Capítulo 4: Amistad
"Definitivamente mis suplicas fueron escuchadas. Sin siquiera darme cuenta, mi relación con Cloud floreció como por arte de magia. Mis sentimientos hacia él son totalmente de amistad, pero aún desconozco si algún día llegaré a dar un paso más importante, por ahora solo deseo estar bien con Cloud, solo eso"
Aerith dejó de escribir en su diario. Allí relataba todos sus pensamientos, preocupaciones y vivencias. Para ella era la única forma de desahogarse sin tener que recurrir a contárselas a Zack. La relación de él con el líder se había enfriado repentinamente y sin ninguna explicación. Cuando ella preguntaba, ambos saltaban con otro tema o la rehuían de forma exagerada. Se estaba empezando a cansar de esa situación.
Como todas las noches iba a ver a Cloud, con el que se llevaba realmente bien, y a Tifa, con la que había empezado también una amistad, aunque menos fuerte que la de Cloud. Zack se quedaba en la entrada pendiente de si venía Sephiroth para poder avisarla.
Los Cazadores hace días que volvieron a atacarlos, por lo que le complicaba las cosas a Aerith ya que no logró convencerle de que los dejase libres, pero por lo menos logró convencerlo de dejarlos vivos varios días más. También complicó bastante su salida por las noches en busca de alimentos en las casas del pueblo para sus amigos. Estaba dispuesta a correr el riesgo de ser atacada por el simple hecho de que ellos se sintieran un poco más cómodos, a sabiendas de que era algo difícil.
Sephiroth, aunque le había prometido a Aerith no hacerles nada a los prisioneros, a cada segundo perdía más la paciencia. Le había encomendado a Zack cuidar a los prisioneros y no le convenía el desobedecerle, pero algo perturbaba su mente y le hacía sentir incómodo, desconfiado.
Aerith se dirigió hacia el tejado de la mansión dónde le gustaba pasar las noches cuándo no podía estar con Cloud. Miraba hacia el horizonte y por un rato dejó su mente en blanco para perderse en las vistas. Una mano en su hombro la sacó de su ensoñación.
— Veo que te encanta este lugar —sonrió Zack y se sentó a su lado—. Desde que te conozco siempre vienes aquí.
— Me siento tranquila, puedo pensar —contestó ella también con una sonrisa.
— ¿Y en qué piensas? —Zack levantó una ceja. Aerith rió.
— Cosas mías —se abrazó las piernas y miró hacia el frente. Zack se quedó mirando lo hermosa que era. Quería notar sus mejillas ardiendo, pero no notó nada. Como pensaba, si en ese momento no fuera un vampiro, se habría sonrojado.
— Ya veo —él también miró hacia dónde lo hacía ella—. ¿Qué tal va tu relación con ese chico, sino recuerdo mal me habías dicho que se llamaba Cloud, no? —preguntó sin despegar su vista del frente. Aerith sin embargo si lo miró. Asintió. Zack perfectamente había notado su gesto por lo que prosiguió—. Durante un mes has ido a verle todos los días, me imagino que todo va muy bien —la miró un poco serio, pero luego sonrió apagando la tensión en el cuerpo de su amiga.
— Sí —dijo algo tímida y desvió la mirada—. Nos hemos vuelto muy amigos. Estoy muy contenta, Zack —sonrió sin mirarlo—. Está pasando algo que llevaba esperando con ansias durante mucho tiempo.
— Me alegro por ti, Aerith —era verdad, por mucho que le doliera, debía de aceptar que ella nunca lo vería como algo más que un amigo. Realmente se alegraba por ella, si era feliz, él también debía de serlo, aunque esa felicidad se la proporcionase otro. Y por ver esa sonrisa era capaz de traicionar a su líder e incluso condenarse a sí mismo. Ella lo era todo para él y sin embargo su amiga no era consciente de ello.
— Gracias, Zack —depositó un suave beso en su mejilla y luego se abrazó a él. El vampiro se sorprendió por la reacción de ella y no pudo evitar sonreír. La abrazó con fuerza mientras ambos se quedaron así durante un buen rato.
En los calabozos la joven de ojos rubíes miraba a su compañero. Observaba, e incluso podía respirar, el nerviosismo y, a la vez, el entusiasmo del chico. Sabía muy bien, bastante bien, a qué se debía aquello, e incluso quién lo provocaba.
— No viene —comentó Cloud sentado en el suelo y apoyado en la pared.
— Supongo que todavía será temprano para que venga —musitó un poco cansada Tifa, pero igualmente Cloud se enteró—. Pareces un adolescente enamorado —sonrió ella con desgana.
