HOLA, CHICOS! Bienvenidos a otro capítulo de este fic! Espero que les guste!

COMENCEMOS YA!

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Capítulo 4: Onee-sama.

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La rubia recibió un pañuelo por una nerviosa castaña, quien se veía realmente pálida. Mai tomó el pañuelo y limpió su boca. Habían parado en el muelle justo cuando la duelista sintió unas enormes ganas de devolver todo el dulce que habían comido en la tarde. Se miraron nuevamente para suspirar como por milésima vez en el día.

—… Anzu. Tú conoces mejor a Katsuya. — La pobre rubia estaba casi blanca del horror. — ¿Le gustan los mocosos? Dime la verdad, no seas mala y dímelo. Sé honesta…-

— ¡Mai! — La agarró de los hombros. — ¡Por Ra, a Jonouchi le encantan los niños! — Le insistió para calmarla. — Todo estará bien. Reaccionará de maravilla, te lo aseguro.

—… Te apuesto una enorme copa de helado de tres chocolates que no sonreirá cuando se lo cuente.

— Trato hecho. — Se cruzó de brazos al sonreír. — Jonouchi estará feliz.

—… Entonces… ¿Iremos primero a mi casa y después iremos a la tuya para ver la reacción de Atem? — La castaña hizo una mueca.

—… N-No sé cómo reaccionará, si me preguntas. — Jugó con sus dedos, nerviosa. — Nunca hablamos acerca de tener hijos, siempre los consideramos a ustedes como parte de la familia, así que…

— Mmm… Yo tampoco sé cómo reaccionará… Así que te acompañaré así como tú me acompañarás a ver a Jou. — Respiró hondo. — Muy bien, Anzu. Como siempre lo decimos.

—… ¿Que sea como Ra quiera?

— Exacto, preciosa. — Se levantó como un resorte. — ¡Andando! — La jaló del brazo.

— ¡M-Mai!

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Atem abrió la puerta y sonrió.

— Hola, Yugi.

— ¡Hola, Atem! — Le sonrió animadamente su hermano. — ¿Cómo te sientes?

— Bastante mejor, gracias. — Se hizo a un lado para que pasara.

— Oh, no te preocupes. Solo vine a dejarte esto. — Le mostró el artículo del milenio que traía como colgante.

— No tenías que molestarte, Yugi. ¿Por qué solo venir aquí a traérmelo?

— Pues, no fue idea mía. — Se rascó la nuca, algo incómodo. — Iba a ver a Rebecca, pero…— Hizo una mueca. — Ren y Aoi me pidieron que los trajera contigo. — El faraón frunció el ceño. — No me preguntes, yo tampoco sé qué ocurre con ellos… Pero… Algo me dice que algo no está bien…— Acarició con tristeza el artículo. — ¿Hay algo que no nos estás diciendo, Atem?

El faraón abrió más los ojos, un poco pasmado. Hasta el día de hoy, a pesar de estar separados, Yugi seguía sorprendiéndolo por la forma tan fácil de cómo podía leer su mente. Parecía un libro abierto a los ojos de su hermano.

—… Es… Complicado. — Confesó. — Pero no quiero decirlo ahora. Tal vez si hablo con Ren y Aoi, tenga más claro lo que ocurre. — Sonrió a medias. — Hasta ese entonces, no diré nada.

—… Bien… No nos dejes fuera, ¿de acuerdo? — Se quitó el artículo y se lo entregó.

— Entendido.

— Bien. — Miró su reloj. — Tengo que irme. Tengo que recoger a Rebecca. Nos vemos. — Hizo un gesto con la mano.

— Salúdala.

— ¡Lo haré! — Exclamó al alejarse corriendo.

Atem observó en silencio como la silueta de su hermano se disipaba.

"¿Faraón?"

— Huh. — Miró el rompecabezas. — Esperen un momento. — Musitó.

