Capítulo 4...
Un lunes más en el castillo Hogwarts.
Los ronquidos se sucedían en el dormitorio del Profesor Severus Snape.
Un tenue hilo de luz anaranjada se filtraba entre las cortinas de terciopelo aterrizando en la cara del hombre, estaba amaneciendo.
Cada mañana solía despertarse, puntualmente, por los picotazos que un pájaro carpintero daba en su ventana, curiosa costumbre del animal que llevaba haciéndolo durante años.
Pero hoy sucedería algo distinto...
El pájaro llegaba volando al alféizar de la ventana, como de costumbre cuando, una mano invisible, le lanzó una piedra haciendo que se desequilibrara y cayera en círculos al suelo.
-Lindo, lindo, pajarito...- dijo maliciosamente una voz conocida.
Lentamente el castillo iba despertando, y unas orejas puntiagudas salían de la cocina, acompañadas de un gracioso taconeo, hacia el dormitorio de un Profesor.
Chasqueando los dedos se apareció en la habitación sin necesidad de abrir la puerta.
Descorrió las tupidas cortinas y se acercó a la cama.
En medio de sus sueños, en los que estrangulaba a unos bichos orejones, Severus escuchó un siseo, que se iba haciendo más insistente y fuerte. Abrió los ojos con pereza y se topó con dos ojazos risueños y un par de orejas puntiagudas, era Sabry, la elfina se había subido a la cama (justo encima de él) tratando de despertarlo.
-¡Buenos días Señorito Snape!- Saludó la elfina parpadeando. Como respuesta obtuvo un- ¡Aaagraggh!- fue monumental el susto que se llevó el Profesor.
Severus se incorporó velozmente tapándose con las sábanas y Sabry cayó rodando de la cama al suelo.
-¡¿Pero qué...?!- exclamó el hombre confuso estirando el cuello para observar a la elfina que estaba poniéndose en pie.
-¡Caramba Señorito Snape! ¡Que impulsivo es usted!- expuso la elfina sin dejarlo terminar de hablar- Sabry ha venido a traerle el desayuno al Señorito Snape, tal y como le pidió el Señorito Snape a Sabry- Chasqueó los dedos y apareció una bandeja con comida sobre la cama.
-Pero yo no te pedí que me lo sirvieras en el dormitorio- dijo Severus recuperando su habitual tono serio de voz.
-Ay, no se excuse Señorito Snape, Sabry sabe muy bien lo que tiene que hacer- se subió a la cama y empezó a mezclar leche y café en una taza.
El hombre quedó pensativo por un momento- Si Albus estuviese aquí me volvería a decir eso de que me ha salido el tiro por la culata...- cogió una tostada y mientras la untaba con mermelada de menta preguntó en voz alta- ¿Qué hora es Sabry? Supongo que todo el personal ya debe estar desayunando en el Gran Comedor...
-No, no, Señorito Snape- contestó la elfina ofreciéndole la taza de café con leche- el Señorito Snape es el primero en desayunar, los demás aún deben estar en sus dormitorios levantándose.
-Entonces...- Severus quedó extrañado- ¿Por qué no habrá venido el pájaro carpintero a despertarme...? ¿Le habrá pasado algo?
-No se preocupe Señorito Snape- dijo la elfina algo nerviosa- ya sabe como son esos animales, estamos en primavera y seguro que ha encontrado una amiga con la que hacerse un nido (Sabry le guiña un ojo a las lectoras/es).
-Sí, supongo que eso será...- contestó el Profesor distraídamente sin darle más importancia al asunto.
-¡¡AAARGAGGRRGAAAHH...!!- un grito de histeria los sacó de su tranquilidad.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó la elfina muy asustada tirándose a los brazos de Snape.
Severus se levantó con brusquedad, tirando de nuevo a Sabry al suelo, se puso una bata y empuñó su varita. Seguido de la elfina salió al pasillo.
-¡¡SACRILEGIOOOO!!- los gritos provenían de un dormitorio cercano.
Avanzaron raudo pero sigilosamente.
-¡¡IIIAAAAAAAHH!!- Snape reconoció la voz, era Dumbledore.
Se paró frente a la puerta del dormitorio del anciano y, un instinto animal, hizo que tirara la puerta a bajo de una patada olvidándose de la magia.
Al entrar vio a Minerva en camisón con unas tijeras en la mano, y al Director en el suelo abrazado a una mata de "lana".
-¡¿Albus, qué ha pasado?!- preguntó Severus consternado, mirando la habitación con detenimiento mientras que Sabry se escondía bajo los faldones de su bata.
-Ple... ple... bla...- el anciano balbuceaba sin decir nada claro.
-Yo te lo diré- intervino Minerva cogiendo a su marido del brazo y levantándolo- ¡Se acabó lo que se daba!
El Profesor cambió su cara de espanto por una mueca de irónica felicidad.
-¡Le he cortado la barba!- concluyó Macgonagall.
-¡Me has atacado a traición, Mujer infame!- Albus señaló a su esposa con el dedo- ¡Has aprovechado que estaba durmiendo para acabar con lo que yo más quiero!
-Se supone, que lo que más quieres en este mundo soy YO- inquirió Minerva en forma de reproche.
