Capítulo 3: ¿Quién es la más bella del reino?
Cuando la puerta del sótano volvió a abrirse y vi la figura de Victoria delineada contra la luz proveniente del pasillo, supe que había llegado mi hora. Y si hubiera tenido en mí algún resquicio de fuerza aún, probablemente habría sonreído.
No tenía idea de cuánto tiempo llevaba encerrado en ese lugar, inmerso en la oscuridad más completa, pero asumí que más del sospechado, porque sentía los músculos entumecidos y el cuerpo débil.
No había comido ni bebido nada desde que me encerraran. Y apenas había sido capaz de dormir. De hecho estaba seguro de haber estado saltando alternadamente entre la conciencia y la inconciencia porque mi mente estaba nublada y los recuerdos me evadían.
Victoria ingresó ceremoniosamente y encendió la luz, hiriéndome los ojos. Lentamente, como analizándome, caminó a mi alrededor y posó un dedo gélido en mi piel, deslizándolo sobre mis hombros mientras se movía a mi espalda.
Luego, se detuvo frente a mí y, agachándose para estar a la misma altura de mis ojos, comenzó a girar entre los dedos, con maestría, una daga dorada.
La observé como hipnotizado, viendo como se deslizaba con suavidad en sus manos, dibujando círculos imaginarios de luz en el aire. No escapó de mi pensamiento el que ese pequeño y delicado instrumento de lujo sería el último recuerdo que me llevaría inscripto en la piel antes de morir.
De nuevo, la idea de sucumbir resultó demasiado tentadora. Terminar con el sufrimiento, el frío, el hambre, la sed, la tristeza. Dejar el mundo y encontrar uno mejor. Tal vez, reunirme con mis padres. Volver a ver el rostro gentil de mi madre. Y descansar; descansar en paz por primera vez en mi vida.
Victoria sonrió, como si pudiera leer mis pensamientos y ellos fueran lo más gracioso del universo, y manipuló la daga hasta colocarla sobre mi garganta. Inspiré profundamente y cerré los ojos, esperando. Contrario a la forma en que cualquier persona coherente reaccionaría, sentí que mis músculos se relajaban y la tensión abandonaba mis facciones.
Sin embargo, el golpe tan ansiado nunca llegó.
"Oh no, niño bonito" me ronroneó en el oído apretando la daga en mi garganta hasta que brotó un hilo de sangre. "Eso sería demasiado fácil para ti. Y muy aburrido para mi"
Se alejó y me forcé a abrir los ojos para verla. Una sonrisa sarcástica adornaba su rostro mientras deslizaba su lengua por la hoja del cuchillo llenándose la boca con mi sangre. Con el cabello encendido en fuego y la mirada desencajada, Victoria se veía como la peor de mis pesadillas.
"Tu y yo vamos a jugar un poco" susurró agachándose para mirarme directo a los ojos. "Y cuando me canse de nuestro juego, entonces habrá llegado tu hora"
Sosteniendo el cuchillo hábilmente con su diestra, tomó un par de pasos hacia mí.
Y entonces Victoria volvió a probarme qué tan estúpido e inocente podía ser.
…..
Me fue imposible sostener ningún tipo de conteo temporal después de ese día. En realidad, me era apenas posible mantener la conciencia por períodos prolongados de tiempo.
Tengo vagos recuerdos de James entrando y saliendo en silencio, dándome pequeños sorbos de agua o de algún tipo de alimento líquido. A veces me limpiaba con un trapo húmedo. Pero son apenas resquicios de memoria a los cuales no puedo aferrarme.
Las visitas de Victoria, sin embargo, jamás podría borrarlas de mi mente. Aún hoy, si cierro los ojos, siento que estoy en ese sótano de nuevo, envuelto en humedad, silencio y oscuridad, con la piel expuesta y azotada de heridas, y el cuerpo agotado de soportar.
Y cada día durante sus apariciones, cada segundo de esas interminables horas que pasé con ella en ese sótano, rogué que Victoria finalmente se aburriera de mí y me asestara el golpe final. O que, al menos, mi cuerpo decidiera dejar de luchar y proclamara por si mismo el fin de mi vida.
Pero ese momento nunca llegó y ni siquiera mi propio cuerpo se apiadó de mí.
Sin fuerzas ya, al borde de la deshidratación, y casi desangrado, no tuve ni voluntad de levantar los ojos para mirar cuando Victoria volvió a entrar en el cuarto. Con la cabeza colgando sobre mi pecho y el cuerpo vencido, escuché sus pasos cuando se acercó para pararse frente a mí. Su risa llenó el silencio de la habitación, pero me sonó como un sonido muy lejano. De pronto me sentí muy lejos de allí.
Cuando Victoria hundió su daga en mi piel, como lo había hecho miles de veces en el último tiempo, no tuve energía ni siquiera para gritar de dolor. Apreté los dientes y cerré los ojos con fuerza, y dejé que la sensación punzante me recorriera. Pensé que el sufrimiento me haría sentir de nuevo vivo; que me haría sentir que aún estaba dentro de mi cuerpo. Pero nada de eso sucedió. Y entonces supe que el final estaba cerca.
En algún momento, mientras Victoria seguía jugando conmigo, debo haber perdido la conciencia, porque al instante siguiente Victoria estaba abofeteándome el rostro para devolverme a la realidad y llamando a James con un grito agudo.
Mi tutor se hizo presente un minuto después y se quedó en silencio mirándola, esperando sus órdenes.
"Estoy harta de él" dijo Victoria soltando mi rostro y dejando que mi cabeza cayera con violencia sobre mi pecho. Mi cuello ya no podía sostenerla.
"Es hora de que cumplas tu promesa" le dijo y escuché que caminaba hacia él. "Deshazte del niño".
Sentí sus tacos alejarse rumbo a la puerta. Pero se detuvo antes de salir y volvió en sus pasos. "Un momento" exclamó y entonces sus dedos tomaron con violencia mi barbilla obligándome a levantar mi rostro hacia ella. Apenas podía mantener los párpados alzados.
Victoria tomó del bolsillo la daga y la apoyó en mi mejilla. "Tan hermoso…" murmuró. "Siempre has sido una visión de belleza, mi querido Edward. El rostro más bello que he visto en mi vida"
Sosteniendo mi barbilla con fuerza, clavó la daga en mi labio inferior y la deslizó hacia abajo por mi piel. Supe que la herida era profunda, y sentí que la sangre manaba hasta deslizarse sobre mi pecho.
"Ya no más…" sonrió Victoria y se dirigió hacia la puerta.
"Asegúrate de hacerlo bien" le indicó a James. "Y de traer la prueba de tu lealtad"
Dando media vuelta y sin decir una palabra más, salió del sótano y me encomendó a la muerte.
…
Gracias por todos los lindos comentarios!