Se adentró nuevamente a la casa. Posó el artículo en el tapete. Murmuró un hechizo de manera casi inaudible, provocando que el objeto resplandeciera con gran fuerza y el faraón se cubriera los ojos. Cuando la luz había desaparecido, Atem contempló a Ren y a Aoi parados en frente de él.

— Gusto en verlo, faraón. — La joven le dedicó una cordial sonrisa junto con una leve inclinación. Ren solo hizo un gesto de respeto con la cabeza.

— ¿Qué ocurre? Se ven…

— Horribles. Lo sabemos. — El pelinegro se revolvió los cabellos, frustrado.

—… Umm, iba a decir preocupados, pero supongo que también sirve. — Sonrió burlonamente. El de cabellos azabaches lo miró mal. — Estoy bromeando. — Dejó de sonreír y se cruzó de brazos. — ¿Qué ocurre?

—… No puedo creer lo tranquilo que estás cuando estás a punto de desaparecer. — Soltó sin tacto alguno él.

— ¡Ren! — Le reprochó su hermana.

— Mi madre me dijo que podría tomar el lugar de Eternidad para mantener el equilibrio. — Comentó a modo de defensa. No tenía intenciones de desaparecer, y honestamente, tampoco volver a tomar un mando tan importante. Aunque se le daba muy bien, estaba seguro que era mucho más grande que ser rey.

— Cierto, pero no va a ser lindo cuando quieran reemplazarte.

El ceño de Atem se pronunció.

— ¿Qué quieres decir con eso?

Ren hizo una mueca e intercambió miradas con Aoi, quien asintió. Ambos suspiraron.

—… Cuando Yugi armó el rompecabezas y despertaste, no tenías recuerdos, solo un propósito. — Comenzó el joven. — Y eso era expandir el mundo de los juegos oscuros. — El faraón apartó sus ojos de los gemelos, incómodo por el tema. — Juzgando a las personas por lo que valían. Eran simple basura a los que castigaste, no deberías sentirte mal. — Comentó al sonreír con cierta fascinación el pelinegro. — Pero a medida que te dabas cuenta que ese no eras tú, que debías encontrar tu verdadera identidad, tu nombre, tus valores y tu destino… Te desprendiste del deseo sádico de castigar para tomar el camino que te correspondía.

—… ¿Qué ocurrirá si deseo tomar el mando de Eternidad? — Fue directo al punto. ¿Por qué le decían todo esto tan de repente?

— A eso vamos, faraón. — Intervino Aoi. — Ese lado oscuro de usted, lo fue adormeciendo hasta el punto de ponerlo a su mando cuando lo deseara. — Hizo una pausa. —… Después de lo ocurrido con nuestro creador… El hechicero Abasi, su lado oscuro se desprendió por completo de usted.

—… ¿Qué?

— Es un trozo de tu alma que quedó atrapado en una de las habitaciones del rompecabezas. — Señaló Ren. — Pero…— Apretó los puños. — Ha escapado.

— ¡¿Qué?!

— ¡Ugh! ¡¿Quieres dejar de decir otra cosa que no sea "QUÉ"?! — Le reprochó cabreado el guardián. — ¡Y sí! ¡Es nuestra culpa! ¡Lo admitimos! Pero es que…

— Ren…-

— ¡Aquella vez, tu oscuridad no tuvo límites! — Le gritó, cortando a su hermana. Atem retrocedió un poco. — ¡Y ese trozo de tu alma está lleno de odio, de deseos oscuros y enfermizos hacia la humanidad! ¡Solo quiere destruir y quitarte todo lo que amas!

— ¡Espera un momento! ¿Tiene consciencia propia?

— Desgraciadamente, sí. — Dijo Aoi al posar una mano en el brazo de su hermano. — Fue descuidado durante mucho tiempo, así que comenzó a pensar por sí mismo. — Miró el suelo. — Lo sentimos mucho, faraón… Pero su poder es tan grande como el suyo.