-¡NADA tiene que ver una cosa con la otra, MUJER!- el anciano se agachó a recoger lo que una vez fue su barba- ¡Quiero el divorcio!
-Eso no te va a servir de nada- dijo la Mujer pausadamente alzando las tijeras- no pienso moverme de aquí, siempre estaré cerca de ti, y cuando vuelva a crecerte la barba allí estaré yo para cortarla.
-Tú siempre al acecho- reprochó Dumbledore agitando el lío de pelos en su mano- solo quieres amargarme la existencia...
-¡Por supuesto! Recuerda que por algo me casé contigo- contestó Minerva divertida.
-Tal vez sí debiste irte con el "Burro de Borrás"- refunfuñó Albus mirando a los ojos de su esposa.
-Tal vez... Tal vez él si valorara lo que yo hago por ti- contestó Mcgonagall acercándose a su marido- No te das cuenta del miedo que pasé ayer cuando te atragantaste con esa odiosa barba... y ya no te acuerdas de las veces que te has despertado medio asfixiado porque la barba se te había enredado en el cuello... No, claro que no, tú solo piensas en lo mucho que decora esa bola peluda, pero yo no voy a consentir que sufras ni un solo accidente más por culpa de un capricho idiota- la Mujer dio media vuelta entrando en el cuarto de baño y cerrando la puerta gritó- ¡Tal vez...!
Albus se quedó perplejo ante las palabras de su esposa, casi lo mata del disgusto pero tenía razón. Miró a Severus en busca de consuelo y preguntó- Y ahora... ¿Qué hago?
Severus arqueó una ceja- Tú... no se, pero yo creo que me voy a reírme un rato- salió del dormitorio e hizo levitar la puerta que seguía en el suelo.
La elfina lo siguió y antes de que la puerta quedara cerrada dijo- Ánimo Señor Director, si hasta parece más joven Señor Director.
Por los pasillos de Hogwarts resonaban unas exageradas carcajadas, Snape sintió que iba a tener un buen día...
Continuación...4.1
-Profesor Snape ¿Para que sirven los polvos bermellón?- preguntó una alumna de 6º curso levantando la mano.
-Señorita Lohan, diez puntos menos para Gryffindor por no haber atendido en la clase del pasado viernes- sentenció Severus sonriente- su duda quedó explicada en clases anteriores, no obstante, responderé de nuevo a su pregunta- después de haber visto a Albus humillado por Minerva, quitarle puntos a Gryffindor era lo que más le había satisfecho aquella mañana- los polvos bermellón se emplean en delicadas pociones, como la que estamos elaborando hoy, camuflando el gusto amargo por otro más dulce pudiendo pasar, por ejemplo, por cualquier vino floral.
La alumna refunfuñó pero se arriesgó a volver a preguntar- ¿Pero no hay ningún riesgo de que los polvos bermellón alteren el resultado de la poción adrenalítica?
-Quince puntos menos para Gryffindor- Severus sonrió maliciosamente llegando a enseñar los dientes, lo que provocó un rubor entre las chicas allí presentes- "Ejem"- carraspeó su garganta y prosiguió hablando- Señorita Lohan, eso también me consta que está explicado, la poción adrenalítica inhibe a la persona que la ingiere de autocontrol, recibe fuertes descargas de adrenalina dando como consecuencia que ose ejecutar aquellos actos que en circunstancias normales no se atrevería, el hecho de añadir polvos bermellón no implica que la mezcla varíe sus resultados, tan solo el color, el olor y el sabor- Severus dejó de pasearse y se paró frente al escritorio de la alumna- espero Señorita Lohan, que esta vez sí haya prestado atención a mis explicaciones y no vuelva a darme la oportunidad de extraerle más puntos a su casa...
-Sí, Profesor Snape- contestó la alumna con temor.
-Bueno, y ahora continuemos- el Profesor se dirigió hacia la pizarra para anotar el siguiente paso que debían dar para una correcta elaboración de la poción adrenalítica- Introducir vuestras varitas en el caldero y darle tres vueltas a la derecha al líquido que debiera estar de color rojo.
Pero no todos estaban de color rojo... ¡¡BAAAAAAAMM!!
Algún caldero explotó a espaldas de Snape, provocando una reacción en cadena. Un grupo de alumnas que se había empapado con la poción se enloqueció, corrían en estampida por el aula volcando los calderos haciendo que todos sus compañeros quedaran salpicados.
La situación era desbordante, la mayoría de chicos optaron por destrozar cuanto había a su alrededor, cogieron las sillas y las tiraron por las ventanas rompiendo los cristales, arrancaron salvajemente las estanterías de las paredes y quemaron los viejos libros que cayeron al suelo.
A algún que otro chico le dio por bajarse los pantalones y enseñarle el culo a las chicas, pero las chicas sabían bien lo que querían, querían a "ese hombre", y al grito de- ¡¡A POR EEEEEEEEEEEEL!!- en cuestión de segundos Severus se vio sepultado bajo una montaña de rugientes hormonas femeninas.
-¡Señoritas! ¡Señoritas! ¡Porfaagrragh...- los gritos de Snape fueron sofocados por la "Señorita Lohan " que, ahora sin ningún temor, se sujetaba del cuello del Profesor tratando de besarlo y acariciarlo.
