Capitulo III
"The maid of Pink"
-De cabello rosa y enorme decisión-
En el palacio solo había dos personas felices con el nacimiento de los gemelos, la sirvienta Megurine Luka y la reina Kagamine Lily, aunque ambas estaban concientes que la dicha no duraría mucho. Era cuestión de unos minutos para que alguien separara a los recién nacidos. Pero eso era lo ultimo en lo que querían pensar, preferían aprovechar el tiempo que tenían con los bebes.
Habían nacido niña y niño, ambos de rubio cabello. Desde el primer instante, una diferencia entre ambos se notaba, pues desde su alumbramiento la pequeña no se había quedado quieta y su hermano se encontraba profundamente dormido. Entre los quejidos de la recién nacida y risas, ambas mujeres platicaban animosas.
-Sus hijos son hermosos mi reina- decía Luka con una sonrisa.- Se parecen mucho a usted.
-Oh Luka- mencionó la reina entre risas- Son muy pequeños como para empezar a sacar los parecidos.
-Disculpe el atrevimiento, pero le digo toda la verdad. Solo véalos, sus ojos son tan azules como los suyos, igual que el cielo. Y sus cabellos dorados son idénticos… estoy segura que usted era igual cuando nació.
-Al nacer…- sus palabras fueron interrumpidas por un grito de dolor, su hija recién nacida le estaba jalando el cabello bruscamente. Después de un pequeño forcejeo, terminó por liberarse de la pequeña.- Si, creo que me parecía a ella; recuerdo que mis padres solían decir que era muy inquieta.
-¡Se lo dije!- gritó la sirvienta. Enseguida se encogió de hombros- Discúlpeme su alteza. Me deje llevar.
-Tranquila Luka, no te alteres. Antes que la sirvienta, eres mi amiga y puedes hablar como gustes cuando estemos a solas.
-Entonces… ¿puedo usar un lenguaje menos formal?
-No, sigo siendo la reina- dijo con voz firme.
-Pero acaba de decir que…
La reina Lily soltó una carcajada. La bebe se había alterado un poco, pero logro calmarla antes de que rompiera en llanto.
-Claro Luka. Tú habla como te sientas más cómoda.
-Me asustaste Lily- respondió con una risita- Y a pesar de nuestro escándalo, este niño no ha hecho más que dormir.
-Se ve tan tranquilo… espero que así sea al crecer.
-Veras que si. A todo esto, ¿Cómo se llamaran?
-Bueno… Gakupo y yo dijimos que si nacía una niña se llamaría Rin y si era niño lo llamaríamos Len. Supongo que esos serán sus nombres: Rin y Len Kamui.
-Muy bonitos nombres. Ya quiero verlos crecer y jugar por todo el palacio.
-Eso dices ahora, espera a que te toque cuidarlos.
Ambas rieron por el comentario. Pero su alegría fue interrumpida por Hiyama, quien entró con paso acelerado en el aposento de la reina, acompañado de uno de los doctores. Su mirada seguía un tanto perdida y sus manos no dejaban de temblar.
-Disculpe mi reina. Cual…-tartamudeaba- ¿Cual de… de sus hijo nació primero?
La reina no respondió. Tardó unos minutos en volver a producir algún sonido, solo miraba a Luka, que estaba detrás del consejero.
-Lo que el doctor te dijo, eso es la verdad.
-Pero… necesito escucharlo de usted misma su alteza. Para… para confirmarlo.
-Rin nació primero… mi hija. Luka lo puede demostrar.
-Gracias mi reina, pero no hace falta el testimonio de la sirvienta. Con su permiso. Luka.- acto seguido; el consejero se retiró.
El doctor miró a la reina, preocupado. Su rostro mostraba un profundo temor y no dejaba de temblar.
-Ya me imagino que le dijiste. Te agradezco el hecho de intentar proteger a mi hijo, pero tomaremos otras medidas. Tienes el permiso para abandonar el palacio y el reino, rápido, vete con tu familia esta noche.
-¡Muchas gracias mi reina! Le… estoy muy agradecido.
-No, yo te agradezco lo que has hecho. Ahora date prisa, Hiyama no tardara en delatarte.
