- Ahora solo nos queda esperar. – Carlisle me sonrió radiante, lleno de optimismo
- ¡Gracias, Carlisle! – De haber podido llorar, lo hubiera hecho.
- ¡Quema! – Grito el chico.- ¡Me quema!
- Aquí estaré – Le prometí – Hasta el último segundo. – Me senté en el suelo, al lado del sofá, a esperar que trascurrieran los tres días de la dolorosa transformación.
- ¡Quema!
Oí su corazón acelerado, palpitando demasiado fuerte, y el fluir de su sangre por sus venas. No podía evitar su dolor, y eso me hacía sentir mal, me sentía inútil, solo esperando a que terminara.
- Calma, todo estará bien. – Le dije al oído.
Puse mi mano sobre la suya, con la esperanza de que mi frio tacto calmara un poco su dolor, pero él siguió sufriendo, así que hice ademan de quitar mi mano, pero él no me dejo, entrelazo sus dedos y me apretó fuerte – para tratarse de un humano aun –. Lo mire sorprendida, sin dar crédito a todo lo que me hacía sentir su cálido tacto contra mi fría piel.
- Quédate – Susurro él entre sollozos. – No te vayas.
Por primera vez en mi vida vampírica, me quede sin palabras, totalmente paralizada, sin saber que decir o hacer. Solo me quede ahí, inmóvil a su lado.
El primer día trascurrió sin cambios, tal cual como yo recordaba mi propia transformación. El gritaba de dolor. Yo me sentía inútil. El segundo día fue más tranquilo. El gemía de vez en cuando, y deduje que no gritaba por la preocupación que me causaba oírlo sufrir.
- No falta mucho Rose, se paciente – Dijo Carlisle, acercándose a mí y tomándome del hombro. – Tranquila.
- No estaré tranquila hasta que esto termine.
Carlisle me dirigió una mirada de ternura, y de inmediato logro su objetivo: Tranquilizarme. Y es que aun que no tuviera un don como Edward o como alguno de sus amigos, su simple mirada y su delicada sonrisa, lograban trasmitir cualquier sentimiento, contagiándolo de inmediato. Así es Carlisle.
- Relájate hermosa.
- Gracias Carlisle.
- Tengo que ir a trabajar, y a reponer todas las vendas que te llevaste.
- Perdón. – Me disculpe.
- No te preocupes Rose.
- ¿Que es lo que me sucedió con él? – Pregunte de repente, señale al muchacho.
- Lo que yo quería que pasara entre tú y Edward… - Lo mire sorprendida. – Encontraste a tu pareja.
- ¿Por qué su sangre es diferente? ¿Por qué huele así?
- Para Edward, o para Esme, incluso para mí, la sangre de este chico huele igual al del resto de los humanos, pero ti huele irresistible. Es la forma en la que identificas a tu pareja.
- ¿Entonces por eso…? – Carlisle me interrumpió.
- Si, por eso tu necesidad de salvar su vida, están destinados a estar juntos.
- Para siempre. – Dije para mí.
Una eternidad al lado de aquel perfecto desconocido me sonaba a gloria, pues a pesar de no saber ni su nombre, sabía que quería estar por siempre a su lado.
- Tengo que irme, se me hará tarde – Dijo Carlisle, poniéndose de pie. – Esme vendrá conmigo a comprar unas cosas, regresara pronto.
- Si, adiós. – Me despedí de ambos cuando salieron, tomados de las manos, hacia el auto de Carlisle.
- Me encantaría saber tu nombre. – Le susurre al oído al chico, quien había estado relativamente tranquilo toda la mañana.
- Se llama Emmett. – Me respondió fríamente Edward, desde la entrada al vestíbulo.
- ¿Lo leíste en su cabeza? – dije agradecía, ya que al fin sabia el nombre del chico.
- El quiere decírtelo, no piensa en nada más que ti.
Ante la mención de esas palabras, una calidez extraña se apodero de mi – y digo extraña, porque hacía ya mucho, desde que me transformaron, que no sentía ninguna clase de calor – de inmediato dirigí mi mirada a Emmett – Que dulce nombre, aun en mis pensamientos suena melodioso – y sonreí tranquila, el abrió un poco sus parpados y dibujo una sonrisa débil.
- Pronto estarás bien. – Le asegure.
- Rosalie, ven un segundo. – Me pidió Edward.
- No quiero alejarme de él, ya falta muy poco.
- Aunque pudiera, no se iría. – Me contesto Edward.
Me levante del suelo y seguí a Edward hasta la cocina, el se detuvo al fondo, y yo espere impaciente a que hablara. Estuvimos un par de minutos en silencio, imagino que espiaba en mi cabeza para saber por dónde empezar.
