Declaimer:Naruto NO me pertenece, es de Kishimoto,
Sumary -Eres el mejor príncipe de todos Itachi-kun -y tu eres la princesa más hermosa de todos los castillos del mundo. || él era mi príncipe, y creceríamos y nos casaríamos. Basura. .Jugaste conmigo, ilusionabas a la niña y te ibas besuquiar una mujer, ¿no? || Y llore, llore tirada en mi cama, con gritos de impotencia eclipsados en mi almohada de color rosa pastel
PenName: MagySouh
Lágrimas de una Falsa Princesa
Cuarta Gota: No te Contengas
-lo siento tanto cerezo mio….
-¡Sakura! ¡Sakura-chan! ¿Estás bien? – unos gritos se escucharon desde la casa, dos pelirrojos y un rubio entraron al patio sorprendiendo al Uchiha, jamás los había visto en Konoha.
-Shhh.. Solo está dormida –la voz del de coleta era seca, sus ojos oscuros tenían cierto brillo de nostalgia y ternura al ver a la Haruno en sus brazos cargada como si no pesara más que una pluma.
-La llevare a su habitación, dámela, por favor –pidió educadamente el pelirojo, quien había sido el primero en reconocer a ese hombre que cargaba a su amiga. No había duda, el debía de ser el Uchiha que le había causado tanto daño.
Los tres estaban al tanto de la historia, la misma Sakura se las había contado una vez que tuvieron suficiente confianza y por más tranquila que se viera, no podía dejarla dormir en sus brazos.
-¿sabes dónde está su habitación? –pregunto con astucia el pelinegro, pues gracias a su madre, sabía que Sakura regresaba a Konoha cada año pero nunca llevaba a nadie.
-podemos preguntar a tía Tsunade –hablo Naruto, él solo quería alejar a Sakura de ese chico.
-Yo la llevare, pueden acompañarme, sin gustan claro. –dio por finalizada la discusión el de coleta mientas emprendía la marcha a la habitación de la joven.
Hacía años que no entraba a esa casa, pero recordaba perfectamente donde quedaba la habitación de la pelirosa. Su mirada se perdió en la muchacha que dormía en sus brazos, sus mejillas ligeramente sonrosadas y el contorno de los ojos rojos, pero era su cabello lo que siempre atraía su atención, de ese rosa que según su opinión solo en ella se veía bien.
Habría querido disculparse en ese mismo momento, pero, ¿y si Sakura ya no lo quería? En ese tiempo se pudo haber olvidado de él, pudo haber salido con otros chicos, aunque eso a él no le importaba mucho, él también había tenido citas con chicas, muchas novias pasajeras, pero ninguna era como Sakura, ella era inocencia y dulzura.
Nunca considero problema los cuatro años que se llevaban, pero le dolía haberse perdido cinco años de la vida de su pequeña pelirosa, tampoco era tonto y cerrado, sabía que en ese tiempo ella pudo hacer cambiado mucho. Jamás volvió, él la había esperado.
¿y si ese chico rubio o el pelirojo ahora salían con ella? No sabía si podría soportar ver a su princesa en los brazos de otro, tan solo le quedaba disfrutar de esos pequeños detalles que ahora podía tener.
Subió por las escaleras traseras, no quería que nadie viera a su pequeña tan destrozada, todo el tiempo fue seguido por esos tres chicos que lo habían interrumpido, los tres miraban la casa tratando de guardar cada detalle y así era, jamás habían visitado la casa en la que su amiga creció.
-Aquí es. –hablo el pelinegro mientras con cuidado y haciendo unos cuantos malabares, abrió la puerta sin molestar a la pelirosa.
La habitación era de un color verde, tratando de imitar a los ojos de la dueña, las sabanas eran rosas con tonos cafés y los muebles blancos, incluyendo el marco del gran ventanal que iluminaba el cuarto.
Ninguno de los cuatro quiso abandonar la habitación, habían estado ahí ya más de dos horas, en su mayoría guardando silencio, dejando a la chica descansar. Se habían acomodado en una pequeña imitación de livingroom que poseía la habitación, dormitando un poco.
-La casa de Sakura-chan es bastante bonita –hablo Naruto, exhalando un gran suspiro, si, ya había sido mucho tiempo para él, tener la boca cerrada no era su fuerte.
-Todo el vecindario es tan tranquilo que ya extraño los ruidos de la ciudad –se quejo Karin.
Lagrimas de una Falsa Princesa
-itachi-kun… itachi-kun…
-¿qué sucede, princesa?
