- No tengo trastorno de identidad disociativo, puedo asegurarte que no estoy loco.

- ¿Qué quieres decir, Dean? ¿cómo explicas entonces el que haya más de una "persona" viviendo dentro de ti?

- Podría explicártelo pero dudo que comprendas, me tomarías por un loco…. Si no lo has hecho ya.

- ¿Por qué estás tan seguro?

- Sam, te lo dije ayer, hay cosas que la gente común no puede entender, estoy seguro de que tú tampoco me creerías y no quiero que pienses que estoy loco.

- Y también dijiste ayer: acabamos de conocernos ¿por qué te importaría tanto lo que piense de ti?

Los ojos de Dean se abrieron, aún más grandes y extrañamente adorables, aunque Sam jamás lo admitiría. Una leve sonrisa sin humor adornó sus labios antes de responder – porque eres el único que me ha tratado como una persona normal y no quiero perder eso.

Sam no pudo resistirse al ver los ojos de Dean brillar con miles de emociones, sus mejillas sonrojadas a causa de la vergüenza y por primera vez en su vida sintió el impulso de besar a otro hombre. Se abofeteó mentalmente por pensar aquello y en su lugar acarició el hombro de Dean en un intento por ofrecerle consuelo.

- Escucha, Dean, digas lo que digas no voy a pensar menos de ti y si estás loco qué más da, no me importa. Te prometo que aunque no te crea no voy a verte con lástima ni me reiré de ti.

- Ese es un pésimo intento por hacer que me sienta mejor, pero lo aprecio.

Sam dejó escapar una risa llena de adorables hoyuelos mientras sacudía la cabeza – no sé qué decirte sin mentir, creo que mereces que sea sincero contigo, esa es mi forma de demostrarte que no voy a tratarte diferente – entonces sonrió antes de añadir – aunque estés loco.

- Eres un idiota – exclamó Dean con una sonrisa, golpeando el hombro de Sam de manera amistosa.

- Bien, ¿entonces qué crees que te sucede, Dean? – preguntó Sam tornándose serio y lamentó haberlo hecho, pues al instante la hermosa sonrisa de Dean se borró se su rostro, siendo reemplazada por una expresión de angustia.

- Creo que estoy siendo poseído.

- ¿Qué? – exclamó Sam con escepticismo - ¿poseído? ¿estás loco? - el mayor lo fulminó con la mirada, entonces se dio cuenta de que estaba reaccionando justo como Dean quería evitar – lo siento, lo siento, es sólo que suena imposible.

- Lo sé, no te juzgo, existen miles de cosas en la oscuridad de las que no tienes ni idea, como fantasmas, hombres lobo y otras criaturas aterradoras.

- ¿Y qué clase de criaturas crees que poseen tu cuerpo? – preguntó Sam, fingiendo no pensar que Dean estaba más loco de lo que jamás hubiera imaginado.

- Espíritus. Espíritus de personas que ya han muerto y están atrapadas en este mundo. Lo sé porque los escucho hablar en mi cabeza y los he visto a todos en sueños.

- ¿Te has preguntado por qué todos estos espíritus querrían poseerte precisamente a ti?

- Debe ser porque tengo el cuerpo más sexy que jamás hayan visto – respondió en forma de broma, mas al ver como Sam levantaba una de sus delgadas cejas, añadió – no lo sé, Sam, me he preguntado eso mil veces, pero no lo sé.

- Dean… yo… no sé qué decir, esto es tan loco.

- Lo sé, Sam, además de ti sólo Dun sabe al respecto, aunque no creas que no me arrepiento de habérselo dicho, lo único que hice fue lograr que pensara que estoy aún más trastornado.

- ¿Y qué hay de los hombres lobo y las demás criaturas que mencionaste? ¿por qué estás tan seguro de que existen?

- Sé que sonará aún más extraño pero Papá y yo solíamos cazarlos, viajábamos por todos lados asesinando cosas y salvando gente, ese era nuestro trabajo.