-Con su permiso su majestad. Muchas gracias, muchas gracias.- gritaba. Salió corriendo de la habitación, cerrando la puerta con sumo cuidado. A su salida solo se podían escuchar sus rápidos pasos por el pasillo, que se hacían cada vez más lejanos.
El silencio se adueñó del lugar. Ninguna reía o pronunciaba palabra alguna, solo se miraban a los ojos. Ya sabían que pasaría, la pregunta del consejero les había revelado el plan de Gakupo.
-No hay duda alguna- dijo amargamente la reina Lily- Gakupo piensa desaparecer a Len.
-¿Qué? ¿No estas sacando una conclusión muy apresurada?
-Luka… es la verdad. Conocemos las historias, reinos que han caído por el nacimiento de gemelos. Conozco muy bien a mi esposo. Él va… va a… deshacerse de Len.
-Pero… ¿como puede hacer algo así? ¡Es su propio hijo!
-Lo sé… pero… pero…- la reina abrazó a su hijo. Miro su rostro fijamente, con lágrimas en los ojos. Posiblemente, no lo volvería a ver.- ¡No hay nada que hacer! Gakupo me lo quitara de todos modos.
-Eso… ¡es horrible!- gritó la sirvienta. Al igual que la reina, había comenzado a llorar.- ¡Debemos hacer algo!
-Len… yo…- lograba decir. La reina no podía hablar con claridad por el nudo que sentía en la garganta. Las lagrimas recorrían sus mejillas y caían en las sabanas del bebe, quien ajeno a la situación seguía dormido.- No puedo… no puedo protegerte de esto, hijo mío. Lo siento, no… no puedo hacer nada- chillaba Lily.
-Mi reina… Lily, escúchame por favor- trataba de calmarla su fiel sirvienta- Se me ocurre algo… es arriesgado pero puede funcionar.
-¿Qué estas pensando Luka?
-Bueno… yo podría llevármelo. Lo sacare a escondidas de aquí y podré criarlo como si fuera mi hermano, mis abuelos eran rubios así que…
-No Luka- le interrumpió la reina- No puedo permitir que hagas eso, arriesgas mucho. No, no podría… perderte a ti también…
-No pienso hacerlo en este momento. Me llevare a tu hijo antes de que le hagan daño. Regresare a mi pueblo, ahí nadie nos molestara hasta que pueda volver a trabajar aquí.
-Gakupo sospechara de esto, y sabrá con facilidad que tú interviniste.
-Yo me encargare de todo Lily, te doy mi palabra. Voy a salvar a Len.
La reina había enmudecido, parecía un tanto distante por el temor de perder a su hijo, cosa que no le dejaba pensar con claridad. Se limitaba a ver al recién nacido con sus azules ojos. Le acaricio la mejilla y le sonrió.
-Creo que… es lo mejor para Len- dijo al fin.
Las puertas se abrieron. El rey Gakupo, seguido por su incondicional amigo, el general Misawa, y el consejero Kiyoteru Hiyama, entraron el la habitación sin pedir permiso. Se acercaron a Lily, ignorando a Luka.
El rey tomó en sus brazos a la pequeña Rin y acariciando su cabeza le dijo "mi hija". La abrazo y siguió murmurando cosas al oído de la recién nacida, mientras el resto de los presentes lo miraban en silencio.
-Lily, tenemos que hablar sobre unos importantes asuntos- dijo Gakupo III.
-Los escucho.
-Mi reina… debemos platicar a solas- mencionó Hiyama- Ella no puede estar aquí.
-Entiendo- respondió Lily con un suspiro- Luka, por favor retirare.
-Si su majestad. Llevare a los bebes con los médicos.
-Ellos se quedan aquí- dijo el general Misawa, con su característica voz fría y seca- Ahora vete, sirvienta.
-Si, general Misawa- respondió Luka a regañadientes. Tomo una vasija decorada con flores amarillas y se dirigió a la puerta. Miró por última vez a la reina, quien no lo notó, pues tenía una encolerizada vista clavada en Misawa.
