Midsummar

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"Why did you run from me"- Katatonia.

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Paso varias horas marcando el número de June una y otra vez sin obtener respuesta. Miraba y miraba el reloj desde hacía bastante rato preguntándose donde estaría la joven que no respondía el teléfono. Seguro no lo tenía con ella o lo estaba apagado. Si, debía ser eso o tal vez estaba muy ocupada con algo o con alguien… ¿estaría con alguien acaso? Trato de no pensar en eso y de inmediato desechó la idea creyendo que ella estaría con los niños y por eso no atendía sus llamadas.

No obstante ya tenía el temor en la cabeza: ¿estaría June pasando el tiempo con otro hombre?

Volvió a llamarla insistentemente una, dos, tres y más veces sin obtener ninguna respuesta quedando muy preocupado y, sin quererlo reconocer, muy asustado de que ella hubiera conocido a otra persona en estos días que llevaban separados. Trató de calmarse e intentó entretenerse en otras cosas mientras esperaba unos veinte minutos para hacer otro intento de contactarla.

Pero no podía. Simplemente no podía hacer caso omiso de lo que sentía y de los miles de pensamientos furiosos y sin fundamento que se arremolinaban en su mente dando origen a un sinfín de ideas disparatadas sobre June, su paradero y su compañía.

— ¡Maldición espero no se haya buscado a alguien más! —tomo asiento en la sala tratando de calmarse. Pasaron unos segundos y pensó con calma las cosas.

El que ella no respondiera sus llamadas podría ser consecuencia de muchas cosas, aparte de que estuviera con alguien más, él lo sabía no obstante estaba a punto de seguir en medio de su drama cuando su móvil comenzó a sonar. Por un segundo esperaba que fuera June quien llamara, por el contrario, la llamada era de su amigo Afrodita.

Se sintió aliviado por un momento ya que necesitaba alguien con quien hablar, alguien que lo orientara y le devolviera la calma con un buen consejo. Tomo el teléfono y respondió a la llamada sintiéndose más tranquilo.

— ¿Cómo estás Milo? Algo me decía que tenía que llamarte —dijo su colega con toda calma al otro lado de la línea.

—No sabes cómo te agradezco haberlo hecho, me estoy volviendo loco sabes. Siento que estoy perdiendo la cabeza.

— ¿Por qué dices eso? Acaso las cosas con tu mujer han terminado irremediablemente.

—No, no es eso. Es solo que…

— ¿Qué pasa Milo? —su colega ya tenía un tono preocupado y Milo trato de desahogarse sin hacer tantos dramas.

—Me da miedo que me haya cambiado por otra persona. Ella se fue de casa hace días y no he tenido noticias desde entonces. Estoy solo y me siento perdido y… —lanzó un fuerte suspiro antes de continuar— no sabes cuánto la extraño. Echo de menos todo lo que hacía en casa y lo que no supe ver hasta que unos vecinos me abrieron los ojos con sus comentarios mordaces.

— ¿Comentarios mordaces?

—Me tienen en concepto de un niño grande al que June también tiene que cuidar, no me ven como un hombre y yo mismo… ya no sé qué creer.

— ¿Has reflexionado algo de lo que hablamos aquí?

—Sí, bueno más o menos.

—Creo que tus vecinos te dijeron lo mismo que yo pero con palabras más duras. La balanza de tu relación no está equilibrada.

—Tienes razón, me porté como un chiquillo caprichoso y no como un hombre —reconoció con gran pesar.

—No pensaba decirlo de ese modo pero si, es correcto —el tono de voz de Afrodita se oía más tranquilo y Milo pudo entender el mensaje a la perfección ahora que ya tenía el panorama claro de las cosas en su relación—. Es hora de hacer cambios para bien amigo.

—Creo saber lo que debo hacer.

—Eso es muy bueno. Hazla sentir valorada y amada y créeme que las cosas cambiarán para bien. ¿Me entiendes? Equilibra la balanza y verás.