- ¿Hablas en serio? ¿quién querría tener un trabajo así? – preguntó Sam con asombro.

- Cuando era apenas un niño, Mamá murió asesinada por algo sobrenatural, desde entonces Papá ha querido venganza y por esa razón me crio como un cazador.

- Dean, lo siento tanto – murmuró Sam, incapaz de creer que semejante historia pudiese ser creada por la mente perturbada de un joven.

- Está bien, tenía cuatro años, ni siquiera puedo recordarla ahora, aunque quisiera – su mirada que hasta el momento había estado perdida en el vacío, se posó llena de esperanza en los ojos de Sam - ¿me crees, Sammy?

- Yo… no lo sé, Dean, suena demasiado loco para creerlo, pero puedo ver que no estás mintiendo y sé que no estás totalmente loco… tal vez pueda llegar a creerte.

Una sonrisa llena de alivio volvió a embellecer sus facciones y dejó escapar un suspiro involuntario – gracias, Sam, no sabes cuánto me alegra escucharlo. Así que… ¿seguimos siendo amigos?

- Por supuesto, lo prometo.

Antes de que Sam se diera cuenta, Dean estaba rodeándolo con su brazos y trayéndolo a su cuerpo en un abrazo – Normalmente no suelo hacer esto, pero ahora mismo podría besarte, amigo.

Si hubiese sido otra persona Sam lo encontraría incómodo o desagradable, pero por alguna razón al tratarse de Dean, sentía todo lo contrario – Ya te dije que no soy gay – fue lo que dijo en su lugar.

- Sí, por supuesto – respondió con tono sarcástico mientras se apartaba del cuerpo musculoso e increíblemente sensual del más joven.

- ¿Por qué no puedes creerlo? ¿acaso me ves usar maquillaje o zapatos de tacón?

- No, pero puedo ver la forma en que me miras – respondió Dean con voz ronca y seductora, hablando completamente en serio.

El rostro de Sam palideció ante la declaración, preguntándose si había visto a Dean de forma extraña sin darse cuenta. Estaba seguro de que había estado teniendo pensamientos extraños, pero era precavido y Dean no tenía por qué enterarse de lo que pasaba dentro de su mente.

- ¿De qué demonios hablas?

- Vamos, Sammy, no creas que no me doy cuenta… la forma en que me miras, la forma en que tu corazón se acelera cuando te toco, como sonríes todo el tiempo a pesar de sufrir depresión… - susurró, comenzando a acercarse peligrosamente a los labios del chico – sé que quieres que te bese.

El menor puso una mano en la cara del otro como una barrera para evitar que siguiera avanzando hacia sus labios y se puso de pie bruscamente, buscando alejarse de Dean, quien lo miraba confundido.

- Oye ¿qué demonios te pasa? ¿acaso estás delirando?

- ¿Por qué insistes en negarlo?

- ¡Porque no soy gay! – gritó, comenzando a perder la paciencia – sólo me gustan las chicas, siento mucho si te di señales confusas, pero no era mi intención. Es cierto que me agradas y me gusta hablar contigo, pero eso es todo, sólo quería tu amistad y nada más.

- Pero yo pensé….

- Lo que sucede, Dean es que eres un narcisista y piensas que todos caerán a tu pies sólo porque eres atractivo.

- Al menos crees que soy atractivo, ese es un inicio – intentó bromear para disimular la vergüenza que sentía por su equivocación.

- ¡Estoy hablando en serio, Dean! – gritó enfadado, mas al ver la expresión herida y avergonzada en el rostro de Dean, respiró profundo e intentó calmarse – necesito tomar aire.

- Sam, espera…

Escuchó a Dean llamarlo pero ahora mismo necesitaba tranquilizarse, por lo que sólo dio la espalda y se marchó. Aun podía sentir el fantasma del aliento de Dean contra su rostro y sus manos aún no dejaban de temblar, su corazón amenazaba con salir de su pecho, pero quizás se debía al esfuerzo provocado por la ira, además habían sido demasiadas emociones para un solo día y todo lo que necesitaba era alejarse un poco de Dean y meditar a solas.

