Disclaimer |©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. La trama de este Fic pertenece a ©Coorp. CharlyLand. Creación sin fines de lucro sólo recreativos.
Advertencia |AU. BL. Romance-Terror. Muñecos Vivientes. Alquimia-Vudú-Necromancia. Violencia. Basado en el Juego del Escondite en solitario y Frankestein.
Notas | ¡He vuelto mis brujitas! Me perdí el día de los muertos (QwQ) Charly llora. Pero aquí estamos, aquí estamos. Gracias por acompañarme en este viaje y dejarme sus lindas palabras. Y muchas más infinitas gracias a todas esas personitas que estuvieron al pendiente de mi. Charly ya está mejor y de mis acosos no se salvan ¡SON UN AMOR!
No olviden de comentar que ayudan a Charly a continuar. Besos. Espero les guste el capítulo.
Al Fic.
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La Maldición de Saturno
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Capitulo
4
Aquí estoy en mi mundo, pintado de tristeza.
Aquí no llega la luz del sol,
Aquí no existe sonido alguno,
En este lugar estoy esperándote silenciosamente.
Allí iba otra de esas alimañas fungiformes y fláccidas, esas que vivían en las paredes y le jodian las noches con sus roídas constantes, debía haber un millón de ellas en aquel lugar, es que el sonido que producían al correr entre la madera era espantoso. Le producían tanta repugnancia y más cuando lo hacían sobre su cabeza. Chistó de molestia. Luego suspiró de cansancio.
En los candelabros, las velas se derretían bajo el calor de su propia lumbre. Una mariposa nocturna revoloteó cerca de ellas. Sus alas se quemaron. Se convirtió en una mariposa ardiente. Sus ojos grises contemplaron con fijeza ese suceso. De todos modos, era lo único que podía hacer.
Las luces de las velas crepitaron con más fuerzas. Las velas, esas velas que siempre estaban encendidas. ¿Acaso era de día o de noche? No lo sabía. Nunca podía saber el tiempo exacto.
«¿Cuántos días? ¿Cuántos años han pasado ya?»
Esas son unas de las preguntas que atiborran su cerebro casi todo el tiempo, pero existe una sobre todo estas que le inunda con mayor frecuencia, aunque no encuentra el motivo.
«¿Por qué?»
La mariposa cayó a pedazos, reduciéndose a cenizas.
«¿Por qué?»
Preguntas que se pierden en los laberintos y lagunas de su mente torturada, pero sobre todo cansada por la añejez de los años. Pensamientos sin razón que desaparecían bajo sucesos o nimiedades tan fugaces como un parpadeo.
Mariposas volaron ante sus ojos desde varios rincones.
Mariposas nocturnas.
Mariposas amarillas.
Su mente recreó la imagen triste de un niño tembloroso de frío que se sentaba en las escaleras. Ese niño de hipnotizantes ojos de jade bañados en oro. El niño de las mariposas. El niño de las noches. El niño que lo miraba con un deseo extraño. Ese niño...ese niño…
Eren.
«¿En dónde estás?»
Era cierto.
¿Dónde estaba? ¿Cuántos días tenía de no aparecer? ¿Qué había pasado con él?
Un rayo de recuerdo atravesó sus pensamientos.
Gritos…
Golpes…
¡PIEDAD!
¡PARA POR FAVOR!
¡PIEDAD!
Silencio…
Sus ojos se inyectaron en ira.
Ese hombre se lo había llevado. Lo había arrancado de su lado. Golpes, gritos, llanto…silencio, frio, soledad. Recordó eso y todo lo que le conformaba se sacudió en rabia, en odio puro. Ese maldito hombre lo había alejado de su lado. Lo había lastimado delante de sus ojos y luego lo había sedado para que dejara de intentar ir tras él y salvar al infante. El infante que quería 'arruinarlo con sus deseos impuros' según las palabras de ese maldito.
¡MENTIRAS!
Un grito de desesperación le nació desde cada rincón de su existencia, pero ningún sonido emergió de su garganta. Tiró con fuerza de los hilos que lo conectaban a esa armazón maldita hecha de huesos y pedazos de carnes ajenas, robadas, asquerosas. Se sacudió con tanta violencia que muchos de esos hilos se rompieron.
Cayó como un costal al suelo y no pudo más que retorcerse en su miseria como lo hacían las mariposas incendiadas en las cenizas de sus propias alas.