Megurine Luka cerró la puerta con cuidado y se quedo ahí, acercando su oído para tratar de escuchar lo que platicaban dentro; pero le fue inútil, pues el sonido apenas lograba llegar a ella, escuchando solo murmullos. De pronto, escuchó el grito de la reina, que se negaba a entregar a su hijo. Con esto, se alejó de la puerta y al estar a unos metros hecho a correr directo a su cuarto. Bajaba los escalones de a tres con un apuro enorme, arrollando a los demás sirvientes que intentaban subir. Finalmente llegó a su alcoba, cerró con llave y dejó la vasija a un lado.
La habitación era pequeña, apenas cabía su cama y un par de muebles, además de muy oscura, incluso de día, por lo cual siempre tenia velas encendidas. Se apresuró al ropero, lo abrió y comenzó a sacar toda la ropa que tenia dentro; que no era poca gracias a los constantes regalos de la reina Lily. Tomo el vestido más oscuro que tenía y arrancó las mangas de un jalón. Las dejó en la cama, junto al resto del atuendo y corrió a la mesa. Debía actuar rápido y no sabia en verdad de cuanto tiempo disponía. Si la idea del rey era matar al pequeño Len en el mismo palacio, su esfuerzo era en vano; pero no pensaba que fuera a pasar así, estaba segura de que lo llevarían lejos, hasta los límites del reino para ejecutarlo en una granja o cualquier lugar donde no sería encontrado. En este caso debía darse prisa, conseguir un caballo y seguir al comisionado para realizar el macabro encargo del rey.
Sacó entonces una caja de madera, dentro había varios utensilios de costura; tomó unas tijeras, con las que cortó las mangas a la mitad, por el largo, para dejar cuatro trozos de tela, seguido separó la falda del vestido, que de igual modo cortó en dos. Regresó las tijeras a la caja y sacó hilo y aguja. Cosió los cuatro pedazos de tela para hacer una larga bufanda, que dejó a un lado.
Tomo la falda y comenzó a remendarla hasta que consiguió algo parecido a un pantalón. Quedó un tanto holgado por el material con el que fue hecho, pero eso poco importaba, la prenda recién hecha cumplía con su objetivo. Con el tiempo en su contra, se desvistió para poder ponerse las improvisadas ropas nuevas; sobre las cuales vistió de nuevo su traje de sirvienta, tomó unos listones rojos que había en el suelo, guardó la bufanda en su pecho y hecho a correr con rumbo a los establos del castillo. En su camino se detuvo un par de veces, la primera le quitó su espada a una de las armaduras que decoraban uno de los tantos pasillos del palacio, la cual amarró firmemente a su pierna derecha con los listones; la segunda vez fue frente a la cocina, entró rápidamente y agarró un cuchillo. Lo envolvió con un listón y amarro a su brazo por debajo de su vestimenta de sirvienta.
Al llegar al establo, apenas tenia el aliento suficiente para poder hablar con el guardia encargado de los caballos, quien al verla se acercó a ayudarla.
-Luka, por Dios, ¿estás bien?- pregunto preocupado el hombre.
-Sí Shinji…- respondió con dificultad- Estoy bien. Necesito un caballo urgente.
-Preparare uno de los carros.
-No, por favor Shinji, no hace falta. Solo voy al puerto, pero necesito a caballo urgente.
-De acuerdo, ya voy por el.- contestó nervioso el guardia. Regresó unos minutos después con un caballo café, de larga crin y reducida cola.- Es el mejor que tengo, después del que pertenece al general Misawa, este es el mas rápido del establo.
-Es perfecto Shinji. Déjalo aquí y tenlo listo cuando regrese, debo ir por unas cosas. Y por favor, no le digas a nadie sobre esto.
-Entiendo. No diré nada- respondió confundido.- Pero Luka, por favor dime lo que esta pasando.
-No puedo hacerlo ahora, lo siento. Pero… más tarde lo sabrás. Debo… debo irme.- dijo. Shinji sólo pudo ver completamente perplejo como la sirvienta se alejaba con un paso acelerado.