—… No me sorprende. — Comentó suavemente. — Fuimos la misma persona.

La joven lo miró con tristeza.

—… Lo que quiere es quitarte todo. — Resumió Ren. — Si asumes el puesto en la Eternidad, él vendrá, sustituirá tu lugar como persona en este mundo. Te quitará tu familia, tus amigos…— Tragó saliva. — Y a Destino.

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La sangre pareció congelarse en sus venas al oír esas palabras.

¿Perder a Anzu?

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— ¡Hola, Anzu! — Le saludó contento el rubio al abrazarla.

— Hola, Jonouchi. — Correspondió el gesto.

El rubio se acercó para saludar a su adorada rubia, pero esta la pasó de largo con una amargada expresión en el rostro. Jonouchi se quedó de piedra.

— ¡¿Qué te pasa, mujer?! ¡Limpié todo! — Se quejó y la iba a seguir al ver cómo se dirigía a su habitación, pero Anzu lo detuvo. — ¿Qué…?

— Jonouchi… Mai está un poco… Estresada por algo… ¿Podrías traerle un té, por favor? — Le pidió amablemente. — Anda. — Insistió. — Comprende los sentimientos de una chica.

El duelista se le quedó mirando unos segundos, hasta que terminó por suspirar y obedecer a la petición de su amiga. La castaña lo vio desaparecer en la entrada de la cocina. Una vez asegurado esto, Anzu fue a la habitación de la rubia. Apenas abrió la puerta, recibió un almohadazo.

— ¡Vete!

—… Soy yo. — Le recordó con cierta molestia.

La rubia alzó la vista y la miró.

— Aah, eres tú. — La bailarina le devolvió el golpe con la almohada. — ¡Hey!

— ¡Deja de ser tan infantil! — se sentó en la cama, a su lado. — ¿Se lo dirás cuando crea que estés gorda?

— ¡NO ENGORDARÉ!

— Técnicamente no lo harás, solo te expandirás de acuerdo al crecimiento de tu hijo. — Hizo un gesto de comillas con una risa burlona.

— ¡Anzu! Yo…— Se revolvió los cabellos. — ¡Yo siento que no estoy hecha para esto!

— ¿Ser madre?

— ¡Claro que no! — Se desesperó. — Creí toda mi vida que estaría sola…-

— No vayamos por ese camino. — La cortó abruptamente. — Tú me tienes a mí, a Jou, a Atem, a Yugi, a Honda, a Shizuka y a todos los demás. Somos tu familia. — Aseguró al sonreírle.

—…— Suspiró tras sonreír. — Tienes una forma muy fácil de calmar a la gente. — La sonrisa de la castaña se ensanchó con el cumplido. — Pero… Volvemos al tema principal… ¿Cómo reaccionará Jonouchi?

— Mai. Te lo repito. A Jonouchi le encantan los niños, aunque siempre diga que son mocosos molestos… Estoy seguro que él estaría encantado de tener una familia contigo.

—…— Inhaló y exhaló rápidamente. —… Bien… Practicaré…

— ¿E-Ehh?

— ¡Jonouchi Katsuya! — Alzó la voz a modo de orden. — ¡Te informo que tendré un hijo!

— ¡No puedes decirlo de esa form…-!

— ¡Y no importa lo que pienses, lo tendré contigo o sin ti…-!

— ¡Mai…-!

— ¡Hay muchas madres solteras en este mundo, así que…!

— ¡M-Mai…!— La llamó, esta vez más alarmada. La rubia la miró, pero Anzu parecía ver algo que estaba a la entrada de la habitación.

La duelista dio un respingo cuando la taza de té que había traído su novio se había estrellado contra el suelo. Miró el pálido rostro de su novio, quien, al parecer, había entrado en un gran trance ante la noticia que no había logrado decirle de una manera menos… Brusca.

—… ¿K-Katsuya…?

— ¿Jonouchi…?

