Capítulo 3: Eternamente Tuya
Un seco y crujiente sonido oyó Yue cuando su suave pisada descendió sobre la rugosa superficie de la Luna. No había señales de vida a la vista. Solamente el hedor a muerte y destrucción embrujaba el lugar que solía ser el más maravilloso en toda la Creación. Donde los campos sin fin de flores solían llegar hasta el lejano horizonte ahora estaba cubierto con grietas que desgarraban la tierra. Sólo las piedras seguían donde el puro y limpio Arroyo Lunar una vez corría irrigando la Tierra de Luz Eterna. ¿Quién creería que éste alguna vez fue el bello santuario de Yue?
Yue se detuvo en frente del Santuario Lunar, o lo que quedaba de él. El Arco Torii estaba roto, el Santuario entero reducido a montones de madera quemada y piedras oscurecidas. El techo, embaldosado con oro y plata ahora era irreconocible. El Santuario Lunar, hogar de las Dos Sacerdotisas de Kannazuki, refugio de la esperanza de la humanidad, estaba completamente destruido. Los maravillosos recuerdos que hicieron en este lugar y los sentimientos que compartieron estaban perdidos para siempre. Ellas se amaban mucho, sin embargo el pacifico final que deseaban nunca llegó. La realidad era cruel, el destino despiadado. Yue pensaba que podía hacer cualquier cosa con sus poderes. Había creído que aunque no podía hacer nada contra el destino, al menos podría protegerlas hasta donde podría… Qué ilusa que resultaba ser a veces…
"¿Por que esa cara triste, Yue-chan?" La voz de Yui murmuró mientras abrazaba a Yue por detrás.
Sin decir una palabra, Yue invocó sus poderes celestiales. Debajo de sus pies, un gran símbolo con la forma de la Luna Creciente apareció y empezó a girar. Alrededor de ella, un aura plateada giraba y aullaba con la voz de mil lobos. En su mano derecha, un orbe de luz emergía y crecía hasta el tamaño de lo que los mortales llamaban un balón de baloncesto. Entonces ella levantó su mano y la movió hasta su hombro izquierdo, exactamente donde estaba la cabeza de Yui. Yue liberó el orbe.
En un estruendoso rugido, un rayo de luz fue disparado desde la mano de Yue al mismo tiempo que la presión de Yui sobre su cuerpo se desvaneció. En algún lugar muy lejano en el que estaba ella, el hechizo se estrelló sobre la tierra seca de la Luna y explotó, mandando sucesivas olas de calor contra ella de vuelta como si quisieran arruinar su distancia. Con todo Yue se sostuvo en tierra incluso más firmemente de lo que un viejo árbol lo haría. Para alguien de su calibre, esto era apenas digno de mención.
"¿Sabes qué…?" Yui dijo mientras estaba de pie sonriendo en frente de Yue, "si hubiera reaccionado un segundo tarde, estaría muerta." La mujer hizo como si limpiara el polvo de su blanco vestido de una pieza y la larga capa blanca que cubría cada pulgada de su piel bajo su cuello. Bueno, ambas sabían que no había ninguna mancha en sus ropas, después de todo, Yui era la famosa maníaca de la higiene quien se resguardaba a si misma con tantas barreras repelentes de polvo que el fin del mundo llegaría antes de que algo sucio se acercara a diez pies de ella.
"Eso debería recordarte lo que pasa cuando me tocas," Yue dijo frescamente. "La próxima vez que hagas eso..." Yue dejó que la amenaza no dicha susurrara en el aire de la noche silenciosa. Yui no era tonta. Ella era capaz de entender el mensaje.
"Oh vamos," Yui río. "¿Quien ha oído sobre alguien a quien le hayan volado la cabeza solo porque abrazo a su linda hermana menor?"
El aura plateada rodeando el cuerpo de Yue se reunió en su mano. Una vez más, ella golpeó. Solo que esta vez, sin ninguna advertencia. Había movido su mano a la derecha en solo una fracción de segundo, el segundo rayo de luz que lanzó podría arrancar un brazo de la mujer pero pasó sin siquiera tocar su capa. Sin embargo, Yui parecía impasible. Ella ni siquiera parecía registrar el hecho que Yue podría paralizarla.
"¿Acaso no dejé bastante en claro que tú no eres mi hermana?" Le preguntó Yue, su mirada hecha una daga y su voz hielo.
"Sí, he olvidado que aunque un juramento tonto nos une como hermanas, me desprecias más que a cualquier cosa," Yui río. En todo caso, la mujer sólo se veía más feliz que nunca.
Yue suprimió un ataque de ira. "Tonto" apenas describía la estupidez del juramento. Su Padre sabía mejor que nadie que Yui no quería ser hermana de Yue (él estaba al tanto de la razón) y aún así él nunca titubeó cuando proclamó que adoptaría a Yui en su familia y forjaría entre ella y Yue un lazo más fuerte que cualquier vínculo de sangre. A veces Yue no podía notar si su padre estaba agradecido con ella o sólo quería hacer su vida miserable. Probablemente la última opción sería la correcta pero entonces Yue nunca hizo una elección. Era someterse a la voluntad del hombre o volver donde había nacido y sufrido hasta su último aliento.
"Si estás al tanto, vete", Yue murmuró. "Prefiero estar por sola".
"Sería cruel de mi parte el hacerlo, Yue-Chan", la otra mujer dijo gentilmente. Parecía que ella no sabía que Yue la mataría incluso con un indicio de contacto corporal, estuvo tentada a palmear a Yue en el hombro como cualquier hermana mayor. "Te ves muy infeliz después de la audiencia con Padre. ¿Cómo podría dejarte sin intentar confortarte?"
"Rompí la Ley", Yue dijo irritadamente, "Fui afortunada de que Padre sólo me sermoneara".
"No deberías decir eso", Yui le sonrió suavemente. "Ellas fueron una vez tus niñas. Es lógico que te preocuparas por su seguridad. Padre nunca debió hacerse un gran problema por eso."
"Ya es suficiente", Yue espetó, alejándose. La otra mujer decía la verdad… pero eso no significaba que Yue fuera a estar de acuerdo con ella. Por el amor de dios, todo lo que había hecho durante la mayor parte de su vida le estaba mostrando a Yui que la única cosa que podía conseguir de Yue era odio.
"¿A dónde vas?"
"A un lugar donde no puedas molestarme," ella contestó ferozmente. La mujer no dio señas de estar ofendida, pero una sombra de tristeza atravesó su linda cara.
"Molestarte, ¿eh…?" Dijo Yui lentamente como si saboreara las palabras en su boca. "Recuerdo las veces en que tú siempre parecías feliz de platicar conmigo, cuando siempre reías de mis bromas. Ahora, estás sobre mi garganta cada vez que encuentras una oportunidad. ¿Qué pasó con mi pequeña y dulce Yue-Chan?"
"Ella cambió para mejor," Creando un Portal Dimensional se dirigió de vuelta a la Cuidad. "Te sugiero que vos también lo hagas." Dio un paso hacia el portal y se desvaneció. "Cambiar para mejor, ¿eh?," Yui murmuró después de un suspiro. Ella no creía eso, no después de lo que Yue había hecho cuando ellas eran jóvenes e ignorantes del mundo. La chica siempre había sido callada cuando Yui intentaba preguntarle cómo la había ofendido. Si Yue continuaba actuando hostil con ella, quizá podría morir antes de conocer la verdad…
Oh bien, Yui pensó con exasperación. La actitud de Yue... la irritaba sin final pero realmente no tenia tiempo para preocuparse sobre la otra chica.
Yui alzó su mano y dirigió su palma hacia el destruido Templo Lunar. De su clara piel, un pequeño pasador de cristal con la forma del Sol emergió, flotando y brillando tanto que parecía una estrella de verdad bajo el oscuro cielo. Ella realmente no tenia que hacer eso para entrar, desde luego, pero nunca se sentía cómoda cuando los Treinta Sellos y la Esfera Central de la Prisión Dimensional se envolvían en ella con el fin de verificar sólo para permitir su acceso. Ahora que tenía ese pequeño recurso, no sería molestada por ese detalle.
Los Treinta Sellos invisibles y la preciosa Esfera Central empezaron a reaccionar ante la llamada de la Cresta Solar de cristal. En un parpadeo de luz dorada, fue tragada y escupida en una pequeña habitación en la cual en una silla donde su pequeño hermano Akira se estaba sentado… Sus ojos veían el escenario falso tras las ventanas abiertas. Yui suspiró. La posición sentada de Akira había cambiado, lo que significaba que había despertado cuando ella no estaba aquí, que era lo que sospechaba. El suspiro se profundizó.
Yui caminó hacia donde Akira estaba sentado y lo abrazó
"¿Cómo estás, hermanito?" ella murmuró
En otro lugar…
"Objetivo localizado," reportó uno de los subordinados de Yuusaku, "pero no tenemos contacto visual. Ella acaba de entrar a la Cámara Sellada de Ame no Murakumo."
Yuusaku parpadeó perplejo. ¿Para qué la mujer visitaría la Cámara Sellada? El Dios de la Espada no era muy diferente a un cadáver, excepto que él aún respiraba. ¿Qué quería de un hombre quien ni siquiera movía sus parpados? Bueno, el prisionero era su hermano menor… pero él era además la razón por la que ella seguía viviendo una vida tan tormentosa que cualquier otro preferiría morir. Si Yuusaku estuviera en la situación de la mujer, él no dudaría en ir tras el cuello de Ame no Murakumo no Tsurugi… Supuso que eso significaba que la mujer estaba planeando algo para con su hermano menor…
"Esperemos a que salga," Yuusaku comandó. "Preparen un escuadrón entero de Mensajeros esta vez. No dejen que se escape, ¿necesito ser mas claro?"
"Si, señor. No, señor," los Mensajeros en el Cuartel General contestaron al unísono.
Yuusaku suspiró, como sea, verdaderamente dudaba de que sus subordinados pudieran capturar a la mujer. Ella era como una gota de mercurio, aparentemente capaz de escurrirse por las grietas de sus manos independientemente de que tan fuerte apretaran sus puños. Ella hacia esto casi imposible.
¿Exactamente que estas tratando de hacer, chiquilla? Yuusaku pensó furiosamente.
En Mahoraba…
"Uh… uau…" Himeko exclamó al momento en que dio un paso de la puerta, y Himemiya Chikane sonrió suavemente. En bendito silencio, ella veía a la pequeña ángel deleitar sus ojos ante la grandeza de la habitación preparada para ella en la Mansión Himemiya. Sorpresa y asombro se dibujaron en la cara de la chica de cabello dorado, bañada en un encantador resplandor que la hacia verse mas hermosa que nunca. Después Chikane se sentó en la gran cama King-size colocada en medio de la espaciosa habitación, digna de ser llamada una suite presidencial en cualquier hotel de primera clase, ella continuó su estudio de su amada Himeko, quien estaba revoloteando sobre cada esquina para saber qué era cada objeto de la gran pieza. La chica ensanchó sus ojos cuando vio la TV de plasma de 52 pulgadas en la pared opuesta a su cama, ella exclamó cuando abrió una pequeña puerta y vio su propio baño privado, y sonrió brillantemente ante la computadora de escritorio equipada con una conexión de Internet a la velocidad de la luz. Chikane sentía acelerar el pulso de su corazón. La chica se veía… tan linda…
"¿Te gusta esta habitación?", Chikane inquirió, sonriendo, "¿o preferirías otra? Yo recomiendo altamente la de la ala Este, por su gran vista al jardín trasero".
"¿Cuál está mas cerca a la tuya, Chikane-chan?" la pequeña angel preguntó, y Chikane parpadeó en sorpresa.
"Diría que ésta," ella contestó lentamente. "¿Por?"
"Sólo estaba siendo floja", la chica de cabello dorado río, puntos de color florecieron débilmente en su cara.
"Mientras más cerca estés de mí, menos tengo que caminar cuando quiera verte." El color profundizó, colorando sus mejillas rojas. Curiosamente, Chikane tenía la impresión de que no era la única razón. Fue sólo entonces cuando se dio cuenta del tono acariciante al decir cuando quiera verte. Su corazón empezó a revolotear. Ahora eso tenía un sonido agradable para ella...
"Ya veo," Chikane dijo, sonriendo.
"Che, che, Chikane-Chan," Himeko tiró de la manga de Chikane una vez que se había acomodado a su lado en la cama.
"¿Qué pasa?" ella volteó hacia la chica de cabello dorado, plenamente consciente de que sus hombros los separaba menos de una mano. Himeko al parecer había olvidado el incidente en el vestuario hace sólo una hora. La cara de Chikane se calentó. Ella no podría… y probablemente no quería... Ella aún recordaba la sedosidad de la piel de la otra chica, la suavidad de su cuerpo, la fragancia de su aliento cuando Chikane la abrazó para poder darle calor. Chikane suprimió el deseo de lanzar sus brazos alrededor de la pequeña ángel y abrazarla de nuevo.
"¿Estas segura de que puedo estar aquí?". Parecía que prefería esta habitación a la del ala Este después de todo. "¿Tus padres permitirían a una completa extraño vivir en su casa?"
"¿Quién es la completa extraña?" Chikane sonrió calladamente. "Eres mi amiga, y eso te hace un miembro de la familia Himemiya, por lo tanto tienes garantizado abrigo cuando lo necesites. Dudo que mis padres digan otra cosa."
"Un miembro de la familia," Himeko repitió, su cara mas roja que nunca.
"Sí" Chikane asintió y plameó a Himeko en el hombro, "Asi que siéntete como en casa." La chica no tenía una familia decente ya que sus padres habían fallecido. Si Chikane podía hacer una con la pequeña ángel pues lo haría.