En el palacio resonaban los pasos de Luka, subía las escaleras con desesperación rumbo a los aposentos de los reyes. Su mente era atormentada por un terrible pensamiento; el rey era un hombre cruel que no le importaba el sufrimiento de las personas con tal de obtener su objetivo, una horrenda idea llego a su mente: si la reina se opuso a él, sería capaz de asesinarla junto al niño. Bien conocía a Gakupo, inventaria que ella murió durante el parto. Esta sola idea provocó un escalofrío que el recorrió la espalda y un nudo en la garganta. Finalmente llegó hasta la fina puerta de madera de la habitación de la reina, con una mezcla de temor y decisión, llamó a la puerta. No hubo respuesta. Volvió a intentarlo, golpeando más fuerte. La puerta apenas se abrió, dejando ver la mitad del rostro del general Misawa que, con su penetrante mirada e inmutable expresión, atendió a Luka.
-¿Qué quieres, sirvienta?
-Yo… vengo a ver si… necesitan algo- respondió.
-Si llegamos a necesitar algo, te llamaremos. Ahora vete sirvienta, interrumpes importantes asuntos del rey.
-Si general Misawa.
La puerta se cerró de portazo. En cierto modo, esto había tranquilizado a la sirvienta de rosa, en el poco tiempo que la puerta estuvo abierta logró escuchar la voz de le reina Lily, lo que indicaba que ella seguía bien. Se alejó unos pasos de la puerta y dio un suspiro, su apuro era ahora menor. Se escondió detrás de uno de los pasillos, asomándose constantemente. Pasó el tiempo, ella perdió la noción del mismo; no había ningún otro pensamiento en su cabeza mas que el de salvar al bebe. Cuando comenzaba a quedarse dormida, escucho varios pasos. Con sumo cuidado asomó la cabeza y logro ver al rey Gakupo, quien salía de la habitación con su porte triunfal, seguido por Misawa, que cargaba un bulto.
-Ya sabes que hacer Kurogane.
-Cumpliré con la misión que me ha sido encomendada y salvaremos al reino de su trágico destino.
-Amigo mío, en tus manos esta el futuro de este esplendoroso reino.
-No lo defraudare mi rey.
-Que así sea.
Siguieron su camino, en dirección contraria a la que estaba Luka. Podían escucharse sus pasos en las escaleras, que cada vez se hacían más distantes. Al estar segura de no ser detectada, la sirvienta se acercó a la habitación de la reina, abrió con sumo cuidado y entro son hacer ruido. Kiyoteru Hiyama estaba recargado en un lejano muro, miraba con detenimiento el pueblo; no había dejado de temblar desde que se presento frente a Lily. Ella se encontraba en su cama, parecía no haberse movido por nada el mundo. Simplemente abrazaba a su hija, que al fin había caído dormida. Las lagrimas no dejaban de correr por las mejillas de la reina Kagamine Lily, su mirada estaba perdida en el muro de enfrente y reflejaba un profunda tristeza. Luka puso la mano en su hombro, la reina solo volteo a verla.
-Se… llevaron a… Len.- alcanzó a decir.
-Misawa… ¿cierto?
-Si… el lo… lo va… a matar- dijo con una voz temblorosa.
Luka no dijo palabra alguna, presionó el hombro de la reina y le susurró "cuida a Rin". La soltó y salio corriendo. Su carrera la llevo al establo una vez mas, donde el caballo que Shinji le tenia preparado ya la esperaba, sin embargo, el joven guardia no estaba a la vista.
La sirvienta se acercó al animal, paso a su lado buscando al muchacho quien se acercaba con otro caballo. Este estaba equipado distinto, cubierto en su totalidad con una armadura gris con pinturas de rosas amarillas. Era el caballo del general Misawa; no había duda, el estaba a punto de salir y Luka debía desaparecer antes de que el se acercara.
-Oh Luka- saludó Shinji- ¿Vas al mismo lugar que el general?
-No. Ya te dije que voy al puerto. Él aun no ha salido, ¿cierto?
-No, solo pidió su caballo. No sé para que.
-Bueno, tal vez tiene una encomienda real- dijo la sirvienta mientras se subía al caballo. –Todos sabemos que es la mano derecha del rey.
-Eso es verdad. Quisiera estar en su lugar.
-Cree en lo que te digo, no quieres eso para ti Shinji. Volveré tarde, deja el establo abierto.