Ya no le quedaba ningún rincón de su cuerpo sin haber sido profanado cuando escuchó que los chicos lanzaban un grito de guerra: ¡¡A POR EL MORTÍFAGO!! ¡¡NOS QUIERE ROBAR A LAS MUJERES!!
Los muchachos sacaron sus varitas dispuestos a acribillar a Severus...
-¡¡POR ENCIMA DE NUESTRO CADÁVER!!- gritaron las chicas poniéndose en guardia y liberando al hombre de cabellos grasos.
He aquí la primera batalla campal que Severus presenciaba después de la caída de Voldemort.
Volaban rayos de diversos colores en todas direcciones, algunos alumnos salían disparados contra las paredes o cayendo al suelo, inclusive corrió la sangre.
-Ahora o nunca- pensó el Profesor, varita en mano recorrió la estancia esquivando con sorprendente agilidad algunos hechizos y tumbando a algún chico que intentó detenerlo, llegó al pasillo, cerró la puerta y pronunció cuantos hechizos sabía para impedir que, el mar de hormonas rugientes y la horda de salvajes, saliera del aulario.
Un agradable olor a vino hizo que Albus se apresurara a llegar a las mazmorras olvidando que, en realidad, quería comentarle algo a Snape sobre un pájaro...
-¡¿Pero qué es esto?! ¡¿Qué ha pasado?!- exclamó Dumbledore.
-¡¡TE VAMOS A MATAAAAAAAAAR!!- gritos y más gritos se oían desde el pasillo.
-¡Date prisa!- pidió Snape, que estaba contra la puerta aguantando los golpes de quienes trataban de tirarla abajo.
-¡¡TE VAMOS A COMER A BESOOOOOOOOOOS!!
-Se que últimamente estás de un atractivo muy subido pero esto es demasiado- se burló el anciano al escuchar lo de los besos.
-¡¡SI ME DEJAS SALIR TE HAGO UN HOMBREEEEEEE!!
-¡No es momento para ridículos comentarios!- Protestó Severus- Ha explotado un caldero con poción adrenalítica y están fuera de sí.
-¡¡MORTÍFAGO FEUCHO TE VAMOS A ARRANCAR LOS PELOOOOOOOS!!
-¡Haz algo!- gritó Dumbledore ahora un poco preocupado- ¡Hemos de detenerles!
-¡¡QUEREMOS UN HIJO TUYOOOOOOOOOOOOOOO!!
-¡Imposible!- contestó Snape tambaleándose por un nuevo golpe que le habían dado a la puerta- Si los paralizamos o petrificamos solo retrasaríamos los efectos de la poción, la única forma de que se calmen es dejando que gasten toda la sobredosis de adrenalina que tienen.
-¡¡SABEMOS DONDE VIVEEEEEES, VAMOS A POR TIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!
-¡Pero van a tirar el colegio abajo!- protestó Albus intentando dar con alguna solución.
-¡¡PROFESOOOOOOOOOOR MI CULO LLEVA TU NOMBREEEEEEE!!
-Debemos retenerlos aquí encerrados hasta que se tranquilicen- dijo Severus con una nota de desagrado.
-¡¡EL PROFESOR SNAPE TIENE EL "RABO" MÁS GRANDE DEL MUNDOOOOOOO!! ¡¡YO SE LO HE TOCADOOOOOOOOOOO!!
Severus se puso pálido al oír esto...
Albus sonrió- A sí que... estas son las cosas que tus alumnas piensan y no se atreven a decirte...
-¡¡TE VAMOS A DESPELLEJAR VIVOOOOOOOOOO!!
-Cállate ya...- pidió con desgana el Profesor.
-¡¡VENTE A MI CAMA ESTA NOCHEEEEEEE!! ¡¡VERÁS LO QUE ES UNA MUJEEEEEEEEEEER!!
En lo más profundo de su entendimiento, todo lo acontecido en ese cuarto, a Severus le agradaba. Era la primera vez que se había sentido fuertemente deseado y, aún que no era propio de él dejarse llevar por esos sentimientos (en realidad por ninguna clase de sentimiento), esa sensación de gustarle a alguien con tanta pasión le abría un nuevo cosquilleo por el estómago.
-¡¡TE VAMOS A TIRAR DESDE LA TORRE DE ASTRONOMÍAAAAAAAAAAAA!!
Y acompañados de tan "melódicos" gritos pasaron todo el día hasta bien entrada la noche aguantando la puerta, eso sí, ayudados por las elfinas, que cuando Auri se dio cuenta de que su Señorito Snape no acudía a almorzar, fue a buscarlo y no se separó de él ni un segundo.
Continuación...4.2
De nuevo esos ojos risueños lo despertaron, esta vez no chilló, sería cuestión de empezar a acostumbrarse a ver al bicho orejón cada mañana y desayunar en la cama (esto último no estaba tan mal).
Lo único que extrañaba era su particular despertador, el pájaro carpintero.
-Sabry se preguntaba en qué estará pensando el Señorito Snape- dijo le elfina apareciendo un plato de galletas.
-En el pájaro carpintero que venía a despertarme- contestó amablemente el Profesor tomando un sorbo de café con leche- ya me había acostumbrado a él, después de tantos años...
