El sol salió y antes de que sonara la alarma de su padre, el pequeño Steven ya estaba despierto y listo para un nuevo día. Se había levantado de nuevo con ánimos e incluso se encontraba más feliz que de costumbre, últimamente veía que su amiga era más cercana a él y podía tener el honor de decirle "mejor amiga" a aquella bravucona.

Steven como de costumbre comenzó a preparar el desayuno para su padre y el, había hecho algo extra mientras pensaba en Peridot con aquella sonrisa y aún con un rostro medio dormido. Preparo la mesa y colocó un plato en ella sirviendo un poco. Ya comenzaba a escuchar la alarma de su padre y el no se levantaba todavía. Como siempre el pequeño subió a despertarlo, entro a su cuarto y comenzó a moverlo mientras le hablaba "Ya es de mañana, levántate papá". No pasó mucho para que se levantará el padre, lo mirara aún dormido y le diera una sonrisa a la vez de que acariciaba su cabellera.

-Buenos días amiguito -dijo su padre -¿Como amaneciste hoy campeón?

-Excelente papá -respondió el pequeño regalando una sonrisa.

No pasó mucho para que su padre bajara a desayunar, agradecería la comida y Steven fuera a alistarse, prepara su almuerzo y agarrara su mochila y se despidiera de su padre con un gran abrazo. Camino hasta la puerta de su casa y antes de salir, viera una foto de mujer de cabellera rizada sonriendo de aspecto amable.

El pequeño sonrío tan solo la miro y bajo un poco la mirada, solo para abrir la puerta e irse camino a la escuela.

Siempre se iba muy temprano y siempre se quedaba esperando afuera de su escuela, mientras los mayores entraban a su rutina.

-Siempre llegas temprano ¿no?

Steven volteó a ver quién le hablaba y sonrío al verla.

-Me gusta llegar temprano -respondió el.

•••

La alarma seguía sonando y Peridot aún no se levantaba, su madre tuvo que levantarla a gritos, y ella enfadada termino por despertar.

-¿De que te sirve poner alarmas si ni te levantas? Alístate rápido, oh se te hará tarde -hablo su madre a la vez de que salía de su cuarto.

Peridot aún con rostro dormido hizo una mueca, se quejó en sus pensamientos y se levantó con todas sus fuerzas para dirigirse al baño. Se puso algo de agua en la cara, se secó con una toalla y se puso sus anteojos, se quedó quieta mientras se miraba al espejo, y soltó una sonrisa y un rubor al acordarse de algo. Solo para que después escuchara los gritos de su madre, diciéndole que se apure.

La rubia agacho la cabeza, se alistó rápidamente, y antes de abandonar el cuarto, se acercó a un mueble de su habitación, encima de él había una cajita verde suave, una nota, una carta, las envolturas de unos dulces y un llavero el cual tomo.

Bajo a la sala y encontró a su hermanita brincando y riendo como siempre, su madre arreglándose para ir al trabajo y su padre igual a la vez de calmaba a su pequeña hija que estaba de hiperactiva como siempre.

-Oh Peridot, deje el dinero de tu almuerzo en la mesa de simpre. Ya nos vamos nosotros, ¿quieres te llevemos?

-No. Es muy temprano aún.

-¿Estás segura?

-Si.

-Está bien, nos vemos en la tarde. No te metas en problemas Peridot -dijo mientras agarraba su bolso y se alejaba de Peridot.

-Adiós cielo, no hagas nada malo ¿si? -hablo su padre a lo lejos mientras abandonaba la casa.

Peridot solo puso un rostro algo amargo a la vez de que decía "Si, claro adiós". Su hermanita fue la última que se despidió, solo que esta le dio una abrazo fuertísimo, "¡Adiós, adiós, adiós Peridot!" Fue lo que había dicho. Si por ella fuera hubiera abrazado a su hermana todo el día, pero su madre le decía que era hora de irse y además de que Peridot la había separada con cierto enfado.

Una vez aquello pasó, no fue mucho para que aquel lugar ruidoso, se convirtiera en uno silencioso.

Ella miro los alrededores, camino un poco por la casa en aquel silencio total, agarro su mochila de donde siempre la dejaba y se sentó en el sillón de la sala, de su bolsillo saco el llavero que el pequeño le había regalado y lo observó. Una sonrisa se le hizo presente y de repente se dispuso a ir a la escuela.

Salió de casa fue allá con entusiasmo. Camino y camino hasta que se encontró en frente de su escuela, la miro por segundos hasta que un olor la distrajo, un olor impuro para ella. Reconoció que era al momento, pero en todo caso decidió voltear, solo para encontrarse con una joven la cuál tenía una cabellera teñida de azul, estaba sentada y sacaba un poco de humo por los labios mientras sostenía con una de sus manos un cigarrillo.

