— ANTI-PASIÓN —

Quien nace malvado, acepta ser malvado


Los ojos de Timmy se abrieron enormes ante la escena a la vez que se llevó una mano a la boca, que amenazaba con expulsar su almuerzo.

Ver cosas así en el mundo real no se comparaba en nada a los videojuegos, era mucho más asqueroso y ni siquiera quería imaginarse el dolor que estaba sintiendo Francis. De repente recordó porque había deseado en su momento deshacerse de Nega-Timmy y volver a ser el de siempre... solo que nunca había vuelto a ser el de siempre tras eso.

Los alaridos de Francis, cada vez a mayores octavas, hizo a Timothy sonreír complacido, desde los diez años, toda su existencia, que había sido privado de tan hermoso sonido.

— Grita cuanto quieras, cuanto más lo hagas, menos tardaras en morir —dijo relamiéndose los labios, mientras disfrutaba del sonido de la piel del bravucón desgarrándose poco a poco, en una macabra sonrisa aun peor que la del Joker.

Timothy giro entonces la mirada, sabiéndose el vencedor, y le sonrió a su gemelo... pero sus labios se convirtieron en una fina línea cuando observó a Timmy doblado, con la piel verde y saliendo huyendo del lugar y se internó de nuevo en el instinto, Wanda ordenándole a su esposo que le siguiera. No hacía falta ser un genio malvado como él como para saber que su gemelo se dirigía al baño de hombres a soltar el desayuno.

Mierda. Se había olvidado por un momento que ya no se encontraba en el Anti-Mundo, si no en la Tierra, se había dejado llevar.

Apretó los puños en frustración, su mejor obra en siete años, ahora tendría que deshacerla. Al maldito bravucón solo le quedaban unos segundos.

— Deseo que se cure —farfulló el vampiro, casi como si le doliera decirlo.

Con un "Poof" de varita, Francis quedó como nuevo como si no hubiera pasado nada y la sangre en la nieve y la acera había desaparecido por completo.

El bravucón observó al nuevo Turner, aterrado, sobretodo sus penetrantes ojos rojos llenos de odio y sus colmillos, afilados como cuchillos.

— Tienes suerte de que este en periodo de prueba, escoria humana —Francis se encogió ante la voz de ultratumba, era obvió que jamás olvidaría ese día. Entonces, Timothy sonrió con burla—. Bu~~

Ante la burda y muy estúpida imitación de Nega-Timmy de un fantasma, Francis salió corriendo con los pantalones meados y gritando "¡vampiro, vampiro, vampiro!" hasta el final de la calle, donde se le perdió de vista.

— ¡Eso es! ¡Corre, cobarde, corre, ve a llorarle a tu mamaíta!

Timothy prácticamente se partía de la risa, incluso acabó cayendo de espaldas en la nieve y, de ser biológicamente capaz de llorar, tendría los ojos empapados por la risa. En la cárcel casi había olvidado lo bien que sentaba hacer estas cosas, sobretodo a los malditos que se lo merecían. Jamás en la vida se atrevería a acercarse a su contraparte buena, eso era seguro.

— Oh, sí, muy gracioso, en serio —la voz en reproche de Wanda hizo que dejase de reír y observó fijamente a los ojos rosas del hada buena, quien le miraba como si fuese un niño que acaba de cometer una simple travesura y no un monstruo que casi mataba a Francis. Desde el suelo, Timothy le devolvió una mirada desafiante cuando Wanda hizo aparecer en el aire un teléfono fijo en detalles violetas y azules eléctricos: el teléfono que conectaba con la prisión del Anti-Mundo—. ¿Quieres que provemos a ver si Anti-Cosmo también se ríe en cuanto le cuente tu insubordinación?

Timothy se sentó en la nieve.

— Adelante, él está en la cárcel, mientras que yo soy libre. ¿Qué va a hacerme? ¿Castigarme sin salir de mi celda por no ser el buen epítome de un caballero inglés? —el vampiro sonrió sardónico—. Oh, vaya, pero si ya no tengo celda, que pena~~~

Wanda prácticamente ardía en furia.

— Jorgen puede devolverte al agujero del que saliste —retó.

