Holas :( Lamento haberme tardado más de lo normal. Es sólo que la semana pasada se me ocurrió recuperar uno de mis viejos fics y pasé el fin de semana corrigiendo y analizando posibilidades y entre que subía el capítulo y planificaba el futuro de la historia, se me olvidó actualizar este.

Aquí va el penúltimo capítulo.

Ojalá les guste. Es algo corto, para variar U.u.

Depresión

Harry se había marchado de la mansión quince minutos después, con su baúl de ropa flotando frente a su nariz, su Saeta de Fuego miniaturizada en el bolsillo derecho y las esperanzas destrozadas de Draco en el otro. No era, de ninguna manera, que él quisiera que Potter volviera.

De ningún modo. Prefería despellejarse a sí mismo con un tenedor que volver con Potter.

Por favor, él había sido muy claro tres semanas atrás, cuando lo mandó al infierno y le clausuró la posibilidad de aparecerse dentro de la Mansión. Él había cortado todos los vínculos que, por algún motivo que sólo Merlín entendía, lo unían a Potter y Draco ya no quería tener nada que ver con el Gryffindor y su sentimentalismo barato y sus horribles camisas a cuadros. Él no quería nada con ni de Potter.

Nada de nada. El hecho de que hubiera escondido la parte superior del pijama de franela de Potter, para evitar que lo guardara en su baúl y se lo llevara, no significaba nada, fuera de que quería que Potter pasara frío por las noches. Y que cogiera una gripe. Claro, todo era parte de un plan maravillosamente macabro.

Y el que permaneciera observando la puerta por donde Potter se había ido, una hora después de que éste la cerrara, tampoco significaba nada.

Nada de nada.

Pensó en volver al despacho, pero dentro de aquella habitación ya no quedaba nada que él pudiera destruir y lo que más anhelaba Draco en esos momentos era hacer explotar unas cuantas cosas. O subir a su cuarto a sentirse muy, muy mal, que fue la opción que terminó escogiendo. Se dejó caer de espaldas sobre la colcha negra, impecablemente estirada por los elfos, y observó el techo raso de la habitación. El mismo techo que dos años atrás, en su primera visita a la Mansión Malfoy, Harry había tratado de hacer que reflejara el cielo nocturno, emulando al del Gran Comedor. Desde luego que el inútil de Potter no lo consiguió. Vamos, que el chico realmente había combatido al Señor Tenebroso a base de Expelliarmus, mucho talento no tenía. Lo cierto es que sólo logró hacer desaparecer el tejado dejándolos con un frío de los cojones, pero Harry pronto había olvidado el tema en vista de otros asuntos más cálidos que atender.

Draco rodó sobre la cama hasta ponerse boca abajo y hundió la nariz en la almohada. A pesar de las semanas pasadas, seguía percibiendo la presencia de Potter ahí. Probablemente era pura paranoia, en vista que los elfos cambiaban a diario las colchas, pero era imposible extirpar así como así la presencia de alguien que había estados dos años invadiendo su vida, quitándole las colchas por las noches y equivocándose de cepillo de dientes frecuentemente.

No bastaba con sólo cambiar las sábanas para que todo dejara de oler a él. Estúpido Potter. No sólo le había arruinado sus panes perfectos de vida, sino que también se había colado bajo su piel como una sanguijuela y Draco no sabía cómo sacarlo de ahí, ni tampoco estaba tan seguro como tres semanas atrás de querer sacarlo. Sintió que el alma se le iba a los pies.

Harry no iba a volver.

Él lo había estado esperando pacientemente los últimos veinte días, asumiendo que era obvio que no sentía nada de lo dicho. Llevaban dos años juntos, eso debería haberle indicado a Potter que realmente no creía que fuera una mediocre parodia de ser humano y que toda esta humorada de relación fue siempre un fiasco, como le había gritado a todo pulmón. Vamos, Draco siempre decía cosas así sin pensarlas. Harry tendría que haberlo sabido. Tendría que haberse dado cuenta de lo estúpidos que estaban siendo ambos, especialmente Draco con su afición de llamar sangre sucia a Granger y de llegar tarde todos los viernes.

Y sobre todo con esa manía que tenía de fingir que todo le interesaba un bledo y darle a entender a Potter que le daba lo mismo si estaba con él o no.

Y estúpido Potter, por creérselo.

Ahora, sólo le quedaba aceptar las cosas como estaban. Él estaba solo en medio de su cuarto desierto, abrazado a la camisa del pijama de su ex novio, mientras Potter posiblemente estaba en esos momentos con la Weasley de bolsillo.

Y Draco no podía hacer nada por evitarlo.

Continuará

:O

Bueno, ahora sólo queda un capítulo y ya tendré mi primer fic terminado :D creo que es el momento cúlmine de mi irregular carrera de fangirl y quizá verlo terminado me anime con todos los demás que tengo algo abandonados. En fin, que la próxima semana nos leemos en el último capítulo.

Mil Gracias por leer. Todos los comentarios son bien recibidos.

Hasta pronto! KmY