¿Hace falta aclarar que los personajes, historias, hechizos, etc, etc, etc no me pertenecen? ¿Hace falta decir que son obra de la genial mente de J.K? Mmm... Yo creo que no
Este capítulo es un poco más largo que el anterior. En él encontraremos un nuevo Draco.
Como siempre agradezco de corazón a aquellas personas que agregaron la historia a favoritos y a lxs que dejaron review.
Ilwen de mi vida te dedico este capítulo, que fue aquel primero que leíste en el mercado.
Defendiéndote
La guerra había terminado, pero no la hostilidad. Y terminé de comprobarlo aquel primero de Septiembre en King Cross.
Fue ese día cuando supe que mi pasado como mortífago y como hijo de uno, sería mi estigma. Mi apellido, que en el pasado había sido motivo de jactancia, era ahora sinónimo de escoria. La gente no me miraba a los ojos, pero no por miedo o respeto como en antaño. Ahora, lo hacían porque no me creían digno de merecer nada, siquiera una mirada.
Creí que eso me molestaría, pero descubrí que no. Me afectaba sí, pero no por orgullo como creerían. Me afectaba porque durante y después de la guerra me di cuenta cuan solo estuve toda mi vida.
Fui el primero en subir al tren, me dirigí directamente al último compartimento, ese que casi nunca era usado. Dejé mi mochila sobre uno de los asientos y me senté en el otro, inclinando mi cabeza hacia atrás.
Estaba dormitando, cuando la puerta se abrió de golpe. Era Michael Corner.
- ¡Mierda! ¿Qué hace un maldito mortífago en el tren? Pensé que te estabas pudriendo en Azkaban junto con el malnacido de tu padre.
Yo solamente lo miraba. ¿Qué podía decirle? ¿Qué estaba arrepentido? ¿Qué nunca quise ser un mortío? ¿Qué mi padre tenía bien merecida su condena, pero pese a todo yo le amaba y me dolía verlo pudrirse en la prisión?
De repente me vi obligado a salir de mis pensamientos, algo duro había impactado contra mi rostro.
- ¿Quién te crees que eres para sostenerme la mirada - Otro golpe - ¿Acaso no tiene vergüenza? - Otro golpe más - Eres un maldito bastardo y cobarde. Ni siquiera eres capaz de defenderte - Otro golpe más y otro y...
- ¡Expelliarmus! - Dijo una vos que creí reconocer. Cerré los ojos y me quedé tumbado boca arriba en el piso del compartimento.
- ¿Qué demonios te pasa? - Esta vez la voz era de Corner - ¿Por qué defiendes a esta escoria? ¿No te bastó con salvarle el pellejo en el juicio?
Comprendí con quién hablaba, pero, ¿Qué hacía ella ahí?
Un leve sollozo hizo que prestara atención y nuevamente las palabras comenzaron a salir de la boca de Corner.
-Maldita arrastrada, te trae caliente un mortífago. Eres una gol... - Pero Michael no pudo terminar porque mi puño se estrelló en su rostro, confundido como había quedado, aproveché para sacarlo del compartimento a empujones.
- No vuelvas a insultarla, porque si lo haces no me importará ir a Azkaban por acabar contigo.
- ¿Quién lo diría? Un mortífago y una sangre sucia. Con razón Weasley te dejó. Eres poca cosa para él.
- Te dije que te callaras - Iba a golpearlo nuevamente pero una pequeña mano se cerró sobre mi brazo, haciendo que me tranquilizara.
- Vamos Draco, no vale la pena - y sujetó mi mano tirando hacia el interior del compartimento. La seguí y cerré la puerta - Será mejor que insonorices y cierres las cortinas - Dijo ella.
Una vez hube puesto el hechizo y cerrado las cortinas, me giré para hablarle. Para agradecerle. Pero lo que vi no me gustó, no me gustó porque me dolió.
En un rincón sentada en el piso y con las manos tapándose el rostro, se encontraba Hermione Granger llorando.
El impulso que sentí fue muy fuerte. Me agaché frente a ella y la abracé. Tardó un momento pero correspondió a mi abrazo y apoyando su cabeza sobre mi pecho siguió llorando.