Aún tenía la mejor intención de ayudar a Dean, por alguna razón no podía dejar de interesarse en él, tal vez todo era porque lo encontraba intrigante y necesitaba desesperadamente algo en qué entretener su angustiada mente, pero sabía que en el fondo había desarrollado alguna especie de cariño hacia el joven y aunque lo intentara no podía sentirse enfadado con él.

Recordó la mirada herida en el rostro de Dean y no pudo evitar sentirse terrible, no dejaba de pensar que tal vez había sido demasiado rudo con él, tenía que recordarse nuevamente que Dean no estaba en todas sus facultades, estaba trastornado y tenía delirios, no podía tratarlo como a una persona normal aunque él mismo se lo pidiera, tendría que tener más cuidado la próxima vez y asegurarse luego de que estuviera bien…. Sólo en caso de que Dean estuviese dispuesto a hablarle de nuevo.

ooOoo

Tampoco vio a Dean a la mañana siguiente, lo cual no anunciaba nada bueno, pues probablemente sería uno de los días malos que su terapeuta había mencionado y ahora mismo quizás se hallaba encerrado en su habitación, aislado del resto del mundo o simplemente buscaba ocultarse de la presencia de Sam, tal vez en la azotea o detrás de algún arbusto.

Durante su terapia estuvo más distraído de lo habitual, le costaba trabajo escuchar las preguntas de su terapeuta y pensar una respuesta con claridad, ya que Dean continuaba rondando sus pensamientos causándole ansiedad y preocupación.

- Sam. ¡Sam! – el segundo llamado de Duncan logró traer a Sam de regreso al mundo real.

- Lo siento, estoy un poco distraído.

- Me doy cuenta de eso ¿hay algo de lo que quieras hablar?

- No, sólo estoy preocupado por Dean, no lo he visto en todo el día.

- Está bien, Sam, no te angusties por él. Esta sesión se trata sobre ti, no sobre Dean. Intenta concentrarte.

- Lo sé, pero no puedo pensar en otra cosa, ayer….

- Ocurrió algo entre ustedes – terminó la frase mostrando repentinamente interés en el tema.

- Sí… nosotros discutimos y me enfadé con él – respondió, de pronto sintiéndose avergonzado.

- Ya veo, eso explica muchas cosas – dijo el terapeuta con un suspiro cansado a la vez que peinaba su cabello hacia atrás con sus manos.

- ¿Qué quieres decir?

- Dean se ha mostrado peor que de costumbre el día de hoy, no ha querido probar ningún alimento, ni hablar con nadie, cambia de una personalidad a otra y tuvo un ataque de pánico esta mañana sin explicación aparente.

- Oh Dios mío – exclamó Sam con horror, sintiendo su rostro palidecer en el acto.

- Le dimos medicamentos y ahora está mucho más tranquilo, no te preocupes, va a estar bien.

- Es mi culpa, creo que fui demasiado duro con él.

- Sam, cuéntame por qué te disgustaste con Dean.

El joven tomó aire, dudando si debía contar o no la historia, pero necesitaba sacarlo de su interior y tenía la esperanza de escuchar algún consejo- Intentó besarme, estaba seguro de que me sentía atraído hacia él.

- ¿Por qué estaba tan seguro de eso?

- No lo sé, debió estar delirando. Dijo que se daba cuenta por la forma en que lo miraba y mencionó algo acerca de mi corazón acelerándose y mi sonrisa – sus mejillas se encendieron al rojo vivo al recordarlo.

- ¿Y no crees que tenga razón?

- ¡No! – se apresuró a responder, sintiendo sonrojarse aún más – Nunca me han gustado los hombres, no soy gay.