Luka, la sirvienta de rosa salio a veloz trote de los limites del castillo y se escondió detrás de uno de los edificios mas cercanos; era el escondite perfecto, podía vigilar la entrada al palacio sin ser detectada, aunque la presencia del caballo dificultaba el mantenerse en silencio. Decidió disfrazarse en ese momento, más tarde le siria difícil. Se quitó su traje de sirvienta, lo dobló y dejó en el suelo, a un lado de la construcción que la ocultaba. Sacó un listón rojo de entre sus ropas, con el cual recogió su largo cabello; también se hizo con la larga e improvisada bufanda que guardaba en su pecho, la enredo en su rostro, a modo de que solo fuesen visibles sus ojos. Ya disfrazada, siguió esperando al general Misawa, quien no tardó mucho tiempo en salir velozmente del palacio.
La sirvienta dejó pasar cinco minutos, tiempo suficiente para seguirlo sin que el se diera cuenta, además de seguirlo por un camino paralelo por detrás de los edificios para evitar las sospechas. El recorrido fue largo, cruzaron la ciudad en toda su extensión hasta salir de esta. Ya en campo abierto, Luka se vio forzada a dejar que el general se adelantara aun más, pues la ausencia de edificios tras los cuales esconderse la delataría pronto. El recorrido se extendió hasta la entrada al bosque de Kaai. Ahí se detuvo el general Misawa Kurogana; bajó de su caballo con el bulto en sus brazos. Con sumo cuidado lo dejó en el suelo; dio unos pasos por la zona, tal vez con el fin de cerciorarse que nadie lo veía.
Fijó su mirada en el pequeño bulto que era el recién nacido Len; su mano temblaba al acercarse al mando de la espada, no estaba seguro de la decisión del rey Gakupo, pero debía cumplir sus ordenes, el era su hombre de confianza y su deber era cumplir con los mandatos del rey. Finalmente se armó de valor, empuño su espada y la desenvaino. Sujetándola con firmeza la elevó por encima de la cabeza del niño; quería provocarle una muerte rápida, sin mucho dolor y el cuerpo no sería problema alguno, la sangre atraería a los lobos que habitaban en el bosque. Ya estaba listo para atacar, solo debía hacer bajar la afilada hoja sobre el niño y acabaría con todo. De pronto sintió un intenso dolor detrás de su cabeza; una piedra de tamaño considerable lo había golpeado detrás de su oído derecho, lo cual lo dejó aturdido e hizo que soltara su espada. En su mareo, sintió que una fuerza lo jalaba del cuello de la armadura y azotaba contra el suelo; ya derribado, sus ojos solo pudieron ver una oscura figura que sostenía otra roca con la cual golpeo su cabeza, dejándolo inconciente.
La figura del misterioso atacante se alejó del cuerpo de Misawa. Con delicados pasos se acercó al bebe, lo tomó en sus brazos y lo abrazo.
-Len, estas bien- dijo la femenina voz de la figura oscura.- Te voy a poner a salvo, te lo prometo.
Comenzó a caminar rumbo a un árbol, donde estaba un caballo esperándolos. Pero, al pasar por el costado del general Kurogane, algo detuvo su marcha. El militar no había quedado desmayado como la agresora pensó, le sujetaba con fuera uno de sus pies para no dejarla ir.
-¡Deja a ese niño!- ordenó Misawa, jalando el pie de su agresora para hacerla caer. Ella logró darse la vuelta en el aire para caer sobre su espalda y no lastimar al pequeño Len. –Así que… eres tan valiente como para atacar a un general con rocas. Defiéndete de cerca cobarde.- decía mientras se reincorporaba.
Su agresora apenas se ponía de pie cuando el ya estaba detrás suyo. Con sigilo, tomó el cuchillo que estaba amarrado a su brazo izquierdo y de un rápido movimiento lanzó una cuchillada hacia atrás, hiriendo en el pómulo derecho al general. Pero aun con la fuerte hemorragia, el oficial del ejército del País Amarillo pudo sujetarla del cuello para evitar que se fuera.
-Estas cometiendo el error de tu vida. Vas a morir aquí mismo.- rugió Misawa.
De un tirón dejó a su atacante en el suelo de nuevo, perdiendo este tanto el cuchillo con el que se defendía y al bebe, que callo de sus brazos y rodó unos centímetros. Los gritos de Kurogane y la caída provocaron el llanto del pequeño, que rompía el silencio de aquel bosque.
