-IV-
Esfera
Por Ladygon
Capítulo IV
Sucedió que Dios, sí, se presentó en respuesta a una de las matanzas de Amara. Dean tuvo algunos problemas para aceptar el hecho de tener al creador delante de él para sacarle en cara la miseria del mundo y también de que fuera Chuck, el supuesto profeta desaparecido, el mismísimo Dios en persona. Sin embargo, Dios o Chuck, fue bastante enfático, de que no era culpa de él el comportamiento egoísta del hombre. Dios estuvo a punto de rendirse frente al fracaso de su creación, pero decidió dejar crecer al hombre para que aprendiera de sus propios errores. Esa era la excusa de su ausencia, bastante viable desde el punto de vista supremo.
Por otro lado, Sam estaba feliz de tener en sus filas al Todopoderoso, para variar, no estaban solos en la desesperación. Tenían una ayuda que les daba esperanzas. De esta manera, hicieron un plan para encerrar a La Oscuridad. La idea era debilitarla para después encerrarla, mismo plan anterior, pero antes tuvo la ayuda de los arcángeles, así que ahora lo único que tenían era a Crowley, Rowena y Castiel. Juntos debían congregar los poderes de los demonios, las brujas y los ángeles, pero el golpe final, debía darlo Castiel, cuerpo a cuerpo, ante Amara, cosa que no le gustó nada a Dean, pero aunque reclamó, no lo tomaron en cuenta, porque su conexión con la enemiga era demasiado poderosa.
—No deberían preocuparse tanto por mí, Cas también tiene una conexión con Amara, incluso más fuerte que la mía —explicaba Dean—. Este plan puede resultar en un verdadero desastre.
Eso era cierto. Si fuera Lucifer, las cosas serían diferentes, pero era Cas, quien tenía las alas negras gracias a la energía de Amara. Un pequeño error de cálculo y Cas sería ángel muerto o el plan no resultaría.
—¿Entonces qué hacemos? —pregunta Crowley.
Muy buena pregunta.
—No tenemos opción —dijo Chuck—. Es esto o nada.
Dean no se convencía de la insistencia de Dios. Peor fue, cuando supo que Sam recibiría la Marca de Caín. Estuvo a punto de hacer un escándalo de los mil demonios, pero Sam saltó a convencerlo que era la única opción, que Dios estaba con ellos, lo cual siempre habían querido, bla, bla, bla… Dean terminó por aceptar a regañadientes.
El plan se puso en práctica, todos atacaron de forma seguida con su propio poder, con la ayuda de las brujas a cargo de Rowena, los ángeles, por Cas y los demonios por Crowley: debilitaron a La Oscuridad. Sin embargo, cuando fue el turno del cuerpo a cuerpo de Castiel, este no llegó a dar el golpe con la lanza, la cual debía ser por la espalda de Amara.
—¿Cas? —preguntó Dean.
—Lo siento, no puedo dejar que la encierren. Ella no quiere eso —respondió Castiel.
Amara sonrió.
—Castiel es mi arma ahora —explicó La Oscuridad—. No dejaré que me encierres otra vez, hermano.
—Pero tú no me dejas otra opción —dice Chuck.
Amara sintió el enojo desde el fondo de su ser. Era su amor transformado en odio puro y quiso pulverizar a su hermano por ser tan descarado, diciendo eso, como si tuviera la culpa ella de las acciones del otro. Su furia se transformó en energía oscura, negra, y atacó a Chuck.
—¡Amara, no! —Dean corrió para interponerse.
—¡Dean! —Castiel también corrió.
Amara se detuvo, porque vio a Dean y a Castiel encima de ella, pero fue demasiado tarde. El golpe tocó a Dean y este salió volando, golpeando la pared y cayendo, estrepitosamente, desde las alturas al suelo en un sonido seco, sin vida.
—¡Dean! —gritaron Castiel y Sam al mismo tiempo.
Todo quedó en suspenso mientras Castiel corría hacia su amado. Lo tomó entre sus brazos en el suelo y tocó su cabeza. Dean estaba muerto, Castiel trató de resucitarlo, pero no pudo. Las manos del ángel comenzaron a temblar asustado. Algo totalmente, extraño, porque se suponía tenía ese poder con todos los mortales.
—Amara, por favor —suplicó Castiel.
Amara se acercó a él y tocó el cuerpo inerte del cazador. Se sorprendió, porque no reaccionaba.
—No sé qué pasa, no reacciona —dijo Amara con estupor.
Chuck estaba caído en el suelo por el ataque de Amara. Castiel fue donde él y lo sentó.
—Debes ayudarlo, por favor, Padre. —Volvió a suplicar Castiel, pero ahora a su creador.
Sam logró reincorporarse y fue donde su hermano para sentarlo en el suelo también.
