Hola a todos! Aquí un nuevo capitulo. He de advertir que no tengo el mejor inglés, pero me esfuerzo (de haber un error que no pueda pasarse por alto, por favor avisarme)
Akime Maxwell: Y puede que haya momentos aún más duros por pasar. Gracias por leer.
Ending Scene: En el siguiente capitulo Naruto comenzará la escuela!
bixsaelm95: Gracias!
monica735: Ayudar a una persona es una tarea difícil y larga. Hinata deberá esforzarse por ello.
IV
Cautela
...
.
"Namikaze, how is Japan? You travel was easy?"
"I hope you are safe, all okay where you are?"
"Hey, Naruto, I write you because we are something worried about you…"
"Naruto, you know if you need something…"
Sé con certeza que no terminaré de leer ninguno de los mensajes que mis amigos han enviado… y, como si ellos lo supieran incluso estando del otro lado del mundo, mi celular vibra furioso, negándose por algún motivo a ser ignorado.
Sigo pensando en que hubiese sido mejor comprar uno nuevo, sin mis viejos contactos en él, para comenzar otra vez. Borrarme a mí mismo del mapa, desaparecer… pero sucede que le he agarrado cariño a este viejo modelo. Es el que papá me obsequió por aprobar un examen de matemáticas tras un mes completo estudiando, pese a las objeciones de mamá y su temor de que me terminara por convertir en un consentido.
Supongo que mamá se equivocó en eso. Creo estar lejos de ser ese tipo de adolescentes, sin embargo, eso no parece tener sentido ahora. No para mí… o para esta versión de mí al menos, a quién solo le interesa dormir por un par de horas.
Es curioso, porque pese a estar prácticamente exhausto, no consigo conciliar el sueño.
Observo el sol ocultarse y, antes de notarlo, la luz del amanecer se filtra lentamente en el cuarto, marcando poco a poco el contorno de los muebles en la habitación. Muy pronto la familia Hyuga, la familia con quién estoy viviendo, despertará para iniciar un nuevo día.
De un momento a otro, el teléfono sobre la cama vuelve a vibrar con energía. Aquello me desespera un poco.
¿Acaso todos han decidido, al mismo tiempo, saber de mí?
Parece imposible. Mis amigos nunca se han caracterizado por preocuparse demasiado los unos por los otros. Ocupados en sus propias vidas y sus propios problemas, preguntar por el resto parece serles una pérdida de tiempo. Aunque también debo suponer que la muerte de mis padres es un motivo más que suficiente como para que intenten averiguar de mí, sobre todo si no he dado señales de vida en semanas.
Negándome a contestar sus correos y mensajes, es mi propia forma de borrarme del mundo.
Además, de todos los que he recibido, hay uno solo que en realidad me interesa.
"Is possible talk today? I need apologize for the last time that we talk…"
Mi corazón apretándose es señal de que debo dejar de leer. Porque no me hace bien. Saber de mis amigos, quiero decir, de cualquiera de ellos. Por eso apago el teléfono y, como si no fuese suficiente, decido que estará mejor oculto dentro de mi bolso guardado en el armario de la habitación.
Es por mi propio bien.
No me malentiendan, no desprecio mi vida anterior. No es como si quisiera cortar los lazos que forme por tantos años y deshacerme de los recuerdos que cree… pero ya no tiene sentido seguir conservándolos en mi nueva vida. Solo me lastiman.
Por eso ignoro todos sus mensajes, por eso me niego a contestar sus llamadas; y por eso, se supone, me subí a un avión con destino a Japón en primer lugar.
Para comenzar de nuevo.
Sentimientos complejos para un muchacho de solo dieciséis, ¿no es así?
Mi nombre es Naruto, Naruto Namikaze … y estoy casi seguro de que tengo algún grado de depresión en este momento.
O bueno, al menos eso es lo que Google puede determinar. Google y su lista de síntomas que tal vez me encuentre imitando de manera subconsciente. Es decir, las pocas horas de sueño que consigo tener podrían deberse también al cambio de horario, ¿cierto?
Sé que la única forma certera de averiguarlo sería asistiendo con algún psicólogo que me diagnostique. No quiero hacerlo y mientras no tenga ninguna crisis sé que no necesitaré ir a algún psiquiatra. Porque, además, no creo que eso se vea muy bien en mi expediente.