-El Señorito Snape ya no debe pensar más en ese animal Señorito- dijo, sospechosamente sonriente, la elfina- El Señorito Snape debe reconocer que Sabry despierta al Señorito Snape de una forma más agradable Señorito.
No era tan agradable abrir los ojos y encontrarse con ese mono pelón con ojos de sapo, tomando otro sorbo Severus dijo- Tal vez... Ahora solo espero que se reponga pronto.
-¿Pronto?- la elfina se turbó al oír esto- ¿A caso el Señorito Snape ya sabe donde estaba el pajarito?
-Sí- afirmó el hombre distraído mirando como los rayos del sol entraban por la ventana- Albus me notificó ayer que Hagrid lo encontró en el bosque prohibido oculto en unos matorrales, al parecer debió golpearse contra una rama y quedó inconsciente.
-Aaaaah...- la elfina pensó que tendría que haberlo escondido mejor o haberlo desplumado y cocinado con patatas.
-Bueno Sabry, si no te importa llévate todo esto y retírate- pidió Severus levantándose de la cama- voy a ducharme o se me hará tarde.
-Como usted diga Señorito Snape- la elfina vio como el hombre se metía en el baño dejando la puerta entreabierta, y escuchó como corría el agua. Estaba a punto de irse cuando, un pícaro pensamiento, la abordó, desapareció la bandeja del desayuno y en absoluto silencio y caminando de puntillas se acercó hacia el baño mirando por el hueco que quedó abierto, quería saber si todas esas cosas que gritaron, en el día anterior, las alumnas del Señorito Snape eran ciertas, pero llegó tarde, el Profesor ya estaba en la ducha y la mampara estaba cerrada- Lástima- pensó frunciendo el ceño, chasqueó los dedos y desapareció.
Sin saber por qué, hoy Severus se había levantado especialmente contento hasta el punto que empezó a tararear una canción, se enjabonó todo el cuerpo frotándose con una esponja marina y cuando fue a ponerse el champú se dio cuenta de que el bote estaba casi vacío- ¡Sabry!- llamó el hombre sacando la cabeza de la ducha, pero nadie le contestó- no importa- pensó masajeándose la cabeza- le pediré a Auri más tarde que me traiga otro bote nuevo.
Se puso el albornoz y se secó la cabeza con una toalla dejando sus cabellos alborotados, parecía un punki, al mirarse en el espejo sonrió recordando cuando Albus lo calificó de rockero.
Se afeitó, se puso desodorante, se echó colonia cuyo perfume era una mezcla entre menta y flores silvestres, después se vistió con una de sus habituales casacas negras y fue a las mazmorras a impartir sus clases de pociones.
La mañana transcurrió sin incidentes a excepción de una cascada de rubores y comentarios entre las alumnas de 7º curso que sin poder evitarlo, desde sus salas comunes, habían escuchado todos los gritos de las chicas del día anterior, pero Snape, satisfecho, se hinchó a quitarles puntos cada vez que las oía murmurar.
Se acabaron las clases, terminó de corregir algunas tareas en su despacho (a la mayoría les puso un trol)- ¡Qué bien me siento hoy!- musitó el Profesor encaminándose al despacho del Director para almorzar y seguir indagando en los fan fics muggles.
-¡Buenos días Albus!- saludó Snape abriendo la puerta- ¿Qué tal la mañana?
-Pues bien, bien a fin de cuentas- contestó Dumbledore mirando como el "joven" de 46 años se sentaba a su lado- Al fin me he reconciliado con Minerva...
-Te felicito- dijo Severus moviendo el ratón de un lado hacia otro.
-¡Qué remedio!- exclamó el anciano encogiéndose de hombros- Esta mujer... me ha obligado a dormir toda la noche en una vieja silla destartalada.
Snape sonrió con un aire vengativo- Te recuerdo que eres mago, podrías haber hecho aparecer una cama.
-Por supuesto... El problema ha sido que Minerva también lo recuerda- dijo Albus cerrando los ojos con pesar- por eso me quitó la varita y me advirtió que nada de trucos o a la próxima me corta el cabello.
Severus lo miró directo a sus ojos grises y estalló en carcajadas (sin soltar el ratón).
Albus se sorprendió un poco de la reacción de su muchacho y con algo de indignación le preguntó- ¿Cuál es esa catástrofe tan grande que ha pasado... para que estés de tan buen humor?
-Ay Albus... en verdad no ha pasado NADA- dijo el Profesor poniendo énfasis en la última palabra.
-¿NADA?
-Nada de nada... Ningún accidente, ninguna caída, ninguna explosión, no me han amenazado ni dado gritos y por si fuera poco- Snape parecía muy contento, había pasado unos días muy "ajetreados"- me he pasado la mañana entera sustrayéndole puntos a Gryffindor.
-¡Ah!- exclamó el Director- Ya entiendo tu felicidad.
-¿En que fic nos quedamos?- preguntó Severus aproximándose a la pantalla del ordenador.
-Fue aquel de las cruzadas- dijo el anciano con simpleza.
Snape arqueó una ceja tratando de adivinar que le estaban diciendo- A ti sí que se te cruzan los cables...
-¡Hum! Se lo que digo- protestó el hombre de pelo blanco levantando un dedo- era un "pan chim"...
-¡FAN FIC!
