¡Hola de nuevo amigos! Por fin, estoy tarde, muy tarde, lo sé, ¡Pero no tuve Internet!, aunque hago tantas cosas aparte sin él, todos los días, que cada uno de ellos me siguen pareciendo imbécilmente laborales, necesito vacaciones urgentemente, aun así no perdamos las esperanzas (ni la cordura XD). Agradezco infinitamente cada comentario, me encuentro orgullosa de mi misma al lograr tanto, espero que les siga gustando.

Me gustaría aclarar algo, una amiga me dijo que el poner el lugar y la fecha, es algo trillado, me he enojado claramente, sé que hay dos o más fics, incluyéndome, que usamos los lugares y las fechas de la misma manera, pues la verdad yo, en mi defensa, me he inspirado de Justicia Joven y Batman, cuando aún la pasaban por la TV, pues empecé a escribir más decentemente en esa época mientras me daba mi maravilloso maratón vacacional de series sobre superhéroes. Lo mismo ocurre con la cuestión de la combinación de todos los superhéroes de DC, y pues, si no lo recuerdan esos algunos que me han estado criticando, La Liga de La Justicia los incluye a todos, mezclándolos como batido de frutas.

Si simplemente no les gusta lo que escribo, díganmelo y ya, si son más los que me andan diciendo "por qué esto, por qué aquello, el hermano esta trillado, Batman ya paso, es empalagoso y da vergüenza, no trata de TT, es una estafa" que los que me dicen "Bien hecho, sigue así, es interesante", no pienso eliminar mi historia solo porque no les guste, no la lean si no les gusta y punto; yo como una persona que ha usado esta página durante casi 6 años no me meto en los fics que no son de mis gustos y los dejo ser, no ando buscando los famosos "Blacks Ends" (AU) para decirle a los autores que apestan, ellos se esfuerzan y los respeto por ello, alternar un hecho no es tarea fácil.

Ya después de este fastidioso argumente, los dejo por fin disfrutar de algo coherente. Aunque primero lo primero, descargo de responsabilidad, y como no, sus valiosísimos comentarios, los amo.

– Paola: Gracias por seguir comentando, pensé que en el foro ya todos me habían olvidado y nadie se dispondría buscar la remodelación de la historia, pues sí, me he esforzado mucho, luego de leer tanto, me dio pena lo simple que resultaba lo que escribía antes, así que le eche pichón y aquí esta, bien relatada y detallada, mi feto ahora es un bebe, mi hermoso bebe, espero seguir continuándolo bien para que se transforme en un gran ejemplar. Si la lectura te parece realista, pues me alegro, aunque espero que no te pase lo mismo que a mí, que no puedo andar por el metro sin pensar en que algo volara en el subterráneo por culpa de un psicópata muy conocido :D.

– Star786: Muchísimas Gracias querida, me has dejado muy feliz por el hecho de que te pongo a bailar (?) en mi caso me pongo a bailar cuando termino de refinar los capítulos y los publico. Yo también amo mi fic, amo que me escriban diciendo que también lo aman, me esfuerzo mucho para que sea como es, no dejo que pensar en que agregarle, que detallarle y demás XD. Espero te guste este capítulo y sigas amando el fic.

– RazelJackson: ¡Me encanta que te encante! (Ok, debo dejar de estar tanto tiempo con mis amigos, acabo de mal pensar eso) Gracias a Dios te está gustando como voy narrando todo, me preocupa que se vuelva tedioso, cualquier cosa, escucho las críticas destructivas… dijo constructivas X)

– Pedro: Tomando en cuenta cómo eres, mi buen amigo, conociendo tu fama, que bueno que te está gustando, atrayendo y dejándote sediento, maravilloso, quiere decir que estoy logrando mi cometido, hablamos grandulón. Qué bueno que estas comentando, agradezco tu apoyo hermano.

– Nathalie Grayson: Hola! Qué bueno que te está gustando, siguiendo tu consejo (quizás más petición) me he esforzado en alargar más el capítulo, espero te agrade, y cualquier cosa, te escucho. Espero te siga emocionando.

– Desconocida: ¿Cuál es tu nombre? XD (lo siento, no pude evitarlo, en verdad, tenía que hacerlo) No eres pecadora, yo sí, me leo algo y lo comento cada que me acuerdo, pobre de mí, tengo tantas cosas que los links se pierden en mis carpetas, es como para que me azoten (?) Bueno, no tanto. ¡Yo también las he leído! Espero con ansias sus continuaciones, pero tranquila, se cómo se siente una historia inconclusa, espero no unirme a ellas, tratare por todos los medios terminar este proyecto, aunque es algo largo hasta ahora en mi mente, pues quiero dar mucha participación a todos en distintas área y circunstancias. Que disfrutes!

Disclamer: Ninguno de los personajes me pertenecen, son de Cartoon Network y DC Comics, por lo cual, no se busca infringir los derechos de autor, listo todo aclarado. Sólo me pertenece la trama, acciones y quizás los nuevos escenarios sacados exclusivamente para vosotros de mi imaginación descabellada.

Rated T: Como siempre, esta calificación esta puesta por precaución, no sé hasta donde pueda llegar, muajajajaja, posibilidades, infinitas posibilidades, amo esto. ¡Que empiece la batalla! ¡Por la Trama!


CAPITULO III

Planes Ocultos

Planeta Tierra, Ciudad Gótica.

20 de Julio de 2007. 02:38 AM.

Área Sur 66.

Un almacén localizado en las orillas del río del sur de la famosa Ciudad Gótica, a unos 14 kilómetros de una cede de los abandonados laboratorios Star, exploto sin previo aviso, así y sin más se incineró totalmente, el estruendo recorrió unos 47 metros a la redonda, siendo reconocido por los capitanes de un barco pesquero, que zarpó con intención de probar suerte a esas altas horas de la noche, aprovechando la luna llena y las aguas frías de un mejor botín.

– ¿¡Pero que mierda ha sido eso!? – Masculló el capitán, un hombre fornido y moreno, que se separó de su preciado timón del barco para asomarse por la cabina, sintiendo el vaivén antinatural de las olas, la verdadera razón por la cual sus sentidos le avisaron que algo no andaba bien con aquel ruido y el misterioso silencio que de repente se alzó por toda la costa tras el eco.

– No lo sé, jefe, pero sé que estaba a punto de atrapar una delicia enorme, y me la han espantado ¡Que desperdicio! – Se lamentó el único miembro de la tripulación de aquel barco, pero éste, al voltear y divisar la enorme y enardecida montaña de humo, se alarmó. – ¡Santísimo Señor Nuestro! ¡Señor Jack, algo explotó! – Gritó el muchacho, mientras, poniendo en práctica las enseñanzas religiosas de su madre, se hacia la cruz apresurado, plorando protección divina.

– ¿Crees que no me he dado cuenta, cabeza de chorlito? Hacia allá están esos laboratorios endemoniados. – Dijo el hombre mientras caminaba abandonando la cabina y reuniéndose con el tripulante en proa. – Hay que llamar a la policía. –. Propuso mientras intentaba hacer que el muchacho se dejara de patrañas, aquello que estaba pasando, de seguro tendría que ver con algún maníaco, ¿Dónde estaba aquel pajarraco que "protegía" la ciudad cuando se le necesita? Estúpidos publicistas.

Pero al momento de regresar a la cabina, se oyó otra explosión desde la misma dirección, el hombre volteo de nuevo hacia el escenario en llamas, esta vez, eran los campos que separaban las dos abandonadas instalaciones, el almacén de los laboratorios, la montaña de fuego iluminaba todo de manera tétrica, incluso llevando a cabo el cometido de poder observar con detalle el alto edificio ubicado muchos kilómetros al norte de la costa, parecía que los laboratorios también ardieran, la escena resultaba espantosa, todo consumido por el fuego.