-nunca te alejes de mí, quédate siempre conmigo.
La luz se fue disolviendo dejando pura oscuridad, todo se volvió negro, poco a poco fue consciente de su cuerpo, estaba acostada en una mullida cama, trata de mover sus manos, logrando solo un pequeño temblor en ellas, sus parparos se fueron sintiendo menos pesados, y de nuevo vio una pequeña cortina de luz, era tenue.
Enfoco su vista al ventanal, y se dio cuenta de que estaba en su vieja habitación. Oh, hacia cuanto que no había estado en ella, trato de olvidar esa opresión en su pecho al recordar su niñez. Itachi. Vio correr en su mente imágenes de los últimos años, y todo terminaba en el pelinegro. Un par de lagrimas escaparon de sus ojos al darse cuenta que aun le amaba. Lagrimas de impotencia, porque sabía que no iba a dejar que la volvieran a lastimar.
-Sakura, te despertaste –escucho una voz muy común para ella.
-¡Gaara! Estas aquí –hablo, tener a su amigo cerca era lo único bueno que recordaba de ese día. Ahora estaba descalza, pero no le importo, se levanto y fue a abrazar al pelirojo. Por el ruido, pronto se les unieron la otra peliroja y el rubio. –los extrañe tanto chicos.
-Nunca te vamos a dejar sola, Sakura, para eso es la familia –le dijo el rubio, sabía que no eran una familia de sangre, pero se querían tanto o más que una familia de verdad.
-Eres una boba pelo de chicle, Sakura –rio Karin entre lagrimas.
La puerta se abrió, entrando el chico de cabellos negros y mirada azabache, en sus manos llevaba una bandeja con una comida ligera.
-Si no les molesta –hablo refiriéndose a los tres invitados de la Haruno –creo que será mejor que comas Sakura, seguro no haz probado bocado en todo el día.
-No dejaremos a Sakura sola—Karin fue la primera en hablar.
-Chicos, les agradezco por preocuparse, pero ustedes también deberían de comer algo –les sugirió la pelirosa, no quería quedarse a solas con el Uchiha, pero debía de arreglar las cosas en ese momento, antes de que pasara a mayores.
-pero Sakura…. –Naruto trato de hablar,
-Por favor, Naruto-kun.
-cualquier cosa llamanos, Sak –termino el No Sabaku, indicándole a su hermana y amigo que deberían de salir.
La Haruno se sentó en uno de los sofá, el pelinegro de puso en frente la charola y se acomodó frente a ella.
-Sakura, tenemos que hablar -el ojinegro dudo en un principio en como referirse a su pequeña pelirosa, aunque como hombre, también había notado que había crecido, y ahora era más hermosa de lo que su salud metal podría soportar, pero su seño ahora también era firme y su sonrisa había desaparecido, sus ojos ya no eran brillantes. Algo, una parte de su princesa había muerto y él sabía en qué momento había pasado. Se lo reprochaba.
Había tratado de olvidarla, pensando en que ella también se había olvidado de él y a pesar de los años, el seguía viendo en su mente a esa niña. Por momentos se sentía enfermo, de sentir tanto amor por una niña, ya que en su mente, jamás cambio, pero su amor por ella no era carnal, era puro.
-Tu y yo no tenemos nada de qué hablar, Itachi –ella también dudo, Ita-kun, así le hubiera gustado llamarlo. Y correr a sus brazos, sentirse segura y olvidar todo el mundo.
-Perdóname, perdóname por favor, Sakura, créeme que estoy más que arrepentido… -hablo, dejando su tono neutro, había desesperación en su voz.
Lagrimas de una Falsa Princesa
-¡YEEEAAAAAAA!—gritaba una pelirosa, su cuerpo perlado de sudor, sus mejillas rosadas por el alcohol que había ingerido durante la noche y su juicio nublado.
Sabía dónde estaba: en uno de los pocos antros de la pequeña ciudad, no había tardado mucho de convencer a sus amigos de salir, ellos sabían que necesitaba olvidarse del mundo.
Una canción de moda sonaba en ese momento, sus manos estaban arriba, moviéndose de un lado a otro, a juego con sus caderas y por ese momento se olvido de toda su vida, se sentía libre, se sentía bien, se sentía sexy. Había escogido a propósito ese vestido corto color negro, con un escote amplio, pero que cubría lo que debía cubrir, notaba las miradas de varios chicos sobre ella mientras bailaba.
Más de una vez Naruto y Gaara crujieron los dientes al ver como esos pervertidos tipos miraban a sus amigas y hermana. Pero esa noche era de ellos y los cuatro bailaban animadamente.