— ¡Wanda, menuda manera tan horrible de hablar de tu ahijado! —rebatió Nega-Timmy, la voz en burla.

La pequeña mujer prácticamente se tiró de sus cabellos rosados. ¿Poderoso asesino? ¡De eso nada! La única vez que el vampiro se había escapado por su propio pié la prisión de Alta Seguridad (alguien debería comprobar que demonios era lo que los hados entendían por Alta Seguridad) y había matado, los carceleros le habían obligado a ello, dejándole una semana entera sin comida. Por supuesto el vampiro puberto se había cegado por completo ante el hambre y no había recobrado de nuevo el sentido hasta que se había saciado de la sangre pura de las vírgenes que yacían muertas a sus pies. Hasta él mismo se asustó en ese momento en una primera instancia, nunca se le había pasado por la cabeza beber sangre directamente desde la fuente, era algo que incluso él veía horrible. Pero no le había quedado otra opción.

Por eso el conveniente juicio había fallado en su favor, cuando el juez declaró que el chico estaba en todo su derecho de hacer algo así, como depredador de humanos que era por naturaleza (¿acaso no mataban los humanos animales para alimentarse? Pues eso había sido lo mismo) y habían quitado meses a su condena por las molestias, mientras que los carceleros encargados de su custodia perdieron el empleo por abuso de poder y experimentar con un menor algo tan horrible como la hambruna, solo para su propia diversión. Eso si que estaba penado en Mundo Mágico y se castigaba severamente... Aunque Nega-Timmy había tenido la molesta sensación de que Anti-Cosmo había sobornado al juez... (Maldito, ¿esperaba que le diera las gracias? Nadie le había pedido involucrarse)

Fuera como fuera, esa había sido la única vez que el joven había pasado realmente la línea y aunque eso le había dado fama de monstruo, Timothy no era otra cosa más allá que otro adolescente rebelde contra el mundo... Uno que además era un vampiro indestructible, pero oye, ni qué él hubiera pedido serlo. Aun así, Wanda detestaba a los rebeldes insubordinados. Si no podía hacer que Timmy deshiciera el deseo, al menos pondría al chico en cintura.

— No uses el nombre de mi ahijado para tus bromas, señorito —le pulsó el pecho con un dedo.

Nega-Timmy la apartó de un empujón ligero y se levantó.

— ¿Me lo vais a impedir tú y cuantas rositas más? —dijo con desdén— Por si lo has olvidado, yo soy la otra mitad de tu ahijado. Echame la bronca a mi y en realidad se la estas echando a él.

Timothy rió ante la cara estupefacta de Wanda. No podía negarlo, años de ser olvidado por sus padres, maltratado por su niñera, acosado por Crocker, odiado por sus deseos revertidos, insultado por su rarezas... De no ser por ese deseo que separó de Timmy su esencia oscura de la pura, ahora sería su ahijado el rebelde insubordinado y no Timothy, quien ni siquiera existiría.

Muda por esa irrefutable verdad, Wanda se quedó estática en su lugar, mientras el joven vampiro se dirigía a desaparecer dentro de la institución. A Wanda no le quedó de otra más que desaparecer y volver a aparecer a su lado, la presencia de Timothy en el lugar era su culpa después de todo.


Vicky estaba enfadada, muy enfadada, mientras recorría a grandes zancadas la acera hacía la secundaria de Dimmsdale. Esa maldita de su hermana menor, ¿cómo se le ocurría no aparecerse por casa cuándo era ella quien tenía que vigilarla, en ausencia de sus padres?

— Ya verás cuando te ponga la mano encima, Tootie —mascullaba la peligrosa pelirroja para si misma.

Desde el otro extremo de la calle, vio a un joven armario de músculos correr hacía ella... El chico que ella reconoció como Francis, el bravucón que nunca dejaba al gusano de Turner ni a sol ni a sombra, la tomó sorpresivamente de los hombros y la zarandeó nervioso.