La chica de cabello dorado sólo miraba a Chikane, sus ojos brillando con lágrimas que amenazaban con rodar por sus mejillas. Un momento después, Himeko usaba sus sábanas para frotar suavemente su cara mientras murmuraba un gracias. Chikane se movió incómodamente en la cama. Era verdaderamente tortuoso ver a la pequeña ángel llorando sin intentar abrazarla e intentar confortarla. Bueno, quizá era lo adecuado en este tipo de situación pero Chikane no se atrevió. Sólo los Dioses sabían que podía hacer una vez que tuviera a Himeko en sus brazos… de nuevo…
"Himeko" ella llamó mientras metía una mano en su bolsa. Antes de que llegaran a esta habitación, Chikane había tenido la oportunidad de ir a la suya y tomar lo que necesitaba. "Pon tu mano."
La pequeña ángel miraba a Chikae curiosamente, aún así ella cumplió y extendió su pequeña y linda mano.
"Ya pasó pero," Chikane dijo con una sonrisa, poniendo una pequeña caja de regalo envuelta cuidadosamente sobre la palma de la otra chica, "Feliz cumpleaños diecisiete."
La chica de cabello dorado veía a Chikane, viéndose como si estuviera al borde de las lágrimas otra vez.
"Lo lamento, Chikane-chan", Himeko murmuró, sosteniendo el regalo con ambas manos como si fuera un frágil huevo.
"¿Por qué te lamentas?" Chikane parpadeó.
"Yo también tenia un regalo de cumpleaños para ti" confesó la pequeña ángel y sus ojos bajaron. Su voz era un desastre de dolor y culpa. "Pero lo perdí."
"Ah," Chikane dijo después de un segundo, y entonces río calladamente mientras su mano se movía para acariciar la cabeza de la chica. "Eso no es algo para preocuparse, tontita Himeko." La pequeña ángel la volteó a ver, su boca cayó abierta en lo que parecía casi un shock. "¿Qué pasa? ¿Piensas que estaré tristona por que no me des un regalo?" Agregó Chikane.
"Uh..."
"Son tus amables pensamientos los que atesoro y no las cosas que me das" Le mencionó Chikane pasando sus dedos a través de los mechones de cabello dorado de Himeko. "Estoy encantada sólo por el hecho de que quieras darme un regalo. Así que gracias, mi querida amiga."
"Eres tan amable…" murmuró Himeko. Chikane pensó que debía desviar la conversación a una dirección diferente. La pequeña ángel no tenía ningún defecto excepto el hecho de que lloraba muy fácilmente. Y cuando lo hacia, era como si al mundo de Chikane le hubieran robado la luz
"Abre el regalo, Himeko," Chikane le sonrió.
Las próximos segundos fueron gastados en silencio mientras Himeko cuidadosamente removía la envoltura de alrededor de la caja. Chikane veía con gran diversión. Parecía que la chica ni siquiera podía forzarse a hacer un rasguño al papel plateado, mucho menos destrozarlo. El aliento de la pequeña ángel fue contenido, sin embargo, cuando llegó a la caja y la abrió.
"Es muy hermoso, Chikane-chan," Le menciinó Himeko mirando con asombro el anillo de rubí que sostenía entre sus dedos. "¡Me encanta!".
"Estoy muy feliz de que así sea," Chikane río calladamente, muy consciente del hecho de que Himeko se lo estaba poniendo en el dedo anular de su mano izquierda. Justo donde Chikane quería.
"Gracias, Chikane-chan," la pequeña ángel envolvió sus brazos alrededor del cuello de Chikane y le dio un abrazo que probablemente podría derretir cualquier montón de hielo. Cuando Himeko retiró su esbelta figura, Chikane se encontraba queriendo jalarla de nuevo a un abrazo y besarla con todas sus fuerzas. Ella nunca renunció a ese deseo, por supuesto, sin importar cuánto lo quisiera.
"Ey, Himeko," Chikane golpeó a la chica en el hombro. "¿Qué es lo que ibas a darme? Tengo curiosidad."
Himeko dio un ligero sobresalto ante la pregunta, el color una vez más se arrastraba sobre sus mejillas.
"Era un..." ella pasó saliva incómodamente, "anillo de zafiro."
Chikane reflexionó cada palabra de esa oración una y otra vez e su cabeza, miel brotaba en su alma. Si Himeko hubiera sido capaz de conservar su regalo, ellas habrían intercambiado anillos justo en ese momento. Ella se preguntó si hubiera sido como… ¿un compromiso, quizá?
"¿Chikane-Chan?" la voz de Himeko regresó a Chikane a la realidad. "¿Qué pasa?"
"Nada," Chikane contestó. "Sólo pensaba cuánto me hubiera gustado tener ese anillo." Eso era verdad, sin embargo era algo malo decírselo a Himeko, quien había perdido el regalo que quería dar. La chica, viéndose bastante cabizbaja, se encorvó en la cama.
"Me encantaría que lo tuvieras" la pequeña ángel murmuró con una triste voz.
"No pienses mucho sobre ello, Himeko," Chikane dijo de prisa.
"Me gustaría comprar lo mismo de nuevo," la chica de cabello dorado dijo pareciendo inconsciente de lo que Chikane había dicho. "Sólo que me dijeron que discontinuaron ese modelo."
"Himeko, yo..." Chikane empezó con exasperación pero fue detenida cuando la chica volteo a ella con la mas brillante sonrisa en sus labios.
"¿Qué tal esto, Chikane-chan? Dime qué quieres y lo compraré para ti".
"Te dije que no tienes que hacerlo, ¿o no?" Chikane suspiró.
"Pero quiero darte algo porque es el primer cumpleaños que paso contigo" la pequeña ángel insistió. "Así que por favor dime".
Al principio, Chikane aún quería decir un No pero una mirada a la suplicante expresión en la cara de la ángel la desengañó de su intención. Ella la había visto antes, cuando se conocieron, casi en la misma situación. Ella suspiró. Chikane dudaba ser capaz de negarle algo a Himeko una vez que tenía ese tipo de mirada. La chica podría pedir una estrella del cielo y Chikane intentaría bajarla. Podría pedir agua de la luna y Chikane habría buceado intentando todo lo posible para conseguirla para ella saliera con vida o no.
"Muy bien," Chikane aceptó.
"¡Bien!" Himeko le sonreía brillantemente. "¿Qué te gustaría?"
Pensamientos dieron vuelta en la cabeza de Chikane. ¿Qué podría decir? No podía pedir algo muy caro, la situación financiera de Himeko no se lo permitiría. Por otro lado, la otra chica no creería que Chikane le dijera que quería algo barato. ¿Había algo que Chikane le gustaría sin que Himeko gastara un centavo? El calor floreció en sus mejillas. Eso era. Y apostaba a que podría conseguirlo sin que la pequeña ángel fuera consciente de su verdadera intención.
"¿Puedo pedir cualquier regalo?" Chikane preguntó.
"Claro" la sonrisa de Himeko se volvió más y más radiante. "Lo prometí." Ella se veía feliz de que Chikane accediera a su petición.
"¿Entonces que tal un pequeño beso, Himeko?" Chikane mencionó, mirando la conmoción a través de la cara de la otra chica. Entonces ella agregó, "en la mejilla."
"No puedo..." la chica de cabello dorado murmuró después de un momento de silencio, entonces se detuvo abruptamente, sus mejillas se sonrojaban cada vez mas.
"¿Por qué no?" Chikane sonrió. "Mis padres siempre me besan en mis cumpleaños."
"¿En serio?" Himeko dijo.
"Sí" Chikane asintió.
"De acuerdo" Himeko murmuró mientras se levantaba y se colocaba frente a Chikane, quien aún estaba sentada en la cama. Entonces la chica colocó sus manos bajo la cara de Chikane, su cuerpo se acercaba, su fragancia cubría el aire que Chikane respiraba y era… intoxicante…
El beso que otorgaron los labios de Himeko en la frente de Chikane era bastante inesperado e insatisfactorio. Fue ligero, rápido, como una brisa fresca en primavera que ya había pasado y uno podía sentir su tacto. La decepción en el corazón de Chikane se esfumó, sin embargo, porque Himeko la besó de nuevo en su mejilla izquierda. El segundo beso fue un segundo más largo que el primero, dándole a Chikane tiempo suficiente para sentir la suavidad de los húmedos labios de la pequeña ángel. Por el momento la chica de cabello dorado se alejó, Chikane pensaba que había recibido el mejor regalo del mundo. Su corazón saltó hacia su garganta cuando Himeko puso sus brazos alrededor del cuello de Chikane y la besó una última vez en la mejilla derecha. Cinco benditamente largos segundos duró el beso, haciendo que Chikane sintiera como si su sangre fuera vino. La dicha la inundó en oleadas, amenazando con ahogarla para siempre. Cuando pudo volver a la realidad, Himeko estaba ya sentada a su lado de nuevo, frente a la misma imagen de la puesta de sol. Una chica besando a otra no era exactamente algo inaudito… de ninguna manera era algo fuera de lo común…
El silencio se estiró mientras Chikane veía a Himeko, quien había tomado un serio estudio de la alfombra. La chica triplicó lo que había pedido Chikane. ¿Que habría pasado si Chikane hubiera quería un beso en los labios?
"Himeko, yo..." ella empezó, descansando su mano en el hombro de la chica. Entonces se detuvo. Te amo, había querido decir porque con todo no podía obligarse a hacerlo. Ella había pensado que seria fácil confesarse. Había pensado que Himeko no tardaría en susurrar las mismas palabras de vuelta a sus oídos. No estaba muy segura ahora de que había notado que la verdad bien podría profundizar su relación o bien romperla. Estaría bien si Himeko hacia lo que la chica esperaba... ¿pero y si no lo hacía? Chikane podría no volver a ver a su amada nunca más. Chikane suspiró. Tal vez debía esperar por otro tiempo e intentar aprender que había en el corazón de la ángel antes de hacerle saber sus propios sentimientos.
"Gracias," Al menos Himeko no iría a ningún lugar pronto.
"De nada," la chica de cabello dorado murmuró, aun mirando el piso alfombrado a sus pies.
"Bien, es bastante tarde ya," Chikane comentó en un intento por romper el incomodo silencio. Era efectivamente tarde, las dos manecillas del reloj en el cuarto señalaban la décima marca.
"Debes descansar, Himeko. Te veré mañana en la sala para desayunar." Ella se levantó elegantemente de la cama, vagamente consciente del tambaleo en sus rodillas. Toda la situación aún parecía irreal para ella, de alguna manera. En su cumpleaños diecisiete, aprendió del poder devastador de los seguidores de Orochi. El día anterior, le habían dicho que ella tenia uno aún mayor, el suficiente para salvar al mundo y a la civilización humana. En este mismo día, su amor secreto se había mudado con ella y le dio tres besos como regalo de cumpleaños. Los Dioses parecían manejar su vida en caminos misteriosos. En cualquier caso, sin embargo, si ellos podían hacer a Himeko su novia algún día, eso no le importaba lo mas mínimo.
"Buenas noches, Chikane-chan," la pequeña ángel dijo, ondeando su mano y sonriendo débilmente.
"Buenas noches, Himeko." La puerta se cerró tras la espalda de Chikane.
Ella pisaba el piso del pasillo el cual brillaba por la luz de luna que pasaba a a través de las ventanas, preguntándose si soñaría con Himeko esta noche. Deseaba que así fuera. Pero antes de acostarse en su cama, tenía algo más que hacer. Mientras más cerca estés de mí, menos tengo que caminar cuando quiera verte, la voz de la pequeña ángel susurraba en su cabeza. Después de hoy, la chica de cabello dorado no tendría que caminar en absoluto si quería llegar a la puerta de Chikane.
En otro lugar de Mahoraba…
"¿Quieren decir que Todas han sido robadas?" Oogami Kazuki dirigió su enojo a los tres hombres arrodillados frente a el. "¿Qué son ustedes, espantapájaros o Protectores de las Espadas?" Había nacido afable y amable pero en esta situación, incluso una roca estaría furiosa ante imbéciles tan inútiles. Él ya tenia la sospecha de que todo lo que los enviados del Consejo de Sacerdotes querían con él tan tarde en la noche no seria placentero. Kazuki nunca había sido tan preciso en su vida.
"Rogamos por su perdón, Oogami-sama," los tres se inclinaron tanto que sus cabezas tocaban el suelo de madera.
Kazuki se paseó por la Gran Sala de Shingetsu pero su enojo se rehusaba a disminuir. Todos estos años había confiado en que el Consejo evitara que nadie se acercara a las Espadas Selladas, todos estos años en lo cuales había pagado con su propia sangre sólo para asegurarse de que la que habían confiado en el Gran Santuario de Shingetsu estuviera segura. Ahora ellos podían decirle que las demás de las Espadas Elementales habían sido robadas, una tras otra en una semana… ¿y pedían perdón? ¡Increíble!
"¡Tú, Saiki, eres el líder, dame tu reporte!"
"Si, Oogami-sama," dijo el hombre de en medio. Casi no podía articular las frases y hablaba como si le faltara aire. "Hace siete días, intrusos pasaron la vigilancia del Santuario Mitsumine en Saitama, el Santuario Yasukuni en Tokio y Monte Koya. Por los archivos, no había signos de robo o lucha con los Protectores locales. La única noticia fue que las Espadas Selladas habían desaparecido al otro día cuando hicieron el chequeo diario. Antes de que los Consejeros pudieran enviar Mensajeros para advertir a los demás recibimos información de que el mismo incidente había ocurrido en el Santuario Ise."
La Espada de Viento de Yasukuni, la del Agua de Mitsumine, la de la Tierra del Monte Kouya y la de Hielo de Ise, todas habían desaparecido. Kazuki repentimanete tuvo el impulso de patear algo. ¡No había seña de asalto ni lucha! ¡En otras palabras los idiotas de los Protectores perdieron sin dar nada de pelea!