Al momento de regresar a su propósito inicial, el hombre mayor, ahogo un grito, allí, frente suyo, de la nada, apareció una sonrisa, que surgió de la oscuridad y envuelta por la tenue luz lunar, mostró un elegante traje de seda color marino y unos cabellos bien peinados hacia atrás, de tintes esmeraldas, aquel ser relucía sus blancas y perfectas perlas, que descubrió más aun por la broma lograda al sorprender al anciano, que ahora estaba de una tez tan pálida como el papel.

– ¡Oh! Mi buen amigo. – Abrió los brazos como si fuese a recibir un cándido abrazo del hombre moreno, más este no hizo ademán alguno de acercársele. El aludido sonriente mascullo por lo bajo, restableciendo su desquiciada sonrisa otra vez. – Esto solo sirve cuando están borrachos, este requiere otras medidas. – Habló consigo mismo el lunático, para luego subir la barbilla y alargar el cuello, luciendo determinado. – Pero es tan extraño encontrarse con un marinero sobrio, Dios, los felicito, se nota que de verdad quieren dinero para algo más importante, ¡que no sea un tumor en el riñón! – Ante su propio comentario el payaso soltó una carcajada aguantándose la presión en la barriga rodeándola con los brazos mientras se arqueaba, el tripulante detrás de su jefe, tenía las manos juntas y rezaba una y otra vez.

– ¡El Guasón! – Exclamó alarmado el pálido encargado, al dar por sentado la identidad de su extraño e inquietante polizón.

– El mismísimo en persona. – Confirmo el descabellado, mientras se inclinaba muy teatralmente, con ambas manos trazando circunferencias alrededor de su figura y soltando ligeras risillas. Pero se vio interrumpido por los sollozos del jovenzuelo asustadizo detrás de su jefe, el buzón le lanzo una mirada indignada.

– Tú, chico, deja eso, es espantoso, mira, te intentare ayudar. – Siseo con desprecio, mientras se pasaba la lengua por los labios. – Imagina que esta desdichada barca es un universo, – Y fue trazando una ruta imaginaria con sus palmas, señalando cada elemento como si tocase con sus dedos un botoncito. – Y aquí estamos solo nosotros tres, ¿no es algo romántico? – Rió otra vez. Ahora, yo soy el Dios, y ustedes son Adán y Eva. –.

– ¿Y por qué tú eres el Dios? – Retó el capitán al desequilibrado, tanta tensión se podía cortar incluso con un cuchillo de mantequilla, no soporto tal hipocresía.

– ¡Oh! ¡Pero que buena, muy buena observación! – Especulo el guasón. – ¡Por esto! – Grito sacando de atrás de su torso dos metralletas MP40. – Estas son mis amigas, Daisy y Roxanna. – Dijo, frotando sus mejillas contra las dos armas. – Estas sexys nenas y yo, queremos que les avisen al centro de control del muelle sobre la explosión. – El capitán se encontró confundido ¿Por qué un criminal quiere informar de su propio crimen? Pero el guasón se cansó de esperar, y disparo al cielo, logrando que los dos pobres hombres en el barco diesen un salto, el que rezaba se dio contra el piso del barco de espaldas, y se puso en posición fetal. – ¡Ahora! – Ordenó el sonriente hombre.

El capitán se dirigió a la cabina, mientras seguía siendo apuntado por el arma, tomo el radio y apretó el botón para empezar la comunicación con el centro de control, activo la bocina en altavoz por orden del amenazador. Prosiguió con el protocolo normal – Aquí Barco Sussana Bendita, Aquí Sussana Bendita ¿Me escuchan? –.

– Fuerte y claro, compadre, ¿Qué pasa? Sabes que mi turno de por si es fastidioso, no quiero discutir contigo sobre las cartas ahora, sabes que gane ayer sin trampas. –. Contesto un hombre al otro lado de la línea con voz áspera y un tanto adormecida, pero sin dejar de tener cierta impresión de alegría.

– Ahora no Ted, hubo una explosión en los muelles del sur, cerca de mi posición. –. Contesto con desagrado el mayor sin dejar de observar con odio el arma cerca de él y a su portador.

– ¿Cuál es tu posición? – Pregunto alarmado el interlocutor, dándose cuenta de la situación tan peligrosa que representaba un incendio de tal magnitud. El capitán por su parte, se asomó por la brújula para asegurarse de su rumbo, sin dejar de sentir la presión de una de las pistolas sobre sus sesos, no dejo de verla con odio de reojo, y se dio cuenta de que la otra era apuntada contra el muchacho, aun acurrucado contra el borde de la proa, no pudo evitar sentir lastima de él, pues lo obligo a ayudarlo a esas horas y mirar como acabaron. Que mala racha la de aquella noche.

Cuan poco afortunado sonaba en esos momentos estar en el barco Sussana Bendito. Que ironía.

– S46, E24, a un 1 Km de la escena, la explosión es enorme, fue hace 15 minutos a lo mucho, todavía veo fuego. – Informó el capitán, concentrado en su tarea ara que por lo menos le perdonaran la vida a su paralizado compañero de barco.

– ¡Dios Santo, hombre, que suerte la tuya! – Exclamo Ted al otro lado de la línea. Internamente, el Sr. Jack King estuvo completamente de acuerdo soltando un suspiro, pero lo que el ignoraba, era que dentro de la cabina de servicios, en el techo, una sombra sospechaba desde un principio del atentado ocurrido, y una vez confirmado todo, se dispuso a correr a su batimovil, para salvar a los hombres del barco e intentar detener al guasón en plena disposición de la fechoría, marco una vez en la nave las coordenadas dadas por el capitán y se dirigió a toda velocidad a la escena.

– Ni que lo digas. – Concordó el hombre; no pudo siquiera pudo darse cuenta de cuál fue el momento en el que el Joker tan solo desapareció del piso de su barco, junto con sus armas infernales. Mientras volteaba de nuevo hacia proa, el capitán colgó el auricular. Y se desato el infierno.

Explosiones en todos lados, dentro de la cabina, en el muelle, en parte del río, las calles de la autopista. Sin ningún lugar de inicio aparente. Algo era seguro, estaba premeditado. Y una sonrisa alegre observaba todo aquello, satisfecha.


Planeta Tierra, Ciudad Gótica.

20 de Julio de 2007. 07:13 AM.

Comisaría Policial.

A la mañana siguiente, el noticiero matutino, junto a la cede policíaca a cargo de James Gordon, eran un completo caos, el comisionado intentó comunicarse con su aliado secreto, el murciélago, pero por más que trató.

El encapuchado no contestaba.

Colgó enojado y preocupado por décimo tercera vez el auricular del teléfono contra el aparato de mando. No estaba bien, para nada bien. Intento llamar otra vez, pero con dirección a la cueva del héroe, esto ya se había convertido en una emergencia. Pero fue interrumpido por un toqueteo apresurado contra la puerta, alzó la cabeza, colgó el teléfono de nuevo y tomo un arma de la gaveta entre abierta de su escritorio por precaución. Sus nervios estaban casi destrozados, la prensa estaba hambrienta.

– Señor, este es el informe del atentado, pero todo el mundo le echa la culpa a los árabes – Informó un joven servidor policía quien acababa de entrar en su despacho, junto a un comentario adicional, fuera de lugar para la opinión del comisario.

