IV: El presente no soporta el pasado.

Abría y cerraba mi mano izquierda tratando de que no se me adormeciera. El médico había retirado las pocas suturas que todavía quedaban en mi mano. Me recomendó que hiciera pequeños ejercicios para favorecer la movilidad de ella, mientras hacía esto miraba por la ventana del auto, veía a la gente pasar con una rapidez que hace mucho no percibía. Tal vez se dirigían a su trabajo, eran casi las tres de la tarde y podía decirse que era la hora de comer para algunos. El auto se detuvo en una luz roja. Yo seguía mirando por la ventana.

-Es raro que no te recetara algún medicamento.- su voz era gélida, como siempre.

Dejé salir un largo suspiro y lo miré. Aun observaba a la rápida gente pasar detrás de él, se miraban algunos autos que también estaban, como nosotros, a la espera de la luz verde. Iba a comentar algo pero mis labios se frenaron al mirarlo con detenimiento. La gente y los autos parecieron esfumarse al poner atención en su rostro. De pronto me pareció estarlo viendo más blanco, no pálido, si no más porcelanico. Sus ojos de pronto los divisé más grises, de un plomo que brillaba excitantemente. Creo que aquel era uno de los pocos momentos en los que me parecía o percibía atractivo. -¿Qué me ves?- preguntó con un tono de desagrado al notar que no le retiraba la vista. Me pareció ver, aun detrás de aquella molestia, un leve sonrojo en sus blancas mejillas.

- Con el ejercicio es suficiente.- agregué moviendo un poco mi mano mientras volvía a mirar por la ventana.

Y así siguió el viaje de vuelta a casa. Silencio. Ya ni siquiera nuestros ojos se encontraban. Tal vez fue demasiado mirarnos o, en mi caso, mirarlo a él de aquella manera tan absorta.

¿El comentario de Carl había sido de tanto peso como para lograr un cambio en mí?

Y se ve que la ama.

¿Realmente eso bastó para que en mi cabeza se alojara la idea de que Draco me amaba? No.

El auto se detuvo frente a nuestra casa. Escuché como soltó un largo suspiro y apagó el motor. No quería verlo, no quería que aquella idea se reflejara en mis ojos o a su vez verla reflejada en los suyos.

-Llegaré a las seis, como siempre.- lo oí decir mientras de nuevo escuchaba como su espalda se recargaba más en el asiento. Solo asentí en silencio y bajé. Cerré la puerta y sin mirar atrás seguí hasta llegar al pórtico de la casa.
Tardé unos segundos en encontrar las llaves. María nunca abría la puerta, no estábamos acostumbrados a ello. Mientras seguía con mi búsqueda no escuchaba el auto, ni siquiera se oía el arrancar de éste, nada. Lo que me decía que Draco seguía allí. Tal vez mirándome, tal vez solo perdiendo tiempo antes de regresar a su oficina o, lo más probable, se encontraría divertido por la escena que veía. A mí frente a la casa tratando de encontrar las malditas llaves que parecían haber desaparecido. ¡Por fin! Pude tocar el metal dorado de la pequeña llave y la saqué. La introducí en la perilla y mientras abría la puerta escuché el arrancar del coche para luego desvanecerse en instantes.

Entré a la casa sin más percances, María salió del comedor y me saludó con una sonrisa, me preguntó si comería algo y solo le respondí que tal vez después.

-María, mira, mi mano parece estar mejor. Creo que ahora volveremos al ritmo de antes. En cuanto crea necesario te avisaré si volverás a venir solo los domingos.-

-Esta bien señora, lo que usted diga… Por cierto, alguien la espera en la sala.-

Agregó la anciana mirando desde lejos mi mano y sonriendo en señal de agrado.
Chasqueé mi lengua algo desesperada. Comencé a arrogar que no fuera Carl Smith, no sabía que haría si lo volvía a ver tan pronto, sobre todo después de la plática de ayer.

Caminé hasta la sala y lo primero que vi fue un gran florero con muchas rosas rojas. Me sorprendí al verlo. Realmente más que hermoso o lindo o tierno se veía fácilmente exagerado. Demasiadas flores en un depósito muy pequeño. Jamás había recibido tal presente, ni rosas, ni chocolates o algún otro gesto típico de los enamorados. Estoy segura que si yo le hubiera dado tiempo a Ron, él sería el primero y ultimo en darme tal detalle. Me acerqué para tomar una de las rosas y noté la clásica nota que se envía. La abrí.

Mis más sinceras disculpas. No pretendía ofenderla.
Carl Smith.

Aquel corto y hasta insípido renglón me dio rabia. ¿Acaso, yo, esperaba más de él? ¿En verdad quería que me ofreciera algún poema en señal de arrepentimiento por como me trató esa noche? No lo sé. Solo me sentí insatisfecha por la brevedad de su disculpa, ignore el altero de rosas que reinaban sobre mi chimenea, para mí eso no era importante, lo eran las palabras, ¿O acaso Mr. Smith pretendía que las rosas hablaran por él? ¡Já! Eso no funcionaría conmigo. Me podían tachar de antirromántica, de amargada pero ni mil flores me harían que lo perdonara por tal humillación.