— ¿Qué haces aquí fuera, mujer loca? ¡Corre y refugiate en tu casa, hay un vampiro suelto! —le chilló cual niña asustada a su oído y después la soltó para largarse corriendo como había venido— ¡Dimmsdale es invadida por los vampiros! ¡Tapien las ventanas y puertas de sus hogares, haganse con provisiones de ajos, usen cuello alto, si es necesario huyan y dejen a los niños y a los perros atrás! ¡VAMPIROS, MAMÁ, VAMPIROS DE VERDAD!

Vicky ni tan siquiera tuvo tiempo de mandarlo a volar porque se había atrevido a tocarla, de hecho se había quedado tan sorprendida por la escenita del joven que le concedió el "honor" de quedarsele mirando hasta que desapareció calle abajo.

— Vampiros... —rumió Vicky, intentando que no se le saliera la risa floja— ¡Ja, y una mierda! Esto me suena a estupidez del gusano de Turner. No me puedo creer que alguien le crea, pobre iluso.

Y fingiendo que Francis le daba pena, siguió su camino, sin hacer caso del aviso del bravucón.


Tootie despertó sentada y apoyada sobre su cuaderno de bocetos. Se talló los ojos y se acomodó un poco mejor las gafas y la coleta que amarraba su cabello y miró a su alrededor. Se había quedado dormida en medio de la clase y nadie había tenido la decencia de despertarla. Solo unos gritos lo habían hecho y menos mal, porque si no vete tú a saber hasta cuanto habría dormido. Por cierto, ¿quién gritaba? ... ¡Bah, seguro no sería importante!

Observó el reloj de encima de la pizarra y el color se le fue del rostro.

— ¡Oh, no, perdí el autobús, Vicky va a matarme! —exclamó guardando todas sus cosas en la mochila en tiempo récord y saliendo de la clase corriendo... para volver un segundo después al mismo ritmo, acercarse a la mesa donde habían estado los gemelos Turner durante la mañana y aspirar el aroma a ellos que aun quedaba— Ah, hasta su olor es como un sueño~ —entonces volvió de vuelta a la realidad— ¡VICKY ME CORTARÁ LA CABEZA! —y volvió a salir corriendo, no quería provocar la ira de su hermana mayor.

Vicky llegó al lugar a la vez que divisó la coleta negra de su hermana menor romper el aire al salir como una exhalación del instituto. Tomó aire e inspiró el miedo que exhudaba la pelinegra. Ah, que bien sentaba ser temida por los que se supone que deberían amarte.

Como una pantera se acercó a su hermanita y la tomó del brazo muy fuerte, sin escapatoria. Lágrimas saltaron de los ojos de Tootie, que podría jurar que el monstruo de su hermana le iba a dislocar el hombro.

— Estúpida niña, me has hecho perderme el inicio de mi programa favorito por ti, incluso me topé con un loco por tu culpa —apretó más y Tootie tuvo que contener el llanto que comenzaba a empañar sus gafas.

— P-por favor, lo que tengas que hacer, h-hazlo rápido —suplicó la más joven de las dos.

— ¿Me pides clemencia, niña asquerosa? —le mandó una bofetada que le cruzó la cara a la pobre muchacha— ¡Eres igual de inútil que nuestros padres, no tienes ningún valor, morirás fichando en una esquina de los barrios bajos y...! ¡¿Quién es ese bomboncito?!

Los ojos de Vicky se transformaron en corazones mientras soltaba a su hermana y la dejaba caer en la nieve helada.

Tootie miró hacía donde su hermana lo hacía y se le fue la respiración en cuanto notó que era de Nega-Timmy de quien estaba hablando.

— ¡Nadie! —chilló, no quería que Vicky le intentase robar a una de sus posibilidades— No es nadie, solo un mindundi, como Timmy y yo.

— Sí que se parece al gusano, sí... —pero el gusano nunca habría tenido esos ojos que parecían desnudarte con solo mirarte, ni ese caminar tan seguro de si mismo, ni esa aura tan atrayente... Vicky sentía calentarse por momentos, hasta que el chico desapareció en el interior del lugar.

Tomó a su hermana del cuello y apretó, Tootie comenzó a boquear.

— Elige, me dices quien es o dejas de respirar.

Tootie se quedó callada y pateo unos momentos, solo para darse cuenta de que Vicky iba en serio.