El rubio, en respuesta, puso los ojos en blanco y cayó desmayado de golpe. Las dos testigos quedaron anonadadas, realmente impactadas por la reacción del pobre duelista.

—…

—…

—… Me debes un especial de tres chocolates, Anzu. — Soltó de repente la rubia.

— ¡Este no es el momento para la apuesta!

— ¡Pero gané!

— ¡MAI!

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—… Se hace llamar Yami. Como a ti solían llamarte.

El faraón no respondió. Estaba sentado en el sofá, apoyando sus codos en sus piernas y su rostro enterrado entre sus manos. Maldijo por lo bajo. ¿Por qué no lo dejaban en paz? Si no eran los malditos espíritus malignos, era él mismo.

Literalmente.

—… ¿Faraón? — Lo llamó suavemente Aoi. — Tranquilícese, por favor. Nosotros…-

— No podemos contra él. — Completó Ren. Su hermana le dirigió una reprobatoria mirada, aunque no se esperó lo siguiente que dijo su gemelo. — Pero onee-sama si puede.

La de cabellos negros soltó un jadeo de sorpresa, mientras que Atem alzaba rápidamente la vista.

—… ¿Onee-sama? — Repitió al levantarse nuevamente. — ¿De quién…?

— El hechicero Abasi, nuestro creador, el que luchó contra ti… Tuvo una hija. Una verdadera hija. — Confesó.

— ¿Qué? — Exclamó. — ¿Por qué no me lo dijeron antes? — Lo regañó. Ren se encogió.

—…— Apartó sus ojos de él. — No tenemos permitido hablar de Onee-sama. — Miró de reojo a Aoi, quien miró el suelo. Atem miró a la joven.

—… ¿Aoi?

—… Onee-sama es de temer. — Se estremeció. — Onee-sama lleva una carga muy pesada en sus hombros. Onee-sama es…

— Un monstruo. — Completó amargamente Ren.

—… ¿Por qué la consideran su hermana?

—… Porque lo es. — Contestó simplemente el guardián. — El hechicero nos creó milenios atrás. Unos cuantos años después, nació onee-sama. Y aunque le llevamos ventaja en los años, ella es…— Comenzó a sudar.

—…

—…— Cerró los ojos con fuerza tras tragar saliva. — Onee-sama no nació como el fruto de amor de nadie. — Miró un espejo que reposaba en el salón. Miró sus ojos rojos, recordando también los orbes de la joven de la cual hablaban. — Ella nació producto del odio, la codicia y el poder. — Explicó. — Posee… Una bestia en su interior, se alimenta del odio y la oscuridad de las personas. Las destruye, las castiga. Pero solo a los que se lo merecen, claro... — Se llevó una mano a la frente. — Aun así…

—… Onee-sama es muy poderosa. Iguala mucho su poder con el suyo. — Comentó Aoi.

— ¿Por qué dicen que…?— Pausó, tratando de ordenar la pregunta en su mente. — ¿El hechicero la crió de esa manera?

Aoi se llevó una mano a la boca, sintiendo unas enormes ganas de vomitar. Cerró los ojos con fuerza. Ren soltó una risa seca.

— ¿No te has preguntado por qué diablos somos tan extraños?

— ¿Qué?

— No nos importaba lo que les ocurriera a tus progenitores y descendientes cuando nos encomendaron el trabajo de juzgarlos… En un principio lo gozábamos…— Miró con cierto horror sus manos, para cerrarlas rápidamente.

—… Eso ya pasó, Ren. — Atem posó una mano en el hombro del joven.

—… No se puede cambiar el pasado.

—… Lo sé. Pero tienes un futuro.

—…— Lo miró directamente. — La madre de Onee-sama no la quiso, se la quiso dar a Abasi apenas nació.

— ¿Por qué?

