a Beauxbatons.- dijo casi en un susurro. –Dijo algo sobre una-.
Harry no le dio tiempo de terminar. Salió corriendo del campo de Quidditch con Ron siguiéndole detrás.
-¿Como dejo que esto ocurriera?- le gritó enfadado a McGonagall. Unos minutos antes habían entrado a su despacho y le habían contado sobre Hermione y la salida a Beauxbatons con Malfoy y Zabini. Sus palmas estaban apoyadas sobre el escritorio y le miraba amenazantemente.
-No entiendo cual es el problema, señor Potter.- le respondió tranquilamente, acomodándose los anteojos.
-¿Qué? ¿Es todo lo que dirá profesora?- volvió a gritarle Harry. -¡Después de que la dejó irse sola con esos—esos—Slytherins!-
Ron asintió, pero no dijo nada. Sabía que era mejor no hablar cuando Harry estaba enojado.
-Cálmese señor Potter.- le dijo McGonagall, sin apartar su mirada de la de él. La despreocupación que mostraba la mujer ante la situación solo conseguía aumentar su ira.
-¡No puedo tranquilizarme cuando ella está sola con ellos!
-No está en peligro.- le respondió, su voz permanecía tan firme como siempre. Harry podía sentir que comenzaba a sentirse irritado. –Les dije que podían elegir con quien ir. El señor Zabini escogió al señor Malfoy, y la señorita Granger, bien, escogió ir sola. Aunque no puedo entender porque, considerando, que unos meses antes me dijo que iría con ustedes dos.-
-Ella-ella no dijo que Malfoy iría.- dijo Harry, mas para sí mismo que para los demás.
Repentinamente lo vio todo con claridad. Se volvió a ver a Ron, quien de alguna forma sabía en lo que estaba pensando. Después de todo no había sido culpa de la profesora McGonagall. Ellos dejaron que esto sucediera. Ellos dejaron que las serpientes de Slytherin devoraran a Hermione. Ellos la dejaron sola e indefensa.
-La señorita Granger está perfectamente a salvo al cuidado del profesor Flitwick, se los aseguro.- continuo la profesora. Que equivocada estaba. –Ahora, por favor regresen a sus clases antes de que los castigue a los dos.
-¡No está a salvo!- volvió a gritar Harry. -¡Tiene que dejarnos ir a Beauxbatons! ¡Por favor profesora!
-Señor Potter, está poniendo a prueba mi paciencia. Vuelvan a sus clases.
La academia de la Magia de Beauxbatons era un brillante palacio, probablemente mas Nuevo y brillante que Hogwarts. Los pasillos estaban adornados por arcos dorados, haciéndoles parecer un pasillo hecho para los mismos dioses. Las altísimas ventanas de cristal llegaban al piso y unos intrincados candelabros colgaban del cielorraso. Era una vista increíble, aunque era una pena que nada de eso captara la atención de Hermione. Estaba más concentrada en lo que sucedía en el palacio que el lugar en sí mismo.
Había pilas de libros y autores por todas partes. Era como un sueño para ella. Parecía que no sabía por dónde empezar, pues se perdió rápidamente entre la multitud, tratando de hablar con diferentes autores y separando todos los libros que despertaran su interés.
Simplemente era feliz.
Draco la observaba, no tan alejado desde donde ella se encontraba. El instante mismo en que la castaña había entrado a la convención, su rostro se había iluminado.
Tal como aquella vez que hizo un ángel de nieve.
El rubio sintió algo sacudir su estomago pero nuevamente no estaba seguro de porque eso seguía sucediendo cada vez que la veía.
Era la única persona que podía hacerle sentir de esa forma.
Era la única persona que podía hacerle sentir algo.
No hizo mucho en la convención, excepto hablar con algunas chicas de Beauxbatons que querían saber más 'Ze magnifique Draco Malfoi.' Había respondido algunas preguntas, pero se aburrió rápidamente de ellas.
Estaba más interesado en seguir a Hermione y en verla feliz.
-Las chicas de Beauxbatons- escucho Draco decir a alguien. Blaise se encontraba ahora a su lado, sosteniendo varios libros en sus brazos. Se refería a las chicas de Beauxbatons que no dejaban de reír y seguirlo por todo el lugar. -¿Nuevo club de Fans, Draco?
-No dejan de seguirme.
Continuo mirando a Granger quien estaba teniendo una entusiasmada conversación con otro autor, indiferente a todo lo demás.
Con su natural confianza que depositaba en los demás, probablemente sería demasiado fácil manipularla para que odie a sus amigos…
-Tienes esa mirada nuevamente,- le dijo Blaise tranquilamente. –Haz hecho algo malo o estas a punto de hacer algo malo, nuevamente. ¿Cuál de las dos?