Arrugué la pequeña nota y dí media vuelta. Me iba a dirigir a decirle a María que le regalaba todas aquellas flores pero algo me lo impidió. Esos inconfundibles ojos penetraron los míos. Me miraban desde la esquina del mini bar y me sentí desvanecer.
-¡Harry!- logré decir después de tragar saliva, después de contener mis lágrimas y lograr que mi boca no temblara más. Casi corrí hasta donde estaba y solo me aventé a sus brazos. Mis manos acariciaron su nuca y recosté mi cabeza en su pecho.

Tenía más de un año que no lo veía. Las escasas charlas que teníamos por teléfono se habían vuelto mas que suficiente para estar al tanto de nuestras vidas. Aquel pensamiento me resultaba triste, ya que ambos vivíamos en la misma ciudad.

Comencé a sentir como me apretaba mas a él, y acariciaba mi cabello. Logramos separarnos.

-¡Vaya! Parece que Draco se ha vuelto muy atento- comentó con una alegría fingida, solo entorné los ojos y me senté en el sofá, él hizo lo mismo. No podía dejar de sonreír, me encontraba tan alegre, tan realizada al verlo que me era imposible retirar la vista de su rostro, de sus ojos, de su piel. Un año pareció ser demasiado como para que la imagen física de Harry pudiera borrárseme. Estaba casi igual. A excepción de ciertos detalles sin importancia que solo el tiempo es capaz de crear. -Entonces, ¿si fue Draco quien te mandó esas flores?- volvió a comentar mirando aquel mamotreto de rosas.

-¿En verdad piensas que fue él?- contesté arrugando aun mas la pequeña nota que tenía en mi mano.

Si Harry pensaba que Draco era capaz de tal detalle conmigo significaría que el pobre había perdido la cordura.

Solo escuché una leve risa que salió de su boca al momento que me quitaba la nota de la mano. Me sorprendió la manera tan rápida de hacerlo y fue hasta algo grosero.

-Hermione, ¿Cómo crees que yo, pensaría tal cosa de un Malfoy?, y juzgando por ésta nota significa que tengo razón.- escuchaba sus palabras mientras me levantaba para tomar un poco de vodka, la ansiedad de beber algo llegó de pronto.-¿Quién es Carl Smith?- preguntó de una manera interrogatoria.

-¿No recuerdas?, te hablé de él en una de las tantas llamadas que me has hecho.- respondí con sarcasmo volviendo a su lado. Harry se encogió de hombros y fue cuando pude notar su vergüenza. Habíamos quedado que solo él me haría llamadas. Yo no podía llamarlo a su casa o al trabajo por miedo, en primer lugar, que contestara Ginny y en segundo por que en su trabajo las líneas estaba intercomunicadas y era muy fácil que alguien nos escuchara y le dijera a Ginny. Me encontraba algo molesta, tenía a lo mucho un mes que no sabía nada de él y ahora después de un año se presentaba en mi casa.
-Hay momentos en lo que creó que solo mantienes comunicación conmigo por que crees que es tu deber no por que realmente te apetezca hacerlo.- agregué mirando inquisidoramente sus verdes ojos.
Observé como su lengua mojó un poco sus labios y el silencio duró casi dos segundos. Dos segundos que para mí significaron una vida.

-Hermione, no digas eso, realmente me preocupo por ti y si no te he podido llamar ha sido por le embarazo de Ginny, he estado al pendiente de ella, por eso hasta hoy pude comunicarme, María me dijo que fuiste al hospital a que te quitaran las suturas de la mano, cosa que me extrañó demasiado, por eso estoy aquí, para que me cuentes que ha pasado.- sus palabras parecían sonar sinceras pero todavía un tono de vacío se podía sentir en ellas. Para mí las llamadas de Harry, su voz, eran un escape a todo lo que vivía, una pequeña puerta que me hacía ver que había mundo más allá de ésta casa, más allá de Draco. Pero desde que no supe de él durante tres meses y ahora por un mes me hacía pensar que las cosas estaban cambiando.

-Harry, no te reprocho nada. Estoy bien.- no me interrogó mas sobre quien era Carl Smith o como me pasó aquello en la mano. Se quedó ahí, en silencio, con una mirada taciturna que me helaba el corazón. Sentí su mano acariciar mi mejilla al momento que entrelazaba su otra mano con la mía.-Deja a Draco.- susurró tan débilmente que pareció que la voz se le acabaría con aquellas palabras. Solo sonreí. Era gracioso que me pidiera aquello, o que lo sugiriera. Él mejor que nadie sabía lo que yo había jurado.
-Tú sabes que no puedo.- susurré de la misma manera en que él lo hizo.

-Hermione esto es absurdo, siete años han sido demasiado, y he de aceptar que es un logro que no se hayan matado, todavía.- sus palabras me hicieron sentir un nudo en la garganta. Si solo Harry supiera lo del vidrio en mi mano.
-¿No te da miedo enamorarte de él?- preguntó enseguida de una manera insidiosa. Retiré mi mano de la suya y me puse de pie, caminé hasta las rosas de Carl Smith y bufé para mis adentros.