Adolescente de dieciséis años; huérfano; depresión severa (debe tomar sus medicamentos cada ocho horas)
Supongo que en algún punto debo agradecer a los Hyuga por no terminar en un centro de menores, en donde mis posibilidades de ser adoptado por otra familia son altamente escasas. Las estadísticas lo dicen: nadie quiere chicos grandes, solo bebes recién nacidos. Aunque bueno, no es como que esta familia realmente me quiera. O eso imagino, porque… aceptémoslo, ¿quién estaría dispuesto a alimentar una boca extra por voluntad propia?
Puede que Hiashi Hyuga trate de ganarse su lugar en el cielo. Puede que solo se sienta responsable de la vieja -y probablemente olvidada-, promesa que hizo años atrás.
"Él hubiese hecho lo mismo por mí"
O, tal vez, puede ser que papá tuvo realmente buenos amigos…
.
…
.
Oigo el sonido de los pasos y las conversaciones en el primer piso.
Decido bajar entonces. Creo que cualquier cosa es mejor que permanecer acostado hasta conseguir un dolor de espalda imposible de quitar.
Me visto con simpleza. Jeans oscuros y una camiseta negra de manga larga. Los días siguen fríos en Japón, al parecer, y pasarán un par de meses antes de que vuelvan a calentarse, pero por el momento mi ropa me servirá hasta la llegada del verano. También me he visto obligado a adquirir un uniforme escolar para la escuela, lo que me tiene algo ansioso, porque nunca he usado un uniforme antes. Será algo nuevo por hacer.
Vestido, me asomo al pasillo con cuidado, buscando hacer el menor ruido posible.
Justo frente a mí están las escaleras, que llevan al primer piso y a la entrada de la casa. Hacia mi izquierda se extiende un pasillo, con el resto de las habitaciones. El segundo piso está silencioso, mientras que las conversaciones resuenan abajo. Avanzo con cuidado, observando las paredes de color beige desnudas de cualquier decoración.
Al fondo del pasillo, está el cuarto de Hanabi. Su puerta está decorada con muchos dibujos, justo como los de una niña pequeña. Incluso en el medio de ellos hay uno con cuatro personas: el retrato de su familia. El cuarto de Hinata, junto al mío, tiene en cambio mariposas de papel pegadas en la puerta. Un detalle lindo, supongo, bastante femenino. Ideal para una chica de catorce años.
En la escalera, marcos con fotografías resaltan en la pared. No puedo evitar que mi vista viaje a cada uno de ellos. Pronto, me doy cuenta de que sonrisas y momentos felices decoran la casa.
Aquí vive una familia feliz, es obvio, una familia feliz como lo era la mía.
¿Quieren oír un dato curioso? En verdad conozco a la familia Hyuga desde que era solo un niño, de hecho, he oído de ellos toda mi vida. Y, sin embargo, son solo unos extraños para mí. Supongo que tan extraños como yo lo soy para ellos. No sé si puedo confiar realmente en ellos y estoy seguro de que, en un cierto grado, ellos desconfían de mí. Pero mis padres sí confiaban, lo suficiente como para elegirlos mis tutores legales entre tantos amigos más de la familia; lo suficiente como para enviarme al otro lado del mundo en caso de que algo les sucediese. Así que tengo que pensar que no lo habrían hecho por nada, por lo que no creo que esas fotografías familiares mientan y que bajo los rostros sonrientes se halle en realidad una familia caníbal con una base secreta en el sótano llena de cadáveres.
Aunque lo último sería algo increíble, claro, como en Hannibal Lecter.
Tú realmente necesitas dejar de ver series sobre asesinos seriales, Naruto.
Mis pies desnudos abandonan finalmente el último escalón. Sin embargo, con la calefacción colocada no siento frio.
Cuando entro en el comedor, descubro que la conversación que escuché antes proviene de la televisión, colocada en un programa matinal. Allí, los panelistas ríen, divertidos, mientras hablan sobre algunos alimentos que ayudan a limpiar el estómago.