Aquella sintió la mirada de la bravucona y la miro con un rostro serio y tranquilo.

"Lapis... " pensó de inmediato la rubia mientras su mirada cambiaba a una dura y sería. Todos conocían a Lapis. Esa adolescente de cabellera teñida de azul con sus actos de rebeldía, con su personalidad relajada y su comportamiento de impórtale una mierda todo.

Era alguien muy famosa en toda la escuela por todo lo que había hecho, por los problemas que se había metido y por las miradas que había robado de todos.

-Bonito llavero cuatro ojos -soltó la de cabello azul tranquila.

Peridot no había notado que seguía agarrando el llavero desde que salió de casa, su expresión cambio a una de furia casi. La bravucona la observo enojada, hasta que río burlonamente al notar algo en aquella "joven sin futuro".

-Bonito collar -esbozó una sonrisa burlona.

-¿Enserio lo crees frentona? Pienso lo mismo, ¿sabes?. Enserio me gusta.

-¿Pueden cerrar el pico de una vez?

Aquellas dos voltearon al escuchar aquello. Lo había dicho una mujer alta de cabellera larga, tenía la espalda recargada a una pared y su mirada era intimidante y fría.

-Oh, pero si es la gigante y sin cerebro de Jasper -dijo Lapis mientras tiraba el cigarrillo al suelo y lo pisaba para apagarlo -¿Qué la trae por aquí? No sabía que a las bestias las dejaban salir del zoológico.

-No sabía que conocías esos términos, digo. Tú ni siquiera asistes a la escuela. ¿Qué mierda vas a saber tú Lapis? -Jasper soltó con enfado.

-Pierdo mi tiempo estando aquí -hablo Peridot mientras comenzaba a caminar y alejarse del lugar.

-Las débiles son las primeras en alejarse ¿no? -dijo Lapis.

Peridot se detuvo abruptamente, volteo nuevamente con la de cabellera azul y le dedico una mirada nada agradable. Pudo ver cómo la otra adolescente al ver aquello mejor decidía irse. Ella se impresionó un poco al ver aquello ya que se trataba de Jasper, seguiría pensando en ello, pero la voz de Lapis la saco de sus pensamientos.

-¿Qué? -dijo la joven rebelde, se acercó a la rubia y agregó -¿Vas a llorar acaso?

La bravucona apretó los puños y se acercó a aquella joven.

-¿Quién mierdas crees que soy? Deja de hacerte la mala tonta.

Lapis sonrió al escuchar aquello, y a tan solo acabar de sonreír, empujó con fuerza a la rubia la cuál se movió un poco por eso y llego a dolerle.

-Vamos cuatro ojos, ¿que decías?

Peridot no dijo nada, pensó un poco la situación y negó con la cabeza, dio media vuelta y mejor se alejó sin decir nada más. El rostro de un pequeño cruzó por su mente y optó por dejarlo así y no tener que envolverse en algún problema.

-Jesus -murmuró la adolescente de cabello azul.

Lapis la observo con seriedad mientras se marcharba, solo para que volteara a ver aquel collar que le había señalado Peridot. Una hoja enmicada. Su expresión mostro tranquilidad absoluta al el collar y se la guardó adentro de su camiseta.

La rubia no podía esperar a que fuera receso y una vez lo fue, se acercó de nuevo con Steven y hablo como siempre, algo extraño de esto, era que está vez no paraba de sonreír y aveces trataba de ocultar su sonrisa del pequeño. El confundido le preguntaba qué era lo que sucedía. Ella respondía que no era nada de nada. Mientras caminaban y hablaban, a Peridot se le dio por tomar la mano de Steven, los dos se sonrojaron, pero ella aún más que el. El pequeño le preguntó ¿por qué había sido eso? Y ella le contesto evadió la pregunta mientras soltaba su mano sonrojada y ponía una excusa tonta.

Voces se escucharon a sus alrededores cuando se sentaron el día siguiente a ese. La palabra "novios" se escucho varias veces y Peridot fue la única en saber de que hablaban de ellos, Steven simplemente se mostraba confundido y ella molesta por las habladurías de los otros. Aunque en verdad, a espaldas de todos y todas, sonreía y se ponía roja como tómate al pensar en ello y se sentía feliz.

"No me molestaría la verdad que pasará eso... " se decía así misma a la vez de que miraba al pequeño sonreírle. "Me pregunto si a él le molestaría... "