– Es porque no encuentran a quien echarle los cocodrilos, muchacho. – Respondió irritado el comisionado, mientras abría la carpeta, dándole un vistazo, se sobo las sienes, aún más estresado por las infinitas opciones escritas en el condenado archivo. – Estoy seguro que el que hizo esto es completamente americano, como siempre, y uno demasiado alegre. – Declaró finalmente, cerrando bruscamente la carpeta.

– ¿El guasón, señor? – Inquirió el muchacho.

– Jorge, cierra el pico ahora mismo, estás hablando de un terrorista en mi oficina, tengo suficiente con que la prensa me esté preguntando lo mismo como cuervos hambrientos. – Gruño el James, estaba harto ya del mencionado psicópata.

– Pero señor, todo el mundo murmura que fue en el subterráneo de los Laboratorios. – Dijo el chico, queriendo disculparse. – Como si unos hombres hubiesen puesto unas bombas allí abajo. –.

– ¿Los laboratorios S.T.A.R? –.

– Sí, señor. – Tras la respuesta, el comisionado descolgó su teléfono apresurado, señalándole al joven que se retirara, lo cual acató con nerviosismo la orden.

– Alicia, comunícame con el Alcalde. – Solicitó Gordon a la oficinista central del centro de servicios.

– Inmediatamente señor. – Contesto la voz de una mujer de edad media.

– ¿Pero qué mierda quieres Gordon? – Contestaron en el otro lado de la línea. Nada más y nada menos que el alcalde. Al otro lado se oía la voz lejana de una mujer llamándole la atención, probablemente la esposa del mismo, solicitándole un lugar para esconderse junto a sus hijos. – Ya basta mujer, atacaran primero a los ministros en todo caso. – Se escuchó otra vez al alcalde, y James se alteró, ese hombre era un hijo de perra.

– Tráteme con más respeto señor, tengo una pista importante del atentado de esta noche. – Se defendió James, ahora metido en la piel de detective, alterado lo suficiente con la afirmación del Alcalde hacia la mujer.

¿Algo dado por su amiguito de negro? – Se burló el Alcalde Hill.

– No, señor. –. Respondió casi entre dientes.

– Entonces mejor aún, manda a dos unidades adicionales esta vez al seguimiento de tu supuesta pista. – Ordeno el Alcalde. Para luego colgar el teléfono con descaro, dejando a Gordon con el pero en la boca.

– Este imbécil. – Pensó y mascullo por lo bajo el comisionado, no le quedaba más que acatar la orden dada, pero primero, volvió a hace una llamada, esta vez, a su hogar.

¿Hola? – Respondió una mujer en la otra línea.

– Bárbara*, toma a los niños y ve a donde siempre, no dejes que Bárbara se te escape, sabes como es. – Simplemente eso fue lo que dijo con desespero, algo aquí no cuadraba bien en esos testimonios, y sospechaba de la actitud de todos los que lo rodeaban. – Te quiero, mantente a salvo. –. Musitó un poco más sentimental, siempre estaba la posibilidad de no volver a ver a los seres queridos en casos como esos, donde una escena era solo una pantalla de humo, tal y como le decía su instinto en ese momento.

– De acuerdo amor, haré lo que pueda, luego hablamos, te amo. – Por fin más tranquilo, colgó el teléfono y se dirigió a la puerta y tomo su abrigo del perchero con descuido, salió de la comandancia y prendió su carro, dirigiéndose al sur de la ciudad, a la escena del crimen.

Jorge lo observo marcharse, cruzo el pasillo y al final de este no salió el, sino que apareció misteriosamente una mujer de sonrisa extranjera y de ojos refinados, siguiendo los pasos del oficial con una sonrisa socarrona, se retiró por la puerta de atrás para seguirle en su convertible, evadiendo todo pensamiento de sospecha con su esbelta figura.

Todo iba en orden con el plan.

– Perfecto. – Celebro con un acento, mientras aceleraba para seguir con lo acordado. Pero ignorando, que allá arriba en el cielo: alguien estaba viéndolo todo, analizando.


Ciudad Gótica.

20 de Julio de 2007. 9:47 AM.

Área Sur 66.

Una vez allí, el comisionado James Gordon pudo comprobar el campo chamuscado, que desprendía un sabroso olor que le abrió el apetito, y los restos en todos lados de lo que antes era un almacén abandonado. En toda el área no había rastro de fuego alguno, solo cenizas y charcos de agua. Los aviones de rescate hicieron un gran trabajo.

Salió del coche y toco el suelo, todo húmedo, no le sirvió de nada. Introdujo una regla, que chocó con una superficie más dura al final.

– No es la placa de tierra. – Susurro, pues al chocar la regla otra vez, 20 centímetros, se producía un sonido antinatural, algo metálico. – Esto aquí anda muy mal. – Pensó. Con horror, levanto la mirada, y escondiéndose tras un árbol poco afectado por las llamas, se encontraba Jorge.

Un árbol.

Un árbol poco afectado. Por explosiones.

Era una trampa.

Tomo el teléfono y lo encendió. Ese no era Jorge, nunca lo había sido.

– ¡Todas las unidades a mi posición! – Grito a la otra línea, mientras iniciaba una desesperada carrera por su vida. Un disparo. Se agacho un poco. Otro disparo. Se quebró la ventana de su auto. – Mi mujer me matara, es la tercera vez que le pasa esto al carro. – Pensó mientras escuchaba otro disparo, esa vez le dio al suelo donde acababa de pisar. Demasiado cerca. Se deshizo de todo pensamiento e intento acelerar aún más, maldiciendo el no poder sacar su arma para defenderse, si lo hacía, perdería velocidad y de seguro le atinarían. – Más vale llegar a casa con vida, que los vidrios del puto coche. – Concluyó.

Y llegaron las patrullas. Sus agentes dispararon. Gordon se tiró al piso.

– ¿Esta bien? – Gordon suspiró con alivio, aun en el suelo, Harvey Bullock, el detective bajo su mandato. – Es una suerte que me dijera estar con unos cuantos chicos más cerca. ¿Sabe quién era el que le disparo? Ha de ser un completo imbécil. – Afirmo con desprecio, mientras ayudaba al comisionado a levantarse, siendo respaldados por un grupo de policías, mientras se les unía a la escena las dos unidades policíacas adicionales solicitadas por el Alcalde Hill.

– No, no es así, por desgracia, al parecer no es ningún imbécil, es alguien con un gran disfraz. Debo llamar al Alcalde. –. Contesto mientras se daba un respiro, intentando reponerse.

James tomo su celular, y marco el número, tras dos tomadas, contestaron.

Y al otro lado de la línea, sonó una carcajada femenina.

– ¡Oh! ¡El Señor G es tan inteligente! –.

– ¡Harley Queen! ¿Qué rayos haces allí, y el alcalde? – Cuestiono alterado Gordon, mientras miles de escalofríos recorrían su espalda ¿Qué en todo esto era lo que en verdad estaba ocurriendo?

– Oh tranquilo cariño, pantaloncillos mojados está siendo bien atendido. – y tras el sonido de un lánguido beso al otro lado de la línea, se escuchó un grito. – Mientras tanto. – Siguió la joven mientras echaba unas risitas entre diente. – Digan adiós. – Y así colgó.

– ¿Pero a que mierda se refiere? – E inmediatamente, se arrepintió de hacer la pregunta, pues tras un fuerte estallido, el campo donde estaban todos parados, se incineró como respuesta. Explotaron las patrullas. Los gritos ahogados cesaron tras 2 minutos, y así, todo volvió a quedar en silencio, mientras las llamas se extinguían sin más, dejando misteriosos charcos en su lugar de nacimiento.

Una sonrisa enorme perteneciente de un rostro pálido, se ensancho aún más, pues había presenciado la escena, y ya no había más que ver. Literalmente, nada.