- Bueno, claramente Dean se encontraba aún bajo los efectos de las medicinas, aún estaba algo confundido y por eso debió intentar besarte, en mi opinión no creo que signifique nada. Debo admitir que también lo intentó conmigo una vez hace algún tiempo y al día siguiente estaba tan avergonzado que no podía ni mirarme a los ojos, dijo que simplemente las drogas estaban jugando con su imaginación y que en realidad no quería besarme. Pienso que pudo haber ocurrido lo mismo contigo.

- Sí, pudo haber sido eso - pero no pudo evitar que algo parecido a la decepción y los celos se posaran sobre su pecho. Obviamente se negaba a creer que quería besar a Dean o comenzar una relación con él ¿entonces por qué se sentía de esa manera?

- ¿Qué le dijiste, Sam?

- No lo recuerdo muy bien, me enfadé, creo que le dije que era un narcisista y que esperaba que todos cayeran a sus pies por el hecho de ser atractivo.

- Así que crees que es atractivo.

Sam puso sus ojos en blanco preguntándose por qué todos le daban tanto énfasis a aquella palabra– es evidente, pero eso no quiere decir nada y mucho menos me hace gay.

- No, claro que no, tampoco creo que hayan sido tus palabras las que afectaron a Dean de esa manera, creo que fue tu rechazo y el miedo a echar a perder su amistad contigo.

- Tal vez deba hablar con él – necesitaba ahora con mayor urgencia hablar con Dean y decirle que pase lo que pase seguiría a su lado tal como lo había prometido.

- ¿Aún quieres continuar con Dean?

- Por supuesto, lo que ocurrió no es razón suficiente para querer alejarme de él.

- ¿No te importa que pueda desarrollar sentimientos por ti?

- ¿Qué? Yo…

- Sólo piénsalo, es una posibilidad y no quiero que lastimes sus sentimientos si eso llega a ocurrir.

- Está bien – respondió con nerviosismo.

- ¿Ahora podemos seguir dedicándonos a ti? – preguntó Duncan, sin embargo Sam no pareció escucharlo.

- Ayer Dean me habló sobre su vida antes de venir aquí. Estuvo diciendo cosas muy extrañas.

- Ya veo, te dijo que era cazador ¿verdad? – Sam asintió.

- Él cree que está siendo poseído ¿crees que su historia pueda tener algo de cierto?

- ¿Acaso tú también crees en esas cosas? – preguntó Duncan sorprendido.

- No, es sólo que sonaba tan convincente que llegué a pensar que tal vez Dean no está tan loco como creemos.

- Sam, Dean sufre de amnesia; es común en los pacientes con este tipo de trastornos, apenas recuerda ciertas cosas antes de llegar aquí y creemos que su mente creó esas fantasías para llenar los espacios en blanco. Hemos averiguado algunas cosas a través de la hipnosis, algunos aspectos de su pasado traumático, pero Dean no quiere recordarlo. Tengo que repetirte que esta es sólo su forma de lidiar con el trauma.

- Entiendo, por un momento estuve a punto de creerle – admitió con vergüenza.

- Eres un chico muy ingenuo, Sam – respondió Duncan con una sonrisa – tienes que tener cuidado o terminarás peor que él.

- Lo tendré en cuenta ¿Puedo ver a Dean ahora?

- Ahora mismo no está en condiciones de recibir visitas pero estoy examinándolo constantemente y no te preocupes, te llamaré en cuanto sepa que está listo para verte.

Sam no tuvo más remedio que asentir y esperar que Duncan fuese a buscarlo pronto, pues necesitaba hablar con Dean y asegurarle que no estaba disgustado, además le debía una disculpa por su reacción el día anterior.

- Pero no dejes que te desanime, Sam, hay alguien más que está ansioso por verte en cuanto acabe nuestra sesión de hoy.

ooOoo

Sam fue escoltado por su terapeuta hasta el lugar donde su visitante lo esperaba. Una enorme y resplandeciente sonrisa adornó su rostro al verlo y sin pensarlo dos veces envolvió al hombre más bajo entre sus largos brazos.

- ¡Bobby! Me alegra tanto verte.