"¿Qué pasó con el Clan Sumeragi en Kyoto?"
"Aparentemente ellos fueron asaltados en la oscuridad de la noche, Oogami-sama," Saiki dijo. "Las cuatro Espadas Elementales robadas aparecieron en Kyoto y fueron usadas para vencer al Onmyouji. Ellos pelearon valientemente pero contra las Espadas, no tenían oportunidad. El Onmyouji fue fuertemente herido, algunos perdieron la vida. Al final, la Espada Estrella y la Espada Ocaso fueron tomadas de los Sellos."
Los Sumeragi habían sido derrotados. Las más peligrosas de las Espadas Elementales habían sido recuperadas por los Seguidores de Orochi. Tenian que ser ellos, nadie más tiene el poder suficiente para infiltrarse a los Santuarios y devastar a los Sumeragi de esa forma. Ellos no habían hecho mucho ruido en los Santuarios no porque fueran débiles. Fue sólo porque estaban guardando su fuerza para la batalla final con el Onmyouji, el más fuerte de los Protectores de las Espadas. Los Seguidores debían saber que no seria fácil tomar todas las armas de los Sumeragi.
"No mencionaste la Espada de Fuego. ¿Dónde esta Rekkyou?"
Esta vez, Yuuji, el hombre a la izquierda de Saiki, contesto aprensivo:
"Oogami-sama, uno de los Onmyouji logró obtener la Rekkyou y alejarse de Kyoto pero..."
"¿Pero qué?" Kazuki espetó.
"Su cuerpo fue hallado esta mañana, Oogami-sama, sin la Espada," el ultimo hombre del trío de Mensajeros, Furin, dijo mientras esquivaba la mirada de Kazuki. Y se veía aliviado de que Kazuki no explotara contra él. Kazuki no lo haría, por que su enojo se había vuelto asesino.
"Oogami-sama, tenemos la impresión de que los Seguidores atacaron aquí también. ¿Están a salvo el resto de las armas?" Saiki preguntó, un destello de esperanza brilló en sus ojos.
"Lo están, las tres," Kazuki dijo secamente. Gracias a las dos chicas, Raien no tuvo la oportunidad de reunirse con sus hermanos en las manos de Orochi. Gracias a la luz santa de las Sacerdotisas, la ira demoníaca de Souma fue suprimida, negando así a los Seguidores el acceso al más importante tesoro del mundo.
"Gracias a los Dioses," los tres hombres murmuraron.
Asi que sólo Raien fue dejada intacta. Tarde o temprano, ellos vendrían para reclamarla. Y si las siete Espadas aparecieran ahí… La mera posibilidad horrorizaba a Kazuki. Si eso sucedía, el futuro de la humanidad no estaría claro. Había sin embargo una solución a este problema. Traería a las Sacerdotisas ahí y abrirían los Ojos del Cielo tan pronto como fuera posible. Sin ellos era tan simple como que no podrían detener a los otros Seguidores que querían reclamar a Raien y destruir la esperanza del Mundo Humano.
"Ustedes tres, vuelvan al Cuartel General e informen al Consejo que necesito a los Protectores mas fuertes reunidos aquí en Mahoraba," Kazuki emitió la orden. Ellos no serían de mucha ayuda en caso de que algo malo pasara, pero aun así tendrían suficiente poder para proteger a las personas de la Ciudad. "Y ni una palabra a las sacerdotisas ¿fui claro?" Las chicas podrían agobiarse si les decían de sus intenciones para mañana, ellos no necesitaban mas preocupaciones o por lo menos todavía no…
"Como ordene, Oogami-Sama," ellos hablaron al unísono.
En otro sitio…
Sentada en la cama, Girochi Miyako gentilmente blandió la Espada de Fuego Rekkyouthe. Era una belleza, una brillante espada de doble filo con tallados de runas antiguas. Aún mejor, Rekkyou era más fuerte de lo que esperaba. Con la Espada Sellada en su mano, ella se había vuelto más poderosa que la mayoría de los humanos en la Tierra. Justo después de que Rekkyou estuviera en su posesión, ésta la asombró con lo que era capaz. Un golpe dio a luz la flama de destrucción sobre Narita, incinerando todo lo que estuviera al alcance de sus garras. Un segundo después completamente aniquilada la ciudad, convirtiéndose en un liso desierto de arena negra. Era bello cómo las flamas doradas llovían del cielo, como se esparcían de una parte de la ciudad a otra, como hacían arder a los hombres y mujeres hasta las cenizas.
Un destello de indignación creció en ella. Ellos empezaron el ataque en el Sumeragi en Kyoto un tiempo atrás con la intención de reclamar el resto de las Espadas Selladas. Desafortunadamente, un condenado Onmyouji escapó con Rekkyou así que Miyako era la única sin un arma en todo el equipo. Gracias al bastardo, ella era menos poderosa contra Raien, contra un cobarde como Oogami Souma. Si hubiera tenido a Rekkyou entonces... aún así no seria capaz de hacer nada, Miyako se dió cuenta. Incluso con Rekkyou, ella no estaba segura si podría ganar contra las otras Espadas Selladas. Después de su vergonzosa derrota Tsubasa-sama le había revelado que querer vencer a Oogami fue verdaderamente una tontería porque Raien podría automáticamente suprimir a cualquier ser de poderes especiales y sellar las armas mágicas. La Voz de Tristeza en la Espada Luminosa fue la que impidió que sus hechizos de fuego perturbaran al pendejo…
Pero debería estar bien ahora que la Espada Estrella había vuelto con su legítimo dueño: Tsubasa-sama. Por poderosa que pudiera ser Raien no era nada para la Espada Estrella, especialmente cuando Tsubasa-sama la empuñaba. Su ídolo era fuerte, más que cualquiera. No había oportunidad de que Oogami pudiera escapar de la ira de Tsubasa-sama. El momento llegaría pronto cuando ellos tomaran de regreso a Raien y terminaran lo que su Señor empezó trescientos años atrás.
Repentinamente un ruido sordo alcanzó a Miyako. Sonaba como si alguien se acabara de desmayar fuera de su habitación.
"Herma... na..." un débil voz la llamó
Era su hermano menor, Tokiya.
Lanzando a Rekkyou a un lado, ella corrió a la puerta y se horrorizó cuando la abrió. El pibe estaba tirado ahí largando borbotones de sangre por la boca. Su ropa estaba rasgada, revelando su enrojecida piel debajo. Un frío recorrió el cuerpo de Miyako. Si ella no actuaba rápido él seguramente moriría…
Miyako lo tomó en sus brazos y corrió como si el infierno estuviera en sus tacones. Girochi Tokiya era el único familiar de sangre que le quedaba en este cruel mundo, el único por quien se preocupaba aparte de Tsubasa-sama, y tanto que lo haría su ídolo. Desde la caída del Clan Girochi, uno de los mas grandes espiritistas que han existido en la Tierra, en la Segunda Guerra Mundial, Miyako y Tokiya se habían apoyado uno al otro sólo para sobrevivir hasta este dia. Sin su pequeño hermano, Miyako no podría hacerlo. Eso era porque... era porque no podría dejar que nada le pasara, no cuando ella no había expirado su último aliento.
Miyako abrió a la fuerza la puerta de la habitación de la Sexta Cabeza de Orochi. Hibiki Shizuku, quien se llamaba a si misma Nekoko en honor a su fanático amor por los gatos extraviados, estaba sentada en su sillón leyendo alguna revista.
"El Templo de los Dragones no es un lugar para que hagas alboroto cuando lo desees, pensé que lo sabias, Segunda Cabeza," la mujer dijo sin verla. "Y toca antes de entrar, ¿sí?"
"No me importa," Miyako casi gritó. "¡Tokiya está muriéndose! ¡No tengo tiempo para preocuparme por algo más!
"¿Tokiya? ¿La Tercer Cabeza?" Nekoko bajó la revista y dijo. "¿Cómo resultó tan herido?"
"¡No lo sé! ¡Haz algo! ¡Ayúdalo, por favor!" Nekoko era una invaluable aliada no porque tuviera los poderes de Orochi. Todos en el equipo sabían bien que la fanática de los gatos era la más débil de todos. La única razón por la que las otras Cabezas trataban a Nekoko con respeto– lo cual significa que nunca la golpeaban ni hacían bromas sobre ella cuando estaba cerca – era su habilidad para sanar, la habilidad para regresar a la vida a una persona cercana a la muerte. Eso fue exactamente por lo que Miyako llevó a su hermano menor a ver a la mujer pese a que Miyako la odiaba. Si Nekoko podía salvar a Tokiya, Miyako incluso se arrodillaría y suplicaría.
Nekoko se levantó y señaló el sillon, "Ponlo ahí".
Justo después de que Miyako hiciera lo que le dijo Nekoko puso su mano a varias pulgadas sobre la frente de Tokiya. De la palma de la mujer, una luz verde emergió y la enfocó en el chico. Repentinamente, el cuerpo de su hermano convulsionó en espasmos, la boca tosía sangre sobre su ropa y el sillón. Sus ojos se abrieron tanto como era posible y sus brazos empezaron a retorcerse, casi apartando la mano de Nekoko.
"¿¡Qué carajo estás haciendo!?" Gritó Miyako. Ella cerró la boca un segundo después tras la fiera mirada de la otra mujer.
"Cálmate, Segunda Cabeza, o te echaré de aqui," Nekoko dijo fríamente y volvió hacia Tokiya. Cuando ella abrió la boca y habló de nuevo, su voz sonaba extraña. "Tercer cabeza, invoca tu Espada por mi."
Su hermano débilmente alzó su mano y balbuceó, "Señor... de los... Siete... Mares. Ven, Suikyou..."
El espacio frente a su palma se onduló como la superficie de un estanque. Fuera de la superficie, la Espada de Agua emergió, pero no en una pieza. En algún lugar a la mitad, la espada estaba partida en dos. Miyako exclamó con horror. Nekoko solamente abrió los ojos en shock mientras tomaba ambas partes en su mano y cuidadosamente las examinaba.
Acercandose a Nekoko, Miyako miró más de cerca. Y estaba incluso más asustada, si eso era posible. Era un corte muy limpio, tanto que cuando Nekoko acomodó ambos pedazos juntos, la espada parecía como si nunca hubiera estado rota. Miyako no sabía mucho sobre la naturaleza de las Espadas Elementales pero lo que sabia era que romperlas iba más allá de cualquier poder en este mundo, incluyendo el de Orochi. Incluso una Espada Sellada no podría dañar a otra… ¿Entonces qué ocurrió?
"No es de extrañar que tenga tanto dolor sin tener ninguna herida mortal en su cuerpo," Nekoko murmuró. "Esto lo causo."
"Dilo de forma que pueda entenderlo, Nekoko."
Mientras la mujer la miraba con curiosidad como si pensara ¿Qué eres, una idiota?, lo que dijo fue diferente, "Cuando las Espadas nos fueron entregadas, hicimos un contrato con ellas, ¿cierto?"
"Si, ¿y?" Miyako dijo impacientemente.
"Para que nosotros podamos ejercer sus poderes, dimos nuestras almas. En otras palabras, las Espadas ahora son parte de nosotros. Dañarlas significa dañar nuestras propias almas."
"Entonces Tokiya, el..." Miyako sintió un escalofrio recorrer su espina.
"No te preocupes, él estará bien. Mientras podamos arreglar la Espada, el podrá volver a la normalidad. Hey, aléjate un poco de mí un momento. Sí, así está bien."
Luz verde emergió del cuerpo de Nekoko mientras dejó ir los fragmentos de la espada. Ellos quedaron en el aire donde los dejó. Poniendo su mano izquierda en la frente de Tokiya, la otra mano sobre donde estaban los fragmentos, ella dijo:
"Voy a tomar poder de la Tercera Cabeza para sanar la Espada."
De su mano derecha, corría agua brillante y formaba una esfera atrapando la Espada de Agua en medio. Entonces, de repente, el agua se volvió azul claro, rápidamente retirándose de la espada y desapareciendo. Miyako tomó la espada. Estaba completa de nuevo y llena de poder. Mirando a su hermano menor, Miyako suspiró con alivio. Antes, su cara estaba blanca como si no tuviera sangre. Ahora, un ligero color rosa empezaba a cubrir su pálida piel pues ya no estaba más en ningún peligro mortal.
"¿Cómo te sientes, Tokiya?" Miyako gentilmente cepilló el cabello de Tokiya y preguntó mientras se arrodillaba frente al sillón.
"Ahora creo que bien…" el dió una débil sonrisa. "Perdón por preocuparte, hermana."
"No digas eso, idiota," ella dijo con un tono seguro. Después de todo, su vida era una de las cosas más importantes para ella. Mientras él estuviera a salvo una pequeña preocupación no le importaba.
"Tercer Cabeza, ¿quién te atacó?" Le preguntó Nekoko.
"Oogami Souma".
Ira florecía en el corazón de Miyako. ¡El bastardo, de nuevo! Septima Cabeza de Orochi o no, ella lo odiaba con toda su alma. Fue su familia los Oogami que condujeron a ella y a su hermano menor a donde estaban. Desde el principio de los tiempos, los Girochi y los Oogami siempre se habían esmerado por servir a los Inmortales de los Cielos. La mayoría de las veces, eran los Girochi quienes hacían su camino con sangre y sudor. Pero si es así, ¿por qué los Oogami fueron los únicos elegidos para custodiar a las Sacerdotisas del Santuario Lunar hace tres mil años? Devastados, sus ancestros vivieron en desgracia y dolor. Tres milenios pasaron cuando los Girochi, uno de los más prominentes en el mundo, caminaron lentamente sobre el camino de la destrucción. Los espiritistas empezaron a dejar el Clan e ir a otros lugares, transformando su Santuario familiar en un lugar gobernado por soledad y oscuridad. Al final, todo fue perdido en las llamas de la guerra y la codicia humana por poder.