—No puedo… —dijo Chuck—. Me siento como un bicho aplastado.
—Tenemos que hacer algo —dice Sam adolorido, todavía por el ataque.
Amara se quedó mirando a Dean en el suelo con profundo pesar, y también veía a su hermano, quien estaba en pésimas condiciones. Pasaba la vista de un lado para el otro, observando a uno sin vida y al otro agonizando. También, veía a esos seres queridos, de su creación, que acompañaban a su hermano con profunda tristeza.
—Hermana —llama Chuck con cariño en su voz—, ¿no quieres esto verdad?
De verdad, estaba confundida, pues no se esperó un final de esta forma. Menos con la muerte de Dean, así sin poder hacer nada si ella era todopoderosa. Sin embargo, se dio cuenta de algo que le estaba sucediendo a su cuerpo.
—No quiero que Dean muera. —Fue lo que dijo con simpleza.
Chuck la quedó mirando.
—Ayúdame y lo traeremos juntos de vuelta —propuso Chuck entre súplica y petición.
—¿Es posible? —preguntó Amara.
—Claro, no hay nada que no podamos hacer juntos. —Chuck sonrió con dulzura.
Amara se vio confundida con la sonrisa de su hermano, pero se acercó a Chuck, puso su mano sobre él y una luz muy luminosa restauró los poderes de su querido rival. Luego, juntos, fueron donde estaba Dean y pusieron ambas manos sobre el cuerpo inerte.
Dean despertó como si de un sueño se tratara. Vio a las dos entidades omnipotentes con rostro asustado y confundido, pues no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
—No temas, Dean, estás bien —informó Chuck.
—¿Qué… qué pasó? —preguntó Dean un tanto asustado.
—Saliste lastimado, pero ahora estás bien gracias a los dos.
Dean miró a Amara con alivio, pues algo en su corazón le decía la realidad del alma de La Oscuridad.
—Amara, gracias —dijo Dean con una sonrisa maravillosa en el rostro.
—Solo lo hice por ti —respondió Amara.
—No es cierto, tú no quieres esto, ¿por qué no ves dentro de ti lo que realmente quieres?
—Tú no sabes nada, no me digas lo que tengo o no que sentir —dijo enojada.
Amara desapareció de improviso. Todos quedaron en ascuas sin saber qué hacer.
—¿Y ahora qué? —dijo Sam.
—Devuelta a la casilla —suspiró Dean.
—No lo creo tan así —dijo con misterio Chuck.
Sucedió que Chuck tenía razón, Amara estaba en una disyuntiva. El hermano todopoderoso quería hablar con su hermana todapoderosa, para ver si podían hacerla cambiar de parecer. Quizás si conversaran y sacaran lo que tenían en su interior cada quien, podrían solucionar su conflicto y no terminaran matándose el uno al otro.
—Es muy difícil, está enojada, pero vale la pena intentarlo —dice Chuck.
—Pero si en vez de eso, ¿te destruye? —pregunta Dean.
—Pudo destruirme, pero no lo hizo. No creo que vuelva a intentarlo. Me gustaría conversar con ella, para eso debo acercarme de forma emocional, así que necesitaré de tu ayuda.
—Eso es muy peligroso —arguye Castiel.
—Lo sé, pero Dean lo intuye al igual que yo, ¿no es cierto Dean?
Dean quedó en silencio y luego afirmó con la cabeza.
—Te mandaré donde Amara —dijo Chuck.
—Espera, eso es muy precipitado. —Sam estaba asustado, ya pensó en que perdería a su hermano con el ataque y ahora esto.
—Es cierto, si está enojada, existe la posibilidad de que lo mate —explica Castiel.
—Si voy a morir, que sea por una buena causa —afirma Dean con convicción.
Todos quedaron en silencio. A Castiel el corazón comenzó a dolerle como si fuera una enfermedad humana, cosa muy extraña para él, quien estaba sano de todo mal mortal. No quería ver a Dean muerto otra vez, eso fue algo alucinante que no creyó le afectaría tanto.
Dean sabía que podría morir con el encuentro, pero también sabía que había una pequeña posibilidad de salir vivo. De hecho, una gran posibilidad si Amara lo volvió a la vida. De todas formas quiso despedirse por si acaso, ya que algo le hacía comportarse de esa forma, quizás alguna premonición o la sensación de que algo especial pasaría.
Por esa razón, decidió ir a la tumba de su madre, Mary. Dean y todos los demás, estuvieron presente en esa especie de despedida. Castiel sentía despedazarse, pero no pudo resistirse más y lo abrazó con mucha fuerza. Dean respondió con un beso casto en los labios, frente a todos.
—Voy contigo —dijo Castiel.
—No, por favor. Si no vuelvo, quiero que cuides a Sam y no dejes que haga tonterías.