—… Porque esa mujer no quería nada relacionado con ese sujeto. Ella era una esclava de Abasi. — Negó con la cabeza. — La utilizó para…— Se atoró con sus palabras. —… Para tener una heredera.

Atem abrió enormemente los ojos ante tal revelación.

¡Qué cruel!

Siempre supo que había cosas que ni a Ren ni a Aoi les gustaba hablar de su creador porque les resultaba un tema sensible. Y cuánta razón tenía.

Y pensar que le había perdonado el enviarlo al Reino de las Sombras…

Ra, ese hombre había abusado de una mujer inocente solo para crear descendencia.

—… Eligieron a esa mujer porque era una hechicera al igual que Abasi. — El faraón volvió a mirar a ambos. Aoi se había colocado al lado de su hermano para transmitirle apoyo. — Era la líder del Clan Anat.

— ¡¿Cómo?! — Exclamó. — ¿Del Clan… Anat?

— Así es.

—… — Se llevó una mano a la cabeza, incapaz de procesar esa información.

Heredera.

—… ¿Qué ocurrió con la hija de Abasi?

— No pudo abandonar el Clan. Era demasiado poderosa como para que vagara sola con ese sujeto. Su madre decidió tenerla en contra de su propia voluntad. De ahí, no sabemos más. Solo sabemos que años después la trataron de comprometer con alguien.

—… Ren…— Se dejó caer pesadamente en el asiento, pálido. —… Y-Yo la conozco.

Ren le dirigió una profunda mirada unos segundos. Aoi sujetó la mano de su hermano, pensando que el joven había acertado a lo que había temido.

—… Así que es cierto. La has visto.

—… Sí. Pero no recuerdo su nombre, algo bloquea mi mente cuando quiero recordar su rostro o su nombre.

—… Porque Onee-sama no quiere eso. — Musitó Aoi. — Onee-sama no quiere que la recuerdes hasta que ella decida cuándo.

— ¿Cómo es posible eso?

—… Onee-sama es el ser más poderoso que hemos visto, aparte de… Ti. — El guardián miró de reojo al faraón.

—… Ya veo. — Respiró fuerte. Era demasiada información en un día. No lograría sobrevivir con otra noticia tan chocante. —… Hay algo más que quiero saber.

—…— Los gemelos lo miraban expectantes, esperando la pregunta.

— ¿Por qué no se les permite hablar de ella?

Ambos se tensaron, dándose cuenta que habían cometido un gran error. Ren y Aoi se miraron con horror. ¡De verdad habían soltado toda la verdad!

—… ¡¿Qué hemos hecho?! — Se llevó ambas manos a sus labios, horrorizada.

— ¿De qué hablan?

—… Ya veo…— Ren se rio con nerviosismo. — Infringimos la regla. — Miró su alrededor. Atem y su hermana le imitaron al sentir una extraña presencia rodear la casa. — No podemos hablar de Onee-sama en voz alta… Porque si lo hacemos… Ella lo sabrá…

—… Y accidentalmente la invocaremos hacia aquí. — Completó Aoi, aferrándose con fuerza al brazo de su hermano.

Atem miró a su alrededor, sintiendo el ambiente increíblemente tenso. Incluso cierta luz de la casa había disminuido.

¿Invocaron a su hermana?

Pegaron un brinco cuando escucharon el timbre ser tocado cinco veces seguidas.

—… Tch, no pierde su estilo. — Comentó Ren. — Le encanta aparecer de esta forma tan escalofriante.

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"No seas irrespetuoso con tu Onee-sama, onii-chan…"

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Aoi gritó y se abrazó más a su hermano, quien se había congelado en su lugar.

— ¡O-O-On-Onee-sama…!— Balbuceó la pobre pelinegra al comenzar a llorar. — Lo sentimos, Onee-sama…— Susurró, presa del miedo.

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"No te preocupes por eso, onee-chan. Si me convocaban o no. Tenía que venir de todos modos."