-Eso mismo... que trataba de Hermione y Draco y las lectoras querían matar a... "el-que-no-debo-nombrarte"- concluyó Albus.
-¡VIDAS CRUZADAS!- exclamó Severus clicando con el ratón.
-Exacto...- dijo Dumbledore con entusiasmo preparándose para leer.
No habían leído ni dos líneas cuando llamaron a la puerta.
Continuación...4.3
-¡Adelante!- dijo el anciano levantando la cabeza.
La puerta se abrió y apareció ella, un bicho canijo con orejas gigantes y como siempre vestida de verde.
-Parece una lechuga- pensó Severus intentando no hacer ninguna mueca de desprecio.
-¡Buenos días Auri- Saludó Dumbledore haciéndole un gesto con la mano para que entrara.
-¡Buenos días Señor Director! ¡Buenos días Señorito Snape!
El Profesor torció el labio con algo de rabia, no se acostumbraba a que lo llamaran "Señorito".
-¿Cómo estás Auri? ¿Amaneciste bien?- preguntó Albus.
-Auri se levantó muy bien Señor Director, Auri ya no se pelea con Sabry a la hora del almuerzo Señor Director, Auri piensa que el Señorito Snape tuvo una gran idea, Señor. Y... ¿Qué tal están ustedes, Señor?
Pues muy bien, después de pasar la noche entera sentado en una silla incomodísima... me he reconciliado con Minerva- dijo Dumbledore sonriendo un poco- creo que ya he aprendido la lección...
-Auri se alegra mucho por el Señor Director, Señor- la elfina también rió discretamente- la Señora Macgonagall es una mujer muy inteligente y el Señor Director no debe arriesgarse a contradecirla.
La elfina y el anciano rieron juntos.
-Y el Señorito Snape... ¿Cómo está el Señorito Snape?
Severus no contestó, estaba muy concentrado en no poner cara de asco.
-El Señorito... el Profesor Snape- Albus se auto corrigió rápidamente- se ha levantado de muy buen humor, no se por qué...
La elfina abrió los ojos como platos y puso una cara... rarísima, como si hubiera visto a un trol gigante, clavó la mirada en Severus y dijo con recelo- Auri supone que no será porque Sabry entra cada mañana en el dormitorio del Señorito Snape y despierta al Señorito Snape, Señor...
El Profesor miró a Dumbledore dejándole leer en su mente algo así como "Ya estás pinchando viejo asqueroso".
-Ah, pues…- el anciano trataba de buscar las palabras correctas- No, no creo que sea por eso, supongo que será porque hoy no ha sufrido ningún accidente- y le guiñó un ojo a la elfina.
-Auri espera que SOLO sea por eso…
-Sí, sí, seguro… Bueno y ¿Dónde están esos almuerzos?- preguntó Albus desviando el tema.
La elfina volvió a sonreír- Delante suya Señor Director- chasqueó los dedos y aparecieron dos bandejas con comida (que olía muy bien)- Auri los ha preparado personalmente, Señor.
-¡Espléndido!- exclamó Dumbledore alzando las manos.
-¿Se les ofrece alguna cosa más?- preguntó Auri complacida por la calificación que había recibido de sus almuerzos.
-Sí- intervino Severus secamente- Se me ha terminado el champú, si fueras tan amable de llevar otro a mi dormitorio…
Un intenso brillo recorrió los ojos del anciano, y se frotó las manos…
-Por supuesto Señorito Snape, Auri lo hará de inmediato…
Albus guiñó un ojo y movió un dedo en círculos (evitando ser visto por el Profesor), señal que la elfina interpretó como "no tengas prisa".
-…aún que ahora Auri tiene mucho que hacer, si no es molestia para el Señorito Snape, Auri le llevará esta tarde el champú al Señorito Snape, Señorito- la elfina miró al anciano buscando su aprobación y este asintió con la cabeza.
-No importa, hazlo cuando puedas- Severus volvió a centrarse en la pantalla del ordenador- Ya puedes retirarte.
Pero la elfina no se movió, se quedó quieta parpadeando, cada vez, a mayor velocidad.
Albus codeó al Profesor y le hizo un gesto con la cabeza.
Severus, conteniéndose la rabia, miró a la elfina y le sonrió, la cual se abstuvo de hacer ningún comentario sobre aquella "radiante sonrisa".
-¡Hasta luego Señor y Señorito!- caminó hacia la puerta y desapareció tras ella.
-¡Por fin! Continuemos- dijo Snape con un panecillo de miel en una mano y el ratón en la otra.
Estuvieron en silencio unos minutos hasta que el anciano no pudo contenerse y habló- Severus... hay alguien detrás de la puerta, mira a ver quién es.
Snape miró con incredulidad al Director y luego a la puerta- Ahí fuera no hay nadie.
-Te digo que sí- insistió el hombre de cabellos plateados- ve y abre la puerta.
-No hay nadie...- repitió una vez más el Profesor.
-¡Sí lo hay! Soy Albus Dumbledore y lo se todo.
-Y yo Severus Snape... y NO HAY NADIE detrás de la puerta.
-¡No discutas! ¡Pierdes facultades!- protestó el anciano- mira a ver de una vez.
Snape hizo un gesto de aburrimiento y caminó con lentitud hacia la puerta, la abrió de golpe y... efectivamente, no había nadie detrás de la puerta.