Objetivo logrado. Ahora solo faltaba hacer volar a las familias de todos los involucrados, y por supuesto, las casas de los billonarios de la corrupta ciudad, como parte de su iluminado objetivo.

– Maravilloso. – Siseo entre la curva de su sonrisa, lamiéndose los labios, frotándose las manos y prosiguiendo a peinarse el cabellos con fervor por quinta vez. Finalmente, su carcajada retumbó por todo el lugar.

A lo lejos, una mujer tomaba de nuevo la forma de una figura masculina, Jorge había sido de gran ayuda. Se retiró de allí con sigilo, vaya tratado el de todas las alianzas malignas, sonrió para sí misma, esos imbéciles no llegarían a ningún lado, pero al menos daban buen dinero y servicios.

Los hombres son unos idiotas.


Planeta Tierra. Estados Unidos.

Ciudad Gótica. Mansión Wayne.

20 de Julio de 2007. 08:28 AM.

En una gran pantalla, empezó el tintineo de una luz roja sobre un mapa. Un hombre de esmoquin se percató del asunto, abandono su tarea de organizar el subterráneo e inspeccionó el aparato.

– Dios Mío Santo. – Dijo sorprendido. Mientras miles de otros puntillos rojos se encendían y empezaban a tintinear, casi que por todo el mapa de la ciudad. Alfred, el mayordomo del multibillonario Bruce Wayne, tomo el intercomunicador e inicio sus nulos intentos de comunicarse con él, pero ningún intento funcionó. – ¿Dónde está señor? – Se preguntó internamente, preocupado por el hombre al que todavía veía como el pequeño herido que con sus fauces se defendía de todo aquello que quisiese entrar a su herido corazón.

Suspiro, volviendo a erguirse y observando de nuevo la atormentante pantalla, se decidió a que si no aparecía, debería recurrir a otras medidas, el confiaba en el estuviese donde estuviese. Se dispuso a teclear con precisión, certificando cada alarma. Por ahora, esa era su tarea.

Pero lo que todo el mundo ignoraba, era que cada cortina de humo, tenía por detrás un detalle, pequeños fragmentos del Gran Plan formulado por las tinieblas, que si se unían darían a conocer los sangrientos hechos tras el telón de teatro.


Transacción de la Galaxia G344, Noroeste Terrestre.

260 años luz de la vía láctea.

Nave 'Común' de los Citadel.

Aquel monstruo Gorgoriano que decapitaba sin siquiera pensarlo dos veces, ahora no aparentaba ser más que un escarabajo, inclinado en su propio ser y con los ojos agrandados para parecer más débil e inocente, en su interior quería degollar sangrientamente por su misma mano al ser frente suyo. Eso sí sería un gran privilegio… tomando en cuenta que era el deseo anhelado de más de la quinta parte del universo, aquellos ya esclavizados, los enterados de que el verdadero ser al mando, era ese tosco vejestorio que lo observaba con ojos experimentados. Ese simple costal de huesos era la cúpula de la pirámide maldita. El aludido lo miro con incomodidad y repugnancia.

¿Acaso podría ver que deseaba aniquilarlo?

Trago un poco, intentando no parecer receloso, escondió su cola entre las patas con toda la intensión de aparentar miedo y sumisión. Fue el momento en que una de las masas grises detrás de él le empujo contra el suelo con una lanza acompañada de una fuerza tan atroz como la suya.

– Me imagino, insecto, que la razón por la cual has pedido una conferencia no es para darnos la mejor de las noticias. – Siseo con desprecio el gobernante. – Tanto como para hacerme, a mí, el Gran Soberano, dirigirte la palabra a un Don Nadie. – Sentenció, mientras uno de sus soldados clavaba una lanza en la base de la cola del gorgoriano. Este rugió de dolor, y supo que debía hablar a menos que quisiera que lo dejasen sin su preciado miembro.

– Señor, mis respetos, en nombre de mis dependientes quisiera. – Aun así al intentar informar de todo lo ocurrido un latigazo de parte del propio líder de los Citadel, gruñó por lo bajo por ser interrumpido con tanta hostilidad, o quizás, por el dolor.

– Rápido, enclenque. – Ordeno irritado.

– Sí, sí, señor. Vera, el prisionero escapo, pero podemos sacar provecho de eso.

– ¿A qué te refieres? – Inquirió.

– Señor, mi buen Dios, podemos usar a nuestro favor la información que lleva consigo.

– ¿Información? ¡¿Información?! – Gritó. Subió la mano para bajarla luego con brusquedad, una señal para sus lacayos de azotar con fuerza al gorgoriano, látigos y palazos quedaron marcados en la espalda del susodicho. – ¿Tus idiotas son tan inútiles que ni siquiera pudieron mantener la boca cerrada? ¿Cómo consiguió ese bastardo información? ¿Es acaso el superior a los tuyos? ¡Es un Tamaraniano! Sus habilidades se rigen de los más débil que puede haber en nuestros mundos, las emociones, un simple pajarillo, ¿Se te escapo? Y adicionalmente, ¿con algo de que sacar del puto pico? – La metáfora, llego fuerte y clara, junto con otro latigazo más. – Tu error podría llevarte a la muerte inmediata, pero eres lo suficientemente astuto como para beneficiarte de tu desliz. Dime. – Siseo con aun más odio. – ¿Dónde está el muchacho? ¿Y por qué puedes utilizarlo?

– El… – El gorgoriano apretó los dientes, al momento de hablar, una fisura de su espalda pro la bocanada de aire se rasgó aún más, y tuvo que reunir todas sus fuerzas para no gruñir, ni mostrar las garras. – Encontró una ruta hacia la ubicación de su hermana.

Los ojos de Gobernante, se iluminaron, misteriosamente y por alguna lujuriosa razón, llenos de alegría.

– ¿Aquella tierna nena que abandono su hogar, dejándosela a su tosca niñera, por un mundo de suburbios? – Musitó, mientras dejaba al relucir sus encías, pues dientes ya casi ni tenía.

– Si, mi señor. –

– El trofeo que nunca fue otorgado, la traición. – El viejo rió por lo bajo, y los concejales a su lado se inclinaron sobre ellos mismos, llenos de pánico. – La razón por la cual parte de su gente cree que están en guerra, maravilloso. El gorgoriano inclino la cabeza, rogando para en su descuido no se la arrebataran. – Levántate. – Y el gorgoriano trato, pero no pudo. – ¡Levántate, he dicho! – Y por puro milagro, logro poner rectas las rodillas, y suportar en sus pies, todo su peso maltrecho.

– Lárgate de aquí, y cambia las pequeñas cosas que él sepa. Pon trampas, es posible que vayan a Tamaran, prepara la flota, atrápenla, atrapen a esos principitos, dámelos en bandeja de plata, son hermosos, que cosa podríamos hacer con ellos. – Siseo, corrupto innato.

– Si, mi Rey. – Respondió el gorgoriano, repugnado por dentro de las intenciones del soberano. – Enfermo. – Declaro mentalmente.

Salió cojeando de la sala, seguido de las miradas de todos los presentes, al momento de salir, una docena de muchachas, de distintos planetas esclavizados, entraron cabizbajas, y el grito de júbilo del Rey y el asustado de las chicas, hizo eco por toda la nave. El gorgoriano vomito a mitad de camino. – Cerdo. – Gruño mostrando los incisivos con todas las ganas que había retenido para sí mismo en sus adentros. Cuando se le ocurrió una idea.

El planeta tierra tenía un manjar de individuos extraordinarios, quizás ellos, bien informados, pudieran acabar con el Imperio Citadel. Sonrió para sus adentros, quizás, una de las órdenes dadas por su rey, pudieran ser ligeramente cambiadas.