- Gracias - Le dije y la abracé con fuerza como si en ello se me fuese la vida
- ¡Eres un estúpido Draco malfoy
- ¿Qué hice? - Pregunté molesto
- ¿Qué hiciste? ¿Qué hiciste? - Su voz era chillona debido al llanto y los nervios - Te dejaste golpear por el idiota de Corner, no te defendiste.
- Tranquilízate. Vamos a sentarnos. Tenemos mucho que hablar – Nos sentamos ambos y con movimiento de varita hice aparecer una cerveza de mantequilla y un whisky de fuego - Ten, toma un poco.
- ¿Por qué Draco? - Qué bien sonaba mi nombre en sus labios - ¿Por qué dejaste que te golpeara ese idiota? Si yo no hubiese aparecido, podría haberte matado.
-No lo sé, tal vez es mi manera de pedir perdón. Realmente quiero redimirme. No puedo culparlo por odiarme. No puedo responder a los golpes porque bien merecidos los tengo. - Estaba molesta podía verlo en su cara.
- ¡ESCÚCHAME BIEN! Nunca más vuelvas a permitir que te golpeen. Porque yo no lo permitiré. La justicia ya dio su veredicto. Y si ellos no saben perdonarte, sólo estarán demostrando que la guerra no sirvió para nada. Que nuestros amigos murieron en vano.
- Gracias, de nuevo - me sonrió y luego me abrazó.
- Estoy muy cansada, no he dormido bien en meses.
- ¿Hermione?
- ¿mmm...?
- ¿Qué pasó con Weasley? Si es que quieres contarme.
- El desgraciado me dejó argumentando que no podía estar con alguien que defendió a un... - Se quedó pensando.
- Un mortífago – Terminé yo.
- Sí, pero a mí no me agrada llamarte así. Tú no eres un mortífago, o sí lo fuiste pero ya no. Aunque en realidad no lo fuiste porque no era algo que quisieras hacer...
- ¿Hermione?
- ¿Sí?
- Continúa
- Perdón. ¿Dónde estaba? Ah sí! Él usó esa excusa, pero yo sé bien que en realidad fue por Lavender. El no lo sabe, pero yo descubrí que se escribieron durante todas las vacaciones y por las cosas que decían las cartas, no sólo se escribían. También se veían – Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos – Él me estuvo engañando todo el tiempo.
Un sabor amargo invadió mi boca, tan estúpida podía ser esa comadreja para cambiar a Hermione por esa tonta de Brown.
- ¡Oye! No llores más. Si sigues llorando inundarás el compartimento y te aseguro que voy a llamar a un elfo para que lo limpie.
- ¡No! No puedes hacer eso, ellos no son inferiores a nosotros. Ellos tienen derecho a percibir un salario y un día libre a la semana, además de vaca...
- Hermione, era broma – Dije mientras la abrazaba con ternura.
- ¿Puedo quedarme contigo? No quiero ir al compartimento de Gryffindor, seguramente Harry estará muy ocupado con Ginny y no quiero llegar a cruzarme con Ron y Lavender.
- Claro que puedes. Hermione las cosas entre nosotros han cambiado. Mis creencias han cambiado y puedo asegurarte que también las de mi familia. Esas semanas que pasaste junto a Potter en Malfoy Manor, me enseñaron que no puedo juzgar a las personas por la sangre. Mira esto – Draco sacó su varita e hizo un pequeño corte en la palma de su mano, acto seguido tomó la mano de ella e hizo lo mismo. Juntó su palma con la de la chica mezclando la sangre de ambos. - Dime – dijo separando las manos, ahora manchadas de sangre - ¿Las distingues? Porque yo no.
- Estoy muy orgullosa de ti Draco. Espero que podamos afianzar esta relación que ha nacido entre nosotros a lo largo de este año.
- No tengas duda de ello leona. Ahora basta de sentimentalismos, ¿te parece si jugamos una partida de ajedrez?
- No sé jugar, Harry siempre quiso enseñarme pero nunca pude aprender.
- ¿Potter? Con razón no aprendiste, te faltaba un verdadero maestro. Venga, pásame mi mochila.
Y así transcurrió el viaje que los llevaría por última vez a ese castillo dónde habían pasado más de la mitad de su vida. Una leona y una serpiente, una Gryffindor y un Slytherin. Una integrante de la Orden del Fénix y un ex-mortífago comenzaban a crear un nuevo futuro en el mundo mágico, dejando atrás viejos prejuicios, viejas contiendas que de nada habían servido.