— Ti... Ti... —intentó hablar, por lo que Vicky la soltó.

— ¿Y bien?

— Timothy Turner, el hermano gemelo ex convicto de Timmy.

Vicky arreboló los ojos, como solo ella sabía hacer.

— ¿El gusano tiene un hermano? ¿Cómo no me entere? —se quedó callada unos momentos como si sopesara algo y después miró hacía la entrada del instituto como si fuera una depredadora— Mío —declaró con una sonrisa felina, después vio a su hermana con cara asesina— Vete a casa, por una vez te libraste —Tootie, amando como amaba el digno arte de respirar, asintió y se fue de ahí tan rápido como Francis hacía unos momentos. La pelirroja se dirigió hacía el interior— Mami se va de caza~


Timothy estaba preocupado por causa de Timmy. Podía sentir sus dudas y su miedo a través de su conexión y eso era todo un peligro para él. Su situación actual, llevada a través de la inconsciencia de su contraparte, había sido una oportunidad que solo un idiota habría desaprovechado. Pero ni de broma podía dejar que Timmy deshiciera el deseo. Le había sucedido una vez, por todos los Anti-hados, deseaba que no sucediera otra.

— Hey, belleza~~ —no se esperaba para nada que una horrible pelirroja se tirará sobre él. ¿Qué demonios? Wanda se transformó en una muñequera justó a tiempo para que la humana no notase su presencia. Gracias por la ayuda, Hada Madrina— ¿Estas libre? Por qué yo si lo estoy y como ningún hombre me rechaza por supuesto que tú tampoco. Quedamos el viernes a las ocho, no hace falta ni que hables, ya sé donde vives.

Timothy se quitó a la latosa mujer de encima de un empeñon y la miró de abajo a arriba con veneno en sus ojos rojos.

— No estoy interesado —trató de que esas tres simples palabras sonaran como las peores del mundo y se dio la vuelta hacía los lavabos de hombres, donde sabía que se encontraba su hermano.

Llamas de ira comenzaron a cubrir a Vicky.

— ¿Quién te crees que eres, escoria Turner, para recharme a mi? ¡A Vicky!

En cuanto dijo su nombre, Timothy frenó en seco.

— ¿Vicky? —rumió mientras giraba lentamente la cabeza en su dirección, tratando de disimular el inmenso odio que le había nacido— ¿Vicky la que era niñera de mi hermano cuando era un niño? ¿Vicky la que siempre le ponía la mano encima y le obligaba a hacer trabajos forzados? ¿Esa Vicky?

La pelirroja, totalmente inconsciente del odio creciente dentro del joven vampiro, asintió.

— La única y genial.

Entonces si, el chico se giro por completo hacía ella, una sonrisa que sacaba a relucir sus colmillos (los cuales, Vicky extrañamente no notó) tatuada en su cara. El rojo de sus iris refulgia en ira.

— Mis disculpas, señorita —se acercó a ella con toda la caballerosidad que su padrino le enseñó, mientras le ofrecía uno de sus brazos al que rápidamente Vicky se aferró tal cual una sanguijuela, sus ojos en forma de corazón no se despegaban de la piel sensualmente oscura del chico—. Por favor, permitame acompañarla a su casa.

Vicky comenzó a reír de forma boba mientras se dejaba guiar por el más joven, sin pararse a pensar siquiera en si él sabía cual era su casa o no, aun siendo vecinos.

Pero sin duda se tenía más que merecido el que repentinamente y que sin pudiera reaccionar el chico la lanzase al interior de unos contenedores y después se sentase encima de la tapa, impidiéndole la salida.

— ¡¿PERO QUÉ HACES, MALDITO?! —chilló Vicky desde dentro, tratando de salir— ¡DÉJAME SALIR!

— Oh, pero la basura debe estar con la basura —rebatió Timothy.

Entonces, algo borró la sonrisa de su cara. Timmy salía junto a Cosmo. Sus ojos azules se le notaban hundidos debido a la impresión de antes y la fuerte vomitona que seguro le siguió, pero aun así se reía... ¿se reía?