— ¿Y qué si lo parece? —eso tomó por sorpresa a Tifa, que esperaba una reacción avergonzada de Cloud, aunque no fuera por ella, le gustaba verlo así. Ya no había duda alguna, el joven había caído bajo el hechizo de la vampira.
— No esperaba esa contestación —comentó sinceramente.
— ¿Te molesta? —quiso saber Cloud. Se levantó y se sentó junto a ella en la cama.
— No, claro que no —mintió—. Es solo que te noto más frío conmigo —se sintió triste y miró al suelo. Cloud le cogió la barbilla y la obligó a mirarle.
— Lo siento mucho —dijo el joven y la besó en la frente. Tifa cogió la mano de Cloud que sostenía su barbilla y le sonrió. Él también lo hizo.
Se escucharon unos pasos acercándose a ellos. Cloud no pudo evitar levantarse y acercarse hacia los barrotes. Aerith apareció con una sonrisa contagiándosela a Cloud, pero no a Tifa.
— Hola —saludó la joven vampira. Tuvo la misma contestación por parte de los dos—. Tengo una buena noticia —no pudo evitar sonreír aún más—. Mi líder se irá por tres días al Monte Nibel por asuntos que no me ha explicado —pensó que siempre era así, por lo que no le dio más atención de la que merecía—. Lo que quiere decir es que podréis estar libres por la mansión —terminó al igual que como empezó: con una sonrisa.
— ¿De verdad? —no acababa de confiarse del todo. No dudaba de Aerith, pero sí de su líder, Sephiroth. Cloud iba a hablar cuando Tifa lo cortó al empezar ella primero.
— Aerith, ¿por qué seguimos aquí? ¿Se divierte tu líder viéndonos encerrados aquí? —espetó mientras se cruzaba de brazos.
— No es eso —negó con la cabeza—. Por mí habríais salido de aquí desde hace tiempo, pero no puedo hacerlo. Mi líder no quiere que salgáis de la mansión ni que rondéis por aquí, ya que está seguro de que iréis hasta los Cazadores para contarles dónde se halla la mansión —se lamentó.
— ¿Y cuándo va a confiar en nosotros? —se levantó Tifa—. Eso nunca sucederá, Aerith. Ahora pienso que hubiese sido mejor el habernos matado en aquel momento.
— No pienses eso, Tifa. Yo tengo esperanzas en que haré cambiar de opinión a Sephiroth, yo... —fue cortada tajantemente por Tifa.
— ¡Ya basta! ¿No te das cuenta ó qué? Tu líder sólo está jugando con nosotros. Estará esperando a que nos volvamos locos en esta celda y entonces bajará y nos matará definitivamente.
— Por favor, dadme más tiempo —suplicó con la mirada tanto como con las palabras—. Sé que estáis hartos de permanecer aquí todo el día, todos los días, pero estoy segura de que podré hacer algo —salió corriendo. Cloud miró hacia ella, viendo como se marchaba. Luego miró con enfado a Tifa.
— ¿Por qué le has hablado así? —le preguntó casi en un grito lo que provocó que Tifa se asustara.
— Lo siento, lo siento mucho, pero el no decírselo me estaba matando. Siento haber sido tan dura, pero tenía que serlo.
— Ella está intentando convencer a su líder. Lo está haciendo todo por nosotros, así que solo por eso es para hablarle con respeto.
— ¡Ya lo sé, Cloud! Pero... ¿qué ganamos con eso? ¿Seguir vivos unos cuantos días más? —empezó a desesperarse—. Y así será hasta que nos mate, porque tú y yo sabemos que no nos va a dejar libres.
— Sí, siempre he sabido que no íbamos a salir de aquí. Nuestra oportunidad se escapó al no lograr salir cuando tuvimos la ocasión. Después de eso, aunque Aerith intentase convencerlo, sabía que no lo lograría. Ya, con el paso de los días, solo me resigné a pasar el máximo tiempo posible con ella antes de morir.
— Soy yo la que debería resignarme a estar aquí, no tú. ¿Acaso has olvidado tu venganza? Ya no te veo igual de obsesionado a como estabas antes. ¿La has olvidado queriendo? ¿Acaso crees que pudo ser Aerith la causante? Eso te da miedo, ¿verdad?
Cloud se tensionó por completo. Lo cierto era que más de una vez lo pensó, pero rápidamente desechaba esa idea. Quería creer que no había sido Aerith.
— Más de una vez lo he pensado, pero estoy seguro de que no ha sido ella —dijo con voz grave. Tifa suspiró.
— Dime, ¿qué vas a hacer entonces con el asesino de tu madre?
— Nunca me he olvidado de mi venganza, es sólo que ya la di por imposible, pero, ahora, los planes han cambiado, Tifa —dijo seriamente mientras la observaba—. Los mataré a todos, menos a Aerith.
