Nota: En un aviso les digo que en esta historia, el deporte que se destacará es el fútbol, pero el soccer, el de pasto, el que de verdad se juega con los pies. No sé de dónde me surgió la idea, quizás es porque soy una aficionada a morir de ese deporte. Pero bueno, dejando de lado eso, espero que les guste este nuevo concepto que voy a adquirir en la historia. Sin más, adelante.
3.
Kendall se llevó una mano a la nuca.
Aquello era tan vergonzoso.
"Yo…De verdad lo siento mucho…" Le extendió la mano libre ofreciéndole su apoyo, pero el otro joven se negó.
Bien hecho, Kendall.
"¿Pero quién te crees tú?" Se levantó lentamente el moreno y cuando pudo, se puso -o intentó poner más bien- a su altura. "¿Qué?, ¿porque son nuevos ya tienen prioridad?" Le miró desafiante. "Déjame decirte que eso, si eso que tienes en tu cara" Hizo un ademán con su larga, fina y delgada mano para indicar que hablaba de algo en él. "Se llaman ojos," Bajó su mano. Kendall quería contestar, pero no encontraba las palabras adecuadas, además, su garganta estaba cerrada y su boca se encontraba seca. Antes de que pudiera si quiera parpadear, el otro muchacho rompió su distracción. "Serán verdes y muy bonitos. Pero no los tienes de adorno." Esta vez, el moreno entrecerró sus ojos y continuó con el asalto hacia el rubio. "Sirven para ver por dónde caminas, y así evitar chocar con las personas y hacerlas caer sobre el suelo…"
El rubio había dejado de prestar atención. Ni siquiera se había percatado de que le estaban agrediendo verbalmente, que lo que le estaban diciendo en definitiva no era un gesto de bienvenida.
En lo que sus grandes ojos verdes estaban enfocados era en esa persona parada frente a él.
Me dijo que tengo bonitos ojos.
El chico, tenía la piel blanca de una tez muy pálida, y de lejos se veía que era suave al contacto. Un cabello de color café oscuro casi confundido con negro, peinado hacia arriba -"¿Cuánto spray habrá utilizado?" se preguntó-, unas cejas delicadas casi escasas, unos ojos grandes y de un color chocolate opacados por unas ligeras marcas debajo de ellos. Estaba vestido con una playera de algodón blanca de manga con corte normal y debajo de ella otra igual pero a color negro y a manga larga hasta sus manos, terminando con un pantalón holgado y suelto de color negro -llevaba unos converse, nada importante por nombrar-, pero había algo que definitivamente sí era importante mencionar -imposible de pasar por alto-, era su notable y extrema delgadez que a pesar de la ropa, aún se alcanzaba a apreciar.
El chico era demasiado pequeño, pero parecía que de edad hasta podía ser mayor que él. Su rostro era firme y sus ojos demostraban madurez.
Una madurez que a esta edad, uno no debería tener. Esos ojos le recordaban a los de alguien que ya había pasado por muchas cosas en la vida. Casi iguales a los que tenía un hombre de la edad de su padre.
"Perdona, ¿qué decías?" Preguntó el rubio al terminar de escanear al otro joven.
No era cortés que se pusiera a juzgar a alguien que acababa de conocer.
"Que eres un idiota, eso dije." El oji-verde frunció el seño ligeramente. Ouch. Kendall hizo una mueca.
El moreno solamente negó con la cabeza y se puso de rodillas sobre el suelo, para recoger las cosas que se le habían caído durante el encuentro.
El rubio salió del trance en que se encontraba y volvió a prestarle atención a la situación.
"Heh te ayudo." Kendall imitó el acto del moreno poniéndose de rodillas a su lado y se dispuso a ayudarle yéndose por el cuaderno de un llamativo color rojo.
"Deja eso, puedo hacerlo por mí mismo…" Le regañó. "Al menos yo sí se usar mis extremidades." El comentario parecía haber sido mencionado para hacer quedar como un tonto al rubio por su falta de atención, pero más tonto quedó él mismo cuando Kendall no pudo evitar que un pensamiento vago y sucio se cruzase por su mente. Hizo una mueca de incredulidad y desagrado mostrando un gesto gracioso ante los ojos de Kendall en el repentino cambio. "Ugh, eres un sucio." El más bajo le dijo cuando pudo entender el porqué de la sonrisa vaga de su acompañante.
Y levantándose con torpeza se fue a prisa, sin dirigir la vista hacia atrás, dejando a un Kendall perplejo ante la increíble rareza suya.