¿Qué demonios le pasaba a todo el mundo?

-No vuelvas a decir eso, yo sería incapaz de enamorarme de ese ser tan asqueroso, de ese miserable que me obligó a ser mortifaga.-

-Fuiste capaz de casarte con él.- agregó interrumpiendo mi escaso discurso de ofensa.

-¿A que viene esto, Harry?- me mantuve de espaldas mirando las rosas, yo no podía enamorarme de alguien como Draco, no podía confundir su odio hacia mí con un amor no expresado, tal como dijo Carl aquella noche.

-Hermione, es bastante aturdidor preocuparme por ti, preguntarme cada día como te trata ese infeliz, si te ha golpeado o humillado, ¿crees que la angustia no se apodera de mí?, por eso te ruego que lo dejes, que le des paz a tu vida para darle paz a la mía.-
Sus palabras resonaron en mi cabeza, fue entonces cuando comprendí el por que Harry se desaparecía durante meses, el por que su insistencia para no vernos. Él no quería oír mi voz, ver mi persona que solo le recordaba la muerte de Ron que solo lo hacía sufrir, martirizarse engañando a Ginny, a quien le juró que jamás me volvería a contactar,a tener algún trato conmigo, sin embargo lo había hecho.

-Harry, si lo que quieres es ya no tener ningún trato conmigo lo entenderé- fue lo único que mis labios pudieron decir. Sentí la mano de Harry sobre mi hombro. -El haber matado a Ron no te da derecho a castigarte viviendo con quien vives.- susurró en mi oído con una voz entrecortada. Hasta el mismo Harry podía recordar aquel día, estaba segura que podía verme en el centro del gran salón con varita en mano apuntando hacia Ron, pronunciado aquellas infelices palabras que se clavaron el cuerpo inerme de mi pelirrojo. Creo que recordaba las vertiginosas lágrimas que recorrían mi rostro en busca de perdón. Hasta yo misma me veía en mis recuerdos desplomándome contra el suelo, cayendo al lado del cuerpo inerte de Ron profiriendo un grito desgarrador que ensordeció mi alma marcándola de una manera aun mas permanente de lo que mi piel estaba.
Seguíamos ahí, frente a la chimenea ignorando las rosas, ignorando el tiempo y al parecer ambos estábamos sumidos en el pasado de nuestros recuerdos. Solo el timbre de la casa logró, por lo menos a mí, sacarme de aquel mundo. María se dirigió a abrir y me pareció escuchar una voz familiar. Harry se separó de mí y volvió a sentarse, yo seguía de pie. Sentí la presencia de alguien en la entrada de la sala y estoy casi segura que la respiración de Harry se cortó al verlo.

-El señor Smith.- agregó María anunciando su llegada. Solo asentí en silencio y traté de que mis ojos, un poco húmedos, volvieran a su estado normal. Me dí media vuelta y lo vi. Se encontraba al lado de María, vestido con un pantalón oscuro y camisa verde oscuro.

Camino hacia mí ignorando a Harry y tomó mi mano izquierda. -Me alegro que se haya mejorado.- dijo mas para si mismo que para los demás, deposito un pequeño beso en ella y solo la retire antes que fuera capaz de comérsela de una mordida, aun seguía molesta. La anciana se retiró y Harry seguía sumido en une estupor que me costaba reconocerlo. Parecía tener el mismo asombro que tuve yo la primera vez que mis ojos encontraron aquel clon viviente de Ron. Mi vista se posó en Harry y creí notar algunas lagrimas nacer en sus ojos.
-Es tarde, hasta pronto Hermione.- y así se despidió sin decir más, sin presentarse delante de Carl, sin hacer ningún comentario. Yo lo entendía, era demasiado para él revivir aquella imagen, y sobre todo verme a mi al lado de Ron, quiero decir, de Carl.

-¿Es su hermano?.- preguntó de una manera divertida esperando, creo yo, que la respuesta fuera negativa.

-Que bueno que vino, así me ahorra el trabajo de mandarle las flores.- agregué sin contestar a su pregunta, tomé el florero y lo deposite en sus manos que lo tomaron por inercia. Carl solo frunció el seño. Y lo valvió a dejar en una mesa que estaba cerca. -Le ruego que no me mande más cosas como éstas, vuelva a tomar su presente y lárguese.- agregué caminando hacia la puerta, sentí sus pasos detrás de mí y al abrir mis ojos chocaron con los tímpanos de hielo que congelaban mi existencia. Pero no me miraban a mí. Se enfocaron en atravesar los ávidos ojos de aquel rostro pecoso. Y ahí estaba yo, en medio de ambos esperando un intercambio de palabras que de seguro no iba a ser agradable. Carl se encontraba algo molesto por el desaire de no haber aceptado su regalo y Draco, no se por que, parecía tener un semblante de disgusto que no escondió, como casi siempre acostumbraba hacerlo en presencia de terceros, y aquello me dijo que tal vez sería el inicio de un cataclismo silencioso.

¡Muchas Gracias por los comentarios!