- También me alegra, muchacho, siento como si hubieran pasado meses desde la última vez que te vi.

- Vamos, Bobby, ni siquiera ha pasado una semana – se burló el menor ante la exagerada e inusual emotividad de su tío, quien ignorando su comentario se dio la vuelta para saludar al hombre alto de pie al lado de su sobrino y estrechó su mano con firmeza.

- No sabe cuánto le agradezco por cuidar de mi sobrino, a veces puede ser un chico problemático.

- Para nada, todo lo contrario, ha sido muy cooperativo – respondió Duncan con su habitual y gentil sonrisa – Les daré espacio para que puedan charlar.

Entonces se alejó dejando a ambos hombres a solas en la mesa, aunque rodeados por otros pacientes y enfermeras.

- Me alegra ver cuánto has mejorado - comenzó Bobby, viendo a Sam con una mirada llena de cariño – hacía mucho tiempo que no te veía sonreír.

Sam tenía que admitir que parte de esa sonrisa se la debía a Dean; él le había recordado cómo era sonreír. No era de extrañar que el joven se confundiera a causa de ello, simplemente debía aclararle que el hecho de que sonriera todo el en su presencia no significaba que quisiera besarlo, aunque sonara extraño y difícil de creer… incluso para Sam.

Pero ¿a quién trataba de engañar? Muy en el fondo sabía que en realidad quería besarlo, sin embargo no quería admitirlo ante nadie ya que sería admitir abiertamente su homosexualidad y si de algo estaba seguro era de que Sam Campbell no era homosexual.

- ¿Hijo, te pasa algo?

- Nada, son los antidepresivos, a veces me hacen sentir un poco desorientado – mintió con la intensión de desviar sus pensamientos lejos de Dean.

- Deberías comentárselo a alguien, tal vez puedan cambiarlos.

- No, está bien así, podría ser peor.

Recordó cómo algunos pacientes actuaban como zombis y cómo Dean decía sentirse igual que ellos cuando tomaba sus medicamentos. No pudo evitar pensar que así debía encontrarse ahora mismo, recostado en la cama de su habitación, con la mirada perdida en la nada.

- Sam ¿estás aquí? No conduje por más de una hora para encontrarme con una roca ¿te ocurre algo?

- ¿Crees que un hombre pueda sentirse atraído hacía otro sin ser homosexual? – se encontró haciendo la pregunta sin ni siquiera darse cuenta.

- No, si no eres gay entonces eres bisexual, pero no te angusties por eso, siempre en el fondo lo sospeché.

- ¡Bobby! – reprendió Sam, sintiendo sus mejillas arder.

- Está bien, hijo, no tienes por qué avergonzarte, todos en alguna etapa de nuestras vidas nos hemos hecho esa pregunta, es muy común a tu edad.

- Pero no estoy tan seguro de que me guste de esa manera, estoy confundido.

- Para empezar ¿por qué crees que te gusta?

El chico pareció pensarlo un momento antes de responder con un evidente sonrojo en sus mejillas – porque no puedo dejar de pensar en él, no sé por qué razón pero también me preocupo por él más de lo común, además desde ayer no dejo de imaginarme cómo se sentiría besarlo.

- Entonces tienes que hacerlo y si después de eso quieres repetirlo quiere decir que sientes algo por él más que simple curiosidad, es sencillo.

- ¿Eso harías si estuvieras en mi lugar? – preguntó levantando una ceja con incredulidad, pero Bobby asintió, dando a entender que hablaba en serio.

Pensándolo bien, no sonaba tan descabellado, quizás ese sería el secreto para confirmar sus sentimientos, aun así no podía dejar de imaginar los peores escenarios donde Dean, ahora fuera de los efectos de las drogas, lo rechazaría o en caso de decidir no querer volver a repetir el beso podría herir los sentimientos de Dean y empeorar su condición, sin embargo una parte muy lejana de su mente le aseguraba que después de probarlo no querría tomar nunca esa decisión.

Muchas gracias por leer! por favor dejen reviews :3