La señora Hyuga pasea por la cocina, preparando con cuidado los almuerzos para toda su familia. Está tarareando y, por un momento, vuelvo a recordar a mamá y la forma en que cantaba mientras hacia el desayuno para papá… Pero la señora Hyuga no es mamá. No canta, solo tararea lentamente… y su cabello es oscuro, no pelirrojo.
Aparto mi mirada entonces, solo porque no quiero hallar más diferencias.
Creo que con eso ella me ve y se detiene, secando sus manos en el mantel con velocidad.
- Naruto, buenos días -me saluda de forma amable. O bueno, es que ella parece ser una persona amable en general.
- Buenos días.
Creo que mi voz ha sonado demasiado baja y pienso en que debería repetir el saludo, pero ella actúa como si no hubiese problema.
- ¿Tienes hambre? Te haré de desayunar.
En realidad, nunca me ha gustado que hagan cosas por mí, ni siquiera el desayuno, pero aún no siento suficiente confianza como para dar una opinión.
Soy un invitado, después de todo. Y nada más que eso.
Mi vista se dirige a la mesa de forma inconsciente, dónde me acerco con cuidado y tomo asiento en uno de los lados. El aroma a pan tostado me despierta el apetito.
Pronto tengo también una taza de café, de la misma marca que solía beber en América.
La señora Hyuga sigue preparando el almuerzo. No vuelve a tararear durante los siguientes minutos, así que nos hundimos en el silencio mientras que soplo el café caliente, esperando que se enfríe un poco para no quemarme. Nos acompañan las risas de los panelistas en su estudio, que prueban el novedoso batido que debería ser capaz de limpiar sus estómagos para cuando han comido demasiado.
Tras un rato, por fin los almuerzos están listos, apilados con cuidado sobre la mesa. No solo eso. También comienzan a aparecer los pocillos con arroz y ensalada, la sopa de miso y el resto de lo que conforma un desayuno japonés corriente.
Mamá solía cocinarlos también, a veces, de manera especial. Tanto ella como papá tenían una forma única de mezclar ambos mundos. Y mientras tanto, ¿qué hace su único hijo viviendo en Japón?
Desayuna café con tostadas.
- Por cierto, Naruto, tu uniforme está listo -la voz de la señora Hyuga llama mi atención nuevamente.
Dejo la taza sobre la mesa y asiento. Eso significa que pronto comenzaré la escuela.
- ¿Cuánto dinero salió?
La pregunta me suena extraña, inclusive si soy yo mismo quién la ha realizado. Pero sucede que papá me ha dejado una herencia y, casi como si fuera una promesa, me he comprometido a pagar mis propios gastos.
No quiero ser una molestia más de lo que ya lo es mi presencia.
- No te preocupes por eso.
Ese ha sido el señor Hyuga. Aparece en la cocina vistiendo un traje elegante y le da un casto beso a su esposa, justo en los labios, como forma de saludo.
Mi mirada va de vuelta al café, justo a tiempo. Recuerdo de inmediato como papá solía exigir un beso cada día, justo en los labios, y era realmente divertido ver a mamá avergonzarse tanto por eso. Sucede que las muestras de afecto entre los japoneses, incluso en las parejas, suele ser algo mal visto cuando es en público, así que, desde pequeño, aprendí a apartar las miradas de las parejas que se besaban, excepto por mis padres.
Ver a mamá y a papá besarse era realmente algo especial. Me gustaba ver el amor que había entre ellos.
Recordar eso es suficiente como para hacerme sonreír.
- ¡Papá, mamá, buenos días!
Esa es Hanabi -reconozco su voz-, bajando las escaleras entusiasmada. Viene con su uniforme preparado y luce emocionada por ir a la escuela. Tiene sentido, supongo, a esa edad yo no hacía más que jugar y reírme con mis amigos, la escuela era sinónimo de diversión. Rápidamente se sienta a desayunar y me dirige un saludo a mí también.
- Mira, mira -me dice entonces, enseñándome un estuche blanco con forma de conejo-. ¿No es hermoso?
- Hanabi, guarda eso o se te olvidará -la señora Hyuga hace acto de presencia. De todas formas, ella gira a mí esperando mi respuesta.
- Es… lindo -digo, porque realmente lo es. Ella me sonríe entonces y comienza a desayunar, dejando que el estuche descanse sobre su regazo en vez de guardarlo como le han indicado.