Era astuto, como el mismo Gobernante lo había dicho. Y estaba decidido a colocar todas las piezas en el tablero.


Planeta Tierra, Jump City.

18 de Julio de 2007. 16:32 horas.

Azotea de la Torre T.

Luego de la temible situación experimentada aquella mañana, los muchachos salieron de su ensimismamiento tras varios minutos de reflexión e incertidumbre, ansiedad, y quizás, solo quizás, un poco de miedo.

Ryand'r se encontró en el sexto pasillo recorrido aquella tarde, en eso se le habían pasado las horas, desde que su hermana se levantó y abandono con decoro la sala, él se le quedo viendo, y fue testigo de cómo el líder del grupo reaccionaba rápidamente, antes que el mismo, corriendo detrás de ella, llamándola por su nombre para alcanzarla y colocar sus manos cariñosamente en los hombros de Starfire, para que luego se cerrara la puerta del pasillo, que contenía secretamente los sollozos que no llegaron a sus desarrollados oídos. Se sintió un poco celoso a decir verdad, junto con una sensación de incertidumbre.

– ¿Qué más podemos hacer? Sigamos con el día – Pregunto con fingido desgano Raven. – La guerra no llegara hoy, eso esperemos. – Musito levantándose, seguida por Chico Bestia, quien ocupo el antiguo lugar de la chica, para ocultar su preocupación iniciando una conversación con su amigo robótico, evadiendo todo rastro de la estrepitosa noticia, proponiéndose una nueva partida de los adictivos videojuegos.

– ¿Es todo lo que van a hacer? – Pregunto Ryand'r con exaltes.

– ¿A qué te refieres? – Inquirió la encapuchada dándose la vuelta para enfrentarlo, acabando de tomar un par de libros regados en la mesita de estar, ahora llevándolos bajo el brazo.

Con una rapidez poco propia de Chico Bestia, este salto detrás de la chica, y, sin que la misma se diera cuenta, le mostró a Ryand'r una cara de pocos amigos. No la provoques, o lo lamentaras, y no solo con ella. – Fue lo transmitido con recelo tras la fugaz conversación tacita. Ryand'r decidió ignorarlo, con la ayuda de un precipitado impulso de orgullo y atrevimiento.

– Me refiero a que, ¿Cómo pueden de repente ignorar algo así? – Respondió con altanería.

– ¿Y qué quieres que hagamos? – Remató la amatista.

– Algo, cualquier cosa, para intentar estar preparados. – Intento explicar, mientras intentaba meterles en la cabeza que necesitaban lo más urgentemente posible un plan funcional a su favor.

– Pues bien, maravilloso. Yo seguiré concentrándome para que no explote tu cabeza, los chicos se atormentaran internamente y no aparentaran nada, y tu hermana, acompañada de Robin, se lamentara internamente de cualquier cosa que se le meta en la cabeza. – Articulo el testimonio sin ni siquiera fruñir el ceño y con un tono de voz tan neutro que acalló el orgullo y exaltes del joven frente a ella. – Ahora, ya que me considera su amiga más cercana, y ella ha sido la única que he tenido en verdad, y que este con vida, déjame ir a consolarla, lo cual deberías ver también si harás tú. – Acto seguido, se marchó por uno de sus portales místicos que la engulló desde el suelo. No antes de darle una sonrisa de agradecimiento a Chico Bestia por su actitud protectora. – Cuanto has cambiado. – Le murmuró mentalmente. Chico Bestia, una vez que se fuera chica, se permitió sonreír bobaliconamente, y claramente la sonrisa se esfumo tras el coscorrón que le dio Cyborg en broma, tras lo cual empezaron su campeonato de carreras virtuales diaria, como era habitual, solo que esta vez ambos poseían un grueso nudo en la garganta.

Ajeno al rápido intercambio mental de los muchachos. Se marchó sin mirar atrás por el mismo pasillo para buscar a su hermana, sin acceder que lo hiciera por la acusación de la joven antes en la sala, pero cuando cruzo la puerta. No supo qué camino tomar olvido de donde vino en un principito tras la presión de todos los asuntos acusadores. Solo dos opciones: Derecho o izquierda. Se encogió de hombros, dándole un voto de confianza por el momento al del antifaz. Eligió la izquierda, por lo menos exploraría su nuevo lugar de estancia. ¿Cómo había llegado a saber el camino para llegar a la habitación? Fácil, entro por la puerta principal, que por cierto, ¿Dónde se encontraba? Si la ubicaba, solo debía seguir el camino que el día anterior había recorrido, o quizás encontrar el ascensor, que se camuflaba excelentemente con las demás puertas de aquellas fortaleza.

Sintió un dolor de cabeza, que complicado; luego arremetió contra él un gran sentimiento de frustración ¿Había hecho bien al acudir a su hermana? Pero su duda desapareció al recordar, que no podía acudir a nadie más. Solo la tenía a ella. Quizás debía tomar las riendas de la situación solo, o morir en el acto. Pero su crianza se lo prohibió, moriría entonces en vano. No lo iba a permitir jamás, debía luchar con todos los recursos posibles, no solo por su familia, también por su planeta.

Con energías renovadas, como si se hubiese quitado un costal de encima, se dispuso a conseguir un camino entre todos esos pasillos. Y así fue como llego allí, en un largo corredor, que claramente no era el de los dormitorios, luego de haber bajado una inclinación, ese lugar era un laberinto, hizo nota mental de pedir un tour para la próxima vez.

Coloco una mano sobre una de las tantas puertas, y apareció un panel para ingresar caracteres, decidió no tocarlo, ya había destruido muchas cosas al llegar al planeta, recordó con cierta vergüenza, el cómo había tenido contacto labial con una joven para adquirir sus conocimientos del idioma, quizás debería disculparse, ¿Dónde fue la ciudad en la cual aterrizo tras entrar en la atmósfera? Y recordó el nombre de una librería contra la cual chocó y rompió el cristal, Book's Metrópolis. Oh si, la Metrópolis, y luego paso por una ciudad en brumas con góticos o algo parecido, hacia el sur.

Siguió caminando, y se abrió de arrebato una de las puertas, dio un salto hacia atrás, poniéndose en posición de batalla, con sus manos encendidas y dispuestas a todo lo que habría que enfrentar. Pero no había nada, solo un salón de trofeos o algo así. Ryand'r decidió separarse un poco de aquella puerta e inmediatamente esta se cerró. – Con que era un sensor. – Concluyo mentalmente.

Su lado felino surgió de repente, si bien la otra tenia clave, esta no, decidió asomar las narices. Se apoyó en el marco, y asomo la cabeza; por un momento le dio gracias la expresión. Visualizo un escritorio y una pared que a su vista era descuidada, pues poseía un montón de papeles blancos y negros, que unos encimas de otros, no hacían visibles las letras que describían algún anuncio, lo mismo con los retratos, todos ellos de seres variados, desde un escalofriante hombre sonriendo, hasta un mastodonte de color ciruela o quizás un color más opaco. Se fue adentrando al recinto, y le llamo la atención un sonido proveniente desde detrás de la pared del escritorio, se acercó más, y vio un artefacto negro, quizás un boomerang, que estaba produciendo aquel pitito, su forma era la de un animal nocturno, como aquel que el mismo percibió en un árbol a través de su carrera por llegar a la torre.

La puerta, tras el minuto se cerró y eso le hizo pegar un brinco, se dio la vuelta, olvidando el aparato y se dirigió a la salida, la puerta se abrió obediente, y siguió el camino que antes tenía hacia la derecha, por fin, luego de casi dos horas caminando, una compuerta con un interruptor a un lado, al final de un pasillo sin salida resulto ser el ascensor ¡Gracias X'Hal!