— ¿Qué quieres decir con que los planes han cambiado? —preguntó curiosa.
A la noche siguiente Sephiroth se preparaba para partir hacia el Monte Nibel. Con él se iban todos sus hombres, menos Zack. Evidentemente Aerith se quedaba, al igual que los prisioneros.
— Ya sabes, aunque no esté sigues sin el derecho de permitir que Aerith vea a los humanos, ¿entendido? —le dijo con voz ronca el líder.
— Lo sé —contestó seriamente Zack.
— Volveremos dentro de tres días. ¡Ah!, y ni se te ocurra contarle nada a Aerith —le ordenó amenazante.
— No lo haré —volvió a decir seriamente el vampiro de ojos azules.
— Nos vamos —dijo Sephiroth y en cuestión de segundos se perdieron de la vista de los dos vampiros. Aerith sonriente fue hacia los calabozos con la intención de dejarlos libres por la mansión. La mano de Zack la detuvo.
— No seas imprudente, Aerith. No me fio, quizá deberías esperar hasta mañana para hacerlo —le aconsejó.
— ¿Por qué? ¿Acaso no debería fiarme de Sephiroth? —lo miró con intriga. Zack suspiró.
— Te lo contaré todo mañana —dijo y se fue. Sabía que no debía, que hacerlo lo condenaría, pero no podía hacer otra cosa. Aerith debía de saberlo todo. Y aprovecharía que Sephiroth no estaba para hacerlo, aunque sentía que Sephiroth estaba tramando algo y eso lo ponía nervioso.
Aerith no sabía por qué le dijo eso, pero prefirió hacerle caso. De todos modos nada le impedía ir a verlos, aunque solo fuera eso.
Al día siguiente tan pronto como Aerith pudo, Zack le había dado permiso, ella fue corriendo hacia los calabozos. Cloud la recibió con una sonrisa, pero Tifa solo miraba el suelo.
— Ya podéis salir —con las llaves que llevaba en la mano derecha abrió la reja. Los dos salieron, era algo difícil de creer para ambos. Sin embargo ellos miraron a Aerith con rostro serio—. ¿Pasa algo? —se temía lo peor.
— Aerith, Tifa... —comenzó a decir Cloud, pero ya era algo normal para él que su amiga le cortase para hablar ella.
— Pienso irme de aquí —eso sorprendió a Aerith. Nunca esperaba que le fuera a decir eso. No sabía que decir—. Yo no puedo seguir viendo como la vida de Cloud llega a su final, así que me da igual si no me dejas, buscaré el momento adecuado para hacerlo.
— Pero... —la joven vampira seguía sin saber que decir.
— Tranquila, no le diré a nadie dónde vivís —prometió la joven de cabello azabache.
— Pero, aún así no va a ser posible —negó con la cabeza.
— Deja que se vaya —dijo una voz. Todos miraron a Zack, que apareció con semblante serio.
— ¿Qué? —Aerith pensó que su amigo se había vuelto loco.
— Sí, si quiere irse que se vaya, ha prometido no contar nada a nadie. Aunque quiera no puede, porque antes de tí se lo prometió a él —miró a Cloud—. Y eso lo hace sagrado para ella, ¿no? —miró a Tifa y sonrió. La joven se sonrojó, no por Zack, sino por Cloud, que estaba al lado.
— Dejando el que no lo vaya a decir, está Sephiroth, cómo le dé por bajar y vea que ella no está se enfadará muchísimo —temió Aerith.
— Tranquila, él dijo que solo bajaría cuándo los fuera a matar —el estruendo de un relámpago habría sido más suave que el tacto de Zack al comentar aquello—. Ups, perdón —se rascó la nuca. Aerith le dio un codazo—. Así que si lo sigues aplazando por más tiempo no pasará nada. Si tú se lo dices él hará lo que tú quieras, eres la única a la que hace caso. O también podríamos decir que murió por no comer y que la quemamos o algo por el estilo —sabía que Sephiroth no era estúpido y sabía que no podría engañarlo, pero en ese momento a quién quería convencer era a Aerith. El que Tifa se marchase era un peso que se quitaba de encima.
— Está bien —dijo Aerith.
Tifa fue hacia la puerta de la entrada y Cloud iba tras ella, sin decir nada. Ella se dispuso a irse sin despedirse, pero Cloud se lo impidió.
— Nos volveremos a ver —la abrazó Cloud.
— Cloud, vente conmigo. Ahora somos libres, pero tú no te das cuenta, estás cegado por ella. ¡Es un vampiro, por dios! Ella te aceptará, pero los demás no. Estás cavando tu propia tumba —Cloud sonrió.
— No me importa, yo solo quiero estar con ella. No me importa si al final acabaré muerto, si eso sucede, por lo menos estaré hasta el último momento con ella.