— Permíteme —le dijo el de cabello castaño con un tono malicioso.

Nega-Timmy asintió.

— Toda tuya —le aseguró mientras saltaba de nuevo al suelo y disfrutó del espectáculo.

Timmy se desfogó de más de 12 años de maltratos por parte de esa bruja maldita golpeando con fuerza furica en pies y brazos el contenedor hasta que no quedó esquina sin abollar. En algún momento no supo cuando, su contraparte deseó un mazo gigante y lo usaba con el arte del salvajismo. Puede que fuera su contraparte buena, pero sin duda todavía quedaban resquicios de la oscuridad que lo había creado.

Dentro del contenedor Vicky chillaba tan alto como la bruja de Hansel y Gretel cuando se quemaba en el horno, hasta que de pronto... dejo de chillar y Timmy dejó que el mazo resbalara de entre sus manos hasta caer al suelo. El mismo Timmy se dejó caer perlado en sudor y jadeando por el esfuerzo, pero estaba lleno de jubilo al haberse podido desahogar y vengarse de Vicky. Aunque eso fuera muy poco comparado con lo que la pelirroja merecía, se notaba que el chico se estaba absteniendo de pegar saltos de alegría.

— ¿Qué ha pasado? —le preguntó la pelirosa a su esposo por lo bajini, más que sorprendida por esa aparición de su ahijado.

— Bueno, Timmy quería deshacer el deseo por lo fácil, pero no le deje, ¡eso habría fastidiado nuestro plan!, así que le dije que no lo hiciera ¡y por una vez me hizo caso!

A Wanda le entró un tic en el ojo, tenía muchas ganas de romper algo. ¿Para una vez que Timmy decidía hacer caso de sus consejos, tenía que ser justamente ahora? Suponía que era el karma por haber tenido la idea de liberar a Nega-Timmy para eso. Se lo merecía, supuso.

Mientras, el joven decidió tomar ese momento para hablar. Por alguna razón, ya no se le notaba tan seguro como antes.

— Escucha Timmy, puede que me excediera con lo que le hice antes a Francis, pero...

— Pero es exactamente lo mismo que habría hecho yo —le interrumpió el de cabello castaño, muy seguro de lo que decía, sorprendiendo a los tres. Timmy se encogió de hombros ante la repentina atención—. Somos la misma persona después de todo. Mismo cerebro, mismas acciones. Yo llevo desde primaria queriendo partirle la boca a Francis, pero soy un humano debilucho y cobarde mientras que tú...

Nega-Timmy era la pieza que le faltaba, la maldad que él mismo se extrajo, por culpa del fallo de esa estupidez de deseo. De todas formas él nunca fue un santo, desde que descubrió que tenía padrinos mágicos se había aprovechado demasiado de la magia y no precisamente para hacer "buenas obras caritativas". Hasta sus deseos le odiaban, porque sus deseos acababan dándose cuenta a ojos vista lo caprichoso, egoísta y destructivo que era. Sin embargo le faltaba ese "algo", esa chispa de "¿qué importa lo qué piensen los demás?", "¿qué importa si derribo un edificio con 10.000 personas dentro?" que le impedía realmente cruzar la línea de ser un caprichoso, a un ser horrible, porque siempre terminaba salvando el día, claro, con el trabajo de otros y hasta ahora no se daba cuenta de cuan grande era ese vacío, de cuanta falta le había hecho lo que Nega-Timmy era para poder valerse por si mismo. Le había faltado una parte de él, esa que había frenado a Tootie, que le había dado su merecido a Francis y había dejado a Vicky en ridículo, todo en menos de un día. Estaba tan feliz por su regreso, que incluso podría...

Las quijadas de Cosmo y Wanda tocaron el suelo, incapaces de procesar la situación en la que estaban siendo testigos. Timmy no tenía idea de cuando sus pensamientos habían comenzado a desdibujarse para transformarse en acciones, pero el caso es que había tenido la valentía suficiente para tomar el rostro tan parecido al suyo entre sus manos y besarlo. Una acción que el otro aceptó de buen grado desde un buen principio, teniendo su cintura firmemente agarrada.

Mismo corazón, mismos impulsos.