Presiono el botón del piso de los dormitorios, su vista fija en sus manos, al llegar, fue poco a poco subiendo a vista, para conseguirse otra vez, cara a cara, con su hermana. Se quitó de encima el porte de guerrero, con ella no había barreras, ninguna en absoluto.

– Hola, pequeño Ryand'r. – Saludo ella con naturalidad, y el agradeció mentalmente el efectivo apoyo que el enmascarado le proporcionó. Sintió la clavada fugaz de los celos, apenas torciendo el gesto. Salió del ascensor, sin que su hermana se montara en él, y las puertas del elevador se cerraron. Starfire, perceptiva como siempre, intuyo la incomodidad del joven tras la mueca casi invisible que formaron sus labios. – Robin, el, me ayudó mucho hoy. Yo no quería que me siguiera, no me gusta que me vean así… tan, tan ¿frágil? – Intento explicarse, Ryand'r presto especial atención a cada palabra.

– Lo sé, disculpa que no te siguiera yo, pero me encontré yo mismo un poco consternado. Ahora, tu, aquí, Oh por X'Hal ¿Cómo lo explico? – Se pasó con vergüenza la mano derecha por la cara y luego se rasco la nuca, nervioso. – De repente tienes a alguien más atrás tuyo, que te mira para poder sonreír. Y los demás, son raros, todos ustedes juntos lo son incluso más. – Una idea mental se pasó por su memoria. El Consejo, aquellos vejestorios que hacían de buenas voces en el jurado Tamaraniano ¿Qué opinarían de una princesa, la legitima tras las fechorías de la mayor, con un grupo tan peculiar? Enojado, lanzo la pregunta a la profundidad de su mente, o más bien, al propio carrizo para que se pudriera. ¡Ella era feliz! No era juzgada.

Otra vez, como en aquella mañana, sintió una alegría inmensa.

– Oh, Ryand'r. ¿Estas celoso, tú precisamente? –. Pregunto ella, sonriendo inclinando un poco la cabeza, enternecida.

– ¿Qué? ¡No! ¿Cómo crees? Em… es solo, este… Ellos, tu, ustedes, todos – Paro en seco, no podía articular palabra, se puso rojo como un tomate, y se dio a sí mismo una palmada de lleno en la cara. No podía creer lo cursi que sonaría lo que iba a decir. – Son una familia.

¿Qué? – Su hermano hablo tan bajo, que no pudo entender lo que dijo el prácticamente entre dientes. Ryand'r tomo una gran bocanada de aire, incluso más rojito si fuese posible.

– Se han hecho una familia. Todos estos años. Es como cuando éramos niños; papa, mama, hermana, tú y yo. Unidos incondicionalmente, contra todo. – Por fin soltó aquello. – Y sí, estoy celoso. – Confeso finalmente.

Su hermana lo abrazo de sorpresa. Pensó que más bien se pondría cursi ella también usando el dialogo, no que lo abrazaría así de repente. Ella lo tomo de la mano y le jaló para que la siguiera.

– ¿A dónde me llevas? – Pregunto intrigado.

– Todos estamos abrumados. Y aunque te sonrojaste, no puedes ocultarme el nudo que tienes en la garganta. – Oh vaya, él ni siquiera se había dado cuenta de que hablaba un poco lanzado y aguantaba la respiración.

– ¿Pero adonde…? – Se desconcentro cuando pasaron por una habitación a la cual él pudo darle un vistazo. Allí estaban Chico Bestia y Cyborg teniendo un riña mientras se daban empujones con unos controles en las manos. Hizo nota mental, debajo de los dormitorios, por el sendero de la izquierda, se encontraba un pasillo que estaba lleno de cuartos de hobbies. – Pero… – Otra vez su palabra murió, descubriendo dos habitaciones más adelante un salón biblioteca, en cuyo gran ventanal estaba recostada Raven ojeando algún libro. Posiciono su visión hacia su hermana, el cabello sedoso le rozaba las mejillas provocándole cosquillas, sonrió ante la sensación.

Se dispuso a levitar tal y como lo hacia ella, no estaban limitados para nada. Eso le fascino, no tenía por qué caminar, podía pensar en la cosa más feliz que tuviera en su memoria y así, despegarse del pesado suelo. Libre. Libertad. Su corazón se aceleró, encontró un nuevo objetivo, quería ser libre, en un hogar, así como su hermana.

Tomando el mando de la situación, se elevó aún más del suelo y rebasó a su hermana, sorprendiéndola. Pero el soltó una carcajada, sin soltar la mano de su preciado tesoro. Ella también sonrió y se dispusieron a las carreras. Dejando que ella tomara la delantera para doblar alguna esquina o subir o bajar. Noto que ascendían, y que se dirigían cada vez más a la izquierda de la torre.

Cada quien en su habitación, sonrió para sus adentros; sus integrantes fuera de órbita, estaban riendo, inundando la Torre T de alegría. Para Raven, se hizo más amena su meditación. Cyborg y Chico Bestia, decidieron salir a la costa a jugar fútbol, Robin, por su lado, soltó una pequeña risita en el salón de entrenamiento, contagiado de felicidad, Starfire, la bella Starfire, le había oído, y ahora estaban todos, incluyéndole, más relajados. Se decidió a preparar al equipo para aquella tormenta que se avecinaba.

– ¿A dónde me llevas, hermana? – Pregunto Ryand'r todavía volando velozmente junto a la mencionada.

– Arriba. –.

– ¿Arriba? –.

– Si, debo enseñarte algo hermoso. –. Respondió con simpleza.

El no dejo de volar a gusto, con su hermana de la mano, se sentía seguro. Subieron rápidamente, levitando con precisión, unas escaleras, Ryand'r no noto el garabato que había en una esquina de la pared de estas, donde un dibujo infantil tenía lugar. Para cuando salieron, cerró abruptamente los ojos, frenando, y frenando consecutivamente a Star, ella espero pacientemente hasta que él se adaptara a la luz.

– Ryand'r, tienes que ver esto. – Le incito, y el, obedeció.

Fue abriendo los ojos lentamente, notando el aumento de su ritmo cardíaco. Qué maravilla. Sintió el viento jugar con su cabello, el olor del mar purificando sus pulmones, y ante sus ojos, un esplendor del cual nunca se imaginó merecedor.

El atardecer. ¿Cuándo se había hecho tan tarde? Puso más atención al paisaje. La ciudad, a la derecha, se sumergía cada vez más en penumbras y la gente empezaba a encender las luces de los bombillos de sus hogares.

Pero más allá, mucho más allá, estaban unas colinas, las colinas del oeste, no las había notado al llegar, ya que él había llegado directamente del norte y de noche, las colinas montañosas no son las más visibles.

El sol se escondía tras ellas, y las luces cambiaban de color tras cada medio minuto. Blanco, amarillo, violeta, rosa, naranja, rojo, verde… finalmente, el sol dio un último gran esplendor por ese día. Y un gran resplandor de todos los colores pintó las nubes sobre su cabeza. Subió la vista para verlas, con la boca abierta. No se dio cuenta de cuando los dos se habían dirigido al borde y se habían sentado allí, colgando las piernas y sin separar las manos. Cuando volvió su vista al rostro de su hermana, ella también lucia maravillada, tan radiante con el último rayo de sol atrás suyo, iluminando de forma mágica cada rasgo delineado. No culpaba al pobre enmascarado de haberse enamorado. Sonrió con ternura ante el pensamiento, con los ojos cerrados.

Respiro hondo, y soltó el aire lentamente, sintiendo en cada fibra de su cuerpo la última caricia del cuerpo celeste.