Después del entierro de su madre, se había encerrado en su casa por una semana, sin dejar entrar a nadie, solo a sus tres amigos y de vez en cuando recibía la visita de sus tíos y primo.
Tsunade buscaba una y mil maneras para tratarla de animar, incluso Nagato trato arduamente.
Pero esa noche dejo de llorar y auto compadecerse y por primera vez, quiso saber que tan cierto era si era cierto que en alcohol se ahogan las penas.
Dos voluptuosas chicas se habían acercado a los chicos, primero con malicia, tratándole de bajar el ligue a la Haruno y No Sabaku, se molestaron un poco cuando a ellas poco les importo, pero consiguieron lo que querían, bailar con esos chicos.
Sakura veía como la rubia se le repagaba a su pelirojo amigo, tocando más de lo debido el pecho de Gaara, como se volteaba, quedando de espaldas a él y comenzaba a restregarle su trasero en cierta parte de la anatomía del No Sabaku. Con su juicio nublado, ella misma bajo la velocidad de sus movimientos: lentos, gatunos, pronto sintió algo duro en su espalda, cerro sus ojos y empezó a moverse al ritmo del cuerpo que estaba detrás de ella, sintió sus manos rozar sus hombros, como bajaba por sus brazos hasta pasarse a sus caderas.
-me estas volviendo loco –una voz ronca le erizo todo el cuerpo, mandado una descarga eléctrica a todo su ser. Se volteo inmediatamente, encontrándose con unos ojos negros como la noche, con un brillo extraño, estaban nublados, no era tonta y sabía que era lo que Uchiha Itachi tenía.
Una sonrisa se escapo de su boca, cosa que sorprendió al joven.
Había visto a Sakura salir de su casa con sus amigos y no dudo en seguirla, podía soñar muy acosador pero durante toda la semana trato de hablar con ella pero la Haruno no recibía a nadie que no fueran sus amigos o familia.
Se sorprendió mucho al ver a los cuatro chicos entrar a un antro local, mostraron sus identificaciones y los dejaron pasar sin problemas. El entro minutos después, sorprendiendo al guardia, que por supuesto lo conocía, pero tenía años que no iba a esos lugares. Tomo una silla alejada del bullicio en el segundo piso y pidió algo de tomar. Muchas chicas se le insinuaron durante un rato, más su vista estaba perdida en la joven pelirosa que se movía demasiado sensual para su gusto, no era el único que la miraba y eso hacía que le hirviera la sangre.
Sakura tenía la altura normal de una chica, cerca del 1.70, más ahora llevaba unas altas zapatillas que no entorpecían sus movimientos, un vestido que dejaba ver sus largas piernas y un escote perlado que brillaba gracias a las luces del lugar.
En la mesa de enseguida había dos tipos viendo en la misma dirección de él, burlándose entre copas como sería llevarse a una de esas chicas a la cama y hacerlas sentir mujer, sintió asco por los comentarios tan bajos de aquellos hombres pero no se comparó con la rabia cuando hablaron de su pelirosa. Sintió hervir la sangre cuando ambos se pararon para buscar un poco de diversión, ni lento ni perezoso él también se levantó y fue hasta donde su cerezo bailaba.
Se colocó detrás de ella esperando que se volteara y le diera una bofetada o algo parecido, pero lo sorprendió cuando sintió como sus pequeñas manos se posaron en su pecho, las de él seguían en sus cadenas que habían continuado moviéndose, la pelirosa se volteó, sintiendo como el cuerpo de uchiha se movía tras ella, como ella misma seguía la melodía, como el tocaba su estomago y ella arqueaba su espalda, estirando su cuello y recostándolo sobre su hombro, normalmente no era tan alta, pero los altos zapatos le ayudaban, llevo su mano hacia la nuca del ojinegro, jugando con su cabello.
-hmmmm –se le escapo un ronco sonido de su boca, que estaba provocadoramente cerca, haciendo que todo su cuerpo despertara.
-si sigues así, no podre controlarme, Princesa.
-Tal vez no quiero que te contengas, Itachi – hablo la pelirosa, volteándose, para quedar de frente a él, volvió a posar su mano a la nuca del chico, atrayéndolo hacía ella y besándolo.
Empezó como un beso demandante, pidiendo cada vez más de sí, pero fue bajando de tono, volviéndose más lento, más dulce, la mano del chico se deslizo por su mejilla, mientras que la otra la unía firmemente a él.
Lagrimas de una Falsa Princesa