—Gracias, no sabes cómo me has iluminado.

—No creo que se haya ido con otro hombre, no te hagas ideas en la cabeza. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

—Llámame para que me digas como te fue apenas hables con ella.

—Lo haré.

Con una profunda sonrisa colgó y subió a entretener su mente y asimilar lo que acaba de hablar con su amigo. Se metió a su pequeño despacho de trabajo a revisar la sesión de fotos que había hecho en Suecia e intentó ver lo esencial de las palabras de Afrodita en las imágenes que tenía al frente. Vio el rostro de Shaina que resplandecía mientras su esposo la abrazaba y ella llevaba a su hija en brazos.

Un par de tomas más adelante volvió a ver la imagen de la joven visiblemente feliz y sonriente con su hija sentada en su regazo y con eso quedo ejemplificado: la balanza estaba en el centro de su relación, no estaba del lado de nadie y aquello no habría sido posible de no haber puesto ambos de su parte, colaborando a diario por mantener la armonía y por el bien de los dos y de su familia.

—Que tonto fui por no verlo hace años —se decía Milo mirando su reflejo en la pantalla— prácticamente tuve que pasar por todo esto para aprender la lección.

Sabía que culparse no iba a resolver el problema, debía hablar con ella y hacerle saber que no volvería a actuar como un niño sino como el hombre que debió ser desde el inicio de su matrimonio. Se levantó y fue lentamente a la ventana sintiéndose más enfocado en su objetivo: recuperar a su familia y su vida al lado de la joven que amaba.

En ese momento sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido del móvil, al acercarse su corazón dio un respingo al ver su nombre en el display. Era June quien llamaba y él no podía estar más feliz por eso.

—Hola June.

—Hola Milo, ¿cómo estás?

—Extrañándote —fue directo al decírselo, no iba a dar más rodeos innecesarios sino a expresarse con honestidad—. Quiero verte y arreglar las cosas. He pensado mucho y hay tanto que quiero decirte.

—Yo… —la joven se oía sorprendida y tuvo que tomar aire antes de hablar— estoy sin palabras. No me imagine que me dirías esto y me hace feliz.

— ¿De verdad?

—Sí, escucharte tomar la iniciativa y decir que quieres que todo se arregle es… lo que tanto deseaba escuchar.

— ¿Cuándo regresas a casa?

—Hoy mismo, en el tren de las cuatro —respondió más animada.

—Iré a buscarte.

Pudo sentir que el corazón de ambos se iluminaba: ella no había perdido la fe en él y eso era un buen pronóstico para ambos.

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"Are you strong when you´re with him?"

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Quedo en ir a recogerla a la estación, se moría por verla, besarla y abrazarla así como por ver a sus dos hijos a quienes extrañaba mucho. Antes de llegar paso a comprar un gran ramo de rosas, el corazón le latía con fuerza conforme se aproximaba su hora de llegada; ella le reveló que se había marchado unos días a una ciudad vecina a vacacionar y despejar su mente de los problemas, así como él. Volvería en el tren de las cuatro coincidiendo su llamada con los deseos de su esposo.

Milo se sintió mal por haber creído que June se habría enamorado de alguien más y consideró muy seriamente no mencionarlo si quiera, no valía la pena decirle todas aquella tonterías que le habían pasado por la mente en un momento de enojo.

—Esta sí que es una de las mejores coincidencias de la vida —se sentó un momento ya que faltaban menos de diez minutos para que el tren de las cuatro llegara, estaba feliz de verdad esperando que las cosas retomaran su camino como debió ser desde el comienzo.

De pronto un par de risitas conocidas lo sacaron de sus pensamientos y en medio de la gente alcanzó a reconocer el par de pequeños que corrían felices hacía él.

— ¡Hola papá! —gritaba el mayor de los dos agitando la mano mientras su hermana corría detrás de él pidiendo que la esperaba.