– Ha sido hermoso. – Dijo el en un suspiro. A Star le brillaron los ojos, amenazando con lágrimas.

– Lo sé, es glorioso. – Recito. – Vengo aquí cada vez que puedo, para ver el amanecer y el atardecer, muchas veces aquí también esta Robin. – Al mencionar el nombre del muchacho, su rostro enrojeció, mostrando una pequeña sonrisa diferente a la anterior. – No recuerdo cuantas veces anduve por aquí, recordando los viejos tiempos, melancólica, implorando porque estuvieses bien, donde fuera que anduvieras. – Y una sobra oscureció su rostro. El no resistió el impulso de tomarla por los hombros y abrazarla.

– Lo siento. – Repitió Ryand'r por enésima vez, igual que lo había hecho aquella llamada.

– No sientas nada, nadie tiene la culpa. –.

– ¿Lo dices en serio? –. Pregunto el, atónico de que ella no se echara la culpa, tal y como él lo hacía.

– Robin, el, puede ser muy persuasivo. Me ha convencido, que una vida, debe vivirse, que hice bien en escapar aquella vez. Que si no lo hubiera hecho, no nos habríamos conocido. Y es verdad. – Una vez más, su voz se quebró. – Quien sabe dónde y cómo estaría yo ahora. – Finalizo. El ante tal confesión, palideció, era cierto, muy cierto. Tomo su rostro por la barbilla y la elevo hasta ver sus ojos.

– Mira, estoy aquí, soy tu hermano, hubiera ido a por ti, lo sabes, hubiese dado mi vida, por la tuya. Eres mi hermana, me alegro de haberte encontrado. Me siento orgulloso de tu vida, mira lo que has construido. Esto, ellos, se han convertido en una familia. – Hizo una pausa, agobiado. – Espero no me cambies.

Ella le dio un golpe en el brazo, no demasiado fuerte, pero si con la suficiente para entender el regaño.

– ¡No vuelvas a decir eso! – Le regaño Starfire.

– Hey, tranquila. Solo es, que me siente tan orgulloso. Tienes tanto, te has esforzado mucho. Y mira ese jovenzuelo, está loco por ti, y tú por él, me he dado cuenta ¡y llevo solo un día aquí! Se nota la tensión. – Le dio en empujoncito, y esta vez ella se elevó del suelo, con una sonrisa resplandeciente, como la de una niña avergonzada y traviesa.

Para cuando menos se lo esperaba, en aquel momento tan íntimo, ella voló a su alrededor muy rápidamente, mareándolo.

– ¡Hermano, tú las traes! – En un principio, no entendió la expresión, pero cuando ella paso a su lado, y la fuerza del viento le empujo, supo de que iba el reto.

– ¡Vuela; Vuela rápido, que te alcanzo! – Respondió el. Sonriendo ampliamente, olvidando el peso de la misión, olvidando el peso de las amenazas. Esa noche iluminada todavía por la luna llena, seria tranquila. Olio el viento otra vez, disfrutando su tacto, persiguiendo a su hermana, podía disfrutar ese momento, guardarlo a fuego en su memoria, le haría falta en el campo de batalla, para no rendirse jamás.


Robin (Richard Grayson). POV.

Sucesos Ocurridos en la Azotea. 2 horas antes.

Corrí tras ella al notar como salía disparada tras digerir la noticia de la guerra, yo también me quede sorprendido, y asustado a decir verdad. Tragué duro al cruzar la puerta; divise su hermosa melena pelirroja sacudirse con su trote, la seguí, cada vez mas cerca, y la tome de la mano, dándole la media vuelta para verla, tomándola de la cintura cuando vi que ella iba a caer. Tenía la mano derecha sobre sus carnosos labios, ahogando sus sollozos, y sus ojos están acuosos. Oh Dios, mi corazón.

Me congelo allí mismo, y me abalanzo a abrazarla. Ella hunde su rostro en el hueco de mi cuello. Mi ángel, no llores… Si tú lloras el mundo es gris. Le acaricio su cabello con delicadeza, y la beso en la mollera de vez en cuando, sus quejidos resuenan un poco contra las paredes, me destroza el alma. Mi vida, ella se está culpando. Mi corazón se retuerce aún más.

– No, no por favor, no llores. – La tomo de las manos para separarla un poco de mí, subo mis manos y las coloco en sus mejillas, quiero ver sus gemas esmeraldas, están relucientes. Limpio las lágrimas con mis pulgares. – Vamos, sé de un lugar que te encanta, te sentirás mejor. – La toma de la mano, mientras escucho sus quejas "¿Cómo sentirme mejor, Robin?" afirma ella.

Pero reconoce el camino que tomo, y se deja llevar, debo ser un buen partido después de todo. Poco a poco, caminamos abrazados a la azotea. Pero ella se detiene en la mitad de la escalera y se queda allí, esconde la cabeza entre sus manos, agachada y encorvada, como un pajarillo herido, inconscientemente, me recuerda a mí mismo de niño tras mi perdida, inseguro, solo.

Pero ella no está sola, yo estoy aquí. Posiciono mi mano izquierda en su hombro derecho, regresando a su lado y sentándome allí también. Cuanto hemos cambiado, ahora que me inclino hacia ella para abrazarla, me satisface internamente darme cuenta que he crecido mucho más, ha pasado tanto tiempo. Ya casi somos adultos, podemos manejar esto, salir adelante como lo hace la Liga.

– Lucharemos. – Le aseguro. – Por tu planeta de nacimiento, y este también, e incluso otros mundos. ¿Es lo que los héroes hacen, verdad? – Le pregunto, como si le hablara a una niña, y es así, es mi niña. Me ha hechizado. Pero cuando se vuelve hacia mí, mi corazón vuelve a estrujarse.

– Esto está sucediendo por mi culpa. – Me dice, y yo quedo boquiabierto. Se ha que se refiere, escapo de ser un trofeo de guerra, así nos conocimos y formamos el equipo, tras luchar contra esas lagartijas súper desarrolladas. Me entra de repente el enojo.

– ¿¡Cómo se te ocurre decir algo como eso!? – Casi grito, y me arrepiento, pues sus ojos se agrandan y empiezan a derramar lágrimas otra vez. – No, no, no, no, no... Star, no era mi intención asustarte, solo, solo no te cumples, no es verdad. –. Dios, ¿Por qué soy tan imbécil? Solo puedo volver a abrazarla, tiembla entre mis brazos.

– Pero es verdad. – Musita entre hipos. – Escape, volví sin más, como si no hubiera pasado nada y renuncie a mi deber, se lo regale a Galfore, se vengaran con mi gente por mis acciones, yo era la garantía del trato. La guerra, la guerra, mi padre y madre murieron de angustia por ella, y ahora yo, yo ensucio sus tumbas. – Sus palabras me cachetean, ¡Eso no es verdad! La vuelvo a separar y me posiciono frente suyo, un escalón más abajo.

– No, no es verdad. Si no hubieras hecho eso. – Respiro hondo, buscando las mil y un razones, y estas surgen en un momento salvavidas de inspiración. – No nos hubiéramos conocido jamás. – Suelto en un suspiro, mientras ambos palidecemos, y nos apretamos las manos al mismo tiempo. Se me forma un nudo en la garganta. – Yo estaría solo, perdió y amargado. Raven estaría al borde, y ni pensar de su demoníaco padre. Cyborg se hubiera vuelto polvo. Chico Bestia estaría deprimido y marginado. Y tú, oh Star, todas las cosas horrorosas que te hubieran podido hacer. – Suelto con pánico, y parece que es la primera vez que ella se lo toma en serio, lo ha reconocido. Esos maníacos, esos malditos indecentes. Trago duro, atormentado.