No me atrevo a recordárselo.
Hanabi tiene solo ocho años. Supongo que aún es demasiado pequeña como para entender quién es realmente el adolescente que está viviendo en su casa, y por eso me habla con tanta naturalidad. O tal vez lo entiende perfectamente, y su tranquilidad al saludarme cada mañana es su manera de darme la bienvenida a su hogar. Ya saben, como invitándome a ser uno más de la manada, aunque realmente no sea así.
También sé que asiste a una escuela primaria que queda en el centro de la ciudad, una escuela privada por lo que puedo intuir. El señor Hyuga la va a dejar cada día, camino al trabajo.
Hinata, en cambio, va en una preparatoria pública, la misma en la que van sus amigos. Queda cerca, por lo que puede ir caminando sin problemas.
Y sucede que a esa misma escuela iré yo.
La elección de mi escuela, al parecer, provocó una discusión entre la señora y el señor Hyuga. No estaban seguros de que era lo que necesitaba mayor atención: mi desarrollo como estudiante o mi seguridad personal. Al final, escogieron la misma escuela que Hinata, debido a la cercanía y a que ella estaría también. De esa manera, en caso de que sufra una crisis de pánico, estaré cerca del hogar Hyuga.
Aunque claro que no pienso sufrir una crisis en la escuela. Eso sinceramente arruinaría los dos años de preparatoria que aún me quedan. No hay nada como un ataque de pánico en medio de una clase para quedar marcado el resto de tu adolescencia… y con eso, supongo, pueden adivinar la razón por la cual dejé de ir a mi vieja escuela en Estados Unidos.
Así que no, nada de crisis de pánico para este muchacho.
- Hanabi, ve al auto -la orden llega desde el señor Hyuga. Tan pronto como termina su desayuno, Hanabi se coloca de pie y corre para darle un beso a su madre en la mejilla. Él se levanta a los pocos segundos y vuelve para buscar su portafolios, o al menos eso es lo que deduzco. Papá solía hacerlo.
Y la señora Hyuga y yo quedamos solos nuevamente.
Bueno, es ahora o nunca.
Lentamente me coloco de pie y me aproximo a ella. En cuanto me ve, deja de hacer lo que hacía para prestarme atención.
- Yo… -mis palabras tardan un momento en formarse-, supongo que necesito comprar cuadernos.
- Todo está listo -me asegura, con una sonrisa amable.
- Pero no quiero ser un gasto extra.
- Naruto… no eres una molestia -asegura. Y sé que puedo creerle, por algún motivo, sé que me dice la verdad-. Cuidar de ti es algo que queremos hacer.
- Papá me ha dejado una herencia que puedo…
- Guardar -no es la palabra que planeaba usar, así que la escucho-. Es para ti, para que lo uses al crecer. Todo lo que necesites ahora, lo pagaremos nosotros.
Sé que no hay forma de disuadirla de la decisión que han tomado, por lo que dejo de discutir. No hay forma de ganar.
- De acuerdo -ella sonríe con mi respuesta.
- Ve, termina tu desayuno.
Giro para volver a sentarme, cuando veo sobre la mesa algo blanco y peludo. Reconozco de inmediato el estuche con forma de conejo.
Hanabi lo ha dejado.
No quiero molestar a la señora Hyuga otra vez, así que lo tomo y me apresuro por el pasillo. Cuando llego a la entrada encuentro a Hanabi, colocándose los zapatos con calma.
- Disculpa -ella me mira con cierta sorpresa en cuanto la llamo. Estiro mi mano para mostrarle lo que ha olvidado. Ella no duda en recuperarlo.
- ¡Gracias! -sonríe, antes de correr hacia la puerta-. ¡Nos vemos luego!
Por instinto agito mi mano como forma de despedida. Sin embargo, ella ya ha salido de la casa. Al darme cuenta de ridículo que parezco, dejo caer mi mano nuevamente.
Ah, pero que lento puedo ser cuando no duermo bien.
Cuando vuelvo a voltear, me encuentro de frente con el señor Hyuga, quién está de pie justo detrás de mí. Hasta ahora no había notado lo alto que era. Tengo que levantar mi cabeza para verlo.