El Profesor puso una mueca de falsa sorpresa y se giró para ver a Albus...
-¡Maldito viejo Pillo!
Dumbledore sonreía victorioso por haberse hecho con el ratón...
"Que más sabe el diablo por viejo, que por diablo."
Continuación...4.4
-Señorita Gabita Evans, es familia lejana de Lily, Lily…pero una Gryffindor... Trol.
-Señorita Jennifer Macgonagall, sobrina de Minerva…pero otra Gryffindor… Trol.
-Señorita Rachel Potter, Hum! Sin comentarios… Trol.
-Señorita Águeda Jones, su tía es periodista… Trol.
-Señorita Elizabeth Malfoy, su tío sigue en Azkavan… Trol.
Como cualquier martes en la tarde, Severus pasaba las horas en su despacho corrigiendo, satisfactoriamente para él, las tareas de su alumnado.
-Señorita Naomi Paskal, siempre quema los calderos… Trol.
Una lechuza pardusca picoteó una pequeña ventana pidiendo entrar.
Sin quitar la vista del último "Trol" que acababa de escribir, movió su varita y la ventana se abrió.
El ave llevaba una carta firmada por Albus Dumbledore:
Querido muchacho:
-La Señora Hooch (Profesora de vuelo) ha sufrido una caída en su primera clase de la tarde.
-Las clases de vuelo serán suspendidas hasta final de curso.
-No obstante, nos urge encontrar un árbitro para el próximo partido de quidditch.
-Se que te ofreces amablemente a arbitrar ese partido.
-Saca tu escoba, aún tienes unos días para entrenar un poco.
Atentamente: Albus Dumbledore.
-¡Será posible!- exclamó enfadado el Profesor- ¡Ya hace 15 años que no arbitro un partido de quidditch!
Al oírlo vociferar, la lechuza, salió rápidamente por donde había entrado.
-¡A este viejo ya no le llega el riego al cerebro!
-¡Se pensará que doy las clases de pociones montado en mi escoba!
-¡Hace siglos que no monto en escoba!
-¡Está loco! ¡Está loco!
Estuvo un buen rato gritando y maldiciendo hasta que se calmó y sentado en su sillón de cuero negro, meditó:
-A ver de donde sacamos ahora a alguien que arbitre ese partido...
-No se me ocurre nadie...
-Claro que...
-Siendo yo el Profesor más joven de Hogwarts...
-Me corresponde a mí.
Resignado, recogió los papeles de su escritorio y se fue a su dormitorio a buscar su túnica de quidditch, tenía que empezar a prepararse cuanto antes.
Al entrar vio que la puerta del baño estaba abierta, y unas voces salían de allí.
-¿Quién eres? ¡Sal del baño!- gritó Severus empuñando la varita.
-Tranquilo muchacho somos nosotros...
Albus y Auri salieron despacio y muy sonrientes...
-¿Qué hacíais ahí los dos?- preguntó extrañado el Profesor.
-Auri ha venido a traerle el champú al Señorito Snape... ji, ji, ji- la elfina rió por lo bajo.
-¿Y tú?- Severus movió la varita señalando a Dumbledore.
-Yo... iba de camino a tu despacho cuando me crucé con Auri y decidí acompañarla.
El hombre de cabello negro no quedó satisfecho con la respuesta, pero no se iba a molestar en emplear la legilimancia…- ¡Por un Demonio!- un escalofrío lo recorrió al pensar eso, no se quería ni imaginar las sandeces que podría encontrar en la cabeza de la enana orejona.
-¿Y tú, que haces aquí?- preguntó Albus cerrando la puerta del baño.
-Leí tu nota…
-¿Aceptas?
-Sí claro, no veo quién más podría hacerlo, es más, he venido a recoger mi túnica de quidditch y mi escoba para entrenar un poco- dijo Snape abriendo el armario.
-A pues, voy contigo, quiero ver que tal ágil estás… ¿Nos acompañas, Auri?- preguntó el anciano encaminándose al pasillo.
-Sí Señor Director, Auri no se lo perdería por nada del mundo, Señor.
-Vamos entonces…
Continuación…4.5
El trío se dirigió al campo de quidditch, algunos alumnos ya estaban por allí volando con sus escobas.
Severus fue a un rincón a calentar los músculos y a hacer algún que otro estiramiento, lo cual ya llamó la atención de unas chicas que estaban en el graderío.
La Capitana de Hufflepuff, se aproximó volando a los hombres y le preguntó al Director- Señor ¿Es cierto lo que dicen de la Profesora Hooch?
-Me temo que sí, Señorita- contestó el anciano- sufrió una caída a cincuenta metros de altura y no me queda más remedio que suspender sus clases.
-¿Y que hay del partido? ¿También lo suspenderá?- preguntó un poco angustiada la muchacha.
-No, eso no será necesario- dijo Albus señalando a Severus- el Profesor Snape se ha ofrecido a arbitrar el partido.
La chica miró a Severus, que en ese momento estaba agachado y con el culo en pompa, y se le escapó una risita- Vaya, es una buena noticia…
Snape la miró de reojo haciéndole entender que molestaba.
-Bueno pues, mejor será que siga con el entrenamiento- dio una fuerte patada en el suelo y se fue volando con su escoba.