Miyako y Tokiya habían vivido en las calles como mendigos la mayor parte de sus vidas. Ellos habían sido vistos con disgusto y enemistad por la mayoría las personas humanas. ¡Y todo era culpa de los Oogami! El momento cuando Tsubasa-Sama los encontró y reclutó a las filas de Orochi, ella juró que se vengaría de los Oogami. Ahora casi habían asesinado a su hermano, ellos habían apilado pecado tras pecado. ¡Un día ella arrasaría el Gran Santuario Shingetsu con Rekkyou, dejándolo hecho cenizas!
"No fue él," murmuró Nekoko. "Cierto, las heridas externas fueron causadas por el poder de Raien pero sabemos que por fuerte que sea Raien no podría romper a Suikyou."
"¿Entonces qué ocurrió, Nekoko?" Demandó Miyako.
"Terecer Cabeza, ¿qué hiciste con la Espada de Agua?" ignorando a Miyako, la mujer concentró su penetrante mirada en Tokiya. "¿Qué hiciste?"
"Usé el hechizo de Espejo de Agua para separarme en dos," Tokiya respondió. "Uno iría tras Oogami, el otro..." Se calló, su cara se sonrojó. Y Miyako lo supo.
"Tengo que hacer algo con tu naturaleza lasciva, Tokiya. Fuiste a ver a las Sacerdotisas, ¿cierto?" Miyako gruñó con exasperación. "¿Acaso el Gran Señor no acababa de ordenar que las dejáramos en paz esta mañana?"
"Bueno... yo..." balbuceó. No había nada malo sobre su hermano excepto que le gustaban demasiado las chicas para su propio bien. Un día cualquiera aquello seria su perdición.
"Esto tiene sentido ahora." Nekoko golpeó suavemente sus labios pensativamente.
"¿Qué cosa?" Preguntó Miyako.
"Cuando curé a Suikyou, sentí el poder de la Luna sobre el corte."
"¿Eso significa que la Sacerdotisa de la Luna...?" Miyako no podía creerlo. Ella vio a la chica el otro día y honestamente, se veía mas como una princesa de cabello azul que alguien con suficiente poder para cortar a Suikyou en dos.
"¿Quién sabe?" Los labios de Nekoko se curvaron misteriosamente. La sonrisa de la mujer era una de las cosas que a Miyako no le gustaban sobre ella. Era traviesa, calculadora y un tanto peligrosa, incluso para un Orochi. "Y salgan de mi habitación que tengo que cambiarme para ir al trabajo."
"¿Trabajo?" Miyako dijo con extrema incredulidad. "No me digas que esa porqueria de hospital todavía te interesa… ¡Además es media noche!".
"No es tu problema, Segunda Cabeza." Nekoko ató su largo cabello castaño con un lazo rosa. "Y si me ven ahí, diríjanse a mí como Doctora Hibiki, ¿de acuerdo?".
"Como desee, Doctora," Miyako dijo burlonamente mientras cargaba a su hermano fuera de la habitación.
Unos momentos después…
Nekoko sonrió de nuevo después de que la Segunda Cabeza azotara la puerta. Ella no sabía nada, esa mujer tenia mas fuerza que cerebro. Miyako nunca estaría consciente de que Nekoko había encontrado un tesoro casi tan preciado como las Espadas Elementales en el hospital que ella había llamado porquería. Ahora lo que tenía que hacer era tomarlo en sus manos. Entonces finalmente tendría lo que deseaba. Nekoko empezó a reír a carcajadas hasta que las lagrimas salían le salían de los ojos.
En la mansión Himemiya…
"Ojou-Sama," Kisaragi Otoha empezó a decir... "¿Aún desea seguir adelante con esto?"
Himemiya Chikane-Sama, quien estaba de pie unos metros de Otoha en la habitación volteó hacia ella con una mirada pesada en su cara. Entonces una vez más centró su atención sobre el interior.
"Tienes razón," la princesa murmuró. "Esta habitación es mas pequeña que la mía. No seré capaz de transferir todas mis pertenencias."
"No es eso a lo que me refiero," Otoha dijo con exasperación.
"¿Entonces a qué te referías?" La confusión tocó la voz de la joven señorita Himemiya.
"¿Por qué quiere mudarse a esta habitación de cualquier forma?" Otoha dijo, poniendo tanta protesta como podía en sus palabras sin que traspasara su autoridad.
"Porque Kurusugawa-san vive en la puerta de al lado," La joven señorita respondió desapasionadamente. "Ella es nueva aquí, y no conoce a nadie excepto a mí. Estoy segura que mi cercana compañía la ayudará a acostumbrarse a la vida en esta Mansión más rápido."
Otoha trato no murmurar en voz baja. Ojou-Sama no estaba diciéndole toda la verdad. Por mucho que lo intentara nunca lograría engañar a alguien que la vio crecer. Otoha no podía creer que la fría Himemiya Chikane-sama podría tratar a una amiga tan cálidamente cuando ella raramente decía una palabra a las personas a su servicio a menos que fuera muy necesario.
Bueno, quizá podrían decir que esa Kurusugawa Himeko era la mejor amiga de la princesa pero Otoha no creía nada de eso. Si ella era sólo una amiga, incluso mejor amiga, Ojou-Sama no habría cubierto su foto… ¡en un marco de cristal!... Con una pieza de ropa de seda cada vez que Otoha entraba a la habitación para la limpieza diaria. Una vez, cuando la princesa salió y olvidó cerrar la puerta como siempre hace, Otoha tuvo la oportunidad dar una mirada a la misteriosa persona en la foto. Su boca quedo abierta entonces, encontrando la cara de una bella chica en vez de un chico que era por quien ella creía que estaría enamorada Chikane-sama.
No solo eso, incluso la forma en que la princesa Himemiya se refería a su amiga sonaba sospechoso. Bien, ella llamó a la chica Kurusugawa-San, lo cual era perfectamente normal y apropiado, pero Onoha, quien la había oído diciendo el nombre de numerosas personas antes, podía notar más que solo cariño en la voz de la joven señorita. De hecho, contenía mucho afecto y dulzura del que creía que Kurusugawa Himeko se mereciera…
Su amor secreto, Otoha terminó el inquietante pensamiento. Probablemente era la chica de cabello dorado.
Otoha sintió espinas afiladas pinchando su alma. Incluso desde que ella llegó a la mansión muy joven, pensaba que era la amiga de Ojou-Sama, alguien con quien la chica compartiera secretos. Ella pensaba que estaba en lo más alto del corazón de la princesa Himemiya salvo su Padre y Madre. Ahora sabía que era un triste delirio. Sorprendentemente, quizá Himemiya Kyou-Sama o Kimika-Sama estaban debajo de Kurusugawa Himeko en la lista de amor de la joven señorita. Eso no era justo realmente. Otoha había servido a Chikane-Sama por casi siempre. Ella debería estar en el lugar de esa gallina de cabello dorado.
Otoha se sobresaltó. ¿Ahora en qué estaba pensando?
"Esto parece suficiente para mí" la princesa Himemiya dijo después de un rato. "No hay necesidad de remodelar. Me mudare aquí mañana."
"Pero, Ojou-sama," Otoha dijo, su voz tomaba un tono algo suplicante. Ella nunca tuvo la oportunidad de decir nada más.
"Espero tener todas mis pertenencias aquí para mañana en la tarde, Otoha-San," Chikane-sama dijo tranquilamente, a pesar de que la nota final en su voz fue tan ruidosa como un trueno. Ella esperaba ser obedecida sin una sola palabra de protesta cada vez que hacia eso. "Tienes mi agradecimiento".
"Sera como usted desee, Ojou-Sama," Otoha dijo, inclinando la cabeza profundamente. No había nada más que pudiera hacer.
Fue entonces que oyó un grito viniendo de la puerta de al lado... era la voz de Kurusugawa Himeko.
Ojou-Sama era una maravilla ver la forma en que el pánico destruía la serenidad imperturbable que tenía, la forma en que su tez palideció como una hoja de papel, la forma en que corría hacia la puerta y casi se desquiciaba en su camino.
Plácidamente, Otoha siguió a la joven señorita, deseando con todo su corazón que un ladrón irrumpiera en la habitación de Kurusugawa y la estrangulara. Fue profundamente decepcionada cuando llegó a la puerta, sin embargo, vio a Ojou-Sama sentada al lado de Kurusugawa en la cama, la primera le daba palmaditas en el hombro a la otra mientras ésta parecía que toda la sangre se había ido de su cara. La chica de cabello dorado estaba temblando.
"¿Cuál es el problema, Kurusugawa-Sama?" Otoha se colocó en la entrada, sin dejar pasar ni siquiera el borde de su vestido más allá de la puerta.
"Es bastante tarde, Otoha-san." Ojou-sama la miró, sus ojos zafiros brillaban a la luz de la lámpara. "No te molesto más. Debes descansar para mañana." Otoha tragó saliva. Fue bastante educada, sin embargo le pidió que se fuera. Ojou-sama no quería a Otoha ahí. ¿Por qué?
"Entonces por favor discúlpeme." Otoha se inclinó y cerró la puerta. Entonces ella fue hasta su habitación, donde pasó una hora gritando sobre su almohada. ¡No era justo! ¡No era justo!
En la habitación de Himeko…
"¿Sufriste una Pesadilla?" le preguntó Himemiya Chikane y su mano se deslizaba a través de las trenzas doradas de la ángel.
"Así es…" la otra chica asintió. "Vi a Oogami-Kun tratando de matarme de nuevo." Ella se estremeció de frío incluso cuando sus sienes brillaban por el sudor. "Sólo que esta vez, él lo lograba". Ella continuó con una voz rota. "Me cortaba con su espada." Su mano se movió hacia su pecho, diciendo a Chikane exactamente donde Oogami Souma la había herido en su sueño.
"No te culpo." Chikane suspiró. "Es verdaderamente una experiencia horrible. Pero me alegro de que fuera sólo un sueño, Himeko. Cuando gritaste, temí que algo te hubiera pasado."
"¿Te desperté?" Himeko dijo tristemente.
"No, estaba en la habitación de al lado haciendo algunas cosas cuando escuché tu voz," Chikane contestó, acercándose un poco a la chica en la cama y poniendo su brazo derecho alrededor de ella mientras usaba la manga izquierda para secar las sienes de Himeko. Sólo después de hacer eso Himeko dejó de temblar.
"¿Qué estabas haciendo en la habitación de al lado?" la chica de cabello dorado la miró, logrando un tono más alegre.
"Bueno… " Chikane aclaró su garganta, "Estaba revisándola porque planeo mudarme ahí mañana."
El cuerpo de la pequeña ángel se tensó, y parecía que por primera vez estaba consciente de la mano de Chikane en su hombro. La chica se movió un poco, pero no mostraba evidencia de querer alejarse de Chikane.
"¿Por qué lo harás?" Himeko murmuró tranquilamente.
"Por la misma razón que tú" Chikane río. "Imaginé que como usualmente tenemos muchas cosas sobre las que platicar podría ser tu vecina de habitación por conveniencia."
"¿En serio?" La chica de cabello dorado sonrió.
"Claro que sí" Chikane sonrió. "Y puedo estar aquí mas rápido para consolarte si tienes otra pesadilla…".
"Gracias," la pequeña ángel murmuró con aprecio.
"Deberías intentar dormir de nuevo, Himeko." Chikane apartó su brazo. La mueca que se formó en la cara de Himeko y desapareció tan pronto como apareció, Chikane pensó que la ángel quería su brazo alrededor de ella de nuevo. Ella se sacudió mentalmente. Ilusiones, Himemiya Chikane.
"Buenas noches, Chikane-Chan," la chica dijo yentonces agregó riendo, "Otra vez."
"Buenas noches, Himeko." Chikane sonrió suavemente, levantándose de la cama.
Cuando llegó a la puerta y volteó, su corazón se hundió. La chica seguía sentada ahí, pero su cara estaba casi pintada con miedo bajo la luz de la lámpara. Quizá Himeko estaba tan asustada que no quería ir a dormir…
"¿Himeko?"
"¿Sí…?" la de cabello dorado se sobresaltó al notar que Chikane la estaba viendo. Ella intentó cubrir su miedo sin éxito…
"¿Hay algún inconveniente si me quedo aquí hasta que duermas?" Chikane sugirió.
"¡No, en absoluto!" Una brillante sonrisa creció en los labios de Himeko. Casi dividía la cara de la pequeña ángel en dos una vez que Chikane se sentó al lado de ella otra vez. La chica entonces se recostó en el suave colchón, jalando la gruesa sabana hasta sus hombros. Ella estaba recostada de lado, frente a Chikane, quien estaba apoyando su espalda contra la cabecera de la cama.
"¿Chikane-Chan?"
"¿Hmm?"
"¿Te gusta cantar?"
"Interesante pregunta." Chikane río suavemente. "Me gusta, Himeko, ¿pero por qué?"
"Porque cuando no puedo dormir, me pongo mis audífonos y oigo mi reproductor de CD así que..." se apagó insegura de como proceder.
"Así que la consentida Himeko quiere que le cante una canción de cuna, ¿es eso?" Chikane sonrió.
"Bueno… sí…" la pequeña ángel asintió, escondiendo la parte baja de su cara con la sábana.
"Tu deseo es orden," Chikane dijo y su mano acariciaba la cabeza de la otra chica. Entonces empezó a cantar.
¿Por qué es malo amarte? ¿Por qué es malo abrazarte?