-Veamos quien esta detrás de esta mascara- dijo completamente molesto.
-¡No, espere!- dijo la mujer, pero ya era tarde, Misawa ya le estaba quitando su bufanda, dejando al descubierto su rostro.
-No puede ser… ¡tú! ¡Luka!- mencionó sorprendido. -¡¿Cómo puedes traicionar así al reino? ¡A tu rey!
-¡Yo no estoy traicionando a nadie!- se defendió la sirvienta -¡Quiero salvar la vida del príncipe!
-¡Este niño no debería existir!
-¡Y no es culpa suya nacer!- gritó encolerizada Luka, la desesperación del momento había provocado que unas lagrimas rodaran por sus mejillas. –La reina quiere que el siga vivo, y yo le prometí que me en cargaría de eso. No me importa lo que tenga que hacer para cumplir sus deseos, ¡no me importa! Si eso es lo que quiere- decía mientras tomaba la espada que estaba atada a su pierna. –Yo se lo cumpliré.
Misawa había enmudecido, y no solo su mirada cambio, también su expresión y manera de pensar sobre Luka. No perdía de vista a la valiente mujer que tenia frente a el, a pesar de ser solo una sirvienta y no saber usar una espada, estaba frente a él, interponiéndose entre su arme y el bebe.
-La reina. ¿Ella te ordenó cuidar de su hijo?
-Si. Ella quiere que su hijo quede con vida, no le importa si no lo puede ver, solo desea su bien estar.
-¿Cómo se que no mientes, mujer? Esto podría ser una venganza tuya contra e rey.
-Él no me importa. Yo solo quiero cuidar al pequeño Len y darle tranquilidad a mi reina. ¿Qué piensa hacer ante eso general? ¿Acaso va a desobedecer a la reina?
-Las órdenes de nuestro rey Gakupo III son más importantes.
-Es increíble lo ciego que puede ser usted. ¿Acaso no lo entiende? El niño que piensa asesinar es hijo de los reyes, la sangre real corre por sus venas. Si su espada se mancha con su sangre, sería como apuñalar al rey o a la reina; estaría atacando a la familia real y eso es una traición que le costaría la vida general.- Seguía hablando la valiente mujer. –Los soldados dicen que usted es un hombre misericordioso a pesar de todo, que su mandato era dejar vivo a todo niño, mujer y anciano. ¿Qué diferencia hay entre los niños de los reinos enemigos y el hijo del rey? Creo que debería inclinarse a defender al príncipe de su país.
-Nunca creí que, de todas las mujeres en el reino, serías tú, una simple y abnegada sirvienta, la que me desafiara. Tienes mis respetos mujer, algo difícil de ganar.- Misawa miro al bebe. –Yo también creo que… el rey está en un error en esta decisión, pero mi lealtad hacia él me impide contradecirlo.- dijo mientras guardaba su espada. –Baja el arma Luka, no impediré que te lo lleves. Pero debes medir muy bien tus movimientos y no ser descubierta; si esto falla, no te apoyare en nada.
-Quiera o no general, usted ya esta involucrado en esto.
-Por eso no debes fallar, si te descubren, también la reina y yo sufriremos las consecuencias- recalcó Kurogane mientras montaba su caballo. -Espero tengas todo bien planeado. Suerte Megurine Luka.- se despidió y emprendió el camino de regreso al palacio, dejando a Luka y al bebe solos.
La sirvienta de rosa decidió pasar la noche en una posada, lejos del palacio. No podía arriesgarse a entrar con Len en la residencia de los reyes, corría el riesgo de ser atrapada. La mayoría del tiempo pensó en que hacer ahora, debía huir a su pueblo natal, pero no sabía como lograrlo; resultaría sospechoso desaparecer de pronto, y muy peligroso por dejar a Misawa herido y su comportamiento sospechoso con Shinji. Se quedó dormida durante la madrugada tratando de encontrar el modo de escapar.
Ya había amanecido, los primeros rayos de sol se colaban por la ventana del modesto cuarto donde se hospedaba. Abrió lentamente los ojos para encontrase con el sereno rostro de Len. Como si ese niño la hubiere iluminado, llegó a su mente el plan perfecto para huir.