— ¿La amas mucho, no? —preguntó sabiendo que Aerith estaba escuchando en algún rincón.
— Más que a nada. Es extraño amar a un vampiro, ya que ellos mataron a mi familia, pero ella es distinta y me está haciendo olvidar poco a poco mi odio hacia ellos.
— Estás cegado. Todo esto acabará contra ti, por eso me voy, para no verlo, no podría soportarlo —lloró. Cloud la abrazó. Al poco tiempo Tifa se separó y se marchó. El joven se quedó mirando en la puerta cómo su mejor amiga se marchaba.
Aerith, como intuyó Tifa, había escuchado todo. Subió las escaleras y se fue a su habitación la cual se hallaba bañada por oscuridad. Encendió las velas de los candelabros con una cerilla y luego se sentó en la cama.
— Aerith... —la nombrada miró hacia la puerta. Allí estaba Cloud, mirándola con ternura. Se acercó a ella, pero la vampira lo detuvo con su voz.
— ¿Cuántos años tienes Cloud? —preguntó repentinamente.
— Diecinueve —contestó sin titubear.
— ¿Y ella? —el joven supo que se refería a Tifa.
— Uno menos que yo —contestó de la misma forma que antes.
— Yo tengo ciento siete años. Tengo este aspecto de veinte desde que mi memoria alcanza a recordar. Yo no envejezco, tú sí.
— ¿Qué me quieres decir con todo esto? —comenzó a acercarse a ella con paso lento. Aún permanecía en la puerta.
— Tifa te ama, ella te conviene más que yo, es humana, es bella, es...
— Pero ella no eres tú, ella no es la persona que ocupa mi mente todo el día, toda la noche —seguía acercándose a ella.
— Yo no quería que esto pasase. No quería enamorarme de ti, al igual que no quería que lo hicieras tú de mí.
— ¿Estás enamorada de mí? —sonrió.
— No lo sé.
— Pues yo sí lo estoy de ti —quedó frente a ella. A escasos centímetros de su cara.
— Cloud... —se apartó de él dándole la espalda. Él la miró.
— Dijiste que creías en la amistad entre humanos y vampiros —le recordó él—. Y ahora, hay más que eso, ¿no estás feliz?
— Lo sé, pero desde que he visto el sentimiento que tiene ella por ti, lo tengo todo más claro.
— ¿A qué te refieres?
— Somos como el fuego y el hielo —vivían en mundos distintos. Ella se había dado cuenta de que el estar junto a él solo le traería problemas. Nunca antes lo llegó a pensar, pero si se quedaba con él, ella seguiría siendo joven, él envejecería, ella no podría darle hijos y se cansaría de ella. Sin embargo Tifa envejecería con él, le daría hijos, podrían caminar bajo el sol sin miedo a nada, podría tener una vida normal. Se sintió una estúpida por haber sido tan ilusa. Sabía que de esa amistad podría florecer un sentimiento de amor, pero nunca llegó a pensar que eso traería tantos problemas.
— Prefiero fundirme antes que estar sin ti —ya no le importaba convertirse en el ser que había destruido su familia si así podía quedarse con ella para siempre. Ella lo miró.
— Tu eres mi enfermedad —él era Cazador, su misión era matar a los vampiros, matarla a ella.
— Pues me convertiré en tu cura —dejaría de serlo para estar con ella. Una vez cumplida su venganza, ya solo le importaría ella.
Aerith no dijo nada. Estaba atónita. Realmente la amaba. Eso la hizo feliz, pero no podía quitar esos pensamientos de su cabeza. Cloud se acercó a ella rápidamente y la besó en un fugaz beso. Se separó lentamente y la volvió a besar con más ímpetu y con más pasión. Llevaba semanas deseando besarla. Tenerla frente a él y ni siquiera poder tocarla era algo que lo estaba volviendo loco. La amaba más que a cualquier cosa. La deseaba más que a nadie.
La tumbó en la cama, él quedó encima de ella. Aerith no puso ninguna resistencia. El joven le acarició el rostro, luego sus hombros descubiertos, sus brazos, fue bajando hasta su cintura, sus caderas. Quería sentirla. Cloud rompió el beso.
— Aerith, te amo. Lo que más deseo es estar contigo, no me niegues ese deseo, por favor —suplicó. Ella sonrió y lo besó. Rodeó con sus brazos el cuello del joven humano.
Pasaron abrazados todo el tiempo. Mirándose a los ojos y sonriendo. Luego Aerith bajó hasta la planta baja y se encontró con Zack, que la esperaba.
— Zack, ¿de qué querías hablarme?
El joven vampiro la miró, el momento de decirle la verdad había llegado.