-Vamos Severus, deja de retorcerte- pidió Albus ansioso- monta en tu escoba a ver que tal se te da.
-Ánimo Señorito Snape- añadió Auri con la mirada expectante.
El Profesor cogió su escoba y miró a su alrededor, el campo había cambiado muchísimo desde su último partido, hacía quince años. La organización internacional de quidditch dictaminó que, por seguridad, los mundiales se celebraran en los colegios mejor cualificados, Hogwarts disponía ahora de unas instalaciones capaces de albergar a miles de personas, con pantallas gigantes para que el espectador no se perdiera ni un solo detalle, el marcador era automático, ya no se precisaba de una persona que llevara la cuenta de los puntos, la megafonía envolvía a todo el estadio incluso, se construyó una cabina para quienes retransmitieran el partido, era un campo de quidditch de alto estanding.
-¿A qué esperas? ¡Venga!- exclamó Albus haciendo un gesto con sus manos para que se moviera.
-Ya va, ya va… Este hombre está aquí para ver como me caigo y me rompo la cabeza- musitó el Profesor.
Severus dio una patada en el suelo y salió volando, empezó por rodear el campo a no mucha altura pero, algo no iba bien.
-Qué extraño- pensó Severus- diría que esta escoba pesa más de lo normal…
Tomó más altura y voló en zigzag probando sus reflejos, ascendió un poco hasta llegar al primer nivel de las gradas, iba a pasar por delante de un grupo de alumnas cuando una le grito- ¡Profesor luego me toca a mí!- la muchacha se sonrojó y saludaba a alguien en dirección a Snape.
-Niñas tontas- pensó el Profesor- en lugar de estudiar, están aquí perdiendo el tiempo y mareándome…
-¡Yo también quiero Profesor! ¡Yo soy la siguiente!- otra muchacha, a la que Severus miró con rabia, le estaba gritando cosas desde otro punto del graderío. Sin saber ni a lo que se refería, tomó bruscamente altura, a mucha velocidad y girando sobre sí mismo…
-¡¡ AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !!
Snape se paró de golpe, y se giró a mirar, de lejos, a un montón de alumnas que estaban gritando como histéricas, luego reparó en el Director, que estaba dando saltos y agitando los brazos desde el campo- Pero… ¿Qué le pasa hoy a todo el mundo…?- haciendo caso omiso, inclinó su escoba y descendió a toda velocidad, como un rayo…
-¡¡ AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !! ¡¡ SOCORROOOOOOOO !!
Estas voces provenían de muy cerca, justo detrás suyo, sintió una fuerte presión en la cintura, eran unas pequeñas manos que lo rodeaban, sin menguar la velocidad miró hacia atrás y vio unas orejas puntiagudas que salían de su espalda.
-¡¡ POR UN DEMONIO !! ¡¡ AURI !!- y diciendo estas palabras, casi sin darle tiempo a mirar hacia delante chocaron contra la buscadora de Ravenclaw.
A pocos metros del suelo, cayeron los tres de forma eminente sobre el Director.
-¡¡ AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !! ¡¡ AHORA SÍ SE MATÓ !!- un revuelo de chicas y los miembros de los equipos de quidditch acudieron a auxiliarlos.
Escupiendo los cabellos del viejo, Severus tan solo gritaba- ¡Por un demonio! ¡Por un demonio!- montones de féminas manos lo levantaron dando bruscos tirones a los pelos que lo mantenían preso.
La elfina seguía aferrada a la escoba tiritando- ay… ay… ay… ay…
La buscadora, la Señorita Yedra Phoenix, tubo la suerte de caer en blando, justo encima de Dumbledore, y ella sola se puso en pie espolsándose la túnica.
-¿Estáis todos bien?- preguntó la Capitana de Hufflepuff.
El único que contestó fue Albus levantando la cabeza- Creo que no me he roto nada...
Continuación………………………….4.6
Severus parecía haber contraído la rabia, tan solo le faltaba echar espuma por la boca- Por un demonio… ¡Por un demonio, Auri!
La temblorosa elfina agachó la cabeza.
-¡¿Se puede saber…?! ¡¿Se puede saber que demonios estabas haciendo?!
-Auri solo quería montar en escoba- dos lagrimitas recorrieron su cara (más por el susto que se había llevado que por el enfado del Profesor)- Auri nunca había volado y Auri quería aprovechar la ocasión… ¡¡Perdoooooooon!!- y se echó a llorar enganchada, nuevamente, en los pantalones de Severus.
-Suelta…- inquirió Snape agitando la pierna, no estaba dispuesto a perder los pantalones delante de tantas jovencillas.
-¡Perdooooooooon!- y empezó a tirar con más ímpetu del camal del pantalón.
-Si no sueltas… ¡NO hay perdón!- Snape cogió a la elfina por el brazo y le dijo con voz grave- Casi nos matamos.
-Auri lo sabe, ha sido un gran porrazo, menos mal que el Señor Director nos ha parado el golpe…
Una chispa de complicidad surgió entre la elfina y el hombre, sin poder evitar reír ante la mirada desconcertada de los demás.
-¿A que vienen esas risas?- preguntó Albus, sorprendido, mientras unos alumnos lo ayudaban a levantarse.