- Eres tal y como tu padre solía ser a tu edad -sus palabras son suficientes para sentir que mi pecho se aprieta-. Tengo muchas historias de nuestra juventud, por si quisieras escucharlas algún día.
En cuanto lo dice, no me cuesta entender que Hiashi Hyuga quería verdaderamente a mi padre. La nostalgia en su mirada no puede ser inventada. Y, además, lo conoció mucho más tiempo del que yo lo hice. Incluso con sus ajetreadas vidas y la distancia, tenían tiempo para continuar siendo amigos.
Mamá solía decirme que papá era un rebelde en sus años universitarios. Yo nunca lo vi así. Como el abogado que era, papá solía ser un hombre organizado y estricto, pero muy amable. Sin embargo, de seguro si hay alguien que sabe sobre eso, es justamente el hombre de pie frente a mí.
- Tal vez más adelante -mi respuesta suena lamentable. Tengo que esforzarme para que mi voz no se rompa.
Él me mira con compasión, como si entendiera mi conflicto.
- En el momento en que tú quieras -me promete.
Asiento. No sé qué más hacer.
No me agrada mucho, pero últimamente los adultos tienden a tratarme como si yo fuese de cristal. Mirándome y hablándome como si en cualquier momento fuera a romperme en pedazos.
Tal vez lo hacen es porque luzco lamentable, durmiendo tan poco. Mis ojeras deben verse terribles.
O, tal vez, es porque en realidad me he hecho tan frágil como el cristal, y ni siquiera he podido notarlo.
Que dilema.
Escucho pasos corriendo por el segundo piso. De pronto, por el rabillo del ojo veo a Hinata bajar corriendo. Estoy seguro de que ella no me ve, porque sale disparada hacia la cocina, probablemente en búsqueda de su almuerzo.
- ¡Lo siento! ¡No alcanzo a desayunar!
- ¡Hinata! -esa es la señora Hyuga, con el mismo tono de voz que mamá usaba cuando yo pasaba de largo en el desayuno. Al parecer todas las mamás usan ese tono.
- Es… ¡Es que me desperté muy tarde!
Oigo sus pasos venir nuevamente por el pasillo y, pronto, aparece súbitamente frente a mí. Al verme, se detiene de golpe, posiblemente avergonzada.
Yo doy un paso a la izquierda, para dejarla pasar. Ella me mira nuevamente -solo lo suficiente como para permitirme notar que lleva su cabello oscuro atado en una trenza-, para luego apartar su vista veloz y dirigirse a la entrada.
A diferencia de Hanabi, Hinata me ignora por completo. Probablemente porque no sabe cómo debe tratarme.
No importa lo mucho que intente hablarle, ella simplemente pasa de mí en cada ocasión. Y como sé que sería injusto presionarla, he decidido dejar de intentarlo.
Porque sé que soy un simple desconocido para ella, sin embargo, por alguna razón su silencio choca con el saludo entusiasta que Hanabi me dedica cada mañana.
Si comenzaremos a ir juntos a la misma preparatoria, ¿podría transformarse en algún problema?
Tal vez solo necesita tiempo, Naruto, para acostumbrarse al extraño chico que desayuna tostadas con café.
En el comedor, la señora Hyuga termina de levantar los platos. Con un suspiro, se queja de Hinata.
- Esta chica siempre deja su desayuno inconcluso. Me preocupa que no esté comiendo adecuadamente.
Me hace sonreír.
- Puedo ayudarla. A levantar la mesa, quiero decir.
Es mi primera petición y me asusta que vaya a negarse.
Creo que, de hecho, lo hará. Me mirará con una sonrisa y asegurará que no es necesario que lo haga, que debo descansar. Y luego me ofrecerá una rebanada de pastel de chocolate nuevamente.
- Sería un gusto.
No sé porque razón me emociona tanto su respuesta. Quizás es porque puedo hacer algo más que no sea hacer nada.
Levantar la mesa. Ayudar a lavar los platos.
Tal vez el momento de mayor normalidad que he conseguido en mucho tiempo.
- Luego puedo servirte otro trozo de pastel, si gustas.
Aunque no soy muy aficionado a los dulces, me permito asentir. Creo que estaría bien.
Creo que, por hoy, ser cauteloso es la clave.
CONTINUARÁ…