—Por supuesto —dijo Castiel con pesar.
¿Qué más podía hacer? No había muchas opciones. Castiel vio cómo se despedía de Sam con un abrazo de hermano demasiado emotivo y lleno de esperanzas.
—Lo lograrás, Dean, recuerda que debes volver —le dijo Sam.
—Entonces, solo te encargo el rancho hasta que vuelva —respondió con una sonrisa matadora tipo Dean.
—Seguro, hermano —le dio un golpe en la espalda con seguridad, pues estaba seguro de su regreso.
Dean se acercó a donde estaba Chuck junto con Rowena y les pidió a todos que lo acompañaran con buenas vibras. Algo apoteósico, con mucho alcohol y stripper, cosas que solo Dean podía pedir. Los demás se rieron de la ocurrencia, después, Chuck chasqueó sus dedos y Dean desapareció para aparecer en un jardín muy hermoso, cerrado por los costados. Ahí fue donde encontró a Amara.
—Amara, necesito hablar contigo —anunció Dean.
Amara estaba sentada con una mirada triste.
—¿Vienes a entregarte a mí? —le preguntó Amara.
—¿Es eso lo que realmente quieres?
—¿Qué otra cosa sería?
Dean comenzó a caminar despacio hacia ella, pero una voz conocida lo paralizó al instante.
—Dean, no —dijo Castiel.
Dean volteó asustado y vio al ángel con sus enormes alas negras detrás de él.
—¡Cas!, ¿qué haces aquí?, ¡vete ahora mismo! —ahuyentó, Dean con desespero.
—No, Dean, lo que te suceda, nos sucederá a ambos —dijo con convicción Cas.
—¡Cas, no, por favor! —suplicó Dean.
—Está bien, Dean, no pasará nada.
—¡De qué diablos estás hablando! —chilló ya enojado al extremo.
—Basta, Dean —cortó Amara—. Él está ligado a ti, ¿cómo crees que no iba a venir contigo? Con razón por estar contaminado con mi poder.
—Amara, yo solo venía hablar contigo sobre lo que quieres.
—Te quiero conmigo.
—¿Es eso, lo que realmente quieres? ¿Estás segura?
Amara se movió inquieta en su puesto antes de responder.
—Por supuesto, ¿qué otra cosa querría? —respondió Amara.
—No lo sé, quizás a tu hermano.
—¿Por qué lo querría a él? ¡Intentó encerrarme otra vez!
—Pero no matarte, él no puede matarte, al contrario de ti que lo intentaste, pero tampoco pudiste.
—Es cierto, no pude… no sé, por qué.
—Quizás porque no querías.
Amara quedó en silencio, mirando a Dean y después miró a Castiel.
—Castiel, ven aquí —ordena Amara.
Dean se asusta y voltea a mirar a Castiel, pero ya no está detrás suyo, sino al lado de Amara. La respiración de Dean se agita. Amara acaricia la mejilla de Castiel.
—¿Vendrás conmigo, Castiel?
—Él no puede ir contigo —reclamó Dean.
—Si se lo ordeno, el vendrá sin chistar.
—No puedes ordenárselo, no tienes derecho.
—Oh, Dean, de verdad estás enamorado de él.
—Lo estoy, así que déjalo en paz.
—Si tú te vienes conmigo, Castiel quedará solo aquí, ¿crees que sería justo para él? Ponte en su lugar, ¿qué sentirías?
—Me sentiría peor, sabiendo que pude ponerlo fuera de peligro y no lo hice.
—No estarán en peligro conmigo, estarán bien, yo los cuidaré.
—¿Perdonarás al mundo si vamos contigo? —pregunta Castiel de improviso.
—Cas, ¡no! —gime Dean con dolor.
Amara, los mira a ambos, como sus miradas van de un extremo a otro con profunda devoción.
—Está bien, perdonaré al mundo si se vienen ambos conmigo. Los dejaré en paz a todos, a mi hermano, a quien todavía no perdono, y a toda su creación, pero solo si vienen los dos —propuso Amara.
Era una propuesta que no se podía desperdiciar. Unos sacrificios viables, dos vidas por el precio de un planeta. Mejor dicho, por el precio del universo, por supuesto que era una ganga y por supuesto, la respuesta de Castiel sería:
—Yo iré contigo —dijo Castiel.
Dean lo miró con pena, pero ya estaba todo decidido.
—Está bien, Cas, yo también iré —declaró Dean con resignación.
—Bien, ven conmigo, Dean. —Amara estiró su mano en su dirección.
Dean caminó hacia ella y tomó su mano. Amara tomó la mano de Castiel, quien desplegó sus hermosas alas negras para el deleite de Dean, y luego desaparecieron del lugar.
Continuará.-