Lo que Kendall no pudo notar fue el pequeño sonrojo que se había aparecido en el moreno, haciéndole olvidar un cuaderno rojo, que decía "Álgebra V" en letras negras y con una caligrafía fina.
"¿Qué es esto?" Pensó Kendall tomando el cuaderno en sus largas manos.
Con su dedo pulgar trazó las letras que se encontraban en el centro.
::
Habían pasado ya varias horas desde su encuentro con el moreno.
Kendall sabía que no debía de juzgar a alguien que ni siquiera conocía, pero no podía evitarlo. Todo por parte del moreno llamaba la atención.
Desde su extraña actitud, hasta su delicada situación.
Había algo que no encajaba. Era completamente inusual-
Pero sus pensamientos fueron toscamente interrumpidos debido a que alguien se hizo presente, rompiendo el silencio de una manera repentina.
"Hola." Un joven de su misma edad, de una estatura media, de una piel morena, y con el cabello negro y liso -muy diferente al del muchacho de antes- se sentó en el asiento libre que estaba a su lado. "Me llamo Carlos García. Y tu eres…" El presente hizo un movimiento como en señal para que el rubio continuase.
"Kendall Knight." El rubio sonrió cálidamente, apreciando la amabilidad del extraño hacia él.
"Gusto en conocerte, Kendall." El le devolvió la sonrisa. "Eres nuevo aquí. Así que supongo que no te molestaría un poco de compañía."
El rubio se encogió de hombros.
"No, por supuesto que no."
"Qué bueno." Su sonrisa se agrandó y se puso cómodo. "Por que te he estado observando desde que llegaste y me pareció que eres una buena persona."
Kendall no pudo evitar que se le escapara una risilla burlona.
El chico era agradable y divertido, se veía que tenía una confianza muy grande en sí mismo y no le importaba lo que pensaran los demás. No tenía miedo de tomar riesgos. Y eso a Kendall le encantaba.
"Y pues, ¿que me cuentas Kendall?"
"No mucho." Kendall se relamió los labios, preparándolos para un pequeño discurso. "Tengo dieciocho años, me acabo de mudar de Minnesota, vivo con mi mamá y mi hermana, me gusta mucho el practicar deportes, sobre todo el fútbol soccer y el hockey.
"Woo hoo. ¿Soccer? A mí me encanta el fútbol." El latino expresó de una forma animada y llena de energía.
"Hablando de eso, yo apoyo al Real Madrid, así que, si eres del Barcelona, ni me hables." Kendall dijo con un gesto serio y esperó a ver la respuesta de su compañero. Cuando vio que el pequeño latino frunció el seño fue cuando ya no pudo evitarlo. Kendall soltó una carcajada burlesca. "Hahaha, ay, deberías haber visto tu cara, hahahaha-"
Carlos, sin encontrar gracia, puso una expresión seria, la cual hizo que Kendall se parara de reír.
"Sí, sí, muy gracioso güerito." A esto Kendall dejó de sonreír.
"Ahh, no te creas, sólo te estoy vacilando. No me importa a qué equipo le vayas." Kendall se encogió de hombros pero aún así Carlos no cambió su expresión.
Por un momento, Kendall pensó que había arruinado la buena conversación -y el pequeño progreso- con esta nueva persona.
Después de unos segundos, el latino rompió el silencio:
"Para tu buena suerte, también le voy al Real Madrid. Pero por ser un maldito, me niego a que veas los partidos conmigo." A esto, Carlos sacó su labio inferior intentando fingir dolor.
"Ohh vamos." Kendall chocó su hombro con el de él dándole un leve empujón.
El latino sonrió.
"Está bien, asunto olvidado."
Kendall volvió a sonreír.
"Me agradas. Estoy seguro que le agradarás también a mis amigos." Kendall le dio una ligera sonrisa. "Son buenas personas, no tan increíbles como yo, pero hacen el intento." Ambos rieron.
Si esos chicos eran mínimo la mitad de lo amigable que Carlos era, entonces Kendall estaría seguro de que también le iban a agradar.
Su plática se vio interrumpida por el sonido de la puerta que se abrió y dio paso a una mujer de una edad un poco avanzada y con unas enormes gafas.
"Alessandra Houston. Maestra de Historia Universal Contemporánea." Carlos le susurró al oído y Kendall asintió con la cabeza.