Se apresuró a abandonar la posada y fue directamente al monasterio, donde entregó al niño a las monjas para que lo cuidasen únicamente dos semanas, bajo la falsa orden de la reina de no dejarlo tener contacto con nadie mas que ellas. Confundidas por el mandato de Kagamine Lily, las monjas no pudieron hacer más que aceptar la comisión y cuidar del pequeño. Horas después, Luka regresó por fin al palacio.
Los días pasaron normalmente, con la atención de todo empleado del palacio en los cuidados de la princesa Rin. Una falsa felicidad llenaba a la familia real: Gakupo se mostraba de muy buen humor, tal que incluso trataba bien a los sirvientes. Lily, por su parte, estaba más tranquila, totalmente interesada en atender a su hija a tal grado que n varias coacciones amenazó con despedir a todo sirviente que se acercara a las dos cuando estuviesen juntas; conocía a la perfección el plan de su fiel sirvienta y, aunque le entristecía un poco el hecho de no poder ver a su propio hijo, se alegraba de saber que el estaba con vida.
Misawa había continuado con su rutina de entrenar a los soldados y pasar largas horas jugando ajedrez con el rey. Llamaba la atención la seria herida que tenia en su rostro, provocada por el cuchillo de Luka aquella tarde en la que rescató a Len, pero el decía que fue provocada por un grupo de lobos que, alterados por la sangre del bebe, también arremetieron contra él.
Por su parte, Luka seguía sirviendo normalmente a la reina, aunque se tomaba unos descansos para visitar a Len en el monasterio.
Las dos semanas se cumplieron finalmente y era momento de actuar. Con una carta manuscrita, la sirvienta de rosa se acercó a los reyes para hablar seriamente con ellos.
-Tu madre está enferma- dijo Gakupo al terminar de leer la epístola. –Y supongo que buscas el permiso para cuidar de ella.
-Si su majestad. Parece que mi madre ha caído enferma durante su embarazo. Si no les parece una molestia, me gustaría ausentarme un tiempo para poder asistirla a ella y a mis hermanos.
-Eres una muy buena hija, Luka. Tú madre debe estar orgullosa de ti.- le dijo Lily, quien ya sabia a la perfección que todo era una mentira. -¿Qué dices Gakupo? Debemos dejarla ir.
El rey tardó unos segundos en responder. Dio un suspiro y le entregó la carta a su esposa.
-Has lo que gustes Lily, ella es tu sirvienta personal. Yo no tengo nada que ver en esto. –dijo con una actitud seria y se retiró.
La reina y la sirvienta se miraron fijamente, no pudieron ocultar su alegría ante la facilidad que les acababa de dar Gakupo. Sonrieron felices y se abrazaron. Sin perder el tiempo, Luka corrió por sus pocas pertenencias mientras Lily mandaba preparar una carroza. Sin importar el resultado, el barco en el que viajaría la sirvienta ya le esperaba. Cuando todo estaba listo para dirigirse al puerto, las dos amigas salieron del palacio rumbo a los establos, donde las esperaba, para sorpresa de ambas, el general Misawa Kurogane.
-General Misawa- dijo atónita la reina. -¿Qué está haciendo aquí?
-Me temo que sería un error dejarlas ir con alguien ajeno a nuestros asuntos, podría informar al rey.
-Tiene razón general. Muchas gracias por apoyarnos en esto.- le respondió Luka.
-Como te dije antes, los tres estamos involucrados. ¿A dónde piensan ir?
-Nos dirigimos al convento para sacar a mi hijo de ahí. Después iremos al puerto donde Luka tomara el barco rumbo a su pueblo.
-Será mejor darnos prisa, nadie debe vernos salir del convento con un niño.
-Misawa, tengo todo planeado.- dijo mostrándole una canasta de buen tamaño.