Milo sonrió ampliamente agachándose para recibir a sus dos hijos con un fuerte abrazo, estaba realmente feliz de verlos. Como siempre, se les veía sonrientes y contentos como era usual. Como si no hubiera habido problemas entre él y June que se viera reflejado en ellos.

— ¡Mira lo que te compramos! —su hija sacó un obsequio que llevaba en una bolsa de papel y se lo entregó.

—Lo escogimos entre los dos.

—Ojalá te guste —Milo sonrió y lo guardó en su chaqueta.

Hablaban tan rápido narrando como lo habían escogido y comprado que Milo solo sonreía ampliamente sin poder decir palabra hasta que noto detrás de los niños que June lo miraba con una amplia sonrisa y esa mirada tierna que lo volvía loco. Les acaricio la cabeza y los dejo un momento mientras se levantaba para abrazar a June.

—Hola, te extrañé tanto —la estrechó en sus brazos lo más fuerte que pudo entregándole el ramo mientras la joven trataba de devolverle el gesto.

—Yo también Milo, no dejaba de pensar en ti.

—Ya quería verte. Mírate, luces hermosa.

Se besaron profundamente sin dejar de abrazarse. Milo se llevó las maletas y emprendieron el camino a casa.

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"Oh love, would you read the letters I will send to you"

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Llegaron a casa y él la ayudó a desempacar mientras June narraba todo lo que habían hecho estos días que no se habían visto. Como ella se había enfocado tanto en llevar a sus hijos aquí y allá a visitar, caminar sin parar todo el día le había ayudado a despejar su mente y pensar en las cosas que quería al volver.

—Pensé que tendríamos una charla mucho más difícil, tu sabes discutiendo todo el tiempo sin poder ponernos de acuerdo sobre nada pero veo que te sirvió mucho estar solo —June estaba sentada en la cama observando como Milo guardaba la ropa en los cajones mientras la miraba de vez en vez—. Hubo un momento en que creí que lo nuestro terminaría.

—Yo también lo pensé pero mis amigos no me dejaron solo en todo esto, me dieron consejos y me hicieron darme cuenta de muchas cosas.

Camino hacia ella sentándose a su lado.

—Perdóname por todo —la tomo de la mano dejando un beso en su mejilla—, no pude ver todas las cosas que hacías y tampoco lo mal que lo estabas pasando con alguien como yo.

—Vaya hoy sí que ha sido un día lleno de sorpresas. Jamás imagine que me dirías todo esto —ella sonreía mirándolo tiernamente—, me gustaría que las cosas fueran más equitativas entre ambos: las tareas de la casa, los niños, el bebe que viene en camino. No quiero ser yo la que tenga que hacer todo.

—Lo entiendo, pondré de mi parte y lo haremos juntos.

—Gracias.

—He meditado sobre el trabajo y buscaré más oportunidades aquí para no tener que viajar salvo que sea necesario y no dejarte sola.

— ¿De verdad lo harás?

—Sí y hay que pensar en contratar una niñera porque tenemos varias cenas de cumpleaños pendientes —le guiño un ojo y la mirada de June se iluminó.

— ¡Aun lo recuerdas!

—Claro, las cenas que se han ido quedando pendientes entre muchos otros compromisos que tenemos juntos.

—Milo, te amo. Yo también pondré todo de mi parte para hacer que funcionen las cosas contigo y en nuestra creciente familia.

Ambos sentían el optimismo y el deseo de hacer las cosas bien. Para Milo fue un volver a comenzar lleno de esperanzas y no volvería a permitir que lo que tanto trabajo les estaba costando se fuera por la borda si ya tenían un hogar y una hermosa familia entonces había que cuidarla.

Lo último que hizo ese día fue llamarle a Afrodita para ponerlo al tanto.

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Meses más tarde

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Estaba algo cansado porque fue su turno de darle el biberón de la noche a la nueva bebe pero lo hacía sin fastidiarse porque esa niña tenía unos ojos hermosos que lo miraban con atención mientras le hablaba o le cambiaba el pañal. A diferencia de los dos más grandes, la pequeña era la viva imagen de June con los ojos de Milo, sería idéntica a su madre cuando creciera.