Qué vida tan patética y repugnante.
Una vida a la que era obligado a vivir.
Se retorció con mayor fuerza.
Luchar.
Luchar.
El significado aquella palabra le estalló en cada conexión de sus neuronas instándolo a cumplirle, aunque era casi imposible además de ridículo intentarlo, pero por primera vez quería hacerlo. Luchar. Lucharía. Tenía que ir por el niño. El niño de las mariposas. El niño de las noches. El niño con deseos malsanos. Eren.
Su niño. Su motita de vida, de luz. Lo único que lo sacaba de la oscuridad. De lo espantoso de su vida. El que lo hacía sentir…sentir más allá del odio. Su Eren. El renacer de su existencia.
La existencia odiosa que le había dado ese hombre más mounstro o demonio que él. Cuanto lo odiaba. Se convulsionó ante la sola evocación de la inmunda presencia de ese ser. El ser que lo había creado. Porque sí, Levi era una cosa, un mounstro creado por los más bajos anhelos de una mente retorcida.
Parece chistoso, pero Levi recuerda mucho de lo que fue su vida antes de 'abrir los ojos' y encontrarse en ese lugar. Levi sabe que alguna vez fue un muñeco, un juguete para enseñar a los niños las partes de un cuerpo humano. Aquella fue su vida, una vida contemplada desde la monotonía y placidez de los días arriba de un estante, una vida silenciosa, algo solitaria, pero sin la confusión de todas aquellas sensaciones, esas cosas…humanas. Humano. Él nunca fue humano, parecía uno de ellos, pero no era más que un objeto mudo, usable y dispuesto para todas las acciones humanas. Era una simple creación de madera perfeccionada para ser atractiva a los ojos infantiles. Y eso era bueno para él, pero fue arrancado de su destino y metido en un infierno y todo porque al parecer a uno de esos niños sucios y malcriados vio más allá de eso, deseo algo más que eso y lo convirtió en un esclavo de aquel deseo. Fue vilmente robado, su cuerpo molido y encerrado en ese frio lugar.
Lo primero que recuerda de su 'nueva vida' es el dolor.
El dolor de ser consiente. El dolor de saberse existente. El dolor de sentirse un mounstro. El dolor de entenderse como algo ignorante. Olvidado.
Porque durante mucho tiempo —no sabría decir cuánto— lo único que lo rodeó fue la oscuridad y el silencio, estuvo tanto tiempo solo y abandonado, que el odio nació en su interior, un odio hacia todo lo que pudiera haber fuera de ese oscuro lugar en donde estaba metido, porque ellos no sentían esa horrenda sensación de olvido que él sentía. Y odio más cuando sus ojos reconocieron la luz y la única presencia que lo rodearía durante un siguiente largo tiempo. Ese ser cruel que acribillaba cada partícula de su existencia en torturas sin nombre.
«Perfecto»
Ese era el deseo de su creador. Convertirlo en alguien perfecto para después convertirse a sí mismo en ese 'perfecto' y mantenerlo cautivo para la eternidad.
El odio creció más.
¿Quién eres tú extraño con ojos de sol?
Me gustaste desde la primera vez que te vi,
Quiero que te quedes conmigo
Nunca pedí este lugar llamado mi hogar,
Pero espero que te quedes a mi lado hasta el final.
Entonces llegó él.
Había llegado persiguiendo a una de esas repugnantes criaturas. Ratas. Lo recordaba con claridad. El sonido de algo cayendo por las escaleras, pasos veloces correteando a otros más pequeños y ligeros. Uñas arañando el piso. Un rayo de luz. Unos ojos dorados que se clavaron en su existencia mientras pequeños dedos huesudos y morenos se enterraban en el flácido cuerpo del roedor hasta destriparlo.
Esos ojos extraordinarios le vieron con una fascinación diferente a la que le veía en su creador.
Fascinación inocente e incitante.
Al principio lo odió, porque se le hizo parecido —en formas— a ese que osaba llamarse su dueño, lo odió con la misma intensidad y por eso le soltaba horripilantes palabras, pero el niño seguía llegando, jamás le hablaba o contestaba sus provocaciones, sólo se quedaba ahí, sentado, observándolo fijamente, muriéndose de frio por llevar sólo un camisón transparente.