Miro a los cielos, pidiendo una respuesta de las estrellas que todo lo saben
"No están destinados a estar juntas," brilló el millón de ojos en el cielo nocturno
"Perdonada, dulce Pecadora del mundo, buscando lo que nunca tendrá."
Ahí no hay donde pueda esconder mis lágrimas
Eventualmente desbordan mis palmas a través de la luz de luna.
Avergonzada de mí misma por no revelar mis sentimientos a quien amo
¿Qué es lo que quiero decir cuando ninguna palabra sale de mis labios que tiemblan en la oscuridad?
¿Qué es lo que deseo cuando te encaro todos los días?
Sólo estar a tu lado, sólo compartir los mismos momentos
Revivir la muy olvidada sonrisa en mis labios.
Sólo sentir el mismo dolor que tú, sólo escuchar tu suave risa
Derretir la agonía en mi invernal alma.
Querida a quien amo, soy fiel a ti, soy eternamente tuya.
Quiero proteger para siempre la sonrisa que me otorgaste durante el momento en que nos conocimos,
Para verte feliz a través de la triste eternidad,
Para protegerte de la tristeza y dolor hasta que el tiempo acabe.
Incluso si tengo que hacerlo desde la profundidad de la sombra de la noche.
Incluso si tengo que estar al borde de tu vida, inadvertida por tus bellos ojos.
Para cuando Chikane terminó, la otra chica ya estaba dormida. Sonriendo, Chikane se dobló y besó sus parpados, susurrando suavemente, "Que las pesadillas te dejen esta noche. Que los buenos sueños te encuentren mientras duermes." Eso era lo que su Madre usualmente hacia cuando Chikane era pequeña. Y había funcionado casi siempre. Ella sólo deseaba que produjera el mismo efecto en el amor de su vida.
En el hospital de Mahoraba…
Cuando Saotome Makoto miró el reloj en la mesa cerca de su cama, encontró que era exactamente media noche. Así que se sentó en la cama, haciendo nada por al menos tres horas. Ella quería ir a dormir pero cuando intentaba cerrar los ojos, estos se abrían de nuevo. Después de varios intentos se rindió. Makoto se preguntaba si le temía a sus sueños, donde podía ver llorando la cara de Kurusugawa Himeko, a quien había herido con sus frías palabras. No quería decir esas cosas a su compañera de habitación pero… Ella suspiró. No servia de nada llorar sobre la leche derramada, ¿cierto?
Un año de amistad, un año completo de fuerte unión ahora convertido en agua bajo el puente. ¿No hubiera sido mejor si Himeko no hubiera sido asignada a la habitación de Makoto en el dormitorio? ¿No hubiera sido mucho mejor si Makoto le hubiera dicho a Himeko sus sentimientos antes de que conociera a la princesa Himemiya? Eso pudo cambiar algo. Eso pudo haber liberado a Makoto que deseaba no haber encerrado sus sentimientos dentro de su corazón.
Tal vez.
Un golpe en la puerta le dijo a Makoto que tenía visitas.
"Prefiero estar sola, por favor," dijo secamente. Makoto no estaba de humor para compañía ahora.
"Soy yo," La voz de Hibiki Shizuku dijo. La mujer era la doctora asignada a Makoto.
"Entre entonces," Makoto respondió.
La doctora cerró la puerta después de entrar y se sentó en la silla al lado de la cama.
"¿Es algo urgente, doctora, como para que me venga a ver tan tarde?"
"No realmente, Saotome-San. Tal vez urgente para alguien más, pero no del todo para ti." Hibiki-san sonrió. Aunque no era la primera vez que Makoto veía la sonrisa de la doctora, nunca antes había notado como sus labios se curvaban maliciosamente.
"No lo entiendo."
La mujer ignoró a Makoto y siguio:
"Saotome Makoto, tú naciste el ocho de Agosto en Tokio justo cuando el reloj marcaba las ocho de la tarde. Siempre te gustaron los deportes durante tu tiempo en la escuela secundaria. Ganaste la Medalla de Oro en carreras de velocidad y maratón en la reunión atlética en tu segundo año. Te gustan los dulces, los pasteles de fresa y el color rojo. Odias los fideos de udon, la lluvia, los chicos arrogantes y el color azul. La cosa que mas amas era, o aún es, tu primer amor, tu compañera de habitación, una chica con el nombre de Kurusugawa Himeko."
"¿Cómo sabe todo eso?" La voz de Makoto temblaba incontrolablemente. La primera mitad era verdad pero no era una sorpresa para Makoto. Cualquiera podría saberlo si buscaba pacientemente en los registros pero la segunda mitad… ¿Cómo diablos hizo la mujer para obtener el nombre de Himeko?
"Mi querida Mako-Chan..."
"No me llame así," Makoto espetó. La única que tenia permitido llamarle por ese nombre era… era…
"Por supuesto, mi querida Saotome-san, lo sé todo sobre ti," Hibiki Shizuku mostró su perversa sonrisa a Makoto como burlándose de ella. "Tus más oscuros pensamientos, tus más profundos anhelos, todo. Porque, después de todo, eres especial. Te diré un secreto pero debe quedar entre nosotras, ¿de acuerdo?"
Para el momento en que la mujer dejó de hablar, sin embargo, la animosidad que Makoto sentía hacia la mujer cayó a la mitad. La esperanza una vez más brotó en su alma. Si lo que decía Hibiki Shizuku era cierto, aún había un oportunidad de que Makoto consiguiera lo que quería.
A la mañana siguiente en la mansión Himemiya…
Con su uniforme escolar, Kurusugawa Himeko se sentó en su comedor. Chikane-Chan ya estaba ahí y sonriendo la saludó.
"Buenos días, Kurusugawa-San".
"Buenos días, Chikane-Chan".
"Kurusugawa-Sama, su comida está lista" avisó Otoha-San. Por alguna razón, su voz suena tan baja e impaciente y de mala gana. Ella parece estar tímida. Himeko enredada en un nerviosismo hace una nota mental ella misma. Mantente alejada de Otoha-San cuando esté en ese estado. Ella es la ama de llaves de la mansión, meterse con ella tendría sus problemas por lo que puede pasar en tu habitación…. O en la comida…
"Gracias, Otoha-San" Himeko lo dijo con mucho carisma y aprecio posible. Aunque, falló en evitar los métodos letales de la ama de llaves pues la joven mujer puso la comida con mucho cuidado frente a Himeko manteniendo su peligrosa mirada en sus ojos, ella parece estar preparada para golpear la mesa… o la cara de Himeko. Himeko se pregunta si le ocasionó algún problema que haya ofendido a la joven mujer.
Desconcertada, Himeko evitó su bandeja de comida... su estómago empieza a aflojarse. El desayuno es de estilo japonés con arroz cocido, sopa de loto, y... pescado frito con hongos shiitake.
Un sudor frío le recorrió la espalda.
Himeko no era muy quisquillosa ni nada. Sólo que ella no puede soportar el olor y el sabor de los hongos, que ganó el primer lugar en la lista de los alimentos que ella odiaba. La última vez que comió uno, se enfermó durante al menos una hora completa. Ella nunca lo volvió a comer…
"¿Ocurre algo malo, Kurusugawa-Sama?" los ojos de Otoha-San brillaban de una manera muy extraña cuando se mantienen parpadeo entre Himeko y el plato de hongos.
Himeko está cercada por la ama de llaves como la imagen de un gato que había descubierto dónde estaba un platillo de leche. O tal vez un ratón.
"Uh… no, todo está bien…" Himeko sonrió nerviosa. Puso un poco de shiitake en su boca, ella trató de tragar inmediatamente. Sin embargo, el sabor horrible le daba ganas de escupir, pero no se atrevió a hacerlo.
Al final, no pudo terminar con la comida, en el momento en que su mano ya no puede sostener los cubiertos, ella entró en la limosina de Chikane-Chan, sintiendo que va a caer en cada paso, pero va a mejorar con el paso del tiempo, Himeko vislumbrándose ante la princesa de cabello azul, quien se sentó a su lado. El problema de las setas desvaneció de su mente, la gloriosa luz de la mañana que atraviesa el vidrio de las ventanas hace que los cabellos de las chicas brillen y su rostro brille aún más, las mejillas de la princesa, brillante como la nieve, hizo recordar a Himeko lo que debió haber hecho hace diez horas antes. Su cara se calienta. Anoche, Chikane-Chan ha pedido un beso en la mejilla de su regalo de cumpleaños. Himeko le había dado tres. La piel de Himemiya Ojou-Sama es tan suave como una seda y cálida bajo el fuego de la vergüenza.
"Ey, Himeko… ¿Himeko?".
"¿Uh, sí?" intenta dar un pequeño paso.
"¿Estas bien?" Chikane-Chan responde, con su voz poco preocupada. "tienes que ser fuerte toda esta mañana".
"Estoy bien, digo, probablemente..." Himeko sonríe embarazosamente.
"No hace falta que me lo ocultes" Chikane-Chan regresa la sonrisa. "los hongos te cayeron mal… lo sé muy bien…"
"¿Eh?" Himeko pestañea. "¿Cómo lo supiste?".
"Cualquiera puede darse cuenta de su expresión de dolor," lo dijo con su melodiosa, cristalina y respondiente sonrisa. "Por un momento pensé que consumiste algún tipo de veneno en vez de comida".
"Perdóname," Himeko se disculpa.
"No pasa nada malo. La comida de un persona es el veneno de otro, siempre dicen eso". Recita la princesa de cabellos azules, las manos encorvadas de Himeko tocan sus mejillas."Acuérdate de remover todo tipo de plato con hongo shiitake del menú cuando regresemos a casa".
"¡Realmente no tienes que hacer esto!" Himeko protesta. "me siento libre y segura con estar en tu casa. Imponiendo unas cosas por mí es algo preocupante".
"¿Y si te digo que yo también odio los hongos Shiitake?" Chikane-chan pregunta con calma y sonriente. "¿Y si te digo que sólo voy a deshacerme de esto solo por mi beneficio? ¿Todavía te hará sentir mal, Himeko?"
Himeko sólo se queda mirando a la princesa Himemiya, realmente no sabe qué responder… En primer lugar fue porque ella no fue honesta con Chikane-Chan para decirlo, en segundo lugar, las palabras cálidas de la gran chica le llegó a su corazón recordándole que debe profundizar sus sentimientos hacia la princesa que arraigó su alma. Himeko se pregunta si está bien abrazarla, de aquí y ahora. Pero cambió de idea, le parece poco femenino y haría que Chikane-Chan no tuviera aprecio hacia ella.
"Gracias, Chikane-Chan," Himeko se esfuerza en dar respuesta saliendo de su boca. En tanto, la princesa no dijo nada y se limitaba a mirar a Himeko, sus ojos de zafiro vislumbra así como su sonrisa tan adorable que nunca haya salido de sus labios. El corazón de Himeko latía.
Cualquier estudiante de la academia Ototachibana idolatra a Chikane-Chan por su impecable elegancia y serenidad. En ningún sueño más salvaje pueden imaginar que su Miya-sama tenía una actitud infantil muy entrañable que contradice su fría belleza y serena, Himeko lo sabe, pero no es su culpa, después de todo Himeko es la única persona que conoce ese lado oculto de ella. ¿Fue raro pensar que Himeko fuera especial para la princesa de cabello azul? ¿Fue un error creer que sea verdad? Himeko fuerza en quitar su vista a distancia porque si se mantiene observando a la princesa Himemiya y ella teme que no podrá contenerse por más tiempo.
"Ey, Chikane-Chan," Himeko cambia de tema. "¿puedo preguntarte algo?"
"Cualquier cosa que desees," La princesa Himemiya lo permite con otra sonrisa deslumbrante.
"Umm, ¿recuerdas la canción que me dedicaste anoche?" Himeko ruboriza un poco.
"¿Qué pasa con eso?".
"Para ser honesta contigo no lo sé" la otra chica leyó sus labios mentalmente.
"¿En serio no lo sabes…? Desde cuando era niña, esa canción siempre ha estado en mi cabeza, aunque todavía no tengo idea de cómo lo aprendí en el primer lugar. ¿No te gusta?"
"No es eso, Chikane-Chan. ¡Me encantó!"
Himeko respondió rápido. Quiero escucharla todas las noches contigo, un pensamiento apareció en su cabeza. Himeko fuerza en detenerlo.
"¿Pero Chikane-chan, no suena como… una confesion de amor para ti?
"¿Ah, sí? Nunca me percaté, Himeko." Esta vez fue la princesa que rompe contacto visual, se dio la vuelta y se mantuvo callada durante el viaje, Himeko se pregunta el motivo...
En un momento después de todo, el auto llegó a la puerta de la escuela, se detuvo y bajó Himeko y la Himemiya Ojou-Sama. Subieron las escaleras juntas. Como siempre ocurre las chicas se alocan cuando ven a Chikane-Chan. La miran con ojos de admiración, y murmuraban con 'buenos días' a la princesa de cabello azul. Gritaron en voz alta cuando ella la respondía "Fue divertido". Y por supuesto, aunque los chicos solamente miraban desde lejos, nunca podrían ocultar el afecto que tenían hacia ella. Ellos actuaron como si no prestaron atención a su presencia, sus miradas ocultas traicionaron su indiferente expresión.
Bueno, los estudiantes, varones y mujeres, no ignoraron a Himeko como usualmente sucede. Himeko desea que la traten como de costumbre. Sus ojos… la espantan. Himeko los interpreta que están lleno de envidia y posiblemente desprecio. Nuevas noticias surgieron y rápido, por ahora, todos en la escuela fueron informados que de Himeko vive ahora con su querida Miya-Sama. Todo gracias por la extensa información extraída del club de fans de Miya-sama. Hubo momentos en que Himeko no pudo guardar la sorpresa de las noticias, Si Himemiya Ojou-Sama cambiaba de peinado, la escuela no tardaría en saber en los próximos 15 minutos aunque tal vez en menos tiempo…
"Kurusugawa," Oogami Souma, la llama estando parado en la parte derecha superior de la escalera.