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— ¿Qué? — Atem miró hacia todos lados. Conocía esa voz, pero no lograba recordar a quién le pertenecía. Gruñó, frustrado al sentir su mente tan bloqueada de algo tan simple. — ¡¿Quién eres?! ¡Muéstrate ahora! — Exigió. Una risa hizo eco en sus mentes. Los gemelos tragaron saliva, mientras que el faraón solo esperaba, un poco sorprendido al sentir que su mente se aclaraba y los recuerdos fluían con más facilidad, reconociendo, esta vez, casi al instante a la dueña de esa voz. —… Tú eres…

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"Concebida entre el lecho maldito,

Estoy hecha para este maleficio.

Me encargo de castigar y destruir seres oscuros,

Porque su odio es lo que me da poder.

Sus deseos oscuros, sus pecados…

Todo lo repugnante que representan…

Es solo poder para mí.

Soy la heredera del Clan Anat."

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— Mi nombre fue, y es…— Los tres jadearon de la sorpresa al sentir unos pasos aproximarse a ellos. —… Esmeralda.

Atem se giró abruptamente para encarar a la mujer que consideraba su amiga. La heredera le dirigió una burlona sonrisa. El faraón retrocedió para mirarla de pies a cabeza. Era cierto, él estuvo a punto de ser comprometido con ella. No había podido recordarla porque antes de revelar su identidad, sus ojos eran azules, pero ahora volvían a ser escarlatas.

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¿Clan Anat?

¡Así es, mi príncipe! — Exclamó entusiasmado Akhenaden. — ¡Podría unir alianzas con ese Clan tan poderoso!

—…— Frunció el ceño. — Nunca había oído hablar de él.

Eso es porque… El Clan Anat pertenece a la raza blanca. — Murmuró con cierto disgusto. Atem hizo una mueca. — Aunque jamás pensé que desarrollarían tal poder... Ese clan está compuesto por solo hechiceros. ¡Poseen poder incalculable! ¡Y su heredera tiene casi la misma edad que usted, mi gran príncipe! ¡Esta es una oportunidad única!

¿Heredera?

La heredera del Clan Anat, mi gran príncipe. Si ambos combinan sus fuerzas, tendrían todo bajo su mando…-

Akhenaden. — Lo llamó suavemente, reprochándole por sus palabras. Él no necesitaba nada de esas cosas. Solo quería que su gente estuviese en paz.

—… Discúlpeme. Pero le pido que vaya a conocerla.

El heredero al trono sostuvo la mirada del hombre unos segundos, mas no pudo negar tal petición. Incluso si quisiera, la traerían para presentársela de todos modos.

—…— Suspiró. — Bien. ¿Cuándo es el encuentro?

Supongo que ahora mismo.

El hombre se puso de pie rápidamente y Atem alzó la vista. Vieron a unos guardias de tez blanca, pero vestidos completamente de negro rodeando una figura más pequeña. Cuando los hombres se apartaron, dejaron ver a una joven de largos cabellos azabaches que llegaban más abajo del muslo. Traía un vestido verde agua adornado con unos brazaletes plateados. Sin embargo lo más extraño fueron sus característicos ojos rojos.

Ella sonrió.

Lamento la temprana intromisión, pero me exigieron venir a mí. Soy Esmeralda, heredera del Clan Anat.

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—… ¿Por qué no me lo dijiste? — Fue lo primero que pudo articular.

Esmeralda suavizó la curva de sus labios.

— No era necesario. No tenemos nada en común, y a decir verdad… No tenía planeado decírtelo. — Confesó. — Pero tu madre me pidió que te ayudara. — Se encogió de hombros.

—… ¿Qué?

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"Por eso te eché una mano y la envié."

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—… Ya veo… A quien envió mi madre… Fue a ti.

— Debió estar muy desesperada para hacerlo. — Bufó Ren.

Esmeralda lo miró, el joven le gruñó en respuesta. La heredera se rio.