Draco sonrió.
-Ambas.
Ahora las nubes estaban grises y oscuras. Se movían peligrosamente en el cielo, arrojando agua y relámpagos sobre el dorado palacio de Beauxbatons.
Los truenos resonaban con fuerza, haciéndole gritar y cubrirse sus oídos.
Su cuarto estaba oscuro. La única luz que se veía era la de los relámpagos que iluminaban el cielo. Desde la pequeña abertura de la puerta del closet podía ver su cama a dosel.
Se aferro con más fuerza a la manta.
El closet era pequeño y por suerte estaba vacío. Casi al mismo instante en que escucho el primer trueno, se metió corriendo al refugio del closet. Nunca le habían gustado las tormentas. La traumática experiencia que tuvo en su niñez había tenido un efecto de por vida en ella. Podía enfrentarse a Dementores, a Bellatrix, Mortifagos e incluso al propio Voldemort, pero no a una tormenta.
Nunca a una tormenta.
Terminará pronto. Se dijo a sí misma.
Y a continuación todo quedo en silencio y oscuro nuevamente.
Un relámpago ilumino todo a su alrededor, y el sonido que le siguió le hizo pegar un salto, haciéndole cubrir sus oídos con más fuerza. Fue entonces cuando vio una figura de pie a un lado de su cama. Inmediatamente supo de quien se trataba, con su platino cabello y todo. ¿Qué hace aquí?
Cerró sus ojos ante un nuevo trueno. Cuando los abrió, se encontró mirando a unos ojos grises. Estaba parado fuera del closet, como si fuera un oscuro caballero, apuesto y malvado como siempre.
-¿Te estás escondiendo de mi?- preguntó en un susurro.
Hermione permaneció en silencio. Podía sentir su cuerpo temblar de miedo y de frio. Su figura parecía aun más alta ahora que ella se encontraba sentada en el suelo, apretando sus rodillas contra su pecho.
-Granger, levántate.- le dijo tranquilamente.
-Ahora no, Malfoy.- le suplico. –Tengo-tengo miedo.
Bajo su vista y volvió a cubrir sus oídos al ver otro relámpago. Incluso podía sentir a Malfoy dándole una sonrisa torcida.
El rubio se apretujó dentro del closet y se acomodo frente a ella, mirándola a los ojos y haciéndole tener aun más miedo. Estaba cerca…demasiado cerca.
-¿Qué te he dicho sobre ser tan vulnerable, amor?
Volvió a cerrar sus ojos al oír otro estruendo.
-Solo-vete.- le grito. No quería que le viera de esta forma.
-No,- le dijo simplemente. Hermione no podía ver su rostro por la oscuridad pero sabía que estaba disfrutando esto. Malfoy era un estúpido sádico y disfrutaba ver a los demás sufriendo.
-No me gustan las tormentas ¿contento?- Le admitió, pegando un salto ante otro trueno.
-Ya veo.
-¿Qué estás haciendo en mi habitación? ¿Que quieres?- le pregunto molesta.
Entonces él se rio, pero no era cálida y feliz como la que escuchaba cuando estaba con Harry, Ron o con sus amigos. Era fría y vacía…tal como él.
-A ti.- le dijo lentamente, como si fuera lo más normal. –te quiero a ti.
No. Se apretó contra la pared detrás de ella. –No quieres decir eso.- murmuró, -Tu—tu me odias. Me odias tanto que no quieres tener nada que ver conmigo.
Un relámpago ilumino nuevamente el lugar, permitiéndole ver su rostro con una mueca de irritación. -¿Eso es lo que te dices todas las noches para poder dormir?- le dijo fríamente.
Y nuevamente todo se puso oscuro. Podía sentir sus manos jugando con uno de sus rizos.
-No me toques.- le dijo, pero él no le hizo caso.
-¿Qué harás? ¿Pegarme?- le dijo suavemente. –adelante.
-¡Deja de ser tan imbécil!- le grito furiosa. Intento apartarlo de ella, pero él ni se movió.
-Dime Granger, ¿Dónde está San Potter ahora?
Hermione dejó de empujarlo ante la mención del nombre de Harry. Él siempre la había abrazado y confortado cuando había tormentas. Harry siempre le decía que todo iría bien.
Bueno…no exactamente siempre.
-Quería conocer a los Chuckley Canyons.- le dijo amargamente. El sonrió burlonamente, sosteniendo sus manos entre las suyas.
-Para eso están los amigos.- dijo con malicia. –Usan a las personas.
-¡No! ¡Él no está usándome!- le defendió la castaña. –Nunca lo entenderás por que no tienes amigos.