"Buenos dias, Oogami-Kun," Himeko le saludó. Los sentimientos contradictorios chocan en su cabeza. Él es un supuesto seguidor de Orochi... pero sigue siendo un buen amigo, ¿no es así?
El silencio se extendió por un tiempo pero finalmente Himeko fue salvada por la campana del inicio de clases. El chico asiente, se retira y Himeko se pregunta qué es lo que él iba a decirle.
Más tarde…
Oogami Souma no puede concentrase en escuchar la lectura como siempre hace. La imagen de Himeko rodea en su cabeza, lo dificulta bastante inclusive para atender al maestro. Él tendría problemas si el maestro le llama la atención, pero no tenia otra forma de no pensar en ella pues había estado enamorado de ella desde hace tiempo, pero ¿por qué se quedaba tartamudo cuando ella lo miró? Si no actuaba pronto puede que Himemiya la tome por seguro… Eso no le agrada en absoluto, Himeko ya recibió mucho afecto de la otra chica y sólo era cuestión de tiempo para que la chica se le declare o al menos eso supone. Tiene que actuar rápido o la perderá para siempre. Maldice para sus adentros y eso que no tuvo en cuenta de su naturaleza como Orochi con la cual estuvo a punto de matarla el otro día. Tiene esperanza de que no vuelva a pasar algo similar piensa con optimismo el Oogami…
Por fortuna el maestro no lo vio cuando Souma se escabulló de la clase y buscó un lugar tranquilo para sacar su fiambrera. La verdad es que siempre quiso mas no pudo comer con Himeko. No es que no lo hubiera intentado puesto que las veces que juntó el suficiente valor nunca la encontró por ningún lado y cuando le preguntó a sus compañeros de clase fingiendo no mucho interés notó que siempre desaparecía a la hora del almuerzo. En cierta forma era lamentable que él el que podía blandir una poderosa espada con gran habilidad casi nunca pudiera acercarse a la mujer que amaba…
Souma bajó por las escaleras notándose infeliz pero cuando vio a Himeko unos metros por debajo de las escaleras casi le da un infarto. Para su decepción ella tenía compañía aunque notó que era el trío más fanático de Himemiya cuya líder era Takada Izumi… Nunca le agradaron esas pibas por su extraña obsesión con la famosa Miya-Sama y sobre todo por su actitud arrogante.
El trío no estaba bombardeando con preguntar a Himeko. No hacía falta ser muy listo para saber qué le querían sonsacar… Tenía que ser sobre que Himeko ahora vivía bajo el mismo techo que con Himemiya-Sama pues todos en la secundaria sólo hablaban de ese hecho… Claro está que las autoproclamadas fans de Himemiya ya lo sabían…
Sin querer seguir viendo esa escena de acoso Souma iba a interrumpir al trío pero se detuvo cuando notó que se acercaba una chica guapa de largo cabello azulado hacia Himeko y a sus interrogadoras. Los ojos zafiro de la recién llegada eran penetrantemente fríos… Sería un milagro si el trío de fans salía incólume de esta situación…
Poco antes de la llegada de Chikane a escena…
"Por favor déjenme pasar….".
Pidió Kurusugawa Himeko agarrando a la altura del pecho el obento que pensaba almorzar con la princesa. Cuando notó al trío no les prestó mucha atención pero cuando éstas la acorralaron a esa altura del descanso de las escaleras… Himeko se estaba incomodando notando que la veían de forma enemistada… Nakashima Miho, de cabello verdoso, la veía a través de sus lentes rectangulares como si fuera una gata crispada… Kouzuki Rikka, de cabello rubio y tan flaca que podría haberse pasado fácilmente por un chico con el uniforme masculino… Pero Takada Izumi (la presidenta del todopoderoso club de fans de Himemiya-Sama) se había teñido el cabello de azul para demostrar su admiración hacia su adorada Miya-Sama hacía parecer a sus subordinadas unas inocentonas…
"No hasta que nos respondas". Mencionó Rikka con furia. "Así que cuéntanoslo todo".
"¡Dale!" Miho levantó un puño. "Escupe lo que ocultas".
"Kurusugawa, habla antes de que te lastimemos". Amenazó Izumi.
"Ya les respondí". Protestó Himeko presionando la espalda contra la pared.
"Sólo nos dijiste que sí que vivías con Miya-Sama pero nunca nos mencionaste la razón…". Dijo Izumi con frialdad…
"Es porque los dormitorios fueron destruidos…". Empezó a decir Himeko pero fue interrumpida por Miho:
"¡Esas son mentiras! ¡Todas las demás estudiantes están ahora alojadas por la ciudad y vos no deberías ser una excepción!".
Himeko gruñó con suavidad. Nunca podría darle una excusa convincente al gran trío de fanáticas porque aunque obviamente no iba a contarles que era amiga de Chikane ella no era precisamente una buena mentirosa…
"¡Dínoslo!" Explotó Rikka. "¿¡Cómo es que una plebeya como vos vive ahora bajo el mismo techo que nuestra queridísima Miya-Sama!?".
"¿Te postras ante sus pies para rogarle simpatía?" Le preguntó Izumi con crueldad. "Es eso, ¿verdad?".
"Señoritas, para su información yo fui la que le pidió a Kurusugawa-San que viviera conmigo en mi mansión y no al revés". Se expresó fríamente Chikane deteniéndose detrás del trío de fanáticas. Himeko notó que Chikane tenía la misma expresión cuando enfrentó o mejor dicho conversó con Oogami-San el día de ayer. Sus ojos miraban con furia a las tres fanáticas, sus labios estaban en una línea recta y su voz era glacial. Ahora mismo Himemiya-Sama parecía más intimidante que nunca. Las tres pibas palidecieron…
"M-Miya-Sama…". Las tres se inclinaron a modo de reverencia. "Qué buen día el que hace hoy, ¿eh?".
"¿Qué le estaban haciendo a Kurusugawa-San?" Les preguntó Chikane.
"¡Nada!". Respondieron las tres al unísono.
"¿Y entonces para qué siguen bloqueando su camino…?". La voz de Chikane era suave pero en el fondo de la misma había una ira indescriptible. "¿Acaso iban a molestarla hasta que sonaran las campanas?".
"¡Por favor discúlpenos!".
El trío de fanáticas se hizo a un lado para dejar pasar a Himeko y esta caminó con algo de torpeza tratando de no correr hacia los brazos de Chikane. Cuando Himeko se puso al lado de Chikane vio que el trío estaba mirando sus calzados como si fueran unos corderos aunque bien sabía que si no hubiera llegado Chikane seguirían siendo unas lobas hambrientas…
"Himeko, por favor adelántate". Chikane le guiñó el ojo a Himeko dándole así la señal que indicaba que se vieran en el jardín de las rosas. "Tengo que instruir en algunas cuestiones a nuestras compañeras de clase…".
"Sí, Miya-Sama". Le respondió Himeko y en cierta forma notaba lástima por aquellas tres porque la sola presencia de Chikane había bastado para que el sacerdote principal del templo Shingetsu se rindiera ante la idea de que Himeko permaneciera en la mansión Himemiya en vez de en el gran templo.
Y mientras esto sucedía…
Souma se mantuvo fuera de la vista de las cinco pibas pero no podía seguir a Himeko para preguntarle si quisiera almorzar con él ya que las otras cuatro estaban en el descanso de la escalera interrumpiendo el paso…
"Durante mucho tiempo supuse que esa locura que notaban era sólo aprecio hacía mí pero esto que pasó recién me deja claro que se propasaron con su fanatismo".
Les empezó a decir Chikane…
"¡No íbamos a lastimarla, Miya-Sama…!". A Souma le pareció que ya se estaban postrando ante los pies de Himemiya… Al final siempre habían sido unas fanáticas idiotas… "¡Esa es la verdad…!".
"Para su buena suerte así fue… ¿pero y qué fue aquello que le dijeron acerca de que escupiera todo antes de que la fueran a lastimar?".
El trío de fanáticas empezó a lloriquear excusas para defenderse pero una mirada helada las hizo callar y todas se pusieron contra la pared como si temieran que Chikane las fuera a arrojar por las escaleras… Qué lástima para las tres que justo se metieran con la piba a la que la chica rica amaba…
"Escuchen bien, no vuelvan a aparecerse frente a Kurusugawa-San a menos que yo les dé el permiso, ¿entendieron?".
Dijo Himemiya.
"¡Sí, como desee, Miya-Sama!".
Nakajima Miho, Kouzuki Rikka y Takada Izumi asintieron numerosas veces con rapidez.
"Fuera de mi vista".
Cuando Himemiya terminó de decir esto las tres fanáticas corrieron escaleras abajo…
En opinión de Souma Himemiya había sido quizás un poco blanda porque si fuera por él las habría hecho lamentar a las tres el que se hayan inscripto en la secundaria Ototachibana…
Souma suspiró en silencio y se disponía a volver sobre sus pasos cuando escuchó que Himemiya le decía lo siguiente:
"También voy a borrarte a vos, Oogami-San, si es que en efecto sigues siendo una amenaza para el bienestar de Himeko".
Cuando Souma bajó la vista Himemiya ya estaba terminando de bajar las escaleras hacia el primer piso pero el Oogami notó un frío en la columna… porque cuando Chikane le dijo que lo borraría él sabía muy bien que no quería decir sólo de Ototachibana o de Mahoraba precisamente… Ciertamente él era un ex seguidor de Orochi pero ella era una sacerdotisa que no había desperado aún su verdadero poder… De sólo imaginar cuánto poder podría llegar a tener la Himemiya el Oogami notó algo parecido al miedo…
Luego…
"¿Te hice esperar mucho?".
Le preguntó la princesa de cabello azul una vez que pasó por la abertura de la valla entre los arbustos y hasta parecía seguir siendo elegante mientras se quitaba las hojas de encima.
"Para nada, recién llegué".
Le respondió Himeko sonriendo.
"Qué bueno…".
Chikane se puso al lado de Himeko y esta última observó que ya no quedaba nada de la dureza y frialdad en la expresión de la otra que había visto hace sólo unos minutos. Chikane volvía a ser la princesa encantadora que Himeko amaba.
"Uh, gracias por salvarme Chikane-Chan".
"No hacía falta que me dieras las gracias porque en primer lugar fue por mí que te molestaron pero parece que ya aprendieron la lección así que ya no te causarán más problemas".
"Entiendo… pero Chikane-Chan, ¿por qué estabas por ahí en vez de esperándome aquí en el jardín de las rosas?".
Le preguntó Himeko sonriendo y Chikane le respondió:
"Iba a buscarte para que fuéramos juntas".
"¡Eso me encantaría!" Dijo Himeko con entusiasmo pero enseguida se preocupó. "¿Pero no tendrías drama con que se enteraran de que somos amigas…?".
"Ya no más porque al principio quería que se evitaran esta clase de situaciones pero ahora que todos saben que vivimos juntas no tiene caso seguir ocultándolo y más cuando ya dejé las cosas bien claras con los demás".
"Entiendes que esto sería como echar nafta al fuego, ¿no?" Himeko largó una risita. "Todos van a rechinar los dientes cada vez que me vean junto a vos en público aunque no sé qué haría si me volvieran acorralar…".
"Entonces la solución es simple…". Chikane miró fijo a los ojos a Himeko. "Quédate siempre a mi lado para que así estés segura".
Himeko parpadeó pues aquellas palabras sonaban a una confesión de amor de pareja. Himeko lo hubiera creído de no ser por un guiño de la princesa…
"Claro que sí…". Himeko lo decía en serio pues deseaba quedarse al lado de su amada hasta el fin de sus días…
"Entonces tenemos otro trato, ¿okei?".
Chikane sonrió y le dio una palmadita en el hombro a Himeko.
Tras lo cual empezaron a almorzar y cada vez que Himeko miraba fijo a Chikane ésta sonreía y cada vez que le contaba anécdotas graciosas la princesa le regalaba unas risas de ensueño. Si tan sólo Himeko fuera más ingeniosa para los chistes podría llegar a escuchar más de esas risillas melodiosas…
Lo único que perturbó el momento fue que justo cuando estaban por retirarse del jardín de las rosas resultó que Oogami-Sensei por medio de una llamada al celular de Chikane las quería de inmediato en el templo Shingetsu para ayudarlo a despertar algo a lo que denominó "Ame no Hitomi" (Los Ojos del Cielo) a lo cual el sumo sacerdote no dio más explicaciones antes de cortar. Cuando Chikane le contó esto a Himeko un escalofrío le recorrió el cuerpo a Himeko pero esta última no se explicaba el motivo… Tenía un muy mal presentimiento a pesar de que la princesa Himemiya la acompañó hasta su salón… y una vez allí todas las miradas eran como las de el trío de fanáticas… El corazón de Himeko parecía muy pesado… Pero con lo del mal presentimiento suponía que en verdad y deseaba que sólo fuera una impresión suya…
Aunque unas horas después sabría que no sería así…
En el templo Shingetsu…
"Bienvenidas a la Cámara de Ejecución del gran templo Shingetsu, sacerdotisas de la luna y el sol".
Entonó Kazuki con los brazos extendidos ante el vasto espacio interior en el fondo de la tierra hecha de cemento. Aquí abajo no llegaba la luz natural pero el lugar estaba tan iluminado como si en verdad le llegara todo gracias a una gran esfera de luz dorada que estaba ubicada a la mitad de un gran pilar de hielo el cual era rodeado por seis columnas delgadas cada una de un color distintivo: rojo, blanco, verde, azul, negro y morado… Cada una portando una espada de aspecto antiquísimo...