— No busco pelea, Ren. — Le avisó enseguida.

Ante esas palabras, los gemelos se relajaron notoriamente. Aoi se secó sus lágrimas con las manos temblorosas y Ren se revolvía el cabello, ya un poco más tranquilo. Atem observó curioso la reacción de ambos por su hermana. Volvió a mirar a Esmeralda.

—… ¿Qué te sucedió? — La joven frunció el ceño.

— ¿De qué hablas?

—… Pues… Cuando nos iban a comprometer, unos bandidos te secuestraron. Durante mucho tiempo, te estuvieron buscando, incluso yo lo hice. Y cuando dimos con la ubicación de los ladrones, ellos estaban…

— ¿Muertos? — Completó con cierta fascinación. Atem la miró a los ojos. Detestó admitirlo, pero la mirada que irradiaba esa mujer esos momentos era digna de temer. Una satisfactoria sonrisa se formó en los labios de ella. — Claro que estaban muertos. Yo los maté.

El faraón y los gemelos la miraron con cierto horror.

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— ¡Muchas felicidades, Mai-san! — Shizuka abrazó con gran emoción a la rubia.

— Gracias, Shizuka-chan. — Le acarició el cabello. — Reaccionaste mejor que el idiota de tu hermano. — Señaló con desprecio a su novio desmayado. La menor se rio nerviosamente.

Era cierto. Poco después de que el rubio se desmayara, había llegado Shizuka. Grande fue su sorpresa encontrar a su hermano tirado junto con sus dos amigas presentes. Mai no tuvo más opción que contarle todo.

— ¡Oh! También felicitaciones. — La castaña se acercó a Anzu y la abrazó. La bailarina sonrió y correspondió el gesto.

— Muchas gracias.

—… Onii-chan es muy sensible en estas cosas. Discúlpalo, Mai-san. — Comentó la castaña. Mai rodó de ojos. — Cuando despierte, estoy seguro que estará feliz.

—… Bien. Yo me voy. — Anunció Anzu al ponerse de pie.

— ¡¿Qué?! ¡No es justo! ¡Yo tenía que ver la expresión de Atem también cuando se lo dijeras…!

— Mai. Jonouchi está desmayado. — Le reprochó. — Además, yo te contaré.

—…— Hizo una mueca. — Si me mientes…

— No lo haré. — Rodó de ojos. — Tranquila. Además, llego tarde. Atem y yo íbamos a recibir a Esmeralda.

— ¿Eh? ¡Ah! — Sonrió. — Hablas de la preciosa que le arrancó a los ojos a las tres chicas que te molestaron años atrás. — Se carcajeó. En respuesta, recibió un almohadazo. — ¡Anzu!

— ¡Adiós! — Le gritó, molesta. ¡Ugh, cómo odiaba recordar eso! ¡Era tan vergonzoso! Miró a Shizuka y suavizó su expresión. — Nos veremos pronto, Shizuka. — Le acarició la cabeza.

La menor le regaló una sonrisa antes de verla irse.

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Una vez afuera, Anzu suspiró al contemplar el cielo anaranjado de la tarde mientras caminaba. Definitivamente este día estaba lleno de sorpresas. Había descubierto que iba a tener un hijo, le darían la bienvenida a Esmeralda, y…-

— ¿E-Eh?

Se detuvo abruptamente al distinguir una silueta familiar en el muelle. El joven tenía los brazos cruzados contemplando la puesta de sol.

—… ¿Atem? — Le llamó con cierta duda.

Era sin duda él, pero… ¿Por qué no reconocía su esencia? No lo sentía como si fuese él mismo…

El tricolor se giró suavemente para mirarla a los ojos. La castaña parpadeó. No sabía si eran por los colores de la tarde, o estaba loca…

Pero los ojos del joven se veían de un fuerte color rojo.

Volvió a emprender sus pasos para acercarse a él.