Cuando la señora comenzó a hablar, Kendall soltó un ligero suspiro. Era la primera clase y sus párpados ya se sentían pesados.
Genial.
::
"¿¡TIENEN UN EQUIPO DE FÚTBOL PROFESIONAL!?" Preguntó Kendall sorprendido ante la noticia.
"Ay Kendall cállate, no necesitas alzar la voz." Le regañó Katie con un tono de irritación.
"Y tú no necesitas estar aquí." Se defendió.
La de cabello castaño estaba a punto de contestar, pero se quedó con la boca abierta ya que fue interrumpida.
"Ya, no se peleen." Intentó calmarlos Carlos con una sonrisa juguetona en sus labios. Ésos dos eran increíbles. "Y sí Kendall, en efecto, tenemos un equipo de fútbol." El rubio sonrió mostrando todos sus dientes ante las palabras mencionadas.
"No le hagas caso Carlos…" Hizo un ademán con su mano para que el moreno le restara importancia. "Y dime, ¿Qué tengo que hacer para entrar?" La sonrisa no se borró del rostro de Kendall.
Carlos se aclaró la garganta.
"Bueno, el profesor de Educación Física escoge a los mejores de la clase y los lleva a hacer pruebas para el Equipo Profesional que él maneja." Explicó el latino con una sonrisa.
"¿De verdad es un equipo profesional?" Parpadeó impresionado.
"Por supuesto, en sus manos está el lograr que el Arsenal Football Club ascienda de nuevo a la Premier League". Guiñó su ojo izquierdo. ¿EL ARSENAL FC? Pensó Kendall.
"Es una lástima que haya descendido, ¿no?" Exclamó con tristeza el otro moreno -de una complexión llamativa- incluyéndose en la conversación después de un rato. James se llamaba. Recordó Kendall.
Ambos asintieron con la cabeza.
"Pero-Pero estamos en otro continente. En Estados Unidos. ¿Cómo es que jugaríamos en un equipo Inglés?"
"Ése es el punto." Carlos le guiñó un ojo. "Mira, los partidos de pretemporada los juegan aquí, en Estados Unidos. Si juegas bien en clase, te llevan a hacer pruebas. Si juegas bien en la pretemporada, es casi seguro que te lleven al primer equipo." Kendall parpadeó en shock. "Sí, el primer equipo que bajó a segunda división. Pero vamos. No es un equipo cualquiera. Es obvio que subirá en un dos por tres."
"Es el típico truco de revelación de talentos." James terminó por Carlos.
Mientras tanto, Katie los miraba con ojos confusos. No entendía nada.
"Ay no, yo de fútbol no se nada. Mejor me voy de aquí, adiós." Se despidió y se levantó arrastrando la silla hacia atrás de un solo jalón y se fue sin mirar atrás.
James y Carlos solamente se observaron con confusión.
"Heh, no le hagan caso." Les recordó de nuevo con una sonrisa nerviosa. El latino se encogió de hombros y el rubio se dispuso a tomar más de su Coca-Cola que aún no estaba terminada.
Los tres se quedaron callados y continuaron ingiriendo el resto de su comida. Kendall comía a un ritmo más lento que los otros dos. Y es que aunque no lo quisiera reconocer, en su mente aún seguía cierto chico bajito y de un cabello negro y oscuro que resplandecía con la luz del sol.
¿Resplandecía con la luz del sol? ¿Es en serio, Kendall? ¿Desde cuándo te volviste tan cursi? Kendall se regañó a sí mismo.
El rubio frunció el seño y soltó el tenedor, dejándolo caer sobre el plato de espagueti y haciendo la charola a un lado. Kendall decidió que ya no tenía apetito.
"Ya terminé." Respondió a las miradas de sus otros dos acompañantes. La campana sonó dándoles a conocer que el receso había acabado y que ya se reanudaban las clases. "Y si me disculpan, los dejo. Tengo una clase a la que asistir." Los dos chicos asintieron con la cabeza y el rubio se levantó de su lugar.
Comenzó a caminar en dirección hacia afuera de la cafetería y sacó el papel del horario sin quitar la vista de enfrente.
Todo iba bien, hasta que vio en letras pequeñas el nombre del módulo que se le avecinaba.
Álgebra V.
Ohhhh, bueno. Discúlpenme por haberme ausentado tantos días, lo que pasa es que mi cargador murió & por eso no pude encender mi notebook. Pero ahora sí que actualizaré más seguido. Lo prometo.
Muchas gracias por sus reviews. Significan mucho para mí :)