"Esta es la tierra sagrada donde reside la esperanza de los hombres y mujeres humanos. He aquí los instrumentos de la salvación de la humanidad y del mundo entero".
Otros se hubieran impresionado profundamente pero al terminar de decir estas palabras Himeko observó la gran estructura con miedo mientras que Chikane la contemplaba con desprecio. Ambas sacerdotisas vestían unas chihaya de color rojo y morado respectivamente.
Kazuki dudaba de que las jóvenes supieran bien a lo que se enfrentaban pero los recuerdos de sus vidas pasadas residían muy profundo en sus mentes esperando a salir a flote… Aquellos sentimientos que las unían…
"Desde hace tres mil años nosotros los del clan Oogami aguardábamos la llegada de este día…" Continuó Kazuki. "Generación tras generación los herederos de Shingetsu deseaban su llegada a esta tierra sagrada porque aquí se encuentra el poder para luchar contra la oscuridad y volver a encender las llamas de la esperanza".
"Sumo sacerdote, creo que debe terminar con las palabras rimbombantes e ir al punto concreto".
Dijo fríamente Himemiya Chikane y Kazuki sonrió ya que la chica no había olvidado su desagrado hacia él.
"Tenemos faenas que atender en casa".
Ante el brillo en los ojos zafiro la sacerdotisa de la luna cuando miraba a la sacerdotisa del sol aquellas "faenas" le pareció a Kazuki simplemente el pasar tiempo a solas con la otra sacerdotisa…
Kazuki suprimió un suspiro porque los padres de Chikane tampoco habían actuado de forma distinta ya que Kimika apenas podía pronunciar algo más que el nombre de Kyou cuando Kazuki hablaba con ella sobre esa importante cuestión…
"Nada es tan importante como esto". Siguió diciendo Kazuki. "Nada importa más que salvar al mundo y a la humanidad".
"Oh, yo no estaría tan segura de lo que usted dice…".
Le replicó Chikane siguiendo con su tono de frialdad.
"Sensei, ¿cómo debemos proseguir para salvar a la humanidad?".
Preguntó Himeko ante la preocupación de que Chikane se volviera demasiado hostil hacia el sumo sacerdote.
"Kurusugawa-San, vamos a empezar reclamando sus antiguar armas". Kazuki indicó la esfera de luz. "Ahí dentro reside Ame no Hitomi, los Ojos del Cielo, que les otorgarán poderes más allá de la imaginación".
"¿Qué clase de armas son…?".
Preguntó la rubia con curiosidad.
"Son espadas". Explicó con sencillez el sumo sacerdote. "Los ojos del cielo son dos espadas japonesas cada una con imbuidas con el poder de despertar a Ame no Murakumo no Tsurugi que es el dios de las espadas del sueño eterno. Por eso también son llamadas las verdaderas claves del despertar. Cuando el Dios oscuro huyó a Onogoro los Inmortales del cielo forjaron Los Ojos del Cielo para que la amenaza que representaba Yamata no Orochi fuera eliminada… Gracias a las espadas las sacerdotisas de Kannazuki lograron derrotar a Orochi y con ellas serán capaces de volver a derrotarlo".
"Con que las sacerdotisas de Kannazuki, ¿eh?" Dijo Chikane en voz baja. "¿Por qué fuimos llamadas así…?".
"Eso no lo sé…". Mintió Kazuki. Había parte de información que verdaderamente no era conveniente que las sacerdotisas supieran o al menos no de momento…
"Eso es inusual para alguien que siempre parece tener una respuesta para todo…".
Chikane sonrió con algo de malicia.
"¿Dónde están las espadas, Sensei?".
Himeko le sonrió con tristeza a Chikane como pidiéndole disculpar por su intervención.
"Eso se debe a que están ocultos ante los ojos de los mortales pero con su asistencia aparecerán en unos momentos al disolver los hechizos de ataduras".
"¿Cómo lo haremos…?".
Le preguntó Himeko.
"¿Recuerdan los rezos que les pedí que memorizaran? Esos son los conjuros necesarios para descomponer las capas de ataduras mientras estén de pie sobre los símbolos sagrados de las crestas de la luna y el sol".
Ambas crestas estaban una al lado izquierdo y derecho de la gran estructura.
"Esto se debe hacer de este modo porque intentar tomar a Ame no Hitomi por la fuerza es imposible…".
Kazuki tomó una piedra y la arrojó muy cerca de la estructura… y un rayo de luz proveniente del coloso disolvió la piedra volviéndola polvo.
Himeko se llevó las manos a la boca y Chikane vio la simple escena con miedo…
"¿Entienden lo que deben hacer…?".
Ambas sacerdotisas asintieron.
"Bien, entonces empecemos".
Concluyó Kazuki.
Así las chicas se pusieron cada una sobre su correspondiente símbolo y empezaron a recitar los conjuros…
En el nombre de Izanagi e Izanami, los grandes creados del mundo, padre y madre de todos los que residen en el mismo…". Empezó a recitar Chikane.
"En el nombre de Amaterasu, la diosa del sol de oro, la que concede su luz sobre esta tierra de otra forma congelada…". Dijo Himeko.
"En el nombre de Tsukiyomi, diosa de la luna de plata, ella que guarda la noche en su corazón lleno de amor y que grande es su alma inmortal…". Mencionó Chikane.
"Nosotras les ordenamos, las vigilantes de Los Ojos del Cielo, a los seis Shinken que protegen los tesoros más preciosos de la humanidad, los seis sellos que defienden las verdaderas claves del despertar…". Cantaron al unísono.
El ritual estaba por completarse pues sólo faltan muy pocas líneas del conjuro pero algo salió mal y las sies columnas shinken dispararon su rayo de luz al momento en que el la columna roja se partía en dos junto con su respectiva espada… El rayo de luz erró el tiro y la empuñadura de la antigua espada partida en dos voló hacia una esquina del sitio pero la hoja afilada voló directamente hacia donde se encontraba Himeko…
Himeko trató de replegarse pero la punta de la espada estaba por alcanzarla…
"¡Himeko…!".
Gritó Chikane al momento en que detrás de ella resplandeció una luz plateada…
En otro lugar…
"¿A dónde va, Yue-Sama?".
Preguntó Yuusaku en cuanto la puerta corrediza se abrió admitiendo a la joven de cabello plateado vestida con la ropa blanca como la nive. Era muy bonita pero de muy mala actitud para aquellos a los que le caían mal… Yuusaku por su parte nunca había pensando en cortejarla porque en el fondo le repugnaba…
"¿Quién te crees que sos para llamarme por mi apodo, Jefe de los mensajeros…?".
"Bueno, bueno, bueno, por favor discúlpeme". Dijo Yuusaku sin molestarse en que su tono sonara respetuoso. "¿En dónde estuvo usted, Tsukiyomi-Sama…?".
Tsukiyomi, diosa de la luna sagrada, hija adoptiva del Gran Señor de Izumo mismo vio a Yuusaku de forma despectiva:
"No le incumbe en lo más mínimo y ahora déjeme pasar…".
"No estoy de acuerdo…". Mencionó el Jefe de los mensajeros. "Es mi deber el saber en dónde están en todo momento".
"Se sobreestima demasiado y no siga interponiéndose porque ya sabe lo que podría llegar a pasarle si comete una falta ante una inmortal de alto rango…".
Ante esta mención de Tsukiyomi el Jefe de los mensajeron sonrió.
"Oh, pero claro que soy consciente de eso pues me mandarían como juicio de un proceso al mundo de los humanos…".
Había muy pocos inmortales de rango alto en Izumo y aunque la mayoría de ellos estaban relacionados por sangre con el Gran Señor de Izumo casi ninguno gozaría de mayor protección de su parte ante un llamado de Yuusaku para interrogatorio y eso lo sabían muy bien todos los inmortales.
"Bien, entonces apártate".
Le ordenó Tsukiyomi.
"No la dejaré irse así sin más…".
Una oleada de placer recorrió todo el cuerpo de Yuusaku ante la idea de plantarle cara a la hija preferida del Gran Amo y Señor de Izumo a la cual nunca antes nadie se le había atrevido a hablarle así.
"No debes querer seguir viviendo".
Tsukiyomi levantó en horizontal un brazo aunque no le hacía falta para matar a Yuusaku aunque este último se preguntó si de verdad el Gran Señor dejaría pasar esa ofensa a Tsukiyomi puesto que las leyes en estos casos eran bastante flexibles…
Probablemente sí…
"Por la autoridad del Gran Señor de Izumo le exijo que revele su destino y su propósito al dejar Izumo".
La siguió enfrentado Yuusaku sacando una placa con los símbolos de la luna y el sol…
Pero Tsukiyomi no se dejó impresionar por mucho tiempo…
"Cede el paso…".
"Oh, ¿vas a desobedecer a tu padre…?".
"El sello no es la gran cosa… Si mi padre desea hablarme que lo haga él en persona… Por última vez te digo que me cedas el paso o morirás en cuestión de segundos…".
"¿Cómo dice, Tsukiyomi-Sama…?"
Yuusaku casi no se creía que en verdad iba a matarlo...
Enseguida dos círculos blanquecinos aparecieron uno sobre y otro debajo de Tsukiyomi extendiendo unos hilos de mediano grosos que le ataron los brazos y las piernas.
"¿Cómo es posible…? ¿Cómo es que sellaste mi poder…?".
Se notaba la incredulidad en la voz de Tsukiyomi.
"Sí, resulta difícil de creer". Yuusaki sonrió. "Sólo soy un dios simple y usted es en cambio una diosa del mayor calibre…".
Era verdad puesto que sólo su hermana Amaterasu la diosa del sol, su hermano Ame no Murakumo no Tsurugi y su padre podían llegar a superarla en fuerza.
"Yo sólo me limito a emitir y hacer cumplir con las órdenes del Gran Señor pues toda la fuerza de este hechizo proviene de muchísimos mensajeros apostados en el Palacio Celestial bajo supervisión de su padre".
Yuusaku se rió a carcajadas.
"Este es el deseo de mi padre, ¿verdad? Pues un simple peón como vos nunca se atrevería a hacer algo así sin su consentimiento…".
Advirtió Tsukiyomi.
"Así es ya que e Gran Señor me ordenó que le recordara a sus hijas sus advertencias sobre el intervenir en los asuntos de los simples mortales… y debo decir que me tomo esta misión con un gran gusto".
Le confesó Yuusaku.
"No sos más que un perro faldero…".
Lo insultó Tsukiyomi.
"No digas más, Tsukiyomi…".
Yuusaku le agarró del cabello y tiró para arriba pero Tsukiyomi no dejó escapar ningún grito de dolor lo que irritó aún más a Yuusaku.
"Sí que cometiste muchos pecados en el pasado, ¿no es cierto?".
Tsukiyomi lo fulminó con la mirada pero también se preguntó cómo sabía aquello ese simple perro faldero… Entonces con horror comprendió que quizás su padre le había contado algunos de sus secretos a Yuusaku que era después de todo el segundo al mando en la administración de Izumo…
Yuusaku quería seguir provocando a Tsukiyomi pero había alguien a sus espaldas que ejercía una presión tan fuerte que apenas podía articular las palabras… Yuusaku se dio la vuelta a duras penas y vio que Amaterasu, la más bella diosa de los tres mundos, con su cabello dorado que le llegaba hasta los pies, lo miraba con suma frialdad.
"Yui…".
Dijo su apodo Tsukiyomi…
"¡Vos…!".
Logró articular Yuusaku que apenas se podía creer que con tantos mensajes cerca pero ocultos ninguno le haya advertido de la inminente llegada de Amaterasu…
"¿Desde cuándo tus subordinados fueron capaces de seguirme…?".
Le recordó Amaterasu adivinándole el pensamiento… Ella era conocida por ser una diosa despreocupada y hasta infantil pero ahora era la viva imagen de alguien que planeaba un asesinato desbocado…
"En nombre del Gran Señor…". Empezó a decir entrecortadamente Yuusaku. "Te ordeno que me dejes libre…".
"¿Y con qué autoridad dices lo que dices?".
El sello con ambos símbolos se destrozó volviéndose polvo antes de tocar el suelo…
"No tienes nada que demuestre la autoridad de nuestro padre, ¿verdad?".
Le dijo Amaterasu con burla.
"Maldita…".
Yuusaku no sabía cómo iba a terminar todo esto…
"Pensaste que tenías más poder del que en verdad poseías…".
Declaró Amaterasu dando unos pasos hacia delante.
"Ya llegaste demasiado lejos con esta felonía, inmortal de porquería…".
Las llamas empezaron a consumir "cada partícula del cuerpo" de Yuusaku y éste gritó de dolor…
Un poco después…
Yue dentro de los círculos vio cómo Yuusaku se revolcaba en el suelo puesto que mentalmente estaba siendo incinerado vivo pero en la realidad ni su cuerpo y su pilcha estaban quemándose… Él sólo creía estar ardiendo…
"Yue-Chan, ¿te alcanzó a lastimar?".
Le preguntó Yui con preocupación. Con un movimiento de la mano destrozó los círculos y los hilos.
"Para nada".
Fue la seca contestación de Yue… ¿Quién hubiera pensado que Yui a la que ella trataba tan mal cada vez que se veían vendría a su rescate…? Y si no fuera por Yui ella no podría caminar más o menos bien pues Yui la abrazó por un costado para mantenerla de pie… Los efectos del hechizo todavía la carcomerían por un rato más…
"Lo alcancé a escuchar todo… Ibas a ir con Chikane y Himeko, ¿verdad?".
La interrogó Yui.
"Sí…".