Partieron entonces rumbo al monasterio. La carroza era conducida por Misawa quien cubrió las ventanas con unas cortinas negras para ocultar a la reina. En su interior, la melancolía se apoderaba de Lily y Luka; comenzaron a recordar los buenos tiempos que compartieron juntas, desde aquella tarde en que se conocieron en la plaza central. Un año antes de casarse con Gakupo, Lily paseaba con un grupo de guardias por el pueblo para pasar el tiempo; llegaron a la plaza y ahí se quedaron un tiempo, mirando el espectáculo de unos artistas callejeros. De pronto, los gritos desesperados de una niña llamaron la atención de la noble. Se alejó del grupo de guardias hasta llegar a un pequeño callejón, donde vio a un grupo de bandidos atacando a una niña de cabello rosa quien no soltaba una vasija de oro. La mujer rubia llamó a sus guardias y al instante, arremetieron contra el grupo de malhechores, rescatando a la niña.
Agradecida, la pequeña ofreció sus servicios a su salvadora, explicándole que había viajado desde el pueblo de Yue para buscar trabajo. La muchacha, que se hacia llamar Megurine Luka, fue del agrado de la joven Kagamine quien la contrató al instante como su sirvienta personal. A partir de ese día, ambas pasaban la mayor parte del tiempo juntas teniendo algo mas allá que una relación entre sirvienta y ama; más bien era una relación de amigas.
Llegaron al convento, donde la madre superiora ya esperaba a Luka con el bebe en brazos. Sin decir más que gracias, la sirvienta lo tomó y regresó rápidamente a la carroza. Siguieron su camino hacia el puerto, que no estaba lejos.
Durante el trayecto, la reina Lily se dedicó a cargar a su hijo. Sería la última vez que lo vería en mucho tiempo y nunca podría confesarle que eran madre e hijo. El solo pensarlo llenaba de tristeza a la reina, pero le reconfortaba el pensamiento de ver, algún día, a su hijo como un hombre adulto, quizá, sirviendo al reino.
-Llegamos al puerto. El barco espera Luka.- dijo Misawa, abriendo la puerta de la carroza. –Te ayudare con el equipaje.
-No hace falta general, mejor quédese a proteger a la reina.- respondió. Se volvió para ver a la reina abrazando a su hijo. –Mi… mi reina. Lily… es hora.
-Si… si ya voy.- contestó con un nudo en la garganta. –Len, hijo mío. Es hora de separarnos. Te prometo que vas a estar bien, Luka cuidara de ti. Estarás en buenas manos Len.- inevitablemente, las lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos. –Te amo hijo mio, te amo Len.- Lo besó en la frente, abrazó por ultima vez y se lo entregó a la sirvienta, para que lo acostaran en la canasta.
Ambas bajaron del carro. Luka únicamente cargaba con un saco donde estaban sus pertenencias personales y la canasta en la que, bajo varias sabanas, estaba dormido el pequeño Len. La reina, que llevaba puesto un vestido mas discreto a los que acostumbraba usar, había cubierto su cabeza con una capucha que apenas la dejaba visible.
Se dirigieron lentamente al barco de madera que esperaba únicamente a la sirvienta de rosa. La tripulación era de únicamente cuatro personas, para un viaje de tres días; todos elegidos personalmente por la reina. En cuanto vieron a Luka acercarse, bajaron a ayudarla con su equipaje, llevándose únicamente el saco.
El capitán dio la orden de levar anclas cuando la única pasajera había abordado. Ella se quedó parada en cubierta, sosteniendo la canasta con fuerza. Miraba fijamente a la reina a quien sirvió por tres años, pero era más que su ama; era su mejor amiga, aquella que le ayudo desde su llegada y ahora, se separaban.
El barco inicio su marcha. Con lentitud abandonaba el puerto, separando cada vez más a las dos amigas. En el puerto, la reina pudo resistirse al impulso de llorar. Deteniéndose en el hombro de Misawa, se despidió de su mejor amiga y de su hijo.
-Mi reina. Confíe en Luka, ella sabe lo que hace.
-Todo esto lo hace por mi- lograba decir. –Se lo agradezco tanto, tomar este riesgo por mí sin que se lo pidiera.
-Ahora entiendo el afecto que se tienen la una a la otra. Ella regresara.
-Lo se Kurogane, y estaré esperando su regreso.
Luka no pudo soportarlo y comenzó a llorar al notar la distancia entre ella y la reina.
-Todo estará bien…- decía en voz baja. –Te cuidare muy bien, como mi hermano. Lily… te prometo regresar pronto.