—Voy por el diario —dijo a June mientras se levantaba a recoger el periódico y otras cartas que hubiera dejado el cartero en esos días.

Entonces encontró algo inesperado entre la correspondencia, era una postal que venía desde Rusia; no había necesidad de ser adivino para saber que la enviaba Camus. Era cierto, lo último que le dijo meses atrás era que buscaría a su hija para retomar el contacto con ella y su madre.

Esbozó una sonrisa leyendo las pocas líneas que revelaban que su misión se había cumplido con éxito:

"Hola Milo: Solo quería decirte que encontré a mi hija luego de una larga búsqueda. La localicé en el lugar más inesperado. Ya te contaré luego. Con cariño Camus".

—Bien hecho amigo.

En ese momento fue a buscar el teléfono móvil para regalarle una llamada o bien un mensaje desde la aplicación cuando encontró que la foto de perfil de su amigo había cambiado. No tenía una foto de perfil como tal sino la que aparece por defecto pero ahora se veía a Camus al lado de una joven rubia más joven que él; lo raro era que se le veía feliz y sonriente.

Milo esbozó una sonrisa pícara porque Camus había encontrado a su hija y, algo le decía, que la chica de la foto era su nueva novia. De hecho el mensaje estado decía algo como "Cam&Val" y un corazón al final. Seguro ese mensaje fue idea de la muchacha ya que Camus no era de los que ponía esa clase de estados.

Sin pensarlo dos veces decidió llamarlo.

— ¿Cómo estás amigo?

—Hola Milo que gusto escucharte y que extraño que estés llamándome tan temprano.

—Una disculpa pero acaba de llegarme tu postal y quería saber cómo habían salido las cosas con tu hija.

—Fabuloso sabes. Fui hasta Siberia a seguirles el rastro y una Trabajadora Social me comentó algo sobre los hermanos de su madre y listo. Yo sé que viven en San Petersburgo así que sin perder el tiempo me trasladé hasta allá. Claro que me sentí algo molesto por haber ido hasta el otro extremo del mundo cuando una simple llamada hubiera bastado.

—Bueno es que eso nunca lo hubieras podido adivinar.

—Es correcto pero yo bien sabía que ella estaba bien y en buenas manos. En San Petersburgo está rodeada de tíos y primos entonces ya no tengo de qué preocuparme y arreglé visitarla lo más que pueda ahora que ya me mudé a Moscú.

— ¿De verdad te mudaste? Caray me he perdido de mucho.

—Sí y veo que ya sumaste otro hijo a tu lista.

—Es cierto, dos niñas y un niño. Un hogar perfecto es lo que tengo desde esa visita a la casa de Afrodita, no puedo pedir más.

—Me alegro mucho Milo, que bueno que lograste arreglar las cosas con tu mujer.

—No hubiera podido hacerlo sin tus buenos consejos, me gustaría mucho ir a visitarte pero no podré en un largo tiempo.

—No te preocupes, te visitaré dentro de poco si te es posible recibirme.

— ¡Claro que sí, ven cuando quieras! Y, por cierto, ¿quién es la chica que sale tan abrazada de ti en tu foto del mensajero?

—Oh ella, bueno es mi nueva novia. La conocí en Moscú mientras recorría el teatro.

—No pierdes el tiempo ¿eh?

Camus rio al comentario y ambos acordaron no dejar tanto tiempo sin verse o contactarse.

Al terminar la llamada Milo recogió la correspondencia y entró en la casa, desde afuera podía oler el rico aroma del desayuno que lo invitaba a comenzar bien el día.

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FIN

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*Notas: Logré terminarla y darle el final que quería. No tenía caso hacerlos sufrir más así que pensé en el mejor modo de concluirla. Muchas gracias por leer y ya hablaremos de la novia de Camus en otro relato.