Un día se hartó de verle y le preguntó porque estaba ahí, porque no se iba y él niño sólo le contestó:
"Me gustas. Sabes, yo también soy un ser malo…un mounstro…pero me gustaría ser libre, ser feliz ¿No quieres compartir eso conmigo?"
Aquellas palabras le desconcertaron…ese niño se había llamado ¿Mounstro? ¿Eran acaso parecidos? ¿Era él otro condenado en esa casa? Algo cambió en su interior, tal vez fue empatía o necesidad de no sentirse solo en ese horrendo lugar, en ese infierno, pero una partecita de él, esa partecita consumida por el odio se negó a creer, y fue tan fuerte su chillido que no pudo ignorarlo. El desprecio siguió ahí. Durante un tiempo consideró aquellas palabras nada más que una burla.
¿Es que acaso no podía ver su condición? ¿Era otra manera de destruirlo?
Pero no parecían esas las intenciones de aquella criatura.
Una vez llegó con un deforme objeto que le dijo le daría la libertad. Eren le llamó Mo-mo. Era una cosa, algo extraño. Y si él hubiese podido se hubiese echado a reír. Pero Levi no tenía voz. Y sólo conocía las fealdades de vocablos que le había escuchado a su creador. Pero Eren le entendía. Porque Eren podía colarse en su mente. Eren siempre le decía cosas bonitas y después de esa noche también empezó a cantarle y mientras lo hacía las mariposas danzaban con su canto.
Le pareció tan hermoso.
Y entonces Levi empezó a verlo de otra forma, a sentirse diferente por él.
Quiso cumplir el deseo infantil.
Pero todo se destruyó. Porque su Eren le fue arrebatado violentamente igual que su destino lo fue alguna vez y nuevamente era por las manos de aquel hombre.
Ese hombre que lo había condenado al abismo del olvido.
Porque sin Eren, él no sería más que algo olvidado y encarcelado en los deseos de su creador.
Las lágrimas brotaron silenciosas ante sus pensamientos llenos de espinas de dolor que lo llevaban a su realidad. Esa realidad convertida en pesadilla.
¡NO MÁS!
¡NO MÁS!
Luchar.
Luchar.
Y lo hizo.
Siguió luchando. Su cuerpo destartalando arrastrándose, sus labios raspados y sangrantes sirviendo para impulsarse. Tramo a tramo, grada a grada fue ascendiendo. Las mariposas volaban a su alrededor, casi como incitándole. Las ratas corrían en las paredes. Un ruido. Aleteo. Un siseo.
Levi llegó a la mitad de las escaleras.
La puerta chirrió.
Una sombra enorme se proyectó escurridiza como si se tratase de grandes fauces.
Los gritos se colaron en la apertura desde donde la sombra se asomaba.
Entre los gritos, una voz le caló hondo.
En los gritos, en esos gritos…estaban los gritos de Eren.
¡AYUDA!
¡AYUDA!
¡PIEDAD!
¡PIEDAD!
Luchó por escalar más. Su sangrante existencia se retorcía con violencia. Se rompieron más hilos. Su cuerpo se destartaló completamente. Quedó ladeado en la penúltima escalera. Nuevamente era sólo una cabeza con conciencia perdido en la oscuridad.
Aleteo.
Sonido de saltitos cojeantes.
La sombra crepitó cerniéndose sobre su visión.
Entonces le vio.
Era Mo-mo.
Le hacía falta un ojo.
El grito de Eren resonó con más fuerza.
Levi aceptó.
Mo-mo abrió las fauces y elevó una larga y resplandeciente aguja con sus bracitos maltrechos y aguados.
Los hilos se tensaron...se unieron.
El juego debía continuar. Un invitado nuevo hay que llevar.
Notas finales:
¿Eh que tal todo por allá? ¿Cómo están mis amores?
Charly está aquí JAJAJA XD. Espero les haya gustado este capítulo. Está dedicado a mi Kuri-chan pero también a todas esas personitas hermosas y super especiales que se han pasado por aquí han leído y dejado sus comentarios. Muchas gracias por todo. No olviden dejar su review y santa opinión de la trama. Saben soy bastante penosas pero bueno…si gustan hacer preguntas, si se sientes enredadas puedes buscarme en Facebook como Charly Land, mándeme un mensaje y publiquen todas sus interrogantes, estaré feliz de contestar todo a ustedes. Demonos amor. JAJAJA XD.
Con amor
Charly*