Se arrepintió de lo que dijo ni bien las palabras abandonaron sus labios. Hermione le dio una mirada arrepentida.
-Lo siento, no quise-
-Oh entiendo perfectamente lo que sucede.- le dijo condescendientemente, ignorando su últimas palabras. –solo eres una herramienta para ellos, te usan todo el tiempo y te ignoran cuando no te necesitan.
-Estas equivocado Malfoy.- le dijo, aunque sintió una incomodidad en su garganta.
Esta equivocado. Está muy equivocado. Continúo repitiéndose.
Pero de alguna forma tenía problemas para creérselo.
-Son unos bastardos, todos ellos.
Hermione apoyo su cabeza contra la pared y cerró los ojos. Otro trueno resonó. –Por favor, deja de manipularme.
-No les importas.
La castaña tembló levemente. Casi al mismo tiempo en que pensó en el abandono de sus amigos. Esta sensación de soledad-era como si estuviera fuera de su casa, viendo a sus amigos y familiares desde la ventana. Todos estaban felices y alegres, indiferentes de su presencia. Y no importaba cuan fuerte ella gritara, nadie podía oír su voz.
-¿Es que no se suponía que vendrían contigo, amor?- continuo, -¿Dónde están?
Sí, eso mismo quería preguntarse a sí misma. Había prometido venir aquí. Lo habían jurado. Entonces, ¿por qué ahora estaba sola?
-No lo-
No debería estar escuchándole. Tenía que despejar su mente antes de que odiara completamente a Harry y a Ron. No eran malas personas. Eran sus amigos. Y si se preocupaban por ella.
Le asustaba dares cuenta de lo fácil que había resultado para él convencerla de sus mentiras.
-N—no ¡estas equivocado!- le dijo histéricamente. -¡Basta! ¡Deja de lavarme el cerebro!
Pudo sentir su furia, pues le escucho chasquear la lengua. Estaba decepcionado. Se puso de pie, y Hermione salto ante su repentino movimiento. –Levántate.
-No.- le dijo testarudamente, acomodando su cabeza entre sus rodillas cuando otro relámpago ilumino la habitación.
-No pongas a prueba mi paciencia.- le dijo fríamente. –Dije que te levantes.
Cuando no se movió, sintió que su cuerpo era pues de pie bruscamente.
-¡Malfoy!- gritó adolorida, le estaba apretando demasiado fuerte de las muñecas. La arrastro fuera del closet y la arrojo a la cama a dosel. La castaña le lanzo una Mirada furiosa. –Eres un bastardo ¿lo sabías? Que te den.
-No me tientes amor. Quizás decida forzarte.- le amenazo, sus ojos chispeaban irritados. Por un momento, Hermione pensó que estaba bromeando, pero la mirada que le daba le hizo pensar lo contrario.
Se miraron el uno al otro por largo tiempo. Hermione no se atrevía a moverse, no cuando él aun estaba enfadado. El rubio movió sus manos y las cortinas se cerraron, dejando a la habitación sumida en un repentino silencio, ya no podía oír ningún relámpago.
¿Cómo podía hacer magia sin varita alguna?
¿Qué hechizo había utilizado? Los encantamientos silenciadores solo funcionaban en personas.
-Deja ahora mismo de ser tan infantil.- le dijo fríamente. –es bastante indecoroso.
Vio su manta volar de su closet hacia donde ella estaba. -¿Indecoroso? No eres mi madre.- le dijo incapaz de controlar su furia.
-¿realmente tienes ganas de morir?- le dijo peligrosamente, acercándose unos cuantos pasos. Su corazón se aceleró horrorizado.
-Está bien, está bien, lo lamento.- le dijo nerviosamente. No quería que se le acercara ni un poco más.
Cerró sus ojos fuertemente, creyendo que iba a agarrarle nuevamente de las muñecas…pero, sorprendentemente, le sintió besarle la mejilla.
-Buenas noches, amor.- le dijo sonriendo.
Y entonces se fue.
Se quedo mirando atontada el lugar donde segundos antes había estado de pie. Temía pensar en lo que habría sucedido si se quedaba un poco más.
Se maldijo a si misma por casi creerle, por casi creer sus mentiras.
Fue la forma en que lo dijo, el tono de su voz, la forma en que le hablaba—como si todo lo que salía de su boca era ley—la verdad. Era un buen mentiroso. Y también un encantador, una serpiente.
Estaba tratando de manipularla…
Y estaba funcionando.
N/T: me vi obligada a usar la frase "Que te den" cuyo uso sé que es más común quizás en España, pero sino no tendrían sentido lo que Draco decía a continuación. La frase original de Hermione era "Fuck you" si alguna sabe una transcripción más fiel y más neutral por favor avísenme!