— ¿Por qué estás aquí? Creí que estarías en casa esperando a que Esmeralda llegara…

El aludido siguió sin contestarle, solo la observaba detenidamente. Lentamente, una suave sonrisa se formó en sus labios.

— Anzu.

La nombrada inclinó la cabeza, confundida.

—... ¿Sí…?

El tricolor avanzó a ella y la envolvió en sus brazos con fuerza. Anzu jadeó, un poco sorprendida por el abrupto movimiento, sin mencionar que el tricolor la estaba apretando demasiado. Correspondió el gesto con cierta confusión.

El espíritu enterró su rostro en el cuello de la castaña, ocultando una satírica sonrisa.

—… "Anzu… La oscuridad no puede ser solo temida… Puede guardar tus más profundos secretos, es íntima y profunda… Como un amante." — Ensanchó su sonrisa al apretarla contra él con más posesividad.

La bella Reina pronto estaría en sus brazos. Como siempre debió ser.

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Continuará…

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Lamento si a "Yami" lo hice muy demente XD Pero les explico el por qué si no comprendieron su insanidad mental.

Cuando Atem se enfrentó al hechicero en "Eternidad", sin darse cuenta, desprendió por completo su lado oscuro de él, dejándolo sumergido en un profundo sueño dentro del rompecabezas. Sin embargo, el dormir no evitó que miles de pensamientos oscuros llenaran a esta mitad del alma del faraón. Creyó que lo habían despreciado y abandonado al preferir la luz. Como es parte de Atem, está consciente de la situación de Eternidad, por lo que tomará ventaja del problema y querrá recuperar lo que perdió.

En fin, contestaré unos cuantos reviews e.e

Dragon Espectral: Gracias! Es bueno saber que algunos aún no se rinden con la historia a pesar de que me demoro tanto DX Lo agradezco y espero que te encuentres bien, tomodachi!

linkyiwakura: Bueno, creo que aquí se entendió mejor que ambas lo están jejeje. Aunque Mai fue la más dramática, Jonouchi le ganó XD Y no soy malita, solo adoro dejar suspenso e.e juju Saludos!

Mana: Mi misión como creadora de este OC, es que Esmeralda sea vista de una forma desconfiada en un principio, así que no culpo tu odio e-e Solo te aseguro una cosa, y quizás este capítulo lo dejó claro. Ella no es la enemiga en todo este problema, aunque eso no cambia su personalidad tan sombría. Es digna de temer. Saludos!

andreabunny20: ¡SÍ! ¡AL FIIIIIIN! XDDD Mis excusas ya las di, pero ya estoy de vuelta e-e Aunque te advierto que no te acostumbres u.u La inspiración varía en cada momento. Saludos!

Tea Mutou: ¡Aquí está la actualización de Jonouchi! XDDDDDD La más épica del mundo jajajajaja, ahora falta la de Atem! Cómo reaccionará? Dijo que no podría con más noticias en un día. ¿Colapsará como Jou? XD Saludos!

LadyMadalla-Selene: Ocurrió cuando las abejitas… XD Ok perdón. Jajaja No sé si has leído la precuela de este fic, allí se explica cómo todas las parejas de este fic están juntitas, excepto la del BlueShipping. Pero tampoco soy de narrar la intimidad e.e Solo digamos que ocurrió en algún momento entre el fic "Eternidad" y este XD juju Les preguntaré a Atem y a Anzu si desean que seas la madrina e.e Y en cuanto a Esmeralda, supongo que este capítulo contestó la mayoría de tus dudas. Saludos!

atemxanzulove: Pegaste un grito que se escuchó por casi toda la ciudad? Jajajaja Aquí tienes la reacción de Jonouchi, que hubiera costado un dineral grabar su reacción XD aunque al escribirla quedó para siempre aquí e.e Espero que te encuentres muuuy bien, tomodachi!

EN FIN! Nos leemos en el próximo capítulo o en otro fic e-e!

Rossana's Mind.