"Pero en tu condición actual no puedes así que yo te llevaré a donde quieras ir".
Yue normalmente rechazaría la oferta pero ahora no podía ser quisquillosa.
Mucho antes de que Yuusaku le impidiera salir de sus aposentos Yue notaba agitación en su corazón lo cual era una señal de que sus hermosas chicas sufrirían un gran mal muy pronto… No podía dejarlas solas contra Orochi… No cuando sus poderes de sacerdotisas aún no habían despertado del todo…
Yue se tragó su orgullo…
"Por favor llévame al lado de las sacerdotisas".
"Yue, serás como desees". Yui abrazó más fuerte a Yue y abrió un portal dimensional para viajar hasta el mundo de los humanos.
De vuelta en el templo Shingetsu…
Oogami Kazuki podía jurar que la punta de la espada alcanzó a la sacerdotisa de la luna en un brazo cuando ésta estaba en el otro extremo del gran sitio de sacralización del templo Shingetsu… Lo que significaba que había logrado teletrasportarse hasta la otra sacerdotisa para salvarla de una muerte casi segura… Eso por un lado era bueno ya que significaba que sus poderes especiales de sacerdotisa estaban por fin despertando… Pero por el otro habían fallado en conseguir las espadas de Ame no Hitomi…
¿Acaso era la voluntad del Shinken el que al final la que recibió el espadazo fuera Himemiya Chikane, la sacerdotisa lunar…?
Kazuki deseaba que no fuera así…
En otro lugar…
La brisa fresca del mar cepillaba el largo cabello de Chikane mientras ésta veía a Himeko a la que tenía abrazada. Ambas estaban sentadas en medio de una playa. Las minúsculas olas desaprecian en la arena y el sol ya se ocultaba en el horizonte…
A Chikane siempre le habían gustado mucho disfrutar de estos momentos tranquilos viendo estos paisajes sencillos… pero la pequeña ángel que tenía entre brazos parecía que iba a llorar en cualquier momento…
"No seas muy dura con vos misma ya que no fue tu culpa…".
Le dijo Chikane a Himeko con dulzura.
"Pero sí que fue mi culpa y por ello resultaste herida…".
Insistió la de cabello dorado…
"¿Que estoy herida…? ¿En qué parte del cuerpo…?".
"¿Eh…?".
La pequeña ángel vio el brazo de Chikane pero este no tenía rasgadura ni corte alguno…
Himeko aún no se podía creer que realmente el sumo sacerdote fuera capaz de curar esa clase de heridas con un simple contacto como si fuera alguna clase de curandero… Pero Chikane no estaba dispuesta a agradecérselo a Kazuki ni mucho menos…
"Como técnicamente no estoy herida no tiene de qué preocuparte".
La sonrisa de Chikane seguía imperturbable…
"Eso no cambia el hecho de que casi te mueres por protegerme…".
Himeko gimoteó y le temblaron los hombros.
"Lo dices como si eso fuera algo malo…".
"¡Es algo malo!".
"Oh no, para nada".
Chikane negó con la cabeza.
"Si muriera por protegerte lo consideraría un intercambio equitativo".
"Pero es que…".
La pequeña ángel calló cuando Chikane le puso el índice sobre los labios…
"¿Qué clase de amiga te crees que soy como para verte en peligro y no dar todo lo que tengo para salvarte…?".
Chikane empezó a acariciar tiernamente el cachete de Himeko y esta última se ruborizó con vehemencia.
"Himeko, nunca me perdonaría por abandonar a una amiga y sobre todo a vos…".
"¿Pero por qué justo y especialmente yo…?".
Chikane y Himeko tenían las caras muy cerca la una de la otra y ahora también la Himemiya se notaba que le ardía la sangre. De alguna forma ya no notaba que aquellas tres palabras fueras difíciles de decírselas a su dulce ángel…
"Es porque sos especial para mí… porque yo te…".
La distancia entre sus labios se acortó aún más… pero la voz de una tercera las interrumpió…
"Sacerdotisas, lamento interrumpirlas pero quiero su atención".
Chikane y Himeko se pusieron en alerta primero poniéndose de pie y luego buscando la fuente de origen de aquella voz…
Sobre ellas vieron que levitaba una mujer rubia vestida de verde que sería bastante bonita de no ser por la sonrisa feroz y de depredadora que esgrimía y además blandía una espada que parecía estar hecha de neblina.
"Sos una Orochi…".
Chikane ahora notaba que todo el valor reunido para confesarse a su amada se le había esfumado y que tardaría bastante en volver a armarse de aquel gran valor… La ira latió en su corazón…
Shizuki bajó hasta la arena de la playa, se inclinó y se presentó.
"Sí, soy la sexta cabeza de Orochi, me llamo Hibiki Shizuku y me alegraría que lo recordasen".
"No hace falta que nosotras nos presentemos porque ya nos conoces, ¿verdad?".
La voz de Chikane ahora era glacial.
"Así es, eso da igual".
Shizuku luego miró a Himeko que se ocultaba detrás de Chikane.
"Supongo que viniste a matarnos".
Chikane dio dos pasos al frente mostrándose desafiante.
"No es tan así… Vine sobre todo para un experimento…".
La corrigió Shizuku negando con la cabeza.
"¿A qué te refieres…?".
Demandó Chikane.
"En primer lugar déjenme presentarles a mi compañera: esta es Arashigumo la espada del Viento… y les demostraré de lo que es capaz…".
La mujer levantó la espada delante de ella y Himeko, que estaba agarrada a Chikane de pronto se vio en el aire a unos 20 metros de altura de la playa...
"¿¡Chikane-Chan…!?".
Gritó Himeko.
"¡Monstruo! ¡Baja ahora mismo a Himeko…!".
"Bueno, verás… Por ahora sólo quería experimentar con vos y la otra estaba en medio así que…".
Se burló Nekoko.
"Sos una maldita…".
"Bueno, eh, sin más preámbulos voy a ordenar que Arashigumo te aplaste…".
Shizuku le apuntó con su espada y Chikane notó que que el aire se le escapaba de los pulmones mientras algo la presionaba hacia el suelo arenoso… Sin aliento alguno la Himemiya estaba por perder la consciencia pero no quería porque tenía una promesa que mantener que era proteger a la mujer que a amaba con todo su ser…
Entonces ocurrió algo inexplicable…
Como si los brazos y piernas de Chikane tuvieran voluntad propia estos crearon una gran esfera de color plateado en el cual chocaban las ráfagas de viento. La presión en el cuerpo de Chikane había desparecido.
Todo esto sorprendió a Hibiki Shizuku.
"Como buena sacerdotisa que sos puedes crear barreras para protegerte de los vientos furiosos de Arashigumo… pero no creo que puedas resistir mucho tiempo y menos protegerte de un potente ataque punzante…".
Y en efecto Nekoko levantó la espada sobre la cabeza agarrándola con ambas manos y dio un espadazo creando una ráfaga de viento cortante que destrozó la recién creada barrera de protección de Chikane…
Chikane cayó al suelo mientras que se le abrieron varias rajaduras por las cuales se le derramaba sangre por todo el cuerpo… Le dolía fuertemente la panza y tosió repetidas veces borbotones de sangre…
"¡No, Chikane-Chan…!".
Himeko gritó sobre ella.
"Parece que no sabías que romper una barrera hecha por una misma es equivalente a destrozarse el cuerpo de una…".
Nekoko se rió.
"Gracias por la explicación".
Dijo Chikane con frialdad logrando ponerse de pie aunque no sin volver a poner una rodilla sobre la arena varias veces…
"No se entiende cómo es que la tercera cabeza perdió contra una debilucha como vos…".
Se indignó Nekoko.
"¿Quién es la tercera cabeza?".
Le preguntó Chikane sosteniéndose la panza con una mano ya que le dolía horrores…
"No te hagas la que no lo sabes… Me refiero a Girochi Tokiya que gracias a vos sigue postrado en cama…".
"No conozco a ningún hombre con ese nombre… Pero qué lástima que no falleció en vez de sólo estar postrado en cama…".
Se burló Chikane.
"Qué lástima que no tenga tiempo para seguir escuchando tus provocaciones".
Nekoko se volvió a reír y levantó a Arashigumo sobre su cabeza para rematar a Chikane.
Nekoko dio el espadazo pero en vez de partir a Chikane en dos sólo dañar a Himeko que había aparecido como de la nada con un destello dorado delante de Chikane con los brazos hacia los lados... Himeko había creado su propia esfera de protección alrededor de las dos deteniendo así el espadado de Hibiki Shizuku…
Con las manos y los brazos temblándole Chikane agarró los costados de Himeko y así Chikane se manchó las manos con más sangre… El horro se apoderó de su alma y las lágrimas le brotaron de los ojos…
"Himeko, sos una estúpida… ¿Para qué lo hiciste…?".
"Porque me dijiste que pensabas que era un trato justo y digno el proteger a una amiga aún a costa de la vida…".
Con cuidado ambas se abrazaron y cayeron poco a poco de rodillas sobre la arena…
"Quiero que sepas que yo pienso igual… porque sos demasiado especial para mí…".
Himeko iba a posar la mano sobre el cachete de Chikane pero mitad de camino el temblante brazo perdió lo que le quedaba de fuerza y la mano quedó sobre la arena… Y la cabeza de Himeko quedó sobre el pecho de Chikane…
"No puede ser… ¡No, Himeko…! ¡No….!".
Unos momentos después…
Nekoko se rascó la cabeza cuando vio que la sacerdotisa de la luna rompió en llanto como si la otra hubiera fallecido… Pero Arashigumo le indicó que sólo se había desmayado… Aunque sí que podría llegar a morirse por la gran pérdida de sangre dentro de un rato…
Nekoko se estiraba un mechón de su cabello ondulado pensando en qué hacer a continuación porque su gran señor Yamata no Orochi había convocado a las 7 cabezas a la sala de audiencias y había ordenado tajantemente que de momento dejaran tranquilas a las sacerdotisas hasta que él ordenara lo contrario…
Por ahora Nekoko lo único que quería hacer era descubrir cómo es que la sacerdotisa de la luna y para ello la quería empujar al borde entre la vida y la muerte que es cuando los humanos desatan todo su poder de supervivencia… Lo que arruinó sus planes fue que nunca llegó a considerar que la otra sacerdotisa siendo como era lograría soltarse del embrujo de Arashigumo y ponerse justo delante de su ataque…
¿Y si curaba a la sacerdotisa del sol…? Era mejor aquello aunque ningún villano rescataría a un héroe en apuros… Pero ningún villano se había encontrado ante semejante situación… porque de sólo pensar en lo que le haría su señor Orochi si descubría su torpeza se le estremecía todo el espinazo… Ya estaba por jalarse del cabello…
Un trueno rugió sobre sus cabezas.
Ahí estaba Oogami Souma blandiendo a Raien…
Con sólo estos dos hechos la moral de Nekoko estaba por el piso así que decidió darse a la fuga...
Recitó rápidamente un salmo para solicitar la ayuda de su gran señor de la oscuridad pues ya no tenía fuerzas para crear un portal para teletransportarse…
"¡Tasogare, gran señor de las sombras, por favor despierte desde la profundidad del crepúsculo!".
Una columna de oscuridad se extendió desde arriba pero antes de que pudiera envolver por completo a Nekoko Souma le logró provocar un tajo en un brazo con Raien…
Souma pensó en que la sexta cabeza se merecía eso y mucho más.
Un minuto después…
Yue y Yui vieron cómo el ex seguidor de Orochi Oogami Souma llevó en brazos apartando por las malas a Chikane y que Oogami abrió un portal hacia el templo Shingetsu en el cual residían muy buenos médicos.
Pero Chikane fue dejada ahí sola en la playa y se quedó llorando por el terrible dolor que seguía notando el cual ni le permitía empezar a volver sola a su casa o a Shingetsu o al menos no por el momento…
"Por favor escóltame hasta ahí abajo".
Le pidió Yue a Yui.
"¿Estás del todo segura…? Te pregunto porque además de que tenemos prohibido tener contacto directo con las sacerdotisas ellas ya no te recuerdan como su madre".
"Eso no me preocupa…".
"Como quieras".
Yui dejó escapar un suspiro…
Pero entonces un centenar de inmortales en armadura y armados con espadas, lanzas y mazos rodearon a Tsukiyomi y a Amaterasu…
Algunos llevaban capas rojas pero casi todos unas azules.
No había error pues se trataba de la primera y la segunda división de batallones imperiales.
Kagutsuchi el dios del fuego y Susanou el dios de las tormentas dirigían a los batalles pero ninguno miró a Yue directo a los ojos… como si notaran culpa por lo que estaban por hacer…
"Yui Nee-San y Yue Nee-San…" Empezó a decir Susanou. "Bajo órdenes de su padre debemos escoltarlas de inmediato hacia el Palacio".
"Por favor vengan sin resistirse".
Les pidió Kagutsuchi.
El gran señor de Izumo sabía que si enviaba además de a los mejores de los batallones a dos de los hermanos de Yue y Yui éstas se volverían sin luchar…
"Yue-Chan, ¿qué deseas hacer…?".
Le preguntó Yui.
"Pues volvamos como ordenó Padre…".
Yue suspiró…
"Muy bien…".
Asintió Yui.
Ninguno de los hermanos se explicaba cómo es que ahora Yui llevaba en brazos a Yue sabiendo cómo de hostil era hasta ahora la segunda para con la primera…
En silencio Kagutsuchi y Susanou abrieron un portal para volver al corazón de Izumo.
Después de darle un último vistazo a Chikane Yue cerró los ojos dejando escapar lágrimas de tristeza…
Autor: Tsuyazakura Kouyuki.
Traducción: Saizoh, Salkantay y Dyablo.