-Gracias Señor Director…- dijo con retintín Snape- por no avisarme de que tenía un polizón en mi escoba y remendar el error exponiendo tu cuerpo como amortiguador en nuestra caída…-no le importó dejar ver su fantástica sonrisa, estaba riendo muy a gusto-…lástima de que ya no lleves barba, hubiese sido como caer sobre un cojín de plumas, aún que claro alguno de los accidentados podríamos haber muerto asfixiados…
Alguna chica dejó escapar una discreta risilla ante los comentarios del Profesor…
-Ya te vas pareciendo a Minerva…-protestó Dumbledore entre dientes- siempre al acecho para poder saltar a mi cuello.
-Cuello…- Severus seguía riendo con su retorcido sentido del humor que, al parecer, se contagiaba entre las alumnas- sigo pensando que es una lástima que no lleves barba, a ti también podría haberte servido de cojín de plumas cuando…- saboreó el momento y las palabras- …Minerva se entere de esto e intente estrangularte….
Las discretas risas se transformaron en escandalosas carcajadas, por todo Hogwarts era conocido el mal genio de Mcgonagall.
-No iras a contarle esto a…
-Ya sabes como son los secretos en esta escuela… -interrumpió el Profesor al Director con cara de satisfacción- …corren como la pólvora.
-Auri promete no decir nada Señor Director...
-Ni falta que hace- dijo el Profesor tan campante- mirar quien viene por ahí...
-Grgrgrggreeerge...- Dumbledore parecía estar gruñendo algo con el rostro lleno de indignación-...gergMgrgerIgregrNgreerEgergRgrerVgregreA.
-¡¿Qué ha pasado?! ¡Ay Albus...! ¿Por qué tienes los pelos de punta?- Preguntó Minerva que se acercaba corriendo levantándose, un poco, los faldones para no tropezar.
-Un ligero percance con la escoba de Severus- contestó el anciano mirando con severidad a todas las personas allí presentes- Nada más...
-Mientes... mientes Albus, se que me estás mintiendo- protestó la Mujer acercándose a su marido para ver de cerca una pequeña vena que tenía en la frente- La vena se ha hinchado, así que mientes descaradamente...- se giró y miró a Snape con preocupación- Severus, dime la verdad...
-No faltaba más- contestó el Profesor haciendo una pequeña reverencia.
-¿Te has caído de la escoba?- empezó Minerva con el interrogatorio.
-Sí.
-¿Por culpa de mi marido?
-Pues algo sí ha tenido que ver.
-¿Te has hecho daño?
-No, gracias a Albus nadie ha salido mal herido.
Macgonagall miró con recelo a su marido- Al parecer nadie, excepto tú. ¿Te vuelve a doler la espalda, Albus?
Esa pregunta había sonado un poco recriminatoria, dos gotitas de sudor resbalaron por la sien del anciano- Sí- respondió con firmeza- al intentar frenar la caída de Severus, también me he visto involucrado en el accidente.
-¿Tú, y quién más?- Parecía que la mujer ya sabía de antemano todo lo que había pasado.
Dumbledore quedó pensativo- Dime Mujer, por casualidad ¿no habrás estado espiando escondida por algún rincón?
-No me infravalores, soy Bruja...
Levantando una ceja, Albus le dijo a su esposa- Descubriré tu secreto.
-Hum- Minerva apretó los labios- A ver si eres capaz de descubrirlo camino a la enfermería, Madame Pomfrey va a reírse buena cosa cuando nos vea llegar.
Cogidos del brazo, el matrimonio se fue hacia el castillo.
-¡Cada uno que siga con lo suyo!- ordenó Severus a todos los alumnos- ¡Ya hemos perdido mucho tiempo! ¡Rápido!- en ese momento sintió un suave tirón de los pantalones, miró hacia abajo y ahí estaba ella, con las orejas gachas.
-¿Y yo?- preguntó la elfina- ¿Me puedo quedar?
Eso ya era tentar mucho la suerte- Mejor será que vayas a ver a Albus a la enfermería y lo rescates del sermón de Minerva.
-Está bien Señorito Snape, a Auri le parece bien.
Y mientras Severus salía volando con la escoba, la elfina chasqueó los dedos y apareció en la enfermería.
Allí estaba Dumbledore, bocabajo y recibiendo un masaje de la distraída Ana.
-Qué bien que has venido, Auri- dijo Macgonagall- tengo unos asuntos pendientes ¿Te puedes quedar haciéndole compañía a Albus?
-Sí, sí, Auri ha venido a eso...
-Gracias- la Mujer se levantó y abrió la puerta- portaros bien...
-"Uuuu..."- rió tontamente la A.M.S.- Ya está Señor Director, yo ahora me voy a la botica pero usted puede quedarse a descansar un poco.
-Está bien, gracias muchacha- dijo con cara de bobalicón el anciano.
La elfina observó atentamente como la chica se iba, cuando no hubo nadie se subió a la camilla y se puso a conversar con Albus.
-Señor Director, Auri quiso preguntarle antes una cosa pero nos interrumpieron, Auri tiene una duda.
-¿Y bien? ¿Cuál es?
-¿Funcionará?
-Seguro.
-¿Y cuando podrá ver Auri los resultados?
-En cuatro días Auri, en solo cuatro días.