Ella suelta el aire que estaba reteniendo, y para mi sorpresa, yo hago lo mismo. Junto nuestras frentes. – Oh, Robin. Pero, aun así, siento que es por mí. –. Tengo que encontrar otra forma de hacerle entender. Le tomo la cara

– Star, ellos no se detendrían. Has escuchado a tu hermano, no solo es a tu planeta según entendí. – Y se le agrandan los ojos, espantada. – Quieren el universo, o eso parece. – Dijo mientras la coloco en mis piernas, es tan liviana. – Dirán muchas cosas, pero será para hacerte sentir débil. No cedas. Eres fuerte, lucharemos por nuestro mundo. – Le aseguro.

– ¿Solos? – Pregunta. Y yo, consternado, entorno los ojos. No me he comunicado mucho que digamos con los demás… Llamar de repente para pedir apoyo en un rollo en el cual puede que no estén interesados, no suena muy prometedor.

– No lo sé. – Confieso. Ella se levanta y subimos a la azotea por fin. El viento nos refresca y a mí sí que me hace falta, su presencia siempre me va a colorar, es mi estrella y su luz me atrae. La observo, el sol ya casi empieza a bajar y su tierna luz baña su rostro y su cuerpo. Me sonrojo cuando me doy cuenta de recorrí su esbelta con mis ojos, como si me la quisiera comer, y ella también esta sonrojada. Se acerca, me acerco, juntamos las frentes y luego la beso en la nariz. La tomo de la mano, subimos sobre el techo de la sala de las tuberías, más arriba, nos sentamos. Y contemplamos el cielo.

Iniciamos la actividad que tanto nos gusta en momentos como estos, en que todo el equipo esta inestable; observamos las nubes y les vamos buscando formas. Ella consigue un cachorro, un león, un perrito caliente e incluso una esfinge. Yo consigo una moto, un árbol, un bastón y un gatito. Nos reímos, relajados por fin. Ya casi es el atardecer y ella también se da cuenta. De repente se levanta, sonriente, eso me alivia aún más.

– ¡El atardecer! – Oh Dios, que ella sea así de genuina por siempre. – ¡El atardecer de la tierra es hermoso! Ryand'r tiene que verlo – Yo asiento, contagiado de su entusiasmo. Se abalanza sobre mí para abrazarme fuerte. Me pongo melancólico otra vez.

– Star… – Susurro y siento un escalofrío. – Me alegra que hayas logrado en aquel entonces huir de esa nave – Le digo al oído. – Y que aterrizaras directamente aquí. – Me apoyo en los codos y la abrazo con una mano aún más.

En un impulso que no sé de dónde salió, la empujo levemente contra el suelo, sorprendiéndola, ahogo su sorpresa con un beso, un beso casto, pero largo. Le quiero.

Cuando nos separamos, ella esta sonrojada, tan dulce e inocente. – Yo también, Robin. – Y la estrecho más contra mí, me vuelve loco.

Bajamos con cuidado, y en las escaleras me agacho y con mi boomerang empiezo a rayar la pared. – Robin, ¿Qué haces? – Me pregunta. Y yo solo le presento mi obra, es como la de un niño, pero sé que le ha gustado cuando la ve. Con un deje de humor le presento una figura, que quiero que se parezca a un gato, ella, y otra más a su lado, que es más un palo con más rayas, que quiero que sea un mono, yo. Ella se ríe, y yo también, así, es como recupero a mi chica. Humor, amor, confort. Mi dulce Starfire, no te apagues nunca o me perderé por siempre.

– Iré por Ryand'r. – Me anuncia mientras me planta un beso en la mejilla. – ¿Qué harás tú? –.

– Entrenare un rato. – Le digo, con tono despreocupado, más que obligación, es pasatiempo. Ella me regala una media sonrisa.

– Este bien, te veo luego. – Se pone una mano en la barbilla, haciendo que yo sonría, está pensando algo profundamente. – Primero debo encontrar a Ryand'r a decir verdad, espero no se haya perdido. – Dice, ahora un poco preocupada.

– Tranquila, solo que no meta las narices donde no debe. – Afirmo, con cierto tono de molestia. Ella me da un abrazo al llegar al final del pasillo, soltando nuestras manos, y se va volando con dirección al ascensor de los dormitorios. Apenas dejo de verla, ya la extraño.

En el salón de entrenamiento, me dedico a golpear un saco de boxeo. Ha pasado ya unos treinta y cinco minutos. Cuando escucho unas risas que aceleran mi corazón. Por la rendija de la puerta, pasan dos rayos, uno pelirrojo y otro más vinotinto. Sonrió con gran avidez. Mi estrella brilla como siempre, puedo que un poco más, volviéndome a enamorar.

Una gran seguridad aborda mi cuerpo. Saldremos adelante. Sin importar como, con quien, ni dónde. Estaremos juntos, luchando por nuestros mundos.

Me regocijo en los melodiosos cantos y vuelvo a mi pasatiempo, esta vez, las barras. Estoy seguro que quedare exhausto, mejor, dormiré bien. Hablando de dormir.

Hago nota mental de presentarle a Ryand'r su nueva habitación. Que sea su hermano no le da tantos derechos. Otra vez, mientras voy en la flexión numero veinticuatro, sé que Star le está mostrando la azotea, nuestro lugar especial, enseñándole el atardecer.

Semejante. Un novio sobreprotector, y un hermano igual. Mi Starfire debe de tener carácter con el cual lidiar.

Mi orgullo por mi familia, ahora con un nuevo miembro es inigualable.

Nunca pensaría que a la mañana siguiente, con aquella tarde, el mundo se me iría otra vez a los pies, junto con el café, mirando el noticiero.

Fin del Capitulo "Planes Ocultos"


Bien amigos esto es todo por hoy, me he tardado un poco más en actualizar pues me he fajado en hacer este capítulo mucho más sustentado y largo, como pudieron notar, llegue esta vez a más de 9.000 Palabras. ¡El Capítulo más largo que he escrito hasta ahora! Casi 10.000. Por cierto déjenme anunciar que incluso hubo un apagón aquí, en Caracas, Venezuela. Así que me he esforzado por compensarlos.

*Bárbara*: Para aquellos que no han leído los comics, la esposa de James "Jim" Gordon, se llama Bárbara. A través de mi fic, desenfundare más de esta historia, tranquilos. Por cierto se puede hacer una votación sobre la elección de la relación de la familia Gordon, pues en una Batichica es la hija biológica de la pareja y en otra es la sobrina adoptada por la muerte de sus padres. Adicionalmente también está la existencia fija de James Jr. No sé muy bien cual elegir pues no sé qué impacto tendrá en ustedes.

Otra cosa, la serie fue estrenada en el 2003, ellos tenían en ese entonces, en la serie 15 años aproximadamente, el fic está ubicado en el 2007 por mi conveniencia y desarrollo del fic, se darán cuenta después por eso, está bien atribuido el hecho de que ellos tengan 18-19 aproximadamente. ¿Shi?

Lamento enormemente la tardanza, tuve la presentación de varios trabajos y todo se me acumulo, lo siento, pero en compensación alargué mas lo capítulos como pudieron observar. ¡Y no tuve internet! ¡Fue espantoso! Incluso cuando me llego intente entrar a la página y no podía, casi me muero.

Espero les haya gustado. ¿Qué les pareció la presentación del Joker y la villana? ¿Adivinaron quién es ella? Dejen reviews por favor, quiero saber sus opiniones y críticas.

Con aprecio y trabajos. Su esclav– digo autora. Quien lamentablemente tiene un Internet que la odia.

Reviews!

Marianita–chan! =3